MENTIRA

Phil, Jorge y Xabier

 

MENTIRA

-

Es mentira la pelada,

Son las canas engaño,

y esa panza abultada,

puro cuento de los años.

-

Mi corazón los conoce,

y mi alma no inventa,

son el niño que aparece,

si la vida nos encuentra.

-

No le creo a la tristeza,

y me río de la muerte,

al confiar en su nobleza,

y ser con ellos tan fuerte.

-

Para gritar que es verdad,

el brillo que da a la vida,

la bien nacida amistad,

en feliz niñez compartida.

-

Enrique Momigliano

Buenos Aires, Día del Niño 2014

Published in: on agosto 10, 2014 at 12:45 pm  Comments (1)  

VER A UN AMIGO LLORAR

abrazo_de_oso

 

VER A UN AMIGO LLORAR

-

Ver a un amigo llorar,

es sentir al alma desfallecer,

porque uno no puede hablar,

porque uno no quiere saber.

-

Ver a un amigo llorar,

es creer de Dios el lado peor,

porque uno no deja de temblar,

porque uno no carga tal dolor.

-

Ver a un amigo llorar,

es pensar inútil todo amor,

porque  es incapaz de consolar,

porque es imposible perdonar.

-

Y sin embargo,

con el tiempo,

uno entenderá.

-

Que ver a un amigo llorar,

es la mejor prueba de amistad,

porque nos eligió para aflojar,

porque vio en nos seguridad.

-

Que ver a un amigo llorar,

es ver la desnuda humanidad,

porque a todos ha de tocar,

un día mostrar debilidad.

-

Que ver a un amigo llorar,

es cuando más cerca lo tendrá,

y  si  a su lado sabe estar,

toda la vida  lo amará.

-

A los que vi llorar

A los que me vieron llorar

Enrique Momigliano

Buenos Aires, Día del Amigo 2014

Ese fantástico juglar belga que fue Jacques Brel es el autor de esta bella y atípica canción que se titula  VER A UN AMIGO LLORAR (Voir un ami pleurer) en la que nunca dice que le pasa cuando eso sucede, simplemente se queda sin palabras. Se limita en la canción a enumerar una serie de calamidades globales y particulares que hacen a la vida en este mundo y da a entender que ninguna de ella se equipara al dolor de ver a un amigo llorar. Brel era un genio y pudo decirlo así, a mi me salió tan solo contar mi experiencia en el tema, bajo el mismo título.

Published in: on julio 20, 2014 at 12:05 am  Comments (3)  

NEGRA

En Fundación CHICHOS suceden cosas extraordinarias todos los días. Cada vez que paso por allí me parece entrar en otra dimensión, salir de una vida anestesiada que me acompaña día y noche e ingresar en un lugar donde a cada paso me topo con lo peor y lo mejor de la humanidad. Hiervo de indignación y al paso siguiente me sorprendo con actos de amor sin parangón. No es extraño que  unos OVNIS hayan decidido visitarlos en varias oportunidades, es un lugar único que no tengo palabras para describir. Solo puedo recomendarles que vayan a conocerlo y que vuelvan y que estén en contacto sobre lo que ahí se vive cada día.

No cualquiera puede estar todo el día, todos los días, en contacto con tantas emociones fuertes sin agotarse, sin enfermarse y ello sin tener en cuenta el duro trabajo de atender a tantos perros, la mayoría enfermos gravemente o discapacitados, con siempre escasos medios, indiferencia oficial, en un clima riguroso tanto en invierno como en verano.

Y suceden milagros. Rita con dos patas quebradas, operada varias veces que viene a recibirme corriendo. Chiqui que tiene nada menos que 19 años y  me sigue por todos lados. Los ciegos que me reconocen. Reyna operada un montón de veces de un intestino que se le sale, que se me duerme en la mano cuando la acaricio y me corre a mil con sus dos patas sanas.

Y suceden bajezas. Muchos perros adoptados que luego se encuentran en la calle abandonados nuevamente. Las adopciones fracasadas y el reingreso. Las muertes súbitas e inexplicables. Los robos. Los ataques. Los abandonos de cachorros en la puerta. El ingreso de perros lastimados por el hombre. Los atropellados, los maltratados, los amputados.

Probablemente un ejemplo para tomar de síntesis que nos conmovió a todos profundamente por su enseñanza imprescindible que , tal como cantaba Tanguito, “pero el amor es más fuerte”, sea la de NEGRA.

Fue una perra negra, común, del montón, que ingresó al refugio por maltrato. Mucho le costó a las mujeres a cargo poder acercarse a ella. Había estado embarazada hacía poco, tenía leche en las mamas pero sus cachorros no estaban con ella.  Al tiempo abandonaron otros cachorros y ella, siguiendo su instinto maternal, no tuvo problema alguno en hacer de nodriza y alimentarlos. Su amor pudo mucho más que su justificada agresividad.

Hacía como un año que vivía en el refugio y cada vez que la miraba me resultaba imposible no reafirmarme en mi creencia que los perros son más evolucionados que los humanos. Sufría el contraste entre la perra agresiva que amamantaba cachorros ajenos y la adolescente soltera que abandonaba al fruto de su entraña en la basura.

Ayer nos dejó, se quedó dormida en su cucha en una noche de invierno. Se fue sin ruido, sin urgencias, sin veterinario. Probablemente cansada de habitar entre nosotros, estos duros humanos que no aprendemos, que descargamos nuestra frustración y angustia existencial maltratando animales. Nos queda su lección, la que trajo sobre el amor, una perra negra, común, del montón.

NEGRA

-

Supiste del duro maltrato,

del triste maldito humano,

quien osó lastimar ingrato,

tu inocencia con su mano.

-

Aun así tu conservaste,

innata perruna nobleza,

amor con amor tu pagaste,

nodriza de suma grandeza.

-

Ayer te rendiste dormida,

en cucha de postizo hogar,

sabedora que en esta vida,

nada te resta por enseñar.

-

Dos ángeles guían tu vuelo,

Amor y Piedad son sus nombres,

mientras en total desconsuelo,

¡Perdón! te rogamos los hombres.

-

Enrique Momigliano.

Buenos Aires, 17 de julio de 2014

Published in: on julio 17, 2014 at 12:39 pm  Comments (1)  

REVISTA ARTemporal

Foto Paola Palacios Robles

Foto Paola Palacios Robles

REVISTA ARTemporal

Pienso que aun no nos hemos dado cuenta de la revolución mundial que está teniendo lugar en nuestras narices. Y así como el pez que pregunta por el océano porque no lo ve al estar inmerso en él, nosotros seres humanos no hemos terminado de ver la magnitud de la transformación que está teniendo lugar al conectar vía la red global a seres que antes de ella no tenían la más mínima posibilidad de conocerse.  Como tampoco percibimos que es lo que puede suceder al poner tanta información al alcance de tantos, sin fronteras ni límites de edad, sexo o religión. Por supuesto, los que ni siquiera empezaron a darse cuenta son los líderes, cuyo margen de manipulación se ha reducido drásticamente.

No pienso elaborar un ensayo en este espacio, simplemente quiero traerles un ejemplo.

Hace un tiempo mis poemas fueron leídos por una joven mexicana de nombre Paola Palacios Robles. A través de la red intercambiamos lecturas y música y llegué a conocer su dominio del arte fotográfico.

Ella a su vez estaba relacionada con una joven escritora peruana de nombre Karem Fernández Dávila Barahona, también lectora de este blog y que acaba de presentar un profundo libro que pronto comentaré por aquí, titulado Amargo Café, el cual tuvo la gentileza de enviarme desde Arequipa. Conversando con ella descubrimos gustos literarios similares y una desbordante pasión por la misma poetisa: Alejandra Pizarnik.

Ambas confeccionan en la red una revista de arte a la que pusieron por nombre ARTemporal y que lleva cinco números publicados. Lo hacen con sumo esmero y cuidado por la belleza, valor esencial de la poesía.  Soy lector y admirador de dicha obra.

Pues hoy, autorización mediante, me dieron una de las sorpresas más lindas de mi desempeño como escritor. Esperaba ver la mera cita de algún poema mío y en cambio me encontré con un espacio dedicado y embellecido por las fotos de Paola.

Este viejo poeta se quedó sin palabras y sin aliento. Me vi de repente incluido en un canto a la belleza, pasé de observador a observado, de espectador a actor y simplemente me inundó la emoción y la alegría.

Gracias Paola y Karem por este regalo y gracias a la revolución silenciosa que permitió conocernos.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 26 de junio de 2014

IR AL SIGUIENTE LINK PARA VER LA REVISTA

http://madmagz.com/magazine/362608#/page/1

Published in: on junio 26, 2014 at 10:14 pm  Comments (2)  

AQUEL CATORCE-SEIS

Encuentro generales Menéndez y Moore 14-6-1982, casa del gobernador en Malvinas

Encuentro generales Menéndez y Moore 14-6-1982, casa del gobernador en Malvinas

 

AQUÉL CATORCE-SEIS

Ninguna derrota tiene padres y casi nunca poesías. Mucho menos sus caras. Sé que no ganaré amigos con esto, pero nadie debería escribir para ello. El escritor escribe por necesidad interior y afronta las consecuencias. No soy amigo del general Menéndez, en realidad no tengo amigos generales y jamás empuñé un arma. Coincidí con él en una vigilia en San Andrés de Giles, nos presentaron, hablamos brevemente, se llevó mi libro y le mostré la foto que me regalara mi amigo, el soldado de artillería Marcos Falcón. Unos meses después se frustró un reportaje que le iba a efectuar para Bahianoticias com, pero la mera posibilidad del mismo me llevó a investigar a la persona y su actuación. Nunca más lo vi ni hablé con él y el frustrado reportaje lo terminó realizando C5N.

Ahí tomé conciencia que él, en casi absoluta soledad y enfrentando el criterio de sus superiores, hasta del propio presidente, había sido quien, aceptando una razonable oferta del enemigo, había sido el responsable del cese del fuego en Puerto Argentino. El primer acto lógico y salvador de miles de vidas de la locura que se había apoderado del tema Malvinas, tras la eufórica plaza del 2 de abril de 1982.

Una cosa era realizar una demostración de fuerza, una toma incruenta del territorio para destrabar unas negociaciones estancadísimas y otra era pelearse, en plena guerra fría, contra toda la OTAN. Del acto justo y necesario a la total locura existió aquella plaza de distancia.

El canciller Costa Méndez le había vendido varios buzones a la Junta Militar, pero ésta había tenido múltiples oportunidades para volver al camino racional. Aceptar la resolución 502 de las Naciones Unidas, hubiera sido uno de ellos. Pero hubo otros momentos en que el entorno político del presidente frustró acuerdos prácticamente sellados por el canciller y Alexander Haig, el negociador enviado por EEUU. Mientras la diplomacia fallaba, los soldados morían.

En la asunción del 7 de abril de Menéndez como gobernador de las islas, asistieron  personalidades de todo tipo: el doctor Favaloro, los sindicalistas Ubaldini, Baldassini y Triacca, los políticos Bittel del PJ y Abelardo Ramos del FIP, representantes corporativos como Gutierrez de la Sociedad Rural y gente de la Unión Industrial. El 14 de junio el gobernador, transformado en comandante, estuvo solo, después y hasta hoy, también.

Una cosa es arriesgar hasta ofrendar la vida por la patria y otra muy distinta es inmolarse en una lucha sin sentido. Durante muchos años pensé que esto último es lo que nuestra sociedad le demandaba al comandante.  Sin embargo, fue mucho peor. Alentados por la propaganda y la cultura del football, que estaba en auge, por coincidir esos aciagos días con el mundial del España, lo que realmente pedían es que el general derrotado se suicidase, tras haber llevado al martirio por la patria a toda la tropa. Una absoluta y total locura. El general es responsable por la vida de sus soldados y solo debe arriesgarla cuando existe la posibilidad de una victoria. Y para él mismo, como el tiempo se encargaría muy bien de demostrar, el suicidio era el camino fácil, el difícil era volver, dar la cara y todas las infinitas explicaciones que todo el mundo le pediría.

Por ello, la poesía que sigue no es un homenaje a la persona sino a la luz de racionalidad de su acto de aquél catorce seis, que salvó la vida de miles de soldados e isleños inocentes. Me tomé la licencia, los poetas siempre lo hacemos, de pintar la escena marco de esa bendita decisión, tanto exterior como interior, basándome en palabras del propio comandante contenidas en videos públicos y en el libro MALVINAS, Testimonio de su Gobernador, que arresto le costara, escrito por Carlos M. Túrolo, cuya primera edición de Ed. Sudamericana de agosto de 1983, conservo conmigo.

Necesité hacerlo en este catorce seis, también teñido de distracción futbolera, 32 años después, mucho más por mi propia conciencia que en defensa del protagonista, mucho más por nosotros, jueces colectivos de cómoda poltrona, tan prestos a embarcarnos en locuras colectivas, que por aquéllos jóvenes hundidos en pozos de zorro, cuya preciosa vida, éste acto tan necesario como doloroso, salvó.

Acompañan a este escrito la foto del encuentro en un pasillo de la casa del gobernador entre los dos generales enfrentados, Menéndez y Moore, la foto del acta de la rendición CONDICIONAL de las fuerzas argentinas ubicadas en ambas islas y un video que contiene el audio de la tensa conversación final entre el comandante y el presidente.

AQUÉL CATORCE SEIS

-

Cuenta treinta y seis horas sin dormir,

y la tensión sufrida no lo deja comer,

recostado en el piso siente el día venir,

con las cargas que tan cerca oye caer.

-

Si gélida es la mañana que llega,

peores son las noticias que sabe,

como la nevisca que todo lo anega,

el dolor ya en el pecho no cabe.

-

Cierra sus ojos por un instante,

y el  sonoro cañón le hace recordar,

a su familia hoy tan distante,

sostén de su larga carrera militar.

-

Le parece ver un azul claro cielo,

unido al temor del salto primero,

ante la abierta puerta en pleno vuelo,

cuando por paracaidista fue mochilero.

-

Y el riesgo del monte tucumano,

al que fue por constitucional gobierno,

para detener los golpes de mano,

de errados sembradores de infierno.

-

Más clarea y con ojos abiertos,

sus recuerdos se vuelven recientes,

la asunción en eufórico puerto.

con tantas personalidades presentes.

-

La visita del propio presidente,

alertando  encontronazos posibles,

solicitando un resistir valiente,

para hallar diplomacia factible.

-

Y aquél fatídico día de mayo,

para muchos de fuego bautismo,

en que el bombardeo sin desmayo,

abrió en par la puerta del abismo.

-

La tropa pasa de quinientos a miles,

la ocupación en guerra se convierte,

el cielo nubla de aviones y misiles,

y los barcos se cubren de muerte.

-

Se incorpora y dirige al comando,

para recibir solo malas noticias,

el enemigo ha seguido avanzando,

y queda poco espacio y milicia.

-

Habrá seguramente sopesado,

de ayer la más dura experiencia,

de ocho quirófanos armados,

operando en simultánea urgencia.

-

Sostiene entonces con el presidente,

tenso diálogo áspero y frío,

que se interrumpe bruscamente,

y lo deja solo con su albedrío.

-

Unos días resistir le pidieron,

cuarenta y cinco hubo resistido,

y los últimos diez solo fueron,

por comida de barco de heridos.

-

En su alma el desconcierto reina,

Clausewitz viene en su ayuda,

“El que en batalla perdida se empeña,

injustificadas bajas  acumula.”

-

El enemigo salida le brinda,

con llamado que oportuno vino,

propone un cese de la contienda,

y evitar una matanza sin tino.

-

El insomne y fatigado militar,

sabe que todos, todo han dado,

sin munición ni batalla que dar,

con dolor acepta estar derrotado.

-

Todavía esbozará resistencia,

al imponer al cese condiciones,

y exasperará del inglés la paciencia,

conservando mando de tropa y pabellones.

-

Con la noche envolviendo Malvinas,

llegará el adversario general,

y se ahogará la ilusión argentina,

en una tachada acta formal.

-

El bien sabe que no le aguardan,

ni aplausos, ni fanfarria ni honores,

que sus propios jefes lo esperan,

con preguntas, indiferencia y sinsabores.

-

Sin embargo abriga en su pecho,

el orgullo de la misión cumplida,

y aunque pocos agradezcan lo hecho,

priorizó de sus soldados la vida.

-

No resulta nada sencillo,

ser de la derrota la cara,

y vivir lejos de todo brillo,

en un pueblo que culpa e ignora.

-

Ni soportar el reino de venganza,

que por negar al enemigo justicia,

inclina adrede el fiel de la balanza,

y roba a sus nietos las caricias.

-

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 14 de junio de 2014

Acta de rendición condicional de las fuerzas argentinas en Malvinas

Acta de rendición condicional de las fuerzas argentinas en Malvinas

 

 

OLVIDO

pelota del mundial

 

OLVIDO

-

Olvidarás la pobreza,

y al hermano sufriente,

Olvidarás tus riquezas,

y a tu vida pudiente.

-

Olvidarás al corrupto,

al infame al ladrón,

Olvidarás todo el fruto,

de tu vil producción.

-

Te sentirás hermano,

del hincha a tu lado,

y le negarás tu mano,

cuando sea terminado.

-

Te sentirás victorioso,

si en la justa ilusoria,

festejes tan glorioso,

un gol para la historia.

-

Serás una camiseta,

del combate fingido,

y cantarás patriota,

el himno bien erguido.

-

Orgulloso en el éxito,

humillado en ocaso,

delirarás en el grito,

explicarás el fracaso.

-

Y al punto que acabe,

la magia tan fingida,

volverás, ya se sabe,

a tu triste  insulsa vida.

-

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 12 de junio de 2014

Magia por magia, olvido por olvido aunque me traiga malos recuerdos por partida doble, me quedo con la italiana.

Published in: on junio 12, 2014 at 4:00 pm  Comments (1)  

LEJOS

La última luna de invierno y el faro de Claromecó. Foto: DINA MILLENAAR

 

 

LEJOS

a Claromecó

“Cerca y lejos no existen, los crea la ternura, como el mar crea la playa con sus sabias mareas”, dice una excelsa poesía vertical del temperliano Roberto Juarroz. Y justamente es una playa la que se ocupa de recordármelo cada tanto: Claromecó, distante 600 km de mi hogar.

Lejos y cerca, lejos de mi y tanto que ver conmigo, apenas sujeto de visitas breves y tan trascendente en mi camino. ¿Habrá, tal cual canta Sergio Endrigo, una distancia de los ojos y otra muy distinta del corazón? Lo único que puedo asegurar es que Claromecó aún viaja conmigo.

Los extremadamente racionales, las mal llamadas mentes brillantes, solemos ser soberanamente torpes en cuestiones sentimentales. Mi historia en ese campo lo comprueba sin duda, no es más que un largo rosario de desengaños, historias mal cerradas, heridas involuntarias, decisiones equivocadas y elecciones pésimas. El saber que nadie es perfecto es poco consuelo para tanto camino errado.

Allá por 1979 y saliendo de un desengaño amoroso feo, vaya a saber porqué, coincidiendo con un feriado largo por la fecha patria de mayo, invité a mi madre a probar mi nuevo auto en un viaje sin rumbo, que acabó en Claromecó, esencialmente por fatiga del piloto. Había hecho lo sugerido por una canción de moda, que decía que un día iba a tomar la ruta 3 y parar donde le viniese en gana. Así lo hice y terminamos hospedados en un hotel sobre la calle de entrada, el único abierto por otra parte, en medio de una tormenta feroz. La lluvia arreció los tres días que permanecimos ahí, de modo que nuestros paseos fueron breves y hostiles. Si bien pudimos vislumbrar la amplia playa con sus antiguas casas de madera, construidas como balcones sobre el mar, apearse era una tarea de corajudos. No solo el viento amenazaba con despeñarlo a uno, sino que jaurías multitudinarias de perros hambrientos, impedían todo paseo en calma. Recuerdo que la mayor parte del tiempo estuve guarecido en el hotel leyendo un libro novísimo de Finanzas Públicas, recientemente incorporado a la bibliografía de la materia que dictaba en la facultad. Sin haber conocido demasiado y con un tremendo viento sur soplando desde el mar, emprendimos un anochecer el regreso. En la recta que conduce a Tres Arroyos, mi R12 volaba, literalmente hablando. Fue la única vez que tuve el honor de ver a su tablero marcando la imposible velocidad de 175 km por hora. Años después, intentando recomponer aquel desengaño, cometí uno de los peores errores del camino, que casi culmina en tragedia, pero esa es otra historia.

El antecedente solo sirve para no entender porqué en febrero de 1982, casi estrenando un amor que lleva, con idas, vueltas y separaciones, apenas 34 años, elegí a Claromecó como refugio. Recién ahí pude verlo, nadar en su cálido mar, cruzar su arroyo, contemplar su faro, quemarme en su sol, mecerme con sus girasoles y cruzar su arroyo. También en una semana percibir que ese amor sería de largo aliento. Y además, ser sorprendido, en plena playa por un vuelo rasante de aviones A4, quienes preanunciaban a mi supina ignorancia, la guerra de Malvinas, sobre la que sigo interrogándome y escribiendo hasta la fecha.

Nunca más volví pero nunca lo olvidé. Parece que Claromecó a mi tampoco.

Hay afectos importantes que suelen anidar por allí  y que juran y perjuran, que en esos atardeceres mágicos de soles encendiendo al mar o en las noches de luna llena de plata, escuchan una música que curiosamente lleva un ritmo demasiado parecido al de mis versos. Y en mi refugio de San Clemente, el viento sur, al mismo tiempo, suele castigar las rejas de mi balcón con ululares que remedan suspiros.

¿Estará este lugar tan lejano, pero tan cercano a mis hitos vitales, guardando celosamente alguna nueva e importante historia? ¿Deberé concurrir una tercera vez para saberlo?

El tiempo, solo el tiempo, emperador del universo, para algunos hasta del mismísimo Dios, conoce la respuesta. Las mentes brillantes en esta materia podrán hacer poesías, pero aun así, se declaran ignorantes.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 7 de junio de 2014

 

LEJOS

-

Lejos queda una bella playa,

a la que nunca más yo fui,

afincado en otra me halla,

sin saber porqué nunca volví.

-

Recuerdo campos de girasoles,

casas de madera hechas balcón,

un cálido mar rojo de soles,

y un corte de arroyo remolón.

-

Bravía si tormenta desata,

ardiente en calma y calor,

con noches de luna de plata,

testigo de mi fuga de amor.

-

Por centinela un alto faro,

remeda de cebra el color,

brindando a marinos reparo,

de blanco titilante resplandor.

-

Aun lejana no me es ajena,

pues el viento suele acarrear,

en ciertas noches de luna llena,

un sordo amoroso suspirar.

-

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 28 de abril de 2014

 

En la bella San Remo, otra playa, a mis doce años, Sergio Endrigo, así le cantaba a la “lontananza”.

 

 

 

Published in: on junio 8, 2014 at 1:11 am  Comments (3)  

ANOCHECE

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ANOCHECE

de las sorpresas poéticas

Colonia del Sacramento, en la ribera uruguaya del río más ancho del mundo, es probablemente uno de los escasos refugios románticos apto para amantes y poetas, que sobrevive al impiadoso y horrible avance mercantilista inmobiliario. Su declaración como Patrimonio Cultural de la Humanidad por parte de la UNESCO en 1995, unido al celo de los uruguayos por la preservación de su historia, nos regala la posibilidad de viajar al pasado con una simple hora de ferry.

Huelga decir que cada tanto, en días de semana y especialmente cuando el tipo de cambio en nada favorece la avalancha compradora de mis compatriotas, suelo hacerme una escapada, en absoluta soledad. Pocas cosas reconfortan más a mi espíritu que perderme en interminables caminatas por el casco histórico y su rambla, recogerme a meditar en su antiquísima iglesia y contemplar como la luz, siempre cambiante, forma dibujos y sombras nuevas en las paredes portadoras de siglos.

Nunca falta un perro callejero que se una a mi ruta y pese a haberla fotografiado mil veces, siempre descubro algún ángulo nuevo y fascinante.

Cuando mis heridas rodillas dicen basta, tengo desde hace tiempo mi sitio favorito de descanso: el bar EL TORREON, en la esquina de la Avenida Flores y la costanera. En su ochava, una mesa con vista al río, es el lugar elegido para abrir mi cuaderno y dejar a mi bolígrafo que ejercite su libertad de expresar mi alma.

Generalmente mi cansancio coincide con la más bella hora, la del ocaso sobre el agua, hecho que compone una escena ideal para todo buscador de verdades y bellezas.

A diferencia de otros viajes, más similares a huidas o exilios de situaciones conflictivas e hirientes de imposible solución, mi escapada de esta semana había sido cuidadosamente programada para coincidir con un día de clima apacible y se habían confabulados numerosas circunstancias para que mi ánimo fuese el mejor. Espero así destruir el mito que los escritores somos necesariamente en todo momento, gente torturada por temibles demonios interiores. A veces, estamos bien y también a veces, como en esa tarde de martes, directamente exultantes.

Como también andaba hambriento, pedí el café con leche y tostado más caros de la historia y me dediqué a tomar fotografías del ocaso. Más calmado y con la vista fija en la oscuridad que se cernía sobre el río en calma, escribí la poesía que está más abajo.

Ella fue saliendo al correr de la pluma, no tenía una idea clara de qué expresar ni adonde llegar. A poco de andar – ello se nota en la caligrafía del original-  mi calma se transformó en inquietud y mis versos en preguntas. Me había metido en terreno profundo y seguía preguntándome cosas sin respuesta. La poesía, el ocaso y el silencio, me habían conducido al misterio y no sabía como salir ni cerrar el escrito. Harto de intentarlo en vano, pagué y me fui.

Una hora después, esperando zarpar, me llegaron con mucha calma las dos últimas estrofas, reveladoras por otra parte del origen del tema abarcado.  Es por ello que vuelvo a afirmar la importancia de conectarse con el yo profundo, llámenlo inconsciente si quieren, de un modo regular. Escribir es un camino, ciertamente no el único.

Al contemplar el ocaso recordé el relato de un astronauta sobre su primera impresión acerca del espacio exterior. Dijo que era de una negrura muy profunda, casi inimaginable y que verse inmerso en ella era de las cosas más conmovedoras y aterradoras que había experimentado. En efecto, el día, el espacio de horas en que vivimos, no es más que una ilusión óptica. Son los rayos del sol, que atrapados por los gases de la atmósfera,  dibujan un cielo celeste que no existe. En el espacio exterior, es noche siempre. Y nosotros de noche dormimos. Creemos en el día que no es e ignoramos a la noche que es.

La poesía que surgió nada tenía que ver con mi estado de ánimo presente, tenía en cambio su raíz en algún rincón profundo de mi alma, zaherido por mis semanas de estudio y mis charlas en el café literario sobre La Vida es Sueño de Calderón de la Barca, unido al interesante debate que siguió a las mismas. Sabemos poco, casi nada, como decía Sócrates y ser viajeros de esa ignorancia, habitantes de ese misterio es bastante difícil de sobrellevar. Será por ello que la gran mayoría del género humano elige la vida inconsciente, plena de distracciones y aturdimientos, llena de adicciones y fatigas. Para no escuchar a los poetas o para decirlo mejor, para no escucharse a si mismos, a su alma profunda, que vive reclamándole que de una vez por todas, salga en busca de la verdad……aunque no la alcance nunca.

Los dejo con la poesía que me sorprendió y a solas con vuestra elección de ruta.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 31 de mayo de 2014

ANOCHECE

-

Anochece en mi alma,

mientras lo hace en Colonia,

el río se fuga en calma,

tal como fuga mi memoria.

-

Hace no tanto amanecía,

y la esperanza acompañaba,

al río a un nuevo día,

y a mis días que despertaban.

-

Pocas horas fue el día,

apenas un rato mi vida,

temiendo noche que volvía,

como muerte no vencida.

-

Si la noche es verdadera,

y solo ilusión el día,

¿Será sueño lo que viviera,

y la verdad la muerte mía?

-

¿Será engaño toda pasión,

y mentira la alegría?

¿Alguna secreta lección

nos aguarda todavía?

-

¿Fantasía será el amor,

y toda lucha vanidad?

¿Trampa pura será el dolor,

y falsa toda tempestad?

-

¿Seremos solo actores

que a nosotros nos mentimos,

luchas, amores y dolores,

por creer lo que fingimos?

-

Y si todo nada fuera,

¿Asido a qué viviríamos?

¿Qué nuestro andar moviera?

¿Qué papel jugaríamos?

-

Quizás nos necesitamos,

ilusión, mentira y falsedad,

y a ellas nos aferramos,

por terror de la verdad.

-

Que es cierto lo oscuro,

que lo nuestro es pasar,

que no hay camino seguro,

que todo debe acabar.

-

En Colonia la noche reina,

cielo y río ocultos están,

en mi alma duda gobierna,

los sueños muertos ¿adónde van?

-

Enrique Momigliano

Colonia del Sacramento, 27 de mayo de 2014

 

Hace mucho tiempo Dante escribió NOTTE ETTERNA (noche eterna) con dos t.  Hace poco la hermosa y talentosa Emma Shapplin, soprano francesa le cantó tan bien, que lo hizo con dos t.

Published in: on mayo 31, 2014 at 12:31 pm  Comments (1)  

QUATRE-VINGT DIX

charles aznavour

 

QUATRE-VINGT DIX

los noventa de Aznavour

Confieso que admiro a los franceses, aunque mi experiencia personal con ellos sea poco rescatable. Son muy difíciles de tratar porque creo firmemente que se pasaron la vida peleando contra los alemanes tan solo porque se apropiaron del título que ellos creen que les corresponde, el de raza superior.

Y son increíblemente complicados. Fíjense que decir cuatro veces veinte diez, para expresar noventa, aunque la cuenta de bien (4×20+10 da 90), revela un alma atormentada.

Bromas aparte, han dado al mundo gente muy admirable en disciplinas más que diversas y han demostrado un compromiso con la belleza y la armonía tan excelsas que resultan sumamente difíciles de emular.

Afortunadamente en la mezcla que soy, – por ello amo a los perros mestizos-, también los franceses tienen su cuota. Momigliano es un apellido francés, ya que deriva de Montmelián, una comuna francesa de la región de los Alpes, departamento de Saboya, el cual cambió de manos entre franceses e italianos varias veces. Esa pequeña localidad que me nomina, ha sobrevivido hasta hoy con poco más de 4000 habitantes y es uno de los tantos lugares donde los sefaradíes se refugiaron tras la expulsión de España por los reyes católicos en 1492.

Sirva todo esto para introducir a alguien que es un ejemplo en todo sentido, aun cuando se haya hecho conocido por su voz. Me refiero a Shahnourh Varinag Aznavourian, a quien probablemente conozcan mejor por su nombre artístico Charles Aznavour.

El jueves pasado cumplió, con un concierto dado en Berlín, 90 años de edad y 81 de escenario. Nacido de inmigrantes armenios en París un 22 de mayo, lleva encima tres matrimonios, ha dado al mundo seis hijos, ha escrito seis libros, está escribiendo tres y trabaja de embajador armenio en Suiza. Mientras hacía todo eso, ha vendido 100 millones de discos, cantados en francés, español, inglés y alemán, ha escrito canciones inolvidables para  ser cantadas por las mejores estrellas y hasta se dio el lujo de tener una carrera cinematográfica. Y, me olvidaba, recibió 23 distinciones.

Nada de eso me impresiona. Me quedo con su sencillez. En un mundo  de producciones multimillonarias, a él se lo ve casi siempre solo en el escenario. En un mundo de vestuaristas y coiffeurs, él no oculta ni su calva ni sus canas y viste una sencilla camisa y pantalón oscuros. En un mundo de luces, ruidos, petardos, video walls, coristas y bailarines, él a veces se acompaña de un minúsculo e invisible coro, en la más absoluta oscuridad escénica. En un mundo de efectos sonoros, danzas frenéticas e inhumanas, él se arregla con un micrófono. En un mundo de cirujanos plásticos y belleza artificial, él usa su baja estatura, su poco agraciado rostro, su mordida invertida para transmitir como nadie, emociones intensas. Le alcanza y sobra, con su voz, con su expresión que, derramada por sus ojos chispeantes, acompaña cada palabra de cada canción. Es por ello un verdadero maestro de la escena y la canción.

Pero hay algo más, algo que hoy en día parece haberse olvidado por completo. Sus letras son pura poesía, poesía que no habla de otra cosa que de la vida, del vivir sintiendo. De allí que hace tiempo quería homenajearlo por aquí. Sus canciones hablan de la vida, con gente interactuando en situaciones emotivas. No es el amor el protagonista, aun cuando sea un terreno frecuente, los protagonistas son la gente que interactúa y es muy fácil sentir que aluden a nosotros mismos. El és nosotros, en una situación en la que seguramente estamos o estuvimos, sufriendo, amando, gozando o riendo, tal como lo haríamos nosotros en su lugar. Es un verdadero actor que siente hondamente lo que canta, que se deja invadir por lo que dice hasta el punto de conmover su alma, el famoso posesionarse, y desde ahí conmueve al público.

La lección que nos da, es que cuando se habla desde el alma (cuando se escribe también) es inevitable llegar al alma del receptor del mensaje. La voz, las palabras, son instrumentos y todo lo demás, está precisamente demás.

Hace unos días, asistí a la presentación de un poemario de un amigo y trajo para amenizar la reunión a una banda de jóvenes que me sorprendieron, en especial su primera voz. Después de preguntarme un buen rato qué era lo que tenía de distinto, era que vivía lo que cantaba y lo hacía con todo el cuerpo. Me dio esperanzas, quizás después de un tiempo oscuro de locos adictos vulgares y aulladores, esté volviendo un tiempo de Aznavoures.

Una artista amiga me recordó el cumpleaños de este señor de la escena, publicando un video de una canción que desconocía. Resultó ser bellísima y conmovedora. Fue tal su impacto en mi alma, que solo pude reponerme dando origen a una poesía. Y en su homenaje, decidí que naciera en francés. Al ser mi primera aventura en dicha lengua, espero que si mis profesores aciertan a pasar por aquí, sepan disculpar el pobre vocabulario, alguna involuntaria falla ortográfica y hasta algún acento omitido. Es de los idiomas que conozco, el que menos oportunidad de practicar tengo, prometo mejorar. La única certeza que puedo darles, que también en francés, cada palabra escrita se muy bien de qué grieta bien mía ha salido.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 26 de mayo de 2014

TOI ET MOI
-
Toi et moi,
ne sommes pas encore,
mais il y a beaucoup de temps,
que je t´adore.
-
Toi et moi,
voyageurs de l´infini,
qui se perde et retrouvez,
un millard de fois.
-
Toi et moi,
simplement deux poetes,
que a chaque rencontre,
le temps s´arrete.
-
Toi et moi,
qui sai si jamais existera,
un temps a deux,
pour etre hereux.
-
Toi et moi,
nos amons sans espoir,
pour le plaisir d´aimer,
le meullier miroir,
-
Toi et moi,
dan une vie eternel,
sans naitre sans mourir,
toujours a nous trouver.
-
Toi et moi
car nous avons besoin,
de croire a l´amour,
comme deux enfants.
-
Toi et moi
ce sure ce confidant,
que si nous n´existions pas,
les etoiles seraient mouraient.
-
Toi et moi,
est la seule lumiere,
pour continuer a vivre,
dans un monde qui desespere.
-
Toi et moi,
si fou, si jeune, si tremblante,
vivons cette petite vie,
comme les uniques amants.
-
Toi et moi,
deux infedels fils de Dieu,
avec l¨amour pour religión,
un amour sans adieux.
.
Toi et moi,
rien ne peut nous separer,
peu ímporte combien de vies,
manque pour te chercher.
-
Et ce jour la,
sans doute, sans regret,
je vous embrassaire en pleurant,
de l´emotion pour etre finalement,
———————————————toi et moi.
-
Henri Momigliano
Buenos Aires, 23 de mayo de 2014

Aquí les dejo la canción subtitulada y en comentarios incluyo la traducción propia de mi poesía. Chin-Chin, a votre santé.

Published in: on mayo 26, 2014 at 12:42 am  Comments (2)  

MONJE INVERNAL

Foto del Monasterio del Cristo Orante, Mendoza, Argentina.

Foto del Monasterio del Cristo Orante, Mendoza, Argentina.

 

MONJE INVERNAL

-

Frío y nieve afuera,

silencio orante dentro,

es Dios quien pusiera,

al hombre en su centro.

-

Adonde ir no existe,

la quietud se impone.

la labor aun persiste,

en cantos y oraciones.

-

En el claustro alegría,

de corazones bravíos,

que osaron cierto día,

incendiar sus navíos.

-

Para buscar alturas,

a cóndores reservadas,

de vidas en sepultura,

al abrigo de miradas.

-

Lejos de lo mundano,

ajenos a lo pasajero,

de lo eterno hermanos,

unidos al Amor primero.

-

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 22 de mayo de 2014

Published in: on mayo 23, 2014 at 11:07 am  Comments (1)  

LAS LAGRIMAS DEL MAESTRO

leonel massad

 

LAS LAGRIMAS DEL MAESTRO

a Leonel Massad, a cuatro años del adiós

 

Aquello que Enrique veía como el trago más álgido de la tempestad  había sucedido rápido. En abril de 1989 había sido catapultado fuera del agonizante gobierno, en mayo la administración a la que perteneciera perdió las elecciones y en julio se produjo el traspaso anticipado del poder a la oposición. En agosto y muy confiado, luego de absorber el golpe, había comenzado a intentar una reinserción en el mercado laboral. Su peor batalla estaba en los inicios. Esa que debería librar contra la traición, la indiferencia y la sospecha de colegas y “amigos” que lo dejaron en la más absoluta soledad, sin posibilidad de ganarse la vida, como siempre lo había hecho: trabajando.

Tras la profunda crisis en que lo sumió el darse cuenta de la bajísima calidad humana de seres que había apreciado hasta entonces, se dispuso a comenzar de cero. Para ello se refugió en un puñado de amigos de verdad y peregrinó con el diario bajo el brazo,  por el centro porteño, por unos cuantos meses. Tendría que llegar a marzo de 1990 para que Carlos, su compañero de públicas aventuras, le acercase el primer cliente, una humilde fábrica del conurbano bonaerense.

Mientras Enrique intentaba dar charlas adonde pudiera acerca de la catarata de leyes que emergían de un apurado Boletín Oficial, los empresarios, verdaderos artífices del golpe de estado económico, se enseñoreaban en el poder.  Designaron como primer ministro de economía a Roig, un funcionario del grupo Bunge, fallecido en pocos días bajo sospechosas circunstancias y se apresuraron a poner en su lugar a Rapanelli, otro alto funcionario del mismo grupo. Ninguno de los dos acertó con la economía y la hiperinflación volvió a campear cerca del fin de ese fatídico año.

Para restañar las heridas de sus fracasadas caminatas, Enrique solía hacer escala por las tardes en su refugio favorito: el estudio de Leonel, su mentor y maestro, quien había sido convocado por el presidente entrante, para integrar una prestigiosa comisión de sabios que ayudasen a salvar la coyuntura económica.

En la inhóspita intemperie, era más que lógico que Enrique buscase seguido un sitio donde además de cambiar ideas y seguir aprendiendo, sintiese un poco del afecto que todo el mundo, injustificadamente, le negaba.

Aquella tarde de fines de noviembre de 1989, de riguroso traje y portafolio, cansado de patear veredas, se encaminó, como tantas veces al sencillo estudio de la calle Viamonte, justo enfrente de la AFA. En el portero eléctrico la voz de Héctor, el hermano de Leonel, sonó afectuosa y clara:

“Leonel no está, fue a una reunión en Hacienda, subí, espéralo que te hago un té”

La perspectiva de una charla amena y profunda a la vez, lo hizo a Enrique decidirse rápidamente.

“Subo”

Salió de ascensor y la puerta de la oficina del segundo piso abierta, enmarcaba la figura de uno de lo seres más buenos que la vida le dio la oportunidad de conocer. Héctor, el carpintero, en realidad debería escribir ebanista, de la DGI, que le había hecho artesanalmente todos los muebles del estudio a Leonel, le sonreía, con esa inocencia infantil que tanto bien le hacía a Enrique, invitándolo a pasar.

Siguió una charla de tangos, la pasión que ambos compartían, un té caliente y un corazón amoroso conteniendo al novel contador desocupado, quien por un rato se reconcilió con el género humano, del cual había aprendido a desconfiar. Hablaron también del hermano y de sus nuevas funciones, del país y de la DGI, la que Enrique añoraba.

Sonó el timbre y Héctor se apresuró a abrir, creyendo que era Leonel. Se equivocó, era otro gran amigo de ambos, el abogado Carlos Pedro, que como venía haciendo por muchos años le traía una consulta al maestro, a ese sencillo estudio donde poco tiempo después se incorporaría para trabajar hasta el fin de sus días. Primer compañero de trabajo de Enrique, primer educador laboral, dueño de una picardía e ironía sin igual, cultor de un fino sentido del humor, asistente a la ceremonia de graduación de Enrique y compañero de viajes laborales, había Carlos Pedro también tenido el dudoso honor de ser testigo de su malhadada boda. Nada hizo mella en el afecto que ambos se tenían.

La charla tripartita se hizo larga como la espera. Leonel se demoraba más de lo que todos imaginaban. Cada uno se enfrascó en una tarea para hacer tiempo. Héctor se dedicó a ordenar papeles, Carlos Pedro a corregir un memorándum y Enrique se sentó en el despacho de Leonel a leer el Boletín Oficial.  Mientras lo hacía imaginaba una llegada amable de su maestro y alguna nutritiva charla. Grueso error.

Una nerviosa llave abrió la puerta del estudio y un desencajado Leonel ingresó a toda velocidad. Sin saludar entró a su despacho y arrojó violentamente la carpeta que portaba, llena de papeles contra el escritorio. Atrapado en su sorpresa, Enrique solo atinó a mirar a Héctor que había seguido, pleno de preocupación, a su enfurecido hermano. Héctor le guiñó un ojo y llevó su mano a los labios, en inconfundible señal de silencio. Enrique, aún atónito, obedeció.

Preso de la rabia y la impotencia Leonel se desplomó en el sillón y fijó la vista en la ventana del despacho. Nada había para mirar, solo quería no mirar a nadie o mejor dicho que nadie lo mirase a él.

Sentado enfrente, era muy difícil para Enrique no mirarlo. Al principio bajó la mirada y siguió con su boletín, como si nadie hubiera entrado. Empero, al poco rato y muy lentamente subió apenas la vista y pudo ver una lágrima rodando por la mejilla de su maestro. Bajó la mirada pero la volvió a alzar. Otra lágrima rodaba tras la primera y los ojos, otrora furiosos, se perdían en la ventana, dejándose invadir por el dolor.

Siguieron así en silencio un largo rato que a Enrique le pareció eterno. No podía irse, no debía hablar ni preguntar y empezaba a creer que estaba de más, cuando Leonel, su maestro, volvió el rostro hacia él. Se había calmado un poco.

Enrique lo miró sin decir palabra, solo para advertir que los ojos que tenía enfrente estaban inundados de pena.

“¿Sabés que pasa Enrique? ¿Tenés idea de lo que me pasa?” preguntó el maestro.

“No” dijo Enrique en un susurro apenas audible.

“Que me acabo de convencer, después de una reunión en la que me pelee con todos, que cada vez que hay una crisis económica en el país, cualquiera haya sido el causante o culpable, es imposible que no la terminen pagando los que menos tienen. ¿Y sabés porqué?” inquirió un todavía algo agitado Leonel

“No” repitió Enrique en un tono más compuesto.

“Porque son los únicos que no tienen lobby, los únicos que no llegan al poder, los únicos que no tienen como presionar al gobierno para que las medidas no los afecten. Todos los demás, en situaciones como ésta, en lugar de hacer algún aporte, sólo se empeñan en que el costo recaiga en otro. Cero solidaridad, cero responsabilidad, solo buscan hundir al hundido, total ya están ahí, un poco más abajo no hace ninguna diferencia”, sentenció Leonel desbordado de indignación.

Enrique no supo qué decir, se limitó a registrar una prueba más de las que había obtenido en sus dos años como subdirector. Las ideas importan poco, los intereses mandan y los individuales reinan absolutamente sobre el bien común.

Leonel no quiso ni pudo dar más detalles. Enrique ni quiso saberlos, ya bastante enfermo de decepción estaba como para seguir abonando la herida. Al rato y devuelto Leonel a sus tareas habituales,  volvió a su callejero peregrinar en busca de trabajo.

Por un tiempo espació las visitas, su refugio favorito había adquirido a partir de esa inolvidable tarde, el aspecto de una trinchera. Leonel continuó con sus reuniones de la comisión de notables.

A fin de ese año y de la mano de Erman González, contador riojano del presidente devenido ministro de economía, veía la luz el plan Bonex, cambiando por deuda a diez años, los ahorros en dólares de miles de argentinos, licuándolos. Un año después, de la mano de un calvo que ni siquiera merece ser nombrado, una brutal devaluación llevaría al cambio del signo monetario en el primer acto de la convertibilidad, produciendo una masiva transferencia de ingresos y ahorro de los sectores menos pudientes en favor de los detentadores del poder económico concentrado. Iniciaba para ellos una década de fiesta inolvidable con su contracara de pérdida de empleo y marginalidad. Diez años después la mega crisis del 2001, también sería pagada por los sectores menos favorecidos con una brutal devaluación del 300%, morigerada para los poderosos con la inédita e inexplicable “pesificación asimétrica”.

El maestro ya no está y Enrique observa como sus palabras angustiosas de aquella tarde en la  oficina de la calle Viamonte, resultaron proféticas en cada crisis pasada. Y también observa con el recuerdo de sus lágrimas, como en la presente, por más relato encontrado que se insinúe, está sucediendo exactamente lo mismo. Nada nuevo parece haber bajo el sol.

Solo para Enrique algo ha cambiado. Dolorosamente, se ha quedado sin refugio.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 21 de mayo de 2014

Un cercano día, una locutora amiga lloraba en una red social, la partida de quien fuese su mentor y maestro. Decidí regalarle una poesía, que es un homenaje a todos los mentores y al indeleble legado que dejan en sus afortunados discípulos. Me resultó más que sencillo componerla, lo hice pensando en Leonel, a quien extrañaba y extraño horrores.

 

FARO

-

 Es inmenso el vacío que queda,

 al partir el creador de la huella,

 porque su vida fue ejemplo,

 que en nuestra alma hizo mella.

-

 Resta a nos seguir a toda costa,

 honrando así su memoria,

 mientras alzamos la posta,

 y continuamos la historia.

-

Anhelaremos el rencuentro,

 algún incierto día en el cielo,

 cuando tras la misión cumplida,

 elevemos nosotros el vuelo.

-

Mientras cual faro escondido,

 guiará nuestra frágil senda,

 ese viejo maestro tan querido,

 hasta que nuestra luz se encienda.

-

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 1 de diciembre de 2013

Fue en el 2008, ya estaba muy enfermo y le costaba hablar. Aun así dio una opinión impecable sobre temas que  hoy se debaten. Sirva como recuerdo. Sería más que deseable que tanto la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, como el Consejo Profesional de la CABA, como la Asociación Argentina de Estudios Fiscales, subiesen a la red algún video de las tantas clases magistrales que por tantos años Leonel Massad, generosa y desinteresadamente brindó en dichos ámbitos. Los que mucho aprendimos de él, seguimos esperando poder volver a escucharlo.

Published in: on mayo 20, 2014 at 1:52 am  Dejar un comentario  

YO ESPERO

hombre esperando

 

YO ESPERO

-

Esperar siempre esperar,

imposible sueño de amor,

años y vida sentir pasar,

tras el gris cristal del dolor.

-

Lamentar siempre lamentar,

la razón venciendo al corazón,

en este cobarde caminar,

asesino de toda pasión.

-

Detener siempre detener,

todo loco intento de volar,

romper las alas por saber,

el amargo gusto del llorar.

-

Entender por fin entender,

solo, triste y sin amar,

que sabe a oscuro placer,

el fino arte de esperar.

-

Enrique Momigliano.

Buenos Aires, 14 de mayo de 2014

Poesía y música son dos almas gemelas que se buscan y a veces se encuentran para amarse. Hay veces que una trae la otra y otras veces, la otra trae la una. En este caso esta bella canción trajo los versos.  Esperemos Charles, esperemos.

 

Les dejo una traducción propia, bastante fiel, de la letra de esta canción. Charles Aznavour cantó una versión en español pero el texto difiere muchísimo del original francés, tanto que dice algo totalmente diferente.

YO TE ESPERO de Charles Aznavour.

Mis días pasan, mis noches lloran,

Y llora el tiempo

Mi razón ensombrece y muere
Cuando muere el tiempo
Este tiempo muerto que lamento
Tanto y tanto
Porque sin alegría mi vida se detiene
Y te espero

Espero el aire que respiro
Y la primavera
Espero mis chispazos de risa
Y mis veinte años
Mis mares tranquilos y mis tempestades
Al mismo tiempo
Porque sin alegría mi vida se detiene
Y te espero

Te espero
Ven no tarda
De dondequiera que vengas, quienquiera que seas
Ven el tiempo es corto
Te espero
Mi sueño desconocido
Cual es tu nombre, cual es tu propósito
El mío es el amor

Para que mis días se transformen
Y que verdaderamente
Mi vida por ti tome forma
A cada instante
Porque el vacío me atormenta
Con mi sangre
Así como un pintor te invento
Y te espero

Mis dedos por pequeños toques
Hacen tus dientes
Antes de bosquejar tu boca
Perdidamente
Pero estos sueños no me dejan
Mas que tormentos
Porque avivan mi angustia
Y te espero

Published in: on mayo 14, 2014 at 11:19 am  Dejar un comentario  

ZARPEMOS

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ZARPEMOS

-

Ven conmigo, zarpemos,

que ya sufrimos bastante,

al horizonte naveguemos,

en pos de mares distantes.

-

Sube a mi barca y confía,

Dios dará buenos vientos,

aguas claras por el día,

serenas noches presiento.

-

Si nos sorprende tormenta,

sabrás pelearla  conmigo,

quedará  la muerte sedienta,

al entrar al puerto amigo.

-

Zarpemos, espera la vida,

nada debemos a la playa,

ni a la tierra corrompida,

por gente de pésima laya.

-

Sea el océano  hogar,

de este  inicio virginal,

con soles y lunas sin par,

en escenario tan colosal.

-

Peces y aves, solo tendrás,

matizando la inmensidad,

En silencio te entregarás,

al amparo de la divinidad.

-

Y si, mi amiga, te amaré,

como nunca pude amar,

pues se que lejos podré,

mis viejas heridas cerrar.

-

YA, ven conmigo zarpemos,

no hagamos al mar esperar,

esa vieja ancla levemos,

y echémonos a navegar.

-

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 3 de mayo de 2014

Silencio, ante tanta belleza lo único que podemos ofrendar es un respetuoso y emocionado silencio.

 

 

Published in: on mayo 3, 2014 at 10:59 am  Comments (1)  

DESEO DE MAYO

hoz y martillo

 

 

DESEO DE MAYO

-

Un deseo me invade,

para el día de mañana,

que el error al fin acabe,

en la evolución humana.

-

Que sin ser todo trabajo,

por su nombre se denomine,

a cada esfuerzo a destajo,

al que un hombre se incline.

-

No trabaja un maestro,

él educa, modela, enseña,

Un científico tampoco,

él investiga, busca, diseña.

-

No trabaja un artista,

él interpreta, escribe, pinta,

Menos aún el banquero,

que capta, opera y presta.

-

No trabaja el político,

que legisla, discurre, gobierna,

Tampoco  el médico,

él atiende gente enferma.

-

No trabaja el gerente,

que  ajeno oro maneja,

Ni trabaja el poeta,

que de escribir no ceja.

-

Trabaja el obrero,

que la maza levanta,

El campesino trabaja,

que la hoz adelanta.

-

Y sin embargo quisiera,

tras tanta fútil matanza,

que una senda se abriera,

de sembrada esperanza.

-

Campesino y obrero,

los únicos trabajadores,

de quienes nombré primero,

también son deudores.

-

Pues el trabajo  aislado,

sin dirección ni pensamiento,

es un proyecto fracasado,

de tiranos sin escarmiento.

-

Todos son los requeridos,

para el humano bienestar,

y el verlos hermanados,

inspira hoy mi recitar.

-

A respetarse mutuamente,

los convoca la humanidad,

y que festejen conscientes,

los trabajadores de verdad.

-

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 30 de abril de 2014

Que el conflicto de intereses que siempre existirá en todo emprendimiento humano no nos haga olvidar que compartimos, unos y otros, la condición humana, que más allá de toda apariencia exterior, nos hermana en la vida, tanto como en la muerte. Por si todavía no se dieron cuenta, hombres y mujeres  de mi generación……..YA FUIMOS……, aunque sigamos mirando para atrás y necesitando del conflicto y la lucha para creernos importantes….SOMOS EL PASADO. Gracias a Dios, los jóvenes quieren otro mundo y cuando uno habla con ellos no entienden ninguno de los horrores que protagonizamos. Son, tal como canta FAFA de BELEM, aprendices de esperanza y este viejo poeta, simplemente, anhela, necesita, dejarse contagiar.

 

Published in: on mayo 1, 2014 at 11:20 am  Dejar un comentario  

LUNA DE SANGRE

luna de sangre

 

LUNA DE SANGRE

-

¡Ay luna de sangre maldita!

¡Ay luna llena y colorada!

Que hoy te alzas y gritas,

sobre tanta alma enlutada.

-

Mientes un eclipse tan falso,

nadie a ti  ensombrece,

te pienso y veo tan clara,

más que nunca a mi parece.

-

Brilla tu capa de plata,

prístino es tu reflejo,

fiel la imagen esbozada.

-

Cristal eres que acata,

triste tarea de espejo,

¡de tanta sangre derramada!

-

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 15 de abril de 2014

Tú eliges, como siempre. Puedes creerle al poeta o descalificarlo por loco y creerle a la NASA.  De su sitio podrás verlo en directo sin frío y sin sensación de inseguridad, ésta tan molesta como falsa según nuestros veraces gobernantes.

Published in: on abril 14, 2014 at 9:57 pm  Comments (1)  
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