VOLAR CON LA PALABRA

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VOLAR CON LA PALABRA

En el mes de septiembre de 2010, viví la inmensa alegría de presentar mi primer libro, ajeno a la profesión de contador, POESIA PARA SENTIR LA VIDA, en la Biblioteca Popular Alberdi ante un centenar de personas, en una de las reuniones más emotivas que recuerde. Volqué en el mismo mis escritos de unos cinco años en este blog y pretendí expresar lo útil que resulta la poesía para vivir con más sentido, con más profundidad, con más emoción, la cotidianeidad de cada uno. Utilicé ejemplos de mi propia existencia  y pretendí que sirviera de estímulo a sus lectores para animarse a escribir, cuento, poesía o novela, lo que les saliese para que mejorasen su propia forma de vivir. Hasta ahí todo era una bella intención y una no verificada – salvo en mi mismo- teoría.

Empero en alguna reunión posterior tuve la idea de comentarle como al pasar a Eduardo Bolan, alma mater de la Biblioteca, que para estimular a la gente a escribir, nada resultaría mejor que organizar una especie de CAFE LITERARIO en la propia Biblioteca Alberdi, para lo cual me ofrecía a servir de coordinador. No sería un taller ya que no me creo autorizado a enseñar a escribir a nadie, sino que sería una reunión de amantes de la buena literatura donde iría presentando grandes poetas  a fin de estimular la lectura y por ende la escritura, preferentemente de poesía, en sus asistentes. Mi idea era generar el entusiasmo a partir de presentar la vida de cada poeta, tratando de correlacionar sus experiencias vitales con sus escritos.

Nada hay más inconstante que un poeta, que suele plegarse fácilmente a los vientos que inspiran su alma. Le dije mi idea a Eduardo y así como se la dije me la olvidé. Empero él se encargó de recordármela cada vez que me vio durante el resto de ese año y el comienzo del próximo. A mediados de 2011, preso de mis propias palabras no tuve más remedio que lanzar el café literario.

Machado, García Lorca, Alfonsina Storni, Amado Nervo, Pablo Neruda, Rubén Darío, Edgar Allan Poe,  Roberto Juarroz, Rafael Alberti fueron algunos de los elegidos. La preparación de cada café me llevaba un tiempo inmenso, ya que una vez que me metía con alguno de ellos simplemente no podía abandonarlo hasta agotar su obra. Pero valía la pena el esfuerzo, aprendía muchísimo de su tiempo y su estilo y a la hora de transmitirlo en el café se generaban reuniones más que emotivas donde leíamos por turno, parte de su excelsa poesía. Así se fue generando un grupo intenso, ameno y sumamente afectivo.

Sin embargo no lograba ni siquiera con amenazas de abandonarlos, el verdadero propósito que se lanzaran a hacer sus propios escritos y que los compartiesen con todos. Quizás la única excepción fue Elena que con su “Me siento como un ciclón” rompió el hielo y empezó a deleitarnos con su propia exquisita poesía.

La vida sabe más, siempre sabe más y hay que dejarla hacer. Arrancó el 2012 y me cayó encima tal catarata de problemas que tuve que decirle a Eduardo que hiciera lo que quisiera con el café pero que no contase conmigo hasta que no lograra arreglar algunos de todos los inconvenientes que tenía. En pocas palabras, me borré al mejor estilo Casildo.

Eduardo con la inestimable colaboración de su compañera de vida Graciela, tomaron la posta y lejos de reunirse menos, lo hicieron mucho más. María se puso el trabajo al hombro y no solo trataron autores sino que privados de la compañía del “escritor”, se desinhibieron y empezaron todos a traer y compartir sus propios escritos, además de prolongar las reuniones en amables tertulias gastronómicas. Cuando cerca de fin de año logré reintegrarme, casi no conocía al grupo. Todo lo que yo pretendía de ellos lo habían logrado, justamente porque los había dejado solos.

Hice mi mejor esfuerzo para  volver pero ser lo que en realidad soy, uno más y disfrutar del crecimiento literario de todos. Hasta fui sorprendido con una estupenda actuación en una obra de teatro para fin de año.

Alguna vez yo había comentado que estaría bueno hacer un libro con los escritos de los integrantes. Eduardo lo hizo. Movió cielo y tierra, buscó editoriales, recaló en Dunken donde yo tenía algún conocido, puso dinero propio  y hoy el primer libro del Café literario de la Biblioteca Popular Alberdi es una realidad.

Dudé bastante acerca de si debía participar pero no quería dejar solo a mi grupo. De modo que lo hice con dos escritos que tienen que ver con la misma persona: Antonio. El queridísimo bibliotecario por tantos años que integró el café es quien nos refirió la historia base de mi cuento y la poesía incluida fue la que escribí como homenaje ante su desaparición. Si alguien no podía faltar en este libro ciertamente era él.

Me cuesta muchísimo decir como me siento. Estoy tremendamente agradecido a Eduardo y a Graciela por ser motores de mis sueños, pero a la vez estoy terriblemente emocionado por el crecimiento de todo el grupo, como escritores, como amigos y como personas. Baste decir que hace unos días me inundé, ningún amigo mío me llamó para ver como estaba, Alberto y Lucy del café si lo hicieron.

Un párrafo final para Angélica Rosa y Marcelina que cual ángeles custodios se preocuparon por mi salud y mi alma quebrada durante todo el oscuro período de mi ausencia y celebraron con ojos húmedos mi retorno.

Y un beso de cierre para Florencia que con todo su talento aportó su belleza y versos jóvenes para engalanar el café y el libro.

El sábado 20, a las 18 horas los espero a todos en Acevedo 666, Villa Crespo, CABA, para compartir la emoción de esta loca idea mía que, gracias al esfuerzo y entusiasmo incondicional de muchos, es una realidad. UN VUELO DE PALABRAS se presenta para los amigos y quienes quieran acercarse a brindar por su nacimiento, hecho que se repetirá en la cercana Feria del Libro.

Ese día tengo 10 minutos para hablar. Escribí los párrafos que anteceden porque no creo que pueda.

Enrique Momigliano

Buenos  Aires, 17 de abril de 2013

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Published in: on abril 17, 2013 at 3:48 pm  Comments (4)