ESTACIÓN

 

campo de lirios 2

 

ESTACIÓN

-

La nieve se deslíe,

cual memoria del frío,

el hielo  desparece,

en el torrente del río.

-

El sol es más tibio,

las nubes más escasas,

más blancos esos lirios.

y  brillan más las casas.

-

Es tan tenue el viento,

y los brotes tan verdes,

las aves son tantas tantas,

y el gentil aire me pierde.

-

En las flores la abeja,

dulce néctar libando,

En las plazas los amores,

al amor celebrando.

-

Es otra vez primavera,

el invierno se deshace,

y tal como siempre,

es la vida que renace.

-

Para mi nada cambia,

si oculto estas ganas,

si esta pasión mato,

por creer que son vanas.

-

Por pensar que muerto,

es más fácil la vida,

Por ceder al temor,

de traición y despedida.

-

¿Y si un año es distinto,

y voy a tu encuentro?

¿qué pasaría, Dios,

a ti, a mí, adentro?

-

Piel y sangre piden,

lo que niega la mente,

y el conflicto consume,

este triste presente.

-

Sin vida en la duda,

sin aire en el borde,

sin nadie que acuda,

al grito del desborde.

-

Primavera otra vez,

la maldigo y niego,

por tan bien socavar,

mi callar y mi ruego.

-

Que hace imposible,

el anhelo  de olvido,

¡vete ya primavera,

sin haberme vencido!

-

No sea  que tu aire,

que tanto enloquece,

al poeta gobierne,

y tu amor confiese.

-

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 21 de septiembre de 2014

Published in: on septiembre 21, 2014 at 4:33 pm  Dejar un comentario  

NO SE

December 12th, 2010 @ 09:06:42

 

 

NO SÉ

El Almirante bajó el catalejo y sonrió satisfecho. “Los tenemos” pensó con una mueca interior que denotaba confianza plena en sí mismo.

Motivos no le faltaban. Hacía más de cuatro meses que estaba en alta mar tratando de ubicar a la flota enemiga. Jalonaban su carrera naval cientos de victorias, muchas de ellas en notable inferioridad de condiciones. Él era ya una leyenda viviente. Todos los niños imaginaban un futuro heroico como el suyo, todas las mujeres suspiraban con tan solo oír  su nombre y  probablemente por ello, todos los hombres del reino lo envidiaban de un modo tenaz.

Nada de eso le importaba, él siempre iba tras una hazaña mayor.

La nave insignia que navegaba gallardamente al frente de un centenar de navíos, era una de las mejor equipadas de su tiempo y por tanto temible para todo barco enemigo que solía vibrar de terror al intuir su silueta en el horizonte.

El Almirante confiaba ciegamente en sus fuerzas, su habilidad, su barco, su flota y sus marinos. En consecuencia no dudaba ni ante la más violenta tempestad. Solían relatar en los bares del puerto que en el curso de una de ellas,  parado firme ante el timón, mientras las olas inundaban la cubierta y los rayos sacudían la velas, en tanto todos a bordo buscaban refugio seguro, él, elevando sus ojos al cielo había exclamado: “Sigue intentando Dios, esfuérzate, tú nunca podrás conmigo”.

No vaciló entonces en abalanzarse sobre la flota enemiga con todo su poderío, una vez más. Y como ya había devenido costumbre, tras una larga y muy cruenta batalla, alcanzó una nueva y resonante victoria.

Atrapado el suculento botín, torció rumbo y comenzó el regreso de la flota al puerto de origen.

Durante el plácido viaje a casa, su mente no lo dejó en paz, presentándole imágenes cada vez más nítidas y fastuosas del esperable desembarco victorioso. A fin de ayudar al cumplimiento de su anhelo, envió adelantada a la embarcación más veloz de la flota, con el siguiente mensaje: “Enemigo derrotado completamente. Regreso a puerto con escasas bajas y amplio botín”.

¡Imaginó la gloria absoluta! Vio al Rey con la mismísima Reina, poco afecta a los actos oficiales, de pie, en el puerto esperando su llegada.  Atisbó en su mente al pueblo costero totalmente embanderado, a las más bellas mujeres arrojando flores a su paso y a los pescadores saliendo en sus barcas al encuentro de la flota.

En estas ensoñaciones, el Almirante seguro de si mismo, con su leyenda agigantada y saboreando en forma anticipada, su bien merecida gloria, navegó el mes que tardó en llegar a puerto.

Para su desdicha, los hechos no acompañaron sus sueños, ni siquiera mínimamente.

Entró a puerto una mañana de sol en la que fue recibido por los muelles desolados, un pueblo desierto y los botes pesqueros prolijamente fondeados.

¡NADIE, NADIE, NADIE, salió a su encuentro!

Tanto había esperado, imaginado y acariciado ese momento, que el deseo dio paso a la decepción y ésta a la indignación, en forma casi instantánea y brutal.

En un último intento desesperado, lanzó una salva de cañones y esperó alguna respuesta.

¡NADA, solo el silencio impenetrable!

Bajó a tierra el Almirante, hecho una furia, sólo para comprobar que todos huían de su presencia, ni bien la advertían.

Tan solo el loco del pueblo se plantó haciendo morisquetas ante él y entre acrobacias cantó:

“El Almirante victorioso llega,

y sueña con gran recibimiento,

no sabe que la peste anega,

familia y amigos con sufrimiento”

El viejo marino detuvo sus pasos, abrió grandes sus iracundos ojos e inquirió a los gritos al loco del pueblo: “¿Qué dices, pero qué dices?”

Nada coherente podía esperar por respuesta. Se dirigió a su casa a grandes zancadas, solo para comprobar, con sumo dolor que la canción del loco hablaba verdad. En su ausencia, la peste había golpeado con fuerza al reino y toda su familia, tanto como sus mejores amigos, hacía tiempo que estaban muertos.

El Almirante se derrumbó. De nada le había valido su victoria, ya de nada le servía ser una leyenda. Bramó, insultó, perjuró, blasfemó y lloró, lloró y lloró.

Todo aquello en que había creído firmemente, todo aquello por lo que había luchado con tesón toda su vida, todo le pareció de repente, pura vanidad.

Perdió en un solo instante todos sus anclajes, toda su fe, todas sus certezas.

Y se entregó a la duda, como un barco a la deriva en alta mar.

Orate, se lo ve, entre la bruma del puerto, caminar los muelles día y noche, con vacilante paso, muy sucio, sacudiendo la cabeza y emitiendo, cada tanto un gruñido, que los niños que ahora se ríen de su aspecto y de su eterno duelo, tradujeron por “No sé”.

Enrique Momigliano

San Clemente del Tuyú, 20 de agosto de 2014

 

Silvia Susana Consolino, fundadora y directora del Taller Literario EL PRINCIPITO desde hace 14 años en San Clemente del Tuyú, a quien me llevara mi pasión por conocer más de la historia de esa amada zona, no deja de sorprenderme. Y mucho más aún me sorprenden  las cosas que escribo, cada vez que me entrego a su conducción.

El cuento que antecede es una parábola sobre la soberbia y la vanidad, que no siempre ataca a seres vacuos, sino que también suelen ser víctimas insospechadas de esas enemigas del alma, gente con mucho mérito, con mucho esfuerzo, con demasiados triunfos en su haber. Hasta los monjes suelen sucumbir a ellas. En este último caso, el principio de obediencia y la sagacidad del abad hacen lo suyo. Me contaba un monje amigo que el premio que recibió del abad luego de una exitosísima y difícil gestión, nada menos que en Roma, fue el hacerse cargo durante un mes de la limpieza del establo.  Extramuros, no tenemos tanta suerte y a veces con sobrados argumentos “nos la creemos” o nos engreímos, para decirlo correctamente. Ante la falta de abad, es la propia vida que nos prepara el balde de agua helada, del tamaño adecuado a nuestra vanidad, para devolvernos a nuestra real dimensión de seres humanos, vulnerables, frágiles y pasajeros. Somos parte de la creación, a veces una parte distinguida, venerada, meritoria y envidiada, pero parte, tan solo parte, nunca el centro y son nuestras debilidades, nuestras carencias y finalmente nuestra mortalidad las que nos hermanan con las otras partes, quizás oscuras, quizás ignoradas, quizás segregadas y despreciadas.

En ocasiones el dolor de la caída nos hace recapacitar y comenzamos a transitar el camino de regreso a la virtud de la humildad. En otras, lamentablemente, el baldazo es demasiado fuerte, la caída demasiado dura y nos derrumba como al Almirante, respecto de quien ignoramos si al cabo de un tiempo recuperó la cordura. Pero nunca duden de su llegada, a veces tarda, pero siempre llega.

La sorpresa que Consolino nos tenía preparada fue que la consigna, en esta ocasión, consistió en escuchar unos minutos de música y estar atentos a qué palabras la propia música nos sugería. No se trataba de pensar, sino de estar atentos para descifrar si la música traía imágenes y ellas palabras. No nos fue revelado el título de la partitura ni su autor y se trató de tramos cambiantes. En mi caso reconocí al último como el doloroso Intermezzo de la Cavalleria Rusticana de Mascagni.

Contra mi expectativa, las imágenes fueron clarísimas y la sucesión de palabras que transcribo me regalaron completo mi cuento. La imagen central era un barco antiguo, un galeón navegando en el mar, batalla, victoria, navegación más tranquila, pena, duelo, inseguridad, duda, miedo y no sé. Hasta el título vino. El único que no apareció en ningún momento fue el protagonista. Ni falta que hacía, era yo mismo y como siempre soñé con ser Almirante, me vino de perillas. No tengo que hurgar demasiado en mi camino para reconocer que la batalla contra la soberbia me ha llevado años y he debido empeñar mis mejores esfuerzos para que no me domine.

Pero ahí no terminan las sorpresas. Cuando concurrí al taller del miércoles siguiente, me senté casi enfrente de donde me había sentado al escribir este cuento. Ahí fue que tome conciencia que en la reunión que NO SE me llegó, estaba sentado delante de una maqueta de un galeón antiguo, tal como el que vi, con los ojos bien cerrados, durante toda la consigna musical. Como estaba a mis espaldas, nunca posé mi vista en él y al cabo de la reunión me fui sin verlo.

Y por si todo esto no bastase para el asombro, a mi vuelta a Buenos Aires, debí profundizar a un poeta que admiro como es Hugo Mujica y conduje dos hermosas reuniones del café literario de la Biblioteca Popular Alberdi sobre sus escritos. Ayer, 13 de septiembre tomo conocimiento que su nuevo libro de ensayos se titula precisamente: El saber del no saberse.

Sabemos tan poco del cerebro, menos aun de la mente que ni siquiera la vemos y casi nada del espíritu, que se supone dirige a los otros dos. Me parece que a esa “conspiración de invisibilidades” como las llamaba Alejandra Pizarnik, las consignas de Silvia Susana Consolino, le hacen muy hábiles trampas, para que dejen de jugar a las escondidas y se expresen de una vez.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 14 de septiembre de 2014

Escuchen a Pietro Mascagni y déjense sorprender por lo que escriban……..si se animan.

Published in: on septiembre 14, 2014 at 6:45 pm  Comments (1)  

UN RATO

hombre con flores

 

UN RATO

-

Amor de a ratos,

que llega, alumbra,

enciende y se va.

-

Amor de a ratos,

que siembra alegre,

esperanza mía.

-

Amor de a ratos,

que espanta muerte,

que restaura  vida.

-

Amor de a ratos,

viento inasible,

fuego  siempre fugaz.

-

Amor de a ratos,

estoy detenido,

de tanto  aguardar-

-

Si quizás supieras,

amor de a ratos,

que por ti vivo yo.

-

Quizas  tú quisieras,

amor de a ratos,

quedarte esta vez.

-

Entonces verías,

amor de a ratos,

que tú quieres también.

-

Que esta luz dure,

amor de a ratos,

toda nuestra edad.

-

Ya nunca serías,

amor de a ratos,

sino amor veraz,

-

Mas si tú no puedes,

amor de a ratos,

y decides marchar.

.

Nunca  te olvides,

seguir regalando,

amor de a ratos.

-

Ni jamás tú pienses,

quitar al poeta,

amor de a ratos.

-

Pues él se aferra,

y te cree eterno,

amor de a ratos.

-

Por eso te canta,

te vive y sueña,

amor de a ratos.

-

Que no le importa,

quien te entretiene,

amor de a ratos.

-

Tan solo él pide,

que tú siempre vuelvas,

amor de a ratos.

-

Es feliz con sentír,

si morir asusta,

amor de a ratos.

-

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 10 de septiembre de 2014

¿Tendrá que ser pirata el amor para gustar? ¿O necesariamente de a ratos? ¿La convivencia realmente lo mata? Nuestros ancestros forjaron una sociedad de gente acompañada y sola, desamorada. ¿Estarán nuestros descendientes forjando una sociedad de gente sola pero enamorada?

Published in: on septiembre 10, 2014 at 2:53 pm  Dejar un comentario  

PARIS DE FIESTA

torre-eiffel2

 

PARIS  DE FIESTA

-

Paris era una fiesta,

exclusiva para dos,

su negra torre enhiesta,

conmovida por tal voz.

-

De poetas enamorados,

que han osado  despertar,

al viejo Sena encantado,

con el ritmo de su rimar.

-

Y Sacre Coeur los bendice,

su alba cúpula ve rajar,

pues sin profeta que predice,

al Amor logra ver reinar.

-

Abrieron el cementerio,

de Montparnasse de par en par,

y bailan los poetas serios,

que allí han dado en habitar.

-

Brilla de El Lido su farol,

cede el desnudo su lugar,

es que hay un cambio de rol,

poemas se oyen declamar

-

En Notre Dame  caos reina.

las gárgolas saben vencer,

cuando a Esmeralda gana,

el Jorobado con su leer.

-

Hacen huelga las putas,

pues celebran el Amor,

y abandonan por las rutas,

su triste ancestral dolor.

-

Los cafés están repletos,

de sonrientes parroquianos,

con volúmenes repletos,

de poemas en las manos.

-

Nadie imagina el motivo,

de desorden semejante,

que inconsciente colectivo,

logró poner de tal talante.

-

No saben que esa noche,

en buhardilla tan fría.

este Rodolfo  fantoche,

amó a Mimí que reía.

-

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 2 de septiembre de 2014

 

Me resulta imposible pensar París, que no conozco y no muero por conocer, sin recordar esta aria de la ópera La Bohéme de Puccini, que escuchara muchos domingos en mi casa natal, cuando niño. Las tres respuestas a sus propias preguntas de Rodolfo, para presentarse a Mimí son esenciales y me identifican.

¿Quien soy?

Soy un poeta

¿Que hago?

Escribo

¿Como vivo?

Vivo.

Published in: on septiembre 2, 2014 at 1:28 am  Comments (3)  

DESEO FINAL

deseo final

 

DESEO FINAL

 

Deseaba verla de nuevo. Necesitaba hacerlo. Ese deseo era el precio que le había cobrado a la ingrata vida, por no ceder. Una vez más, Juan, acorralado por una situación inmanejable, había dejado vencer a la razón. ¿Hasta cuando lo haría? ¿Hasta cuando preferiría una cómoda infelicidad a una apuesta riesgosa que tanto podía arrojarlo al abismo como hacerlo sentir vivo, después de décadas? Imposible saberlo.

Una vez, tan solo una, para decir adiós con la mirada, adiós con y desde el corazón, un adiós en silencio.

Era tiempo de partida, de bolsos llenos y baúles listos, de gas cortado y cerrojos puestos. Su tiempo en ese pueblo fantasma había expirado, su retiro tocaba a su fin, su propósito que lo había conducido hasta ahí y hasta ella, estaba más que cumplido.

En medio del trajín de esa mañana, cada tanto Juan se ausentaba de lo que hacía y rememoraba paso a paso cada encuentro de esos extraños días. ¿Buscando qué? ¿Acaso necesitaba más pruebas? ¿Para convencerse? Y una vez convencido ¿hacer qué?

Ella lo amaba. Y Juan lo sabía. Se lo habían revelado las miradas, sus excusas para verlo, la dulzura de sus gestos y sobre todo, la energía que irradiaba ella en su presencia.  Pero había más.

Cada vez que Juan cerraba sus ojos para ingresar a ese mundo del que nada sabemos, el de los sueños, ella aparecía a su lado, sonriente, radiante, cálida. Juan la resistía, necesitaba descanso. Por un tiempo, hasta que se entregaba y se dejaba abrazar por ella para dormir definitivamente acompañado. Y se despertaba a la mañana siguiente sin ningún rastro en el alma que hiciera suponer su solitaria noche, en una gélida cama de un cuarto helado. La amplia sonrisa que lo recibía en el espejo delataba una madrugada de amorosas delicias.

Ella sabía como hacerlo. Juan ni intentaba averiguar su método, sabía demasiado acerca del espíritu como para dudar que su presencia nocturna fuese algo menos que real. Y había vivido el proceso completo. Las primeras veces lo sorprendió, luego le divirtió, después lo disfrutó y finalmente cayó en la cuenta que de día, cuando las ocupaciones de ambos diferían en tiempo y lugar, la extrañaba desesperadamente. Así fue que empezó a apurar las horas para que llegase el momento del encuentro en el sueño. Llenó sus días de actividad para no pensarla. Y sus días se llenaron de inquietud: ¿y si esta noche no viene? ¿qué sentiré si me quedo solo de verdad?

Pero ella venía y Juan hasta comenzó a hablarle, a recibirla, a dejarla hacer. Una mañana la sonrisa no lo recibió en el espejo, en su lugar advirtió una mueca de angustia. Dudó de su cordura. ¿Culparía a la tormenta que lo aislara por días? ¿Culparía a su misión que tanto le angustiara? ¿Culparía a la soledad acusada de ser pésima consejera?

No por extraño, cabía calificar al dilema en el que la vida lo había metido, de novedoso. Bien lo conocía él. Llevaba nada menos que quince años acarreando uno similar. El deber o el deseo. La razón  o el corazón. ¿Los acumulaba acaso? ¿Estaría condenado a la repetición?

Este dilema, sin embargo, más arrollador, más carnal, mas sorpresivo, era más factible de resistir. Sencillamente porque no soportaba el menor análisis. A poco de mirarlo, sonaba a locura completa. Ello lo tranquilizó. Conocedor del terreno como pocos, se dio cuenta que era mucho más fácil ponerle fin.

No fue sin dolor que cortó la cuerda, no fue sin dolor que esquivó el oasis del desierto del desamor, no fue sin dolor que se propuso partir del todo, llevando consigo el trozo de corazón que pugnaba por quedarse en el pueblo. Pero lo hizo. A cambio del deseo, de ese loco deseo de verla de nuevo.

Tres veces abordó el auto cargado y tres veces encontró la excusa perfecta para no arrancar. Olvidos, dudas obsesivas, ridículos extravíos. Dos horas más tarde de la hora prefijada, finalmente encaró el camino de regreso.

Modificó Juan su ruta de salida para pasar por su casa, quizás estuviera en la puerta. Antes de llegar a ella, la vida cumplió.  Ella caminaba por la acera sonriendo, con un hijo en brazos, el otro de la mano y un excelente y amoroso esposo hablándole cómplice al oído.

Juan no hizo, no pensó, ni dijo nada; solo aceleró.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 30 de agosto de 2014

Hace siglos lo dijo Calderón de la Barca en la inolvidable voz de Segismundo: la vida es sueño y los sueños, sueños son. Tan real o irreal una como el otro.

 

Published in: on agosto 30, 2014 at 10:03 pm  Dejar un comentario  

MENTIRA

Phil, Jorge y Xabier

 

MENTIRA

-

Es mentira la pelada,

Son las canas engaño,

y esa panza abultada,

puro cuento de los años.

-

Mi corazón los conoce,

y mi alma no inventa,

son el niño que aparece,

si la vida nos encuentra.

-

No le creo a la tristeza,

y me río de la muerte,

al confiar en su nobleza,

y ser con ellos tan fuerte.

-

Para gritar que es verdad,

el brillo que da a la vida,

la bien nacida amistad,

en feliz niñez compartida.

-

Enrique Momigliano

Buenos Aires, Día del Niño 2014

Published in: on agosto 10, 2014 at 12:45 pm  Comments (1)  

VER A UN AMIGO LLORAR

abrazo_de_oso

 

VER A UN AMIGO LLORAR

-

Ver a un amigo llorar,

es sentir al alma desfallecer,

porque uno no puede hablar,

porque uno no quiere saber.

-

Ver a un amigo llorar,

es creer de Dios el lado peor,

porque uno no deja de temblar,

porque uno no carga tal dolor.

-

Ver a un amigo llorar,

es pensar inútil todo amor,

porque  es incapaz de consolar,

porque es imposible perdonar.

-

Y sin embargo,

con el tiempo,

uno entenderá.

-

Que ver a un amigo llorar,

es la mejor prueba de amistad,

porque nos eligió para aflojar,

porque vio en nos seguridad.

-

Que ver a un amigo llorar,

es ver la desnuda humanidad,

porque a todos ha de tocar,

un día mostrar debilidad.

-

Que ver a un amigo llorar,

es cuando más cerca lo tendrá,

y  si  a su lado sabe estar,

toda la vida  lo amará.

-

A los que vi llorar

A los que me vieron llorar

Enrique Momigliano

Buenos Aires, Día del Amigo 2014

Ese fantástico juglar belga que fue Jacques Brel es el autor de esta bella y atípica canción que se titula  VER A UN AMIGO LLORAR (Voir un ami pleurer) en la que nunca dice que le pasa cuando eso sucede, simplemente se queda sin palabras. Se limita en la canción a enumerar una serie de calamidades globales y particulares que hacen a la vida en este mundo y da a entender que ninguna de ella se equipara al dolor de ver a un amigo llorar. Brel era un genio y pudo decirlo así, a mi me salió tan solo contar mi experiencia en el tema, bajo el mismo título.

Published in: on julio 20, 2014 at 12:05 am  Comments (3)  

NEGRA

En Fundación CHICHOS suceden cosas extraordinarias todos los días. Cada vez que paso por allí me parece entrar en otra dimensión, salir de una vida anestesiada que me acompaña día y noche e ingresar en un lugar donde a cada paso me topo con lo peor y lo mejor de la humanidad. Hiervo de indignación y al paso siguiente me sorprendo con actos de amor sin parangón. No es extraño que  unos OVNIS hayan decidido visitarlos en varias oportunidades, es un lugar único que no tengo palabras para describir. Solo puedo recomendarles que vayan a conocerlo y que vuelvan y que estén en contacto sobre lo que ahí se vive cada día.

No cualquiera puede estar todo el día, todos los días, en contacto con tantas emociones fuertes sin agotarse, sin enfermarse y ello sin tener en cuenta el duro trabajo de atender a tantos perros, la mayoría enfermos gravemente o discapacitados, con siempre escasos medios, indiferencia oficial, en un clima riguroso tanto en invierno como en verano.

Y suceden milagros. Rita con dos patas quebradas, operada varias veces que viene a recibirme corriendo. Chiqui que tiene nada menos que 19 años y  me sigue por todos lados. Los ciegos que me reconocen. Reyna operada un montón de veces de un intestino que se le sale, que se me duerme en la mano cuando la acaricio y me corre a mil con sus dos patas sanas.

Y suceden bajezas. Muchos perros adoptados que luego se encuentran en la calle abandonados nuevamente. Las adopciones fracasadas y el reingreso. Las muertes súbitas e inexplicables. Los robos. Los ataques. Los abandonos de cachorros en la puerta. El ingreso de perros lastimados por el hombre. Los atropellados, los maltratados, los amputados.

Probablemente un ejemplo para tomar de síntesis que nos conmovió a todos profundamente por su enseñanza imprescindible que , tal como cantaba Tanguito, “pero el amor es más fuerte”, sea la de NEGRA.

Fue una perra negra, común, del montón, que ingresó al refugio por maltrato. Mucho le costó a las mujeres a cargo poder acercarse a ella. Había estado embarazada hacía poco, tenía leche en las mamas pero sus cachorros no estaban con ella.  Al tiempo abandonaron otros cachorros y ella, siguiendo su instinto maternal, no tuvo problema alguno en hacer de nodriza y alimentarlos. Su amor pudo mucho más que su justificada agresividad.

Hacía como un año que vivía en el refugio y cada vez que la miraba me resultaba imposible no reafirmarme en mi creencia que los perros son más evolucionados que los humanos. Sufría el contraste entre la perra agresiva que amamantaba cachorros ajenos y la adolescente soltera que abandonaba al fruto de su entraña en la basura.

Ayer nos dejó, se quedó dormida en su cucha en una noche de invierno. Se fue sin ruido, sin urgencias, sin veterinario. Probablemente cansada de habitar entre nosotros, estos duros humanos que no aprendemos, que descargamos nuestra frustración y angustia existencial maltratando animales. Nos queda su lección, la que trajo sobre el amor, una perra negra, común, del montón.

NEGRA

-

Supiste del duro maltrato,

del triste maldito humano,

quien osó lastimar ingrato,

tu inocencia con su mano.

-

Aun así tu conservaste,

innata perruna nobleza,

amor con amor tu pagaste,

nodriza de suma grandeza.

-

Ayer te rendiste dormida,

en cucha de postizo hogar,

sabedora que en esta vida,

nada te resta por enseñar.

-

Dos ángeles guían tu vuelo,

Amor y Piedad son sus nombres,

mientras en total desconsuelo,

¡Perdón! te rogamos los hombres.

-

Enrique Momigliano.

Buenos Aires, 17 de julio de 2014

Published in: on julio 17, 2014 at 12:39 pm  Comments (1)  

REVISTA ARTemporal

Foto Paola Palacios Robles

Foto Paola Palacios Robles

REVISTA ARTemporal

Pienso que aun no nos hemos dado cuenta de la revolución mundial que está teniendo lugar en nuestras narices. Y así como el pez que pregunta por el océano porque no lo ve al estar inmerso en él, nosotros seres humanos no hemos terminado de ver la magnitud de la transformación que está teniendo lugar al conectar vía la red global a seres que antes de ella no tenían la más mínima posibilidad de conocerse.  Como tampoco percibimos que es lo que puede suceder al poner tanta información al alcance de tantos, sin fronteras ni límites de edad, sexo o religión. Por supuesto, los que ni siquiera empezaron a darse cuenta son los líderes, cuyo margen de manipulación se ha reducido drásticamente.

No pienso elaborar un ensayo en este espacio, simplemente quiero traerles un ejemplo.

Hace un tiempo mis poemas fueron leídos por una joven mexicana de nombre Paola Palacios Robles. A través de la red intercambiamos lecturas y música y llegué a conocer su dominio del arte fotográfico.

Ella a su vez estaba relacionada con una joven escritora peruana de nombre Karem Fernández Dávila Barahona, también lectora de este blog y que acaba de presentar un profundo libro que pronto comentaré por aquí, titulado Amargo Café, el cual tuvo la gentileza de enviarme desde Arequipa. Conversando con ella descubrimos gustos literarios similares y una desbordante pasión por la misma poetisa: Alejandra Pizarnik.

Ambas confeccionan en la red una revista de arte a la que pusieron por nombre ARTemporal y que lleva cinco números publicados. Lo hacen con sumo esmero y cuidado por la belleza, valor esencial de la poesía.  Soy lector y admirador de dicha obra.

Pues hoy, autorización mediante, me dieron una de las sorpresas más lindas de mi desempeño como escritor. Esperaba ver la mera cita de algún poema mío y en cambio me encontré con un espacio dedicado y embellecido por las fotos de Paola.

Este viejo poeta se quedó sin palabras y sin aliento. Me vi de repente incluido en un canto a la belleza, pasé de observador a observado, de espectador a actor y simplemente me inundó la emoción y la alegría.

Gracias Paola y Karem por este regalo y gracias a la revolución silenciosa que permitió conocernos.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 26 de junio de 2014

IR AL SIGUIENTE LINK PARA VER LA REVISTA

http://madmagz.com/magazine/362608#/page/1

Published in: on junio 26, 2014 at 10:14 pm  Comments (2)  

AQUEL CATORCE-SEIS

Encuentro generales Menéndez y Moore 14-6-1982, casa del gobernador en Malvinas

Encuentro generales Menéndez y Moore 14-6-1982, casa del gobernador en Malvinas

 

AQUÉL CATORCE-SEIS

Ninguna derrota tiene padres y casi nunca poesías. Mucho menos sus caras. Sé que no ganaré amigos con esto, pero nadie debería escribir para ello. El escritor escribe por necesidad interior y afronta las consecuencias. No soy amigo del general Menéndez, en realidad no tengo amigos generales y jamás empuñé un arma. Coincidí con él en una vigilia en San Andrés de Giles, nos presentaron, hablamos brevemente, se llevó mi libro y le mostré la foto que me regalara mi amigo, el soldado de artillería Marcos Falcón. Unos meses después se frustró un reportaje que le iba a efectuar para Bahianoticias com, pero la mera posibilidad del mismo me llevó a investigar a la persona y su actuación. Nunca más lo vi ni hablé con él y el frustrado reportaje lo terminó realizando C5N.

Ahí tomé conciencia que él, en casi absoluta soledad y enfrentando el criterio de sus superiores, hasta del propio presidente, había sido quien, aceptando una razonable oferta del enemigo, había sido el responsable del cese del fuego en Puerto Argentino. El primer acto lógico y salvador de miles de vidas de la locura que se había apoderado del tema Malvinas, tras la eufórica plaza del 2 de abril de 1982.

Una cosa era realizar una demostración de fuerza, una toma incruenta del territorio para destrabar unas negociaciones estancadísimas y otra era pelearse, en plena guerra fría, contra toda la OTAN. Del acto justo y necesario a la total locura existió aquella plaza de distancia.

El canciller Costa Méndez le había vendido varios buzones a la Junta Militar, pero ésta había tenido múltiples oportunidades para volver al camino racional. Aceptar la resolución 502 de las Naciones Unidas, hubiera sido uno de ellos. Pero hubo otros momentos en que el entorno político del presidente frustró acuerdos prácticamente sellados por el canciller y Alexander Haig, el negociador enviado por EEUU. Mientras la diplomacia fallaba, los soldados morían.

En la asunción del 7 de abril de Menéndez como gobernador de las islas, asistieron  personalidades de todo tipo: el doctor Favaloro, los sindicalistas Ubaldini, Baldassini y Triacca, los políticos Bittel del PJ y Abelardo Ramos del FIP, representantes corporativos como Gutierrez de la Sociedad Rural y gente de la Unión Industrial. El 14 de junio el gobernador, transformado en comandante, estuvo solo, después y hasta hoy, también.

Una cosa es arriesgar hasta ofrendar la vida por la patria y otra muy distinta es inmolarse en una lucha sin sentido. Durante muchos años pensé que esto último es lo que nuestra sociedad le demandaba al comandante.  Sin embargo, fue mucho peor. Alentados por la propaganda y la cultura del football, que estaba en auge, por coincidir esos aciagos días con el mundial del España, lo que realmente pedían es que el general derrotado se suicidase, tras haber llevado al martirio por la patria a toda la tropa. Una absoluta y total locura. El general es responsable por la vida de sus soldados y solo debe arriesgarla cuando existe la posibilidad de una victoria. Y para él mismo, como el tiempo se encargaría muy bien de demostrar, el suicidio era el camino fácil, el difícil era volver, dar la cara y todas las infinitas explicaciones que todo el mundo le pediría.

Por ello, la poesía que sigue no es un homenaje a la persona sino a la luz de racionalidad de su acto de aquél catorce seis, que salvó la vida de miles de soldados e isleños inocentes. Me tomé la licencia, los poetas siempre lo hacemos, de pintar la escena marco de esa bendita decisión, tanto exterior como interior, basándome en palabras del propio comandante contenidas en videos públicos y en el libro MALVINAS, Testimonio de su Gobernador, que arresto le costara, escrito por Carlos M. Túrolo, cuya primera edición de Ed. Sudamericana de agosto de 1983, conservo conmigo.

Necesité hacerlo en este catorce seis, también teñido de distracción futbolera, 32 años después, mucho más por mi propia conciencia que en defensa del protagonista, mucho más por nosotros, jueces colectivos de cómoda poltrona, tan prestos a embarcarnos en locuras colectivas, que por aquéllos jóvenes hundidos en pozos de zorro, cuya preciosa vida, éste acto tan necesario como doloroso, salvó.

Acompañan a este escrito la foto del encuentro en un pasillo de la casa del gobernador entre los dos generales enfrentados, Menéndez y Moore, la foto del acta de la rendición CONDICIONAL de las fuerzas argentinas ubicadas en ambas islas y un video que contiene el audio de la tensa conversación final entre el comandante y el presidente.

AQUÉL CATORCE SEIS

-

Cuenta treinta y seis horas sin dormir,

y la tensión sufrida no lo deja comer,

recostado en el piso siente el día venir,

con las cargas que tan cerca oye caer.

-

Si gélida es la mañana que llega,

peores son las noticias que sabe,

como la nevisca que todo lo anega,

el dolor ya en el pecho no cabe.

-

Cierra sus ojos por un instante,

y el  sonoro cañón le hace recordar,

a su familia hoy tan distante,

sostén de su larga carrera militar.

-

Le parece ver un azul claro cielo,

unido al temor del salto primero,

ante la abierta puerta en pleno vuelo,

cuando por paracaidista fue mochilero.

-

Y el riesgo del monte tucumano,

al que fue por constitucional gobierno,

para detener los golpes de mano,

de errados sembradores de infierno.

-

Más clarea y con ojos abiertos,

sus recuerdos se vuelven recientes,

la asunción en eufórico puerto.

con tantas personalidades presentes.

-

La visita del propio presidente,

alertando  encontronazos posibles,

solicitando un resistir valiente,

para hallar diplomacia factible.

-

Y aquél fatídico día de mayo,

para muchos de fuego bautismo,

en que el bombardeo sin desmayo,

abrió en par la puerta del abismo.

-

La tropa pasa de quinientos a miles,

la ocupación en guerra se convierte,

el cielo nubla de aviones y misiles,

y los barcos se cubren de muerte.

-

Se incorpora y dirige al comando,

para recibir solo malas noticias,

el enemigo ha seguido avanzando,

y queda poco espacio y milicia.

-

Habrá seguramente sopesado,

de ayer la más dura experiencia,

de ocho quirófanos armados,

operando en simultánea urgencia.

-

Sostiene entonces con el presidente,

tenso diálogo áspero y frío,

que se interrumpe bruscamente,

y lo deja solo con su albedrío.

-

Unos días resistir le pidieron,

cuarenta y cinco hubo resistido,

y los últimos diez solo fueron,

por comida de barco de heridos.

-

En su alma el desconcierto reina,

Clausewitz viene en su ayuda,

“El que en batalla perdida se empeña,

injustificadas bajas  acumula.”

-

El enemigo salida le brinda,

con llamado que oportuno vino,

propone un cese de la contienda,

y evitar una matanza sin tino.

-

El insomne y fatigado militar,

sabe que todos, todo han dado,

sin munición ni batalla que dar,

con dolor acepta estar derrotado.

-

Todavía esbozará resistencia,

al imponer al cese condiciones,

y exasperará del inglés la paciencia,

conservando mando de tropa y pabellones.

-

Con la noche envolviendo Malvinas,

llegará el adversario general,

y se ahogará la ilusión argentina,

en una tachada acta formal.

-

El bien sabe que no le aguardan,

ni aplausos, ni fanfarria ni honores,

que sus propios jefes lo esperan,

con preguntas, indiferencia y sinsabores.

-

Sin embargo abriga en su pecho,

el orgullo de la misión cumplida,

y aunque pocos agradezcan lo hecho,

priorizó de sus soldados la vida.

-

No resulta nada sencillo,

ser de la derrota la cara,

y vivir lejos de todo brillo,

en un pueblo que culpa e ignora.

-

Ni soportar el reino de venganza,

que por negar al enemigo justicia,

inclina adrede el fiel de la balanza,

y roba a sus nietos las caricias.

-

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 14 de junio de 2014

Acta de rendición condicional de las fuerzas argentinas en Malvinas

Acta de rendición condicional de las fuerzas argentinas en Malvinas

 

 

OLVIDO

pelota del mundial

 

OLVIDO

-

Olvidarás la pobreza,

y al hermano sufriente,

Olvidarás tus riquezas,

y a tu vida pudiente.

-

Olvidarás al corrupto,

al infame al ladrón,

Olvidarás todo el fruto,

de tu vil producción.

-

Te sentirás hermano,

del hincha a tu lado,

y le negarás tu mano,

cuando sea terminado.

-

Te sentirás victorioso,

si en la justa ilusoria,

festejes tan glorioso,

un gol para la historia.

-

Serás una camiseta,

del combate fingido,

y cantarás patriota,

el himno bien erguido.

-

Orgulloso en el éxito,

humillado en ocaso,

delirarás en el grito,

explicarás el fracaso.

-

Y al punto que acabe,

la magia tan fingida,

volverás, ya se sabe,

a tu triste  insulsa vida.

-

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 12 de junio de 2014

Magia por magia, olvido por olvido aunque me traiga malos recuerdos por partida doble, me quedo con la italiana.

Published in: on junio 12, 2014 at 4:00 pm  Comments (1)  

LEJOS

La última luna de invierno y el faro de Claromecó. Foto: DINA MILLENAAR

 

 

LEJOS

a Claromecó

“Cerca y lejos no existen, los crea la ternura, como el mar crea la playa con sus sabias mareas”, dice una excelsa poesía vertical del temperliano Roberto Juarroz. Y justamente es una playa la que se ocupa de recordármelo cada tanto: Claromecó, distante 600 km de mi hogar.

Lejos y cerca, lejos de mi y tanto que ver conmigo, apenas sujeto de visitas breves y tan trascendente en mi camino. ¿Habrá, tal cual canta Sergio Endrigo, una distancia de los ojos y otra muy distinta del corazón? Lo único que puedo asegurar es que Claromecó aún viaja conmigo.

Los extremadamente racionales, las mal llamadas mentes brillantes, solemos ser soberanamente torpes en cuestiones sentimentales. Mi historia en ese campo lo comprueba sin duda, no es más que un largo rosario de desengaños, historias mal cerradas, heridas involuntarias, decisiones equivocadas y elecciones pésimas. El saber que nadie es perfecto es poco consuelo para tanto camino errado.

Allá por 1979 y saliendo de un desengaño amoroso feo, vaya a saber porqué, coincidiendo con un feriado largo por la fecha patria de mayo, invité a mi madre a probar mi nuevo auto en un viaje sin rumbo, que acabó en Claromecó, esencialmente por fatiga del piloto. Había hecho lo sugerido por una canción de moda, que decía que un día iba a tomar la ruta 3 y parar donde le viniese en gana. Así lo hice y terminamos hospedados en un hotel sobre la calle de entrada, el único abierto por otra parte, en medio de una tormenta feroz. La lluvia arreció los tres días que permanecimos ahí, de modo que nuestros paseos fueron breves y hostiles. Si bien pudimos vislumbrar la amplia playa con sus antiguas casas de madera, construidas como balcones sobre el mar, apearse era una tarea de corajudos. No solo el viento amenazaba con despeñarlo a uno, sino que jaurías multitudinarias de perros hambrientos, impedían todo paseo en calma. Recuerdo que la mayor parte del tiempo estuve guarecido en el hotel leyendo un libro novísimo de Finanzas Públicas, recientemente incorporado a la bibliografía de la materia que dictaba en la facultad. Sin haber conocido demasiado y con un tremendo viento sur soplando desde el mar, emprendimos un anochecer el regreso. En la recta que conduce a Tres Arroyos, mi R12 volaba, literalmente hablando. Fue la única vez que tuve el honor de ver a su tablero marcando la imposible velocidad de 175 km por hora. Años después, intentando recomponer aquel desengaño, cometí uno de los peores errores del camino, que casi culmina en tragedia, pero esa es otra historia.

El antecedente solo sirve para no entender porqué en febrero de 1982, casi estrenando un amor que lleva, con idas, vueltas y separaciones, apenas 34 años, elegí a Claromecó como refugio. Recién ahí pude verlo, nadar en su cálido mar, cruzar su arroyo, contemplar su faro, quemarme en su sol, mecerme con sus girasoles y cruzar su arroyo. También en una semana percibir que ese amor sería de largo aliento. Y además, ser sorprendido, en plena playa por un vuelo rasante de aviones A4, quienes preanunciaban a mi supina ignorancia, la guerra de Malvinas, sobre la que sigo interrogándome y escribiendo hasta la fecha.

Nunca más volví pero nunca lo olvidé. Parece que Claromecó a mi tampoco.

Hay afectos importantes que suelen anidar por allí  y que juran y perjuran, que en esos atardeceres mágicos de soles encendiendo al mar o en las noches de luna llena de plata, escuchan una música que curiosamente lleva un ritmo demasiado parecido al de mis versos. Y en mi refugio de San Clemente, el viento sur, al mismo tiempo, suele castigar las rejas de mi balcón con ululares que remedan suspiros.

¿Estará este lugar tan lejano, pero tan cercano a mis hitos vitales, guardando celosamente alguna nueva e importante historia? ¿Deberé concurrir una tercera vez para saberlo?

El tiempo, solo el tiempo, emperador del universo, para algunos hasta del mismísimo Dios, conoce la respuesta. Las mentes brillantes en esta materia podrán hacer poesías, pero aun así, se declaran ignorantes.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 7 de junio de 2014

 

LEJOS

-

Lejos queda una bella playa,

a la que nunca más yo fui,

afincado en otra me halla,

sin saber porqué nunca volví.

-

Recuerdo campos de girasoles,

casas de madera hechas balcón,

un cálido mar rojo de soles,

y un corte de arroyo remolón.

-

Bravía si tormenta desata,

ardiente en calma y calor,

con noches de luna de plata,

testigo de mi fuga de amor.

-

Por centinela un alto faro,

remeda de cebra el color,

brindando a marinos reparo,

de blanco titilante resplandor.

-

Aun lejana no me es ajena,

pues el viento suele acarrear,

en ciertas noches de luna llena,

un sordo amoroso suspirar.

-

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 28 de abril de 2014

 

En la bella San Remo, otra playa, a mis doce años, Sergio Endrigo, así le cantaba a la “lontananza”.

 

 

 

Published in: on junio 8, 2014 at 1:11 am  Comments (3)  

ANOCHECE

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ANOCHECE

de las sorpresas poéticas

Colonia del Sacramento, en la ribera uruguaya del río más ancho del mundo, es probablemente uno de los escasos refugios románticos apto para amantes y poetas, que sobrevive al impiadoso y horrible avance mercantilista inmobiliario. Su declaración como Patrimonio Cultural de la Humanidad por parte de la UNESCO en 1995, unido al celo de los uruguayos por la preservación de su historia, nos regala la posibilidad de viajar al pasado con una simple hora de ferry.

Huelga decir que cada tanto, en días de semana y especialmente cuando el tipo de cambio en nada favorece la avalancha compradora de mis compatriotas, suelo hacerme una escapada, en absoluta soledad. Pocas cosas reconfortan más a mi espíritu que perderme en interminables caminatas por el casco histórico y su rambla, recogerme a meditar en su antiquísima iglesia y contemplar como la luz, siempre cambiante, forma dibujos y sombras nuevas en las paredes portadoras de siglos.

Nunca falta un perro callejero que se una a mi ruta y pese a haberla fotografiado mil veces, siempre descubro algún ángulo nuevo y fascinante.

Cuando mis heridas rodillas dicen basta, tengo desde hace tiempo mi sitio favorito de descanso: el bar EL TORREON, en la esquina de la Avenida Flores y la costanera. En su ochava, una mesa con vista al río, es el lugar elegido para abrir mi cuaderno y dejar a mi bolígrafo que ejercite su libertad de expresar mi alma.

Generalmente mi cansancio coincide con la más bella hora, la del ocaso sobre el agua, hecho que compone una escena ideal para todo buscador de verdades y bellezas.

A diferencia de otros viajes, más similares a huidas o exilios de situaciones conflictivas e hirientes de imposible solución, mi escapada de esta semana había sido cuidadosamente programada para coincidir con un día de clima apacible y se habían confabulados numerosas circunstancias para que mi ánimo fuese el mejor. Espero así destruir el mito que los escritores somos necesariamente en todo momento, gente torturada por temibles demonios interiores. A veces, estamos bien y también a veces, como en esa tarde de martes, directamente exultantes.

Como también andaba hambriento, pedí el café con leche y tostado más caros de la historia y me dediqué a tomar fotografías del ocaso. Más calmado y con la vista fija en la oscuridad que se cernía sobre el río en calma, escribí la poesía que está más abajo.

Ella fue saliendo al correr de la pluma, no tenía una idea clara de qué expresar ni adonde llegar. A poco de andar – ello se nota en la caligrafía del original-  mi calma se transformó en inquietud y mis versos en preguntas. Me había metido en terreno profundo y seguía preguntándome cosas sin respuesta. La poesía, el ocaso y el silencio, me habían conducido al misterio y no sabía como salir ni cerrar el escrito. Harto de intentarlo en vano, pagué y me fui.

Una hora después, esperando zarpar, me llegaron con mucha calma las dos últimas estrofas, reveladoras por otra parte del origen del tema abarcado.  Es por ello que vuelvo a afirmar la importancia de conectarse con el yo profundo, llámenlo inconsciente si quieren, de un modo regular. Escribir es un camino, ciertamente no el único.

Al contemplar el ocaso recordé el relato de un astronauta sobre su primera impresión acerca del espacio exterior. Dijo que era de una negrura muy profunda, casi inimaginable y que verse inmerso en ella era de las cosas más conmovedoras y aterradoras que había experimentado. En efecto, el día, el espacio de horas en que vivimos, no es más que una ilusión óptica. Son los rayos del sol, que atrapados por los gases de la atmósfera,  dibujan un cielo celeste que no existe. En el espacio exterior, es noche siempre. Y nosotros de noche dormimos. Creemos en el día que no es e ignoramos a la noche que es.

La poesía que surgió nada tenía que ver con mi estado de ánimo presente, tenía en cambio su raíz en algún rincón profundo de mi alma, zaherido por mis semanas de estudio y mis charlas en el café literario sobre La Vida es Sueño de Calderón de la Barca, unido al interesante debate que siguió a las mismas. Sabemos poco, casi nada, como decía Sócrates y ser viajeros de esa ignorancia, habitantes de ese misterio es bastante difícil de sobrellevar. Será por ello que la gran mayoría del género humano elige la vida inconsciente, plena de distracciones y aturdimientos, llena de adicciones y fatigas. Para no escuchar a los poetas o para decirlo mejor, para no escucharse a si mismos, a su alma profunda, que vive reclamándole que de una vez por todas, salga en busca de la verdad……aunque no la alcance nunca.

Los dejo con la poesía que me sorprendió y a solas con vuestra elección de ruta.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 31 de mayo de 2014

ANOCHECE

-

Anochece en mi alma,

mientras lo hace en Colonia,

el río se fuga en calma,

tal como fuga mi memoria.

-

Hace no tanto amanecía,

y la esperanza acompañaba,

al río a un nuevo día,

y a mis días que despertaban.

-

Pocas horas fue el día,

apenas un rato mi vida,

temiendo noche que volvía,

como muerte no vencida.

-

Si la noche es verdadera,

y solo ilusión el día,

¿Será sueño lo que viviera,

y la verdad la muerte mía?

-

¿Será engaño toda pasión,

y mentira la alegría?

¿Alguna secreta lección

nos aguarda todavía?

-

¿Fantasía será el amor,

y toda lucha vanidad?

¿Trampa pura será el dolor,

y falsa toda tempestad?

-

¿Seremos solo actores

que a nosotros nos mentimos,

luchas, amores y dolores,

por creer lo que fingimos?

-

Y si todo nada fuera,

¿Asido a qué viviríamos?

¿Qué nuestro andar moviera?

¿Qué papel jugaríamos?

-

Quizás nos necesitamos,

ilusión, mentira y falsedad,

y a ellas nos aferramos,

por terror de la verdad.

-

Que es cierto lo oscuro,

que lo nuestro es pasar,

que no hay camino seguro,

que todo debe acabar.

-

En Colonia la noche reina,

cielo y río ocultos están,

en mi alma duda gobierna,

los sueños muertos ¿adónde van?

-

Enrique Momigliano

Colonia del Sacramento, 27 de mayo de 2014

 

Hace mucho tiempo Dante escribió NOTTE ETTERNA (noche eterna) con dos t.  Hace poco la hermosa y talentosa Emma Shapplin, soprano francesa le cantó tan bien, que lo hizo con dos t.

Published in: on mayo 31, 2014 at 12:31 pm  Comments (1)  

QUATRE-VINGT DIX

charles aznavour

 

QUATRE-VINGT DIX

los noventa de Aznavour

Confieso que admiro a los franceses, aunque mi experiencia personal con ellos sea poco rescatable. Son muy difíciles de tratar porque creo firmemente que se pasaron la vida peleando contra los alemanes tan solo porque se apropiaron del título que ellos creen que les corresponde, el de raza superior.

Y son increíblemente complicados. Fíjense que decir cuatro veces veinte diez, para expresar noventa, aunque la cuenta de bien (4×20+10 da 90), revela un alma atormentada.

Bromas aparte, han dado al mundo gente muy admirable en disciplinas más que diversas y han demostrado un compromiso con la belleza y la armonía tan excelsas que resultan sumamente difíciles de emular.

Afortunadamente en la mezcla que soy, – por ello amo a los perros mestizos-, también los franceses tienen su cuota. Momigliano es un apellido francés, ya que deriva de Montmelián, una comuna francesa de la región de los Alpes, departamento de Saboya, el cual cambió de manos entre franceses e italianos varias veces. Esa pequeña localidad que me nomina, ha sobrevivido hasta hoy con poco más de 4000 habitantes y es uno de los tantos lugares donde los sefaradíes se refugiaron tras la expulsión de España por los reyes católicos en 1492.

Sirva todo esto para introducir a alguien que es un ejemplo en todo sentido, aun cuando se haya hecho conocido por su voz. Me refiero a Shahnourh Varinag Aznavourian, a quien probablemente conozcan mejor por su nombre artístico Charles Aznavour.

El jueves pasado cumplió, con un concierto dado en Berlín, 90 años de edad y 81 de escenario. Nacido de inmigrantes armenios en París un 22 de mayo, lleva encima tres matrimonios, ha dado al mundo seis hijos, ha escrito seis libros, está escribiendo tres y trabaja de embajador armenio en Suiza. Mientras hacía todo eso, ha vendido 100 millones de discos, cantados en francés, español, inglés y alemán, ha escrito canciones inolvidables para  ser cantadas por las mejores estrellas y hasta se dio el lujo de tener una carrera cinematográfica. Y, me olvidaba, recibió 23 distinciones.

Nada de eso me impresiona. Me quedo con su sencillez. En un mundo  de producciones multimillonarias, a él se lo ve casi siempre solo en el escenario. En un mundo de vestuaristas y coiffeurs, él no oculta ni su calva ni sus canas y viste una sencilla camisa y pantalón oscuros. En un mundo de luces, ruidos, petardos, video walls, coristas y bailarines, él a veces se acompaña de un minúsculo e invisible coro, en la más absoluta oscuridad escénica. En un mundo de efectos sonoros, danzas frenéticas e inhumanas, él se arregla con un micrófono. En un mundo de cirujanos plásticos y belleza artificial, él usa su baja estatura, su poco agraciado rostro, su mordida invertida para transmitir como nadie, emociones intensas. Le alcanza y sobra, con su voz, con su expresión que, derramada por sus ojos chispeantes, acompaña cada palabra de cada canción. Es por ello un verdadero maestro de la escena y la canción.

Pero hay algo más, algo que hoy en día parece haberse olvidado por completo. Sus letras son pura poesía, poesía que no habla de otra cosa que de la vida, del vivir sintiendo. De allí que hace tiempo quería homenajearlo por aquí. Sus canciones hablan de la vida, con gente interactuando en situaciones emotivas. No es el amor el protagonista, aun cuando sea un terreno frecuente, los protagonistas son la gente que interactúa y es muy fácil sentir que aluden a nosotros mismos. El és nosotros, en una situación en la que seguramente estamos o estuvimos, sufriendo, amando, gozando o riendo, tal como lo haríamos nosotros en su lugar. Es un verdadero actor que siente hondamente lo que canta, que se deja invadir por lo que dice hasta el punto de conmover su alma, el famoso posesionarse, y desde ahí conmueve al público.

La lección que nos da, es que cuando se habla desde el alma (cuando se escribe también) es inevitable llegar al alma del receptor del mensaje. La voz, las palabras, son instrumentos y todo lo demás, está precisamente demás.

Hace unos días, asistí a la presentación de un poemario de un amigo y trajo para amenizar la reunión a una banda de jóvenes que me sorprendieron, en especial su primera voz. Después de preguntarme un buen rato qué era lo que tenía de distinto, era que vivía lo que cantaba y lo hacía con todo el cuerpo. Me dio esperanzas, quizás después de un tiempo oscuro de locos adictos vulgares y aulladores, esté volviendo un tiempo de Aznavoures.

Una artista amiga me recordó el cumpleaños de este señor de la escena, publicando un video de una canción que desconocía. Resultó ser bellísima y conmovedora. Fue tal su impacto en mi alma, que solo pude reponerme dando origen a una poesía. Y en su homenaje, decidí que naciera en francés. Al ser mi primera aventura en dicha lengua, espero que si mis profesores aciertan a pasar por aquí, sepan disculpar el pobre vocabulario, alguna involuntaria falla ortográfica y hasta algún acento omitido. Es de los idiomas que conozco, el que menos oportunidad de practicar tengo, prometo mejorar. La única certeza que puedo darles, que también en francés, cada palabra escrita se muy bien de qué grieta bien mía ha salido.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 26 de mayo de 2014

TOI ET MOI
-
Toi et moi,
ne sommes pas encore,
mais il y a beaucoup de temps,
que je t´adore.
-
Toi et moi,
voyageurs de l´infini,
qui se perde et retrouvez,
un millard de fois.
-
Toi et moi,
simplement deux poetes,
que a chaque rencontre,
le temps s´arrete.
-
Toi et moi,
qui sai si jamais existera,
un temps a deux,
pour etre hereux.
-
Toi et moi,
nos amons sans espoir,
pour le plaisir d´aimer,
le meullier miroir,
-
Toi et moi,
dan une vie eternel,
sans naitre sans mourir,
toujours a nous trouver.
-
Toi et moi
car nous avons besoin,
de croire a l´amour,
comme deux enfants.
-
Toi et moi
ce sure ce confidant,
que si nous n´existions pas,
les etoiles seraient mouraient.
-
Toi et moi,
est la seule lumiere,
pour continuer a vivre,
dans un monde qui desespere.
-
Toi et moi,
si fou, si jeune, si tremblante,
vivons cette petite vie,
comme les uniques amants.
-
Toi et moi,
deux infedels fils de Dieu,
avec l¨amour pour religión,
un amour sans adieux.
.
Toi et moi,
rien ne peut nous separer,
peu ímporte combien de vies,
manque pour te chercher.
-
Et ce jour la,
sans doute, sans regret,
je vous embrassaire en pleurant,
de l´emotion pour etre finalement,
———————————————toi et moi.
-
Henri Momigliano
Buenos Aires, 23 de mayo de 2014

Aquí les dejo la canción subtitulada y en comentarios incluyo la traducción propia de mi poesía. Chin-Chin, a votre santé.

Published in: on mayo 26, 2014 at 12:42 am  Comments (3)  

MONJE INVERNAL

Foto del Monasterio del Cristo Orante, Mendoza, Argentina.

Foto del Monasterio del Cristo Orante, Mendoza, Argentina.

 

MONJE INVERNAL

-

Frío y nieve afuera,

silencio orante dentro,

es Dios quien pusiera,

al hombre en su centro.

-

Adonde ir no existe,

la quietud se impone.

la labor aun persiste,

en cantos y oraciones.

-

En el claustro alegría,

de corazones bravíos,

que osaron cierto día,

incendiar sus navíos.

-

Para buscar alturas,

a cóndores reservadas,

de vidas en sepultura,

al abrigo de miradas.

-

Lejos de lo mundano,

ajenos a lo pasajero,

de lo eterno hermanos,

unidos al Amor primero.

-

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 22 de mayo de 2014

Published in: on mayo 23, 2014 at 11:07 am  Comments (1)  
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