TIEMPO DE PUENTES


TIEMPO DE PUENTES
Una visita a la Agrupación EL FARO de San Clemente

El último presidente que miraba el largo plazo, el primero de esta vuelta democrática, don Raúl Alfonsín, dijo en uno de sus primeros discursos, muy acertadamente, que Argentina corría el riesgo de “libanizarse”, entendiendo por tal una subdivisión entre múltiples facciones que luchan entre sí denodada y continuamente por la supremacía. Si miramos a nuestro país como un edificio, lo veremos lleno de grietas, horizontales, verticales y oblícuas que separan grupos de pertenencia que solo se dedican a culpar a los otros de su propia carencia o malestar. Decir que vivimos una sola grieta entre aduladores ciegos del proceso político culminado en diciembre de 2015 y detractores empedernidos del mismo, es una simplificación falsa y mediática.
Si una sola grieta es molesta y peligrosa, imáginense el grado de molestia y peligrosidad que acarrea la multitud de grietas existentes en nuestra sociedad. Es más que evidente que así no vamos a ningún lugar feliz, por el contrario, un nuevo tiempo de amargos enfrentamientos nos aguardan.
Estoy en San Clemente, preparando junto a destacadas personalidades locales, que piensan en muchos aspectos, muy distinto a mi, un encuentro de letras para la Paz. No debe haber sido fácil para ellos invitarme como no lo ha sido para mi sumarme. Sin embargo lo hicimos, y en el proceso descubrimos que son muchas más las coincidencias que las discordancias. Para ello debimos construir, desde ambas orillas, un puente. Dicho puente requirió solamente dos cosas:
1. la buena fe de todos
2. el reconocimiento que la causa común, en esta caso la Paz, valía el esfuerzo.
De modo que solo echaré mi pluma a correr para ayudar a construir puentes, para difundir a quienes lo hagan, piensen como piensen, apoyen a quien apoyen. Los absolutos conducen a la guerra porque no admiten el disenso, la paz se construye desde los relativos, desde las certezas transitorias, desde la duda, desde la incertidumbre, desde la negociación, mala o buena.
Por eso, si queremos evitar el tránsito por lugares trágicos y conocidos de nuestra sociedad, se impone tender puentes, en cada lugar que se vislumbre una grieta. Hace un rato que encontré por donde empezar, la siempre sabia vida me puso delante de mis narices una bella oportunidad que no dejé pasar.
Pablo Bonnet es hijo de un veterinario local sobre quien escribiera hace un tiempo largo ya (https://sociedadpoetica.wordpress.com/2010/02/14/la-gota-del-oceano/) y quien con su actuar, mucho más que con sus palabras me llevó a colaborar con el rescate de los perros callejeros, a escribir sobre ellos y a llevar adelante su causa. Durante los dos últimos años Pablo se ha puesto al hombro la Agrupación EL FARO en San Clemente y lo he visto trabajar intensamente, convocando a gente que conozco bien y a otra que no, quienes colaboran entusiasta y gratuitamente en favor de los más necesitados de este lugar.
Como él mismo reconoce en la charla, la pertenencia política de la agrupación resulta en muchos casos un obstáculo, obstáculo que hizo que me tomara mi tiempo para atravesar mi propio puente interior. Mi conclusión sobre la que invito a muchos de mis amigos a reflexionar es que si alguien hace algo bueno en favor de quien lo necesita, lo que importa es lo que hace y no la camiseta que lleva. Y también como él mismo me dijera, la actividad de EL FARO sin el apoyo del gobierno sería imposible e inconducente. Quizás haya dado en la tecla con la razón del fracaso de muchas bien intencionadas ONG. La desconfianza en la política, muchas veces justificado, ha llevado al tercer sector a tratar de cumplir sus fines en modo aislado e independiente y ello siempre es dificilísimo, tarda mucho en producir efectos palpables y muchas veces termina en abandono por desgaste de sus integrantes. El tercer sector, las ONG, deben articularse con las autoridades, para lo cual, la tarea más compleja es definir acertadamente los límites de competencia de cada uno, y acotar en lo posible, la utilización partidaria de la tarea emprendida. Porque esa grieta entre las ONG bien intencionadas y los funcionarios lo único que logra es que existan múltiples necesidades sociales deficientemente atendidas.
A Pablo hay muchas cosas que no le importan, porque hay otras que le importan mucho. Es un verdadero pionero. No le importa lo que piensen o digan de él, no le importa aunque le duele que el local haya sufrido pintadas y agresiones, no le importa aunque le duele que los amigos lo llenen de pretextos para no sumarse. A él le importa la sonrisa de los chicos que vienen al merendero, la alegría de los pertenecientes al hogar protegido que cruzan la calle para colaborar, la satisfacción de EL PAMPA que le trae la verdura al costo, las maestras que dan gratis apoyo escolar, los bomberos que donan tableros de ajedrez, el juez que le dio la tenencia provisoria de un niño con serios problemas en su casa, los que se llevan la bolsa económica y pueden tener frutas y verduras por toda la semana.
Muchas veces solo hace falta alguien que se anime, se arremangue, se embarre e inspire. Es una semilla que a su tiempo sabrá germinar en muchos.
Pablo ha construido un puente entre quienes necesitan conocer la felicidad del dar y quienes necesitan saber que no son más los eternos olvidados por todos. Es sin duda el resultado de un proceso interior profundo, el que  emerge cuando me dice: “me cansé de quedarme en mi casa quejándome y no hacer nada”. Cada uno deberá hacer el suyo, y cada uno deberá encontrar el lugar más adecuado adonde empezar a hacer algo. Y equivocarse, que es la única forma de aprender.
En un domingo de lluvia me acerqué para ver por mi mismo las caras de los niños y el esfuerzo de aquellos que les dan las instrucción que por ahi no alcanzan a comprender en la escuela y la contención y límites que seguramente no tienen en su hogar. Me llevé su alegría y la certeza de ver mucho amor en acción. Mis retinas atesoran el ropero solidario, la biblioteca desbordante, el ir y venir de los voluntarios, los patines, los juguetes, las pelotas y el hambre saciado.
Estoy convencido que la verdadera inclusión social podrá comenzar con una asignación universal o con un plan, pero si todo termina allí se parecerá mucho a la actitud de los padres ricos, que le dan a sus hijos dinero para que no molesten. Los descastados, los olvidados, los marginados tienen mucho interior a sanar y el único camino posible es que se encuentren con una realidad distinta proveniente de “esos que tienen plata”, poder experimentar en carne propia que algunos de esos al menos son capaces de brindarles tiempo, amor y contención. Pero también los que llevan una vida más o menos acomodada, tienen mucho interior a sanar y el único camino posible es que un día cualquiera se encuentren, cara a cara, mirada a mirada con “esos vagos pobres”, poder experimentar en carne propia que muchos de esos al menos son dignos de una vida mejor.
Ante Dios somos todos iguales, tenemos todos un largo camino por delante para entender que también ante nosotros lo somos, nada más ni nada menos que seres humanos intentando sobrevivir.
Hay lugares y gente que nos brindan una forma más rápida y contundente para entenderlo, construir puentes y cerrar grietas. Pablo Bonnet y su trabajo en la Agrupación EL FARO pertenecen sin duda a ese conjunto.

Enrique Momigliano
San Clemente del Tuyú, 12 de septiembre de 2017

 

 

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Published in: on septiembre 12, 2017 at 4:58 pm  Dejar un comentario  

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