GUERREAR A LOS 60

Luis Gallo y el Cessna Citation II C-550 de Fabricaciones Militares, integrante del Escuadrón Fénix en la gesta de Malvinas

GUERREAR A LOS 6O

Un café con Luis Horacio Gallo, pionero y veterano de guerra Malvinas

 

Mientras camino por la vereda de la manzana que albergó hace unos 25 años los primeros pasos que dio mi hijo de mi mano y su emoción y la mía me vuelven a embargar, mi espíritu se prepara para entrevistar al veterano de guerra más longevo de mi Patria. En la otra cuadra me espera Luis Gallo, alférez de la Fuerza Aérea Argentina, técnico mecánico de vuelo ( el ingeniero de vuelo en la jerga aeronáutica) pionero de helicóptero en el país y del avión ejecutivo Cessna Citation II en el Escuadrón Fénix en Malvinas, cuando tenía 60 años. Intento imaginarme a mi mismo, que tengo esa edad diciéndole a mi familia que me voy a combatir y la consecuente carcajada.
Sus juveniles 93 años lo hacen precipitarse a bajar para abrirme la puerta del edificio, cuando gracias a un vecino subo antes y me recibe su señora, Lilian Pesci, once años menor, su primer admiradora, hija de un sastre italiano y cuya madre Virginia Stella era sobrina nada menos que de Beniamino Gigli, muy afín a mi por su carácter de poeta y escritora. Regreso a la planta baja a buscarlo y lo encuentro en la puerta oteando el horizonte a por mí. Bajo, calvo, de ojos tiernos pero firmes, aparenta muchos años menos, tal como denota su paso rápido a mi encuentro en la vuelta al departamento que ocupa en sus breves visitas a Capital. Su lugar en el mundo es Norberto de la Riestra, un pueblo cercano a mi querido Lobos, en la Provincia de Buenos Aires, perteneciente al partido de 25 de Mayo. Allí nació y se crió y luego de muchísimas vueltas por el país y el extranjero disfruta de su casa y de los mimos de la comunidad que lo ha distinguido hace poco, con el título de “personalidad destacada”.
Me siento a la mesa y por las próximas casi cuatro horas asisto a un relato tan apasionante como imperdible. Quedé mal con los habitantes de mi agenda de horarios posteriores pero por nada del mundo osé interrumpir a este protagonista de la historia argentina. Salvo por algunos breves intervalos en que alenté a su esposa a publicar sus poemas en un libro, la escuché leer uno brillante en homenaje a la cónyuge de San Martín y disfruté de su amoroso café con galletas, Don Luis no paró de atiborrarme a historias, una más atrapante que la otra.
Veamos si el oficio me da para sintetizarlas y transmitirlas con su contenido de aventura y patriotismo.

 

Luis Horacio Gallo nació un 20 de septiembre de 1923 en una familia de 11 hermanos que a duras penas podía mantener el padre quien fabricaba soda. “Siempre fui un infiltrado en la Marina, era una fuerza de gente rica, con doble apellido, a mi me dejaron ingresar porque en los papeles de ingreso el escribano puso que mi padre era industrial y eso los confundió, un amigo con grandes condiciones fue rechazado porque su padre era taxista”. Cursa la primaria en su pueblo pero la secundaria la cursa en forma particular con una maestra y rinde tres años en la cabecera de partido. Ello lo habilita para ingresar a la aviación naval en 1940, la cual recuerda con admiración porque era una copia de la academia norteamericana de West Point.
Tiene 3 hijos, el mayor es odontólogo y ferviente malvinero, Alejandro Luis, nacido en 1956 y padre de Juan Manuel y Valeria, posee en Arrecifes donde vive un museo itinerante sobre la gesta, asiste permanentemente a la Vigilia de San Andrés de Giles y a otros actos evocatorios. Según su padre es más militar que odontólogo (es subteniente de reserva del ejército e instructor de tiro), lamentablemente tuvo que abandonar la carrera por la rotura de un tímpano, fruto de la estampida de un cañón. Completan la familia dos mujeres, Patricia, madre de Giselle, Daniel y Diego quienes siguen la senda del padre martillero y Elizabeth, 17 años menor, soltera y flamante abogada de la universidad de Morón. Ya es bisabuelo de una nena de 10 años, Camila hija de Daniel.
No se acuerda cuantas horas voló, solo me dice que lo hizo durante 46 años en forma continua e intensiva. Durante 8 de esos años, en forma intermitente, voló nada menos que en Presidencia de la Nación, de Perón a Illía. Respetará a rajatablas el secreto profesional, no habrá infidencias, de ese tiempo solo me confesará su predilección por Arturo Frondizi, un joven caballero según sus palabras a quien llevaba los fines de semana a una estancia prestada a descansar.
Hizo cursos en Canadá y en Estados Unidos, tuvo que aprender inglés con ayuda de su señora a los 36 años para poder emigrar durante un año y medio y poder volar el helicóptero para 11 pasajeros que Presidencia trajo al país para mostrárselo a los visitantes ilustres y sus acompañantes.
“Cuando me inicié, en la década del 40 la Fuerza Aérea no existía, recién nace como fuerza armada independiente el 4 de enero de 1945, con la creación de la Secretaría de Aeronáutica, hasta ese momento solo se ocupaba del espacio aéreo una pequeña aviación de ejército y la más importante aviación naval. Recibirá un impulso extraordinario durante la presidencia de Perón al llegar un gran número de aviones de Inglaterra”.
La primera foto que me muestra es del crucero ARA Almirante Brown con una postal escrita abordo a sus padres en enero de 1946, mientras estaba haciendo la campaña antártica. Su misión nada sencilla era pilotar un avión anfibio, un Vought OS 2U Kingfisher que despegaba con un sistema de catapulta Rapier Ransome y se recuperaba del mar mediante una grúa del barco, tarea nada sencilla de hacer entre los vientos antárticos y el agua congelada. El Almirante Brown a cargo en ese año del Capitán de Navío Carlos Machiavelli era un crucero de fabricación italiana, el C 1, recibido en 1931 junto a su gemelo el 25 de Mayo, nave insignia de la Primera División de Cruceros y que sirvió hasta 1959, desplazaba 6800 toneladas y medía 171 metros de eslora y 17,7 metros de manga.

El Crucero C-1 ARA Almirante Brown y el texto escrito por Luis Gallo en 1946 abordo

“Volé con el teniente de navío Daniel Lucio Enrique García Mansilla, nieto del Gral. Mansilla, el autor de Excursión a los Indios Ranqueles, un señor. Hablaba de si mismo en tercera persona y no cobraba los viáticos y era de una muy buena posición.”
Empezó a volar desde Punta Indio a Puerto Belgrano. En cuarto año ya hacían práctica de tiro efectivo a una manga arrastrada 500 metros hacia atrás por un avión y eso permitía una correcta evaluación de las baterías antiaéreas cuando la manga caía, porque cada una tenía su color de bala. Al año de andar en la escuadrilla de transporte en DC 2,5 y DC 3,lo embarcan en el crucero, a volar el hidroavión, el cual ya era más moderno un Supermarine Walrus de fabricación inglesa. En la escuadrilla de transporte traían italianos contratados por el Ministerio de Marina que venían muertos de hambre por la guerra, asistió al exilio de Libertad Lamarque, desde la base de Morón que por entonces era internacional ya que Ezeiza no existía.
Me explica lo que es despegar por catapulta que se accionaba por un cañón y pasaba rápidamente a 150 km por hora, había que pegarse al respaldo del asiento por la aceleración en 37 metros. Era complicado subir al barco con un cable de seguridad y 15 grados bajo cero. Además el frío afectaba la lubricación de la catapulta y despegaban con menos velocidad, unos 125 km por hora, hecho que les dificultaba la maniobra.
Los recuerdos vienen mezclados, me cuenta el estreno del Pulqui I y Pulqui II en el lugar donde hoy está Aeroparque, por esos años en construcción ya que la pista aún era de tierra. Argentina era líder en tecnología aeronaútica, gracias a los ingenieros alemanes que trajo Perón.
Se enaltece su relato con Carola Lorenzini, la primera mujer piloto argentina, también la primera en cruzar en vuelo sin brújula el Río de la Plata, trágicamente fallecida en la base de Morón intentando una acrobacia en un Focke Wulf en el año 1941. “Era más grandota que usted, campeona de looping” dice Luis.
Otra piloto que recuerda es Myriam Stefford, actriz suiza, primera esposa de un escritor y político de renombre, Baron Biza de trágico final al igual que toda su familia que pereciera en un accidente aéreo en San Juan. “Eran muy comunes por esos años y muy favorecidas por el público las acrobacias aéreas, otro destacado piloto era el cabo Santiago Germanó (doble de riesgo en la película Alas de mi Patria) que hacía vuelos rasantes en un Focke Wulf sobreviviente de la segunda guerra, sacaba un pañuelo de un pasto elevado con la punta del ala”
Toca el turno de rememorar el fortalecimiento de la Fuerza Aérea. “En pago de las deudas por alimentos y otros enseres contraídas durante la guerra Inglaterra le entrega al gobierno de Perón 100 Gloster Meteor MK IV, que era un avión de caza a reacción, 70 De Havilland Dove avión de transporte. También trajo 30 bombarderos pesados Avro Lincoln y 15 Avro Lancaster, había otros de pasajeros cortos que llegué volar. De todo este material aéreo volaban solo 20 y el resto estaba ahí en tierra por falta de pilotos, para eso creó la escuela de aviación de Córdoba ”.
Para los pilotos de la aviación naval, la tentación de pasar a la Fuerza Aérea era grande, tenía aviones mejores y muchos, lo que garantizaba misión permanente. Me refiere Luis su tensa charla con su jefe, el teniente García Mansilla quien en vano intentó retenerlo. Se terminó pasando la promoción completa debido a que los navales tenían muy trabados los ascensos, y para no causar demasiado trastorno lo hicieron por tandas de unos 22 cada una, cumplían contrato y se iban. Pero no era el único motivo, la Armada los mandaba bien jovencitos a lugares muy aislados y en el barco Luis se sentía como sapo de otro pozo, los hombres de mar y los del aire siempre hicieron rancho aparte. Además la campaña antártica de 1947 no era como hoy, se vivía mal, con mucho frío, Luis no volvió muy bien de ella. Al respecto me relata las peripecias de un destino en Ushuaia donde se tuvo que quedar solo, por un lapso de 9 meses en un hotel helado a custodiar un avión averiado en el aterrizaje, “la gallega me tuvo tanta lástima que me hizo un abrigo con ropa de preso, comía sopa de pescado todo los días, al volver tuve un montón de plata, porque cobré 10 meses juntos”. Ello igualmente no hace mella en la admiración que aún hoy siente por la Armada, en materia organizativa según él, supera a cualquiera.
Tampoco la pasó tan mal, se codeó con la alta sociedad, los pilotos navales eran una élite, muchos de ellos ni siquiera cobraban el sueldo sino que lo donaban al asilo naval ya que consideraban el status de piloto naval casi como un título de nobleza. Luis durante mucho tiempo vivió con compañeros en una habitación de una casa que a tal fin tenía la Marina en pleno barrio de Recoleta, en la calle Junín, esquina Melo. El destino quiso que en esa casa también viviese un confitero suizo que trabajaba en el Alvear Palace. Ya se pueden imaginar adonde iban a parar las sobras del lujoso catering de las fiestas habidas por allí. Luis y sus amigos volvían caminando a las 4 de la mañana con un cisne lleno de caviar, otra noche con algún postre del mismo nivel.
Ni bien se incorpora a la Fuerza Aérea, lo separan y lo mandan obligado a los helicópteros recién arribados también, unos 15 Sikorsky S 51-dragonfly – para piloto y tres pasajeros. “Ninguno quería ir ahí, al lado del avión era un bicho raro, lento, feo, pero no tuve más remedio, a capacitarme para poder hacerlo, después lo amé”.
Ahora el evocado es Augusto Ulderico Cicaré nacido en Polvaredas, Saladillo en 1937 y fabricante hasta la fecha de helicópteros, siendo el primero el CH-1 construido y volado a sus 21 años. “En uno de mis primeros vuelos con el helicóptero me toca llevar a la Junta Investigadora de Accidentes
Aéreos a Polvaredas, dado el trágico siniestro de una avioneta en el que fallecieron sus cuatro ocupantes, todos de la alta sociedad porteña. Donde íbamos se llenaba de gente, era 1960 y el helicóptero era un paisaje extraño y atrayente. Viene un paisano y me dice que allí hay uno que hace algo igual. No lo podíamos creer, pero era verdad, se trataba de Cicaré, no lo vi más hasta hace poco, nos dimos un enorme abrazo y estuve como dos horas recorriendo su fábrica.”
Varios años después Frondizi lo manda a Estados Unidos a aprender acerca del helicóptero grande que cité al comienzo. Necesita aprender inglés y asiste a una academia enorme de San Antonio, Texas donde se encuentra con alumnos de 42 países. Ocho horas por día de aprendizaje. La parte de vuelo la estudia primero en Wichita Falls en el propio Texas, para posteriormente continuarla en la base Stick de Las Vegas, en la época que dicha ciudad era un boom mundial. Delante de su esposa no me atrevo a pedirle detalle de sus días de franco, pero según confiesa ni siquiera jugó en el casino, pues aprovechó la ocasión para ahorrar una buena diferencia de ingresos.

Luis Gallo y compañeros de estudio en una base militar norteamericana

El helicóptero presidencial que vuela Luis es un Sikorsky H 19 ( S55- chickasaw-) de 11 plazas. Como parece ser habitual comienza por el último vuelo en el mismo, que casi resulta fatal, allá por 1966. Había 7 vuelos programados y no tenían personal disponible, le piden que pese a estar listo para irse por haberse retirado se incorpore a uno como técnico de vuelo. Como Lilian lo esperaba a almorzar elige el más corto, a Quilmes para traer a 5 personas y 200 kg de instrumentos. Voló con un Gavazzi, probablemente el padre de quien cayera en Malvinas, Fausto Gavazzi el 12-5-82, abatido por fuego propio sobre Darwin. Antes de aterrizar Luis escucha una irregularidad en el motor y pide que lo revisen. Cargan y antes de despegar lo prueban a fondo tres veces, andaba todo bien pero al despegar, ni bien Gavazzi – que además era odontólogo- sugiere salir de la zona poblada en previsión de un aterrizaje de emergencia, a 300 metros de altura se corta el motor. “Caíamos como piano”. Me explica la maniobra de autorotación, aplicable en estos casos. “ Se tira la palanca para abajo, ello acelera la caída, lo que mantiene las vueltas del rotor. Cuando llega a ocho metros del piso, tira la palanca para arriba y se para el rotor, el helicóptero cae, pero no se mata uno y salva la máquina. Venía todo bien y justo nos encontramos en la bajada con un cable de alta tensión, tuvimos que tirar de la palanca antes de tiempo, dimos el saltito y caímos. Temí una explosión de la nafta. Me tiré desde la cabina, abrí la puerta y los saqué a todos muy rápido, nos parapetamos detrás de un montículo por si explotaba. Empezó a salir humo y ahí me acuerdo que no había cortado batería, esperé un tiempo, como no explotaba, corrí a cortarla. Nos vienen a buscar con otro helicóptero y en El Palomar, me mandan derechito a la enfermería. Llegué como a las 7 de la tarde a casa y no le quise contar nada a mi esposa”. Tomó la decisión de no volar más, ni él se lo creyó, tenía entonces 44 años.
La Fuerza Aérea abastecía de helicópteros a todas las dependencias oficiales, de modo que las tareas que realizó son de una amplia diversidad, desde buscar uranio en Malargüe, hasta rescates en alta mar, atención de pozos petroleros en Salta y servicios en la construcción del primer gasoducto en Comodoro Rivadavia.
Interfiere el recuerdo de la inauguración de aeroparque, con una pista de tierra de 800 metros pero una confitería hermosa de madera, apta para citas románticas del público en general. También de su antecesora, la base de aviación civil en Jose C Paz, un galpón sin tener baño siquiera. “Éramos pobres pero felices” me aclara con la nostalgia invadiéndole el rostro.
Intento poner un poco de orden en semejante borbotón de memorias y le pido que me relate el descubrimiento de uranio para la Comisión Nacional de Energía Atómica, a la sazón en la Universidad de Cuyo, dependiente de la Facultad de Ingeniería. Trabajan allí ingenieros en la búsqueda de material radiactivo. Ellos llevaban un detector entre las piernas que lo encendían al sobrevolar los cerros con el helicóptero. “En tres años volando no encontramos nada. Yo volaba con un alemán con el que congeniamos muy bien. Me dice que corría un rumor que los estudiantes habían detectado un polvo amarillo en la mina El Cajón que los geólogos no podían identificar. Allá fuimos y la aguja del detector se movió. Nos alejamos, volvimos a sobrevolar y se volvió a mover la aguja. Ni bien llegamos salen dos jeep a buscar piedras a la mina. El decano nos pide ir a Mendoza al laboratorio, fuimos, pese a que era de noche y el helicóptero no estaba habilitado para volar de noche, llegamos porque volamos a baja altura siguiendo la ruta. A las 2 de la mañana se dieron cuenta, tras el proceso de hervir 4 horas el polvo de la piedra con una perla de cobalto, por los rayos alfa y beta que desprende el uranio, que existía ese material en Argentina. Un griterío tremendo, estábamos sucios, muertos de hambre pero bien conscientes que era un momento histórico para el país. Al día siguiente el decano fue recibido por el propio Gral. Perón”, corría el año 1952.

Nota de la Universidad de Cuyo trasmitiendo la felicitación por el hallazgo de Uranio

Se viene otro recuerdo, el rescate de unos gendarmes perdidos durante 15 días en la cordillera, persiguiendo unos contrabandistas chilenos que robaban ganado. “Cuando los encontramos se estaban comiendo sus caballos” Me muestra un ejemplar del diario Crítica donde tanto a él como a Muller ( el alemán) los recibieron como héroes en Malargüe, “nos llevaron en andas” comenta.
Pasamos a una nota de agradecimiento del año 1960 del ministro de gobierno de Neuquén por las tareas realizadas durante dos meses en la zona de Andacollo y El Cholar que habían quedado sepultados y aislados por una gran tormenta de nieve. “Acá si que nos jugamos el cuero, sacaba parturientas, quebrados, enfermos y llevaba víveres, podíamos hacer solo 3 vuelos por día por los vientos que se levantaban en la precordillera”. Relata que en el hotel de Chos Malal, cenaban con un cura quien insistió en llevarlos a su capilla donde hacía el vino mistela para el Vaticano, en 15 hectáreas de viña. La borrachera que se agarraron probando distintos vinos les impidió al día siguiente volar, como les habían ordenado y tuvieron que postergar la audiencia con el gobernador de Neuquén, quien los quería conocer.

Nota del diario CRITICA sobre el rescate de los gendarmes en Los Andes

Agradecimiento del Ministro de gobierno de Neuquén

Me habla loas del Instituto Balseiro y que al asumir Alfonsín, el almirante Castro Madero, a la sazón presidente de la Comisión Nacional de Energía Atómica dice públicamente que Argentina es el séptimo país del mundo que domina la energía atómica en todas sus fases. Vinieron años difíciles para el desarrollo nuclear, se le restó presupuesto durante la presidencia de Menem, el Balseiro decayó también y los físicos nucleares se los llevaron los brasileros a ganar seis veces más que aquí. “Una verdadera pena” confiesa indignadísimo, “con los aviones pasó lo mismo, Argentina exportaba aviones a Brasil, y ahora se los compramos”
Cuando le tocó servir en YPF, volaba con el gallego Álvarez – quien luego falleciera con el avión de Austral que cayó al mar en medio de una tormenta -, en la zona de Orán, una de las zonas más cálidas del país, (hasta 42 grados en verano), había días que no se podía volar con los motores a explosión, porque se reducía mucho la potencia. Unos médicos en Tartagal les solicitan trasladar a un niño con doble conmoción cerebral porque había sido atropellado por un camión hasta Orán. “Si nos negamos a hacer este vuelo, después nos tenemos que ir de acá” dijo Álvarez. Alivianan el helicóptero, quitándole combustible (unos 180 litros). Salieron raspando los cables, llegaron siguiendo la vía del tren, con todos los indicadores en rojo. Estaban deshidratados y regresaron a la caída del sol. “Nadie nos dio ni las gracias cuando volvimos, el ser humano debe ser agradecido, me puso tan mal que ni siquiera me preocupé por averiguar después que pasó con el chico”.
En consonancia con ello me cuenta un rescate marino en el que participó con su nave afectada a Gas del Estado. El BDT-12 de la Armada, una especie de lanchón de desembarco utilizado como transporte de garrafas en el año 1955 de Buenos Aires a Comodoro Rivadavia para su carga y regreso, comienza a hacer agua porque se le parte la quilla y el capitán lo dirige hacia la costa de Claromecó, en medio de una feroz tormenta para encallarlo, lográndolo a 400 metros de la playa. El temporal era demasiado fuerte para hacer el trasbordo a embarcaciones menores y por ello es convocado a Bahía Blanca el helicóptero de Luis al que se unirá al día siguiente otro, venido desde Buenos Aires. En el primer día rescatan con la silla volante a los primeros 7 – uno con fractura- y desembarcan a los 31 restantes al día siguiente soportando vientos de 100 km por hora. Lo insólito fue que pese a la valentía demostrada y valorada en los diarios de época, el personal del hotel donde debían alojarse en Tres Arroyos, ante la demora por un último vuelo a fin de verificar si quedaba alguien en el barco, cerró el hotel y obligó a Luis y a su piloto a la búsqueda de sitio donde pasar la noche.

BDT de la Armada encallado frente a Claromecó y el helicóptero desembarcando tripulantes

También le tocó luchar contra la langosta quebrachera que venía de Bolivia y comía hasta Santa Fe. Mide unos 11 cm y tiene un serrucho que hasta devora los cables de aleación. Durante tres años combatió esa plaga por Chaco, Santa Fe y hasta tuvo el placer de contarle sus andanzas, muchos años después a Luis Landriscina en una cena en Zapla, Jujuy, quien había visto al helicóptero en su propio pueblo de joven.
Entre sus recuerdos aflora la visita a una estancia, la más lujosa que conociera, propiedad de Saravia Toledo en Salta. “Del living al comedor había un enrejado español, nos agasajaron con cognac añejo guardado en caja fuerte, un tipo agradecido por nuestra tarea anti langosta”.
Allá por 1950 trabajó para la policía federal, no tiene un buen recuerdo, le tocó llevar a comisarios muy maleducados que ni siquiera lo saludaban cuando subían al helicóptero.
Llegamos a un momento crucial de la historia, la caída de Perón. “Yo estaba en presidencia”, me doy cuenta que voy a tener relato de primera mano. “Perón era aprensivo al vuelo, porque cuando hizo la campaña de 1946 en la provincia de Córdoba, iban dos aviones y uno de ellos embistió y seccionó la cola al avión en el que iba el general, se salvó de casualidad. Cuando podía elegir no volaba, para llegar a España no tuvo opción alguna”. De paso me da una historia de Menem “se hizo piloto pero no pilotaba, los industriales le regalaron una avión de un millón de dólares y jamás lo usó”. Me inquieta saber como vivió la revolución libertadora. “Detenido” me dice. “Unos suboficiales complotados en aeroparque me tendieron una trampa, un superior de quien yo no sospechaba me hace acompañarlo a un vuelo sin decirme el destino y me pide dejar a un costado mi arma reglamentaria, cuando aterrizamos en Aeroparque se abre la puerta y me detienen sin motivo durante 21 días en los que estuve incomunicado, para zozobra de mi familia. Evidentemente querían evitar que Perón se fugase en avión y para ello controlaron todo el personal aéreo de presidencia. Ese fue el motivo de la cañonera paraguaya que le envió su colega Alfredo Stroessner”. Lo trataron bien y al triunfar la revolución lo repusieron en sus funciones de inmediato, ya que lo mandaron a volar para vigilar los puentes de la capital en previsión de otro 17 de octubre que alterase la asunción del Gral. Lonardi, con quien aparece en una fotografía de un vuelo posterior.

Al frente el Gral. Lonardi, a la sazón presidente de la Nación, atrás y de mameluco Luis Gallo

Me muestra otra foto, atrás de la casa de gobierno, con el helicóptero presidencial suspendido en el aire y con él abordo. “Es en uno de los tantos planteos militares que había por entonces (32 solamente en la presidencia de Frondizi), me tocó trasladar a los militares complotados de casa de gobierno. Me embarcaron 14 cuando la capacidad máxima con tripulación era de 11 personas, casi nos matamos contra los barcos, fíjese cuanto nos costó tomar altura”.

El Sikorsky H-6 con los militares complotados suspendido en el aire en la Plaza Colón, al fondo la Casa Rosada

En Mendoza participó del fallido rescate de los 39 soldados del curso de alta montaña que se perdió en la cordillera. Cuando le dijeron que ellos eran la última esperanza, el contestó: “los helicópteros están preparados para volar hasta 800 metros, nosotros de corajudos nomás los hemos llevado hasta 1200, pero acá hay que volar a 3100 metros, porque están en la zona de la laguna del Diamante”. Lo intentaron de todas formas, a riesgo de sus vidas pero fracasaron, el mayor Sánchez de la Hoz que iba con ellos, al abandonar la búsqueda fue arrasado por el llanto. Fue un viaje muy duro, que incluso le valió una feroz pelea con el piloto que perduró en el tiempo.
“Hay que ascender medio metro por segundo, el motor se escucha lejano y hay que tener mucha paciencia. A medida que se asciende hay que ir corrigiendo la mezcla de aire y combustible, el piloto que tenía mucha menor experiencia que yo en viajes de altura se puso nervioso y entramos en autorotación por encima de los 2000 metros. ¡Imagínese, montañas por todos lados! Afortunadamente dimos con la viña Casa de Piedra, la más alta del país, cuyos vinos se exportan todos a Alemania y pudimos aterrizar en ella. El mayor no salía del avión y nosotros insultándonos entre nosotros. Desde Mendoza el jefe de la unidad pidió reiteración de vuelo pero en esas condiciones era imposible arriesgarlo.”
Luego fueron a otra emergencia de altura en Malargüe, fueron a cara de perro, entregaron los víveres que les pedían y volvieron al Plumerillo, el aeropuerto de Mendoza. La visión en la ruta fue horrenda, advirtieron la fila de los 39 ataúdes en viaje para los que no habían podido rescatar. Uno de los recuerdos más ingratos de su carrera. El dolor aviva la pelea con su piloto y continúan culpándose mutuamente. El piloto luego del incidente abandonó la fuerza, se fue a Venezuela y cuando descubren el petróleo se enriqueció vendiendo helicópteros. Regresó al país muchas veces pero nunca más se reunió con Luis.
Tras su retiro en 1966, Luis Gallo no quería volar más. Un día pintando su casa, lo viene a buscar el alemán con quien había volado, Adalbert Muller y lo convoca a volar comercialmente. “Vení con tu mujer y convénzanla a Lilian, yo ya le prometí que no lo haría de nuevo” Y lo logró, son muy amigos, padrinos cruzados de sus hijos, y con una sabiduría muy profunda.
De ese modo Lilian volvió a quedarse sola. “Aprendí a hacer de todo, de madre, de padre, pinto, escribo, aprendí alta costura, manualidades” y yo debo agregar que es una excelente poeta, docente jubilada, que preside la Asociación Civil Sanmartiniana de Norberto de la Riestra y que por el año 2000 fundó en su ciudad la Asociación de Escritores de Riestra.

El Cessna Citation II y su tripulación, Luis Gallo es el segundo desde la derecha

En 1967 empieza a volar un avión ejecutivo para Fabricaciones Militares, pero jamás se le ocurrió que participaría de una guerra.
En el fondo los aviadores de dichos aviones son como los choferes, saben vida y obra de los poderosos, conocen a toda su familia y cuando se juntan intercambian chismes, además les encanta categorizarlos según el valor del avión privado de que disponen, en cual decena de millones de dólares se ubica cada uno.
Sin poner el nombre para evitarnos problemas, me refiere la historia de uno que era campeón mundial de tiro con arma de puño, que lo tenía todo, pintón, deportista, millonario y que los viernes solía irse con una mujer muy bonita del espectáculo a Córdoba donde tenía dos estancias y por ser piloto se mató con su avión. El gallego amigo de Luis decía “ si yo fuera él ni loco viajo en avión, una vida tan buena hay que cuidarla, a Córdoba iría en burro y envuelto en algodones”
En la aviación comercial permaneció todavía 6 años con posterioridad a la guerra, es decir que dejó de volar definitivamente en 1988, a la edad de 66 años. “Estaba haciendo mi casa, tenía que controlar la obra, aún sin el psicofísico querían que me quedara, pero ya estaba pleno, había vivido todo, me fui”.
Tiene una ilusión, que Norberto de la Riestra consiga el Mirage que ha pedido para colocarlo en la plaza del pueblo. Me cuenta la historia de Gotelli, el lider de los veteranos de su pueblo, quien en Malvinas traducía las instrucciones de los cañones, al terminar la guerra ingresó en Telefónica y como traductor hizo carrera.
Tras tanta vida, rica en hechos, hazañas e hitos históricos llegamos al momento de hablar del mayor de todos ellos, su participación en la gesta del Atlántico Sur, integrando el glorioso Escuadrón Fénix.
Venía volando un Cessna Citation II C-550 para Fabricaciones Militares cuando Fuerza Aérea incauta el avión con la intención de volarlo con su personal. El directorio de Fabricaciones Militares accede a aportar su avión pero bajo la condición que mantenga su tripulación – una relativa forma de resguardarlo-. Ante dicho hecho se percatan que Luis tiene a la sazón 60 años de edad, un momento poco apropiado para afrontar los riesgos que una guerra aérea conlleva, entonces le ofrecen no participar del conflicto. “¡Yo voy! respondí, a mis 17 años juré la bandera en Marina donde volé 9 años y llegó el momento de honrar dicho juramento. Además no iba a dejar solos a mis compañeros de tripulación en ese trance” son las palabras que definen a Luis.

En una base del sur durante la gesta Malvinas

Lo despiden a las 4 de la mañana de aeroparque, eran tres y la primer tarea fue ir a Paraná a buscar 8 pilotos de Canberra para llevarlos al sur. “Hasta ahi no estábamos tan seguros de quedarnos en la zona del conflicto. Cuando hacemos combustible en Bahía Blanca viene a vernos el Comodoro Rodolfo de la Colina, luego caído en acción y nos informa que nos tenemos que quedar alli. Yo tenía un bolsito con una muda de ropa, nada más”. De Bahía los llevaron a Rio Gallegos, les dieron unos calzoncillos largos y los pusieron a dormir en una carpa de doble techo con 17 grados bajo cero a la noche. “El frío era terrible, al baño íbamos afuera, estuvimos 10 días sin bañarnos, pero eso estaba lejos de ser lo peor. Hacíamos vuelos que podían calificarse de suicida, llegábamos de noche a veces sin santo y seña, el cual se cambiaba cada doce horas, asi que temíamos que nos derribaran las defensas propias”. Le tocó llevar pilotos heridos, recuperados de eyección hasta Córdoba, al hospital de la Escuela de Aviación Militar, algunos en estado de shock nervioso que tornaron al viaje un verdadero calvario. Me cuenta que fue testigo del espíritu de combate que tenían algunos pilotos, “llevé uno mal herido hacia Córdoba que lloró e insultó todo el tiempo porque quería quedarse en el sur a seguir luchando y tomar revancha de sus compañeros caídos, lo único que lamenté fue no poder grabar sus palabras para que sirvieran de ejemplo a muchos”
Su hija mayor se casó el 20 de mayo de 1982 en El Palomar, Luis gracias a uno de esos viajes a Córdoba pidió un día de permiso, pudo apadrinar la boda y volvió de inmediato al sur.
Fuerza Aérea incautó todos los aviones ejecutivos de las grandes empresas. Uno de los pilotos civiles de dichos aviones fue enviado a hacer una filmación sobre Malvinas. Al ser sorprendido por dos aviones de guerra ingleses, se arrojó en picada y escondió en una nube que lo protegió hasta casi el nivel del agua y siguió así hasta Comodoro. Allí entregó el avión diciendo “yo no vuelo más, no soy piloto de guerra”. Se lamentó con Luis de su decisión “me dio vergüenza”, pero éste le dijo que había hecho bien porque demostró conocer sus limitaciones y había sido honesto consigo mismo, y no como otra gente que estaba volando sin saber que no estaba capacitada para combatir.
“En un vuelo que teníamos que llegar a cierta distancia y volver, a un avión oficial le marcaron llegar a 475 millas al este del continente y a las 300 volvió, yo lo pesqué porque venía atrás. Después el Congreso le dio la misma condecoración que a mí y la recibió, eso me daría vergüenza”

Identificación de combate que aún lleva orgulloso en su pecho

Confiesa que la superioridad aérea británica esa abrumadora, en velocidad y capacidad tecnológica. Lo cita al hijo de Pierre Clostermann – as de la aviación francesa- diciendo: “yo no puedo concebir que un país que creo que se llama Argentina esté en líos con Inglaterra y le estén haciendo unos agujeros bárbaros a los barcos ingleses con una aviación de tercera categoría”
Refiere que a los tres meses del término del conflicto el mismísimo Pentágono invitó a ocho pilotos de caza argentinos con todo pago para que fueran a contarle sus tácticas de combate, tan sorprendidos habían quedado. Luis es muy amigo de uno de ellos, un capitán que le contó que los hacían exponer ante una sala llena de pilotos norteamericanos.
Para destacar lo distinto que es volar a volar para combatir me cuenta que a uno de los aviones incautados a una empresa muy grande lo siguieron aviones ingleses los cuales eludió volando a ras del agua, hasta la base de Santa Cruz. Pero al llegar, el copiloto pidió por radio una ambulancia urgente por el ataque de nervios con que llegó el piloto.
Sufrieron un día una amenaza de ataque al continente y les ordenaron evacuar a Bariloche. Despegaron de noche, con un viento tremendo que hace volar las piedras con el riesgo que ingresen a las turbinas. Por ello esa noche decidieron modificar su ruta e ir a Sierra Grande donde funcionaba por ese entonces la mina de Hierro Patagónico, en el límite de Chubut y Río Negro al norte de Puerto Madryn.
El chofer de Fabricaciones Militares en lugar de llevarlo al hotel, al que recuerda fantástico, lo llevó al hospital de HIPASAM. Retorna la indignación con los gobiernos siguientes por haber permitido el decaimiento del citado establecimiento modelo.
En uno de los momentos más amargos de todo el relato, me cuenta que la grabación de cabina de Rodolfo de la Colina al caer, fue pasada a todos los pilotos, como ejemplo de serenidad ante la muerte. El brigadier Crespo refirió el coraje del caído, exigiendo igual actitud. La grabación es conmovedora : “ Tengo 44000 pies, nos dieron en la turbina izquierda…….se me trabó el comando…comienzo a descender……estoy perdiendo altura…… se prende fuego turbina izquierda…. la otra empieza a andar en forma intermitente….. se cruzan dos aviones ingleses…… no me da……(silencio, silencio y más silencio).”
Así muere un héroe, los aviones del Fénix no tenían ni asiento eyectable, ni traje antiexposición, ni paracaídas, si los derribaban era muerte segura. Los cinco caídos en el Lear Jet T 24 de la Fuerza Aérea, todos militares, fueron: Comandante Vicecomodoro Rodolfo DE LA COLINA, Copiloto Mayor Juan José FALCONIER, Fotógrafo Militar Capitán Marcelo LOTUFO, Suboficial de Comunicaciones Suboficial Ayudante Francisco LUNA, Mecánico de Aeronave Suboficial Ayudante Diego MARIZZA . Todos pertenecían a la II Brigada Aérea sita en la ciudad de Paraná, Entre Rios.
El Lear Jet estaba haciendo tareas de inteligencia, en ese caso el sobre de instrucciones recién se abre cuando están adentro del avión. El Nardo I ( tal su nombre en clave) había sido alcanzado por dos misiles disparados por el barco británico HMS Exeter, era el 7 de junio de 1982.
Luis Gallo me manifiesta su admiración por los pilotos de Mirage, que vuelan al doble de la velocidad del sonido, hecho que obliga a los pilotos a utilizar un traje especial computado que lo cubre todo hasta los pies y se enchufa. Ese traje ejerce una presión que evita que la sangre se vaya de la cabeza a los pies o viceversa en las bruscas y veloces maniobras usuales de picada y recobre de altura, por eso no puede haber pilotos de más de 25 años porque el cuerpo no lo resiste.
“Yo miraba a esos muchachos que cenaban juntos, hacían bromas aún sabiendo que a las 4 o 5 de la mañana despegaban en misiones de las que alguno no volvería jamás. Los miraba con admiración y pena a la vez, me parecían sobrehumanos”
Viene al recuerdo un momento tremendo que le quiebra la voz a Luis. En el Congreso cuando Duhalde entrega las condecoraciones, al nombrar al Vicecomodoro Rodolfo de la Colina, quien viene a recibirla es su hijo de seis años. “Lloré como un infeliz” me dice.
Cuenta que muchos años después, en cierta conferencia en FM Soldados, Luis refirió este episodio y llamó a la radio ese niño que ya no era niño, Alejandro de la Colina y quiso conocer a Luis porque dijo que era su manera de saber cómo había sido su padre.
Pregunto si continúa encontrándose con esa tripulación, con la que fue a la guerra. “Lamentablemente no, pues uno de ellos Juan Gerónimo CROSA falleció en un accidente aéreo y que el restante Leónidas José RODRIGUEZ UZAL está muy enfermo”.
Para finalizar y cambiar el clima llega una anécdota simpática de su estadía en Nueva York, “Caminando por Broadway con la boca abierta me topo con un restaurant en 1962 que se llamaba JACK DEMPSEY, por él me llamo Luis, porque la pelea con Firpo había sido en 1923 y por esa hazaña mi padre me había dado ese nombre. Me regalé el cenar allí, un hermoso lugar a todo lujo lleno de fotos, incluso de ese combate. Dempsey nos vio y cuando le dijimos que éramos argentinos nos invitó a su despacho, tenía en ese entonces 64 años y nos dejó fotografiarnos con él”
La charla siguió hasta muy tarde, me mostró con orgullo su designación como personalidad destacada por parte del Concejo Deliberante de Norberto de la Riestra, el pueblo que lo vio crecer y donde conoció a su compañera de ruta, hermana de un amigo, que al momento de casarse tenía tan solo 21 años. También una carta de la senadora provincial Elisa Carca de abril de 2016 reconociendo no solo el valor de los veteranos, en especial a Luis como el más longevo, sino también toda la obra llevada a cabo por ellos en la posguerra.

Designación de Luis Gallo como personalidad destacada

 

Me despido sabiendo que me llevo un tesoro, los recuerdos de un argentino, orgulloso de haber servido a su Patria bajo distintas circunstancias, afrontando incomodidades y riesgos de todo tipo pero siempre munido de una voluntad de aprender cosas nuevas, de emprender aventuras con buen humor, coraje y sin una sombra de queja. Tendré que hallar el tiempo para escribir la historia, es un ejemplo, un espejo en el que todos deberemos mirarnos más seguido.
Insto a su señora, que es escritora, a plasmar un libro de memorias, algo mucho más digno del veterano de guerra Malvinas más longevo que la nota que yo pueda hacer, ofreciéndole para la tarea todo mi apoyo y colaboración. Mi sueño, el de muchos, de ver una Nación repleta de gente valiosa como mi interlocutor necesita puntos de apoyo, vidas ejemplares, para tomar consciencia que todos estamos capacitados para construir una, si nos disponemos a trabajar duro y a cumplir responsablemente con aquello que nos toca hacer.
Con la promesa de futuras charlas, camino despacio hacia mi auto estacionado en la esquina de mi vieja calle, la de la aún más vieja casa donde llegaron al mundo mis dos hijos. Es por ellos, ante todo, por quienes debo hacer pública la vida de un argentino ejemplar, el Alférez de la Fuerza Aérea Argentina VGM Luis Horacio Gallo, de ahora en más, un admirado amigo.

Enrique Momigliano
San Clemente del Tuyú, 23 de julio de 2017

Luis Gallo y su esposa, la escritora Lilian Pesci

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Published in: on julio 30, 2017 at 7:20 pm  Comments (1)  

TRASCENDENCIAS

TRASCENDENCIAS
Original, bella, profunda y conmovedora

Se me acercó su madre estando abordo de la Fragata ARA Presidente Sarmiento. Culminaba el acto en homenaje a los caídos en el crucero ARA Gral. Belgrano, era el 2 de mayo de este año, a las 5 de la tarde, 35 años después del momento en que más de trescientos argentinos entraron en la inmortalidad. Había ido junto al VGM Marcos Falcón a obsequiarle a la Fundación organizadora un ejemplar de COMBATIMOS y a entregarle a Elsa Reguera, madre de Juan Carlos Reguera, marinero fallecido en el hundimiento, la carta que a los alumnos de la escuela de Cote-Lai, Chaco, les escribiera, en nombre de su hijo, para el acto cuando impusieron el nombre del crucero a la institución. Pensábamos pasar lo más desapercibidos posible, pero todos conspiraron para hacerme más que visible. Así me conoció Ana Lucía Monzón.
Todavía conmovido por haber participado de la fila de familiares y camaradas que arrojaban ofrendas florales por la borda de la fragata a las aguas del río color de león, las dos Ana, madre e hija me invitaron a la presentación de la obra TRASCENDENCIAS, creada por Ana Lucía, en homenaje a los marinos caídos. Tuvieron tiempo de aclararme que eran esposa e hija de un sobreviviente, Elvio Monzón, presente en el acto. Prometí concurrir, sabiendo cuan impredecible suele ser mi agenda.
Empero, toda la semana subsiguiente la intriga por saber cómo era posible conjugar la danza clásica con un homenaje a las víctimas de un tragedia, como lo fue el hundimiento del Belgrano, no me dejó en paz. Había solo dos posibilidades, o la obra era un fiasco más de los que acostumbro a ver cuando el arte se acerca a la guerra, o Ana Lucía, trasmutando el dolor de su padre, había creado una genialidad. El domingo siguiente a la noche, dejé todo de lado y fui, al fin y al cabo el teatro quedaba en Almagro, mi viejo barrio querido.
Me recibió José Leal, maquinista del crucero e íntimo amigo de mi amigo sanclementino por adopción el también veterano Ramón Leiva, quien avistó desde el avión Neptune 2P111 las balsas a la deriva. Mientras conversábamos y me presentaba algunos de los otrora náufragos, mi ansiedad por saber como había encarado Ana Lucía el homenaje iba en aumento. Era muy esperable que fugase hacia los simbolismos y se apartara de la historia, ya que danzar un naufragio me seguía sonando a imposible. La función, breve pero muy intensa me demostró cuan equivocado estaba.
Ocupé mi butaca al centro de la sala para tener buen ángulo fotográfico y me dejé sorprender.
La genialidad de Ana Lucía Monzón empezó a desarrollarse bajo mis cada vez más atónitos ojos. No solo no eludió la historia sino que abundó en sus detalles y no dejó emoción sin representar. Un equipo de bailarines muy parejo se luce a lo largo de toda la obra y llevan al espectador a cada momento crucial de la tragedia de un modo que resulta imposible sustraerse a la emoción. He leído cien versiones del hecho y en COMBATIMOS hasta lo he escrito, sin embargo, visto en danza, es todo nuevo y así como la música habla al alma sin intermediarios, algo similar debe ocurrir con la coreografía cuando nace de lo más hondo de los sentimientos de su creador, como en este caso.
La obra comienza con la mesa familiar y el impacto de la noticia del hundimiento, sigue con un paso solitario de Ana Lucía que se me ocurrió simboliza a la Patria y su llamado, para luego representar mediante danzas típicas cada una de las provincias argentinas que tenían hijos combatiendo en el crucero, un colorido festín para los ojos. Sigue el duro momento de la despedida al abordar el barco y la disciplinada organización de los marinos, aprestándose al combate, bajo las órdenes de su capitán. Un sobreviviente, cantor y guitarrero, que en el crucero supo entretener la muchachada con sus canciones, subió a escena y recreó emotivamente esa escena.
Llega el momento de los impactos y la desgarradora escena de abandonar la nave hacia la helada incertidumbre oceánica. Ana Lucía ni siquiera omitió el heroico acto del capitán Bonzo que fue el último en hacerlo, extorsionado por el suboficial Barrionuevo quien temeroso que se quedara con su nave, renunciaba a hacerlo si Bonzo no lo hacía a su vez.
Y llegan las angustiosas horas de la balsa, representada por una de ellas, con los marinos acurrucados en el suelo en torno a su capitán, con todo el escenario a oscuras, como oscuro era el Atlántico y sus líquidas montañas. A todos esa escena nos pareció eterna, sofocante, conmovedora, de hecho escuchaba sollozos provenientes de las butacas cercanas.
El rescate no es menos impactante, en la escena dividida entre quienes llegan y quienes esperan, resulta imposible no lagrimear ante la desazón de los que concurren esperanzados y se ven con las manos vacías para siempre. Solo el abrazo contenedor de quienes pueden respirar por haber recibido con vida a los suyos, les brindará desde ese momento hasta hoy, algo de consuelo.
El final me vuelve a sorprender, es la Oda a la Alegría de la Novena Sinfonía de Beethoven, síntesis del homenaje, de la esperanza en la vida eterna y en la futura reunión de quienes sobrevivieron y quienes no lograron hacerlo, pero que viven como héroes, en la memoria de quienes eligen recordar su gesta.
Saludos finales ( no hay telón), aplauso cerrado, una pocas y emocionadas palabras de Ana Lucía que se reúne con su familia en el escenario y la platea que es un mar de lágrimas, hasta quienes ya conocen la obra, lloran sin parar.
No me queda ni tiempo, ni aire para mucho, pues me concentro en guardar la compostura y soltar mi emoción lejos de allí. Un breve saludo al amigo José Leal con la promesa de reunirnos en San Clemente y una sentida felicitación al grandote correntino, el padre de Ana Lucía quien me despide con unas palabras profundas y verdaderas.
“Lo escuchó de niña de mi boca muchas veces y por sí sola quiso hacer este homenaje, yo me limito a apoyarla, pues si no lo hago yo, ¿Quién habrá de hacerlo?”
Ya somos dos Elvio y espero que sean pronto, muchos más, los 323 que no llegaron a puerto, esperan que lo hagamos.

Enrique Momigliano
San Clemente del Tuyú, 22 de julio de 2017

 

Published in: on julio 22, 2017 at 7:06 pm  Dejar un comentario  

EL ARA BAHÍA PARAÍSO AÚN NAVEGA

 

EL ARA BAHÍA PARAÍSO AÚN NAVEGA

Día de la Armada con sus tripulantes de 1982

Si mi poesía A VOS me llevó por caminos insospechados, parece que mi libro COMBATIMOS se proponer hacer otro tanto, mucho más rápido y mucho más lejos. Cuando todavía no me había repuesto de la emoción de presentarlo en el stand del Ejército Argentino en la 43 Feria del Libro, fui invitado a celebrar el Día de la Armada junto a la tripulación que fue a la guerra embarcada en el transporte polar ARA Bahía Paraíso. Parece que mi plan de reconvertirme en poeta para vivir una vida solitaria, ermitaña y contemplativa, está teniendo sus tropiezos. Aprendí con los años – seis décadas algo me han enseñado – a no contradecir la fuerza de la vida, cuando te empuja a un camino, lo mejor es transitarlo, ella sabe más, Dios también.

No me es un barco extraño, para poder incluir la historia vital de Ariel Ramirez en Combatimos leí bastante de su historia, azarosa, valiente y sorprendente. Un día veo en las redes que un programa de radio que suelo escuchar seguido, el de la Comisión Permanente de Homenaje a la Gesta del Atlántico Sur, se proponía tratar la historia del barco invitando a su contador, el capitán de navío Fernando Bernabé Santos y al heroico piloto del helicóptero Alouette 3 embarcado, al teniente de navío aviador naval Omar Busson. De inmediato etiqueté a Ariel y la gente del programa me pide que procure su asistencia al programa. El programa fue un éxito y el encuentro entre piloto y cabo primero absolutamente conmovedor. Así fue como Ariel se integró a este unido y dinámico grupo de tripulantes, cuya alma mater fue hasta su fallecimiento ocurrido en 2008, su capitán de entonces el Vicealmirante Ismael Jorge García, tarea que hoy continúan los mencionados Busson y Santos junto al furriel de entonces, el salteño de Orán, Enrique Lara.

La cita era su lugar habitual de encuentro, la parrilla Olegario de Av Libertador cerca del túnel y el ahora poeta en la Armada que esto escribe, fue lleno de expectativa, con cámara y grabador en el bolsillo, “por si daba para la nota”. Ariel quería que sus camaradas conocieran al irreverente escritor civil que se había atrevido a dedicar unas cuántas páginas a su barco y éste estaba fascinado por la posibilidad de conocer a los veteranos de guerra que habían recuperado las Islas Georgias, rescatado náufragos del crucero ARA General Belgrano y actuado como buque hospital, tras una reconversión a toda marcha, en las Malvinas, siendo venerado casi como un hogar por los fatigados combatientes que tuvieron la dicha de volver en su vientre, al continente tras la durísima batalla.

Confieso que no llegué en un buen momento. El grupo miraba atentamente pero con indignación contenida el programa del canal 13 que por primera vez habló de Georgias. Las falsedades, los datos tendenciosos, el espíritu anti gesta habían puesto a sus protagonistas de un humor pésimo, por lo cual mi llegada fue respetuosa pero fría, estaban en otra cosa.

Los entremeses bastaron para unas muy breves palabras sobre el libro, varios apretones de mano demasiados recios para la mía y un esfuerzo para recordar nombres y caras a fin de asociarlos con solvencia a posteriori.

El segundo movimiento consistió en tomar ubicación en la mesa. Aliviado por la compañía del médico psiquiatra participante del libro Dr. Federico Raimon, con quien ya hemos compartido algún asado en casa de Ariel, me senté junto a él pero en un sitio inconveniente. La guerra es ensalzada por quien nunca estuvo en una, conserva ella así su mito romántico y heroico y oculta su parte terrible, las consecuencias de la violencia desatada. Sin embargo no todos los que van a la guerra se ocupan de matar y de morir, hay muchos que se ocupan de cocinar, administrar los recursos, celebrar la santa misa y atender a los heridos. Se podrá decir que los primeros sufren la peor parte, es posible, pero los segundos ven el fruto de la acción, lo palpan con sus manos, escuchan sus gritos, sienten su dolor. No se francamente quien debe dotarse de más valor. Y al poeta que buscaba ratificar los conocimientos leídos sobre las operaciones le tocó sentarse junto al enfermero del buque, quien tuvo que atender heridos graves de ambos bandos y lo hizo con una eficiencia y dedicación tales, que muchos tripulantes aún hoy confían ciegamente en sus consejos. Durante una hora estuve sometido al relato de historias que no fui a buscar, que no puedo ni quiero escribir y que forman parte de la guerra tanto como el combate, pero que si le prestásemos atención, jamás por ninguna razón estaríamos a favor de guerra alguna. Son las historias del sufrimiento humano.

Como era de esperar la angustia creciente me hizo comer y tomar de más. La presencia cercana del Furriel Lara me permitió intercalar alguna historia soportable, pero estaba cercado. Los metros de intestino amputados, el tercio de brazo ingles faltante, el ojo colgando del artillero de la corbeta ARA Guerrico, las sondas nocturnas, los códigos para comunicarse con el enfermero cuando hablar es imposible, eran ya intolerables para mi.

A los postres me iluminé. Era una oportunidad única y mi sangre de periodista hervía, lo que estaba escuchando no lo podía escribir y no estaba preguntando lo que quería preguntar. Jamás hare un libro sobre el hospital de Puerto Argentino, el frente más cruel de la guerra, dejo a escritores menos sensibles esa digna tarea. Transmití entonces a Omar Busson mi intención de hacer un pequeño reportaje global, documentando el encuentro, lo que me permitiría conocer un poquito de cada uno de los presentes y darles a ellos la oportunidad de darse a conocer. Temí interrumpir sus charlas, sus anécdotas, su bienestar y entonces prometí ser breve y pedí que todos lo fueran.

Tal como sucedió con las entrevistas para el libro solo uno de ellos cumplió, el resto habló profusamente y a cada uno, con dolor, debí interrumpir su relato. Así y todo los videos que acompañan este artículo duran en conjunto 74 minutos, absolutamente imperdibles todos. Comencé con Ariel Dulce, mi compañero de banco, el enfermero y terminé con Roberto Giusti, el infante de marina jefe de la segunda sección que fue atacado en el helicóptero Puma, en pleno vuelo de desembarco y tras un aterrizaje milagroso organizó el fuego sobre el enemigo, el cual derivó en su rendición aquél célebre 3 de abril. En el medio hubo otras historias difíciles de digerir como la del odontólogo que debió hacer el reconocimiento por las piezas dentales de los cadáveres del crucero Belgrano y otras conmovedoras como la del cabo segundo Jorge Alberto Campozano, camarero de la oficialidad del buque, cuyo padre falleciera en el continente al difundirse la errónea noticia de un ataque sufrido por el transporte polar. Hasta tuve el honor de conocer a un Almirante retirado que en su momento era el oficial de comunicaciones del barco, fue él Fernández Lobe, tío de Pumas, quien me dio precisiones acerca de la operación de rescate de los náufragos.

Me fui a la una y media de la madrugada, sin haber comido el postre pero con la alegría de la tarea cumplida. Es un grupo que requiere contar su historia, lo están haciendo con la ayuda de un joven escritor argentino, esperemos que sus vivencias puedan ser cabalmente transmitidas a las futuras generaciones y a la gran mayoría de argentinos que, aún 35 años después, ignoran la gesta de este buque y su tripulación.

El azar quiso que mi auto estuviese estacionado al lado del de Roberto Giusti y que nos retirásemos al mismo tiempo. Iniciamos al amparo de la noche un diálogo intenso sobre los avatares de la historia argentina y sus personajes, diálogo que espero tener la oportunidad de continuar en otro momento. En un corrillo lejano los tripulantes se organizaban para los homenajes que localidades como Luján y Balcarce se preparan para brindarles.

El ARA Bahía Paraíso, el Bravo 1 (B-1) terminó sus días el 28 de enero de 1989, encallado y hundido frente a la base antártica Palmer de EEUU, ubicada en la isla Anvers del archipiélago Palmer, mientras paseaba turistas por una zona peligrosa para la navegación. Su alma, que son los tripulantes que fueron a la guerra con él, siguen navegando juntos, “en el mismo barco, donde estamos todos” como me supieron acertadamente decir.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 19 de mayo de 2017

Published in: on mayo 19, 2017 at 6:44 pm  Dejar un comentario  

EL BUQUE

 

EL BUQUE

A los 323 centinelas del ARA Gral. Belgrano

En las tabernas de los puertos de los mares del sur,

los canosos viejos marinos con arrugas de sal,

cuentan una historia de coraje desbordado,

por amor a una bandera que lleva en su faz,

el sol, el blanco de la niebla y el azul del mar.

De Bahía Blanca zarparon aquellos valientes,

tantos como mil noventa y tres supieron contar,

en un veterano imponente acorazado,

los guía Bonzo capitán seguro y sonriente,

quien solo viviría para la gesta relatar.

El irse a pique antes que rendir el pabellón,

debajo del puente reluce como profecía,

a fines de abril en Ushuaia alistado,

presto a zarpar al encuentro de flota de Albión,

agresora de nuestra insular soberanía

Bouchard y Piedrabuena son escoltas del coloso,

Gurruchaga el aviso que resta en reserva,

Rosales es el buque de combustible cargado,

por ruta distinta el portaviones va presuroso,

en pinza de ataque al enemigo que observa.

Son chilenos aviones que ubicación informan,

interrumpen la carga del combustible que baña,

obligando a lavar cubierta acorazada,

mientras sumergidos piratas muy raudos navegan,

hacia el viejo buque revestido de hazaña.

Es que no cuenta con las armas antisubmarinas,

que resistir al nuclear asesino permitan,

sabedor de otras guerras, en ellas equipado,

ignora la silente persecución peregrina,

son ojos de los escoltas quienes se necesitan.

En alerta rojo durante el curso nocturno,

de un ataque abortado por falta de viento,

que impide el despegue de aviones armados,

alentadoras noticias tuercen el rumbo diurno,

proa a la base trae tregua al pensamiento.

Ya termina en un gris de silencio esa tarde,

y el mar al oscuro preanuncia la tormenta,

por flanco de estribor ahora desguarnecido,

viaja raudo y sumergido el tubo que arde,

a las cuatro hace blanco y la muerte presenta.

El compañero quince metros de proa arranca,

el mar se apresura a inundar al crucero,

huyen los escoltas por tercer tiro atacados,

y escora el buque en silencio que espanta,

humeante y oscuro es laberinto artero.

En una hora enseñará al cielo su quilla,

se irá hacia el fondo con carga tan preciosa,

de bravos marinos vueltos héroes consumados,

cuya muerte jamás será derrota que humilla,

sino excelsa ofrenda a su Patria gloriosa.

Un reguero de balsas lo observa conmovido,

y el ¡VIVA LA PATRIA! al océano desafía,

pese al desamparo en temporal desatado,

por más de cien kilómetros por el viento barridos,

azotados por las olas que los baten a porfía.

Casi al filo de la noche del día que sigue,

con heridos a cuesta y de frío ateridos,

por fiero coraje de sus camaradas alados,

hasta agotar combustible el vuelo prosigue,

el avión que al buscarlos no se dio por vencido.

Sus escoltas y el aviso al rescate llegan,

desafiando tormenta, noche y al enemigo,

del océano los alzan marinos extenuados,

un abrazo, un plato, una frazada allegan,

restañando el naufragio con amante abrigo.

El Belgrano, ayer Fénix ahora es historia,

narrarán su memoria sus marinos rescatados,

del buque afortunado sin pabellón rendido,

que se hundió en mar helado con carga de gloria,

de trescientos veintitrés patriotas abnegados.

.

Dicen los taberneros que en noches muy oscuras,

de mar calmo y sin niebla ellos logran atisbar,

un crucero imponente todo iluminado,

con marinos formados en cubierta de altura,

y pabellón argentino que no cesa de flamear.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 23 de abril de 2017

COMBATIMOS, UN SUEÑO DE 35 AÑOS CUMPLIDO

 

 

La vida del escritor está llena de palabras, propias, ajenas, de origen conocido, de origen ignoto, armoniosas, discordantes, comunes, extrañas, amadas, odiadas, pensadas, soñadas, inspiradas, forzadas, escritas, omitidas, repetidas, subrayadas, tachadas, frías, emotivas, en minúsculas, en mayúsculas, en títulos, en subtítulos. Pero llega un día, increíble, maravilloso, soñado, inmerecido, inesperado, en que la infinita danza de palabras cesa por completo. Y el escritor busca y rebusca pero no encuentra ninguna, todas le parecen pobres, escasas, endebles, injustas, mínimas, ínfimas, para expresar el torbellino de emociones que lo atraviesa. Entonces, tras una larga lucha con el vocabulario, se da cuenta que la vida, esa misma vida que tantas veces lo llevó a renegar de ella, a odiarla, a maldecirla, le ofrece de su generosa mano, una flor. Una flor sanadora cuyo aroma le dice que todo valió la pena, que hay un camino aunque él no lo vea, que desde muchos lados visibles e invisibles lo guían y apoyan. El escritor reconoce que se ha quedado sin palabras. Deja la pluma, reclina su fatigada espalda en la silla, entorna los ojos y mientras ruedan por su cara tímidas lágrimas de una profunda alegría, olvida el decir y se concentra en sentir. Por su mente, como una esquiva gaviota vuelan los versos de Nervo:

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 22 de marzo de 2017

 

Published in: on marzo 22, 2017 at 10:13 am  Dejar un comentario  

DESPEDIDA

varela

 

DESPEDIDA

Arrebatado al cielo,

desde formación gloriosa,

en casi vertical vuelo,

rompe escuadra hermosa.

Y se pierde en las nubes,

alto albo escondrijo,

alabean al que sube,

venia en cabina sus hijos.

Sordo ruido de turbina,

sin lágrima ni quejido,

coro de adiós que trina,

por el capitán partido.

Huérfanos en el suelo,

de su luz hemos quedado,

más será su largo vuelo,

faro que nos fue legado.

Varela era su nombre,

y El Trucha su apodo,

Héroe, as, siempre hombre,

un patriota sin recodo.

Ya se funde el fantasma,

por los cielos de bandera,

mientras su estela plasma,

rumbo de turba malvinera.

Quiera el buen Dios un día,

prepararnos el reencuentro,

en hangar de alegría,

con El Tordillo en el centro.

Enrique Momigliano.

Buenos Aires, 15 de octubre de 2016

POR NADA

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POR NADA

Ver a un amigo morir,

dormir en turba helada,

deber matar para vivir,

creíste que fue por nada.

Doler arriar tu bandera,

vivir prisión malhadada,

sangrar herida primera,

creíste que fue por nada.

Volver en barco pirata,

tener la boca callada,

ser ocultado cual rata,

creíste que fue por nada.

Por nada dijeron tantos,

arma cruel con la baja,

patrón muerto de espanto,

civil de mirada baja.

Que no habías luchado,

que eras chico aterido,

cual cobarde arreado,

por general embebido.

Soportar tanto olvido,

de opinión manipulada,

mendigar inmerecido,

vida a tu suerte librada.

Y los fantasmas nocturnos,

con sonidos de metralla,

ahogados en alcohol diurno,

en cerebro que estalla.

Asistir a tanto entierro,

de amigo suicidado,

deber volverse de hierro,

en un rincón olvidado.

Creíste que fue por nada,

pero entonces buscaste,

refugio en camarada,

en ellos te amparaste.

Juntos amigo hicieron,

día que cambia historia,

y en desfile vivieron,

sanar la justa memoria.

Llora con todo derecho,

festeja gloria ganada,

siente muy dentro del pecho,

que todo jamás fue por nada.

En cielo tus camaradas,

están gozando contigo,

su memoria reparada,

por valor de sus amigos.

De hoy en adelante,

alza orgullosa frente,

¡Hoy un pueblo exultante,

vitoreó sus combatientes!

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 10 de julio de 2016

Published in: on julio 11, 2016 at 1:09 am  Dejar un comentario  

PABLO CARBALLO, EL PILOTO DE DIOS

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PABLO CARBALLO, EL PILOTO DE DIOS

Una semblanza en vuelo rasante de un héroe argentino

Aquella noche en el hotel Teruel de Valle Hermoso dormí mal y poco, mi mente no cesaba de hacerme preguntas sin respuestas acerca de un encuentro anhelado durante más de tres décadas. Debía salir temprano – cosa que detesto- y manejar unos cuantos kilómetros por caminos sinuosos para verme por fin cara a cara con uno de los hombres que más ha marcado mi vida, con tan solo un breve encuentro en la Feria del Libro de 1983. El Comodoro Pablo Marcos Carballo me esperaba nada menos que en la Escuela de Aviación Militar para una charla, entrevista, solo Dios sabría que nombre ponerle. Justamente Dios y los Halcones fue el primer libro escrito sobre el conflicto de Malvinas, estuvo listo el 1 de septiembre de 1982 y Pablo fue el primer veterano a quien pude entregar en aquella Feria mi poesía A VOS, la cual en un nuevo giro de la historia me llevaba esta vez a la cuna de la aviación militar argentina. Su cálida dedicatoria de entonces, sus libros, muy especialmente Un vuelo al corazón, prologado por un monje trapense a quien conozco, su carta de entonces, su actitud con mi poesía que compartiese con sus colegas de la brigada aérea de San Luis, me hablaron siempre de un ser especial en cuyo espejo intenté mirarme, tan solo para ser un poco mejor cada día.

Nos encontramos “de casualidad” este año en la Feria del Libro y “de casualidad” esa noche cenó en la casa de la hija de una querida amiga mía. Compartimos algunos escritos y mails, lloré con su libro Los Halcones no se lloran y me conmoví profundamente con el libro de su esposa Mirta y su viaje de encuentro con ella misma. Todo sirvió para conducirme a Córdoba y ahi estaba, a pocas horas de verlo.

Por supuesto yo hubiera deseado un encuentro en otro ámbito, a solas ( lo vi en compañía de un joven piloto) y llevar una serie de preguntas precisas. Era tanto de lo que quería hablar con él y todo parecía poco propicio para hacerlo. Dios sabe más – como siempre – y Pablo es distinto a todo.

En apenas 117 minutos, le robé 27 más de los que podía dedicarme, no solo me contó toda la historia de la Fuerza Aérea Argentina, sino que respondió todas mis preguntas, hablamos de los temas que a mi más me interesaban, como la espiritualidad y la religiosidad, se dio el lujo de hacerme trepar a un Tucano, habló de cada uno de sus camaradas caídos, me paseó por toda la escuela, relató su historia familiar y literaria y hasta se reservó un espacio para dedicarme un libro, emocionarse con una marcha y admirar a su esposa y su obra. Cuando me dejó en la guardia, yo estaba tan conmovido y mareado como si hubiese viajado en un vuelo de bautismo en A4, tanto que a los pocos kilómetros de mi viaje de regreso tuve que hacer una pausa para reponerme. Ayer nomás, desgrabando el encuentro no podía creer todo lo que Pablo me había dado en ese breve lapso.

A la hora convenida estaba yo, con mi hijo fascinado grabador en mano y una bolsa con cinco libros ( dos suyos, dos míos y el de Mirta), en la vereda del Casino de Oficiales esperándolo mientras observaba a los cadetes evolucionar en la plaza de armas, fusil al hombro y Patria en el corazón.

Y llegó Pablo a paso rápido, con su pelo cano, sus ojos de mirada límpida, su leve renquera de aquél accidente ciclístico barilochense que casi frustra su sueño y nos deja sin héroe. Nos dimos un cálido abrazo que habla del honor que me prodiga al sentirme su amigo y………despegamos.

Es sin dudas un hombre multifacético, por eso en lugar de hacer un relato cronológico de nuestro vuelo, intentaremos describir nuestra apreciación de cada una de sus ricas caras.

1.EL MILITAR

“Tengo 50 años de vida militar, llegué a la Escuela con 19 años, de modo que un cuarto de la vida reglamentaria del país, los he vivido en ese estado y a decir verdad fueron 50 años en los que pasó de todo”

Pertenece a la promoción 37(un número que lo persigue), nacido en Capital Federal el 11 de diciembre de 1947 – el mismo día que Gardel, hincha de Racing como él- se mudó a los 2 años a Bariloche, para llegar 17 años después a este nido de cóndores cercano a Córdoba capital, el cual aun lo cobija y al que ama como a un verdadero hogar. Emocionado nos lee una frase que obra en un muro “ Has estado aquí antes de entrar y cuando egreses no sabrás que te quedas” La Fuerza Aérea se inicia en 1925 pero recién en 1945 logra su independencia pese a que ya en 1927 existía la Fábrica Militar de Aviones que era un lujo pionero mundial.

“Cuando era cadete vino a darnos una charla un oficial de inteligencia que nos dijo que Sudamérica iba a ser invadida por miles de guerrilleros, por supuesto no le creí” Todos los avatares de las tragedias argentinas viven en su alma, pero ambos creemos que son los dolores los que dejan las mejores lecciones y nos conducen a una fuerza propia que hasta allí desconocíamos.

Su padre fue uno de los precursores de la Fuerza Aérea y con orgullo inmenso nos muestra su foto de 1943, la antigua plaza de armas donde formaba y nos relata su frustración por no haber podido ser piloto, perteneciendo empero al escalafón general de la fuerza, como navegador, en aquella época en que la instrucción se daba en viejos biplanos Focke Wulf alemanes de la primera guerra mundial. Con el mismo orgullo nos muestra en el museo donde están todas las promociones, a su hijo, actualmente en la Escuela de Guerra. Tres generaciones de Carballo pasaron por la escuela y son los únicos con dicho apellido. Y con sumo amor evoca a su madre, maestra que no ejercía, ama de casa diligente, hoy ya grande y de quien también se hace tiempo para ocuparse.

2, EL PILOTO

“En ese avión volé 1200 horas, en el Morane-Saulnier de allá, volé 1100 y en el de más allá no volé nada porque no soy tan viejo como para ello” nos cuenta a su paso por la plaza donde los caballos de batalla, víctimas indefensas de los errores de aprendizaje de los cadetes, muestran sus siluetas.

Voló Mirage, fue a la guerra en A 4 y Dios lo dejó volver para instruir a generaciones enteras de pilotos, no solo en el arte de volar sino en aquél que es mucho más trascendente, el de vivir. Le gusta dar charlas al costado de la pista para que el ruido intenso de turbinas y el también intenso olor a JP1 forme aún más que sus palabras.

Relata conmovido un cruce entre su vida de lector y de piloto. Había leído como un paracaidista enredado en el avión al saltar había sido salvado por otro avión que voló por debajo y lo rescató en el aire. Intentó hacer lo mismo en una emergencia en la escuela, inspirado en el relato, pero no llegó a despegar pues le informaron que el desafortunado paracaidista ya había fallecido degollado por sus propias cuerdas.

Su extrema sencillez confunde, todo su ser posee esa hermosa acogida cristiana que uno realmente se olvida con quien está hablando. Tiene ese fantástico poder de hacer sentir a quien llega a él, tan bien, tan a gusto, que uno auténticamente al rato cree estar departiendo con un amigo de toda la vida.

Un grupo de paracaidistas de ejército, que adornaron el cielo cordobés con su salto mientras arribaba, me recuerdan la dimensión del héroe que camina a mi lado. El sargento a cargo llega corriendo para solicitarle una foto con su grupo, pedido al que accede de buena gana.

Nos conduce a un lugar muy especial, histórico. Es donde se bautiza a los pilotos cuando vuelan solos por primera vez, quizás el momento más importante de su vida, donde al pie de una estatua de una mamá cóndor que aparece empujando a sus polluelos a su primer vuelo, rodilla en tierra reciben de manos de su instructor el brochazo de champagne, el pañuelo y su escudo. Ahí soy yo quien pide una foto con él, mi propio vuelo vital también tiene su instructor.

3.EL HOMBRE DE FE

“Allá pueden ver el edificio más importante de toda la Escuela: la Capilla. En ella el Santísimo está siempre en exposición, de modo que todos los días cuando llego bien temprano, paso por ahí, saludo al jefe y comienzo mi jornada”

Es sin duda un hombre de Dios, mis muchos años de retiros espirituales, mis visitas a múltiples monasterios, mis variados grupos de oración me permiten identificarlo enseguida. Su emoción a flor de piel, su compromiso firme y permanente en buscar el bien del otro, su calidez y hospitalidad, su humildad palpable y sobre todo su inmenso entusiasmo casi juvenil lo delatan. Entusiasmo significa “lleno de Dios” y Pablo lo está y sabe contagiarlo. Pletórico de energía, lleno de sueños, atiborrado de proyectos y todos ellos absolutamente desinteresados solo son signos que nos revelan la presencia del “jefe” en su alma. El reconocerlo me conmueve y hacia el final de la entrevista casi no puedo mirarlo a los ojos sin que los míos se inunden.

“Esa es la diferencia entre ser inteligente y ser sabio. El sabio es el que sabe, que tiene sabiduría y la primera sabiduría es saber que Dios existe, la más importante, la primordial” Estoy ante un testigo, quizás hayan sido aquellos interminables minutos enfrentando el fuego enemigo en cada ataque, esperando el sacudón final que nunca se produjo, los que hayan podido revelarle con absoluta claridad la presencia divina, esa que una vez conocida es imposible de abandonar.

Un vuelo al corazón es un libro de historias propias y ajenas que hacen palpable la realidad espiritual, la existencia más allá de lo visible a través de signos y hechos inexplicables por los sentidos y la razón, que una vez rendidos, son quienes dan lugar a la FE. Soy feliz poseedor de uno de los 100 ejemplares que se hicieron como prueba, el cual me dedica y que se vendieron en 2 días, la primera edición es de este año y contiene muchas más historias. Pablo fue sorprendido por la avidez que existe en el público acerca de la espiritualidad. Le recuerdo una de ellas, sobre un señor que debía viajar a Bariloche en el fatídico vuelo de Austral y que habiendo perdido el avión, apurado por llegar a su aniversario de bodas, choca con su auto en la ruta falleciendo. Y él me aporta otra, la del accidente del avión Guaraní, en el que fallecieran muchas autoridades. Un alférez, compañero de su promoción pidió viajar en ese vuelo también fatal para lo cual hizo descender a un pasajero, el mismo que en la semana siguiente falleciera al chocar su moto contra un burro en la ruta a Carlos Paz.

“Lo espiritual es una realidad, si uno lo niega no tiene respuestas frente a tantas cosas inexplicables, por ejemplo el cuerpo incorrupto de Juan XXIII o el corazón intacto de Santa Teresa de Ávila que vi con mis propios ojos” No puedo más que asentir.

Como si faltase alguna prueba más de su firme fe, la mayoría de las poesías que acompañan cada capítulo de su último libro hablan de Dios, siendo particularmente conmovedora la denominada “Huerfanitas de Malvinas” (pag 48) que trata de una niña pidiéndole una respuesta a Dios por la muerte de su padre en combate, la cual concluye con esta estrofa, la respuesta que llegó:

55 quedaron en esas aguas heladas,

55 las cuentas del Rosario, nacaradas:

Si te pones a contar, una cuenta por cada alma,

No es una casualidad…. pues todo tiene su causa…..”

Fdo. CRUZ que era su nombre de guerra, el pintado en el casco.

4.EL HISTORIADOR

La escuela tiene dos museos, uno sobre hechos históricos de la fuerza y el otro integralmente de Malvinas. Nos muestra una foto de 1937 con los primeros hangares, la única pista y el arco sobre las dos torres de entrada. Afuera nos detuvimos ante la escultura de la Patria Alada y al ingreso nos relata como mientras se pensaba la Fuerza Aérea, la misma escultura de Ícaro que estamos viendo inspiró a sus precursores. Pasamos por la réplica del sable sanmartiniano y nos detenemos conmovidos ante el precario abrigo utilizado por Luis Candelaria en 1918 para realizar el primer cruce aéreo de la cordillera de Los Andes. Desde aquél entonces pilotaje y literatura parecen formar un fructífero maridaje ya que Candelaria, nos dice Pablo, era también un inspirado escritor que ha dejado bellas obras tales como “Mi ingenuidad Cristiana” y “Rebeldía Cívica” . Ello nos llevó al recuerdo de Benjamín Matienzo, muerto de frío en la cordillera un tanto más al norte, un año después. Llegamos tras ello a la historia de los Pulqui I y II. “ Era uno de los tres mejores aviones del mundo y fabricados aquí, para darte una idea imagínate un F 22 que hoy se fabricase en nuestro país” Casi un símbolo del triste retroceso sufrido

Y finalizamos la recorrida del museo con el homenaje a las víctimas del TC 48, el avión DC 4 caído en el mar con 9 oficiales y 59 cadetes de la escuela en el año 1965, accidente de mucha polémica según Pablo por las siempre vigentes necesidades periodísticas de vender ejemplares con misterios falsos.

5.EL VETERANO

Es sobrecogedor ingresar al rincón del museo donde obran los cuadros de cada uno de los oficiales caídos en el conflicto de Malvinas, realizados por el Capitán Ezequiel Martinez. Existen cuadros de los suboficiales en la escuela de suboficiales y de los soldados en el casino de soldados. Cada caído aparece retratado fidedignamente con la ropa que usaba en el momento de su muerte y el avión en que ella se produjo. Pablo, con un inmenso amor nos habla de cada uno, nos cuenta cuan exacta es cada reproducción y tiene para ellos un particular recuerdo.

“Al 95% de quienes aquí están viendo, los conocí personalmente porque estuve destinado en algún punto o fuimos compañeros o hasta instructor de vuelo” Se suceden nombres y anécdotas.

“De Bolzán, Volponi y Arrarás fui instructor, García Cuerva estaba en tercero cuando yo estaba en primero, Palaver y García estaban en cuarto año. Krause era mi íntimo amigo, misionero, hablaba en guaraní, por eso una vez le pedí que me escribiera en guaraní piropos para mi esposa, lo hizo en una servilleta que años después de la guerra, encontré y pude entregársela a la suya. Valko es al único que ni siquiera conocí. De Vázquez, el caído atacando al Invencible, fui jefe de sección en A4”

Hablamos sobre el derribo por fuego amigo de García Cuerva y me reconoce que fue su culpa al desobedecer la orden de eyectarse para salvar el avión que estaba íntegro, pero con combustible insuficiente para volver. El intento de aterrizaje en Puerto Argentino le fue fatal al confundirlo un artillero de ejército con un avión enemigo, hecho que le costó años poder superar. “Son cosas de la guerra, a mi también me dieron un blanco errado, el ELMA Formosa”

El recuerdo se detiene en Ibarlucea, Gimenez y Casco, tres instructores caídos de le escuela de combate, el último de ellos estrellado en las Islas Sebaldes y recuperado por los ingleses en 1999, siendo sepultado con honores en Darwin.

Me topo con una bandera inglesa capturada el 2 de abril en el Hospital y nos cruzamos con un grupo de cadetes trabajando en una maqueta inmensa de las islas donde irán a estudiar los combates aeronavales sucedidos. En una vitrina me aguarda el rincón del propio Pablo, con su casco, el mismo que me prestara para la foto en la Feria del Libro y dos obras de Ezequiel Martinez, una con su auténtica máscara de combate, extraída de una foto y otro una recreación de su recordado ataque rasante con Rinke a las fragatas Coventry y Broadsword.

Observamos con estupor en una vitrina la cuchillería de los gurkas nepaleses, incomprensibles para Pablo, puestos tan solo por dinero a pelear por sus opresores, así como los hindúes y chinos, bajas que jamás fueron contabilizadas por los invasores como tales. Entonces el piloto que nos acompaña pregunta sobre la veracidad del ataque al Invencible y Pablo nos da algunas de las innumerables pruebas del hecho, además de los testimonios de los dos pilotos que regresaron: Isaac y Ureta.

“a. A la hora del ataque el radar de Malvinas detecta que todos los Harrier se elevan a gran altura, ello demuestra que se habían quedado sin pista y se elevaron para ahorrar combustible

b. De inmediato de Portsmouth sale un barco con dos turbinas a bordo para reemplazar las dañadas

c. En Venezuela, dicho por sus oficiales, existió un pedido oficial para reparar el portaviones, el cual les fue denegado.

d. Fue el portaviones convencional que estuvo más tiempo de toda la historia, en altamar sin entrar a ningún puerto

e. Un español en una conferencia relató que asistió al ingreso del Invencible en Gibraltar y que la reparación en el flanco de ataque era ostensible

f. Está constatado el envío de barcos de reparación hacia el sur

g. Un oficial de la fuerza aérea argentina asistió en Canadá a la proyección de una película del ataque al Invencible

h. El príncipe dijo en una fiesta que estaba en el Invencible armando el cubo mágico cuando fueron atacados por aviones argentinos y ello se publicó en todos los medios ¿miente acaso? A veces son los detalles tontos quienes determinan la veracidad de un hecho, no necesitaba hablar del cubo mágico para decir una mentira. Estoy por escribir un libro acerca de la Biblia donde casos así abundan”

6.EL DOLIENTE

“Arrarás no está ni parecido” ¿Cómo habría de estarlo? pensé yo, ningún cuadro, ni siquiera una foto puede parecerse a alguien a quien uno mira con los ojos del amor. Dios no nos hizo encontrar en un día cualquiera. Ese 8 de junio era un aniversario, de gloria, pero también de dolor. Se cumplían 34 años de la fecha exacta del ataque a la fuerza de desembarco en Bahia Agradable, uno de los mayores éxitos de la Fuerza Aérea, a un alto precio. La segunda oleada de aviones, la escuadrilla Mazo integrada por el citado turquito Arrarás, los tenientes Bolzán y Sánchez y el alférez Vázquez fue diezmada en el ataque por los misiles ingleses, siendo Sánchez el único sobreviviente gracias a una arriesgada maniobra de un KC 130, avión tanque que fue a su encuentro.

Pablo lo quería como a un hijo, en cierto modo lo era. Fue alumno suyo en segundo año y aún recuerda el árbol debajo del cual les daba clase. Pablo le enseño a volar, fue su instructor de vuelo, luego habían ido juntos a volar los A 4 y un día marcharon juntos a la guerra. Esas jugarretas del destino hicieron que estando en el sur, el jefe de escuadrilla de Arrarás debiese volver a Córdoba para reparar un avión. Ahi él alumno le pidió al maestro cambiarse a su escuadrilla porque sin su jefe se sentía como huérfano. “Venir con nosotros es casi abonarse a la partida de defunción porque estamos saliendo mucho” fue la primera respuesta de Pablo, no obstante lo pensó para finalmente negarse a ello. Y Arrarás sin haber hecho el cambio, retenido en su propia escuadrilla cayó en Bahía Agradable. Había sido uno de los participantes del exitoso y costoso ataque ( perdieron la vida 4 pilotos) del 12 de mayo al destructor Glasgow y la fragata Brilliant.

Ese día Pablo se refugió en la música y hasta debió soportar que alguien se lo objetase con hirientes palabras a las que respondió “Señor, hoy especialmente yo debo tocar la guitarra”.

Seguir adelante con el dolor a cuestas, que de cada tanto lo hace llorar en algún acto donde se recuerda a su hijo profesional, es solo para poseedores de una fuerza espiritual poco común. Estamos llamados a sanar nuestras heridas sirviendo, y si logramos hacerlo ahí, en el ámbito donde nos fue infringida, mucho mejor. Es el camino que Pablo marca, uno más.

7. EL ESCRITOR Y POETA

Le sobra ADN para ello y desborda vocación. Descendiente de unos estancieros de la zona de Cerros Colorados, dos de ellos fundidos (“uno mi bisabuelo”) integra una familia de escritores, poetas y músicos. El abuelo de Pablo era escritor, su tío abuelo, perseguido por sus ideas socialistas en la década del 30 es uno de los escritores más importantes de Entre Rios. De nombre Amaro Villanueva ha escrito una Antología del Mate que lleva casi 100 años vendiéndose y es conocido en el exterior. Su hermana, Graciela Carballo es conocida como compositora musical, pero también es poeta y vive muy bien de su talento en Buenos Aires.

“Dos cosas amo con locura desde niño: los aviones y escribir. A mis 17 años, en 1964, terminé mi primer libro con 100 poemas y acabo de publicar un libro reciente en homenaje a él que justamente se llama Poema número 100. En el prólogo de aquél libro decía: Este cuaderno se llama mi refugio porque en él escribo lo que siento sin profesores, celadores ni maestros que me digan cómo debo hacerlo” Sana rebeldía en estado puro, difícil potro habrá sido para sus instructores de la escuela.

“Escribo todo el tiempo, nunca paro, escribo en el baño, en el celular, escribo de todo, tengo poesías que encuentro mucho tiempo después porque las hice en cualquier lado.” Conozco muy bien ese desorden y esa desesperación por estar inspirado justo cuando no hay un papel cerca.

“Tengo entre 20 y 30 libros escribiéndose, 6 publicados, el resto en proceso”.  Parece que la inspiración no respeta reglas de orden, ni siquiera en el ámbito castrense.

Se me ocurre compararlo con Richard Bach. Se me enoja. “Prefiero ser el autor de La excursión a los indios ranqueles (Lucio Mansilla), a Bach lo conocí porque invitado por el presidente De la Rúa volamos juntos a Entre Ríos, era un viejo deseo mío volar con él y Dios me lo concedió, en Un vuelo al corazón hay un capítulo referido a esa historia: Volando con Richard Bach”

En algún momento nuestra poética charla se interrumpe porque trepa, ágil como un gato al ala de un Tucano, “avionazo de entrenamiento” y me invita a subir. En un acto de inconsciencia lo sigo, agarrándome y arrastrándome como puedo aparezco sentado en la carlinga. ¡Vaya cosa el volar! Un tablero incomprensible delante mío, una cúpula que si la bajan me ataca la claustrofobia, un asiento incómodo, un bastón y una argolla debajo del asiento ( por las dudas haya que tirarse al vacío). Y no me puse equipo alguno, ni traje anti exposición, ni casco, ni escafandra. Como si fuera poco difícil elevarse en ese aparato, Pablo fue a la guerra a matar y a que lo maten, por Dios ¡a que te tiren!. Sentado ahí, en ese instante uno tiene una brevísima noción del tamaño de la hazaña de tantos, los que volvieron y los que quedaron. Ayer nomás en un acto un veterano amigo contaba como una persona que fue a Malvinas en octubre no podía imaginarse como habrían soportado dormir en junio a la intemperie. En ese Tucano sentí lo mismo, ni mi imaginación de escritor alcanzó para percibir a Pablo en el A4 rumbo a la fragata.

Retomamos la charla literaria. “Quiero hacer una película, en la cual incluyo más de 20 canciones inéditas, algunas de amigos y otras mías, incluyen una marcha muy bella” Poesía y música van de la mano, no me sorprende.

“Pero Enrique vos sabes que yo como poeta, soy un buen piloto, se muy poco de letras, escribo por intuición” Ahí el que se enoja soy yo. Le digo, ahora hablando con un colega: “Pablo, vos sos un poetazo porque escribís desde la tripa, desde el sentimiento. Tus poesías me han hecho llorar y yo leo cien poesías por semana, estoy harto de leer poesías que no dicen nada, que no se entienden, que no conmueven. Verdad y sentimiento son los únicos requisitos esenciales, si lográs conmover es porque escribís conmovido y eso es lo que vale, el resto si queres se estudia, se aprende, se pule, pero no es esencial, por favor seguí haciendo poesía” Esa fue toda mi lección, el tiempo apremiaba

8.EL SOLIDARIO

“Ni bien volví de la guerra me atormentaba pensando ¿Qué hubiese sido de mi familia si yo no volvía? ¿Cómo se sentirán esas familias? Entonces decidí acompañarlas. Hace 34 años que les escribo a las viudas y si bien al principio fue difícil para todos, luego descubrí que tienen una fuerza especial, que son familias bárbaras, que desde algún lado sus muertos los guían y protegen porque han salido adelante y los hijos son ejemplares”

No solo les escribe, les ha donado a los familiares de los caídos los derechos de autor de sus cuatro libros sobre Malvinas. Pablo no desmalvinizó, Pablo no olvidó, Pablo no se calló nunca, que se entienda bien, NUNCA. Con unos cuantos más como él en cada fuerza, distinto hubiera sido el destino de muchos veteranos.

Hace poco tiempo se contactó conmigo la familia de Hector Ricardo Volponi, piloto de Dagger caído en Bahía Elefante, con ellos pude constatar la veracidad de sus palabras, son un rayo de luz. Quizás la verdad la contenga la última estrofa de la poesía que Pablo le dedicara en su libro al propio Héctor y que se llama La muerte.

Todos vamos a morir, hoy o mañana,

No hay ningún inmortal sin vida santa,

Lo que no es realidad es fantasía,

Solo sirve lo construido mientras cantas”

Y Pablo sabe de construcciones y construye y corre y canta. Lo sigo, casi sin aliento, casi con vergüenza de mirarme, pero lo hago, para saber cuanto me falta.

9.EL ESPOSO ENAMORADO

Venimos caminando rápido, las hélices de un Fokker nos dificultan la charla y los libros me pesan. Pablo se detiene de golpe frente al edificio del Casino de Oficiales al que hemos vuelto y dice

“Ahi, en ese primer piso, al lado de esa columna, donde está la Virgencita, le di el primer beso a mi señora. Nos conocimos el 15 de marzo de 1970 en Carlos Paz y la invité a la fiesta de entrega de uniformes que por ese entonces era en abril. La fiesta fue en el salón que vimos, hermoso, que solían lustrar con dos cadetes de primer año sobre una manta tirada por otros, salimos al balcón y sucedió. Dos meses después, el 15 de mayo nos pusimos de novios por tres años y llevamos hoy 46 años de casados” Es cierto que Pablo tiene una memoria prodigiosa pero este tipo de recuerdo solo habla de un amor que perdura. No solo ama a Mirta, también la admira profundamente.

“Imaginate, sangre italiana, la madre del norte, el padre del sur, es un torbellino, tiene 64 años, juega el tenis, moviliza todo y a todos. Es alguien que sufrió mucho de chica, construyó un muro para defenderse y lo logró al costo de aislarse. Al crecer se intentó buscar, especialmente a la niña que fue, en el camino descubrió a Dios y fue El quien la llevó a descubrirse en su esencia. Ha escrito un libro maravilloso, que he leído varias veces y he llorado con él. Le he dicho que es una verdadera obra de arte porque es una creación personal que llega sin duda a remover el alma de los demás” Asiento fervorosamente, a mi me sucedió otro tanto, máxime porque abreva en Victor Frankl, un sobreviviente del Holocausto que me es tristemente cercano.

Debe ser por ella, por Mirta que se recuerda perfectamente una poesía de su tío abuelo a su propia esposa

Tanto te quiero desde que te quiero,

que el tiempo sucedido sin quererte,

más que en la vida sucedió en la muerte,

querida muerte sucedió primero”

Nueve facetas y me quedo corto, debe tener muchas más. Nos quedamos solos, en un bello rincón del Casino y parece un chico sentado a mi lado. Está emocionado y no puede escribir la dedicatoria que le pido

“Disculpame, la marcha, la escuela, los uniformes, 50 años después aún me emocionan, esto es mi vida” Afuera los cadetes cantan Alas Argentinas, la marcha de la Fuerza Aérea y otra vez asiento en silencio, es claramente su vida, me citó en la escuela porque lo siente su hogar.

Está apurado, de los treinta minutos que disponía para llegar a tiempo a su casa le dejé solo tres, llegará tarde y el reto de Mirta será inevitable. Le dejo mis libros que seguramente leerá y sensible como es y amigo como lo siento, algún comentario vendrá en devolución.

Mientras nos acerca con el auto hasta la entrada, a mi y a mi hijo enmudecido del asombro ante todo lo visto, oído y vivido, tiene tiempo para darme las gracias, decirme que puedo volver cuando quiera y hacerme sentir “su numeral del corazón” – como me escribió en su libro – una vez más.

“Enrique, esta es una operación en equipo, para defender valores, para reconstruir la Patria. Como suelo decir en mis charlas, en este suelo hay argentinos y los que viven acá, hay que trabajar mucho, bien y muy unidos para que aumenten los argentinos y disminuyan los que solamente viven acá”

En este 9 de julio, Bicentenario de la Declaración de la Independencia de nuestra Argentina, no encuentro mejor forma de celebrarlo que escribiendo las palabras que anteceden, en homenaje a un héroe de la Patria, que tiene la inmensa deferencia de honrarme con su amistad. Espero que sirva para que quienes no lo conocen se acerquen a escucharlo porque es de los maestros que necesitamos, de los pocos que pueden mirar de frente a Dios y a todos, sin tapujos, sin dobleces, con las manos limpias y el corazón rebosante de amor ya que han avalado con sus actos y sus vidas los sanos propósitos de que se nutre una Nación.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 9 de julio de 2016

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Published in: on julio 9, 2016 at 6:46 pm  Comments (7)  

HALCÓN CAÍDO

Hector Volponi

HALCÓN CAÍDO

Mis poesías siguen caminando solas y me regalan frecuentemente emociones extraordinarias. Vengo de una semana gris pero de profunda reflexión. Mi cuerpo dijo basta al ritmo impropio de su edad que le venía imponiendo y una especie de gripe me obligó al reposo. Ayer terminó esa semana de un modo insospechado. Me contactó por las redes alguien que desconocía por completo y sin “amigos” en común. Casi lo rechazo, menos mal que no lo hice. Resultó ser la viuda de un héroe de Malvinas que había sido tocada por mi poesía de 1983 Los huérfanos de Malvinas ( https://sociedadpoetica.wordpress.com/2009/03/30/los-huerfanos-de-malvinas/). María Ines Rico es profesora de filosofía en la Universidad de Cuyo, viuda del piloto de Dagger Héctor Ricardo Volponi, caído el 23 de mayo de 1982 y encontrado fallecido en su avión dos días después en la zona de Bahía Elefante de la Isla Borbón, al norte de Gran Malvina. Dentro de la emoción compartida por el virtual encuentro intercambiamos algunas opiniones y me quedé luego releyendo el capítulo 26 del libro Los Halcones no se Lloran del Comodoro Pablo Carballo, que habla justamente de Volponi. Hoy al despertar y todavía maravillado por las cosas que vienen sucediendo, me imaginé – ¿qué sería de un poeta sin una todopoderosa imaginación? – llegando al avión destruido antes que la patrulla de rescate y teniendo un diálogo con el halcón caído. Vaya ella como homenaje a este Héroe de la Nación.

HALCÓN CAÍDO

al teniente Héctor Ricardo Volponi

Dime halcón caído,

¿quién detuvo tu vuelo?

“No fue el mar bravío,

ni el quebrado suelo”

“Fue un mísil artero,

por espaldas venido,

de alado guerrero,

quien me ha abatido”

Dime halcón caído,

el por qué de tu vuelo,

tan lejos de tu nido,

que dejas sin consuelo.

“Si la Patria reclama,

cumplo yo mi promesa,

aunque dolor en llama,

se siente a mi mesa”

Dime halcón caído,

tu amor a Malvinas,

que vida has perdido,

por verlas argentinas.

“De niño fue un sueño,

de hombre objetivo,

restituir a su dueño,

este suelo cautivo”

Dime halcón caído,

en el frío abismo,

¿a otro has prevenido

antes que a ti mismo?

“Es lo que Dios ordena,

vivir en el servicio,

tan divina faena,

vale el sacrificio”

Dime halcón caído,

¿es que no te opones,

a dejar hoy tan solos,

compañera y pichones?

“Es que erras poeta,

velaré por su vida,

seré ejemplo y meta,

cada vez que decida”

“Pues no hay mejor faro,

que heroica partida,

en un mundo avaro,

de humanidad perdida”

“Todos verán en ellos,

mi fuerza y coraje,

y serán con los cielos,

testigos de mi viaje”

En la turba te quedas,

en tu avión vencido,

rescate que esperas,

de despojos queridos.

Mas tu alma ya vuela,

cual bandera al viento,

aunque a todos duela,

el héroe que siento.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 23 de mayo de 2016

 

 

DE ESCUELAS Y HÉROES

EEP 113 COTE-LAI

EEP 113 COTE-LAI, a partir de hoy CRUCERO ARA GRAL BELGRANO

DE ESCUELAS Y HÉROES

pero el amor es más fuerte”

Tanguito

En apenas unas horas la directora de la escuela EEP 113 de la localidad de Cote-Lai, departamento de Tapenagá, provincia de Chaco encabezará una ceremonia que hace brincar mi corazón de alegría y emoción porque nuevamente distintos caminos seguidos en los últimos años vuelven a confluir. Cote-Lai es una localidad de no más de 1300 habitantes y de difícil acceso, cuya escuela, como tantas otras de los medios rurales, acumula necesidades. Hoy a las 19 horas dicha escuela que cuenta con 94 años izando nuestra bandera ante los niños y haciendo patria donde más se necesita, tomará, por decisión de su cuerpo docente y alumnos, el nombre del glorioso Crucero ARA GENERAL BELGRANO.

Haciendo muy corta una larga y maravillosa historia solo diré que en 1982 escribí una poesía dedicada a todos quienes combatieron en Malvinas de nombre A VOS, que esa poesía silenciada en su tiempo, la fui entregando en mano a cada veterano que conocía, que mi profesión me llevó a dirigir en el año 2000, la Dirección de Rentas de la Ciudad de Buenos Aires, que ahi di con un grupo de veteranos que hoy conforman el CIDEM- AGIP y me honran con su amistad, que ellos subieron A VOS a la red, que dicha poesía fue tomada de la red por Silvia Paglioni pensando que se trataba de un poeta italiano, que por agradecerle gané una amiga-hermana para toda la vida, que un día de 2009 Silvia en un acto de amor desbordante organizó en Bahía Blanca con ayuda de los veteranos de guerra de esa ciudad una colecta en favor de la escuela que nos ocupa, que fue SOLA a llevarlas hasta Cote-Lai no sin antes pedirme una poesía que escribí bajo el nombre de EL PUENTE y que hoy luce en dicha escuela, que Silvia le dio difusión a la escuela en la radio FM de las Américas de Luis Allegrini donde los veteranos Nilo Navas y Hector Bollo ( hermano de Juan Carlos fallecido en el crucero) conducen el programa EL BELGRANO VIVE. Y que de resultas de todo ello, veo como una poesía, un minúsculo gesto de amor en una llaga doliente fue armando sola su camino para contactar gente maravillosa, desbordante de amor por el otro y llegar a ofrecernos a todos los nombrados, sin olvidarme del maestro que recibió a Silvia y fue artífice de este nexo de amor Lucio Julián Arriola, una auténtica fiesta del corazón.

Hoy es un día de duelo, casi la mitad de los caídos en Malvinas, navegaban en el crucero y fueron asesinados por una orden política del más alto nivel británico, con el solo propósito de hacer fracasar las negociaciones de paz. Yacen en el lecho marino de un gélido océano austral 323 patriotas y lo único que jamás haremos es olvidarlos. Por ello es fundamental que una escuela lleve su nombre, para que las distintas generaciones de alumnos que pasarán por sus aulas se pregunten acerca del imponente barco, sus tripulantes y su destino. No solo ello hará al recuerdo permanente sino también duradero en el tiempo, cuando Rosa no sea más su directora, Silvia nos ilumine desde otro lado, Luis no esté mas en su radio y yo no escriba de Malvinas.

Como no puedo llegarme hasta allá, sentí la profunda necesidad de hacerme presente y fue la Vigilia de San Andrés de Giles, ese maravilloso rincón de patria, obra del Centro de Combatientes y de Alberto Puglielli, incansable veterano, su presidente, quien me dijo como hacerlo. Llevada a cabo este año en abierto desafío a la cruel tormenta que se abatió el 1 de abril, me regaló al término de la misa, el tradicional Rosario bendecido que lleva el nombre de un caído en el conflicto. Por vez primera, ya son cinco en las que participo, me tocó uno con el nombre de un marino del Belgrano: el marinero primero JUAN CARLOS REGUERA. Accediendo a la solicitud que acompaña su nombre elevé oraciones por su alma y le dediqué el rezo de mi Rosario personal durante una semana. Siempre obtuve respuesta a la oración y en esta oportunidad la respuesta fue la necesidad de hacer presente a este marinero tucumano en el acto de la EEP 113. Tucumán y Chaco son vecinos y es probable que en Cote-Lai no lo conozcan a Reguera. De algún lado – a los poetas siempre nos soplan- pude saber  que la mejor manera que nuestro héroe llegase a Cote-Lai era que él escribiese una carta a los alumnos contándole de su barco, ese que defendiera hasta perder la vida, por nosotros, que no se olvide.

Es día de duelo, pero mi alma está de festejo, una vez más el amor fue más fuerte. Los dejo con Juan Carlos Reguera, tiene algo muy importante para decir.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 2 de mayo de 2016

belgrano 2 Reguera copia para edición

CARTA DESDE EL LECHO MARINO

Hola querido alumno de Cote-Lai

Te escribo desde el fondo del océano austral, más precisamente desde los 61 grados 32 minutos de longitud oeste y los 55 grados 24 minutos de latitud sur.

Probablemente no me conozcas pero es muy bueno para todos que lo hagas ahora. Mi nombre es Juan Carlos y mucho antes que vos nacieras fui marinero de primera en un barco imponente, el mismo que hoy dará nombre a tu escuela.

Para que te des una idea somera de como era te cuento que tenía 185 metros de largo, 21 metros de ancho y el casco penetraba más de 7 metros en el agua. Tenía 15 cañones que disparaban balas de 15 cm de diámetro, 8 cañones con balas de 12 cm, 28 cañones con balas de 4 cm y 48 cañones con balas de 2 cm, más 8 ametralladoras con balas de 12 cm y dos bases de lanzamiento de misiles Sea Cat. También tenía un hangar, un helicóptero, un bote motor y 72 balsas salvavidas, esas que le permitieron a 770 camaradas míos volver a tierra firme para contar la  historia. Podía llevar hasta 1100 tripulantes, es decir que era casi una ciudad flotante.

Nació en un astillero de EEUU, allá por el año 1938 y fue considerado un barco afortunado. Bajo el nombre de FENIX fue víctima del ataque artero japonés a la base naval norteamericana de Pearl Harbour, en las islas de Hawái, un 7 de diciembre de 1941. Bajo fuego pudo ganar el mar y evitar ser hundido como tantos otros. Participó luego en la batalla del océano Pacífico hasta lograr la rendición japonesa, sin ser afectado por los mortales ataques suicidas de los aviones nipones. En el año 1951 fue adquirido por el gobierno argentino para integrarlo a su armada nacional.

Años después, en 1955, recibió el nombre que orgullosamente llevó por los mares argentinos hasta la guerra de 1982, que aún luce aquí abajo y que hoy engalana tu escuela “Crucero ARA General Belgrano”

Muchos alumnos como tú, tuvieron por años la ocasión de visitarlo en el puerto de Buenos Aires, quedando absolutamente fascinados con su tamaño, su armamento, su poder de fuego y su coraza.

El escudo del navío contiene un ave fénix y la expresión latina EX-CINERE que simboliza a un pájaro mítico, el cual, consumido por el fuego cada 500 años, sabe resurgir de sus propias cenizas. Pero el lema del barco tallado en letras de bronce luce debajo de las ventanas del puente y dice proféticamente “Irse a pique antes de arriar el pabellón” , tal como sucedió. El Belgrano nunca se rindió y nunca cayó en manos del enemigo.

Tú eras todavía una ilusión de tus padres cuando un 2 de abril los argentinos cumplimos un sueño largamente acariciado: recuperamos las Islas Malvinas que son indudablemente nuestras, pero nos han sido arrebatadas por la fuerza en 1833 por Gran Bretaña. Ante el fracaso de las negociaciones diplomáticas otros barcos trasladaron a los soldados y marinos que recuperaron las islas.

Llegado de mi Tucumán natal, con sumo orgullo abordé al imponente crucero el día 16 de abril de 1982 y zarpamos de Bahía Blanca integrando la fuerza de tareas 79 número 3. Fuimos al sur, a la Isla de los Estados y practicamos tiro, luego nos reabastecimos en Ushuaia y navegamos a la zona de guerra el día 24 de abril con 1093 personas a bordo, al comando del capitán, fallecido hace pocos años, Hector Bonzo.

En esa zona el frío es intenso, los vientos son muy fuertes y el mar es siempre bravo. La flota inglesa, poderosa y numerosa, estaba a punto de atacar las Malvinas y nosotros en compañía del buque tanque Rosales y los destructores Piedra Buena y Bouchard formábamos uno de los brazos de la pinza con que se pretendía atacarla, avanzando desde el sur de las islas.

La noche del 1 de mayo fue de trabajo intenso y ansiedad, muchos nervios a bordo y en alerta permanente, sacudiéndonos al ritmo de un temporal que se acercaba. Justo cuando recuperamos la calma, a la tarde del día 2 , ya alejándonos de las islas, a las 16 horas recibimos dos impactos de torpedos MK-8, (tres fueron los disparados por un submarino nuclear inglés de nombre Conqueror que nos seguía), uno de los cuales deshizo la proa del buque y el otro explotó justo en el centro, donde yo estaba, quitándome la vida. El barco se hundió una hora después y 323 argentinos quedamos en el fondo del océano para siempre.

No estamos muertos, nunca lo estaremos , mientras alguien nos recuerde. Tenía unos pocos años más que tú cuando, por servir a la Patria, en el frío y lejano océano austral tuve que dar la ofrenda máxima que se le puede pedir a una persona, mi vida por ella. Pero esa ofrenda la hice también por ti, para que puedas sentirte orgulloso de ser argentino. Para que cantes el himno con ganas y a voz en cuello, para que sepas que Argentina no se amilanó ni siquiera ante una fuerza militar mucho más poderosa y Dios no lo permita, si la Patria te pide a ti la ofrenda máxima, recuerdes que muchos la dieron antes y la des con la alegría de pertenecer a esa categoría que todos admiran y que suelen denominar HEROES.

El Belgrano, como hoy se llama tu escuela, fue condecorado después de la guerra con la distinción del “Honor al valor en combate” y toda su tripulación recibió la condecoración “Al esfuerzo y la abnegación” así como el distintivo “Operaciones en Malvinas”. A nosotros, los 323 que no pudimos volver, el Congreso Nacional nos otorgó la condecoración “La Nación Argentina al muerto en combate”

Empero, nuestra mayor gloria, es tu recuerdo. Es él y nada más, lo que nos libra de la muerte. Saber que somos importantes, que una escuela lleva el nombre de nuestro hogar en alta mar, hace que cumplamos aún más motivados nuestra tarea de centinelas permanentes en los mares del sur, hasta que las Islas Malvinas vuelvan a integrarse a nuestra Nación.

Es importante que estudies acerca de esa guerra que tuvo lugar en 1982, para que formes tu propia opinión, tengas noción del poderoso enemigo que enfrentamos, de lo heroico que fueron nuestros soldados, aviadores y marinos, del sacrificio enorme que implicó el combate, del dolor de nuestros familiares porque no volvimos o lo hicimos en mal estado físico o psíquico.

La posta es tuya, querido alumno, ahora sos vos el que debe luchar, con las armas que te toquen, para recuperar las Islas y para defender nuestro derecho a ellas. Por eso , para recordártelo todos los días que pases en tu escuela, ella llevará el nombre del imponente “Crucero Gral Belgrano”, el barco afortunado, el que nunca se rindió.

Bienvenido a bordo, 323 centinelas te abrazan para defender juntos a la Patria.

Juan Carlos Reguera

Marinero de Primera

ARA Gral. Belgrano

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Published in: on mayo 2, 2016 at 11:46 am  Dejar un comentario  

LA HERMANDAD

traduciendo a los veteranos de guerra britanicos en Giles

 

LA HERMANDAD

Una sorprendente Vigilia en San Andrés de Giles

Allí estaban ellos, frente a frente, cara a cara, como hace más de tres décadas en ese rincón de la Argentina que hace todo lo posible para parecerse a las Islas Malvinas, sobre todo en el 2 de abril.

Se miraban serios pero no empuñaban armas, no llevaban colgando cargadores y no se estaban apuntando. Más de 700 veteranos de guerra argentinos en semicírculo, serios y atentos, a eso de las 11 de la noche del pasado 1 de abril, esperaban ansiosos la palabra de dos veteranos de la misma guerra, británicos, que por primera vez se hacían presentes en la Vigilia, con el muy loable fin de inaugurar una placa en el monumento de la plaza Saraví, en honor al Valor del soldado argentino.

No llevaban armas no, tenían sobre si una carga mucho más pesada: sus propios fantasmas, sus recuerdos, el dolor por los amigos perdidos y una fecha que los hermana de por vida.

Si hace treinta cuatro años me hubieran dicho que hoy yo iba a estar aquí, lo hubiese considerado imposible” dijo David, hoy poeta, doctor en educación graduado en Londres, con especialidad en psiquiatría y que atiende veteranos de guerra británicos de todas las múltiples guerras en que su país participó.

Lo miran fijo, nadie entiende una palabra, salvo Guillermo Anaya, helicopterista de ejército en Malvinas, hijo del jefe de la Armada en el conflicto y que fuera por propia decisión al frente de batalla. Pero el intérprete elegido soy yo. Cegado por la luz de las cámaras, no puedo ver a los ojos a los veteranos argentinos, mi hijo que está filmando se estremece, teme alguna reacción fuera de lugar. Nada de ello sucederá , imperará el clima de respeto.

Conteniendo la emoción traduzco lo mejor que puedo, mi primaria de Temperley, el William Shakespeare School que cumplió 90 años, y mis seis años de ICANA, corren prestos en mi auxilio. Soy muy consciente que estoy viviendo un momento histórico, estoy siendo un puente necesario entre hombres que muchos años atrás se tiraron a matar.

A David lo acompaña Lou, un marine más que famoso, fue tapa de Gente en los días de la guerra. El estaba en Malvinas el 2 de abril. Seineldin lo corrió del aeropuerto junto a los cinco hombres que tenía a su cargo y en la batalla de la casa del gobernador casi cae bajo el fuego propio. Lo alcanzó a ver al capitán Giachino herido en la turba malvinera antes de caer prisionero y encabezar la fila con las manos en alto, apuntado por un comando anfibio argentino, en la foto que dio la vuelta al mundo. Volverá a Malvinas con la flota y desembarcará en San Carlos el 21 de mayo, irá del callejón de las bombas a pelear en Darwin y luego le tocará combatir en Monte Harriet las trágicas noches del 11 y 12 de junio. Hoy es doctor en filosofía de colores y está en San Andrés de Giles.

Terminado el conflicto no tuve más enemigos, en cada argentino empecé a ver hijos, padres, tíos, esposos, seres humanos, tal como empecé a ver en mi y mis camaradas de armas, personas, es lo que todos somos” continuó David.

Mientras traducía como podía pensé para mi: brillante, es la pura verdad. Este oficial de comunicaciones que ocupó el puesto muleto de comando como asistente del jefe Thompson del 42 Batallón de Comandos que peleó en los montes Kent y Challenger, me confesó momentos antes que estudió porque se hartó de tratar con infinidad de gente que intentaba contarle a él quien era en verdad. Lo quiso descubrir por si mismo y ahora que tiene un título universitario y trató a tantos veteranos de guerra se admira que aquellos, le piden su opinión y lo escuchan con atención.

Y pensar que apenas horas atrás yo estaba nervioso porque debía leer mi poesía, compuesta ese mismo día, ELLAS EN GUERRA, en el momento del homenaje a la mujer. Frente a lo que estaba haciendo, aquello había sido juego de niños. Aunque, a decir verdad, ya había practicado. Además de sostener una larga e interesante charla en inglés con David, ni bien me acerqué, impulsado por Alberto Puglielli al corrillo que formaba con Guillermo Anaya quien le contaba el tiempo que le había llevado dejar de estar enojado con los soldados ingleses. Un malvinero puntano presente quiso que le firmara un libro de fotos compaginado por Nicolas Kasansew y eligió un grabado que no me agradó, la del artero derribo del avión Hércules sobre el mar. David no tenía nada que ver con la malicia del piloto que ametralló innecesariamente al avión, pero la firmó sin problema alguno. A mi cargo estuvo la requisitoria. También había hecho de intérprete para la entrevista de un medio local y para el programa CONTANDO HISTORIAS de De Cesare, quien muy amablemente los invitó a su museo de Malvinas en Caseros, para que firme la foto de la tapa de Gente.

Igualmente, todo servía de poco, la emoción me arrasaba. Intentaba ser lo más fiel que podía a sus palabras. Ambos vinieron a nuestro país a montar una obra de teatro que se estrenará en el mes de noviembre próximo. En el proyecto están trabajando con tres veteranos de guerra argentinos y de ellos nació la iniciativa de visitar la Vigilia.

A Marcelo -uno de los veteranos argentinos del proyecto, presente en el acto- lo conozco hace tres semanas y después de trabajar con él , me he dado cuenta que no solo tengo un amigo, sino un hermano, un hermano de por vida” continuó David.

Traducite esto sin temblar, si podés, me dije y acometí el esfuerzo ante la mirada atenta y silente de los marcados por Malvinas, prestos a encender las 649 antorchas en recuerdo de sus amigos caídos por acción de los amigos del dicente. David, una hora antes, había sido más explícito conmigo cuando le contaba lo difícil que era para nosotros, que abrazando la causa, no habíamos estado allí, entender, comprender, sentir empatía con aquellos que habían combatido. Fue muy claro. Me dijo: “Si estuviste en una guerra, la guerra se te hace carne en el cuerpo y solo encontrás comprensión y empatía en otro que haya estado en una guerra porque es imposible transmitir acabadamente lo vivido. Eso, tan único y a la vez tan individual, porque a cada quien le llega de forma distinta, es lo que te hermana. Los veteranos de guerra, cualquiera sea la bandera bajo la cual peleamos, somos una verdadera y auténtica hermandad”

No me había sido fácil llegar. Tras el fantástico acto que habíamos tenido el día 29 de marzo en la Dirección de Rentas del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, organizado por el CIDEM que dirige mi amigo Ariel Ramirez, veterano que combatió en las Islas Georgias a bordo del helicóptero del buque Bahía Paraíso y que tuvo luego la ingrata misión de rescatar las últimas balsas del naufragio del crucero ARA GRAL BELGRANO, esperábamos una masiva concurrencia a San Andrés de Giles. Se había presentado con total éxito el libro de Piky Arguelles, del que formo parte y la emoción nos había hecho vibrar a todos. Pero tal como el veterano Carlos Bordón me confesara, para el 2 de abril, San Andrés de Giles se viste de Malvinas y lo hace completamente .

Se descargó un brutal diluvio y llegamos sobre las 19 horas, prácticamente navegando por la autopista. En efecto a Malvinas, se llega cruzando el mar. Iban ya varios años en que la lluvia cesaba a tiempo pero esta vez amenazaba seriamente con no hacerlo. La plaza Saraví contenía tan solo una ambulancia Land Rover, el gazebo vencido por el viento de Piky y la incólume carpa verde de los comandos de la agrupación Halcones Dorados. El resto era silencio, agua y viento, como Malvinas. Muchos se fueron, se llegó incluso a anunciar que se cancelaba, Piky me mandó mensajes que no leí, para que no fuera. Ya estábamos ahí, había que ver que sucedía.

Y a las 11 de la noche, la lluvia paró. Ello significó que se pudieron encender las antorchas, en el fogón que ardió aún bajo el diluvio y que se pudo llevar a cabo el acto central de descubrimiento de las seis nuevas placas, entre ellas las de los veteranos británicos, cuyo texto también tuve que traducir.

Venimos aquí a reconocer el valor del soldado argentino en combate, solo nosotros podemos dar debida cuenta de ello, porque lo sufrimos en carne propia y sabemos todo lo que costó vencerlos” concluyó David.

Antes me había dicho que él sabía que cuando un soldado iba a la guerra, toda su familia iba a combatir y a sufrir heridas indelebles y a tener que adaptarse para siempre a un miembro que vuelve con serios problemas, si es que logra volver. Todo encajaba, sus palabras, mi poesía y los reconocimientos múltiples a la mujer que tuvieron lugar en esta Vigilia, incluyendo a una psiquiatra muy querida por los veteranos y a una ONG de mujeres que llegó a tener 14000 miembros y que trabaja sin interrupciones desde 1982.

Cantado el Himno a capella con la sabia guía del Gaucho Rivero – debe ser la primera vez que falta Roberto Rimoldi Fraga- se concluyó el acto central y como la lluvia amenazaba con volver, fuimos nuevamente al gimnasio del colegio nacional para los distintos reconocimientos. Exhausto, así me encontró el canal de la televisión local SOMOS y me pidió que al cabo del acto final, les sirviera de intérprete para una nota televisiva. Opuse escasa resistencia y fuimos en la noche cerrada de la plaza a buscar a los marines. La monotonía de las preguntas y respuestas ya por mi conocidas fue quebrada de improviso, cuando un veterano de guerra se acercó corriendo a nosotros e intentó darse a entender por señas para no estropear la grabación. Llevaba en sus manos sendos Rosarios bendecidos en la misa de campaña con los nombres en cada uno de un caído argentino en la guerra. Por sus gestos comprendí que deseaba obsequiárselos a los veteranos británicos.

Fue el cansancio, sin duda que fue él, que me permitió transmitir este deseo sin desmayarme de la emoción. Ellos sintieron el impacto y se quedaron en respetuoso silencio, al periodista se le llenaron los ojos de lágrimas y por un instante no pudo pronunciar palabra. Ahí me di cuenta, que estaba asistiendo al triunfo de la paz, que los caídos son caídos, que los soldados son personas y que la condición humana está tan por encima de todo conflicto, de todo interés, que ella, solo ella, al final de cuentas, siempre termina hermanándonos a todos.

Me despedí y caminé en silencio, con mi hijo profundamente impactado por todo lo vivido en busca de algún lugar abierto para comer algo, tanta traducción nos había dejado hambrientos. Me resonaban en la cabeza las palabras de David frente a alguna incisiva pregunta relativa a quien, si Inglaterra o Argentina tenían razón, en opinión de los veteranos. Fue terminante, quizás la única vez que lo fue.

No me interesa que piensen, digan o hagan los políticos de uno u otro país. Yo fui soldado y cumplí con mi trabajo, me interesa tan solo el bienestar actual de mis hermanos y ellos son todos, los que les tocó estar de un lado y los que nos tocó estar del otro, los veteranos”

Dimos con un bar abierto, dimos en él con Luis Labraña, un ex montonero que ante la mirada atónita de todos en la Vigilia, se dio un abrazo con quien combatiera contra ellos, el Teniente Coronel Emilio Nani, condecorado por el combate de La Tablada y veterano de Malvinas, y juntos reconocieron a los veteranos. Vienen transitando el camino de la concordia política en la cual trabajan con víctimas de la violencia de los años 70 de uno y otro lado. Esa dolorosa grieta interna también tiene gente que está trabajando, en serio, por cerrarla.

En ese mismo bar dimos con nuestro amigo del gobierno porteño Carlos Bordón que cenaba a las 3 de la mañana una pizza en compañía de Bernardo Dobrenic, un tripulante de helicóptero de la Fuerza Aérea que pasó 72 de los 74 días operando en Malvinas. Tenía otra historia, para mí los únicos helicópteros que habían ido a las islas eran los de ejército. Así que mientras daba cuenta de mi sandwich hice oído a mil anécdotas que prometió continuar en algún asado futuro.

A la mesa de al lado nuestro llegaron los veteranos británicos y compartieron una cerveza con Guillermo Anaya y algunos de sus compañeros en Malvinas.

Mi hijo, con los ojos bien abiertos pese a la hora y con los oídos más abiertos aún contemplaba la escena, le resultaba increíble. Mucho más se sorprendió cuando al retirarse los británicos, advertidos de mi presencia, levantaron el pulgar y me dijeron más de una vez “GOOD JOB” (buen trabajo). Se quedan cuatro semanas más en el país, quizás nos veamos de nuevo.

Con mi carga emocional a cuestas, bien consciente de haber sido puente de un momento histórico, despabilado como nunca, subí a la neblinosa autopista para dejar atrás al querido San Andrés de Giles, o a las anheladas Malvinas, porque créanme, cada año, para el 2 de abril, se parecen más.

Quizás el sentido de los 19 fogones gilenses no sea otro que el relatado por Carlos Bordón, entre pizza y sandwich y con muchas lágrimas queriendo rodar por su cara. “Vos sabés que mi hijo, está grandote, más alto que yo, todos los 2 de abril cuando se levanta, viene y me da un abrazo largo y me dice ¡Gracias Papá!. La primera vez me emocionó, las siguientes me gustó, ahora ya lo estoy esperando.”

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 7 de abril de 2016

Imposible no recordar aquí a la tregua de Navidad de 1914, la primera en guerra de la primera guerra mundial del siglo pasado. Eran soldados, estaban en trincheras enfrentadas pero por un momento recordaron que eran seres humanos, esa humanidad que al regreso le cuesta a todos recuperar en plenitud.

Published in: on abril 8, 2016 at 2:29 am  Comments (1)  

ELLAS EN GUERRA

MADRE DESPIDIENDO A SU HIJO

ELLAS EN GUERRA

a las mujeres de Malvinas

Hace días que el sueño la esquiva,

y la vieja radio no quiere escuchar,

el televisor apaga con inquina,

el paso del cartero la hace temblar.

Su dulce alma presiente y conoce,

que a su amado irán a convocar,

y no entiende de vecinos el goce,

la albricia en banderas a desplegar.

Ella se esconde y en silencio llora,

sabe que la Patria le está por pedir,

a ese hombre soldado que adora,

fruto de su desvelo, razón de vivir.

Se desgarra el corazón bien adentro,

entre orgullo y su amor de mujer,

y un puñal de dolor clava el centro,

pues otro amor quiere hacerla ceder.

Es el amor a su Patria generoso,

clamando por irredenta perla austral,

que convierte a ese amor celoso,

en ofrenda de sangre, incierto final.

Setenta y cuatro días de locura,.

y setenta y cuatro noches de terror,

con su hombre en la trinchera oscura,

en el mar negro o en el cielo traidor.

También ella anhela esa victoria,

que a su soldado le brinde el honor,

e imagina un regreso con gloria,

para admirar aún más a su amor.

Una en vela a la foto le ora,

otra recuerda el día en que parió,

otra al hermano extraña ahora,

toda la noche otra al vientre habló.

Pero el destino la prueba prepara,

de hierro y miel deberá ser la mujer,

pues la derrota cruel todo acapara,

y olvido y desprecio quieren vencer.

A una aguarda el más duro duelo,

sin adiós, sin un cuerpo y sin funeral,

a otra ser también padre sin consuelo,

a otra custodia y testigo del mal.

Ellas en la guerra también estuvieron,

muchas de ellas todavía lo están,

silente oscura batalla libraron,

al amor como arma tan solo tendrán.

Enrique Momigliano.

San Andrés de Giles, 1 de abril de 2016

FOGON

 

 

Toribio Encina, VGM reg blindados 10 de La Tablada, Piky Pelaez, un servidor y Marcos Falcón VGM grupo de artillería 3 de Corrientes, en San Andrés de Giles

Toribio Encina, VGM reg blindados 10 de La Tablada, Piky Pelaez, un servidor y Marcos Falcón VGM grupo de artillería 3 de Corrientes, en San Andrés de Giles

FOGÓN

Hermano déjalo que arda,

que se lleve el desconsuelo,

cuando nos dieron la espalda,

cuando negaron nuestro vuelo.

Hermano déjalo que arda,

que las lágrimas evapore,

cuando no pude ver gallarda,

a la causa de mis dolores.

Hermano déjalo que arda,

que tantos adioses se quemen,

de cuantos valientes en guarda,

a cortar sus días se avienen.

Hermano déjalo que arda,

que sus llamas rojas se alcen,

cual fiera vida que anida,

en guerreros que hoy renacen.

Hermano déjalo que arda,

que su chispa faro ya sea,

para un país que aguarda,

sediento justicia desea.

Hermano déjalo que arda,

que ilumine gesta venidera,

con nuestros hijos en vanguardia,

y al viento nuestra bandera.

Mas por hoy déjalo que arda,

que nos sepa reunir a su lado,

que pueda aliviar nuestra carga,

que dé sentido al pasado.

Por eso a cara caliente,

nuestro himno juntos cantemos,

y al puñado de valientes,

que quedaron no olvidemos.

Haremos un fogón un día,

en suelo de perla robada,

por leña nuestra alegría,

arderá en turba mojada.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 2 de abril de 2015

Published in: on abril 2, 2015 at 6:16 pm  Comments (3)  

MALVINAS ESE ESPEJO INCOMODO

 

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MALVINAS ESE ESPEJO INCÓMODO

Ahí estaba yo, después de un largo camino de 33 años, de pie, frente a ellos. No había sido el artífice de esa increíble senda que me condujo a fines de este mes de febrero a esa cena del Centro de Veteranos de Malvinas de San Andrés de Giles. Ella, por sí sola, había trazado su ruta entre el silencio impuesto, los prejuicios, los relatos falsos, las vueltas de la historia, la mezquindad de la política y la indiferencia de la sociedad. Yo solo caminé detrás asombrado, y la seguí, un poco con desconfianza, otro poco con temor, para terminar siempre emocionado hasta el alma. Definitivamente, había sido ella, mi hija concebida a mis 25 años, la hoy más famosa, la que ha hecho mi nombre conocido, quien me había conducido, con su sabia mano, a estar parado esa noche inolvidable entre Piky Arguelles, la escritora gilense premiada, autora del ensayo-libro San Andrés de Giles, Capital de la Malvinización y el diputado nacional por el Partido Nacionalista Constitucional Dr Alberto Asseff, autor de un proyecto de ley para darle carácter oficial, más que merecido, al título de la obra.

Ella, mi poesía A VOS, la silenciada por los diarios a quienes la envíé terminado el conflicto bélico, la ignorada hasta por mis amigos que trabajaban en los medios de entonces por “orden superior”, la que el capitán Marcos Carballo recibiera de mi mano en la feria del libro de 1983 y colgara emocionado en la sala de pilotos de Villa Reynolds, la que un día entregara en mano al grupo de ex combatientes de la Dirección de Rentas de CABA, quienes se encargaron de colgarla en la web, la que Silvia Paglioni incluyera en su blog de yoga, pensando que era un homenaje de un poeta italiano, la que llevó a la misma Silvia a regalarme un blog para dar a conocer mi obra y lanzar así mi carrera de escritor, la que un 2 de abril escuchara sorprendido por Radio 10, la misma que leyese al aire por la radio FM la Boca cuando tuve mi primer reportaje por mi primer libro, esa que Luis Allegrini me hizo leer por FM de las Américas en la primera vigilia que asistí en 2011 desde el colegio que albergó a los escultores del monumento al héroe Jorge Maciel, la que un día el joven y talentoso actor y director de teatro Javier Gimenez Filpe, sin conocerme, la incluyera en su obra Del lápiz al fusil. Ella fue sin duda, la que hizo que Alberto Puglielli me llamase a integrar ese trío que estaba ahí, frente a un puñado de héroes.

Y estaba yo, siguiéndola una vez más, como el padre orgulloso de un hijo que se mueve solo, que derriba barreras, que llega por sí mismo donde debe hacerlo, preguntándose seriamente: “¿es realmente mío? ¿fui yo quién lo hizo? ¿o fui un instrumento de algo superior?”. Muchas veces me ha sucedido de releer poesías y desconocerme, creo que todo poeta es a veces él , pero otras es solo un lápiz al que guía algo oculto y poderoso, algo necesario, algo que lo usa para decir lo que nadie se atreve, lo que todos callan por interés o por “orden superior”.

En preparación para la vigilia de este año, los veteranos habían organizado esa cena en los galpones de una estación de un tren que ya no pasa, la misma que alberga un conmovedor museo de Malvinas en su cuerpo principal. Algo endeble de salud, no quería fallarles y fui sin saber muy bien como se desarrollaría el evento. Por las dudas llevé impresos algunos escritos míos sobre Malvinas y tras una amable charla en la casa de Piky, nos dirigimos a la estación donde el chancho asado con pelo estaba a punto de ser servido. Me ubicaron en la cabecera de una mesa, justo al lado de un tripulante de los gloriosos Hércules, burladores sigilosos del bloqueo inglés, quien a boca de jarro me contó cuanto le cuesta terminar de cantar el himno en cada vigilia

Pese a toda la amabilidad reinante, me sentía incómodo. Casi no pude cenar y esa incomodidad fue mucho mayor cuando Alberto me llamó al frente. Tan desconcertado estaba que olvidé los escritos en la mesa.

Hablo en público desde mis 19 años, lo he hecho antes auditorios de todo tipo, estudiantiles, universitarios, docentes, políticos, gremiales, internacionales y en distintos idiomas. He sido docente en mi facultad por más de 13 años y he dado conferencias por todo el país ante multitudes y grupos reducidos, de temas tan diversos como impuestos, finanzas, literatura, poesía y proteccionismo animal. Suelo hacerlo con solvencia, aplomo y disfrutándolo sobremanera. Esa noche iba a ser distinto.

Mientras Piky Arguelles hacía uso de la palabra y contaba como había incluido en el ensayo premiado por la SADE, Mendoza, sin siquiera avisarme, pero respetando mi autoría, mi crónica para Bahia noticias, diario digital de Bahía Blanca que dirigía mi amiga Silvia Paglioni, de la vigilia de 2011; noté que curiosamente no lograba mirar de frente a mi futuro auditorio.

Mientras el diputado Alberto Asseff agradecía el libro y decía que sin dudas estábamos en un acto patriótico, comprometiéndose a presentar el proyecto de ley declarando a San Andrés de Giles, capital de la malvinización, hecho que concretó a días del evento; decidí que solo podría hablar de ella, de la poesía que me había llevado a ese inmerecido e incómodo lugar. Solicité mis escritos que estaban en la mesa y busqué A VOS

Recibí mi libro de manos de Piky y comencé a hablar. Largué horrible, como pidiendo perdón por no haber ido a la guerra, por ni siquiera haber sido capaz de anotarme como voluntario. Seguí contando mi rebelión interior ante la desmalvinización, ante el esconder a los veteranos, ante el desamparo a que el propio estado que los había enviado los sometió por años, ante la indiferencia social. Y presenté a la poesía como mi única ofrenda, como el solitario acto de valor para enfrentar tanta injusticia.

La incomodidad, lejos de cesar, aumentaba a cada paso y llegó inevitable, tras contar su camino, el momento de leer las estrofas. Empecé.

A vos,

que estuviste allá…

Ahí tomé conciencia. Por vez primera, 33 años después de escrita, le estaba leyendo en la cara, mi poesía a sus verdaderos destinatarios. No les estaba entregando un papel, no la estaba leyendo al aire. Los tenía a ellos, a los que se jugaron la vida, a los que sobrevivieron al infierno, a los que lucharon mano a mano con la muerte y el enemigo, a los que fueron heridos, mutilados, a los que en soledad o con el único acompañamiento de sus familiares o camaradas sobrevivieron a las pesadillas, a los ataques de pánico, a la exclusión, al desempleo, a la carencia. Los tenía ahí, enfrente mío, sentados, escuchando con atención al poeta. Mi incomodidad que iba en aumento, comenzaba a tener sentido. Continué.

Te recuerdo

Porque todo mereces
Y este homenaje darte puedo

Como no recordar a quien en mi nombre y con mi bandera, mientras yo estaba seguro en Buenos Aires, siguiendo con mi vida, soportó bombas, frío, órdenes, insomnio, la pérdida de amigos. ¡Por Dios!, se me atragantaban las palabras, nunca leí peor en mi vida.


A vos

que estuviste allá

Te admiro

Porque no tembló tu pulso
Cara a cara con el enemigo

Admiración, y gigantesca. En un país que idolatra futbolistas, actores y millonarios, ¿porque se olvida a los de la entrega magnánima- hermosa palabra rescatada por Nicolás Kasansew-? Estaba empezando a sentir la respuesta en propia piel, me temblaban las manos y mi mal leer solo empeoró. Es muy duro compararse, preguntarse: ¿frente a su entrega, de ellos que estaban ahí, escuchándome, cual ha sido la mía?


A vos

que estuviste allá

Te envidio

Porque la Patria se te hizo carne
Bajo tu piel casi de niño

De modo que envidia. ¿Es que estaba loco en 1982?. Como se puede envidiar a alguien que fue al infierno y que de por vida no olvidará lo vivido y cargará con esa mochila. Me envolvió la palabra SENTIDO. Ellos, con su entrega, no solo habían demostrado una coherencia total con los valores aprendidos, también habían dado la mayor prueba de amor por el suelo que los vio nacer y le habían dado a su existencia, a una temprana edad, un sentido que a mis casi sesenta años yo aún busco.


A vos

que estuviste allá

Te quiero

Porque bajo tu bandera luchaste
Con aplomo de viejo guerrero

El afecto, lo que más necesitaban quienes volvieron y que como sociedad menos les dimos. Silvia Paglioni, quien hizo extensos reportajes a veteranos, me contaba que a un héroe de la Patria, mal herido en combate y condenado a mendigar con su uniforme y las medallas puestas, le cerrábamos las ventanillas de los autos para no comprarle las bolsas de residuos que vendía para poder subsistir. Llegaron a hoy vivos, solo los que fueron queridos y bien queridos por sus amigos, por sus familias , por sus esposas del dolor, esas que vi en las mesas, recién cuando pude mirarlas, con sus ojos heridos de contemplar tanto sufrimiento, tanto grito, tanto insomnio.


A vos

que estuviste allá

Te espero

Para estrechar al que peleó
Defendiendo a muerte nuestro suelo

Me doy cuenta que al anteúltimo verso le falta una contracción y viene circulando así, inentendible desde el año 2006. ¿Los esperábamos? ¿para qué? Tantos de ellos fueron discriminados, insultados, culpados, menospreciados. A pocos, muy pocos, especialmente en Buenos Aires, se les ocurrió esperarlos para reconocerlos. Mi incomodidad sumaba otra causa: la deuda colectiva para con ellos, que seguían ahí, atentos a mis versos y yo sin poder mirarlos. A esta altura necesitaba terminar, me estaba apurando y leía aún peor.

A vos

que estuviste allá

Te siento

Porque dejaste todo lo querido
Para batirte en mar, tierra y viento.

La palabra TODO me sacude como el viento malvinero. ¿Qué fui capaz de dejar yo por la Patria? Frente a ellos, frente a lo que dejaron ellos, NADA, sin duda NADA. Mi poquedad me conmueve, mi dimensión se hace carne y me siento íntimamente indigno hasta de dirigirles la palabra. ¿Qué pueden valer mis estrofas ante los que sobrevivieron al océano helado cuando se hundió el Belgrano, ante los que volaron a ras del agua buscando a la flota, ante los que soportaron el pozo de zorro inundado? Soy NADA, me siento NADA, apenas un argentino agradecido. La voz huye, las piernas me tiemblan, me agarro del micrófono para que a través de él, Piky que lo tiene en la mano me haga de punto de apoyo. Temo no llegar al final.


A vos,

que estuviste allá

Te aplaudo

Porque fuiste héroe en un infierno
Que no paga con lauros

Es lo único que debo hacer, callarme de una vez y ponerme a aplaudir. Durante 33 años debimos hacerlo. Al actor se lo aplaude cuando cae el telón y no hizo más que mentirnos bien, al político también cuando habla en un acto y probablemente haya hecho lo mismo. Sin embargo a ellos, que dieron de verdad su vida, su juventud, su sangre, su alegría, sus oportunidades, su esperanza, en aras de la Patria, les hemos negado el aplauso, hasta en el desfile del Bicentenario, donde debieron marchar infamemente “de colados”. El esposo de Piky me contará que aún desde lejos se notaba que ya era una hoja de tanto que temblaba, sobrepasado de emoción mientras, sin levantar nunca la vista, contemplaba con alivio mi arribo a la última estrofa, la más dura.


A vos

que estuviste allá
Y no volviste

Dios te Bendiga,

la Patria te crió

Y por ella hacia El te fuiste.

Llegué, lo hice sin desmayarme en el intento.¿Pero qué oigo? ¿me están aplaudiendo? Si indigno era de pararme ahí adelante, mucho más de que me aplaudan, soy yo quien debo hacerlo, aun cuando esté conteniendo el llanto que quiere aflorar por los 649 que no volvieron, por los más de 400 que se suicidaron en la posguerra y por todo el dolor de las esposas, las madres, los padres, los huérfanos de Malvinas. El consuelo de la bendición divina y el del deber cumplido es más que importante pero no basta, falta, aún falta el abrazo, el de todos, el que les haga saber que tanto sacrificio por nosotros no fue en vano, que lo apreciamos, que lo agradecemos.

Ahora sí puedo mirarlos a la cara, les dije todo aquello que en su momento no me dejaron decir. Y los veo venir, a saludarme, con los ojos húmedos, la sonrisa ancha, a pedirme un abrazo, a agradecer la sorpresa.

Agotadísimo por el combate con mis propias emociones le entrego a Alberto el escrito para el Gral Menéndez, encarcelado por aquellos que fieles a su consigna niegan hasta la justicia, me encuentro con la sonriente culpable que A VOS se haya escuchado en Radio 10 y voy a mi mesa donde recibo el emocionado saludo de una esposa del dolor y mi vecino, el tripulante de Hércules a quien decido regalarle ANOCHECE EN MALVINAS (https://sociedadpoetica.wordpress.com/2011/03/18/anochece-en-malvinas/), un escrito en el que quise imaginar como habrá sido cantar el Himno en el pozo de zorro. El me pide, al borde de las lágrimas y sin poder leer más que unos renglones, que se lo dedique a su nieto. Quizás ahí esté la clave de la tarea que nos falta y a la que debemos dedicarnos con ahínco: contarle a las futuras generaciones la verdadera historia, para que crezcan sabiendo que Argentina tiene héroes, que injustamente ignorados, caminan, no por mucho tiempo más, entre nosotros.

Sentado en silencio y dejando a mi corazón recuperar su ritmo, reflexiono sobre su magnanimidad y mi nada. Y el pensamiento me lleva a los tristes días en que mi madre enfermó. Mientras me ocupaba de sus internaciones y traslados, tratando de poner alivio y contención, sentía que estaba pagando una deuda al ser a quien debía nada menos que la vida. Empero, por mucho que hiciera me invadía el desaliento de saber que esa deuda era auténticamente impagable, porque había entre lo recibido y lo dado,una desproporción insalvable, en tiempo, esfuerzo e intensidad. No obstante el haber dado lo poco que pude me brindó la tranquilidad de conciencia necesaria para sobrellevar sin culpas, la hora de su adiós.

Con los veteranos sucede algo parecido. Por mucho que hagamos por ellos, jamás podremos igualar el valor de su entrega total, pero hay que hacer algo, lo que cada uno pueda. Asistir a la próxima vigilia en San Andrés de Giles, quizás sea una forma de empezar. Allí los estaré esperando, el primero de abril, con el maravilloso libro de Piky Arguelles, cuya venta es a beneficio del Centro de Veteranos, para ver si juntos, desde ese recodo de Patria, juntamos coraje y todos comenzamos a mirarnos en el espejo incómodo de Malvinas, dejamos que nuestra poquedad nos de vergüenza, tal como sufrí leyendo e intentamos unidos salvar la distancia, un tramo al menos, entre nuestra nada y la magnanimidad de ELLOS, los que estuvieron allá.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 29 de marzo de 2015

aviso de vigilia 2015

AQUEL CATORCE-SEIS

Encuentro generales Menéndez y Moore 14-6-1982, casa del gobernador en Malvinas

Encuentro generales Menéndez y Moore 14-6-1982, casa del gobernador en Malvinas

 

AQUÉL CATORCE-SEIS

Ninguna derrota tiene padres y casi nunca poesías. Mucho menos sus caras. Sé que no ganaré amigos con esto, pero nadie debería escribir para ello. El escritor escribe por necesidad interior y afronta las consecuencias. No soy amigo del general Menéndez, en realidad no tengo amigos generales y jamás empuñé un arma. Coincidí con él en una vigilia en San Andrés de Giles, nos presentaron, hablamos brevemente, se llevó mi libro y le mostré la foto que me regalara mi amigo, el soldado de artillería Marcos Falcón. Unos meses después se frustró un reportaje que le iba a efectuar para Bahianoticias com, pero la mera posibilidad del mismo me llevó a investigar a la persona y su actuación. Nunca más lo vi ni hablé con él y el frustrado reportaje lo terminó realizando C5N.

Ahí tomé conciencia que él, en casi absoluta soledad y enfrentando el criterio de sus superiores, hasta del propio presidente, había sido quien, aceptando una razonable oferta del enemigo, había sido el responsable del cese del fuego en Puerto Argentino. El primer acto lógico y salvador de miles de vidas de la locura que se había apoderado del tema Malvinas, tras la eufórica plaza del 2 de abril de 1982.

Una cosa era realizar una demostración de fuerza, una toma incruenta del territorio para destrabar unas negociaciones estancadísimas y otra era pelearse, en plena guerra fría, contra toda la OTAN. Del acto justo y necesario a la total locura existió aquella plaza de distancia.

El canciller Costa Méndez le había vendido varios buzones a la Junta Militar, pero ésta había tenido múltiples oportunidades para volver al camino racional. Aceptar la resolución 502 de las Naciones Unidas, hubiera sido uno de ellos. Pero hubo otros momentos en que el entorno político del presidente frustró acuerdos prácticamente sellados por el canciller y Alexander Haig, el negociador enviado por EEUU. Mientras la diplomacia fallaba, los soldados morían.

En la asunción del 7 de abril de Menéndez como gobernador de las islas, asistieron  personalidades de todo tipo: el doctor Favaloro, los sindicalistas Ubaldini, Baldassini y Triacca, los políticos Bittel del PJ y Abelardo Ramos del FIP, representantes corporativos como Gutierrez de la Sociedad Rural y gente de la Unión Industrial. El 14 de junio el gobernador, transformado en comandante, estuvo solo, después y hasta hoy, también.

Una cosa es arriesgar hasta ofrendar la vida por la patria y otra muy distinta es inmolarse en una lucha sin sentido. Durante muchos años pensé que esto último es lo que nuestra sociedad le demandaba al comandante.  Sin embargo, fue mucho peor. Alentados por la propaganda y la cultura del football, que estaba en auge, por coincidir esos aciagos días con el mundial del España, lo que realmente pedían es que el general derrotado se suicidase, tras haber llevado al martirio por la patria a toda la tropa. Una absoluta y total locura. El general es responsable por la vida de sus soldados y solo debe arriesgarla cuando existe la posibilidad de una victoria. Y para él mismo, como el tiempo se encargaría muy bien de demostrar, el suicidio era el camino fácil, el difícil era volver, dar la cara y todas las infinitas explicaciones que todo el mundo le pediría.

Por ello, la poesía que sigue no es un homenaje a la persona sino a la luz de racionalidad de su acto de aquél catorce seis, que salvó la vida de miles de soldados e isleños inocentes. Me tomé la licencia, los poetas siempre lo hacemos, de pintar la escena marco de esa bendita decisión, tanto exterior como interior, basándome en palabras del propio comandante contenidas en videos públicos y en el libro MALVINAS, Testimonio de su Gobernador, que arresto le costara, escrito por Carlos M. Túrolo, cuya primera edición de Ed. Sudamericana de agosto de 1983, conservo conmigo.

Necesité hacerlo en este catorce seis, también teñido de distracción futbolera, 32 años después, mucho más por mi propia conciencia que en defensa del protagonista, mucho más por nosotros, jueces colectivos de cómoda poltrona, tan prestos a embarcarnos en locuras colectivas, que por aquéllos jóvenes hundidos en pozos de zorro, cuya preciosa vida, éste acto tan necesario como doloroso, salvó.

Acompañan a este escrito la foto del encuentro en un pasillo de la casa del gobernador entre los dos generales enfrentados, Menéndez y Moore, la foto del acta de la rendición CONDICIONAL de las fuerzas argentinas ubicadas en ambas islas y un video que contiene el audio de la tensa conversación final entre el comandante y el presidente.

AQUÉL CATORCE SEIS

Cuenta treinta y seis horas sin dormir,

y la tensión sufrida no lo deja comer,

recostado en el piso siente el día venir,

con las cargas que tan cerca oye caer.

Si gélida es la mañana que llega,

peores son las noticias que sabe,

como la nevisca que todo lo anega,

el dolor ya en el pecho no cabe.

Cierra sus ojos por un instante,

y el  sonoro cañón le hace recordar,

a su familia hoy tan distante,

sostén de su larga carrera militar.

Le parece ver un azul claro cielo,

unido al temor del salto primero,

ante la abierta puerta en pleno vuelo,

cuando por paracaidista fue mochilero.

Y el riesgo del monte tucumano,

al que fue por constitucional gobierno,

para detener los golpes de mano,

de errados sembradores de infierno.

Más clarea y con ojos abiertos,

sus recuerdos se vuelven recientes,

la asunción en eufórico puerto.

con tantas personalidades presentes.

La visita del propio presidente,

alertando  encontronazos posibles,

solicitando un resistir valiente,

para hallar diplomacia factible.

Y aquél fatídico día de mayo,

para muchos de fuego bautismo,

en que el bombardeo sin desmayo,

abrió en par la puerta del abismo.

La tropa pasa de quinientos a miles,

la ocupación en guerra se convierte,

el cielo nubla de aviones y misiles,

y los barcos se cubren de muerte.

Se incorpora y dirige al comando,

para recibir solo malas noticias,

el enemigo ha seguido avanzando,

y queda poco espacio y milicia.

Habrá seguramente sopesado,

de ayer la más dura experiencia,

de ocho quirófanos armados,

operando en simultánea urgencia.

Sostiene entonces con el presidente,

tenso diálogo áspero y frío,

que se interrumpe bruscamente,

y lo deja solo con su albedrío.

Unos días resistir le pidieron,

cuarenta y cinco hubo resistido,

y los últimos diez solo fueron,

por comida de barco de heridos.

En su alma el desconcierto reina,

Clausewitz viene en su ayuda,

“El que en batalla perdida se empeña,

injustificadas bajas  acumula.”

El enemigo salida le brinda,

con llamado que oportuno vino,

propone un cese de la contienda,

y evitar una matanza sin tino.

El insomne y fatigado militar,

sabe que todos, todo han dado,

sin munición ni batalla que dar,

con dolor acepta estar derrotado.

Todavía esbozará resistencia,

al imponer al cese condiciones,

y exasperará del inglés la paciencia,

conservando mando de tropa y pabellones.

Con la noche envolviendo Malvinas,

llegará el adversario general,

y se ahogará la ilusión argentina,

en una tachada acta formal.

El bien sabe que no le aguardan,

ni aplausos, ni fanfarria ni honores,

que sus propios jefes lo esperan,

con preguntas, indiferencia y sinsabores.

Sin embargo abriga en su pecho,

el orgullo de la misión cumplida,

y aunque pocos agradezcan lo hecho,

priorizó de sus soldados la vida.

No resulta nada sencillo,

ser de la derrota la cara,

y vivir lejos de todo brillo,

en un pueblo que culpa e ignora.

Ni soportar el reino de venganza,

que por negar al enemigo justicia,

inclina adrede el fiel de la balanza,

y roba a sus nietos las caricias.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 14 de junio de 2014

Acta de rendición condicional de las fuerzas argentinas en Malvinas

Acta de rendición condicional de las fuerzas argentinas en Malvinas