Posteado por: Enrique Momigliano | Junio 17, 2009

RUDYARD KIPLING

RUDYARD KIPLING
El autor de mi hoja de ruta


Todavía sonrío desde la foto. Peinado a la gomina, la mano derecha en el bolsillo, el uniforme del Pellegrini reluciente y mi expresión confiada y canchera de los más o menos dieciséis. Pero no estoy solo en el cuadro, en realidad soy poco más que un apéndice, una nota al margen, un destinatario.

El cuadro enmarca una estupenda copia en papel símil pergamino de la poesía SI de Rudyard. Mi madre, quien se fue hace un año exacto, tuvo la inmensa doble desgracia de perder en menos de tres años y de manera súbita a su propia madre y a su esposo, cuando tenía una edad parecida a la mía de hoy. De una familia de cuatro quedamos así de golpe dos, en realidad ella quedó sola y desvastada conmigo apenas entrando a la adolescencia. Lejos, muy lejos de amilanarse, se irguió sobre sus lágrimas y acometió la imposible tarea de ser madre y padre a la vez.

Nadie puede sólo y se le ocurrió pedirle ayuda a Rudyard. Enamorada de su “ The light that failed”, novela por demás apasionante y lectora empedernida junto a mi padre del suplemento literario de La Nación de aquellos tiempos  (una cátedra de La Sorbona al lado de los actuales), encontró en SI la mejor síntesis del mensaje que pensaba mi padre me hubiera dado para convertirme en hombre. Así fue que para mi cumpleaños 16 me regaló el cuadro con la poesía y mi foto.

Quedamos pues indisolublemente unidos hasta hoy en el rol de maestro y aprendiz y pienso que lo estaremos por el resto del viaje.

Desde el primer día lo consideré mi hoja de ruta y sobre todo en los tiempos difíciles, cuando parece que el rumbo se esfumó, vuelvo a ella; pero también vuelvo cuando todo parece ir de maravillas, sólo para no dejarme marear.

Hoy más que nunca me acompaña y les aseguro que jamás acometí tarea más difícil en la vida que intentar cumplir siquiera muy parcialmente con la hermosa colección de preceptos que SI contiene.

Vaya pues, en su lengua original y en español – tal como está en el cuadro- esta fabulosa poesía, como homenaje a este soberbio escritor y a mi madre, sin cuyo valor ni audaz idea hubiera sido condenado a crecer sin hoja de ruta.

Enrique Momigliano
12 de junio de 2009
Todo un año después

SI

Si puedes conservar tu cabeza, cuando a tu rededor
Todos la pierden y te cubren de reproches;
Si puedes tener Fe en ti mismo, cuando duden de ti
Los demás hombres y ser indulgente para su duda;
Si puedes esperar y no sentirte cansado con la espera;
Si puedes siendo blanco de falsedades, no caer en la mentira,
Y si eres odiado, no devolver el odio; sin que te creas
Por eso, ni demasiado bueno, ni demasiado cuerdo;

Si puedes soñar sin que los sueños imperiosamente te dominen;
Si puedes pensar, sin que los pensamientos sean tu objeto único;
Si puedes encararte con el Triunfo y el Desastre, y tratar
De la misma manera a esos dos impostores;
Si puedes aguantar que a la verdad por Ti expuesta
La veas retorcida por los pícaros,
Para convertirla en lazo de los tontos,
O contemplar que las cosas a que diste tu vida se han deshecho,
Y agacharte y construirlas de nuevo,
¡Aunque sea con gastados instrumentos!

Si eres capaz de juntar en un solo haz, todos tus triunfos
Y arriesgarlos, a cara o cruz, en una sola vuelta,
Y si perdieras, empezar otra vez como cuando empezaste,
¡Y nunca más exhalar una palabra sobre la pérdida sufrida!
Si puedes obligar a tu corazón, a tus fibras y a tus nervios,
A que te obedezcan aun después de haber desfallecido,
Y que así se mantengan, hasta que en Ti no haya otra cosa,
Que la voluntad gritando: “¡Persistid es la orden!”

Si puedes hablar con multitudes y conservar tu virtud,
O alternar con reyes y no perder tus comunes rasgos;
Si nadie, ni enemigos, ni amantes amigos,
Pueden causarte daño;
Si todos los hombres pueden contar contigo,
Pero ninguno demasiado;

Si eres capaz de llenar el inexorable minuto,
Con el valor de los sesenta segundos de la distancia final;
Tuya será la Tierra y cuánto ella contenga
Y – lo que vale más—serás un Hombre ¡Hijo Mío!

If

If you can keep your head when all about you
Are losing theirs and blaming it on you;
If you can trust yourself when all men doubt you,
But make allowance for their doubting too;
If you can wait and not be tired by waiting,
Or, being lied about, don’t deal in lies,
Or, being hated, don’t give way to hating,
And yet don’t look too good, nor talk too wise;
If you can dream – and not make dreams your master;
If you can think – and not make thoughts your aim;
If you can meet with triumph and disaster
And treat those two imposters just the same;
If you can bear to hear the truth you’ve spoken
Twisted by knaves to make a trap for fools,
Or watch the things you gave your life to broken,
And stoop and build ‘em up with wornout tools;
If you can make one heap of all your winnings
And risk it on one turn of pitch-and-toss,
And lose, and start again at your beginnings
And never breath a word about your loss;
If you can force your heart and nerve and sinew
To serve your turn long after they are gone,
And so hold on when there is nothing in you
Except the Will which says to them: “Hold on”;
If you can talk with crowds and keep your virtue,
Or walk with kings – nor lose the common touch;
If neither foes nor loving friends can hurt you;
If all men count with you, but none too much;
If you can fill the unforgiving minute
With sixty seconds’ worth of distance run -
Yours is the Earth and everything that’s in it,
And – which is more – you’ll be a Man my son!

Para datos biográficos de Kipling y referencias a su obra utilizar el siguiente link: http://es.wikipedia.org/wiki/Rudyard_Kipling

Posteado por: Enrique Momigliano | Mayo 28, 2009

MARIO, LA TREGUA Y MI MEDIO SIGLO

Mi homenaje a Benedetti que se mudó a la inmortalidad

mario1

Premonitoriamente el afiche de la película LA TREGUA (1974) dice debajo de los retratos de Ana Maria Picchio y Héctor Alterio “Usted no podrá desentenderse de esta historia”. En mi caso fue verdad.

Tenía apenas 16 cuando en la secundaria me obligaron a leer el libro homónimo, a mi juicio obra cumbre del eximio poeta y escritor uruguayo Mario Benedetti, fallecido hace unos días en Montevideo. Poeta popular cuya poesía no me llegó tanto como a otros y que no descubrí hasta que la escuché cantada por el Nano Serrat y recitada por Darío Grandinetti en la inolvidable “El lado oscuro del corazón”(1992) de Eliseo Subiela; definitivamente me cautivó para siempre con La Tregua (novela 1959). Pero no lo hizo en mi adolescencia. Entonces sólo me movió a jucios negativos, no sobre la historia, demasiado trágica para mi gusto, sino sobre su personaje central Martín Santomé. Mi empuje juvenil no iba ni con su resignación fatalista ni con su carácter de empleaducho fracasado.

Pero la historia se había hecho carne en mí. Casi una obsesión. Por muchos años y seguramente en cada decisión importante la tenía muy en mente. Y así pensaba si el camino que estaba tomando me alejaba o acercaba a la situación vital de Santomé, cuando llegara a mí medio siglo de vida. El personaje se me había transformado como para su hijo mayor, interpretado en la película magistralmente por Luís Brandoni, en “un espejo que adelanta”, al que además no se le puede reprochar nada “por que sos un buen tipo”.

La Tregua es una obra maestra sobre la angustia existencial, nada menos que el lado oscuro de mi vida., probablemente el de la de muchos. Situado en el comienzo del camino, a mis 16 me horrorizaba llegar a mis 50 tan derrotado y solo como Santomé.

Los años pasaron y un día mi hijo que estaba en quinto año y viviendo sus 17, llegó a casa diciendo:”Pa, tenés La Tregua”. Criado en la era computacional, amante de los resúmenes internetisticos y poco lector como todos sus amigos, saltó de contento cuando de inmediato le respondí: “Claro que la tengo y te la pienso leer yo”.

Así nos pasamos unos cuantos anocheceres yo releyendo y él escuchando a Benedetti.

Fue ahí donde comprendí la verdadera dimensión de esta obra. ¿Qué había cambiado?

Sólo mi edad y mi ubicación en el camino. Tenía en ese momento la edad de Santomé y me sentí tan tremendamente identificado con él que no puede evitar emocionarme hasta las lágrimas en varios pasajes. Transformé la emoción en explicación para mi hijo y le di el regalo que yo no tuve. La oportunidad que el “espejo que adelanta” me diera su versión de la vida. Fue una inolvidable experiencia para ambos.

Quizás nadie mejor que Alberto Cortez reflejó esta edad cuando dijo. “uno se vuelve mas lerdo y abundan los desengaños y sobran los desacuerdos”. Por eso, una tregua es como un regalo del cielo, una verdadera bendición que nos devuelve las ganas de vivir, que nos dice que pese a todo lo padecido, la vida valió la pena. La tregua es tan válida porque viene de la mano del amor. La ultima frase del libro es “Después de tanta espera esto es el ocio ¿Qué haré con el?” y la última de la película puesta en boca del hijo mayor “no era ella, eras vos también que querías vivir otra vez”. La primera refleja el vacío y la segunda es un consuelo tonto, por eso el padre no escucha mas.

El amor a esa edad , a esta edad, es una tregua que sana las heridas, que nos devuelve la fe, que nos hace mejores porque perdonamos las facturas , que nos alivia de las soledades compartidas, en fin que nos torna valientes ante la ineludible presencia más o menos cercana de la muerte. Si se va de golpe, brutalmente nos devuelve a nuestro destino inexorable y nos deja solos ante la carga de la vida y el miedo de la muerte.

Cada uno tiene su Laura Avellaneda, para algunos será real y para otros será fantasiosa, para algunos será su hija, para otros su madre, para muchos un amigo y también para no pocos una mascota. Y para los verdaderos privilegiados su pareja de toda la vida. Pero tener la capacidad de amar y ser amado después del medio siglo, he aquí el milagro y el misterio, he aquí la verdadera tregua.

Un solo ruego a vos Mario querido, que nos aguardas en el cielo de los poetas, si se te ocurre corregirla en tus ratos de ocio, por favor no la mates a Laura, con que se hubiera enamorado de alguien de su edad o que se hubiera cansado de Martín, hubiese bastado igualmente para devolverlo a su infierno.

Como final les dejo la, a mi entender más bella escena de la película, que expresa cómo, en el cuadrado mágico de la mesa de un bar cualquiera, con la osadía de dar y tomar una mano, el amor también a esta edad puede nacer.

Enrique Momigliano
Buenos Aires, 25 de mayo de 2009


Posteado por: Enrique Momigliano | Abril 20, 2009

LA SOCIEDAD DE LA NIEVE… Nuestra Oportunidad

LA SOCIEDAD DE LA NIEVE … Nuestra Oportunidad
Por Enrique Momigliano

La oportunidad estaba ahí, sólo tenía que tender mi mano, pero todavía dudaba. Se me presentaba como en aquella magnífica escultura que la representa como a una mujer corriendo con alas en los pies, mechones de cabello colgando de su frente y totalmente calva en la nuca. Mujer por lo tentadora, pies alados por lo veloz, cabellos en la frente porque hay que tomarla ni bien se vislumbra y calva en la nuca para significar que si uno se demora y la deja pasar es inútil perseguirla, porque no habrá de dónde asirla.

Con esta magnífica escultura había sellado mi amistad con Gonzalo, aconsejándolo en una dura encrucijada a partir de la cual nos hicimos inseparables hace ya más de veinte años.

El primo de Gonzalo, de nombre Daniel es un sobreviviente de la tragedia de los Andes, allá por 1972, historia a la que siempre fui sensible por diversas razones. Entre ellas no pesan poco el hecho que sus protagonistas tuvieran casi mi misma edad y que apenas el año siguiente (agosto de 1973) me tocase estar en situaciones de riesgo con mis compañeros en las montañas de Bariloche, durante un muy mal organizado viaje de egresados.

Ahora estaba alojado durante un viaje laboral en el Hotel Radisson – Victoria Plaza como aún me gusta llamarlo – frente a la Plaza Independencia de la probablemente ciudad más cercana a mi corazón: Montevideo y su Ciudad Vieja. Ciudad que entre tantas vivencias personales maravillosas, albergó el desarrollo de esa fantástica novela “La Tregua” de Mario Benedetti.

“Daniel te quiere conocer” me había dicho Gonzalo y yo dudaba. Dos décadas y media después, recontactar ese dolor no me causaba ninguna gracia. El prejuicio tenía su influencia: ¿de qué hablar? ¿Cómo preguntar lo impreguntable? ¿Cómo hacer que mis propios miedos no se hicieran evidentes cuando lo mirase a los ojos?

Accedí, gracias a Dios accedí.

Nos encontramos los tres en el bar del lobby después de la cena, eran las nueve de la noche de un largo día laboral. Daniel no estaba cómodo, al fin y al cabo tendría los mismos miedos que yo. Yo, que ni siquiera había podido ver completa la película “Viven” y que ni se me había ocurrido comprar el libro homónimo, lógicamente lo hice sentir peor con mi primer comentario que, paradójicamente quiso ser amable.

Dije: “Mirá, no quiero escuchar una sola palabra acerca de la antropofagia ni de lo que hicieron para sobrevivir, contame qué aprendiste allá arriba, abandonado del mundo y cómo hiciste para volver a vivir aquí con nosotros”.

Sin siquiera sospecharlo había formulado la pregunta que los 16 sobrevivientes contentarían diez años después en el libro “ La Sociedad de la Nieve”, la misma que la sociedad de aquí abajo está por fin ansiosa por preguntar.

La incomodidad de Daniel necesitó de dos atados de cigarrillos y la de los tres de una botella entera de whisky para dar lugar a una charla imperdible. Creo que aprendí más sobre la condición humana en esa noche que en mis 40 años bien vividos hasta entonces. No estaba con un sobreviviente, estaba con un sabio al que la vida, a edad temprana y con el infalible instrumento del dolor, le había enseñado lecciones preciosísimas acerca de la muerte, la amistad, la humildad, la entrega, la solidaridad, la comunión, la religiosidad, la espiritualidad, el sentido de la vida; todo junto y en dos meses y medio.

Se hicieron las cuatro de la madrugada y ninguno se quería ir. Me despedí a desgano con la excusa de mis reuniones laborales del día siguiente que empezaban a las nueve.

Imposible pegar un ojo, imposible concentrarme al día siguiente, imposible calmar mi ansiedad, la cual se tradujo en una insoportable presión sobre Gonzalo para que provocase una segunda reunión. Ella tuvo lugar y afortunadamente muchas más.

El libro “Viven” lo leí recién hace dos años mientras esperaba angustiado los partes médicos de terapia intensiva en las tantas internaciones de mi madre. Sorbía fuerzas en cada párrafo para vivir lo insoportable. A “La Sociedad de la Nieve” le llegó el turno este año para ayudarme a hacer el duelo por su partida.

Delante de mis ojos en estos años, desde aquella mágica noche montevideana, y llenándome de alegría, cada uno de estos sabios se reconcilió a su manera con su historia, la Fundación fue una realidad y las charlas se han multiplicado. Alguien allá arriba debe haber dicho que es tiempo para ellos de sanar este dolor, transmitiendo lo que aprendieron, que repito es invalorable – mucho más a los 20 años- , y que también es tiempo para nosotros, los que no estuvimos en 1972 en el Valle de Lagrimas ( así se denomina el lugar de la tragedia), para despertar, acoger esta historia sin prejuicio alguno y para aprehender y aplicar su enseñanza, a fin de dotar a esta sociedad tan cómoda y frívola de un poco, tan sólo un poco de la humanidad que reinaba en “la sociedad de la nieve”.

El 30 de abril a las 19 horas en la Sala Julio Cortázar de la 35 Feria del libro de Buenos Aires, estos maestros estarán presentando el libro y próximamente se estrenará el documental internacionalmente premiado “Vengo de un avión que cayó en las montañas” – título que toma la frase escrita por Nando Parrado en la nota que, atada a una piedra, le arrojó por sobre un río al arriero chileno, promotor de su rescate-.

Darnos cita en la Feria y ver el documental puede ser un excelente punto de partida, un tomar por los cabellos a la tentadora, veloz y esquiva oportunidad, como tuve la fortuna de hacer aquella lejana noche en el Victoria Plaza.

Para quienes quieran contactar a la Fundación Viven les dejo su dirección electrónica:
www.fundacionviven.org

Y el sitio del documental es www.strandedthefilm.com

Posteado por: Enrique Momigliano | Abril 11, 2009

ERRARE HUMANUM EST

A lo largo del camino, del recorrido hasta hoy y por lo menos a mi benevolente juicio, no he cometido demasiados errores pero los que sí cometí han sido tan grandes, tan groseros, tan épicos que ninguno de los que estuvo cerca se olvida. En una reunión familiar, hace ya muchos años cuando terminé de relatar como había emergido de una de esas peripecias, un pariente mirándome a los ojos exclamó: ¡OH Dios mío, que cosas que hace la gente! Fue para mí una total sorpresa ya que tenía en mis alforjas todo un arsenal de justificaciones, explicaciones lógicas y hasta razones metafísicas que avalaban – a mi parecer- mi conducta de ese entonces.

Era obvio que en el juicio de mi mismo carecía completamente de objetividad y lo que a ojos de mi pariente y de cualquiera que desde afuera del problema evaluase mi conducta era una soberana barbaridad, para mi era casi lo único que se me hubiera ocurrido hacer.

Pues bien, a nivel colectivo nos pasa lo mismo. Si cualquiera de nosotros se tomase el trabajo de apearse un instante del colectivo de la vida y la observara desde afuera se daría cuenta que la conducta humana colectiva “no le cierra demasiado”. No obstante a los que están subidos en el viaje y enfrascados en él les parece que lo que hacen es lo que deben, que está perfecto, que hasta generacional y genéticamente se encuentra debidamente justificado su comportamiento.

Sólo se trata de mirar con más objetividad, mirar distinto – cualidad intrínseca a los poetas-, ver la película completa – muerte incluida-, para caer en la cuenta que nuestro periplo en la vida material está lleno de errores y que el sinsentido reina.

Los invito a que lo ensayen, no es tan difícil. Lo realmente difícil y audaz es una vez que nos dimos cuenta, intentar, tan solo intentar vivir con sentido, errando poco ya que la marea humana que viaja por el carril contrario no solamente se molestará, sino que hará ingentes esfuerzos para convencernos que los equivocados somos nosotros.

Siguiendo la línea de TERCO que es uno de los posts más antiguos de este blog, el otro día me llegaron los versos que siguen.

PERIPLO

¡OH Dios mío que cosas hacemos
Tus seres humanos!
En qué ilusiones creemos,
Cuántas vueltas que damos.

Y mientras venimos y vamos,
Amamos tan poco, basura juntamos,
Nuestro cuerpo rompemos
Y nuestra alma perdemos.

En un rincón oscuro nos aguarda
Como sorpresiva celada,
Aliviadora del dolor de vivir,
Un quizás suave o sufriente partir.

Enrique Momigliano
Buenos Aires, 08/04/2009

Posteado por: Enrique Momigliano | Abril 9, 2009

HASTA SIEMPRE MI CAPITAN

Nunca hablé con él cara a cara, seguramente nunca nadie le dijo mi nombre, jamás me afilié a su partido como a ningún otro y sin embargo hoy en el día de su partida, siento que se fue mi capitán. Allá por mis treinta jugué en su equipo y compartí sus sueños. También su terquedad y sus manos bravas.

Tuve el honor de escribir algunas leyes y hasta algún mensaje fundamentando su remisión al Congreso. Desde mi trinchera de la DGI en aquella incipiente y siempre amenazada democracia, la cual él puso por encima de todos y de todo y para cuya salvaguarda hizo concesiones que no siempre compartí, me jugué la vida con mi equipo avanzando contra los estafadores y corruptos quienes, revestidos de no se cómo adquirida impunidad, seguían haciendo negocios multimillonarios en perjuicio del Estado.

Avanzamos contra el “establishment” a ver si entendían de una vez por todas que un país mas justo les convenía también a ellos. Perdimos mi capitán. Los enemigos usaron la democracia para instalarse en el poder y transformar al país en una sociedad anónima por toda una década, la verdadera década infame. El Pacto de Olivos nos separó y la Alianza nos volvió a unir. Y volvimos a jugarnos en el mismo equipo. Y volvimos a fracasar.

Hoy el país me duele tanto como seguramente le duele a Usted mi capitán, ya que todavía no hemos sido capaces de demostrar aquello que “con la democracia, se come, se educa y se cura”. Medio país es pobre y el privilegio todavía reina.

Hoy es la muerte la que nos separa por algún tiempo, pero le aseguro que si me toca jugarme de nuevo, en la trinchera que el destino me asigne por el bien de mi patria, tendré muy en claro que la cinta de capitán le pertenece.

No pude y no quise ir al Congreso, no me gusta verlo vencido. Por eso lo despido desde aquí, desde mi rincón de los poetas porque los poetas somos soñadores e idealistas y nadie se atrevería a decir que Usted no lo fue.

Enrique R. G. Momigliano
Buenos Aires, 31 de marzo de 2009

Posteado por: Enrique Momigliano | Marzo 30, 2009

Los Huérfanos de Malvinas

_soldado

Se cumplen 27 años de la gesta de Malvinas y algunas heridas nunca cerrarán. Mas allá del territorio irredento, de la derrota militar, de las vidas perdidas en un conflicto que por varias veces pudo evitarse y que no se quiso hacerlo, de la sociedad caníbal que recibió en silencio y con indiferencia a sus combatientes, que les negó hasta la fecha el reconocimiento y la atención que merecen con creces, que posibilitó vía suicidios más muertes que en el propio frente, quedan los huérfanos. Los huérfanos sin voz ni voto a quienes les arrebataron sus padres sin pedirles permiso, condenándolos a crecer sin su guía, apoyo y afecto. Huérfano de padre a edad temprana conozco muy a fondo esa carencia.

Los huérfanos de Malvinas andarán hoy por los treinta, serán padres o madres a su vez, pero sin duda llevan en su corazón un vacío imposible de llenar. Pocos habrán conocido a su padre caído en las islas, ya que por la edad de los combatientes en su mayoría eran bebés. Una y mil veces se habrán esforzado por recrearlo a partir de las fotos familiares, alguna carta que pudo llegar y la memoria de sus madres, campeonas de la vida que tal como hizo la mía, acometieron con fiereza la imposible tarea de ser madres y padres a la vez. El orgullo de ser hijo de un héroe no puede disimular la falta que crecer sin padre deja en el alma.

Con los huérfanos también estamos en deuda y con cada reconocimiento que le negamos a los que pelearon y cayeron los hacemos sufrir de nuevo, a ellos a los huérfanos que no tuvieron voz antes y que tampoco la tienen ahora, que sufren – como toda la vida- en silencio.

Por eso mi recuerdo y tributo, que no es de ahora, es de siempre. Empáticamente conmovido por su situación, escribí en aquellos años la poesía que sigue, la cual ni siquiera intenté publicar frente al desalentador resultado que la conspiración del silencio había logrado con A VOS, la cual pese a todo pude entregar en mano a algunos ex combatientes.

Así que en este aniversario es tiempo de publicar mi homenaje a esas victimas silenciosas del conflicto.

NO PIDO QUE OLVIDES

No pido que olvides,
Sólo que reflexiones:
Tu padre al irse
Dejó de ser solo tuyo
Pertenece a millones.

No pido que olvides,
Sólo que perdones:
Tu padre al marcharse
Lo hizo por todos
Amando sus convicciones.

No pido que olvides,
Sólo que no llores:
Tu padre al abandonarte
Pensó en protegerte
A vos y nuestros valores.

No pido que olvides,
Sólo que pienses:
Tu padre al dejarte
Pensó en regresar
Y victoria ofrendarte.

No pido que olvides,
Sólo que sientas:
Tu padre al caer
Merece tu orgullo
Para que jamás se arrepienta.

No pido que olvides,
Sólo que sepas:
Tu padre al dejarnos
Buscaba ver tu bandera
En tierra irredenta.

No pido que olvides,
Sólo que comprendas:
Tu padre al morir
Quiso darte un ejemplo
Para que tú lo aprendas.

No pido que olvides
Sé lo que cuesta:
Yo lo he perdido
Sin tu fortuna de ser
En patriótica gesta.

Día del Padre de 1983
Enrique Momigliano
Buenos Aires 19/6/83

Posteado por: Enrique Momigliano | Marzo 16, 2009

REGENERACIÓN… Un tributo a San Clemente del Tuyú

regeneracion1

El Agua, primero el agua. Si es verdad que fuimos peces, mi ADN se encarga permanentemente de recordármelo. Nunca fui capaz de poner en palabras el placer que me invade al nadar entre las olas, o al flotar bien mar adentro. El Mar, turbulento, impetuoso, impregnándome de sal y dejándome creer que por un rato lo puedo desafiar. Distinto todos los días, me entrego a él, juego en él y guerreo en él, todo el tiempo que mi edad y el clima me van permitiendo. Me dejo limpiar por fuera y por dentro y mi aura es mas clara cada vez que el cansancio me devuelve a la orilla.

El Viento que de brisa se hace ráfaga y luego arrasa todo y vuelve a ser brisa, visitando en el mismo día todos los rincones del cuadrante. Rebelde, imprevisible, me sorprende y condiciona. Hoy sopla cálido, tanto que no deja respirar y mañana será sudeste obligando al abrigo. Papini dijo que para elevarse el hombre necesita ponerse de rodillas. El viento me hace sentir pequeño, a diferencia del mar que me acoge como a un viejo amigo, el viento me pone los limites, me muestra su territorio y como a un dios , uno le ruega que no se enoje mucho, porque sabe que su ira puede ser mortal.

La Arena, cálido refugio de mis pies, mullido colchón a la hora de la siesta, mágica arcilla de interminables juegos infantiles. Su monótono ocre invita al descanso tanto como su línea húmeda invita a caminar. Siempre ahí, siempre igual, pasiva, femenina, poniéndole limite al ímpetu del mar. Lo recibe y aplaca y le sirve de apoyo y sostén formando una pareja perfecta, en pugna constante pero necesitándose profundamente.

El Sol abrasador cuya presencia imploro a diario, solo para después jugar a las escondidas a ciertas horas con remera, sombrilla o protector. Dorador de mi piel, fortalecedor de mis huesos y tibia caricia de amaneceres y atardeceres espectaculares. Compañero de todo, nunca pude “tomar sol”, siempre vino conmigo mientras hago de todo, especialmente contemplarlo desde las aguas que para mi bien, se ocupó de entibiar.

La Visión de horizontes, amplia sin obstáculos. El paisaje es tan inmenso que nunca se abarca por completo. Y así se amplia mi mente, mi alma, mi conciencia. Todo foco se pierde porque su sinsentido se revela de inmediato. Aquellas cosas que ayer nomás me obsesionaban al punto de hacerme perder el sueño y el hambre, ante tanta inmensidad, caen de su erróneo pedestal y se pierden en su autentica insignificancia.

La Noche especialísima. Alcanzo apenas a atisbar la sensación que describen los viajeros de a camello sobre la mágica noche en el desierto. La oscuridad profunda, muchísimas mas estrellas de las que puedo imaginar y el murmullo de un mar invisible y omnipresente. Tampoco puedo describir el placer de una noche cálida, espalda en la arena, descubriendo constelaciones.

El Silencio de pueblo chico junto al mar. Aunque la temporada sea un éxito, este es un lugar tranquilo, de gente que viene a descansar, el ruido se limita a dos lejanas cuadras. Casi un oasis para un amante del silencio en una sociedad cuyo vacío interior se lo hace impedir constantemente. Empezó con aquello de la música funcional y hoy tenemos radio, música o televisores o los tres juntos en cada lugar público, incluso en los ascensores. Pareciera que el libertinaje reinante acepta y necesita una sola prohibición: la de escucharse a si mismo, para lo cual el silencio ambiental es requisito. Hay largas horas del día y de la noche donde el único ruido es el arrullo del mar. El encuentro con uno es inevitable. No siempre grato pero siempre necesario. No hay enfermedad o neurosis que no comience con la supresión de este encuentro. Y superado el dolor o la sorpresa inicial, este encuentro empieza a dar sus curativos frutos.

La Armonía como suprema expresión de la belleza. Hoy se piensa que la acumulación de cosas bellas o su exageración es más belleza, sin darse cuenta que la belleza reside en la armonía. Tanto lo bello y deseable como su ausencia, si están en equilibrio son perfectos. ¿Qué seria de dos notas sin el silencio que las separa? Pocos buscan la armonía y sin advertirlo caen en el grotesco. La armonía de este lugar la creo Dios. ¿Quién sino le cierra el paso al huracán, hace que la sudestada no inunde todo, y envía un perfecto amanecer siempre después de un espectacular atardecer? ¿ Quien sino mantiene a esta nave espacial con todos encima, viajando a una velocidad fantástica, entre miles de cuerpos celestes sin desintegrarse contra ellos? Y esa armonía divina nos inunda a todos, sin que nuestra pequeñez u obstinación puedan evitarla. Es asombroso pensar que son las mismas personas las que hoy se ayudan a armar una carpa, plantar la sombrilla o socorrerse en el mar, quienes mañana se insultarán, agrediéndose con su vehiculo en pleno centro porteño. Y ver a la criatura humana conviviendo en paz, eso si que no es poca cosa, es como para hacer un largísimo festejo.

Lamentablemente estamos tan distraídos cuando hacemos aquello a lo que nos dedicamos que el foco nos hace perder la visión de conjunto y del paraíso llamado Tierra que Dios nos entregó. Entonces creamos un infierno invivible en el que, cual gallo ciego ignoro todo y lo dejo al otro relegado al único lugar de objeto susceptible de expoliación, mientras lucho denodadamente para evitar serlo. Por eso, más que bueno resulta imprescindible ganar altura, elevar la conciencia y mirar distinto, para advertir el cuadro del que somos sólo, pero nada menos que una pincelada más. Esto que es tan difícil en Buenos Aires, es casi espontáneo e inevitable aquí, por todos los motivos que intenté torpemente bajar al papel.

Y el Tiempo se pasa e irremediablemente debo volver. Pero vuelvo sano, vuelvo limpio, vuelvo bello. Y vuelvo amando y vuelvo sintiendo, en paz con la vida y conmigo. Sólo para dejarme destruir una vez más por la despiadada sociedad que supimos construir. Para que el loco entorno vuelva a despertar mi lado oscuro, a exacerbar mis peores pasiones, a enfrentarme con mis semejantes, a recordarme al miedo y al odio como inspiradores de mis actos. A sumergirme en una locura colectiva, soportable apenas por la certeza que al cabo también de un tiempo, que parece interminable, llegará el mes de octubre y con él, mi conteo final de cada semana hasta el día de partir nuevamente a éste mi Santuario, para volver a renacer, a regenerarme.

Será por eso que hace más de treinta años que lo hago y seguramente será también por eso que lo seguiré haciendo hasta el esperado y anhelado día en que mi mal aprendida “reinserción social” no sea ya necesaria, pudiendo quedarme a mis anchas, aquí muy cerca de mí, dejando que me sorprenda el final.

Enrique Momigliano
23 de enero de 2009

Posteado por: Enrique Momigliano | Febrero 11, 2009

DUELO Y POESIA… Una trilogía para el duelo…que es cosa muy seria

DUELO Y POESIA
Una trilogía para el duelo…que es cosa muy seria

De niño me llamaban siempre la atención esos cartelitos que solían poner los comerciantes en sus vidrieras o persianas : “Cerrado por Duelo”, los que aparecían de sorpresa y no dejaban lugar a salvo. Hoy en la carnicería, ayer el taller mecánico, mañana la tintorería. “Se les murió alguien” era la parca respuesta de mi abuela y yo me imaginaba que detrás de la persiana cerrada estaban todos, menos el muerto, juntos abrazados y llorando.

Cuando volvía a abrir y me tocaba ir en la primera visita aferrado a la mano de mi abuela, me sorprendían los ojos llorosos del comerciante de turno y la inevitable pregunta: “¿Quién murió?” seguido del “cuanto lo siento” o del más formal “le acompaño el sentimiento”, expresión que despertaba mis fantasías infantiles acerca de qué significaría eso que por otra parte no osaba preguntar.

A los 7 años la muerte se llevó a una compañera de colegio, a mis 10 perdí a mi abuela, a los 13 a mi padre, a los 20 a un gran amigo suicidado, a los 28 a mi perro, a los 47 a mis mejores profesores y a los 51 a mi madre por sólo mencionar las partidas mas significativas. “El hecho que muramos de a uno no puede ocultar la verdad que todos vamos a morir” dice magistralmente Roberto Juarroz y no hay quien pueda contradecirlo. Y agrega “nacer y morir juntos como debieran nacer todos los que se aman” y en ese caso no habría duelo. Pero lo hay.

Recién con la partida de mi madre llegué a saber lo que es el duelo en toda su dimensión. Quizás por mi edad, por ser una muerte demasiado anunciada, o por haber acompañado a mi madre en todas sus etapas, esta vez el duelo me habitó, me habita todavía.

Hay cosas muy bien escritas sobre el duelo, recomiendo muy especialmente el libro de Anne Schutzenberger y Evelyn Jeufroy titulado “Salir del duelo”.

Solo voy a manifestar que, lamentablemente la sociedad da cada vez menos importancia al duelo y cada vez le permite menos al afectado vivirlo en plenitud. No existen o no se otorgan licencias laborales por duelo, si una mujer que ha perdido a su esposo guarda luto por algún tiempo – mi madre lo hizo por años- es ridiculizada por sus pares y hasta los “familiares y amigos” por su propio bien –dicen- le exigen al doliente que pare de sufrir, que salga y se divierta.

A quienes lean estas líneas, y desde el lugar del doliente les digo, casi les ruego: Dejen sufrir al que sufre todo lo que tenga que sufrir y por el tiempo que quiera hacerlo.

No se puede acortar el duelo, si uno se empeña lo único que logrará es negarlo, hecho que llevará a su diferimiento en el tiempo. Lo aprendí duramente: me tocó hacer el duelo por mi padre en una sesión de terapia 14 años después de su partida.

Y también voy a decir que el dolor que no sale mata, el dolor que sale podrá atontar, podrá conmover pero se torna inofensivo. Si no se sufre lo que hay que sufrir a nivel de la conciencia, invariablemente se lo sufrirá en el inconciente y éste está directamente ligado a los trastornos psicosomáticos, base de infartos, cánceres y otros etc. nada recomendables.

Es muy duro ver sufrir a una pareja, a un hijo, a un padre, a un amigo que está de duelo, pero lo que hay que hacer es simplemente lo que decía esa frase inentendible en mi infancia: “acompañar el sentimiento”. Si algún ser querido sufre no estoy obligado a hacer de todo para que deje de sufrir porque no soporto verlo así. Sólo debo y vaya si es difícil, acompañar su sufrimiento, ESTAR a su lado hasta que un día, inesperado por cierto, él solo, de por cumplido el proceso y empiece a caminar.

Para sentirme “acompañado” en mi dolor es que publico esta trilogía de poesías que reflejan las distintas etapas de sentires a lo largo del duelo, y que “causalmente” coinciden con las palabras de alguien, quien mucho me aprecia, me anticipó. Sus frases, que también reproduzco, son el fruto de un duelo brutal y sorpresivo que tuvo que afrontar en soledad y a una edad temprana, demasiado temprana para empañar con lágrimas.

“La muerte te tomará la mano y no te soltará por un buen tiempo, vaciándote de todo e intentando seducirte”

GRIS

Gris como mi alma gris,
triste y cerrado abrazan al bajel,
el cielo y el río de un solo pincel,
ni luces, ni sombras, solo un gris.

Ese gris infinito parece decir:
¡ por siempre quédate aquí!
y la tristeza recita sin fin:
¡ no tiene sentido alguno seguir!

Mas el navío porfiado busca avanzar,
con la lluvia llorosa bañando su faz,
cegado por el gris pretende llegar.

Ignorando la sutil y tentadora paz,
portadora de un mensaje mortal:
aquél que sugiere a mi alma un final.

©DUELO Y POESIA
Enrique Momigliano
Río de la Plata
29/09/2008

“Y la rabia te inundará, brutal y sin razón contra todo y contra todos”

Rabia y poesía son antagónicas. La poesía es belleza pura y en ella este sentimiento tan feo no cabe. Sólo el Conde de Lautrémont en sus “Cantos de Maldoror” pudo plasmar algo parecido y fundó el surrealismo. Pero la rabia es otro sentimiento disfrazado como dice aquel magnifico cuento rescatado por Jorge Bucay en que la furia se bañaba en el mismo estanque con ese otro sentimiento y por salir furiosa y apurada equivocó su vestimenta.

“Sentirás que el dolor te duele en el cuerpo y te impedirá avanzar porque no verás delante de ti camino alguno”

LA PREGUNTA

Cuando llora el corazón
sobran las palabras
y los ojos ni osan mirar.

La firmeza huye de las manos
y parecen los pasos temblar.

Cuando llora el corazón
el sentido se ha escapado
y ausente está la voluntad.

La confusión la mente ha encerrado
y la única compañía es la soledad.

Una sola pregunta viene a retumbar
¿ cómo, cuando y por donde empezar?

Enrique Momigliano
San Clemente del Tuyú
24/01/2009

“Y finalmente la muerte, la rabia y el sinsentido te depositarán en la playa de la tristeza”

VACIAS

Sabía que era batalla perdida,
y decidí lucharla igual,
jugando en ella la vida,
conociendo el seguro final.

Me levanté de cada desmayo,
y sorbí por tragos el dolor,
dormí con la angustia a mi lado,
y contemplé de frente al horror.

Fingí fé, coraje y alegría,
para poder acompañarte mamá,
en una despedida de día por día,

que hoy brinda a mi conciencia paz.
Pero que no evita mi cruel agonía
al ver, tan triste, mis manos vacías

Enrique Momigliano
San Clemente del Tuyú
26/01/2009

“Recién entonces empezarás a aceptar”

Eso espero.

11 de febrero de 2009.

Foto: L’Ultima Poesia – Flickr

Posteado por: Enrique Momigliano | Enero 16, 2009

NO ABANDONARAS A QUIEN TE AMA INCONDICIONALMENTE

manand-dog

Debería ser un mandamiento más. A lo mejor estaba en la tabla de los otros diez mandamientos que se le cayó y rompió a Moisés en “La loca historia del Mundo” de Mel Brooks. Lo cierto que violarlo es un cuasi homicidio, porque quien ama incondicionalmente si algo no concibe es que el objeto de su amor lo dañe y aun cuando ello es evidente para todos, sigue no siéndolo para él, que prefiere obstinarse en pensar que hubo un error, que fue su culpa, que va a volver, que esta confundido . Queda irremediablemente atrapado, eternamente perdido y sin posibilidad alguna de recuperación. Es, aunque siga viviendo, un condenado a muerte que sigue buscando a quien no lo merece, a quien nunca mereció su amor.

Si alguien piensa que este abandono no es un crimen, que lea el cuento que me llegó en la playa, que más que un cuento es una crónica de un encuentro real y concreto que tuve y que podría referirse a un amor humano pero se refiere a un amor mayor

LA BUSQUEDA

Se dejó caer en la arena justo enfrente de mí. Jadeando, agotado al extremo, a punto de desfallecer. Lo llamé y se arrastró mas cerca.
Sus ojos miel me inundaron de una tristeza profunda, antigua y tan real que me hizo estremecer.

Le acerqué una galleta, luego otra y otra distinta. No tenía hambre, ni siquiera las probó. Toqué sus labios con un vaso de agua, tomó un sorbo, otro y ninguno más.

Se recostó y cerró sus ojos. Lo seguí mirando, intentando contactar su alma, para que me contase la historia que lo trajo hasta aquí. Me dejé invadir por un sentimiento extraño, pródigo en pena, con toques de rebeldía y algo de interrogación. Brotaron mis lágrimas, intuyendo su destino cercano y fatal.

Me arrodillé a su lado y posé tan gentilmente como pude mi mano en su cabeza, que seguía apoyada en la impiadosa arena con los ojos cerrados. Intenté transmitirle mi paz. Retiré la mano y con los ojos aun cerrados, su mano buscó la mía. Me sintió me dije y volví a tocar su frente.

Llorando aun, se me ocurrió bendecirlo, recordando que todos estamos facultados para ello. Le pedí a Dios que le diera un hogar o que le permitiera recuperar el suyo o que le hiciera justicia la próxima vez que le tocase volver.

Se quedó dormido y yo me senté a su lado, con los ojos húmedos, reflexionando sobre el lado oscuro de la condición humana que nos lleva a cometer actos tan crueles.

Unos instantes después se irguió en sus cuatro patas, sus ojos miel se cruzaron con los míos y un hálito de agradecimiento me envolvió.
Retomó su camino buscando a los suyos, a esos suyos que hace mucho tiempo olvidaron qué se siente al acariciar su negro pelaje.

©”No abandonarás a quien te ama incondicionalmente”
Enrique Momigliano
San Clemente, 5 de enero de 2009

Foto: Man and dog, Stanwell Park - Flickr

Posteado por: Enrique Momigliano | Octubre 5, 2008

NOCHES DE TORMENTA

NOCHES DE TORMENTA

La Poesía del Amor

Tarde unos cuantos meses en encontrar otra película recomendable. El aluvión de violencia y estupidez que se ha apoderado de la pantalla grande torna cada vez más complicado seguir eligiendo al cine como entretenimiento. Y por supuesto, cuando uno olfatea que algo bueno puede esconder un título es imperioso jamás leer una critica ya que, o bien no es objetiva o esta imbuida de la misma errónea escala de valores que atormenta a nuestra sociedad. De hecho esta poesía de película fue en el mejor de los casos calificada de Buena. Había visto el corto y mi olfato de sabueso dijo: no te la pierdas. Diane Lane y Richard Gere aseguraban una estética y una capacidad actoral inmejorable, el escenario es idílico: Rodhante, un pueblito costero de Carolina del Norte USA, sacudido frecuentemente por tempestades, una casa centenaria llena de recuerdos y espíritus (la casa y la mágica playa pueden verse en el Google Earth) y un amor maduro fueron el gancho suficiente para llevarme al cine. Desconociendo la historia pero intuyendo que se referiría a segundas oportunidades a edad madura, me acomodé en la butaca, no sin antes notar que era sin duda el más joven de la sala. Hay toda una generación de canosos que evidentemente extraña las buenas películas de amor.

En pocas palabras diré que fui sorprendido y emocionado al límite. La historia es maravillosa y habla de dos temas esenciales: del fracaso como liberador y del Amor como salvador.

Desde que la serpiente tentó a Eva con la frase: “Seréis como dioses” hay que confesar que los humanos no hemos cesado de intentarlo. Y en ese demente intento hemos dejado lo mejor de la vida a un lado. Ella quiere ser la madre perfecta y El quiere ser el médico perfecto. Y en esa obsesiva búsqueda arruinaron todo. Lo digo por experiencia: no hay liberación posible de este difundido tipo de demencia más que aquella que pasa por el fracaso rotundo. La película empieza mostrándonos a los personajes sufriendo por este fracaso que es ya evidente y los sume en una dolorosa frustración.

Cada uno en su locura se encuentran por obra de esa mágica inteligencia de la Vida que siempre – créanme siempre- conspira a nuestro favor. Cada uno intenta ponerle una frontera infranqueable al otro porque quiere lidiar con su fracaso. Recién cuando este fracaso se muestra en todo su esplendor los personajes deciden exponer su lado humano. Ya no pueden con él y deciden compartirlo con el otro. Justo ahí aparece el Amor, pero ese Amor así con mayúsculas que muy poco tiene que ver con la atracción física o con la pasión (que significa dolor). El otro se hace cargo. Tal como lo escribí en “Contactar al otro, ese salto al vacío” en este blog. Se deja lastimar por el sentir del otro, se vuelve disponible, en una palabra: ESTÁ. A partir de ese crucial momento en que vencido el miedo y rota la indiferencia al sentir del otro, en el que se hicieron cargo mutuamente del dolor ajeno, el verdadero Amor es posible. “El Amor que te hace ser más de lo que sos, no menos, que te hace creer que todo es posible” como después le dirá ella a su hija adolescente “busca ese amor, porque lo mereces”.

Y ese Amor no necesita del sexo, ni de la convivencia, ni de la cercanía física para salvar, para construir, para sanar, para mejorar. A miles de kilómetros de distancia y solo a través de unas cartas los protagonistas se sostienen, se regeneran, se curan. Ambos se transforman en héroes, pero no en héroes de novela romántica capaces de hazañas memorables, sino en héroes de lo cotidiano, en portadores de la heroicidad que todos necesitamos para hacernos cargo de la propia vida, para encontrarnos a nosotros mismos y vivir en la autenticidad abandonando para siempre las locuras perfeccionistas.

“Nos salvamos mutuamente” le dirá ella al hijo de él y es la pura verdad. Un vínculo así sana y salva genuinamente.

El final cae en el lugar común de la tragedia pero debo confesar que este tipo de Amor que tiene tanto de espiritual, tanto de divino, tanto de eterno, no esta destinado a durar, a consumarse, a concretarse en este plano terrenal. Es como que hay algo en esa inteligencia de la Vida que lo quiere preservar de la contaminación humana y misteriosamente como nos fue dado nos es arrebatado.

Ejemplos propios y ajenos me lo confirman.

Imperdible. Casi les ruego que la vean y me comenten que les pareció. Para mi sorpresa mi hija adolescente fue por si misma a verla y todavía estamos hablando de ella.

Por mi parte voy a conseguir el libro para contactar la historia original.

 

Enrique Momigliano

05/10/2008

Entradas antiguas »

Categorías