28
Ene
10

TE AMO. EL SECRETO DE SUS OJOS: UNA VERDADERA OBRA DE ARTE

“En el amor no cabe el temor, antes bien el amor desaloja el temor” 1 Juan 4.18

Después de mucho resistirme y pese a que me había sido recomendada por varios amigos, incluso por mis hijos, inauguré mis vacaciones en San Clemente viendo esta verdadera obra de arte, en el viejo y querido cine Tuyú, que como corresponde a diciembre estaba casi vacío.

Tuve que superar dos rechazos muy importantes para poder adentrarme en la película. Primeramente el hecho que se desarrolle en un lugar cuyo solo nombre me da escalofríos – Tribunales- y muy especialmente la innecesaria imagen de la victima desnuda y ensangrentada en la escena del crimen.

Empero, el singular parecido de la situación vital del protagonista con la mía – recién retirado y con vocación de escritor- me atrajo de inmediato.

Tal como dijo mi hija la película tiene de todo. Suspenso, intriga, acción, recuerdo de un pasado argentino doloroso, gracia, pena, todo sazonado con impecables actuaciones.

Pero por encima de todo eso, más allá y más profundamente se trata de una particular historia de amor entre Benjamín (Darín) e Irene, su jefa en Tribunales (Villamil) con un testigo sabio (Francella).

La historia trata de un amor inconfeso pero latente durante 25 años, atrapado en una lucha denodada contra el temor que lo cohíbe.

Es que el amor, cuando es amor en serio, inevitablemente da miedo, muchísimo miedo.

En primer lugar porque uno es absolutamente transformado por ese amor. El que ama de verdad es otra persona y aunque uno se sienta bien, muy bien, en su nuevo yo, el antiguo yo teme morir, teme desaparecer para siempre y lucha infundiendo temor.

En segundo lugar porque amar nos hace totalmente vulnerables y dependientes. Uno que se pasó la vida ideando disfraces, máscaras y actitudes para que todo le resbale y nada lo ate, se siente aterrado ante la sola perspectiva de andar por ahí con el corazón desnudo ( en la manga como dicen los ingleses).

Finalmente porque el amor “ de tuétano” transforma también toda la vida de uno, siempre para mejor, hasta se podría decir que la cambia de dimensión – todo es diferente según cantaba Palito Ortega- y ello hace aparecer el miedo a que no sea para siempre, que dure muy poco, que la traición y la desilusión arrasen con todo.

Con tantos miedos a cuestas – en general a la gente muy mental se le aumentan más todavía, ya que unen a lo que sienten la inevitable especulación que la caja de resonancia mente provoca- es muy difícil atreverse a un amor de verdad.

Son pocos los que lo hacen y la paradoja es que los amores que se confiesan y consuman son por lo general los mediocres, los mas o menos, los fríamente calculados, los manejables, los interesados, en pocas palabras aquellos que no implican tanto riesgo (el segundo mejor para los sajones).

¿Qué pasará entonces en general con esos amores bravos? Permanecen inconfesos, aun hasta para uno mismo, por meses, años, 25, 30 o trágicamente toda la vida.

Pero los ojos hablan y ese es el planteo de la película, ya que constituyen a la vez la mejor arma investigativa de Benjamín y el medio por el cual ella sabe desde siempre que él está perdidamente enamorado y espera en vano que él hable.

El, por el contrario, teme tanto que se lo niega a si mismo y hace falta que el compañero sabio se lo diga con todas las letras: “Uno puede cambiar de casa, de cara, de trabajo, de todo pero no puede cambiar de pasión. Como te pasa a vos con Irene.”.

El no atreverse a vivir ese amor arrollador, el no actuar no es gratis, condena a una vida que se siente vacía. Podrá ser prolija, exitosa, próspera, pero se sentirá vacía. Magistralmente el film usa al viudo y al asesino para representar esa vacuidad. El primero vive una vida vacía porque su amor murió y por eso lucha por condenar al asesino – por mano propia- al mismo sufrimiento.

Benjamín se siente tocado profundamente por ese caso, porque le pone delante, en la persona del viudo, a uno que se atrevió a vivir un amor en serio. Es la comparación con su cobardía y su vida vacía que lo mueve a cambiar de actitud.

Un párrafo aparte merece su vocación de escritor. Todo el sentido de la novela escrita es confesar su amor, por eso la busca a Irene para que la lea y le de su opinión, recibiendo un hiriente “pánfilo” por toda respuesta. Es que su cobardía no solo lo condeno a él a una vida vacía, también lo hizo con ella.

Por fortuna, hoy en día las mujeres son más libres y si esa película se hiciera con gente de generaciones más actuales, ella habría hablado, salvando la inacción de él. Pero entre cincuentones las cosas son como ahí se pintan.

Resulta entonces impecable el hallazgo de la historia que una sola letra haga la diferencia.

Esa A intercalada que transforma el TEMO en TE AMO, y que lo mueve a Benjamín a confesar su amor, pero lo hace tan tarde que tiene suma vigencia el dialogo final:

IRENE: Va a ser complicado

BENJAMIN: No importa

Veinticinco años, un caso difícil, la muerte de un amigo, un exilio, un matrimonio frustrado y una novela inútilmente escrita, le costaron a Benjamín llegar a la conclusión que tomar el riesgo valía la pena.

Si se ama de verdad no hay temor que valga, pero darnos cuenta de ello nos puede llevar toda la vida, o varias.

Una vieja y setentista poesía mía terminaba con una estrofa que, muy rebelde, ha permanecido décadas en mi memoria:

“Y hasta la vida misma,
Hubiera sido bien ofrendada,
Por saber qué palabras,
Ocultaba tu mirada”

Enrique R G Momigliano
San Clemente del Tuyú
9 de enero de 2010

24
Dic
09

ROBERT FROST Mi maestro a la hora de elegir

Decidir. Optar, Elegir: ¿Arte, Ciencia o Destino? ¿Karma, Dharma o Libre Albedrío?

En síntesis: un debate inagotable. La vida es una constante elección. Y nadie nunca nos enseña a ejecutarla. Por eso todos decidimos sobre bases diferentes y frecuentemente nos resultan incomprensibles las decisiones ajenas.

Lo más parecido a una enseñanza que tuve fue una asignatura en la facultad que se llamaba pomposamente “Teoría de la Decisión” dada por un aburridísimo profesor y ornada con una bibliografía absolutamente incomprensible.

Sin embargo, de cuna a tumba elegimos todo el tiempo, desde cosas simples con consecuencias banales o muy pasajeras como qué ropa ponernos o dónde veranear, hasta cosas fundamentales con consecuencias trascendentes y semi definitivas como qué profesión estudiar, con quién casarse o el momento de retirarse.

Muchísimas veces elegimos pensando que si nos equivocamos la vida nos dará una segunda oportunidad, a veces lo hace, a veces no. Y muchísimas veces, concientes de la importancia de nuestra elección, el miedo a equivocarnos nos paraliza y son la vida y sus circunstancias las que terminan eligiendo por nosotros. No elegir, no decidir, no optar a tiempo, también es una forma de actuar.

Por variadas razones que contaré en otra ocasión, conservo desde mi adolescencia un profundo agradecimiento al Instituto Cultural Argentino Norteamericano (ICANA para los amigos), en cuyas aulas me formé desde 1969 a 1974 y a mi padre que lo eligió para que siguiera mis estudios de inglés una vez mudados a Buenos Aires, poco antes de partir de este mundo.

Entre dichas razones no guarda un lugar menor el haberme hecho conocer, estudiar y amar a un gran poeta como Robert Frost, quien probablemente haya sido – sin proponérselo- quien más hizo por mi preparación para elegir en la vida con su poesía tan popular entre estudiantes de habla inglesa denominada: “El Camino no tomado” (The Road not Taken), la cual reproduzco mas abajo en español e inglés.

En ella, usando la metáfora de una encrucijada en el bosque, plasma magistralmente distintos aspectos de una elección, a saber: el deseo de percibir anticipadamente hasta donde podemos el derrotero a que nos llevará la dirección tomada, los méritos casi equivalentes de todos los caminos posibles, la absoluta imposibilidad que nos planteará la vida de regresar a esa misma encrucijada, el eventual arrepentimiento futuro explicado por un suspiro y lo insignificantes que nos parecerán con el tiempo los motivos que impulsaron la decisión. Todo ese misterio, aunque suene increíble, cabe en este sólo poema breve.

El camino no tomado

Dos caminos se abrieron en un bosque amarillo, y lamentando no poder tomar ambos, al tener que decidir por uno, permanecí mirando uno de ellos hasta que se perdía en la maleza.

Luego me dirigí al otro, también posible. Éste era tal vez más tentador, con pasto verde y poco transitado. Sin embargo, hasta ese lugar los dos estaban gastados de igual manera.

Y ahí estaban ambos aquella mañana, cubiertos de hojas que no se volverán a pisar.

Dejé el primero para otro día, pero, sabiendo que un camino lleva a otro, dudé que pudiera volver a tomarlo.

Siempre diré esto con un suspiro. En algún lugar, hace mucho, mucho tiempo, dos caminos se abrieron en un bosque, y yo… tomé el menos transitado, y eso marcó la diferencia.

Robert Frost

The Road Not Taken

Two roads diverged in a yellow wood,
And sorry I could not travel both
And be one traveler, long I stood
And looked down one as far as I could
To where it bent in the undergrowth.

Then took the other, as just as fair,
And having perhaps the better claim,
Because it was grassy and wanted wear;
Though as for that the passing there
Had worn them really about the same.

And both that morning equally lay
In leaves no step had trodden black.
Oh, I kept the first for another day!
Yet knowing how way leads on to way,
I doubted if I should ever come back.

I shall be telling this with a sigh
Somewhere ages and ages hence:
Two roads diverged in a wood, and I–
I took the one less traveled by,
And that has made all the difference.

Robert Frost 1915

Este poema no fue escrito de un tirón. La primera estrofa vio la luz en Inglaterra, estando el poeta reflexionando sobre la decisión de un amigo de alistarse en el ejército para ir a la guerra. Fue concluido en Estados Unidos tiempo después, meditando sobre las consecuencias.

Para profundizar sobre la vida y obra de este poeta sugiero ir a http://es.wikipedia.org/wiki/Robert_Frost

“The Road Not Taken”

Enrique R. G. Momigliano -Buenos Aires, 19/12/2009

27
Nov
09

UN MES DESPUES

Foto: Silvia Paglioni - Mar del Plata - Nov.2009

Lo despertó el sol, filtrándose por la persiana y deteniéndose en su rostro. Muy lentamente se desperezó y levantó del lecho su cuerpo bronceado y salitroso. Desnudo aún, levantó la persiana y abrió la ventana para inundar la habitación de luz y brisa marina. Nadie que lo hubiese visto así, estirándose y respirando profunda y rítmicamente le hubiese dado las seis décadas que llevaba por edad. Apenas unas canas lo delataban pero debía reconocer que en el transcurso del último mes había rejuvenecido casi tanto como medio siglo. Se dejó bañar por el sol que lentamente se incorporaba sobre el horizonte y contempló, hasta donde le daba la vista, ese mar turquesa salpicado de blanquísimas crestas de olas, a cuyo murmullo ya se había habituado a dormir. La brisa despeinaba la arena que en suaves médanos cubría la distancia entre la casa y la orilla.

Sólo interrumpía la amplitud del paisaje, la belleza colorida del jardín de entrada, plena de flores que en grupos homogéneos manchaban el verde césped con los tonos de una completa acuarela. Allá en la orilla se desperezaba una barca, única y suya, un viejo sueño hecho realidad. Pero en el último mes se había también acostumbrado a no soñar, no lo necesitaba, lo tenía todo. A medida que la brisa se hizo viento empezó a oír como contrapunto del mar, el aleteo de las hojas de los pinos y alerces que empezaban en el patio trasero de la casa y que poblaban infinitos la ladera del morro que se erguía a sus espaldas.

Sintió de golpe un estremecimiento profundo, un miedo visceral que lo asaltaba todos los días cuando alcanzaba la plena conciencia. Miedo a que ese último mes fuera en si mismo todo un sueño, del cual en un terrible momento debiera despertar. Pánico a que, si era todo verdad, durase bien poco. Como siempre espantó a esa sensación y se dispuso a vivir el mejor momento del día. Aquel en que, dejando al sol y al mar a su espalda, se daba vuelta para comprobar que lo mejor del sueño estaba ahí.

Saboreando el movimiento, como en aquella primera mágica mañana, giró y detuvo sus ojos en su mejor anhelo, en ella. Desnuda bajo las sábanas, dormía con una placidez envidiable. Sus negros cabellos que destacaban su blanca y pecosa piel, enmarcaban un rostro hermoso, sin edad, que hasta en sueños sonreía. Sus manos estiradas parecían buscarlo. Estaba y no, reina de un cielo del cual poseía la llave y en el que él habitaba placenteramente desde hacía un mes. Le encantaba verla dormida porque le parecía tener más a la mano su misterio.

Despacio, muy despacio se sentó a contemplarla. Y como le pasaba desde que eran unos niños, el resto del mundo desapareció. La recorrió con sus pupilas e imaginó su contorno oculto, intentó visualizar su corazón latiendo lento, le pareció atisbar su alma arropándola. Tal como sucedía desde hacia décadas, se inspiró. Tomó un papel y lápiz y escribió un poema, corto y contundente:

Estás y no estás
¿Dónde estoy yo?
¿Es real este hoy?
Mi sueño de siempre
Juntos los dos.

Muy gentilmente lo puso en su mano. Se vistió despacio, cerró la persiana, le dio un beso y salió camino de su barca. Llevaba consigo una red para pescar el almuerzo y un corazón dilatado y latiendo fuerte, ansioso por conocer el poema que ella al despertar, con absoluta certeza, escribiría por respuesta.

Enrique R. G. Momigliano
18/11/2009

SEGUIR CONTANDO LA VIDA

Estimo que he escrito suficiente sobre la muerte, el duelo, la ausencia y el dolor. Es mas que hora de volver a celebrar la vida. Hace unos pocos dias alguien muy cercano me preguntó qué sería de la suerte de los protagonistas de LINEA DE LLEGADA, hecho que motivó que adoptase de inmediato el papel de mi héroe favorito: el de LA HISTORIA SIN FIN y me dedicase como él a liberar a la princesa que más merece ser rescatada: LA FANTASIA.

Dicen que los poetas tienen mil novias de jóvenes porque se enamoran de todas, que se casan con excelentes esposas y madres porque la cotidianeidad les cuesta mucho y necesitan delegarla y que anhelan terminar sus dias en brazos de una poetisa para disfrutar la sintonía. ¿Será verdad?. Va cuento y despues gocen de Patxi Andion, un poeta y cantautor espectacular que muy prontito tendra su homenaje por aqui.

Enrique R. G. Momigliano

Puedo Inventar

26
Oct
09

SOLEDAD MONTEVIDEANA

hombreenbar

Es absolutamente increíble el lugar en el que me encuentro. Nunca imaginé un sitio tan perfecto, tan a medida para descansar mi soledad, agotada por el paseo, antes de encarar la caminata final hacia el barco del regreso.

Hace años que me debía un día como hoy en Montevideo. Sólo y en paz perdiéndome en sus calles a mi entero antojo y sin apuro. Mañana se vota aquí y nada ni nadie lo adivinaría sino fuera por los quioscos llenos de banderitas, las que también flamean en los autos. Es MI ciudad, mi lugar en el mundo, culta, amable, silenciosa y segura. Lenta, como adormecida eternamente, igual a un interminable mate, sabrosa, profunda y dulce como él.

No quiero irme, no puedo irme, debo irme.

Por la nueva peatonal, pasando la iglesia matriz, donde medité un buen rato, un cartel llamó mi atención: “Café de la Pausa”. “¡Que nombre justo!” dije. Y no subí. Di varios rodeos más y no sin antes frústraseme algunas opciones previas, una curiosa vuelta a manzana me depositó nuevamente frente al cartel. Cansado, extenuado, subí.

Y ahí en un arcaico entrepiso, lleno de libros viejos y tortas caseras, con una suave música justa, una rústica mesita me brinda de manos de una dama un café.

Estoy solo, una pareja cercana son los otros únicos habitantes de este refugio literario.

Aun antes de sentarme, me calzo los lentes, abro el cuaderno y comienzo a escribir

NO ESTAS

Tristemente,
Irremediablemente,
Definitivamente,
No estás.

Te llamo,
Te escribo,
Te busco,
Y no estás

Intento sentirte,
Procuro pensarte,
Siento recordarte,
Pero no estás.

Y es todo tragedia.

Porque si no estás

Me falta algo,
Me falta todo,
Me falto yo.

Estoy tan solo,
Que nada puedo,
Porque es sin vos.

El mundo vacío,
La noche larga,
Inútil el día,
La vida amarga.

Imposible saber,
Cómo te fuiste,
Dónde te fuiste,
Porqué te fuiste,

La sola verdad,
Es que no estás.

Enrique R. G. Momigliano
Montevideo, 24/10/2009

19
Oct
09

ACEPTACIÓN Y DOLOR… La salida del duelo

Día de la Madre

21-1

Todos lo escribieron, todos lo dijeron, pero tal como dice el refrán: del dicho al hecho hay mucho, muchísimo trecho. La consigna es aceptar. Pero aceptar ¿QUE?

Unas pocas y significativas cosas simples de enunciar, difíciles, muy difíciles de hacer:

1. Que vivir implica necesaria e inevitablemente morir

2. Que todo lo que amamos y a lo que nos apegamos, un día más tarde o más temprano, SIN DUDA morirá.

3. Que uno no tiene escapatoria alguna frente a su propia e inevitable muerte. Como prueba basten todos los esfuerzos propios y de los médicos, enfermeros, sanatorios, cuidadores, etc. que intervinieron drástica e invasivamente, sólo para demorar lo inevitable en el ser querido que partió.

4. Que la vida de uno, a partir de la muerte del ser querido cuyo duelo está atravesando, nunca va a ser igual. Será de alguna manera peor o mejor, nunca igual, ni la sombra de lo que era antes y ello obligará a un especial esfuerzo de adaptación en el que uno y su manera de relacionarse con los demás cambiará drásticamente.

5. Que ese ser querido no está hoy, ni estará mañana, ni pasado mañana, ni el mes que viene, ni el año que viene. Para decir con “el cuervo” de Poe: no estará NUNCA MÁS. Y que en consecuencia, aunque no quiera debo aprender a vivir sin él.

Si se las mira detenidamente son todas cosas obvias. Entonces ¿por qué cuesta tanto aceptarlas?

Hay una cuestión social muy fuerte en la humanidad occidental contemporánea que busca ocultar la muerte, como si negándola le quitase poder cuando, paradójicamente, sucede todo lo contrario. La muerte arrinconada al lugar de la sombra adquiere el poder del taboo, el poder de lo oculto, de lo no hablado y marca profundamente toda la existencia del hombre. El pensamiento que viene desde el denominado Renacimiento, potenciado con la Revolución Francesa y la Revolución Industrial ha llevado al hombre a rechazar todo aquello que atente contra su libertad y ha llevado por ende al entronizamiento de su voluntad individual. Así hace siglos que viene intentando desembarazarse de la enseñanza religiosa, así se rebeló contra los reyes, así rechazo a los estados totalitarios y hoy los vemos rechazando hasta las más elementales normas de convivencia, salud, higiene y preservación propia y colectiva.

El Superhombre de Nietzsche liberado de todo, sin saberlo ni quererlo cae esclavo de un amo peor: SUS INSTINTOS, los que al provenir de su esencia animal lo convierten en salvaje bestia. Y al igual que ellas desprecia al débil, atropella al que se interpone en la satisfacción de su deseo y comete salvajadas con una conciencia adormecida. Empero, como a diferencia del animal el hombre no es sólo instinto, sino también conciencia, mente y espíritu, para poder acallarlos recurre a distintos métodos que van desde los inofensivos como la radio o el walkman todo el día o los televisores en todas partes hasta los perjudiciales para si y los demás como el alcoholismo y las drogas.

La ecuación es simple: cuanto mas acalle a su conciencia – mente – espíritu, más lejos llegará en el mundo pero inevitablemente se sentirá peor y necesitará cada vez más del anestesiante elegido.

Si el que manda es el instinto, no hay instinto más fuerte que el de supervivencia. El instinto amo del hombre se resiste a morir y por eso todo lo que tenga que ver con la muerte debe ser ocultado, acallado, negado.

La pésima noticia que habría que darle a la cultura reinante es que el hombre, en tanto animal no es libre de las leyes naturales y así aunque reniegue de Dios, del Rey, del Estado, hasta del Otro, inevitablemente sucumbirá en la muerte. Para el superhombre nietzscheano aceptar este error de base no es poca cosa. Implica poner en duda casi todo aquello en que basó su vida. La muerte lo deja como al Hamlet de Shakespeare, con la calavera en la mano dudando si es mejor luchar o dejarse arrastrar por ella, pensando que si se conociera el mas allá, dormirse en la muerte no sería tan malo, creyendo que es esa ignorancia esencial la que lo hace cobarde y lo obliga a las fatigas de la vida.

Pero ¡basta de teoría! Como mi única intención al escribir esto es ayudar al que está de duelo, tema al que vuelvo, no solamente porque forma parte de mi paisaje actual, sino también empujado por el dramático pedido de auxilio que me dejó Gabriela – a quien no conozco- en los comentarios de DUELO Y POESIA.

Para de verdad acompañarlos en sus sentimientos, les voy a dar mi experiencia personal con las aceptaciones más arriba mencionadas.

Respecto de la primera que implica vivir siendo conciente de la mortalidad, me ha costado muchos años de yoga y de práctica religiosa intensa. Antes de iniciar ese camino vivía arriesgándome en demasía probablemente en una búsqueda inconciente de la muerte. Dicen que el soldado que primero sale de su trinchera para enfrentar al enemigo lo hace movido por el miedo que padece, el cual le resulta insoportable. Así parece un héroe y resulta ser el más cobarde. La muerte en cuanto obsesión se había transformado en un abismo que me atraía.

El camino seguido me hizo avanzar por la contracultura, sufriendo aislamiento y crítica dura, pero auténticamente me salvó la vida, evitando que me embarcase demasiado en la locura humana de éxito y acumulación dando espacio a un mayor disfrute de las cosas simples, gratuitas e intangibles que la vida ofrece.

La segunda me sigue costando. El no aceptar del todo lo finito de los afectos, limita trágicamente mi capacidad de amar. Decía Enzo Ferrari que nunca podía querer demasiado a sus pilotos porque sabía que existía una alta posibilidad que se matasen corriendo, como de hecho sucedió muchas veces. A mi me pasa lo mismo con todos. El temor a la devastación por la muerte de un ser querido me hace amarlo con reservas y ello está claramente mal, me impide la felicidad de una entrega total. Sigo a mi medio siglo trabajando en ello.

La tercera la acepté plenamente. Creo que uno hace todo lo que hace para buscar la paz de conciencia que otorga saber que se hizo todo lo posible, tal como lo explico en la poesía “VACIAS”. A veces por el contrario me asalta la duda si en esta búsqueda no hice de más, si en caso de haber hecho algo menos, hubiese acortado el sufrimiento. Imposible saberlo. Ser conciente que estos esfuerzos son siempre relativos también me ha servido para vivir mejor, evitando exageraciones muy comunes a la hora de referirnos a medicina preventiva y recaudos de seguridad vital.

La cuarta me está dando un trabajo importante. Siento que definitivamente me he quedado huérfano y esa orfandad me pesa. Estaba muy cómodo en mi rol de hijo y hoy no hay forma que lo sea. Resignificar los roles restantes: padre, esposo, amigo, para llevarlos a sustituir el rol perdido no es nada sencillo. Algo de mí quiere seguir siendo hijo y no tengo de quien. Estimo que mucho mas difícil será para quien no tenga a mano otros roles a resignificar.

Y finalmente para que tanto Gabriela como todos los que están de duelo no se crean ni por un minuto que mi duelo es una caminata en el parque, les voy a confesar que la quinta aceptación me tiene desvastado. No solo no acepté sino que me resisto como gato panza arriba a siquiera intentarlo. Es que en este punto la aceptación aguarda detrás de la puerta del DOLOR.

Dolor de ausencia que es continuo, cotidiano, que aumenta con el paso del tiempo, que se dispara con cada cosa material que se compartió, que acecha en una foto, o en un video o en cualquier lugar. Dolor que se potencia en fechas como ésta, donde un horrible sentimiento emerge de las tripas de rabia- impotencia- envidia-, hacia los semejantes que pueden festejar mientras a uno le toca llorar en el cementerio.

Este dolor de ausencia aparece tan poderoso que lo vivo como una amenaza destructora que llega a poner en duda mi capacidad de soportarlo. Entonces actúa el ya nombrado instinto de supervivencia y vivo posponiendo el momento de hacerlo, el momento de aceptar que mi madre no estará NUNCA MÁS. No hacerlo no es gratis. Por el contrario tiene un costo tremendo: me deja muerto en vida. Para que las cosas que me pasan, buenas y malas me lleguen, tengo que volver a la vida y no se puede volver a ella sin salir del duelo.

Hace unos días vi una película impecable pero terrible, protagonizada por una joven mujer, como habrá tantas, victima superviviente de la guerra de la ex Yugoslavia, que se llama “La vida secreta de las palabras”. Recomendable sólo para los fuertes de estómago ahí se puede ver hasta qué extremo llega un ser atormentado para negar un duelo que en el caso de la protagonista es múltiple.

Inspirado por un diálogo casi final de esa película, un oscuro cercano día en que me sentí realmente mal en la casa que vivió mi madre, escribí la poesía que sigue, la cual expresa dónde estoy parado.

Enrique R. G: Momigliano
18/10/2009
Día de la Madre

19
Oct
09

UN DIA SERÁ

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UN DIA SERÁ

Un día voy a llorar,
Lo necesario, lo imprescindible,
Lo suficiente.

Para animarme a sentir,
El verdadero dolor,
Que me causa tu ausencia.

Un día será, pero no es hoy,
Porque aun temo,
Que si empiezo a llorar,

Jamás me detenga.

Pero un día cualquiera,
Tengo que hacerlo,

Para que quizás, sólo quizás,
La angustia ceda.

Para que quizás, solo quizás,
La vida me vuelva.

Enrique R. G. Momigliano
Buenos Aires, 28/09/2009

09
Oct
09

LAS DOS ORILLAS Y EL PUENTE… Una metáfora actual

COTE LAI SEP 09 - CAMPAÑA 114

A Silvia Paglioni

Había una vez un reino próspero, dividido por un río. La curiosidad de este río era que la pigmentación de las algas dotaba a una orilla de un color blanco y a la otra de un color negro. Fuera de esa diferencia, que a nadie importaba, las partes del reino a ambos lados del río eran esencialmente iguales y sus habitantes eran también muy parecidos entre si. Como había matrimonios de habitantes de ambas orillas, existían hasta lazos de parentescos múltiples entre ambos. Por una mera cuestión de comodidad el rey se instaló un día lejano en la orilla blanca.

No existía puente alguno entre ambas orillas pero ello a nadie incomodaba ya que en invierno el río se helaba y además de servir de pista de patinaje para los niños, la gente cruzaba caminando. Tanto como en verano cuando las tórridas temperaturas secaban al río y el cauce era camino transitable.

La paz y la armonía reinaban y a nadie se le hubiera ni siquiera ocurrido pensar que la orilla de pertenencia podía implicar causal de privilegio o discordia. Era un reino de hermanos que, ante cualquier adversidad, se ayudaban mutuamente y esta era una condición que los sucesivos reyes se cuidaban muchísimo de alterar. Por el contrario ensalzaban los hechos comunes a ambas orillas, tenían una única bandera, un único himno, una misma enseñanza, una historia común y un destino compartido.

Un muy trágico día para este reino, por esas cosas de las sucesiones reales complejas, llegó al trono un rey muy pero muy corto de vista. Para empeorar las cosas era también bastante sordo así que a sus asesores los escuchaba poco o muy mal. Y para colmo de males asumió en una época en que el río presenta su máximo caudal. En conclusión cuando salió a recorrer por primera vez el reino y llego al río entendió que el mismo era el límite de su reino sin alcanzar a oír a sus consejeros que le decían lo contrario y por supuesto sin siquiera advertir que del otro lado había gente.

Así fue que este rey corto de vista y sordo gobernó durante una interminable década sólo para la gente de la orilla blanca que prosperó muchísimo mientras la gente de la orilla negra sufría cada vez más empobreciéndose a pasos agigantados.

En su reino acortado el rey era loado y alabado ya que nunca los habitantes habían gozado de tantas ventajas, las que disfrutaban más cuanto contrastaban con sus empobrecidos parientes y amigos de la orilla negra.

El rey se la creyó, llegando a pensar que era el mejor rey que había existido allí, fue entonces presa de la soberbia y cada vez que alguien intentaba hacerle ver o decirle que la mitad del reino era paupérrima lo ignoraba supinamente como si de otro reino se tratare.

Las diferencias entre una y otra orilla se hicieron tan grandes que los habitantes de la orilla negra ni siquiera cruzaban a ver a sus parientes y amigos de la orilla blanca porque les daba vergüenza. Y los de la orilla blanca tampoco cruzaban porque sus amistades los denigrarían por juntarse con gente tan pobre.

Los hechos comunes se desdibujaron. La educación y salud se hicieron privadas en la orilla blanca y los niños viajaron desde edad muy temprana a otros reinos más prósperos, amando otras banderas y adoptando otras costumbres.

El himno común dejo de cantarse y la historia común de enseñarse. Las diferencias se ahondaron tanto que a los de la orilla negra se los empezó a llamar excluidos porque estaban fuera de todo, apegados a unas costumbres atrasadísimas y cultivando unos valores arcaicos, incompatibles con el feroz consumismo desatado en la orilla blanca.

Al cabo de esa década trágica e infame llego un nuevo rey con un sagaz ayudante. Rápidamente entendió lo equivocado que había estado su antecesor y casi no podía creer las diferencias que se habían creado entre los habitantes de las dos orillas. El trabajo era inmenso, parecía imposible.

Además todos los funcionarios del reino, los que hacían las leyes y los que las hacían cumplir estaban tan habituados a pensar en dicotomía, distinguiendo permanentemente entre los integrantes del reino que existía de los integrantes del reino que no era, que habituarlos a pensar inclusivamente iba a demandar casi tanto como una generación. Era tan grande la tarea que el sagaz ayudante antes del año renunció y se autoexilió.

El rey se quedó solo y después de equivocarse mucho tuvo la peor idea de todas, llamó para que lo ayudara al principal ayudante del rey anterior. Este solo continuó haciendo lo que había hecho en la década anterior y sumió a los habitantes de la orilla negra en una pobreza insoportable.

Entonces apareció un líder en la orilla negra que pensó que la única salida de esa situación de división, imposible de mantener, era a través de un caos controlado. Alentó a los habitantes a cruzar el río y cometer toda suerte de desmanes en la orilla blanca, aterrorizando a sus habitantes que parecieron despertar de un largísimo sueño y recién ahí darse cuenta cuan pobres estaban sus hermanos de la otra orilla.

El rey se asustó y se fue, sucedió la anarquía, se prolongaron los disturbios y se instaló la inseguridad llegándose varias veces al borde de una guerra entre los habitantes de ambas orillas. Paradójicamente las medidas del gobierno surgido del caos sumieron aun más en la pobreza a los excluidos. Vivir se tornó imposible para todos. Los de la orilla negra acosados por el hambre y los de la orilla blanca acosados por el miedo.

Se siguió ahondando la división porque ahora la cosa era a vida o muerte, ellos o nosotros.

El río que los dividía parecía más caudaloso que nunca.

Un día el líder de la rebelión de la orilla negra se vio en la disyuntiva de tener que reprimir a sus propios rebelados. Ello le costó el reino. Tuvo que irse dejando en su lugar a un extranjero de un reino lejano que había vivido poco tanto de la historia común como de la historia de exclusión. Un rey con muchísima suerte. Le tocó una buena época y todo el reino prosperó, haciendo que la pobreza se tornase más tolerable. Igualmente porque era sumamente inteligente consolidó su poder amenazando permanentemente con el caos.

Pensó que para instalar un modelo de inclusión de los habitantes de la orilla negra debía profundizar las diferencias rodeándose de un coro de profetas del odio que vituperaba y amenazaba a los habitantes de la otra orilla. Empujó muchas veces al reino al borde de la guerra, la cual se evito una noche por la rebelión de su principal ayudante que deshizo una de sus peores medidas.

Siguieron pues los habitantes de ambas orillas en plena tensión, con hechos de violencia cotidianos y con un odio inadmisible entre hermanos.
Al rey el modelo le sirvió para hacer a diestra y siniestra su voluntad, tanto que el también se la creyó. Y puso como reina a su amada, mujer enérgica y de verba encendida. Empero ella no resultó ser una mujer de suerte, diría todo lo contrario. Afrontó una grave crisis generalizada que hizo que la pobreza volviera a ser intolerable.

El río volvió a ser caudaloso, tanto que parecía que algún dique se hubiera roto río arriba. Cruzarlo era casi imposible. Nada en común tenían ya los habitantes de ambas orillas, ni educación, ni salud, ni futuro. Y se vinculaban con un odio acérrimo y despectivo desde el lenguaje a las actitudes.

Fue ahí cuando una sufrida y golpeada mujer, pero dotada de una férrea voluntad y un inextinguible e incontrolable amor al prójimo, decidió que ya no bastaba con hablar y escribir a efectos de alertar a la reina sobre los inevitables enfrentamientos que semejante situación de desigualdad generaría en breve lapso y se dispuso a actuar.

Se puso a idear un método que acabase definitivamente con el miedo de unos y el odio de los otros. Para ello contaría solo consigo misma y un puñado de gente de ambas orillas, convencidas todas que el camino hacia el futuro pasa por el amor y sólo a través de la puerta de la reconciliación, la cual no puede emerger de un perdón gratuito sino de un genuino acto de restablecimiento de la justicia.

Así fue que pacientemente se puso a construir un puente mágico que uniera ambas orillas en toda época del año y cualquiera fuese el caudal del río. La magia del puente estribaba en que cada vez que alguien lo cruzara se haría más fuerte y mas ancho permitiendo el cruce de un contingente aun mayor.

Pero para terminar su tarea hacia falta algo más: cruzar el puente. Para no comprometer a nadie ELLA lo cruzó sola, ante el temor de unos, la desconfianza de varios y el estupor de otros. Y no lo cruzó para volver rápido, se quedó un buen tiempo viviendo en la otra orilla, compartiendo y documentando la crudísima realidad cotidiana de los excluidos. Hasta se dio el gusto de transmitir en directo sus vivencias.

Hoy volvió y a su paso pudo comprobar cuan firme y ancho quedó el puente, listo para que más habitantes de cada orilla lo crucen sin miedo, incorporen la realidad del otro y vuelvan a ayudarse mutuamente ante la adversidad, como lo hicieron antes, como lo hicieron siempre, hasta el reinado del rey ciego y sordo.

Ya izó la bandera en una orilla, bandera que regalaron los de la otra, seguramente habrá cantado el único himno y recordado la historia común ya que estuvo en una escuela.

ELLA, que llevó su sueño improbable a la más concreta realidad, sólo espera que sean muchos los habitantes que olviden el miedo y el odio para poder unificar, de verdad, el reino.

Sueña ahora con ver a todos tratarse con el respeto que merecen y se deben como seres humanos, hermanados por la sangre y el sudor de sus ancestros y concientes que el destino común que los aguarda será de grandeza sólo si se forja entre todos y para todos.

Segura está que si todos los habitantes se aman de verdad comprometiéndose con el bienestar general, aun cuando por esas raras sucesiones, llegue otro rey corto de vista y sordo, no podrá hacer nada en contra de nadie sino que deberá reinar a favor de todos.

Espera que muchísimos, que todos, sigan su ejemplo para convertir al puente en un techo de concreto que sepulte para siempre al río de la división.

Enrique R. G. Momigliano
Buenos Aires, 5 de octubre de 2009

EL PUENTE

COTE LAI SEP 09 - CAMPAÑA 442

A un niño lejano,
Al que sin motivo,
Quité el abrigo,
Y negué mi mano.

Al que hoy llego,
Con la alforja llena
Y un perdón le ruego,
Con mi alma en pena.

Porque soy culpable,
De su desamparo
Y gran responsable,
De su destino malo.

Lo miraré de frente,
Superando vergüenzas,
Para crear el puente,
Sanador de conciencias.

Y con un abrazo inmenso,
Lo recibiré en mis manos,
Para ser por fin como pienso,
Más que amigo, mi hermano.

A los niños de Cote Lai- Chaco
Enrique Momigliano
Buenos Aires, 26/09/2009

Nota del autor: para saber más de la campaña solidaria que inspiró estos escritos ir a http://bahianoticias.com/homenaje-a-los-ninos-y-jovenes-de-cote-lai-chaco/17736/

Si no trabajamos todos para fortalecer el puente nos encontraremos rápidamente sufriendo lo que cantaba Iva Zanicchi en esta hermosa canción: “La orilla blanca, la orilla negra”


12
Sep
09

SER LA DIFERENCIA

En estos tiempos en los cuales todos buscan “hacer la diferencia” entendiendo por ello obtener un dinero extra, inesperado y jugoso, que permita satisfacer caprichos propios o cercanos; objetivo en pos del cual vale casi todo; unos pocos intentan “ser la diferencia” en la vida de los demás.

Veamos de qué se trata eso.

Uno es la diferencia cuando el que llega a uno se va mejor que como llegó. Y cuando eso le sucede una y otra vez es más que lógico que el beneficiado intente volver a uno cada vez más seguido. También funciona en sentido inverso. Hay gente que invariablemente lo pone a uno mal, incluso sin proponérselo. Es absolutamente lógico que uno lo anote de inmediato en la lista de esquivables.

Para poder serlo tengo que trabajar más en mí que en mi imagen. Si estoy auténticamente bien, abierto a escuchar, a recibir con todos mis sentidos al otro y a su problemática o a su obsesión, dispuesto a “perder” mi precioso tiempo con él, a involucrarme, a hacerle sentir que no está solo frente a su drama, en una palabra que auténticamente me importa él y lo que le pasa, invariablemente seré la diferencia en su vida. Tan acostumbrado a que la gente lo escuche por compromiso, a que lo eluda para no cargarse con un problema más, a que se lo saque de encima con frases hechas, percibirá mi autenticidad como distinta, casi única y vivirá buscándola. Incluso cuando sólo necesite alguien con quien compartir una alegría inmensa.

Es absolutamente fascinante estar de los dos lados de esta historia. Me deja pleno saber que soy la diferencia para alguien y me encanta encontrarme con quien es la diferencia para mi.

Cabe aclarar aquí que no tiene que ver con la amistad o el amor, puede coincidir y es hermoso que lo haga pero el secreto de este encuentro casi único, de esta “emboscada entre las manos” como dice Juarroz pasa por otro lado, al que me gusta llamar empatía.

Nadie se vuelca en otro plenamente si no se sabe plenamente recibido, si no sabe sin dudar que el otro es capaz de entender en el alma misma cómo se siente, si no percibe que esta sintiendo lo mismo que él.

Pongamos un ejemplo: escribo una poesía que me hizo vibrar, llorar, emocionar. ¿Seré capaz de leérsela a alguien que la escucha mirando la tele de reojo y al terminar me dice “linda eh, que bien que escribís” y sigue en lo suyo como si nada hubiera pasado? O mas bien buscaré leérsela a quien sé que me dará todos sus sentidos, que me prestará toda su atención y que sé positivamente que al final se emocionará con la misma intensidad que lo hice yo.

Esa alma gemela es quien siempre, absolutamente siempre es la diferencia.

Por ello es que basta a veces con recordarla, con hacerla bailar en el pensamiento para sentirse distinto, para mirar distinto, para creer distinto.

La mala noticia de este cuento es que no abundan, hay una sola y es muy difícil encontrarla. La sensación de reconocimiento es fácilmente identificable: en su presencia todo desaparece, nada importa y si uno tuviera el poder de escribir la novela de nuevo la empezaría por fugarse con ella. Esa única y poderosa persona que con su sola presencia cambia toda mi percepción del tiempo, del espacio, de la vida, que es la diferencia, una vez hallada nos introduce en una doble dimensión: la vida con ella y la vida sin ella.

Y ambas son increíblemente diferentes, tan diferentes que parece imposible que fuera uno mismo el que vive en las dos.

El verdadero drama de encontrar el alma gemela y no poder fugarse con ella, es que me hace conocer esta dualidad y me hace ver que no tengo ninguna posibilidad de cambiar por mi mismo de dimensión. Su presencia es imprescindible. Y si es escasa se extraña horrores.

Espero haber sido fiel a este sentimiento en la poesía que sigue:

LA DIFERENCIA

Sin ti no vale,
Sin ti no sirve,
Sin ti no quiero.

La vida espanta,
La muerte acecha,
El odio manda,
El miedo vence.

Porque eres todo,
Y también sólo,
Eso que espero,
Eso que anhelo.

Estoy perdido,
Me siento viejo,
Vencido y loco,
Dice el espejo.

Y te apareces

Entonces vale,
Entonces sirve,
Entonces quiero.

Y más aun

Siento que puedo.

Enrique R.G. Momigliano
Buenos Aires
10/09/2009

20
Jul
09

AMISTAD DIVINO TESORO

En este día especial, solo quiero compartir con Ustedes el mejor consejo que respecto a este noble y universal sentimiento les puedo dar a mis propios hijos.

A MIS HIJOS

Cuando nosotros tus padres,
Hayamos partido,
Enjugando el dolor,
Estarán tus amigos.

Cuando un amor los deje,
Con el corazón partido,
Aliviando el rencor,
Estarán los amigos.

Cuando el fracaso destruya,
Ese sueño querido,
Para volver a empezar,
Estarán los amigos.

Cuando los años los rindan,
Y parezcan vencidos,
Guiando sus pasos,
Estarán los amigos.

Y en el Adiós postrero,
Que volverá a reunirnos,
Recordando y sufriendo,
Estarán los amigos.

Amigos de Hoy, Ayer y Siempre,
Que difícilmente serán los mismos,
Libres, que están porque sienten,
Que la Amistad vence al Abismo.

Por eso si me autorizan,
Les ordeno, les ruego, les digo,
Vivan como quieran,
Pero tengan ¡Muchos Amigos!

Enrique Momigliano
Buenos Aires, 20 de julio de 2009
Día del Amigo

Foto: Galería de Caliaetu – Flickr

09
Jul
09

SABER MIRAR

“¿No es quizás que no se mirar?
Cuanto, cuanto hay a mi alrededor”
Héctor Ricardo Soulé
Vox Dei – La Biblia- Profecías

Probablemente si tuviéramos la fortuna de encontrarnos con Jesús cara a cara y nos diera la posibilidad de pedirle una cosa sola, la mas sabia petición a formular seria la del ciego Bartimeo (Marcos 10: 46-52): “Maestro, que yo pueda ver”. Una vez que puedo ver, pero ver en serio, sabiendo mirar, no tengo otra opción que la paz, la armonía y la alegría, porque la verdad me libera de todo lo que no es: el miedo, la angustia, la tristeza, la desesperación.

Facundo Cabral dijo: “No estas deprimido, estas distraído” que es lo mismo. Tienes todo delante de ti pero como estás encerrado por el dolor y la frustración no lo puedes ver y ese no verlo te deja triste.

Mi mecenas personal, Silvia Paglioni, amiga instigadora y trabajadora incansable para que este blog sea una realidad, tiene un programa de radio los martes a las 20 por FM de las Américas (http://www.fmdelasamericas.com/ para escuchar on line) que se llama “Todo depende… Elige tu propio cristal”, causalmente tomando una frase favorita de mi padre: todo depende del cristal con que se mira. Mi forma de mirar condicionará siempre mi percepción de la realidad y consecuentemente mi estado de ánimo y mis expectativas respecto de esa realidad.

Frente a ello puedo adoptar la conducta mayoritaria que consiste en luchar denodadamente toda mi vida para lograr que la realidad se adapte alguna vez a mi expectativa, hecho por demás difícil de lograr y que para aquellos privilegiados que llegan a ese punto les espera comprobar que es un punto inestable y que el desajuste volverá a producirse casi de inmediato. O en su lugar puedo intentar como lo hace una selecta minoría ver mejor, buscar una nueva perspectiva del problema que me angustia, subirme al banco – tal como le pedía Robin Williams a sus alumnos en La Sociedad de los Poetas Muertos, cambiar el cristal con que miro, para comprobar que el problema no era tan grave, que la amenaza angustiante no existía y dejarme invadir por las soluciones y alegrías que están – siempre lo estuvieron- al alcance de la mano.

No existe enemigo peor que uno mismo cuando mira mal. De ahí nacen las autoflagelaciones que si bien no son fáciles de encontrar en la actualidad en su forma física, cuenten cuántos autoflagelantes psicológicos abundan entre sus conocidos. Uno tiende a ser su peor juez porque cuesta ser objetivo cuando se esta sufriendo. Y mira mal y se castiga peor, dañando severamente su autoestima y agravando peligrosamente su sufrimiento.

Reconozco que formo parte del club. Casi, casi merezco ser su dirigente. Hijo de una cultura súper exigente cuando las cosas no salieron como esperaba, al primero que elijo culpar es a mi mismo y ando por la vida con el látigo a cuestas y las lacerantes heridas en la espalda. Como medio siglo no se cumple inútilmente, aprendí a conocerme y a munirme de herramientas que me permiten con bastante esfuerzo cambiar el cristal.

Pero algunas veces ese cambio de cristal, esa subida al banco se produce por la intervención de esa inteligencia mágica de la vida que nos va trazando el camino para nuestro propio bien. Dios y la Vida quieren que despertemos, que sepamos mirar para que nos volvamos agradecidos, para que estemos bien, para que podamos ayudar a los que todavía no lo hicieron y siguen látigo en mano causándose daños profundos.

Es fácil reconocerla porque el cambio de percepción es automático, sin esfuerzo ni voluntad de nuestra parte, es un CLICK. Y de golpe la luz, y vemos todo.

Hace apenas 48 horas tuve uno de estos episodios. Las impredecibles circunstancias de la vida me devolvieron a un lugar muy especial para mi, un lugar asociado a uno de mis mas grandes sueños realizados, acariciado desde muy pequeño y logrado allí cuando tenía 26 años con un supremo esfuerzo, físico, económico y de todo tipo, sorteando obstáculos incontables. Volver después de casi tres décadas a caminar por el escenario de un sueño realizado, y tener el enorme privilegio de mostrárselo a mi hijo fue como sentir una voz interna que me aturdía con un único grito: “Todo valió la pena, dejá de mirar mal”

Regresado de ese querido escenario una poesía me estaba esperando para plasmar el despertar.

MIRADA

No supe, no pude, no quise,
Y no sé cuánto no supe,
Cuánto no pude,
Ni cuánto no quise.

Pero lo único cierto,
Es que me deja triste,
Aquello que hice.

“¿Es que será tan malo?”
Un día me dije.
“Es que mal lo viste”
Tú me dijiste.

Y sobre la tierra yerma
De mi alma arrasada,
Una gota de tu amor se derrama.

Haciéndome por fin sentir
La Vida en mí, renovada.

Enrique Momigliano
2 de julio de 2009
Autódromo de la Ciudad de Buenos Aires




Autor/contacto: Enrique R. G. Momigliano

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Cuando…

"Cuando mires en derredor y veas solo ponzoña. Cuando notes que nadas en suciedad, hazte buitre e hinca tus dientes en la carroña, o hazte águila y vuela en soledad." Enrique Momigliano (escrito en 1972).

De nada sirve…

"De nada sirve pensar si fue bueno o malo el año que termina, lo importante es tener la oportunidad de hacer del que comienza el mejor de nuestras vidas" - Enrique Momigliano (escrito en 1986)

Un nuevo día

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