EL ARA BAHÍA PARAÍSO AÚN NAVEGA

 

EL ARA BAHÍA PARAÍSO AÚN NAVEGA

Día de la Armada con sus tripulantes de 1982

Si mi poesía A VOS me llevó por caminos insospechados, parece que mi libro COMBATIMOS se proponer hacer otro tanto, mucho más rápido y mucho más lejos. Cuando todavía no me había repuesto de la emoción de presentarlo en el stand del Ejército Argentino en la 43 Feria del Libro, fui invitado a celebrar el Día de la Armada junto a la tripulación que fue a la guerra embarcada en el transporte polar ARA Bahía Paraíso. Parece que mi plan de reconvertirme en poeta para vivir una vida solitaria, ermitaña y contemplativa, está teniendo sus tropiezos. Aprendí con los años – seis décadas algo me han enseñado – a no contradecir la fuerza de la vida, cuando te empuja a un camino, lo mejor es transitarlo, ella sabe más, Dios también.

No me es un barco extraño, para poder incluir la historia vital de Ariel Ramirez en Combatimos leí bastante de su historia, azarosa, valiente y sorprendente. Un día veo en las redes que un programa de radio que suelo escuchar seguido, el de la Comisión Permanente de Homenaje a la Gesta del Atlántico Sur, se proponía tratar la historia del barco invitando a su contador, el capitán de navío Fernando Bernabé Santos y al heroico piloto del helicóptero Alouette 3 embarcado, al teniente de navío aviador naval Omar Busson. De inmediato etiqueté a Ariel y la gente del programa me pide que procure su asistencia al programa. El programa fue un éxito y el encuentro entre piloto y cabo primero absolutamente conmovedor. Así fue como Ariel se integró a este unido y dinámico grupo de tripulantes, cuya alma mater fue hasta su fallecimiento ocurrido en 2008, su capitán de entonces el Vicealmirante Ismael Jorge García, tarea que hoy continúan los mencionados Busson y Santos junto al furriel de entonces, el salteño de Orán, Enrique Lara.

La cita era su lugar habitual de encuentro, la parrilla Olegario de Av Libertador cerca del túnel y el ahora poeta en la Armada que esto escribe, fue lleno de expectativa, con cámara y grabador en el bolsillo, “por si daba para la nota”. Ariel quería que sus camaradas conocieran al irreverente escritor civil que se había atrevido a dedicar unas cuántas páginas a su barco y éste estaba fascinado por la posibilidad de conocer a los veteranos de guerra que habían recuperado las Islas Georgias, rescatado náufragos del crucero ARA General Belgrano y actuado como buque hospital, tras una reconversión a toda marcha, en las Malvinas, siendo venerado casi como un hogar por los fatigados combatientes que tuvieron la dicha de volver en su vientre, al continente tras la durísima batalla.

Confieso que no llegué en un buen momento. El grupo miraba atentamente pero con indignación contenida el programa del canal 13 que por primera vez habló de Georgias. Las falsedades, los datos tendenciosos, el espíritu anti gesta habían puesto a sus protagonistas de un humor pésimo, por lo cual mi llegada fue respetuosa pero fría, estaban en otra cosa.

Los entremeses bastaron para unas muy breves palabras sobre el libro, varios apretones de mano demasiados recios para la mía y un esfuerzo para recordar nombres y caras a fin de asociarlos con solvencia a posteriori.

El segundo movimiento consistió en tomar ubicación en la mesa. Aliviado por la compañía del médico psiquiatra participante del libro Dr. Federico Raimon, con quien ya hemos compartido algún asado en casa de Ariel, me senté junto a él pero en un sitio inconveniente. La guerra es ensalzada por quien nunca estuvo en una, conserva ella así su mito romántico y heroico y oculta su parte terrible, las consecuencias de la violencia desatada. Sin embargo no todos los que van a la guerra se ocupan de matar y de morir, hay muchos que se ocupan de cocinar, administrar los recursos, celebrar la santa misa y atender a los heridos. Se podrá decir que los primeros sufren la peor parte, es posible, pero los segundos ven el fruto de la acción, lo palpan con sus manos, escuchan sus gritos, sienten su dolor. No se francamente quien debe dotarse de más valor. Y al poeta que buscaba ratificar los conocimientos leídos sobre las operaciones le tocó sentarse junto al enfermero del buque, quien tuvo que atender heridos graves de ambos bandos y lo hizo con una eficiencia y dedicación tales, que muchos tripulantes aún hoy confían ciegamente en sus consejos. Durante una hora estuve sometido al relato de historias que no fui a buscar, que no puedo ni quiero escribir y que forman parte de la guerra tanto como el combate, pero que si le prestásemos atención, jamás por ninguna razón estaríamos a favor de guerra alguna. Son las historias del sufrimiento humano.

Como era de esperar la angustia creciente me hizo comer y tomar de más. La presencia cercana del Furriel Lara me permitió intercalar alguna historia soportable, pero estaba cercado. Los metros de intestino amputados, el tercio de brazo ingles faltante, el ojo colgando del artillero de la corbeta ARA Guerrico, las sondas nocturnas, los códigos para comunicarse con el enfermero cuando hablar es imposible, eran ya intolerables para mi.

A los postres me iluminé. Era una oportunidad única y mi sangre de periodista hervía, lo que estaba escuchando no lo podía escribir y no estaba preguntando lo que quería preguntar. Jamás hare un libro sobre el hospital de Puerto Argentino, el frente más cruel de la guerra, dejo a escritores menos sensibles esa digna tarea. Transmití entonces a Omar Busson mi intención de hacer un pequeño reportaje global, documentando el encuentro, lo que me permitiría conocer un poquito de cada uno de los presentes y darles a ellos la oportunidad de darse a conocer. Temí interrumpir sus charlas, sus anécdotas, su bienestar y entonces prometí ser breve y pedí que todos lo fueran.

Tal como sucedió con las entrevistas para el libro solo uno de ellos cumplió, el resto habló profusamente y a cada uno, con dolor, debí interrumpir su relato. Así y todo los videos que acompañan este artículo duran en conjunto 74 minutos, absolutamente imperdibles todos. Comencé con Ariel Dulce, mi compañero de banco, el enfermero y terminé con Roberto Giusti, el infante de marina jefe de la segunda sección que fue atacado en el helicóptero Puma, en pleno vuelo de desembarco y tras un aterrizaje milagroso organizó el fuego sobre el enemigo, el cual derivó en su rendición aquél célebre 3 de abril. En el medio hubo otras historias difíciles de digerir como la del odontólogo que debió hacer el reconocimiento por las piezas dentales de los cadáveres del crucero Belgrano y otras conmovedoras como la del cabo segundo Jorge Alberto Campozano, camarero de la oficialidad del buque, cuyo padre falleciera en el continente al difundirse la errónea noticia de un ataque sufrido por el transporte polar. Hasta tuve el honor de conocer a un Almirante retirado que en su momento era el oficial de comunicaciones del barco, fue él Fernández Lobe, tío de Pumas, quien me dio precisiones acerca de la operación de rescate de los náufragos.

Me fui a la una y media de la madrugada, sin haber comido el postre pero con la alegría de la tarea cumplida. Es un grupo que requiere contar su historia, lo están haciendo con la ayuda de un joven escritor argentino, esperemos que sus vivencias puedan ser cabalmente transmitidas a las futuras generaciones y a la gran mayoría de argentinos que, aún 35 años después, ignoran la gesta de este buque y su tripulación.

El azar quiso que mi auto estuviese estacionado al lado del de Roberto Giusti y que nos retirásemos al mismo tiempo. Iniciamos al amparo de la noche un diálogo intenso sobre los avatares de la historia argentina y sus personajes, diálogo que espero tener la oportunidad de continuar en otro momento. En un corrillo lejano los tripulantes se organizaban para los homenajes que localidades como Luján y Balcarce se preparan para brindarles.

El ARA Bahía Paraíso, el Bravo 1 (B-1) terminó sus días el 28 de enero de 1989, encallado y hundido frente a la base antártica Palmer de EEUU, ubicada en la isla Anvers del archipiélago Palmer, mientras paseaba turistas por una zona peligrosa para la navegación. Su alma, que son los tripulantes que fueron a la guerra con él, siguen navegando juntos, “en el mismo barco, donde estamos todos” como me supieron acertadamente decir.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 19 de mayo de 2017

Published in: on mayo 19, 2017 at 6:44 pm  Dejar un comentario  

EL BUQUE

 

EL BUQUE

A los 323 centinelas del ARA Gral. Belgrano

En las tabernas de los puertos de los mares del sur,

los canosos viejos marinos con arrugas de sal,

cuentan una historia de coraje desbordado,

por amor a una bandera que lleva en su faz,

el sol, el blanco de la niebla y el azul del mar.

De Bahía Blanca zarparon aquellos valientes,

tantos como mil noventa y tres supieron contar,

en un veterano imponente acorazado,

los guía Bonzo capitán seguro y sonriente,

quien solo viviría para la gesta relatar.

El irse a pique antes que rendir el pabellón,

debajo del puente reluce como profecía,

a fines de abril en Ushuaia alistado,

presto a zarpar al encuentro de flota de Albión,

agresora de nuestra insular soberanía

Bouchard y Piedrabuena son escoltas del coloso,

Gurruchaga el aviso que resta en reserva,

Rosales es el buque de combustible cargado,

por ruta distinta el portaviones va presuroso,

en pinza de ataque al enemigo que observa.

Son chilenos aviones que ubicación informan,

interrumpen la carga del combustible que baña,

obligando a lavar cubierta acorazada,

mientras sumergidos piratas muy raudos navegan,

hacia el viejo buque revestido de hazaña.

Es que no cuenta con las armas antisubmarinas,

que resistir al nuclear asesino permitan,

sabedor de otras guerras, en ellas equipado,

ignora la silente persecución peregrina,

son ojos de los escoltas quienes se necesitan.

En alerta rojo durante el curso nocturno,

de un ataque abortado por falta de viento,

que impide el despegue de aviones armados,

alentadoras noticias tuercen el rumbo diurno,

proa a la base trae tregua al pensamiento.

Ya termina en un gris de silencio esa tarde,

y el mar al oscuro preanuncia la tormenta,

por flanco de estribor ahora desguarnecido,

viaja raudo y sumergido el tubo que arde,

a las cuatro hace blanco y la muerte presenta.

El compañero quince metros de proa arranca,

el mar se apresura a inundar al crucero,

huyen los escoltas por tercer tiro atacados,

y escora el buque en silencio que espanta,

humeante y oscuro es laberinto artero.

En una hora enseñará al cielo su quilla,

se irá hacia el fondo con carga tan preciosa,

de bravos marinos vueltos héroes consumados,

cuya muerte jamás será derrota que humilla,

sino excelsa ofrenda a su Patria gloriosa.

Un reguero de balsas lo observa conmovido,

y el ¡VIVA LA PATRIA! al océano desafía,

pese al desamparo en temporal desatado,

por más de cien kilómetros por el viento barridos,

azotados por las olas que los baten a porfía.

Casi al filo de la noche del día que sigue,

con heridos a cuesta y de frío ateridos,

por fiero coraje de sus camaradas alados,

hasta agotar combustible el vuelo prosigue,

el avión que al buscarlos no se dio por vencido.

Sus escoltas y el aviso al rescate llegan,

desafiando tormenta, noche y al enemigo,

del océano los alzan marinos extenuados,

un abrazo, un plato, una frazada allegan,

restañando el naufragio con amante abrigo.

El Belgrano, ayer Fénix ahora es historia,

narrarán su memoria sus marinos rescatados,

del buque afortunado sin pabellón rendido,

que se hundió en mar helado con carga de gloria,

de trescientos veintitrés patriotas abnegados.

.

Dicen los taberneros que en noches muy oscuras,

de mar calmo y sin niebla ellos logran atisbar,

un crucero imponente todo iluminado,

con marinos formados en cubierta de altura,

y pabellón argentino que no cesa de flamear.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 23 de abril de 2017

COMBATIMOS, UN SUEÑO DE 35 AÑOS CUMPLIDO

 

 

La vida del escritor está llena de palabras, propias, ajenas, de origen conocido, de origen ignoto, armoniosas, discordantes, comunes, extrañas, amadas, odiadas, pensadas, soñadas, inspiradas, forzadas, escritas, omitidas, repetidas, subrayadas, tachadas, frías, emotivas, en minúsculas, en mayúsculas, en títulos, en subtítulos. Pero llega un día, increíble, maravilloso, soñado, inmerecido, inesperado, en que la infinita danza de palabras cesa por completo. Y el escritor busca y rebusca pero no encuentra ninguna, todas le parecen pobres, escasas, endebles, injustas, mínimas, ínfimas, para expresar el torbellino de emociones que lo atraviesa. Entonces, tras una larga lucha con el vocabulario, se da cuenta que la vida, esa misma vida que tantas veces lo llevó a renegar de ella, a odiarla, a maldecirla, le ofrece de su generosa mano, una flor. Una flor sanadora cuyo aroma le dice que todo valió la pena, que hay un camino aunque él no lo vea, que desde muchos lados visibles e invisibles lo guían y apoyan. El escritor reconoce que se ha quedado sin palabras. Deja la pluma, reclina su fatigada espalda en la silla, entorna los ojos y mientras ruedan por su cara tímidas lágrimas de una profunda alegría, olvida el decir y se concentra en sentir. Por su mente, como una esquiva gaviota vuelan los versos de Nervo:

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 22 de marzo de 2017

 

Published in: on marzo 22, 2017 at 10:13 am  Dejar un comentario  

DESPEDIDA

varela

 

DESPEDIDA

Arrebatado al cielo,

desde formación gloriosa,

en casi vertical vuelo,

rompe escuadra hermosa.

Y se pierde en las nubes,

alto albo escondrijo,

alabean al que sube,

venia en cabina sus hijos.

Sordo ruido de turbina,

sin lágrima ni quejido,

coro de adiós que trina,

por el capitán partido.

Huérfanos en el suelo,

de su luz hemos quedado,

más será su largo vuelo,

faro que nos fue legado.

Varela era su nombre,

y El Trucha su apodo,

Héroe, as, siempre hombre,

un patriota sin recodo.

Ya se funde el fantasma,

por los cielos de bandera,

mientras su estela plasma,

rumbo de turba malvinera.

Quiera el buen Dios un día,

prepararnos el reencuentro,

en hangar de alegría,

con El Tordillo en el centro.

Enrique Momigliano.

Buenos Aires, 15 de octubre de 2016

POR NADA

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POR NADA

Ver a un amigo morir,

dormir en turba helada,

deber matar para vivir,

creíste que fue por nada.

Doler arriar tu bandera,

vivir prisión malhadada,

sangrar herida primera,

creíste que fue por nada.

Volver en barco pirata,

tener la boca callada,

ser ocultado cual rata,

creíste que fue por nada.

Por nada dijeron tantos,

arma cruel con la baja,

patrón muerto de espanto,

civil de mirada baja.

Que no habías luchado,

que eras chico aterido,

cual cobarde arreado,

por general embebido.

Soportar tanto olvido,

de opinión manipulada,

mendigar inmerecido,

vida a tu suerte librada.

Y los fantasmas nocturnos,

con sonidos de metralla,

ahogados en alcohol diurno,

en cerebro que estalla.

Asistir a tanto entierro,

de amigo suicidado,

deber volverse de hierro,

en un rincón olvidado.

Creíste que fue por nada,

pero entonces buscaste,

refugio en camarada,

en ellos te amparaste.

Juntos amigo hicieron,

día que cambia historia,

y en desfile vivieron,

sanar la justa memoria.

Llora con todo derecho,

festeja gloria ganada,

siente muy dentro del pecho,

que todo jamás fue por nada.

En cielo tus camaradas,

están gozando contigo,

su memoria reparada,

por valor de sus amigos.

De hoy en adelante,

alza orgullosa frente,

¡Hoy un pueblo exultante,

vitoreó sus combatientes!

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 10 de julio de 2016

Published in: on julio 11, 2016 at 1:09 am  Dejar un comentario  

PABLO CARBALLO, EL PILOTO DE DIOS

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PABLO CARBALLO, EL PILOTO DE DIOS

Una semblanza en vuelo rasante de un héroe argentino

Aquella noche en el hotel Teruel de Valle Hermoso dormí mal y poco, mi mente no cesaba de hacerme preguntas sin respuestas acerca de un encuentro anhelado durante más de tres décadas. Debía salir temprano – cosa que detesto- y manejar unos cuantos kilómetros por caminos sinuosos para verme por fin cara a cara con uno de los hombres que más ha marcado mi vida, con tan solo un breve encuentro en la Feria del Libro de 1983. El Comodoro Pablo Marcos Carballo me esperaba nada menos que en la Escuela de Aviación Militar para una charla, entrevista, solo Dios sabría que nombre ponerle. Justamente Dios y los Halcones fue el primer libro escrito sobre el conflicto de Malvinas, estuvo listo el 1 de septiembre de 1982 y Pablo fue el primer veterano a quien pude entregar en aquella Feria mi poesía A VOS, la cual en un nuevo giro de la historia me llevaba esta vez a la cuna de la aviación militar argentina. Su cálida dedicatoria de entonces, sus libros, muy especialmente Un vuelo al corazón, prologado por un monje trapense a quien conozco, su carta de entonces, su actitud con mi poesía que compartiese con sus colegas de la brigada aérea de San Luis, me hablaron siempre de un ser especial en cuyo espejo intenté mirarme, tan solo para ser un poco mejor cada día.

Nos encontramos “de casualidad” este año en la Feria del Libro y “de casualidad” esa noche cenó en la casa de la hija de una querida amiga mía. Compartimos algunos escritos y mails, lloré con su libro Los Halcones no se lloran y me conmoví profundamente con el libro de su esposa Mirta y su viaje de encuentro con ella misma. Todo sirvió para conducirme a Córdoba y ahi estaba, a pocas horas de verlo.

Por supuesto yo hubiera deseado un encuentro en otro ámbito, a solas ( lo vi en compañía de un joven piloto) y llevar una serie de preguntas precisas. Era tanto de lo que quería hablar con él y todo parecía poco propicio para hacerlo. Dios sabe más – como siempre – y Pablo es distinto a todo.

En apenas 117 minutos, le robé 27 más de los que podía dedicarme, no solo me contó toda la historia de la Fuerza Aérea Argentina, sino que respondió todas mis preguntas, hablamos de los temas que a mi más me interesaban, como la espiritualidad y la religiosidad, se dio el lujo de hacerme trepar a un Tucano, habló de cada uno de sus camaradas caídos, me paseó por toda la escuela, relató su historia familiar y literaria y hasta se reservó un espacio para dedicarme un libro, emocionarse con una marcha y admirar a su esposa y su obra. Cuando me dejó en la guardia, yo estaba tan conmovido y mareado como si hubiese viajado en un vuelo de bautismo en A4, tanto que a los pocos kilómetros de mi viaje de regreso tuve que hacer una pausa para reponerme. Ayer nomás, desgrabando el encuentro no podía creer todo lo que Pablo me había dado en ese breve lapso.

A la hora convenida estaba yo, con mi hijo fascinado grabador en mano y una bolsa con cinco libros ( dos suyos, dos míos y el de Mirta), en la vereda del Casino de Oficiales esperándolo mientras observaba a los cadetes evolucionar en la plaza de armas, fusil al hombro y Patria en el corazón.

Y llegó Pablo a paso rápido, con su pelo cano, sus ojos de mirada límpida, su leve renquera de aquél accidente ciclístico barilochense que casi frustra su sueño y nos deja sin héroe. Nos dimos un cálido abrazo que habla del honor que me prodiga al sentirme su amigo y………despegamos.

Es sin dudas un hombre multifacético, por eso en lugar de hacer un relato cronológico de nuestro vuelo, intentaremos describir nuestra apreciación de cada una de sus ricas caras.

1.EL MILITAR

“Tengo 50 años de vida militar, llegué a la Escuela con 19 años, de modo que un cuarto de la vida reglamentaria del país, los he vivido en ese estado y a decir verdad fueron 50 años en los que pasó de todo”

Pertenece a la promoción 37(un número que lo persigue), nacido en Capital Federal el 11 de diciembre de 1947 – el mismo día que Gardel, hincha de Racing como él- se mudó a los 2 años a Bariloche, para llegar 17 años después a este nido de cóndores cercano a Córdoba capital, el cual aun lo cobija y al que ama como a un verdadero hogar. Emocionado nos lee una frase que obra en un muro “ Has estado aquí antes de entrar y cuando egreses no sabrás que te quedas” La Fuerza Aérea se inicia en 1925 pero recién en 1945 logra su independencia pese a que ya en 1927 existía la Fábrica Militar de Aviones que era un lujo pionero mundial.

“Cuando era cadete vino a darnos una charla un oficial de inteligencia que nos dijo que Sudamérica iba a ser invadida por miles de guerrilleros, por supuesto no le creí” Todos los avatares de las tragedias argentinas viven en su alma, pero ambos creemos que son los dolores los que dejan las mejores lecciones y nos conducen a una fuerza propia que hasta allí desconocíamos.

Su padre fue uno de los precursores de la Fuerza Aérea y con orgullo inmenso nos muestra su foto de 1943, la antigua plaza de armas donde formaba y nos relata su frustración por no haber podido ser piloto, perteneciendo empero al escalafón general de la fuerza, como navegador, en aquella época en que la instrucción se daba en viejos biplanos Focke Wulf alemanes de la primera guerra mundial. Con el mismo orgullo nos muestra en el museo donde están todas las promociones, a su hijo, actualmente en la Escuela de Guerra. Tres generaciones de Carballo pasaron por la escuela y son los únicos con dicho apellido. Y con sumo amor evoca a su madre, maestra que no ejercía, ama de casa diligente, hoy ya grande y de quien también se hace tiempo para ocuparse.

2, EL PILOTO

“En ese avión volé 1200 horas, en el Morane-Saulnier de allá, volé 1100 y en el de más allá no volé nada porque no soy tan viejo como para ello” nos cuenta a su paso por la plaza donde los caballos de batalla, víctimas indefensas de los errores de aprendizaje de los cadetes, muestran sus siluetas.

Voló Mirage, fue a la guerra en A 4 y Dios lo dejó volver para instruir a generaciones enteras de pilotos, no solo en el arte de volar sino en aquél que es mucho más trascendente, el de vivir. Le gusta dar charlas al costado de la pista para que el ruido intenso de turbinas y el también intenso olor a JP1 forme aún más que sus palabras.

Relata conmovido un cruce entre su vida de lector y de piloto. Había leído como un paracaidista enredado en el avión al saltar había sido salvado por otro avión que voló por debajo y lo rescató en el aire. Intentó hacer lo mismo en una emergencia en la escuela, inspirado en el relato, pero no llegó a despegar pues le informaron que el desafortunado paracaidista ya había fallecido degollado por sus propias cuerdas.

Su extrema sencillez confunde, todo su ser posee esa hermosa acogida cristiana que uno realmente se olvida con quien está hablando. Tiene ese fantástico poder de hacer sentir a quien llega a él, tan bien, tan a gusto, que uno auténticamente al rato cree estar departiendo con un amigo de toda la vida.

Un grupo de paracaidistas de ejército, que adornaron el cielo cordobés con su salto mientras arribaba, me recuerdan la dimensión del héroe que camina a mi lado. El sargento a cargo llega corriendo para solicitarle una foto con su grupo, pedido al que accede de buena gana.

Nos conduce a un lugar muy especial, histórico. Es donde se bautiza a los pilotos cuando vuelan solos por primera vez, quizás el momento más importante de su vida, donde al pie de una estatua de una mamá cóndor que aparece empujando a sus polluelos a su primer vuelo, rodilla en tierra reciben de manos de su instructor el brochazo de champagne, el pañuelo y su escudo. Ahí soy yo quien pide una foto con él, mi propio vuelo vital también tiene su instructor.

3.EL HOMBRE DE FE

“Allá pueden ver el edificio más importante de toda la Escuela: la Capilla. En ella el Santísimo está siempre en exposición, de modo que todos los días cuando llego bien temprano, paso por ahí, saludo al jefe y comienzo mi jornada”

Es sin duda un hombre de Dios, mis muchos años de retiros espirituales, mis visitas a múltiples monasterios, mis variados grupos de oración me permiten identificarlo enseguida. Su emoción a flor de piel, su compromiso firme y permanente en buscar el bien del otro, su calidez y hospitalidad, su humildad palpable y sobre todo su inmenso entusiasmo casi juvenil lo delatan. Entusiasmo significa “lleno de Dios” y Pablo lo está y sabe contagiarlo. Pletórico de energía, lleno de sueños, atiborrado de proyectos y todos ellos absolutamente desinteresados solo son signos que nos revelan la presencia del “jefe” en su alma. El reconocerlo me conmueve y hacia el final de la entrevista casi no puedo mirarlo a los ojos sin que los míos se inunden.

“Esa es la diferencia entre ser inteligente y ser sabio. El sabio es el que sabe, que tiene sabiduría y la primera sabiduría es saber que Dios existe, la más importante, la primordial” Estoy ante un testigo, quizás hayan sido aquellos interminables minutos enfrentando el fuego enemigo en cada ataque, esperando el sacudón final que nunca se produjo, los que hayan podido revelarle con absoluta claridad la presencia divina, esa que una vez conocida es imposible de abandonar.

Un vuelo al corazón es un libro de historias propias y ajenas que hacen palpable la realidad espiritual, la existencia más allá de lo visible a través de signos y hechos inexplicables por los sentidos y la razón, que una vez rendidos, son quienes dan lugar a la FE. Soy feliz poseedor de uno de los 100 ejemplares que se hicieron como prueba, el cual me dedica y que se vendieron en 2 días, la primera edición es de este año y contiene muchas más historias. Pablo fue sorprendido por la avidez que existe en el público acerca de la espiritualidad. Le recuerdo una de ellas, sobre un señor que debía viajar a Bariloche en el fatídico vuelo de Austral y que habiendo perdido el avión, apurado por llegar a su aniversario de bodas, choca con su auto en la ruta falleciendo. Y él me aporta otra, la del accidente del avión Guaraní, en el que fallecieran muchas autoridades. Un alférez, compañero de su promoción pidió viajar en ese vuelo también fatal para lo cual hizo descender a un pasajero, el mismo que en la semana siguiente falleciera al chocar su moto contra un burro en la ruta a Carlos Paz.

“Lo espiritual es una realidad, si uno lo niega no tiene respuestas frente a tantas cosas inexplicables, por ejemplo el cuerpo incorrupto de Juan XXIII o el corazón intacto de Santa Teresa de Ávila que vi con mis propios ojos” No puedo más que asentir.

Como si faltase alguna prueba más de su firme fe, la mayoría de las poesías que acompañan cada capítulo de su último libro hablan de Dios, siendo particularmente conmovedora la denominada “Huerfanitas de Malvinas” (pag 48) que trata de una niña pidiéndole una respuesta a Dios por la muerte de su padre en combate, la cual concluye con esta estrofa, la respuesta que llegó:

55 quedaron en esas aguas heladas,

55 las cuentas del Rosario, nacaradas:

Si te pones a contar, una cuenta por cada alma,

No es una casualidad…. pues todo tiene su causa…..”

Fdo. CRUZ que era su nombre de guerra, el pintado en el casco.

4.EL HISTORIADOR

La escuela tiene dos museos, uno sobre hechos históricos de la fuerza y el otro integralmente de Malvinas. Nos muestra una foto de 1937 con los primeros hangares, la única pista y el arco sobre las dos torres de entrada. Afuera nos detuvimos ante la escultura de la Patria Alada y al ingreso nos relata como mientras se pensaba la Fuerza Aérea, la misma escultura de Ícaro que estamos viendo inspiró a sus precursores. Pasamos por la réplica del sable sanmartiniano y nos detenemos conmovidos ante el precario abrigo utilizado por Luis Candelaria en 1918 para realizar el primer cruce aéreo de la cordillera de Los Andes. Desde aquél entonces pilotaje y literatura parecen formar un fructífero maridaje ya que Candelaria, nos dice Pablo, era también un inspirado escritor que ha dejado bellas obras tales como “Mi ingenuidad Cristiana” y “Rebeldía Cívica” . Ello nos llevó al recuerdo de Benjamín Matienzo, muerto de frío en la cordillera un tanto más al norte, un año después. Llegamos tras ello a la historia de los Pulqui I y II. “ Era uno de los tres mejores aviones del mundo y fabricados aquí, para darte una idea imagínate un F 22 que hoy se fabricase en nuestro país” Casi un símbolo del triste retroceso sufrido

Y finalizamos la recorrida del museo con el homenaje a las víctimas del TC 48, el avión DC 4 caído en el mar con 9 oficiales y 59 cadetes de la escuela en el año 1965, accidente de mucha polémica según Pablo por las siempre vigentes necesidades periodísticas de vender ejemplares con misterios falsos.

5.EL VETERANO

Es sobrecogedor ingresar al rincón del museo donde obran los cuadros de cada uno de los oficiales caídos en el conflicto de Malvinas, realizados por el Capitán Ezequiel Martinez. Existen cuadros de los suboficiales en la escuela de suboficiales y de los soldados en el casino de soldados. Cada caído aparece retratado fidedignamente con la ropa que usaba en el momento de su muerte y el avión en que ella se produjo. Pablo, con un inmenso amor nos habla de cada uno, nos cuenta cuan exacta es cada reproducción y tiene para ellos un particular recuerdo.

“Al 95% de quienes aquí están viendo, los conocí personalmente porque estuve destinado en algún punto o fuimos compañeros o hasta instructor de vuelo” Se suceden nombres y anécdotas.

“De Bolzán, Volponi y Arrarás fui instructor, García Cuerva estaba en tercero cuando yo estaba en primero, Palaver y García estaban en cuarto año. Krause era mi íntimo amigo, misionero, hablaba en guaraní, por eso una vez le pedí que me escribiera en guaraní piropos para mi esposa, lo hizo en una servilleta que años después de la guerra, encontré y pude entregársela a la suya. Valko es al único que ni siquiera conocí. De Vázquez, el caído atacando al Invencible, fui jefe de sección en A4”

Hablamos sobre el derribo por fuego amigo de García Cuerva y me reconoce que fue su culpa al desobedecer la orden de eyectarse para salvar el avión que estaba íntegro, pero con combustible insuficiente para volver. El intento de aterrizaje en Puerto Argentino le fue fatal al confundirlo un artillero de ejército con un avión enemigo, hecho que le costó años poder superar. “Son cosas de la guerra, a mi también me dieron un blanco errado, el ELMA Formosa”

El recuerdo se detiene en Ibarlucea, Gimenez y Casco, tres instructores caídos de le escuela de combate, el último de ellos estrellado en las Islas Sebaldes y recuperado por los ingleses en 1999, siendo sepultado con honores en Darwin.

Me topo con una bandera inglesa capturada el 2 de abril en el Hospital y nos cruzamos con un grupo de cadetes trabajando en una maqueta inmensa de las islas donde irán a estudiar los combates aeronavales sucedidos. En una vitrina me aguarda el rincón del propio Pablo, con su casco, el mismo que me prestara para la foto en la Feria del Libro y dos obras de Ezequiel Martinez, una con su auténtica máscara de combate, extraída de una foto y otro una recreación de su recordado ataque rasante con Rinke a las fragatas Coventry y Broadsword.

Observamos con estupor en una vitrina la cuchillería de los gurkas nepaleses, incomprensibles para Pablo, puestos tan solo por dinero a pelear por sus opresores, así como los hindúes y chinos, bajas que jamás fueron contabilizadas por los invasores como tales. Entonces el piloto que nos acompaña pregunta sobre la veracidad del ataque al Invencible y Pablo nos da algunas de las innumerables pruebas del hecho, además de los testimonios de los dos pilotos que regresaron: Isaac y Ureta.

“a. A la hora del ataque el radar de Malvinas detecta que todos los Harrier se elevan a gran altura, ello demuestra que se habían quedado sin pista y se elevaron para ahorrar combustible

b. De inmediato de Portsmouth sale un barco con dos turbinas a bordo para reemplazar las dañadas

c. En Venezuela, dicho por sus oficiales, existió un pedido oficial para reparar el portaviones, el cual les fue denegado.

d. Fue el portaviones convencional que estuvo más tiempo de toda la historia, en altamar sin entrar a ningún puerto

e. Un español en una conferencia relató que asistió al ingreso del Invencible en Gibraltar y que la reparación en el flanco de ataque era ostensible

f. Está constatado el envío de barcos de reparación hacia el sur

g. Un oficial de la fuerza aérea argentina asistió en Canadá a la proyección de una película del ataque al Invencible

h. El príncipe dijo en una fiesta que estaba en el Invencible armando el cubo mágico cuando fueron atacados por aviones argentinos y ello se publicó en todos los medios ¿miente acaso? A veces son los detalles tontos quienes determinan la veracidad de un hecho, no necesitaba hablar del cubo mágico para decir una mentira. Estoy por escribir un libro acerca de la Biblia donde casos así abundan”

6.EL DOLIENTE

“Arrarás no está ni parecido” ¿Cómo habría de estarlo? pensé yo, ningún cuadro, ni siquiera una foto puede parecerse a alguien a quien uno mira con los ojos del amor. Dios no nos hizo encontrar en un día cualquiera. Ese 8 de junio era un aniversario, de gloria, pero también de dolor. Se cumplían 34 años de la fecha exacta del ataque a la fuerza de desembarco en Bahia Agradable, uno de los mayores éxitos de la Fuerza Aérea, a un alto precio. La segunda oleada de aviones, la escuadrilla Mazo integrada por el citado turquito Arrarás, los tenientes Bolzán y Sánchez y el alférez Vázquez fue diezmada en el ataque por los misiles ingleses, siendo Sánchez el único sobreviviente gracias a una arriesgada maniobra de un KC 130, avión tanque que fue a su encuentro.

Pablo lo quería como a un hijo, en cierto modo lo era. Fue alumno suyo en segundo año y aún recuerda el árbol debajo del cual les daba clase. Pablo le enseño a volar, fue su instructor de vuelo, luego habían ido juntos a volar los A 4 y un día marcharon juntos a la guerra. Esas jugarretas del destino hicieron que estando en el sur, el jefe de escuadrilla de Arrarás debiese volver a Córdoba para reparar un avión. Ahi él alumno le pidió al maestro cambiarse a su escuadrilla porque sin su jefe se sentía como huérfano. “Venir con nosotros es casi abonarse a la partida de defunción porque estamos saliendo mucho” fue la primera respuesta de Pablo, no obstante lo pensó para finalmente negarse a ello. Y Arrarás sin haber hecho el cambio, retenido en su propia escuadrilla cayó en Bahía Agradable. Había sido uno de los participantes del exitoso y costoso ataque ( perdieron la vida 4 pilotos) del 12 de mayo al destructor Glasgow y la fragata Brilliant.

Ese día Pablo se refugió en la música y hasta debió soportar que alguien se lo objetase con hirientes palabras a las que respondió “Señor, hoy especialmente yo debo tocar la guitarra”.

Seguir adelante con el dolor a cuestas, que de cada tanto lo hace llorar en algún acto donde se recuerda a su hijo profesional, es solo para poseedores de una fuerza espiritual poco común. Estamos llamados a sanar nuestras heridas sirviendo, y si logramos hacerlo ahí, en el ámbito donde nos fue infringida, mucho mejor. Es el camino que Pablo marca, uno más.

7. EL ESCRITOR Y POETA

Le sobra ADN para ello y desborda vocación. Descendiente de unos estancieros de la zona de Cerros Colorados, dos de ellos fundidos (“uno mi bisabuelo”) integra una familia de escritores, poetas y músicos. El abuelo de Pablo era escritor, su tío abuelo, perseguido por sus ideas socialistas en la década del 30 es uno de los escritores más importantes de Entre Rios. De nombre Amaro Villanueva ha escrito una Antología del Mate que lleva casi 100 años vendiéndose y es conocido en el exterior. Su hermana, Graciela Carballo es conocida como compositora musical, pero también es poeta y vive muy bien de su talento en Buenos Aires.

“Dos cosas amo con locura desde niño: los aviones y escribir. A mis 17 años, en 1964, terminé mi primer libro con 100 poemas y acabo de publicar un libro reciente en homenaje a él que justamente se llama Poema número 100. En el prólogo de aquél libro decía: Este cuaderno se llama mi refugio porque en él escribo lo que siento sin profesores, celadores ni maestros que me digan cómo debo hacerlo” Sana rebeldía en estado puro, difícil potro habrá sido para sus instructores de la escuela.

“Escribo todo el tiempo, nunca paro, escribo en el baño, en el celular, escribo de todo, tengo poesías que encuentro mucho tiempo después porque las hice en cualquier lado.” Conozco muy bien ese desorden y esa desesperación por estar inspirado justo cuando no hay un papel cerca.

“Tengo entre 20 y 30 libros escribiéndose, 6 publicados, el resto en proceso”.  Parece que la inspiración no respeta reglas de orden, ni siquiera en el ámbito castrense.

Se me ocurre compararlo con Richard Bach. Se me enoja. “Prefiero ser el autor de La excursión a los indios ranqueles (Lucio Mansilla), a Bach lo conocí porque invitado por el presidente De la Rúa volamos juntos a Entre Ríos, era un viejo deseo mío volar con él y Dios me lo concedió, en Un vuelo al corazón hay un capítulo referido a esa historia: Volando con Richard Bach”

En algún momento nuestra poética charla se interrumpe porque trepa, ágil como un gato al ala de un Tucano, “avionazo de entrenamiento” y me invita a subir. En un acto de inconsciencia lo sigo, agarrándome y arrastrándome como puedo aparezco sentado en la carlinga. ¡Vaya cosa el volar! Un tablero incomprensible delante mío, una cúpula que si la bajan me ataca la claustrofobia, un asiento incómodo, un bastón y una argolla debajo del asiento ( por las dudas haya que tirarse al vacío). Y no me puse equipo alguno, ni traje anti exposición, ni casco, ni escafandra. Como si fuera poco difícil elevarse en ese aparato, Pablo fue a la guerra a matar y a que lo maten, por Dios ¡a que te tiren!. Sentado ahí, en ese instante uno tiene una brevísima noción del tamaño de la hazaña de tantos, los que volvieron y los que quedaron. Ayer nomás en un acto un veterano amigo contaba como una persona que fue a Malvinas en octubre no podía imaginarse como habrían soportado dormir en junio a la intemperie. En ese Tucano sentí lo mismo, ni mi imaginación de escritor alcanzó para percibir a Pablo en el A4 rumbo a la fragata.

Retomamos la charla literaria. “Quiero hacer una película, en la cual incluyo más de 20 canciones inéditas, algunas de amigos y otras mías, incluyen una marcha muy bella” Poesía y música van de la mano, no me sorprende.

“Pero Enrique vos sabes que yo como poeta, soy un buen piloto, se muy poco de letras, escribo por intuición” Ahí el que se enoja soy yo. Le digo, ahora hablando con un colega: “Pablo, vos sos un poetazo porque escribís desde la tripa, desde el sentimiento. Tus poesías me han hecho llorar y yo leo cien poesías por semana, estoy harto de leer poesías que no dicen nada, que no se entienden, que no conmueven. Verdad y sentimiento son los únicos requisitos esenciales, si lográs conmover es porque escribís conmovido y eso es lo que vale, el resto si queres se estudia, se aprende, se pule, pero no es esencial, por favor seguí haciendo poesía” Esa fue toda mi lección, el tiempo apremiaba

8.EL SOLIDARIO

“Ni bien volví de la guerra me atormentaba pensando ¿Qué hubiese sido de mi familia si yo no volvía? ¿Cómo se sentirán esas familias? Entonces decidí acompañarlas. Hace 34 años que les escribo a las viudas y si bien al principio fue difícil para todos, luego descubrí que tienen una fuerza especial, que son familias bárbaras, que desde algún lado sus muertos los guían y protegen porque han salido adelante y los hijos son ejemplares”

No solo les escribe, les ha donado a los familiares de los caídos los derechos de autor de sus cuatro libros sobre Malvinas. Pablo no desmalvinizó, Pablo no olvidó, Pablo no se calló nunca, que se entienda bien, NUNCA. Con unos cuantos más como él en cada fuerza, distinto hubiera sido el destino de muchos veteranos.

Hace poco tiempo se contactó conmigo la familia de Hector Ricardo Volponi, piloto de Dagger caído en Bahía Elefante, con ellos pude constatar la veracidad de sus palabras, son un rayo de luz. Quizás la verdad la contenga la última estrofa de la poesía que Pablo le dedicara en su libro al propio Héctor y que se llama La muerte.

Todos vamos a morir, hoy o mañana,

No hay ningún inmortal sin vida santa,

Lo que no es realidad es fantasía,

Solo sirve lo construido mientras cantas”

Y Pablo sabe de construcciones y construye y corre y canta. Lo sigo, casi sin aliento, casi con vergüenza de mirarme, pero lo hago, para saber cuanto me falta.

9.EL ESPOSO ENAMORADO

Venimos caminando rápido, las hélices de un Fokker nos dificultan la charla y los libros me pesan. Pablo se detiene de golpe frente al edificio del Casino de Oficiales al que hemos vuelto y dice

“Ahi, en ese primer piso, al lado de esa columna, donde está la Virgencita, le di el primer beso a mi señora. Nos conocimos el 15 de marzo de 1970 en Carlos Paz y la invité a la fiesta de entrega de uniformes que por ese entonces era en abril. La fiesta fue en el salón que vimos, hermoso, que solían lustrar con dos cadetes de primer año sobre una manta tirada por otros, salimos al balcón y sucedió. Dos meses después, el 15 de mayo nos pusimos de novios por tres años y llevamos hoy 46 años de casados” Es cierto que Pablo tiene una memoria prodigiosa pero este tipo de recuerdo solo habla de un amor que perdura. No solo ama a Mirta, también la admira profundamente.

“Imaginate, sangre italiana, la madre del norte, el padre del sur, es un torbellino, tiene 64 años, juega el tenis, moviliza todo y a todos. Es alguien que sufrió mucho de chica, construyó un muro para defenderse y lo logró al costo de aislarse. Al crecer se intentó buscar, especialmente a la niña que fue, en el camino descubrió a Dios y fue El quien la llevó a descubrirse en su esencia. Ha escrito un libro maravilloso, que he leído varias veces y he llorado con él. Le he dicho que es una verdadera obra de arte porque es una creación personal que llega sin duda a remover el alma de los demás” Asiento fervorosamente, a mi me sucedió otro tanto, máxime porque abreva en Victor Frankl, un sobreviviente del Holocausto que me es tristemente cercano.

Debe ser por ella, por Mirta que se recuerda perfectamente una poesía de su tío abuelo a su propia esposa

Tanto te quiero desde que te quiero,

que el tiempo sucedido sin quererte,

más que en la vida sucedió en la muerte,

querida muerte sucedió primero”

Nueve facetas y me quedo corto, debe tener muchas más. Nos quedamos solos, en un bello rincón del Casino y parece un chico sentado a mi lado. Está emocionado y no puede escribir la dedicatoria que le pido

“Disculpame, la marcha, la escuela, los uniformes, 50 años después aún me emocionan, esto es mi vida” Afuera los cadetes cantan Alas Argentinas, la marcha de la Fuerza Aérea y otra vez asiento en silencio, es claramente su vida, me citó en la escuela porque lo siente su hogar.

Está apurado, de los treinta minutos que disponía para llegar a tiempo a su casa le dejé solo tres, llegará tarde y el reto de Mirta será inevitable. Le dejo mis libros que seguramente leerá y sensible como es y amigo como lo siento, algún comentario vendrá en devolución.

Mientras nos acerca con el auto hasta la entrada, a mi y a mi hijo enmudecido del asombro ante todo lo visto, oído y vivido, tiene tiempo para darme las gracias, decirme que puedo volver cuando quiera y hacerme sentir “su numeral del corazón” – como me escribió en su libro – una vez más.

“Enrique, esta es una operación en equipo, para defender valores, para reconstruir la Patria. Como suelo decir en mis charlas, en este suelo hay argentinos y los que viven acá, hay que trabajar mucho, bien y muy unidos para que aumenten los argentinos y disminuyan los que solamente viven acá”

En este 9 de julio, Bicentenario de la Declaración de la Independencia de nuestra Argentina, no encuentro mejor forma de celebrarlo que escribiendo las palabras que anteceden, en homenaje a un héroe de la Patria, que tiene la inmensa deferencia de honrarme con su amistad. Espero que sirva para que quienes no lo conocen se acerquen a escucharlo porque es de los maestros que necesitamos, de los pocos que pueden mirar de frente a Dios y a todos, sin tapujos, sin dobleces, con las manos limpias y el corazón rebosante de amor ya que han avalado con sus actos y sus vidas los sanos propósitos de que se nutre una Nación.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 9 de julio de 2016

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Published in: on julio 9, 2016 at 6:46 pm  Comments (7)  

HALCÓN CAÍDO

Hector Volponi

HALCÓN CAÍDO

Mis poesías siguen caminando solas y me regalan frecuentemente emociones extraordinarias. Vengo de una semana gris pero de profunda reflexión. Mi cuerpo dijo basta al ritmo impropio de su edad que le venía imponiendo y una especie de gripe me obligó al reposo. Ayer terminó esa semana de un modo insospechado. Me contactó por las redes alguien que desconocía por completo y sin “amigos” en común. Casi lo rechazo, menos mal que no lo hice. Resultó ser la viuda de un héroe de Malvinas que había sido tocada por mi poesía de 1983 Los huérfanos de Malvinas ( https://sociedadpoetica.wordpress.com/2009/03/30/los-huerfanos-de-malvinas/). María Ines Rico es profesora de filosofía en la Universidad de Cuyo, viuda del piloto de Dagger Héctor Ricardo Volponi, caído el 23 de mayo de 1982 y encontrado fallecido en su avión dos días después en la zona de Bahía Elefante de la Isla Borbón, al norte de Gran Malvina. Dentro de la emoción compartida por el virtual encuentro intercambiamos algunas opiniones y me quedé luego releyendo el capítulo 26 del libro Los Halcones no se Lloran del Comodoro Pablo Carballo, que habla justamente de Volponi. Hoy al despertar y todavía maravillado por las cosas que vienen sucediendo, me imaginé – ¿qué sería de un poeta sin una todopoderosa imaginación? – llegando al avión destruido antes que la patrulla de rescate y teniendo un diálogo con el halcón caído. Vaya ella como homenaje a este Héroe de la Nación.

HALCÓN CAÍDO

al teniente Héctor Ricardo Volponi

Dime halcón caído,

¿quién detuvo tu vuelo?

“No fue el mar bravío,

ni el quebrado suelo”

“Fue un mísil artero,

por espaldas venido,

de alado guerrero,

quien me ha abatido”

Dime halcón caído,

el por qué de tu vuelo,

tan lejos de tu nido,

que dejas sin consuelo.

“Si la Patria reclama,

cumplo yo mi promesa,

aunque dolor en llama,

se siente a mi mesa”

Dime halcón caído,

tu amor a Malvinas,

que vida has perdido,

por verlas argentinas.

“De niño fue un sueño,

de hombre objetivo,

restituir a su dueño,

este suelo cautivo”

Dime halcón caído,

en el frío abismo,

¿a otro has prevenido

antes que a ti mismo?

“Es lo que Dios ordena,

vivir en el servicio,

tan divina faena,

vale el sacrificio”

Dime halcón caído,

¿es que no te opones,

a dejar hoy tan solos,

compañera y pichones?

“Es que erras poeta,

velaré por su vida,

seré ejemplo y meta,

cada vez que decida”

“Pues no hay mejor faro,

que heroica partida,

en un mundo avaro,

de humanidad perdida”

“Todos verán en ellos,

mi fuerza y coraje,

y serán con los cielos,

testigos de mi viaje”

En la turba te quedas,

en tu avión vencido,

rescate que esperas,

de despojos queridos.

Mas tu alma ya vuela,

cual bandera al viento,

aunque a todos duela,

el héroe que siento.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 23 de mayo de 2016

 

 

DE ESCUELAS Y HÉROES

EEP 113 COTE-LAI

EEP 113 COTE-LAI, a partir de hoy CRUCERO ARA GRAL BELGRANO

DE ESCUELAS Y HÉROES

pero el amor es más fuerte”

Tanguito

En apenas unas horas la directora de la escuela EEP 113 de la localidad de Cote-Lai, departamento de Tapenagá, provincia de Chaco encabezará una ceremonia que hace brincar mi corazón de alegría y emoción porque nuevamente distintos caminos seguidos en los últimos años vuelven a confluir. Cote-Lai es una localidad de no más de 1300 habitantes y de difícil acceso, cuya escuela, como tantas otras de los medios rurales, acumula necesidades. Hoy a las 19 horas dicha escuela que cuenta con 94 años izando nuestra bandera ante los niños y haciendo patria donde más se necesita, tomará, por decisión de su cuerpo docente y alumnos, el nombre del glorioso Crucero ARA GENERAL BELGRANO.

Haciendo muy corta una larga y maravillosa historia solo diré que en 1982 escribí una poesía dedicada a todos quienes combatieron en Malvinas de nombre A VOS, que esa poesía silenciada en su tiempo, la fui entregando en mano a cada veterano que conocía, que mi profesión me llevó a dirigir en el año 2000, la Dirección de Rentas de la Ciudad de Buenos Aires, que ahi di con un grupo de veteranos que hoy conforman el CIDEM- AGIP y me honran con su amistad, que ellos subieron A VOS a la red, que dicha poesía fue tomada de la red por Silvia Paglioni pensando que se trataba de un poeta italiano, que por agradecerle gané una amiga-hermana para toda la vida, que un día de 2009 Silvia en un acto de amor desbordante organizó en Bahía Blanca con ayuda de los veteranos de guerra de esa ciudad una colecta en favor de la escuela que nos ocupa, que fue SOLA a llevarlas hasta Cote-Lai no sin antes pedirme una poesía que escribí bajo el nombre de EL PUENTE y que hoy luce en dicha escuela, que Silvia le dio difusión a la escuela en la radio FM de las Américas de Luis Allegrini donde los veteranos Nilo Navas y Hector Bollo ( hermano de Juan Carlos fallecido en el crucero) conducen el programa EL BELGRANO VIVE. Y que de resultas de todo ello, veo como una poesía, un minúsculo gesto de amor en una llaga doliente fue armando sola su camino para contactar gente maravillosa, desbordante de amor por el otro y llegar a ofrecernos a todos los nombrados, sin olvidarme del maestro que recibió a Silvia y fue artífice de este nexo de amor Lucio Julián Arriola, una auténtica fiesta del corazón.

Hoy es un día de duelo, casi la mitad de los caídos en Malvinas, navegaban en el crucero y fueron asesinados por una orden política del más alto nivel británico, con el solo propósito de hacer fracasar las negociaciones de paz. Yacen en el lecho marino de un gélido océano austral 323 patriotas y lo único que jamás haremos es olvidarlos. Por ello es fundamental que una escuela lleve su nombre, para que las distintas generaciones de alumnos que pasarán por sus aulas se pregunten acerca del imponente barco, sus tripulantes y su destino. No solo ello hará al recuerdo permanente sino también duradero en el tiempo, cuando Rosa no sea más su directora, Silvia nos ilumine desde otro lado, Luis no esté mas en su radio y yo no escriba de Malvinas.

Como no puedo llegarme hasta allá, sentí la profunda necesidad de hacerme presente y fue la Vigilia de San Andrés de Giles, ese maravilloso rincón de patria, obra del Centro de Combatientes y de Alberto Puglielli, incansable veterano, su presidente, quien me dijo como hacerlo. Llevada a cabo este año en abierto desafío a la cruel tormenta que se abatió el 1 de abril, me regaló al término de la misa, el tradicional Rosario bendecido que lleva el nombre de un caído en el conflicto. Por vez primera, ya son cinco en las que participo, me tocó uno con el nombre de un marino del Belgrano: el marinero primero JUAN CARLOS REGUERA. Accediendo a la solicitud que acompaña su nombre elevé oraciones por su alma y le dediqué el rezo de mi Rosario personal durante una semana. Siempre obtuve respuesta a la oración y en esta oportunidad la respuesta fue la necesidad de hacer presente a este marinero tucumano en el acto de la EEP 113. Tucumán y Chaco son vecinos y es probable que en Cote-Lai no lo conozcan a Reguera. De algún lado – a los poetas siempre nos soplan- pude saber  que la mejor manera que nuestro héroe llegase a Cote-Lai era que él escribiese una carta a los alumnos contándole de su barco, ese que defendiera hasta perder la vida, por nosotros, que no se olvide.

Es día de duelo, pero mi alma está de festejo, una vez más el amor fue más fuerte. Los dejo con Juan Carlos Reguera, tiene algo muy importante para decir.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 2 de mayo de 2016

belgrano 2 Reguera copia para edición

CARTA DESDE EL LECHO MARINO

Hola querido alumno de Cote-Lai

Te escribo desde el fondo del océano austral, más precisamente desde los 61 grados 32 minutos de longitud oeste y los 55 grados 24 minutos de latitud sur.

Probablemente no me conozcas pero es muy bueno para todos que lo hagas ahora. Mi nombre es Juan Carlos y mucho antes que vos nacieras fui marinero de primera en un barco imponente, el mismo que hoy dará nombre a tu escuela.

Para que te des una idea somera de como era te cuento que tenía 185 metros de largo, 21 metros de ancho y el casco penetraba más de 7 metros en el agua. Tenía 15 cañones que disparaban balas de 15 cm de diámetro, 8 cañones con balas de 12 cm, 28 cañones con balas de 4 cm y 48 cañones con balas de 2 cm, más 8 ametralladoras con balas de 12 cm y dos bases de lanzamiento de misiles Sea Cat. También tenía un hangar, un helicóptero, un bote motor y 72 balsas salvavidas, esas que le permitieron a 770 camaradas míos volver a tierra firme para contar la  historia. Podía llevar hasta 1100 tripulantes, es decir que era casi una ciudad flotante.

Nació en un astillero de EEUU, allá por el año 1938 y fue considerado un barco afortunado. Bajo el nombre de FENIX fue víctima del ataque artero japonés a la base naval norteamericana de Pearl Harbour, en las islas de Hawái, un 7 de diciembre de 1941. Bajo fuego pudo ganar el mar y evitar ser hundido como tantos otros. Participó luego en la batalla del océano Pacífico hasta lograr la rendición japonesa, sin ser afectado por los mortales ataques suicidas de los aviones nipones. En el año 1951 fue adquirido por el gobierno argentino para integrarlo a su armada nacional.

Años después, en 1955, recibió el nombre que orgullosamente llevó por los mares argentinos hasta la guerra de 1982, que aún luce aquí abajo y que hoy engalana tu escuela “Crucero ARA General Belgrano”

Muchos alumnos como tú, tuvieron por años la ocasión de visitarlo en el puerto de Buenos Aires, quedando absolutamente fascinados con su tamaño, su armamento, su poder de fuego y su coraza.

El escudo del navío contiene un ave fénix y la expresión latina EX-CINERE que simboliza a un pájaro mítico, el cual, consumido por el fuego cada 500 años, sabe resurgir de sus propias cenizas. Pero el lema del barco tallado en letras de bronce luce debajo de las ventanas del puente y dice proféticamente “Irse a pique antes de arriar el pabellón” , tal como sucedió. El Belgrano nunca se rindió y nunca cayó en manos del enemigo.

Tú eras todavía una ilusión de tus padres cuando un 2 de abril los argentinos cumplimos un sueño largamente acariciado: recuperamos las Islas Malvinas que son indudablemente nuestras, pero nos han sido arrebatadas por la fuerza en 1833 por Gran Bretaña. Ante el fracaso de las negociaciones diplomáticas otros barcos trasladaron a los soldados y marinos que recuperaron las islas.

Llegado de mi Tucumán natal, con sumo orgullo abordé al imponente crucero el día 16 de abril de 1982 y zarpamos de Bahía Blanca integrando la fuerza de tareas 79 número 3. Fuimos al sur, a la Isla de los Estados y practicamos tiro, luego nos reabastecimos en Ushuaia y navegamos a la zona de guerra el día 24 de abril con 1093 personas a bordo, al comando del capitán, fallecido hace pocos años, Hector Bonzo.

En esa zona el frío es intenso, los vientos son muy fuertes y el mar es siempre bravo. La flota inglesa, poderosa y numerosa, estaba a punto de atacar las Malvinas y nosotros en compañía del buque tanque Rosales y los destructores Piedra Buena y Bouchard formábamos uno de los brazos de la pinza con que se pretendía atacarla, avanzando desde el sur de las islas.

La noche del 1 de mayo fue de trabajo intenso y ansiedad, muchos nervios a bordo y en alerta permanente, sacudiéndonos al ritmo de un temporal que se acercaba. Justo cuando recuperamos la calma, a la tarde del día 2 , ya alejándonos de las islas, a las 16 horas recibimos dos impactos de torpedos MK-8, (tres fueron los disparados por un submarino nuclear inglés de nombre Conqueror que nos seguía), uno de los cuales deshizo la proa del buque y el otro explotó justo en el centro, donde yo estaba, quitándome la vida. El barco se hundió una hora después y 323 argentinos quedamos en el fondo del océano para siempre.

No estamos muertos, nunca lo estaremos , mientras alguien nos recuerde. Tenía unos pocos años más que tú cuando, por servir a la Patria, en el frío y lejano océano austral tuve que dar la ofrenda máxima que se le puede pedir a una persona, mi vida por ella. Pero esa ofrenda la hice también por ti, para que puedas sentirte orgulloso de ser argentino. Para que cantes el himno con ganas y a voz en cuello, para que sepas que Argentina no se amilanó ni siquiera ante una fuerza militar mucho más poderosa y Dios no lo permita, si la Patria te pide a ti la ofrenda máxima, recuerdes que muchos la dieron antes y la des con la alegría de pertenecer a esa categoría que todos admiran y que suelen denominar HEROES.

El Belgrano, como hoy se llama tu escuela, fue condecorado después de la guerra con la distinción del “Honor al valor en combate” y toda su tripulación recibió la condecoración “Al esfuerzo y la abnegación” así como el distintivo “Operaciones en Malvinas”. A nosotros, los 323 que no pudimos volver, el Congreso Nacional nos otorgó la condecoración “La Nación Argentina al muerto en combate”

Empero, nuestra mayor gloria, es tu recuerdo. Es él y nada más, lo que nos libra de la muerte. Saber que somos importantes, que una escuela lleva el nombre de nuestro hogar en alta mar, hace que cumplamos aún más motivados nuestra tarea de centinelas permanentes en los mares del sur, hasta que las Islas Malvinas vuelvan a integrarse a nuestra Nación.

Es importante que estudies acerca de esa guerra que tuvo lugar en 1982, para que formes tu propia opinión, tengas noción del poderoso enemigo que enfrentamos, de lo heroico que fueron nuestros soldados, aviadores y marinos, del sacrificio enorme que implicó el combate, del dolor de nuestros familiares porque no volvimos o lo hicimos en mal estado físico o psíquico.

La posta es tuya, querido alumno, ahora sos vos el que debe luchar, con las armas que te toquen, para recuperar las Islas y para defender nuestro derecho a ellas. Por eso , para recordártelo todos los días que pases en tu escuela, ella llevará el nombre del imponente “Crucero Gral Belgrano”, el barco afortunado, el que nunca se rindió.

Bienvenido a bordo, 323 centinelas te abrazan para defender juntos a la Patria.

Juan Carlos Reguera

Marinero de Primera

ARA Gral. Belgrano

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Published in: on mayo 2, 2016 at 11:46 am  Dejar un comentario  

LA HERMANDAD

traduciendo a los veteranos de guerra britanicos en Giles

 

LA HERMANDAD

Una sorprendente Vigilia en San Andrés de Giles

Allí estaban ellos, frente a frente, cara a cara, como hace más de tres décadas en ese rincón de la Argentina que hace todo lo posible para parecerse a las Islas Malvinas, sobre todo en el 2 de abril.

Se miraban serios pero no empuñaban armas, no llevaban colgando cargadores y no se estaban apuntando. Más de 700 veteranos de guerra argentinos en semicírculo, serios y atentos, a eso de las 11 de la noche del pasado 1 de abril, esperaban ansiosos la palabra de dos veteranos de la misma guerra, británicos, que por primera vez se hacían presentes en la Vigilia, con el muy loable fin de inaugurar una placa en el monumento de la plaza Saraví, en honor al Valor del soldado argentino.

No llevaban armas no, tenían sobre si una carga mucho más pesada: sus propios fantasmas, sus recuerdos, el dolor por los amigos perdidos y una fecha que los hermana de por vida.

Si hace treinta cuatro años me hubieran dicho que hoy yo iba a estar aquí, lo hubiese considerado imposible” dijo David, hoy poeta, doctor en educación graduado en Londres, con especialidad en psiquiatría y que atiende veteranos de guerra británicos de todas las múltiples guerras en que su país participó.

Lo miran fijo, nadie entiende una palabra, salvo Guillermo Anaya, helicopterista de ejército en Malvinas, hijo del jefe de la Armada en el conflicto y que fuera por propia decisión al frente de batalla. Pero el intérprete elegido soy yo. Cegado por la luz de las cámaras, no puedo ver a los ojos a los veteranos argentinos, mi hijo que está filmando se estremece, teme alguna reacción fuera de lugar. Nada de ello sucederá , imperará el clima de respeto.

Conteniendo la emoción traduzco lo mejor que puedo, mi primaria de Temperley, el William Shakespeare School que cumplió 90 años, y mis seis años de ICANA, corren prestos en mi auxilio. Soy muy consciente que estoy viviendo un momento histórico, estoy siendo un puente necesario entre hombres que muchos años atrás se tiraron a matar.

A David lo acompaña Lou, un marine más que famoso, fue tapa de Gente en los días de la guerra. El estaba en Malvinas el 2 de abril. Seineldin lo corrió del aeropuerto junto a los cinco hombres que tenía a su cargo y en la batalla de la casa del gobernador casi cae bajo el fuego propio. Lo alcanzó a ver al capitán Giachino herido en la turba malvinera antes de caer prisionero y encabezar la fila con las manos en alto, apuntado por un comando anfibio argentino, en la foto que dio la vuelta al mundo. Volverá a Malvinas con la flota y desembarcará en San Carlos el 21 de mayo, irá del callejón de las bombas a pelear en Darwin y luego le tocará combatir en Monte Harriet las trágicas noches del 11 y 12 de junio. Hoy es doctor en filosofía de colores y está en San Andrés de Giles.

Terminado el conflicto no tuve más enemigos, en cada argentino empecé a ver hijos, padres, tíos, esposos, seres humanos, tal como empecé a ver en mi y mis camaradas de armas, personas, es lo que todos somos” continuó David.

Mientras traducía como podía pensé para mi: brillante, es la pura verdad. Este oficial de comunicaciones que ocupó el puesto muleto de comando como asistente del jefe Thompson del 42 Batallón de Comandos que peleó en los montes Kent y Challenger, me confesó momentos antes que estudió porque se hartó de tratar con infinidad de gente que intentaba contarle a él quien era en verdad. Lo quiso descubrir por si mismo y ahora que tiene un título universitario y trató a tantos veteranos de guerra se admira que aquellos, le piden su opinión y lo escuchan con atención.

Y pensar que apenas horas atrás yo estaba nervioso porque debía leer mi poesía, compuesta ese mismo día, ELLAS EN GUERRA, en el momento del homenaje a la mujer. Frente a lo que estaba haciendo, aquello había sido juego de niños. Aunque, a decir verdad, ya había practicado. Además de sostener una larga e interesante charla en inglés con David, ni bien me acerqué, impulsado por Alberto Puglielli al corrillo que formaba con Guillermo Anaya quien le contaba el tiempo que le había llevado dejar de estar enojado con los soldados ingleses. Un malvinero puntano presente quiso que le firmara un libro de fotos compaginado por Nicolas Kasansew y eligió un grabado que no me agradó, la del artero derribo del avión Hércules sobre el mar. David no tenía nada que ver con la malicia del piloto que ametralló innecesariamente al avión, pero la firmó sin problema alguno. A mi cargo estuvo la requisitoria. También había hecho de intérprete para la entrevista de un medio local y para el programa CONTANDO HISTORIAS de De Cesare, quien muy amablemente los invitó a su museo de Malvinas en Caseros, para que firme la foto de la tapa de Gente.

Igualmente, todo servía de poco, la emoción me arrasaba. Intentaba ser lo más fiel que podía a sus palabras. Ambos vinieron a nuestro país a montar una obra de teatro que se estrenará en el mes de noviembre próximo. En el proyecto están trabajando con tres veteranos de guerra argentinos y de ellos nació la iniciativa de visitar la Vigilia.

A Marcelo -uno de los veteranos argentinos del proyecto, presente en el acto- lo conozco hace tres semanas y después de trabajar con él , me he dado cuenta que no solo tengo un amigo, sino un hermano, un hermano de por vida” continuó David.

Traducite esto sin temblar, si podés, me dije y acometí el esfuerzo ante la mirada atenta y silente de los marcados por Malvinas, prestos a encender las 649 antorchas en recuerdo de sus amigos caídos por acción de los amigos del dicente. David, una hora antes, había sido más explícito conmigo cuando le contaba lo difícil que era para nosotros, que abrazando la causa, no habíamos estado allí, entender, comprender, sentir empatía con aquellos que habían combatido. Fue muy claro. Me dijo: “Si estuviste en una guerra, la guerra se te hace carne en el cuerpo y solo encontrás comprensión y empatía en otro que haya estado en una guerra porque es imposible transmitir acabadamente lo vivido. Eso, tan único y a la vez tan individual, porque a cada quien le llega de forma distinta, es lo que te hermana. Los veteranos de guerra, cualquiera sea la bandera bajo la cual peleamos, somos una verdadera y auténtica hermandad”

No me había sido fácil llegar. Tras el fantástico acto que habíamos tenido el día 29 de marzo en la Dirección de Rentas del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, organizado por el CIDEM que dirige mi amigo Ariel Ramirez, veterano que combatió en las Islas Georgias a bordo del helicóptero del buque Bahía Paraíso y que tuvo luego la ingrata misión de rescatar las últimas balsas del naufragio del crucero ARA GRAL BELGRANO, esperábamos una masiva concurrencia a San Andrés de Giles. Se había presentado con total éxito el libro de Piky Arguelles, del que formo parte y la emoción nos había hecho vibrar a todos. Pero tal como el veterano Carlos Bordón me confesara, para el 2 de abril, San Andrés de Giles se viste de Malvinas y lo hace completamente .

Se descargó un brutal diluvio y llegamos sobre las 19 horas, prácticamente navegando por la autopista. En efecto a Malvinas, se llega cruzando el mar. Iban ya varios años en que la lluvia cesaba a tiempo pero esta vez amenazaba seriamente con no hacerlo. La plaza Saraví contenía tan solo una ambulancia Land Rover, el gazebo vencido por el viento de Piky y la incólume carpa verde de los comandos de la agrupación Halcones Dorados. El resto era silencio, agua y viento, como Malvinas. Muchos se fueron, se llegó incluso a anunciar que se cancelaba, Piky me mandó mensajes que no leí, para que no fuera. Ya estábamos ahí, había que ver que sucedía.

Y a las 11 de la noche, la lluvia paró. Ello significó que se pudieron encender las antorchas, en el fogón que ardió aún bajo el diluvio y que se pudo llevar a cabo el acto central de descubrimiento de las seis nuevas placas, entre ellas las de los veteranos británicos, cuyo texto también tuve que traducir.

Venimos aquí a reconocer el valor del soldado argentino en combate, solo nosotros podemos dar debida cuenta de ello, porque lo sufrimos en carne propia y sabemos todo lo que costó vencerlos” concluyó David.

Antes me había dicho que él sabía que cuando un soldado iba a la guerra, toda su familia iba a combatir y a sufrir heridas indelebles y a tener que adaptarse para siempre a un miembro que vuelve con serios problemas, si es que logra volver. Todo encajaba, sus palabras, mi poesía y los reconocimientos múltiples a la mujer que tuvieron lugar en esta Vigilia, incluyendo a una psiquiatra muy querida por los veteranos y a una ONG de mujeres que llegó a tener 14000 miembros y que trabaja sin interrupciones desde 1982.

Cantado el Himno a capella con la sabia guía del Gaucho Rivero – debe ser la primera vez que falta Roberto Rimoldi Fraga- se concluyó el acto central y como la lluvia amenazaba con volver, fuimos nuevamente al gimnasio del colegio nacional para los distintos reconocimientos. Exhausto, así me encontró el canal de la televisión local SOMOS y me pidió que al cabo del acto final, les sirviera de intérprete para una nota televisiva. Opuse escasa resistencia y fuimos en la noche cerrada de la plaza a buscar a los marines. La monotonía de las preguntas y respuestas ya por mi conocidas fue quebrada de improviso, cuando un veterano de guerra se acercó corriendo a nosotros e intentó darse a entender por señas para no estropear la grabación. Llevaba en sus manos sendos Rosarios bendecidos en la misa de campaña con los nombres en cada uno de un caído argentino en la guerra. Por sus gestos comprendí que deseaba obsequiárselos a los veteranos británicos.

Fue el cansancio, sin duda que fue él, que me permitió transmitir este deseo sin desmayarme de la emoción. Ellos sintieron el impacto y se quedaron en respetuoso silencio, al periodista se le llenaron los ojos de lágrimas y por un instante no pudo pronunciar palabra. Ahí me di cuenta, que estaba asistiendo al triunfo de la paz, que los caídos son caídos, que los soldados son personas y que la condición humana está tan por encima de todo conflicto, de todo interés, que ella, solo ella, al final de cuentas, siempre termina hermanándonos a todos.

Me despedí y caminé en silencio, con mi hijo profundamente impactado por todo lo vivido en busca de algún lugar abierto para comer algo, tanta traducción nos había dejado hambrientos. Me resonaban en la cabeza las palabras de David frente a alguna incisiva pregunta relativa a quien, si Inglaterra o Argentina tenían razón, en opinión de los veteranos. Fue terminante, quizás la única vez que lo fue.

No me interesa que piensen, digan o hagan los políticos de uno u otro país. Yo fui soldado y cumplí con mi trabajo, me interesa tan solo el bienestar actual de mis hermanos y ellos son todos, los que les tocó estar de un lado y los que nos tocó estar del otro, los veteranos”

Dimos con un bar abierto, dimos en él con Luis Labraña, un ex montonero que ante la mirada atónita de todos en la Vigilia, se dio un abrazo con quien combatiera contra ellos, el Teniente Coronel Emilio Nani, condecorado por el combate de La Tablada y veterano de Malvinas, y juntos reconocieron a los veteranos. Vienen transitando el camino de la concordia política en la cual trabajan con víctimas de la violencia de los años 70 de uno y otro lado. Esa dolorosa grieta interna también tiene gente que está trabajando, en serio, por cerrarla.

En ese mismo bar dimos con nuestro amigo del gobierno porteño Carlos Bordón que cenaba a las 3 de la mañana una pizza en compañía de Bernardo Dobrenic, un tripulante de helicóptero de la Fuerza Aérea que pasó 72 de los 74 días operando en Malvinas. Tenía otra historia, para mí los únicos helicópteros que habían ido a las islas eran los de ejército. Así que mientras daba cuenta de mi sandwich hice oído a mil anécdotas que prometió continuar en algún asado futuro.

A la mesa de al lado nuestro llegaron los veteranos británicos y compartieron una cerveza con Guillermo Anaya y algunos de sus compañeros en Malvinas.

Mi hijo, con los ojos bien abiertos pese a la hora y con los oídos más abiertos aún contemplaba la escena, le resultaba increíble. Mucho más se sorprendió cuando al retirarse los británicos, advertidos de mi presencia, levantaron el pulgar y me dijeron más de una vez “GOOD JOB” (buen trabajo). Se quedan cuatro semanas más en el país, quizás nos veamos de nuevo.

Con mi carga emocional a cuestas, bien consciente de haber sido puente de un momento histórico, despabilado como nunca, subí a la neblinosa autopista para dejar atrás al querido San Andrés de Giles, o a las anheladas Malvinas, porque créanme, cada año, para el 2 de abril, se parecen más.

Quizás el sentido de los 19 fogones gilenses no sea otro que el relatado por Carlos Bordón, entre pizza y sandwich y con muchas lágrimas queriendo rodar por su cara. “Vos sabés que mi hijo, está grandote, más alto que yo, todos los 2 de abril cuando se levanta, viene y me da un abrazo largo y me dice ¡Gracias Papá!. La primera vez me emocionó, las siguientes me gustó, ahora ya lo estoy esperando.”

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 7 de abril de 2016

Imposible no recordar aquí a la tregua de Navidad de 1914, la primera en guerra de la primera guerra mundial del siglo pasado. Eran soldados, estaban en trincheras enfrentadas pero por un momento recordaron que eran seres humanos, esa humanidad que al regreso le cuesta a todos recuperar en plenitud.

Published in: on abril 8, 2016 at 2:29 am  Comments (1)  

ELLAS EN GUERRA

MADRE DESPIDIENDO A SU HIJO

ELLAS EN GUERRA

a las mujeres de Malvinas

Hace días que el sueño la esquiva,

y la vieja radio no quiere escuchar,

el televisor apaga con inquina,

el paso del cartero la hace temblar.

Su dulce alma presiente y conoce,

que a su amado irán a convocar,

y no entiende de vecinos el goce,

la albricia en banderas a desplegar.

Ella se esconde y en silencio llora,

sabe que la Patria le está por pedir,

a ese hombre soldado que adora,

fruto de su desvelo, razón de vivir.

Se desgarra el corazón bien adentro,

entre orgullo y su amor de mujer,

y un puñal de dolor clava el centro,

pues otro amor quiere hacerla ceder.

Es el amor a su Patria generoso,

clamando por irredenta perla austral,

que convierte a ese amor celoso,

en ofrenda de sangre, incierto final.

Setenta y cuatro días de locura,.

y setenta y cuatro noches de terror,

con su hombre en la trinchera oscura,

en el mar negro o en el cielo traidor.

También ella anhela esa victoria,

que a su soldado le brinde el honor,

e imagina un regreso con gloria,

para admirar aún más a su amor.

Una en vela a la foto le ora,

otra recuerda el día en que parió,

otra al hermano extraña ahora,

toda la noche otra al vientre habló.

Pero el destino la prueba prepara,

de hierro y miel deberá ser la mujer,

pues la derrota cruel todo acapara,

y olvido y desprecio quieren vencer.

A una aguarda el más duro duelo,

sin adiós, sin un cuerpo y sin funeral,

a otra ser también padre sin consuelo,

a otra custodia y testigo del mal.

Ellas en la guerra también estuvieron,

muchas de ellas todavía lo están,

silente oscura batalla libraron,

al amor como arma tan solo tendrán.

Enrique Momigliano.

San Andrés de Giles, 1 de abril de 2016

FOGON

 

 

Toribio Encina, VGM reg blindados 10 de La Tablada, Piky Pelaez, un servidor y Marcos Falcón VGM grupo de artillería 3 de Corrientes, en San Andrés de Giles

Toribio Encina, VGM reg blindados 10 de La Tablada, Piky Pelaez, un servidor y Marcos Falcón VGM grupo de artillería 3 de Corrientes, en San Andrés de Giles

FOGÓN

Hermano déjalo que arda,

que se lleve el desconsuelo,

cuando nos dieron la espalda,

cuando negaron nuestro vuelo.

Hermano déjalo que arda,

que las lágrimas evapore,

cuando no pude ver gallarda,

a la causa de mis dolores.

Hermano déjalo que arda,

que tantos adioses se quemen,

de cuantos valientes en guarda,

a cortar sus días se avienen.

Hermano déjalo que arda,

que sus llamas rojas se alcen,

cual fiera vida que anida,

en guerreros que hoy renacen.

Hermano déjalo que arda,

que su chispa faro ya sea,

para un país que aguarda,

sediento justicia desea.

Hermano déjalo que arda,

que ilumine gesta venidera,

con nuestros hijos en vanguardia,

y al viento nuestra bandera.

Mas por hoy déjalo que arda,

que nos sepa reunir a su lado,

que pueda aliviar nuestra carga,

que dé sentido al pasado.

Por eso a cara caliente,

nuestro himno juntos cantemos,

y al puñado de valientes,

que quedaron no olvidemos.

Haremos un fogón un día,

en suelo de perla robada,

por leña nuestra alegría,

arderá en turba mojada.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 2 de abril de 2015

Published in: on abril 2, 2015 at 6:16 pm  Comments (3)  

MALVINAS ESE ESPEJO INCOMODO

 

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MALVINAS ESE ESPEJO INCÓMODO

Ahí estaba yo, después de un largo camino de 33 años, de pie, frente a ellos. No había sido el artífice de esa increíble senda que me condujo a fines de este mes de febrero a esa cena del Centro de Veteranos de Malvinas de San Andrés de Giles. Ella, por sí sola, había trazado su ruta entre el silencio impuesto, los prejuicios, los relatos falsos, las vueltas de la historia, la mezquindad de la política y la indiferencia de la sociedad. Yo solo caminé detrás asombrado, y la seguí, un poco con desconfianza, otro poco con temor, para terminar siempre emocionado hasta el alma. Definitivamente, había sido ella, mi hija concebida a mis 25 años, la hoy más famosa, la que ha hecho mi nombre conocido, quien me había conducido, con su sabia mano, a estar parado esa noche inolvidable entre Piky Arguelles, la escritora gilense premiada, autora del ensayo-libro San Andrés de Giles, Capital de la Malvinización y el diputado nacional por el Partido Nacionalista Constitucional Dr Alberto Asseff, autor de un proyecto de ley para darle carácter oficial, más que merecido, al título de la obra.

Ella, mi poesía A VOS, la silenciada por los diarios a quienes la envíé terminado el conflicto bélico, la ignorada hasta por mis amigos que trabajaban en los medios de entonces por “orden superior”, la que el capitán Marcos Carballo recibiera de mi mano en la feria del libro de 1983 y colgara emocionado en la sala de pilotos de Villa Reynolds, la que un día entregara en mano al grupo de ex combatientes de la Dirección de Rentas de CABA, quienes se encargaron de colgarla en la web, la que Silvia Paglioni incluyera en su blog de yoga, pensando que era un homenaje de un poeta italiano, la que llevó a la misma Silvia a regalarme un blog para dar a conocer mi obra y lanzar así mi carrera de escritor, la que un 2 de abril escuchara sorprendido por Radio 10, la misma que leyese al aire por la radio FM la Boca cuando tuve mi primer reportaje por mi primer libro, esa que Luis Allegrini me hizo leer por FM de las Américas en la primera vigilia que asistí en 2011 desde el colegio que albergó a los escultores del monumento al héroe Jorge Maciel, la que un día el joven y talentoso actor y director de teatro Javier Gimenez Filpe, sin conocerme, la incluyera en su obra Del lápiz al fusil. Ella fue sin duda, la que hizo que Alberto Puglielli me llamase a integrar ese trío que estaba ahí, frente a un puñado de héroes.

Y estaba yo, siguiéndola una vez más, como el padre orgulloso de un hijo que se mueve solo, que derriba barreras, que llega por sí mismo donde debe hacerlo, preguntándose seriamente: “¿es realmente mío? ¿fui yo quién lo hizo? ¿o fui un instrumento de algo superior?”. Muchas veces me ha sucedido de releer poesías y desconocerme, creo que todo poeta es a veces él , pero otras es solo un lápiz al que guía algo oculto y poderoso, algo necesario, algo que lo usa para decir lo que nadie se atreve, lo que todos callan por interés o por “orden superior”.

En preparación para la vigilia de este año, los veteranos habían organizado esa cena en los galpones de una estación de un tren que ya no pasa, la misma que alberga un conmovedor museo de Malvinas en su cuerpo principal. Algo endeble de salud, no quería fallarles y fui sin saber muy bien como se desarrollaría el evento. Por las dudas llevé impresos algunos escritos míos sobre Malvinas y tras una amable charla en la casa de Piky, nos dirigimos a la estación donde el chancho asado con pelo estaba a punto de ser servido. Me ubicaron en la cabecera de una mesa, justo al lado de un tripulante de los gloriosos Hércules, burladores sigilosos del bloqueo inglés, quien a boca de jarro me contó cuanto le cuesta terminar de cantar el himno en cada vigilia

Pese a toda la amabilidad reinante, me sentía incómodo. Casi no pude cenar y esa incomodidad fue mucho mayor cuando Alberto me llamó al frente. Tan desconcertado estaba que olvidé los escritos en la mesa.

Hablo en público desde mis 19 años, lo he hecho antes auditorios de todo tipo, estudiantiles, universitarios, docentes, políticos, gremiales, internacionales y en distintos idiomas. He sido docente en mi facultad por más de 13 años y he dado conferencias por todo el país ante multitudes y grupos reducidos, de temas tan diversos como impuestos, finanzas, literatura, poesía y proteccionismo animal. Suelo hacerlo con solvencia, aplomo y disfrutándolo sobremanera. Esa noche iba a ser distinto.

Mientras Piky Arguelles hacía uso de la palabra y contaba como había incluido en el ensayo premiado por la SADE, Mendoza, sin siquiera avisarme, pero respetando mi autoría, mi crónica para Bahia noticias, diario digital de Bahía Blanca que dirigía mi amiga Silvia Paglioni, de la vigilia de 2011; noté que curiosamente no lograba mirar de frente a mi futuro auditorio.

Mientras el diputado Alberto Asseff agradecía el libro y decía que sin dudas estábamos en un acto patriótico, comprometiéndose a presentar el proyecto de ley declarando a San Andrés de Giles, capital de la malvinización, hecho que concretó a días del evento; decidí que solo podría hablar de ella, de la poesía que me había llevado a ese inmerecido e incómodo lugar. Solicité mis escritos que estaban en la mesa y busqué A VOS

Recibí mi libro de manos de Piky y comencé a hablar. Largué horrible, como pidiendo perdón por no haber ido a la guerra, por ni siquiera haber sido capaz de anotarme como voluntario. Seguí contando mi rebelión interior ante la desmalvinización, ante el esconder a los veteranos, ante el desamparo a que el propio estado que los había enviado los sometió por años, ante la indiferencia social. Y presenté a la poesía como mi única ofrenda, como el solitario acto de valor para enfrentar tanta injusticia.

La incomodidad, lejos de cesar, aumentaba a cada paso y llegó inevitable, tras contar su camino, el momento de leer las estrofas. Empecé.

A vos,

que estuviste allá…

Ahí tomé conciencia. Por vez primera, 33 años después de escrita, le estaba leyendo en la cara, mi poesía a sus verdaderos destinatarios. No les estaba entregando un papel, no la estaba leyendo al aire. Los tenía a ellos, a los que se jugaron la vida, a los que sobrevivieron al infierno, a los que lucharon mano a mano con la muerte y el enemigo, a los que fueron heridos, mutilados, a los que en soledad o con el único acompañamiento de sus familiares o camaradas sobrevivieron a las pesadillas, a los ataques de pánico, a la exclusión, al desempleo, a la carencia. Los tenía ahí, enfrente mío, sentados, escuchando con atención al poeta. Mi incomodidad que iba en aumento, comenzaba a tener sentido. Continué.

Te recuerdo

Porque todo mereces
Y este homenaje darte puedo

Como no recordar a quien en mi nombre y con mi bandera, mientras yo estaba seguro en Buenos Aires, siguiendo con mi vida, soportó bombas, frío, órdenes, insomnio, la pérdida de amigos. ¡Por Dios!, se me atragantaban las palabras, nunca leí peor en mi vida.


A vos

que estuviste allá

Te admiro

Porque no tembló tu pulso
Cara a cara con el enemigo

Admiración, y gigantesca. En un país que idolatra futbolistas, actores y millonarios, ¿porque se olvida a los de la entrega magnánima- hermosa palabra rescatada por Nicolás Kasansew-? Estaba empezando a sentir la respuesta en propia piel, me temblaban las manos y mi mal leer solo empeoró. Es muy duro compararse, preguntarse: ¿frente a su entrega, de ellos que estaban ahí, escuchándome, cual ha sido la mía?


A vos

que estuviste allá

Te envidio

Porque la Patria se te hizo carne
Bajo tu piel casi de niño

De modo que envidia. ¿Es que estaba loco en 1982?. Como se puede envidiar a alguien que fue al infierno y que de por vida no olvidará lo vivido y cargará con esa mochila. Me envolvió la palabra SENTIDO. Ellos, con su entrega, no solo habían demostrado una coherencia total con los valores aprendidos, también habían dado la mayor prueba de amor por el suelo que los vio nacer y le habían dado a su existencia, a una temprana edad, un sentido que a mis casi sesenta años yo aún busco.


A vos

que estuviste allá

Te quiero

Porque bajo tu bandera luchaste
Con aplomo de viejo guerrero

El afecto, lo que más necesitaban quienes volvieron y que como sociedad menos les dimos. Silvia Paglioni, quien hizo extensos reportajes a veteranos, me contaba que a un héroe de la Patria, mal herido en combate y condenado a mendigar con su uniforme y las medallas puestas, le cerrábamos las ventanillas de los autos para no comprarle las bolsas de residuos que vendía para poder subsistir. Llegaron a hoy vivos, solo los que fueron queridos y bien queridos por sus amigos, por sus familias , por sus esposas del dolor, esas que vi en las mesas, recién cuando pude mirarlas, con sus ojos heridos de contemplar tanto sufrimiento, tanto grito, tanto insomnio.


A vos

que estuviste allá

Te espero

Para estrechar al que peleó
Defendiendo a muerte nuestro suelo

Me doy cuenta que al anteúltimo verso le falta una contracción y viene circulando así, inentendible desde el año 2006. ¿Los esperábamos? ¿para qué? Tantos de ellos fueron discriminados, insultados, culpados, menospreciados. A pocos, muy pocos, especialmente en Buenos Aires, se les ocurrió esperarlos para reconocerlos. Mi incomodidad sumaba otra causa: la deuda colectiva para con ellos, que seguían ahí, atentos a mis versos y yo sin poder mirarlos. A esta altura necesitaba terminar, me estaba apurando y leía aún peor.

A vos

que estuviste allá

Te siento

Porque dejaste todo lo querido
Para batirte en mar, tierra y viento.

La palabra TODO me sacude como el viento malvinero. ¿Qué fui capaz de dejar yo por la Patria? Frente a ellos, frente a lo que dejaron ellos, NADA, sin duda NADA. Mi poquedad me conmueve, mi dimensión se hace carne y me siento íntimamente indigno hasta de dirigirles la palabra. ¿Qué pueden valer mis estrofas ante los que sobrevivieron al océano helado cuando se hundió el Belgrano, ante los que volaron a ras del agua buscando a la flota, ante los que soportaron el pozo de zorro inundado? Soy NADA, me siento NADA, apenas un argentino agradecido. La voz huye, las piernas me tiemblan, me agarro del micrófono para que a través de él, Piky que lo tiene en la mano me haga de punto de apoyo. Temo no llegar al final.


A vos,

que estuviste allá

Te aplaudo

Porque fuiste héroe en un infierno
Que no paga con lauros

Es lo único que debo hacer, callarme de una vez y ponerme a aplaudir. Durante 33 años debimos hacerlo. Al actor se lo aplaude cuando cae el telón y no hizo más que mentirnos bien, al político también cuando habla en un acto y probablemente haya hecho lo mismo. Sin embargo a ellos, que dieron de verdad su vida, su juventud, su sangre, su alegría, sus oportunidades, su esperanza, en aras de la Patria, les hemos negado el aplauso, hasta en el desfile del Bicentenario, donde debieron marchar infamemente “de colados”. El esposo de Piky me contará que aún desde lejos se notaba que ya era una hoja de tanto que temblaba, sobrepasado de emoción mientras, sin levantar nunca la vista, contemplaba con alivio mi arribo a la última estrofa, la más dura.


A vos

que estuviste allá
Y no volviste

Dios te Bendiga,

la Patria te crió

Y por ella hacia El te fuiste.

Llegué, lo hice sin desmayarme en el intento.¿Pero qué oigo? ¿me están aplaudiendo? Si indigno era de pararme ahí adelante, mucho más de que me aplaudan, soy yo quien debo hacerlo, aun cuando esté conteniendo el llanto que quiere aflorar por los 649 que no volvieron, por los más de 400 que se suicidaron en la posguerra y por todo el dolor de las esposas, las madres, los padres, los huérfanos de Malvinas. El consuelo de la bendición divina y el del deber cumplido es más que importante pero no basta, falta, aún falta el abrazo, el de todos, el que les haga saber que tanto sacrificio por nosotros no fue en vano, que lo apreciamos, que lo agradecemos.

Ahora sí puedo mirarlos a la cara, les dije todo aquello que en su momento no me dejaron decir. Y los veo venir, a saludarme, con los ojos húmedos, la sonrisa ancha, a pedirme un abrazo, a agradecer la sorpresa.

Agotadísimo por el combate con mis propias emociones le entrego a Alberto el escrito para el Gral Menéndez, encarcelado por aquellos que fieles a su consigna niegan hasta la justicia, me encuentro con la sonriente culpable que A VOS se haya escuchado en Radio 10 y voy a mi mesa donde recibo el emocionado saludo de una esposa del dolor y mi vecino, el tripulante de Hércules a quien decido regalarle ANOCHECE EN MALVINAS (https://sociedadpoetica.wordpress.com/2011/03/18/anochece-en-malvinas/), un escrito en el que quise imaginar como habrá sido cantar el Himno en el pozo de zorro. El me pide, al borde de las lágrimas y sin poder leer más que unos renglones, que se lo dedique a su nieto. Quizás ahí esté la clave de la tarea que nos falta y a la que debemos dedicarnos con ahínco: contarle a las futuras generaciones la verdadera historia, para que crezcan sabiendo que Argentina tiene héroes, que injustamente ignorados, caminan, no por mucho tiempo más, entre nosotros.

Sentado en silencio y dejando a mi corazón recuperar su ritmo, reflexiono sobre su magnanimidad y mi nada. Y el pensamiento me lleva a los tristes días en que mi madre enfermó. Mientras me ocupaba de sus internaciones y traslados, tratando de poner alivio y contención, sentía que estaba pagando una deuda al ser a quien debía nada menos que la vida. Empero, por mucho que hiciera me invadía el desaliento de saber que esa deuda era auténticamente impagable, porque había entre lo recibido y lo dado,una desproporción insalvable, en tiempo, esfuerzo e intensidad. No obstante el haber dado lo poco que pude me brindó la tranquilidad de conciencia necesaria para sobrellevar sin culpas, la hora de su adiós.

Con los veteranos sucede algo parecido. Por mucho que hagamos por ellos, jamás podremos igualar el valor de su entrega total, pero hay que hacer algo, lo que cada uno pueda. Asistir a la próxima vigilia en San Andrés de Giles, quizás sea una forma de empezar. Allí los estaré esperando, el primero de abril, con el maravilloso libro de Piky Arguelles, cuya venta es a beneficio del Centro de Veteranos, para ver si juntos, desde ese recodo de Patria, juntamos coraje y todos comenzamos a mirarnos en el espejo incómodo de Malvinas, dejamos que nuestra poquedad nos de vergüenza, tal como sufrí leyendo e intentamos unidos salvar la distancia, un tramo al menos, entre nuestra nada y la magnanimidad de ELLOS, los que estuvieron allá.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 29 de marzo de 2015

aviso de vigilia 2015

AQUEL CATORCE-SEIS

Encuentro generales Menéndez y Moore 14-6-1982, casa del gobernador en Malvinas

Encuentro generales Menéndez y Moore 14-6-1982, casa del gobernador en Malvinas

 

AQUÉL CATORCE-SEIS

Ninguna derrota tiene padres y casi nunca poesías. Mucho menos sus caras. Sé que no ganaré amigos con esto, pero nadie debería escribir para ello. El escritor escribe por necesidad interior y afronta las consecuencias. No soy amigo del general Menéndez, en realidad no tengo amigos generales y jamás empuñé un arma. Coincidí con él en una vigilia en San Andrés de Giles, nos presentaron, hablamos brevemente, se llevó mi libro y le mostré la foto que me regalara mi amigo, el soldado de artillería Marcos Falcón. Unos meses después se frustró un reportaje que le iba a efectuar para Bahianoticias com, pero la mera posibilidad del mismo me llevó a investigar a la persona y su actuación. Nunca más lo vi ni hablé con él y el frustrado reportaje lo terminó realizando C5N.

Ahí tomé conciencia que él, en casi absoluta soledad y enfrentando el criterio de sus superiores, hasta del propio presidente, había sido quien, aceptando una razonable oferta del enemigo, había sido el responsable del cese del fuego en Puerto Argentino. El primer acto lógico y salvador de miles de vidas de la locura que se había apoderado del tema Malvinas, tras la eufórica plaza del 2 de abril de 1982.

Una cosa era realizar una demostración de fuerza, una toma incruenta del territorio para destrabar unas negociaciones estancadísimas y otra era pelearse, en plena guerra fría, contra toda la OTAN. Del acto justo y necesario a la total locura existió aquella plaza de distancia.

El canciller Costa Méndez le había vendido varios buzones a la Junta Militar, pero ésta había tenido múltiples oportunidades para volver al camino racional. Aceptar la resolución 502 de las Naciones Unidas, hubiera sido uno de ellos. Pero hubo otros momentos en que el entorno político del presidente frustró acuerdos prácticamente sellados por el canciller y Alexander Haig, el negociador enviado por EEUU. Mientras la diplomacia fallaba, los soldados morían.

En la asunción del 7 de abril de Menéndez como gobernador de las islas, asistieron  personalidades de todo tipo: el doctor Favaloro, los sindicalistas Ubaldini, Baldassini y Triacca, los políticos Bittel del PJ y Abelardo Ramos del FIP, representantes corporativos como Gutierrez de la Sociedad Rural y gente de la Unión Industrial. El 14 de junio el gobernador, transformado en comandante, estuvo solo, después y hasta hoy, también.

Una cosa es arriesgar hasta ofrendar la vida por la patria y otra muy distinta es inmolarse en una lucha sin sentido. Durante muchos años pensé que esto último es lo que nuestra sociedad le demandaba al comandante.  Sin embargo, fue mucho peor. Alentados por la propaganda y la cultura del football, que estaba en auge, por coincidir esos aciagos días con el mundial del España, lo que realmente pedían es que el general derrotado se suicidase, tras haber llevado al martirio por la patria a toda la tropa. Una absoluta y total locura. El general es responsable por la vida de sus soldados y solo debe arriesgarla cuando existe la posibilidad de una victoria. Y para él mismo, como el tiempo se encargaría muy bien de demostrar, el suicidio era el camino fácil, el difícil era volver, dar la cara y todas las infinitas explicaciones que todo el mundo le pediría.

Por ello, la poesía que sigue no es un homenaje a la persona sino a la luz de racionalidad de su acto de aquél catorce seis, que salvó la vida de miles de soldados e isleños inocentes. Me tomé la licencia, los poetas siempre lo hacemos, de pintar la escena marco de esa bendita decisión, tanto exterior como interior, basándome en palabras del propio comandante contenidas en videos públicos y en el libro MALVINAS, Testimonio de su Gobernador, que arresto le costara, escrito por Carlos M. Túrolo, cuya primera edición de Ed. Sudamericana de agosto de 1983, conservo conmigo.

Necesité hacerlo en este catorce seis, también teñido de distracción futbolera, 32 años después, mucho más por mi propia conciencia que en defensa del protagonista, mucho más por nosotros, jueces colectivos de cómoda poltrona, tan prestos a embarcarnos en locuras colectivas, que por aquéllos jóvenes hundidos en pozos de zorro, cuya preciosa vida, éste acto tan necesario como doloroso, salvó.

Acompañan a este escrito la foto del encuentro en un pasillo de la casa del gobernador entre los dos generales enfrentados, Menéndez y Moore, la foto del acta de la rendición CONDICIONAL de las fuerzas argentinas ubicadas en ambas islas y un video que contiene el audio de la tensa conversación final entre el comandante y el presidente.

AQUÉL CATORCE SEIS

Cuenta treinta y seis horas sin dormir,

y la tensión sufrida no lo deja comer,

recostado en el piso siente el día venir,

con las cargas que tan cerca oye caer.

Si gélida es la mañana que llega,

peores son las noticias que sabe,

como la nevisca que todo lo anega,

el dolor ya en el pecho no cabe.

Cierra sus ojos por un instante,

y el  sonoro cañón le hace recordar,

a su familia hoy tan distante,

sostén de su larga carrera militar.

Le parece ver un azul claro cielo,

unido al temor del salto primero,

ante la abierta puerta en pleno vuelo,

cuando por paracaidista fue mochilero.

Y el riesgo del monte tucumano,

al que fue por constitucional gobierno,

para detener los golpes de mano,

de errados sembradores de infierno.

Más clarea y con ojos abiertos,

sus recuerdos se vuelven recientes,

la asunción en eufórico puerto.

con tantas personalidades presentes.

La visita del propio presidente,

alertando  encontronazos posibles,

solicitando un resistir valiente,

para hallar diplomacia factible.

Y aquél fatídico día de mayo,

para muchos de fuego bautismo,

en que el bombardeo sin desmayo,

abrió en par la puerta del abismo.

La tropa pasa de quinientos a miles,

la ocupación en guerra se convierte,

el cielo nubla de aviones y misiles,

y los barcos se cubren de muerte.

Se incorpora y dirige al comando,

para recibir solo malas noticias,

el enemigo ha seguido avanzando,

y queda poco espacio y milicia.

Habrá seguramente sopesado,

de ayer la más dura experiencia,

de ocho quirófanos armados,

operando en simultánea urgencia.

Sostiene entonces con el presidente,

tenso diálogo áspero y frío,

que se interrumpe bruscamente,

y lo deja solo con su albedrío.

Unos días resistir le pidieron,

cuarenta y cinco hubo resistido,

y los últimos diez solo fueron,

por comida de barco de heridos.

En su alma el desconcierto reina,

Clausewitz viene en su ayuda,

“El que en batalla perdida se empeña,

injustificadas bajas  acumula.”

El enemigo salida le brinda,

con llamado que oportuno vino,

propone un cese de la contienda,

y evitar una matanza sin tino.

El insomne y fatigado militar,

sabe que todos, todo han dado,

sin munición ni batalla que dar,

con dolor acepta estar derrotado.

Todavía esbozará resistencia,

al imponer al cese condiciones,

y exasperará del inglés la paciencia,

conservando mando de tropa y pabellones.

Con la noche envolviendo Malvinas,

llegará el adversario general,

y se ahogará la ilusión argentina,

en una tachada acta formal.

El bien sabe que no le aguardan,

ni aplausos, ni fanfarria ni honores,

que sus propios jefes lo esperan,

con preguntas, indiferencia y sinsabores.

Sin embargo abriga en su pecho,

el orgullo de la misión cumplida,

y aunque pocos agradezcan lo hecho,

priorizó de sus soldados la vida.

No resulta nada sencillo,

ser de la derrota la cara,

y vivir lejos de todo brillo,

en un pueblo que culpa e ignora.

Ni soportar el reino de venganza,

que por negar al enemigo justicia,

inclina adrede el fiel de la balanza,

y roba a sus nietos las caricias.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 14 de junio de 2014

Acta de rendición condicional de las fuerzas argentinas en Malvinas

Acta de rendición condicional de las fuerzas argentinas en Malvinas

 

 

SANGRE Y FUEGO

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SANGRE Y FUEGO

Vigilia Malvinera en San Andrés de Giles

Más que costumbre se me ha hecho una necesidad imperiosa concurrir a la Vigilia. Empecé haciéndolo por ellos, los ex combatientes, nuestros héroes que se jugaron la vida por la Patria, ahora lo hago por mi. Tras 365 días de oír mentiras expresadas por corruptos, de soportar delincuentes libres y patriotas presos, de observar atónito la colectiva decadencia moral de mi pueblo; cantar el himno junto a héroes de verdad es el pan de mi alma para poder seguir aguardando la hora de la reconstrucción. Hora que avizoro cercana y por ello ya me estoy arremangando para sumarme.

Tuve la feliz idea este año de filmar completo el acto central. Sugiero que lo miren, que lo hagan de pie y que, como hice anoche, canten a voz en cuello nuestro Himno y la Marcha de Malvinas. Es corto pero inmensamente sanador, en especial porque inyecta esperanza.

Que sigan mi consejo es mucho más importante en estos tiempos oscuros a cualquier bella palabra que yo pueda escribir.

Esta vez no llovió, la naturaleza se asoció al recuerdo y nos legó una noche tibia estrellada de otoño que permitió montar la muestra fotográfica y pictórica al aire libre. También fui sorprendido por la activa participación de las autoridades locales que tantos años, supongo que aterrorizados desde la monarquía central, reprimieron sus deseos de estar presentes.

Vi también una activa participación de la Armada. Ex tripulantes, sobrevivientes y familiares de caídos del Crucero ARA General Belgrano dijeron presente. Más que lógico considerando que el héroe local Jorge Maciel cayó tirando con una MAG de Infantería de Marina. Un almirante llevó una placa recordatoria de la que hizo entrega a la directora de la escuela donde se formara el caído.

Talentosos artistas animaron la vigilia con su música y aportaron colorido una banda de rock malvinero, una banda militar y un conjunto de arcabuceros antiguos en sus uniformes históricos.

Me conmovió un busto del capitán Giachino, lo que motivó que le entregase una copia de mi poesía en su honor al artista responsable y vi de lejos a Nicolás Kasanzew a quien quise (y no tuve oportunidad) de felicitar por su poesía en honor al primer teniente Luciano Guadagnini, el cual sabiéndose perdido estrellara su avión contra la fragata HMS Antelope en el estrecho de San Carlos.

Empero en esta vigilia el verdadero protagonismo pasó por otro lado. El escenario no estuvo ocupado por héroes de guerra, sino por sus hijos y sus nietos. La sangre joven copó el estrado y los vi derramar lágrimas al son del Himno, aferrados a la bandera argentina. Entonces sonreí y me dije: “No pudieron”. Cuando ninguno de nosotros esté más por aquí el fuego de Malvinas ya tiene quien lo empuñe, los que sembraron silencio y olvido sobre la gesta han sido derrotados. Es lo único que importa.

Como contracara confieso que ardí de indignación ante la voz temblorosa del hijo del General Mario Benjamín Menéndez quien no pudo leer el mensaje de su padre. Indignación por vivir en un suelo hoy gobernado por quienes defienden asesinos, liberan delincuentes y reducen penas a malvivientes, mientras que con la misma indigna mano encarcelan a quienes se jugaron la vida por la Patria.

Pero nuevamente, mientras cantaba el Himno y lloraba de emoción, una creciente voz interior me gritaba: “No pudieron, no pudieron, sangre y fuego, sangre arriba del escenario, sangre joven que empuñará el fuego que vive en las antorchas y  en el fogón de abajo”

Y me perdía en esas dos palabras, sangre y fuego, que tanto dicen, que tanto importan….. porque vencieron al peor enemigo, ese llamado olvido.

Sangre y Fuego

Nada se habrá jamás perdido,

mientras la antorcha se empuñe,

el olvido caerá vencido,

ante la joven sangre que  gruñe.

Clamando por decir las verdades,

que tunantes ayer ocultaron,

negando héroes que en mocedades

por la Patria vida ofrendaron.

Arda el fuego del criollo fogón,

brille antorcha en alta mano,

que la sangre dará el empellón,

de fiel joven amor soberano

Ya llegan cargados de memoria,

a elevar del fuego la posta,

son jóvenes llenos de historia,

y sangre que a ellos enrostra.

Tanta muerte, dolor y ausencia,

cargó su sangre cual equipaje,

que hoy es indudable presencia,

de un fiero ígneo coraje.

Ellos torcerán este destino,

brindando  justicia a tu gesta,

descansa héroe argentino,

la antorcha seguirá enhiesta.

Y sangre joven glorioso día,

sembrará en la tumba sagrada,

fuego y flor de algarabía,

con las Islas ya recuperadas.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 2 de abril de 2014

De pie, de pie, a cantar a voz en cuello y corazón en mano.

ABRIL 2, 1982

izamiento del pabellón argentino el 2 de abril de 1982

izamiento del pabellón argentino el 2 de abril de 1982

 

ABRIL 2, 1982

Una distinción imprescindible

Se acerca el 32 aniversario de la gesta de Malvinas y mi verdadera intención era publicar para esta fecha un libro con mis escritos sobre el tema. Al recopilarlos me di cuenta que había caído en una trampa frecuente, a la que todos hemos sido inducidos. Ella consiste en considerar el tema Malvinas como uno solo, con su carga de dolor, muerte y derrota. No es así. El episodio Malvinas debe separarse en dos, que poco tienen que ver entre sí, tan solo la relación de causalidad. El primero consiste en la reparación de una usurpación histórica que tuvo lugar en 1833 y el segundo en la defensa de las islas frente a una nueva agresión colonialista por parte del mismo país con pretensiones imperiales. Exitoso el uno, fallido el otro. El dolor del segundo nos ha hecho a todos, protagonistas inclusive pasar por alto la eficiencia, el coraje, el sacrificio y en definitiva el rotundo éxito del primero, tendiendo a su olvido. Olvido éste que incluso fue alentado desde el poder en fecha reciente intentando anular la fecha del 2 de abril, dejando solamente la del 14 de junio.

Mucho se puede hablar sobre las razones del fracaso de la defensa, fracaso que era inevitable dada la desproporción de fuerzas en conflicto. Ya me ocuparé del tema porque considero más que necesario separar los horrores diplomáticos y políticos de la valentía y eficiencia combativa de nuestras fuerzas armadas que culmina en una rendición digna de Puerto Argentino  y con la única finalidad de evitar una matanza innecesaria.

Pero en esta ocasión quiero referirme con exclusividad a la brillante operación militar que derivó en la recuperación incruenta y respetuosa de vidas y bienes enemigos, de las islas usurpadas. En especial y para que se los recuerde como se debe, al Capitán Pedro Giachino, caído heroicamente en combate y a sus camaradas heridos.

La poesía que sigue ha tomado los datos históricos y se ha inspirado en el libro OPERACIÓN ROSARIO escrito y compilado por el Contra almirante Carlos Busser, recientemente fallecido. Hay demasiada poca bibliografía sobre el tema y este libro cuya primera edición poseo, fue obra de Editorial Atlántida en el año 1984. Pido disculpas, especialmente a los protagonistas del hecho si en algo he faltado a la verdad histórica.

La amplísima difusión que mi poesía sobre LA VUELTA DE OBLIGADO ha tenido en las escuelas, me ha hecho ver que relatar historia en poesía puede ser una forma inteligente de llegar a la juventud en forma amena y de interesarla en temas trascendentes de nuestro devenir como Nación.

El 2 de abril no debe ser olvidado, por el contrario debe recordárselo con sumo orgullo en homenaje a todos los que participaron de esa gesta, en especial a quien murió en ella. Lo que pasó después es otra historia en la que intervino el ejército más poderoso de la tierra.

Para refrescar la memoria y para que nadie se haga el desentendido me voy a permitir aquí citar a todas aquellas figuras políticas del momento que brindaron su apoyo público y explícito a la recuperación militar de las islas, mas allá de otras divergencias  con el gobierno de entonces. Ello según constan en declaraciones transcriptas en el Capítulo VII del libro citado.

Arauz Castex, ex canciller del gobierno justicialista

Enrique Vanoli, dirigente radical

A. Manzur, partido demócrata

Julio Romero, ex gobernador justicialista de Corrientes

Raul Alfonsín, dirigente radical, futuro presidente

Robredo, coordinador del Partido Federal

Carlos Menem, ex gobernador de La Rioja y futuro presidente justicialista

Arturo Frondizi, ex presidente

Carlos Contín, dirigente radical

Ex cancilleres Amadeo y Oscar Camilión

Arturo Illía, ex presidente radical

Luis León, dirigente radical

Francisco Cerro presidente de la democracia cristiana

Confederaciones Rurales Argentinas

Confederación General del Trabajo

Monseñor Jorge Manuel Lopez, vicepresidente primero de la Conferencia Episcopal

Teniente general Lanusse, ex presidente

Alberto Benegas Lynch, del Encuentro Nacional republicano

Partido Socialista Democrático

Partido Comunista

Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas

Consejo Nacional del Partido Justicialista

Jorge Abelardo Ramos del Frente de Izquierda Popular

Deolindo Bittel, vicepresidente primero del Partido Justicialista

Horacio Gutierrez de la Sociedad Rural Argentina

Dr René Favaloro, cirujano mundialmente reconocido

Italo Luder, ex presidente provisional de la Nación

Mariano Grondona, periodista.

Mas nombres, mas personalidades, más representantes populares, más referentes, todos unidos, aplaudiendo esta reparación histórica tras casi 150 años de paciencia. Si ayer fue así ¿porqué hoy debe ser distinto?.

ABRIL 2, 1982

Al Capitán Pedro Giachino

Fue un enero de secretos,

entre unos pocos confiables,

que en ambiente muy discreto,

trazaron audaz plan viable.

Por tratativas estancadas,

tras siglo y medio perdido,

en poder imperial alzado,

al archipiélago querido.

Marina cumple alistado,

de anfibia fuerza de choque,

la pista para los Alados,

Ejército comandos enfoque.

Allara, Busser, Lombardo,

son algunos de los nombres,

García Boll, Plessl y García,

la conducción tiene sus hombres.

Incidente en ballenera,

de gélido puerto georgiano,

disipa la tensa espera,

y llena de acción las manos.

Sorpresiva e incruenta,

respetuosa fue definida,

la enemiga vida cuenta,

por bien de misión emprendida.

Cabo San Antonio transporta,

portaviones da seguridad,

rompehielos Irizar aporta,

por guía Santísima Trinidad.

Sin olvidar los buzos valientes,

embarcados en submarino,

que Santa Fe lleva ardiente,

por nombre el navío argentino.

Confirma la Fe que anima,

buscando amparo primario,

tras virginal honor nomina,

a la operación: “Rosario”.

El mar no es un aliado,

y brutal temporal demora,

con sus vientos huracanados,

a flota y tropa deteriora.

Seis treinta, abril dos se fija,

para el audaz desembarco,

sin sorpresa que cobija,

lucha se prevé en los barcos.

Sanchez Sabarots y Giachino,

al frente de sus unidades,

primeros en suelo cautivo,

avanzan en oscuridades.

Trece buzos tácticos bajan,

del submarino escondido,

y contra mar y riesgo marcan,

Playa Yorke, punto escogido.

En la noche veloz avanzan,

los comandos al cuartel inglés,

y Moody Brook fácil doblegan,

sin combate, tiros ni revés.

Seineldín captura la pista,

faro toman buzos de Cufré,

en San Antonio se alista,

anfibio desembarco que fue.

En tanto entabla combate,

Giachino en lar gobernador,

el fuego es solo quien habla,

por batalla en sumo rigor.

En el asalto cae Giachino,

por la espalda baleado,

hito de valor argentino,

a una granada tomado.

García Quiroga al lado,

cae con brazo mal herido,

Urbina enfermero soldado,

no da el socorro pedido.

Es que también le han dado,

mareado por la morfina,

que el mismo ha inyectado,

rabia de pena e inquina.

Mientras sus marines tiraban,

Rex Hunt parlamentar pedía,

Busser y los suyos marchaban,

sin armas, al fuego que ardía.

Rendidas las fuerzas inglesas,

Busser se acerca a Giachino,

ve bañado suelo de Malvinas,

por sangre de héroe argentino.

Ayuda médica retarda,

oscura turba traicionera,

el capitán vida ofrenda,

en sala de ajena bandera.

Los heridos se recuperan,

para contarnos la historia,

y saber así como entran,

nuestros héroes en la gloria.

Las armas se han acallado,

por veloz asalto incruento,

las islas se han recuperado,

invasor tuvo escarmiento.

Bajo el sol, sobre la bahía,

ondea pabellón argentino,

el mismo que en ese día,

amortaja al héroe Giachino.

¡Gloria por siempre al soldado,

que trajo la joya perdida,

que por ella todo ha dejado:

su hogar, su gente, su vida!

Allá en la niebla oculta,

Malvinas aguarda paciente,

sueña con día que exulta,

abrace al soldado valiente.

Ella quiere ser argentina,

rechaza la extraña bandera,

sus colinas y nieve prístinas,

claman soberana primavera.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 16 de marzo de 2014

Un interesante video sobre la OPERACION ROSARIO con la descripción del conductor de la Fuerza de Desembarco, el entonces almirante Busser.

Quienes deseen consultar otros escritos míos sobre el tema Malvinas deben referirse a la categoría Homenaje a los Héroes de Malvinas Argentinas, sobre el margen derecho de la pantalla. Todos los escritos son reproducibles, en tanto y en cuanto se respete mi autoría. Es mi homenaje, pero sus verdaderos dueños son los que fueron y combatieron por las islas.