METAFISICA

mirando estrellas

 

METAFISICA

-

Voy a pensarte,

hasta sentirte,

imaginarte,

aun mentirte.

-

Será tan fuerte,

hasta sentirme,

como desearte,

hasta herirme.

-

Y si fracaso,

por corazones,

vivos en lazos,

no en razones.

-

Voy a soñarte,

real y cercana,

para amarte,

hasta mañana.

-

Y si no piensas,

Y si no sueñas,

en noche densa,

serás mi dueña.

-

En un espacio,

sin lejos ni dentro,

fluyen despacio,

mi ser y tu centro.

-

En la mañana,

aunque olvides,

alma reclama,

que vuelva pides.

-

Será oscuro,

cuando regrese,

en sueño puro,

amor empiece.

-

Y si te veo,

en pleno día,

feliz cual creo,

te sabré mía.

-

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 25 de octubre de 2014

Existe mucho más que lo que podemos ver y tocar. No invento nada, todos los enamorados lo saben y lo viven.

Published in: on octubre 25, 2014 at 1:43 am  Dejar un comentario  

DE SOBRAS Y FALTAS

en tus manos

 

DE SOBRAS Y FALTAS

-

Ayer nomás era,

que vida me sobrara,

para que ofreciera,

a quien bien la amara.

-

Pero me faltaba,

valor para hacerlo,

oro que escaseaba,

tiempo para saberlo.

-

Hoy que todo sobra,

es la vida que falta,

es la edad que cobra,

es la cuesta muy alta.

-

Entonces tú llegas,

con  deseo que sobra,

con mirar que atrapas,

con dulzor de zozobra.

-

Y a mi me sobra,

la edad que te dobla,

el anillo que obra,

de tambor que redobla.

-

Y a ti te sobra,

anhelo y coraje,

ni siquiera tu obra,

crees mal equipaje.

-

Me sobra pasado,

me falta esperanza,

y el dolor cargado,

es cruel acechanza.

-

Te sobra sonrisa,

Te falta el cuidado,

y tu alma cual brisa,

al riesgo has volado

-

Me sobra con verte,

con saberme amado,

aunque falte decirte,

mi amor tan callado.

-

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 19 de octubre de 2014

Es mucho más que un lugar común. Y anda en ambas direcciones aunque todos se empeñen en ocultarlo. Si se animan a ser sinceros, casi todos reconocerán haberse enamorado de un docente. Siendo docente desde mis veinte años de materias tan diversas como finanzas y poesías, con algunas escalas y temas intermedios, les aseguro que es más frecuente que lo que se animan a imaginar, en sentido inverso, también. Aunque sea claramente inconveniente. Andando la vida, sumando años, sigue sucediendo y lo único que se agiganta es el tamaño del inconveniente. Lo que hace más necesaria, si bien más dura, la tarea de ocultar y resistir el sentimiento.

Empero puede pasar, ya de forma no tan habitual, que el sentimiento sea mutuo. Y ahi si que estamos en serios problemas. Tengo anécdotas con nombre y apellido que me voy a reservar con finales de todo tipo. Los inconvenientes pasan a verse minúsculos y el plano inclinado en que ambos se sitúan quiere, cada clase un poco más, acelerar el encuentro. Aun en los casos en que la lógica se impone y la resistencia emerge triunfante, pese a que se disfrace de huida, el sentimiento vivido perdurará como uno de los mejores recuerdos del aula.

¿No es cierto Domenico? Dale, tócala de nuevo.

Published in: on octubre 22, 2014 at 1:32 am  Dejar un comentario  

LATIDOS

Ecografía

LATIDOS

el puente inesperado

 

Gabriel se sentía acorralado por el stress. Luego de múltiples encontronazos, tanto en su carrera como en su vida personal había, en un impulso, decidido casarse nuevamente.

¿Por qué alguien tan racional como él, en las cosas más importantes de la vida, en especial las que tenían que ver con los afectos, solo sabía actuar por arrebatos?

Era bien consciente que estaba vivo de pura casualidad. Su estilo agresivo de vivir siempre al límite, le había jugado innúmeras malas pasadas, desde accidentes automovilísticos, hasta riñas callejeras, pasando por infinitas descomposturas y hechos tan infrecuentes como amenazas de muerte de sus enemigos políticos.

Le parecía que sin arriesgarse la vida era un insoportable hastío, hecho que lo empujaba casi compulsivamente a vivir buscando los bordes, las fronteras, los límites. Y éstos solían manifestarse de modo muy poco amable.

Hace apenas unos meses había tocado fondo. Solo la voz prudente de su psiquiatra en el teléfono, había postergado el suicidio con el que venía coqueteando.

Y ahora, casado de nuevo. ¿Para qué? Si siempre había denostado al matrimonio, considerándolo la tumba del amor, el nido de la discordia y la muerte de la libertad.

¿Lo habría hecho para suicidarse en cómodas cuotas, por no tener el valor de hacerlo al contado?

Nervioso como siempre, miró su agenda y leyó: “15 hs. Sanatorio, segundo piso, Ginecología”.

“¡Maldición, me olvidé!”, exclamó golpeándose la frente.

Salió como tromba de la oficina y llegó en estado calamitoso, tras correr a un taxi y subir volando las escaleras, al destino prefijado.

Sudoroso, jadeante, con la corbata corrida y despeinado, casi le gritó a la secretaria del médico.

“¡Beatriz Gómez! ¿Dónde está? Es mi esposa”.

“Se cansó de esperarlo Señor, ya está en el consultorio con el doctor” le respondió la niña.

Tratando de calmarse, irrumpió en el consultorio, le dio un beso a su esposa con cara de culpa y musitó un “¡Perdón!”.

Ella lo miró con calma, mientras el médico sacudió ligeramente la cabeza al tiempo que movía el ecógrafo por el abdomen de Beatriz y un pequeño muy pequeño, unido a un cordón, danzaba en una pantalla cercana de blanco y negro.

“Mirá quien anda por ahí”, dijo ella.

Incrédulo, el alma de Gabriel dio un vuelco, se quedó sin palabras.

El doctor movió la perilla del audio y unos rápidos latidos resonaron por el consultorio. Movió el ecógrafo y los latidos sonaron más fuerte aún.

Gabriel seguía mudo, los ojos fijos en la pantalla. Comenzó a lagrimear. Las lágrimas dieron paso al llanto y una mezcla incomprensible de risa nerviosa y sollozos en catarata, sacudió por un buen rato a toda su humanidad.

Ese pequeño danzante cuyo corazón retumbaba en el vientre de su esposa, su primer hijo, se le apareció sin aviso, un día cualquiera de su vertiginosa vida.

Y Gabriel lloraba y reía, reía y lloraba porque en él podía ver con total claridad al puente que había estado esperando y buscando por más de tres décadas. Un puente firme y sólido que lo rescatase de las garras de la muerte que lo cercaba y le enseñase de una vez por todas, el verdadero sentido y valor de la vida.

Enrique Momigliano

San Clemente del Tuyú, 27 de agosto de 2014

Durante las dos semanas que pasé enclaustrado en mi refugio marino para poder dar forma al libro de ASOCIACION CHICHOS, me permití algunos lujos, que me sirvieron para paliar mínimamente el torbellino emocional que la escritura me produjo. Entre ellos asistí a dos reuniones del taller literario EL PRINCIPITO. En la segunda tenía que dar una breve charla sobre William Shakespeare y el amor, por lo cual concurrí pensando más en ello que en la tarea que Susana Consolino nos iba a encomendar. Cuando mencionó que la consigna era EL PUENTE, sonreí. No había tema más conocido para mí. En este mismo blog hay un escrito muy leído que se titula precisamente así (http://sociedadpoetica.wordpress.com/2009/10/09/las-dos-orillas-y-el-puente-una-metafora-actual/) y me la paso hablando de los puentes que nos faltan hacia el otro y que nos debemos para poder constituirnos como una auténtica sociedad. Tarea sencilla a priori, podía seguir pensando en mi charla mientras escribía algo para cumplir.

Empero, al enfrentar el cuaderno en blanco, me atrapó la historia que antecede y pese a mi resistencia, fundada en que no quería agregar emoción a mi inquietud, sumado al hecho que venía sobrepasado de ellas, cedí a su encanto. Los escritores solemos escribir casi siempre acerca de lo vivido, aunque solemos adornarlo de fantasía, exagerar algunos aspectos, mentir en otros, soslayar los que nos incomodan, alterar los personajes, todo como parte de un juego que nos estimula y adoramos. Probablemente el que antecede sea el único cuento al que le cambié los nombres, simplemente para cambiar algo.

Vaya pues como homenaje a todas las madres en su día, en la esperanza que comprendan, que la maternidad es y será el mayor regalo que pueden llegar a hacerle a un hombre. No hay forma encantadora, natural o artificial, no hay moda provocante, no hay desempeño sexual, no hay canto de sirena, ni hay fantasía literaria capaz de volcar el fiel de la balanza, cuando en el otro platillo hay uno o varios niños en pañales.

Ah!, por cierto, escribí llorando, leí atragantado y después la charla de Shakespeare, salió razonablemente bien. Un lujo sí, pero no fue ningún descanso emocional antes de volver a sumergirme en las historias de los chichos.

Published in: on octubre 19, 2014 at 12:26 pm  Comments (1)  

AMANTES

almas amantes

 

AMANTES

-

¿Cuándo fue el día en que,

comencé yo a buscar,

el silencio para oírte,

la soledad para sentirte,

la oscuridad para verte?

.

¿Cuándo fue el día en que,

comencé a renunciar,

a todos para tenerte,

a todo para vivirte,

a mi para pertenecerte?

-

¿Cuándo fue el día en que,

comencé a entender,

el hondo sentido de vivir,

la oculta razón de nacer,

el medroso poder del morir?

-

Hace largos tantos años,

dieciséis  han de contar,

de un imborrable encuentro,

en un tan impensado lugar,

destino hirió en mi centro.

-

Amantes desde entonces,

de almas enlazadas,

con palabras peregrinas,

de poesía enamorada,

de inocencia cristalina.

-

Nuestros cuerpos se ignoran,

pero  sabemos todo,

el alma nos parece una,

y el sentir es uno solo,

por vivir dentro cual ninguna.

-

Amor que nos antecede,

que nos sobrevivirá,

que con nosotros  audaz juega,

que de nosotros  se mofará,

si por miedo uno lo niega.

-

Recortados del mundo,

vivos en eternidad,

que sea la magia quien posea,

el don de la oportunidad,

y haga  AMOR lo que desea.

-

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 5 de octubre de 2014

El amor no tiene rostro, no se da, no se recibe, no se hace, no se busca, no se encuentra, simplemente se siente, muchas veces sin querer, muchas veces no queriendo,  porque es casi nada de lo que así llamamos, es un estado del alma.

Published in: on octubre 6, 2014 at 12:43 am  Dejar un comentario  

UN DIA

Mesa en ventana al rio

 

UN DIA

-

El sol esquivo,

tu alma en paz,

mi ser mendigo,

la risa en tu faz.

-

El viento aleve,

tu ojo brilloso,

mi cuento breve,

la mesa en gozo.

-

El refugio solo,

tu cabello suelto,

mi hablar sin modo,

el río revuelto.

-

El barco lejano,

tu voz pausada,

mi estéril mano,

la tarde llegada.

-

El cruel retorno,

tu adiós sin ganas,

mi ser de otoño,

la vida que gana.

-

Son solo fotos,

que te y me debo,

de destino roto,

del día que llevo.

-

Enrique  Momigliano

Buenos Aires, 2 de octubre de 2014

 

Solo somos dueños de lo que damos, solo viaja con nosotros lo que vivimos, solo el amor que dimos, nos lo llevamos.

Published in: on octubre 3, 2014 at 1:11 am  Comments (1)  

ESTACIÓN

 

campo de lirios 2

 

ESTACIÓN

-

La nieve se deslíe,

cual memoria del frío,

el hielo  desparece,

en el torrente del río.

-

El sol es más tibio,

las nubes más escasas,

más blancos esos lirios.

y  brillan más las casas.

-

Es tan tenue el viento,

y los brotes tan verdes,

las aves son tantas tantas,

y el gentil aire me pierde.

-

En las flores la abeja,

dulce néctar libando,

En las plazas los amores,

al amor celebrando.

-

Es otra vez primavera,

el invierno se deshace,

y tal como siempre,

es la vida que renace.

-

Para mi nada cambia,

si oculto estas ganas,

si esta pasión mato,

por creer que son vanas.

-

Por pensar que muerto,

es más fácil la vida,

Por ceder al temor,

de traición y despedida.

-

¿Y si un año es distinto,

y voy a tu encuentro?

¿qué pasaría, Dios,

a ti, a mí, adentro?

-

Piel y sangre piden,

lo que niega la mente,

y el conflicto consume,

este triste presente.

-

Sin vida en la duda,

sin aire en el borde,

sin nadie que acuda,

al grito del desborde.

-

Primavera otra vez,

la maldigo y niego,

por tan bien socavar,

mi callar y mi ruego.

-

Que hace imposible,

el anhelo  de olvido,

¡vete ya primavera,

sin haberme vencido!

-

No sea  que tu aire,

que tanto enloquece,

al poeta gobierne,

y tu amor confiese.

-

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 21 de septiembre de 2014

Published in: on septiembre 21, 2014 at 4:33 pm  Dejar un comentario  

NO SE

December 12th, 2010 @ 09:06:42

 

 

NO SÉ

El Almirante bajó el catalejo y sonrió satisfecho. “Los tenemos” pensó con una mueca interior que denotaba confianza plena en sí mismo.

Motivos no le faltaban. Hacía más de cuatro meses que estaba en alta mar tratando de ubicar a la flota enemiga. Jalonaban su carrera naval cientos de victorias, muchas de ellas en notable inferioridad de condiciones. Él era ya una leyenda viviente. Todos los niños imaginaban un futuro heroico como el suyo, todas las mujeres suspiraban con tan solo oír  su nombre y  probablemente por ello, todos los hombres del reino lo envidiaban de un modo tenaz.

Nada de eso le importaba, él siempre iba tras una hazaña mayor.

La nave insignia que navegaba gallardamente al frente de un centenar de navíos, era una de las mejor equipadas de su tiempo y por tanto temible para todo barco enemigo que solía vibrar de terror al intuir su silueta en el horizonte.

El Almirante confiaba ciegamente en sus fuerzas, su habilidad, su barco, su flota y sus marinos. En consecuencia no dudaba ni ante la más violenta tempestad. Solían relatar en los bares del puerto que en el curso de una de ellas,  parado firme ante el timón, mientras las olas inundaban la cubierta y los rayos sacudían la velas, en tanto todos a bordo buscaban refugio seguro, él, elevando sus ojos al cielo había exclamado: “Sigue intentando Dios, esfuérzate, tú nunca podrás conmigo”.

No vaciló entonces en abalanzarse sobre la flota enemiga con todo su poderío, una vez más. Y como ya había devenido costumbre, tras una larga y muy cruenta batalla, alcanzó una nueva y resonante victoria.

Atrapado el suculento botín, torció rumbo y comenzó el regreso de la flota al puerto de origen.

Durante el plácido viaje a casa, su mente no lo dejó en paz, presentándole imágenes cada vez más nítidas y fastuosas del esperable desembarco victorioso. A fin de ayudar al cumplimiento de su anhelo, envió adelantada a la embarcación más veloz de la flota, con el siguiente mensaje: “Enemigo derrotado completamente. Regreso a puerto con escasas bajas y amplio botín”.

¡Imaginó la gloria absoluta! Vio al Rey con la mismísima Reina, poco afecta a los actos oficiales, de pie, en el puerto esperando su llegada.  Atisbó en su mente al pueblo costero totalmente embanderado, a las más bellas mujeres arrojando flores a su paso y a los pescadores saliendo en sus barcas al encuentro de la flota.

En estas ensoñaciones, el Almirante seguro de si mismo, con su leyenda agigantada y saboreando en forma anticipada, su bien merecida gloria, navegó el mes que tardó en llegar a puerto.

Para su desdicha, los hechos no acompañaron sus sueños, ni siquiera mínimamente.

Entró a puerto una mañana de sol en la que fue recibido por los muelles desolados, un pueblo desierto y los botes pesqueros prolijamente fondeados.

¡NADIE, NADIE, NADIE, salió a su encuentro!

Tanto había esperado, imaginado y acariciado ese momento, que el deseo dio paso a la decepción y ésta a la indignación, en forma casi instantánea y brutal.

En un último intento desesperado, lanzó una salva de cañones y esperó alguna respuesta.

¡NADA, solo el silencio impenetrable!

Bajó a tierra el Almirante, hecho una furia, sólo para comprobar que todos huían de su presencia, ni bien la advertían.

Tan solo el loco del pueblo se plantó haciendo morisquetas ante él y entre acrobacias cantó:

“El Almirante victorioso llega,

y sueña con gran recibimiento,

no sabe que la peste anega,

familia y amigos con sufrimiento”

El viejo marino detuvo sus pasos, abrió grandes sus iracundos ojos e inquirió a los gritos al loco del pueblo: “¿Qué dices, pero qué dices?”

Nada coherente podía esperar por respuesta. Se dirigió a su casa a grandes zancadas, solo para comprobar, con sumo dolor que la canción del loco hablaba verdad. En su ausencia, la peste había golpeado con fuerza al reino y toda su familia, tanto como sus mejores amigos, hacía tiempo que estaban muertos.

El Almirante se derrumbó. De nada le había valido su victoria, ya de nada le servía ser una leyenda. Bramó, insultó, perjuró, blasfemó y lloró, lloró y lloró.

Todo aquello en que había creído firmemente, todo aquello por lo que había luchado con tesón toda su vida, todo le pareció de repente, pura vanidad.

Perdió en un solo instante todos sus anclajes, toda su fe, todas sus certezas.

Y se entregó a la duda, como un barco a la deriva en alta mar.

Orate, se lo ve, entre la bruma del puerto, caminar los muelles día y noche, con vacilante paso, muy sucio, sacudiendo la cabeza y emitiendo, cada tanto un gruñido, que los niños que ahora se ríen de su aspecto y de su eterno duelo, tradujeron por “No sé”.

Enrique Momigliano

San Clemente del Tuyú, 20 de agosto de 2014

 

Silvia Susana Consolino, fundadora y directora del Taller Literario EL PRINCIPITO desde hace 14 años en San Clemente del Tuyú, a quien me llevara mi pasión por conocer más de la historia de esa amada zona, no deja de sorprenderme. Y mucho más aún me sorprenden  las cosas que escribo, cada vez que me entrego a su conducción.

El cuento que antecede es una parábola sobre la soberbia y la vanidad, que no siempre ataca a seres vacuos, sino que también suelen ser víctimas insospechadas de esas enemigas del alma, gente con mucho mérito, con mucho esfuerzo, con demasiados triunfos en su haber. Hasta los monjes suelen sucumbir a ellas. En este último caso, el principio de obediencia y la sagacidad del abad hacen lo suyo. Me contaba un monje amigo que el premio que recibió del abad luego de una exitosísima y difícil gestión, nada menos que en Roma, fue el hacerse cargo durante un mes de la limpieza del establo.  Extramuros, no tenemos tanta suerte y a veces con sobrados argumentos “nos la creemos” o nos engreímos, para decirlo correctamente. Ante la falta de abad, es la propia vida que nos prepara el balde de agua helada, del tamaño adecuado a nuestra vanidad, para devolvernos a nuestra real dimensión de seres humanos, vulnerables, frágiles y pasajeros. Somos parte de la creación, a veces una parte distinguida, venerada, meritoria y envidiada, pero parte, tan solo parte, nunca el centro y son nuestras debilidades, nuestras carencias y finalmente nuestra mortalidad las que nos hermanan con las otras partes, quizás oscuras, quizás ignoradas, quizás segregadas y despreciadas.

En ocasiones el dolor de la caída nos hace recapacitar y comenzamos a transitar el camino de regreso a la virtud de la humildad. En otras, lamentablemente, el baldazo es demasiado fuerte, la caída demasiado dura y nos derrumba como al Almirante, respecto de quien ignoramos si al cabo de un tiempo recuperó la cordura. Pero nunca duden de su llegada, a veces tarda, pero siempre llega.

La sorpresa que Consolino nos tenía preparada fue que la consigna, en esta ocasión, consistió en escuchar unos minutos de música y estar atentos a qué palabras la propia música nos sugería. No se trataba de pensar, sino de estar atentos para descifrar si la música traía imágenes y ellas palabras. No nos fue revelado el título de la partitura ni su autor y se trató de tramos cambiantes. En mi caso reconocí al último como el doloroso Intermezzo de la Cavalleria Rusticana de Mascagni.

Contra mi expectativa, las imágenes fueron clarísimas y la sucesión de palabras que transcribo me regalaron completo mi cuento. La imagen central era un barco antiguo, un galeón navegando en el mar, batalla, victoria, navegación más tranquila, pena, duelo, inseguridad, duda, miedo y no sé. Hasta el título vino. El único que no apareció en ningún momento fue el protagonista. Ni falta que hacía, era yo mismo y como siempre soñé con ser Almirante, me vino de perillas. No tengo que hurgar demasiado en mi camino para reconocer que la batalla contra la soberbia me ha llevado años y he debido empeñar mis mejores esfuerzos para que no me domine.

Pero ahí no terminan las sorpresas. Cuando concurrí al taller del miércoles siguiente, me senté casi enfrente de donde me había sentado al escribir este cuento. Ahí fue que tome conciencia que en la reunión que NO SE me llegó, estaba sentado delante de una maqueta de un galeón antiguo, tal como el que vi, con los ojos bien cerrados, durante toda la consigna musical. Como estaba a mis espaldas, nunca posé mi vista en él y al cabo de la reunión me fui sin verlo.

Y por si todo esto no bastase para el asombro, a mi vuelta a Buenos Aires, debí profundizar a un poeta que admiro como es Hugo Mujica y conduje dos hermosas reuniones del café literario de la Biblioteca Popular Alberdi sobre sus escritos. Ayer, 13 de septiembre tomo conocimiento que su nuevo libro de ensayos se titula precisamente: El saber del no saberse.

Sabemos tan poco del cerebro, menos aun de la mente que ni siquiera la vemos y casi nada del espíritu, que se supone dirige a los otros dos. Me parece que a esa “conspiración de invisibilidades” como las llamaba Alejandra Pizarnik, las consignas de Silvia Susana Consolino, le hacen muy hábiles trampas, para que dejen de jugar a las escondidas y se expresen de una vez.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 14 de septiembre de 2014

Escuchen a Pietro Mascagni y déjense sorprender por lo que escriban……..si se animan.

Published in: on septiembre 14, 2014 at 6:45 pm  Comments (1)  

UN RATO

hombre con flores

 

UN RATO

-

Amor de a ratos,

que llega, alumbra,

enciende y se va.

-

Amor de a ratos,

que siembra alegre,

esperanza mía.

-

Amor de a ratos,

que espanta muerte,

que restaura  vida.

-

Amor de a ratos,

viento inasible,

fuego  siempre fugaz.

-

Amor de a ratos,

estoy detenido,

de tanto  aguardar-

-

Si quizás supieras,

amor de a ratos,

que por ti vivo yo.

-

Quizas  tú quisieras,

amor de a ratos,

quedarte esta vez.

-

Entonces verías,

amor de a ratos,

que tú quieres también.

-

Que esta luz dure,

amor de a ratos,

toda nuestra edad.

-

Ya nunca serías,

amor de a ratos,

sino amor veraz,

-

Mas si tú no puedes,

amor de a ratos,

y decides marchar.

.

Nunca  te olvides,

seguir regalando,

amor de a ratos.

-

Ni jamás tú pienses,

quitar al poeta,

amor de a ratos.

-

Pues él se aferra,

y te cree eterno,

amor de a ratos.

-

Por eso te canta,

te vive y sueña,

amor de a ratos.

-

Que no le importa,

quien te entretiene,

amor de a ratos.

-

Tan solo él pide,

que tú siempre vuelvas,

amor de a ratos.

-

Es feliz con sentír,

si morir asusta,

amor de a ratos.

-

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 10 de septiembre de 2014

¿Tendrá que ser pirata el amor para gustar? ¿O necesariamente de a ratos? ¿La convivencia realmente lo mata? Nuestros ancestros forjaron una sociedad de gente acompañada y sola, desamorada. ¿Estarán nuestros descendientes forjando una sociedad de gente sola pero enamorada?

Published in: on septiembre 10, 2014 at 2:53 pm  Dejar un comentario  

PARIS DE FIESTA

torre-eiffel2

 

PARIS  DE FIESTA

-

Paris era una fiesta,

exclusiva para dos,

su negra torre enhiesta,

conmovida por tal voz.

-

De poetas enamorados,

que han osado  despertar,

al viejo Sena encantado,

con el ritmo de su rimar.

-

Y Sacre Coeur los bendice,

su alba cúpula ve rajar,

pues sin profeta que predice,

al Amor logra ver reinar.

-

Abrieron el cementerio,

de Montparnasse de par en par,

y bailan los poetas serios,

que allí han dado en habitar.

-

Brilla de El Lido su farol,

cede el desnudo su lugar,

es que hay un cambio de rol,

poemas se oyen declamar

-

En Notre Dame  caos reina.

las gárgolas saben vencer,

cuando a Esmeralda gana,

el Jorobado con su leer.

-

Hacen huelga las putas,

pues celebran el Amor,

y abandonan por las rutas,

su triste ancestral dolor.

-

Los cafés están repletos,

de sonrientes parroquianos,

con volúmenes repletos,

de poemas en las manos.

-

Nadie imagina el motivo,

de desorden semejante,

que inconsciente colectivo,

logró poner de tal talante.

-

No saben que esa noche,

en buhardilla tan fría.

este Rodolfo  fantoche,

amó a Mimí que reía.

-

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 2 de septiembre de 2014

 

Me resulta imposible pensar París, que no conozco y no muero por conocer, sin recordar esta aria de la ópera La Bohéme de Puccini, que escuchara muchos domingos en mi casa natal, cuando niño. Las tres respuestas a sus propias preguntas de Rodolfo, para presentarse a Mimí son esenciales y me identifican.

¿Quien soy?

Soy un poeta

¿Que hago?

Escribo

¿Como vivo?

Vivo.

Published in: on septiembre 2, 2014 at 1:28 am  Comments (3)  

DESEO FINAL

deseo final

 

DESEO FINAL

 

Deseaba verla de nuevo. Necesitaba hacerlo. Ese deseo era el precio que le había cobrado a la ingrata vida, por no ceder. Una vez más, Juan, acorralado por una situación inmanejable, había dejado vencer a la razón. ¿Hasta cuando lo haría? ¿Hasta cuando preferiría una cómoda infelicidad a una apuesta riesgosa que tanto podía arrojarlo al abismo como hacerlo sentir vivo, después de décadas? Imposible saberlo.

Una vez, tan solo una, para decir adiós con la mirada, adiós con y desde el corazón, un adiós en silencio.

Era tiempo de partida, de bolsos llenos y baúles listos, de gas cortado y cerrojos puestos. Su tiempo en ese pueblo fantasma había expirado, su retiro tocaba a su fin, su propósito que lo había conducido hasta ahí y hasta ella, estaba más que cumplido.

En medio del trajín de esa mañana, cada tanto Juan se ausentaba de lo que hacía y rememoraba paso a paso cada encuentro de esos extraños días. ¿Buscando qué? ¿Acaso necesitaba más pruebas? ¿Para convencerse? Y una vez convencido ¿hacer qué?

Ella lo amaba. Y Juan lo sabía. Se lo habían revelado las miradas, sus excusas para verlo, la dulzura de sus gestos y sobre todo, la energía que irradiaba ella en su presencia.  Pero había más.

Cada vez que Juan cerraba sus ojos para ingresar a ese mundo del que nada sabemos, el de los sueños, ella aparecía a su lado, sonriente, radiante, cálida. Juan la resistía, necesitaba descanso. Por un tiempo, hasta que se entregaba y se dejaba abrazar por ella para dormir definitivamente acompañado. Y se despertaba a la mañana siguiente sin ningún rastro en el alma que hiciera suponer su solitaria noche, en una gélida cama de un cuarto helado. La amplia sonrisa que lo recibía en el espejo delataba una madrugada de amorosas delicias.

Ella sabía como hacerlo. Juan ni intentaba averiguar su método, sabía demasiado acerca del espíritu como para dudar que su presencia nocturna fuese algo menos que real. Y había vivido el proceso completo. Las primeras veces lo sorprendió, luego le divirtió, después lo disfrutó y finalmente cayó en la cuenta que de día, cuando las ocupaciones de ambos diferían en tiempo y lugar, la extrañaba desesperadamente. Así fue que empezó a apurar las horas para que llegase el momento del encuentro en el sueño. Llenó sus días de actividad para no pensarla. Y sus días se llenaron de inquietud: ¿y si esta noche no viene? ¿qué sentiré si me quedo solo de verdad?

Pero ella venía y Juan hasta comenzó a hablarle, a recibirla, a dejarla hacer. Una mañana la sonrisa no lo recibió en el espejo, en su lugar advirtió una mueca de angustia. Dudó de su cordura. ¿Culparía a la tormenta que lo aislara por días? ¿Culparía a su misión que tanto le angustiara? ¿Culparía a la soledad acusada de ser pésima consejera?

No por extraño, cabía calificar al dilema en el que la vida lo había metido, de novedoso. Bien lo conocía él. Llevaba nada menos que quince años acarreando uno similar. El deber o el deseo. La razón  o el corazón. ¿Los acumulaba acaso? ¿Estaría condenado a la repetición?

Este dilema, sin embargo, más arrollador, más carnal, mas sorpresivo, era más factible de resistir. Sencillamente porque no soportaba el menor análisis. A poco de mirarlo, sonaba a locura completa. Ello lo tranquilizó. Conocedor del terreno como pocos, se dio cuenta que era mucho más fácil ponerle fin.

No fue sin dolor que cortó la cuerda, no fue sin dolor que esquivó el oasis del desierto del desamor, no fue sin dolor que se propuso partir del todo, llevando consigo el trozo de corazón que pugnaba por quedarse en el pueblo. Pero lo hizo. A cambio del deseo, de ese loco deseo de verla de nuevo.

Tres veces abordó el auto cargado y tres veces encontró la excusa perfecta para no arrancar. Olvidos, dudas obsesivas, ridículos extravíos. Dos horas más tarde de la hora prefijada, finalmente encaró el camino de regreso.

Modificó Juan su ruta de salida para pasar por su casa, quizás estuviera en la puerta. Antes de llegar a ella, la vida cumplió.  Ella caminaba por la acera sonriendo, con un hijo en brazos, el otro de la mano y un excelente y amoroso esposo hablándole cómplice al oído.

Juan no hizo, no pensó, ni dijo nada; solo aceleró.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 30 de agosto de 2014

Hace siglos lo dijo Calderón de la Barca en la inolvidable voz de Segismundo: la vida es sueño y los sueños, sueños son. Tan real o irreal una como el otro.

 

Published in: on agosto 30, 2014 at 10:03 pm  Dejar un comentario  

MENTIRA

Phil, Jorge y Xabier

 

MENTIRA

-

Es mentira la pelada,

Son las canas engaño,

y esa panza abultada,

puro cuento de los años.

-

Mi corazón los conoce,

y mi alma no inventa,

son el niño que aparece,

si la vida nos encuentra.

-

No le creo a la tristeza,

y me río de la muerte,

al confiar en su nobleza,

y ser con ellos tan fuerte.

-

Para gritar que es verdad,

el brillo que da a la vida,

la bien nacida amistad,

en feliz niñez compartida.

-

Enrique Momigliano

Buenos Aires, Día del Niño 2014

Published in: on agosto 10, 2014 at 12:45 pm  Comments (1)  

VER A UN AMIGO LLORAR

abrazo_de_oso

 

VER A UN AMIGO LLORAR

-

Ver a un amigo llorar,

es sentir al alma desfallecer,

porque uno no puede hablar,

porque uno no quiere saber.

-

Ver a un amigo llorar,

es creer de Dios el lado peor,

porque uno no deja de temblar,

porque uno no carga tal dolor.

-

Ver a un amigo llorar,

es pensar inútil todo amor,

porque  es incapaz de consolar,

porque es imposible perdonar.

-

Y sin embargo,

con el tiempo,

uno entenderá.

-

Que ver a un amigo llorar,

es la mejor prueba de amistad,

porque nos eligió para aflojar,

porque vio en nos seguridad.

-

Que ver a un amigo llorar,

es ver la desnuda humanidad,

porque a todos ha de tocar,

un día mostrar debilidad.

-

Que ver a un amigo llorar,

es cuando más cerca lo tendrá,

y  si  a su lado sabe estar,

toda la vida  lo amará.

-

A los que vi llorar

A los que me vieron llorar

Enrique Momigliano

Buenos Aires, Día del Amigo 2014

Ese fantástico juglar belga que fue Jacques Brel es el autor de esta bella y atípica canción que se titula  VER A UN AMIGO LLORAR (Voir un ami pleurer) en la que nunca dice que le pasa cuando eso sucede, simplemente se queda sin palabras. Se limita en la canción a enumerar una serie de calamidades globales y particulares que hacen a la vida en este mundo y da a entender que ninguna de ella se equipara al dolor de ver a un amigo llorar. Brel era un genio y pudo decirlo así, a mi me salió tan solo contar mi experiencia en el tema, bajo el mismo título.

Published in: on julio 20, 2014 at 12:05 am  Comments (3)  

NEGRA

En Fundación CHICHOS suceden cosas extraordinarias todos los días. Cada vez que paso por allí me parece entrar en otra dimensión, salir de una vida anestesiada que me acompaña día y noche e ingresar en un lugar donde a cada paso me topo con lo peor y lo mejor de la humanidad. Hiervo de indignación y al paso siguiente me sorprendo con actos de amor sin parangón. No es extraño que  unos OVNIS hayan decidido visitarlos en varias oportunidades, es un lugar único que no tengo palabras para describir. Solo puedo recomendarles que vayan a conocerlo y que vuelvan y que estén en contacto sobre lo que ahí se vive cada día.

No cualquiera puede estar todo el día, todos los días, en contacto con tantas emociones fuertes sin agotarse, sin enfermarse y ello sin tener en cuenta el duro trabajo de atender a tantos perros, la mayoría enfermos gravemente o discapacitados, con siempre escasos medios, indiferencia oficial, en un clima riguroso tanto en invierno como en verano.

Y suceden milagros. Rita con dos patas quebradas, operada varias veces que viene a recibirme corriendo. Chiqui que tiene nada menos que 19 años y  me sigue por todos lados. Los ciegos que me reconocen. Reyna operada un montón de veces de un intestino que se le sale, que se me duerme en la mano cuando la acaricio y me corre a mil con sus dos patas sanas.

Y suceden bajezas. Muchos perros adoptados que luego se encuentran en la calle abandonados nuevamente. Las adopciones fracasadas y el reingreso. Las muertes súbitas e inexplicables. Los robos. Los ataques. Los abandonos de cachorros en la puerta. El ingreso de perros lastimados por el hombre. Los atropellados, los maltratados, los amputados.

Probablemente un ejemplo para tomar de síntesis que nos conmovió a todos profundamente por su enseñanza imprescindible que , tal como cantaba Tanguito, “pero el amor es más fuerte”, sea la de NEGRA.

Fue una perra negra, común, del montón, que ingresó al refugio por maltrato. Mucho le costó a las mujeres a cargo poder acercarse a ella. Había estado embarazada hacía poco, tenía leche en las mamas pero sus cachorros no estaban con ella.  Al tiempo abandonaron otros cachorros y ella, siguiendo su instinto maternal, no tuvo problema alguno en hacer de nodriza y alimentarlos. Su amor pudo mucho más que su justificada agresividad.

Hacía como un año que vivía en el refugio y cada vez que la miraba me resultaba imposible no reafirmarme en mi creencia que los perros son más evolucionados que los humanos. Sufría el contraste entre la perra agresiva que amamantaba cachorros ajenos y la adolescente soltera que abandonaba al fruto de su entraña en la basura.

Ayer nos dejó, se quedó dormida en su cucha en una noche de invierno. Se fue sin ruido, sin urgencias, sin veterinario. Probablemente cansada de habitar entre nosotros, estos duros humanos que no aprendemos, que descargamos nuestra frustración y angustia existencial maltratando animales. Nos queda su lección, la que trajo sobre el amor, una perra negra, común, del montón.

NEGRA

-

Supiste del duro maltrato,

del triste maldito humano,

quien osó lastimar ingrato,

tu inocencia con su mano.

-

Aun así tu conservaste,

innata perruna nobleza,

amor con amor tu pagaste,

nodriza de suma grandeza.

-

Ayer te rendiste dormida,

en cucha de postizo hogar,

sabedora que en esta vida,

nada te resta por enseñar.

-

Dos ángeles guían tu vuelo,

Amor y Piedad son sus nombres,

mientras en total desconsuelo,

¡Perdón! te rogamos los hombres.

-

Enrique Momigliano.

Buenos Aires, 17 de julio de 2014

Published in: on julio 17, 2014 at 12:39 pm  Comments (1)  

REVISTA ARTemporal

Foto Paola Palacios Robles

Foto Paola Palacios Robles

REVISTA ARTemporal

Pienso que aun no nos hemos dado cuenta de la revolución mundial que está teniendo lugar en nuestras narices. Y así como el pez que pregunta por el océano porque no lo ve al estar inmerso en él, nosotros seres humanos no hemos terminado de ver la magnitud de la transformación que está teniendo lugar al conectar vía la red global a seres que antes de ella no tenían la más mínima posibilidad de conocerse.  Como tampoco percibimos que es lo que puede suceder al poner tanta información al alcance de tantos, sin fronteras ni límites de edad, sexo o religión. Por supuesto, los que ni siquiera empezaron a darse cuenta son los líderes, cuyo margen de manipulación se ha reducido drásticamente.

No pienso elaborar un ensayo en este espacio, simplemente quiero traerles un ejemplo.

Hace un tiempo mis poemas fueron leídos por una joven mexicana de nombre Paola Palacios Robles. A través de la red intercambiamos lecturas y música y llegué a conocer su dominio del arte fotográfico.

Ella a su vez estaba relacionada con una joven escritora peruana de nombre Karem Fernández Dávila Barahona, también lectora de este blog y que acaba de presentar un profundo libro que pronto comentaré por aquí, titulado Amargo Café, el cual tuvo la gentileza de enviarme desde Arequipa. Conversando con ella descubrimos gustos literarios similares y una desbordante pasión por la misma poetisa: Alejandra Pizarnik.

Ambas confeccionan en la red una revista de arte a la que pusieron por nombre ARTemporal y que lleva cinco números publicados. Lo hacen con sumo esmero y cuidado por la belleza, valor esencial de la poesía.  Soy lector y admirador de dicha obra.

Pues hoy, autorización mediante, me dieron una de las sorpresas más lindas de mi desempeño como escritor. Esperaba ver la mera cita de algún poema mío y en cambio me encontré con un espacio dedicado y embellecido por las fotos de Paola.

Este viejo poeta se quedó sin palabras y sin aliento. Me vi de repente incluido en un canto a la belleza, pasé de observador a observado, de espectador a actor y simplemente me inundó la emoción y la alegría.

Gracias Paola y Karem por este regalo y gracias a la revolución silenciosa que permitió conocernos.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 26 de junio de 2014

IR AL SIGUIENTE LINK PARA VER LA REVISTA

http://madmagz.com/magazine/362608#/page/1

Published in: on junio 26, 2014 at 10:14 pm  Comments (2)  

AQUEL CATORCE-SEIS

Encuentro generales Menéndez y Moore 14-6-1982, casa del gobernador en Malvinas

Encuentro generales Menéndez y Moore 14-6-1982, casa del gobernador en Malvinas

 

AQUÉL CATORCE-SEIS

Ninguna derrota tiene padres y casi nunca poesías. Mucho menos sus caras. Sé que no ganaré amigos con esto, pero nadie debería escribir para ello. El escritor escribe por necesidad interior y afronta las consecuencias. No soy amigo del general Menéndez, en realidad no tengo amigos generales y jamás empuñé un arma. Coincidí con él en una vigilia en San Andrés de Giles, nos presentaron, hablamos brevemente, se llevó mi libro y le mostré la foto que me regalara mi amigo, el soldado de artillería Marcos Falcón. Unos meses después se frustró un reportaje que le iba a efectuar para Bahianoticias com, pero la mera posibilidad del mismo me llevó a investigar a la persona y su actuación. Nunca más lo vi ni hablé con él y el frustrado reportaje lo terminó realizando C5N.

Ahí tomé conciencia que él, en casi absoluta soledad y enfrentando el criterio de sus superiores, hasta del propio presidente, había sido quien, aceptando una razonable oferta del enemigo, había sido el responsable del cese del fuego en Puerto Argentino. El primer acto lógico y salvador de miles de vidas de la locura que se había apoderado del tema Malvinas, tras la eufórica plaza del 2 de abril de 1982.

Una cosa era realizar una demostración de fuerza, una toma incruenta del territorio para destrabar unas negociaciones estancadísimas y otra era pelearse, en plena guerra fría, contra toda la OTAN. Del acto justo y necesario a la total locura existió aquella plaza de distancia.

El canciller Costa Méndez le había vendido varios buzones a la Junta Militar, pero ésta había tenido múltiples oportunidades para volver al camino racional. Aceptar la resolución 502 de las Naciones Unidas, hubiera sido uno de ellos. Pero hubo otros momentos en que el entorno político del presidente frustró acuerdos prácticamente sellados por el canciller y Alexander Haig, el negociador enviado por EEUU. Mientras la diplomacia fallaba, los soldados morían.

En la asunción del 7 de abril de Menéndez como gobernador de las islas, asistieron  personalidades de todo tipo: el doctor Favaloro, los sindicalistas Ubaldini, Baldassini y Triacca, los políticos Bittel del PJ y Abelardo Ramos del FIP, representantes corporativos como Gutierrez de la Sociedad Rural y gente de la Unión Industrial. El 14 de junio el gobernador, transformado en comandante, estuvo solo, después y hasta hoy, también.

Una cosa es arriesgar hasta ofrendar la vida por la patria y otra muy distinta es inmolarse en una lucha sin sentido. Durante muchos años pensé que esto último es lo que nuestra sociedad le demandaba al comandante.  Sin embargo, fue mucho peor. Alentados por la propaganda y la cultura del football, que estaba en auge, por coincidir esos aciagos días con el mundial del España, lo que realmente pedían es que el general derrotado se suicidase, tras haber llevado al martirio por la patria a toda la tropa. Una absoluta y total locura. El general es responsable por la vida de sus soldados y solo debe arriesgarla cuando existe la posibilidad de una victoria. Y para él mismo, como el tiempo se encargaría muy bien de demostrar, el suicidio era el camino fácil, el difícil era volver, dar la cara y todas las infinitas explicaciones que todo el mundo le pediría.

Por ello, la poesía que sigue no es un homenaje a la persona sino a la luz de racionalidad de su acto de aquél catorce seis, que salvó la vida de miles de soldados e isleños inocentes. Me tomé la licencia, los poetas siempre lo hacemos, de pintar la escena marco de esa bendita decisión, tanto exterior como interior, basándome en palabras del propio comandante contenidas en videos públicos y en el libro MALVINAS, Testimonio de su Gobernador, que arresto le costara, escrito por Carlos M. Túrolo, cuya primera edición de Ed. Sudamericana de agosto de 1983, conservo conmigo.

Necesité hacerlo en este catorce seis, también teñido de distracción futbolera, 32 años después, mucho más por mi propia conciencia que en defensa del protagonista, mucho más por nosotros, jueces colectivos de cómoda poltrona, tan prestos a embarcarnos en locuras colectivas, que por aquéllos jóvenes hundidos en pozos de zorro, cuya preciosa vida, éste acto tan necesario como doloroso, salvó.

Acompañan a este escrito la foto del encuentro en un pasillo de la casa del gobernador entre los dos generales enfrentados, Menéndez y Moore, la foto del acta de la rendición CONDICIONAL de las fuerzas argentinas ubicadas en ambas islas y un video que contiene el audio de la tensa conversación final entre el comandante y el presidente.

AQUÉL CATORCE SEIS

-

Cuenta treinta y seis horas sin dormir,

y la tensión sufrida no lo deja comer,

recostado en el piso siente el día venir,

con las cargas que tan cerca oye caer.

-

Si gélida es la mañana que llega,

peores son las noticias que sabe,

como la nevisca que todo lo anega,

el dolor ya en el pecho no cabe.

-

Cierra sus ojos por un instante,

y el  sonoro cañón le hace recordar,

a su familia hoy tan distante,

sostén de su larga carrera militar.

-

Le parece ver un azul claro cielo,

unido al temor del salto primero,

ante la abierta puerta en pleno vuelo,

cuando por paracaidista fue mochilero.

-

Y el riesgo del monte tucumano,

al que fue por constitucional gobierno,

para detener los golpes de mano,

de errados sembradores de infierno.

-

Más clarea y con ojos abiertos,

sus recuerdos se vuelven recientes,

la asunción en eufórico puerto.

con tantas personalidades presentes.

-

La visita del propio presidente,

alertando  encontronazos posibles,

solicitando un resistir valiente,

para hallar diplomacia factible.

-

Y aquél fatídico día de mayo,

para muchos de fuego bautismo,

en que el bombardeo sin desmayo,

abrió en par la puerta del abismo.

-

La tropa pasa de quinientos a miles,

la ocupación en guerra se convierte,

el cielo nubla de aviones y misiles,

y los barcos se cubren de muerte.

-

Se incorpora y dirige al comando,

para recibir solo malas noticias,

el enemigo ha seguido avanzando,

y queda poco espacio y milicia.

-

Habrá seguramente sopesado,

de ayer la más dura experiencia,

de ocho quirófanos armados,

operando en simultánea urgencia.

-

Sostiene entonces con el presidente,

tenso diálogo áspero y frío,

que se interrumpe bruscamente,

y lo deja solo con su albedrío.

-

Unos días resistir le pidieron,

cuarenta y cinco hubo resistido,

y los últimos diez solo fueron,

por comida de barco de heridos.

-

En su alma el desconcierto reina,

Clausewitz viene en su ayuda,

“El que en batalla perdida se empeña,

injustificadas bajas  acumula.”

-

El enemigo salida le brinda,

con llamado que oportuno vino,

propone un cese de la contienda,

y evitar una matanza sin tino.

-

El insomne y fatigado militar,

sabe que todos, todo han dado,

sin munición ni batalla que dar,

con dolor acepta estar derrotado.

-

Todavía esbozará resistencia,

al imponer al cese condiciones,

y exasperará del inglés la paciencia,

conservando mando de tropa y pabellones.

-

Con la noche envolviendo Malvinas,

llegará el adversario general,

y se ahogará la ilusión argentina,

en una tachada acta formal.

-

El bien sabe que no le aguardan,

ni aplausos, ni fanfarria ni honores,

que sus propios jefes lo esperan,

con preguntas, indiferencia y sinsabores.

-

Sin embargo abriga en su pecho,

el orgullo de la misión cumplida,

y aunque pocos agradezcan lo hecho,

priorizó de sus soldados la vida.

-

No resulta nada sencillo,

ser de la derrota la cara,

y vivir lejos de todo brillo,

en un pueblo que culpa e ignora.

-

Ni soportar el reino de venganza,

que por negar al enemigo justicia,

inclina adrede el fiel de la balanza,

y roba a sus nietos las caricias.

-

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 14 de junio de 2014

Acta de rendición condicional de las fuerzas argentinas en Malvinas

Acta de rendición condicional de las fuerzas argentinas en Malvinas

 

 

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