TRASCENDENCIAS


TRASCENDENCIAS
Original, bella, profunda y conmovedora

Se me acercó su madre estando abordo de la Fragata ARA Presidente Sarmiento. Culminaba el acto en homenaje a los caídos en el crucero ARA Gral. Belgrano, era el 2 de mayo de este año, a las 5 de la tarde, 35 años después del momento en que más de trescientos argentinos entraron en la inmortalidad. Había ido junto al VGM Marcos Falcón a obsequiarle a la Fundación organizadora un ejemplar de COMBATIMOS y a entregarle a Elsa Reguera, madre de Juan Carlos Reguera, marinero fallecido en el hundimiento, la carta que a los alumnos de la escuela de Cote-Lai, Chaco, les escribiera, en nombre de su hijo, para el acto cuando impusieron el nombre del crucero a la institución. Pensábamos pasar lo más desapercibidos posible, pero todos conspiraron para hacerme más que visible. Así me conoció Ana Lucía Monzón.
Todavía conmovido por haber participado de la fila de familiares y camaradas que arrojaban ofrendas florales por la borda de la fragata a las aguas del río color de león, las dos Ana, madre e hija me invitaron a la presentación de la obra TRASCENDENCIAS, creada por Ana Lucía, en homenaje a los marinos caídos. Tuvieron tiempo de aclararme que eran esposa e hija de un sobreviviente, Elvio Monzón, presente en el acto. Prometí concurrir, sabiendo cuan impredecible suele ser mi agenda.
Empero, toda la semana subsiguiente la intriga por saber cómo era posible conjugar la danza clásica con un homenaje a las víctimas de un tragedia, como lo fue el hundimiento del Belgrano, no me dejó en paz. Había solo dos posibilidades, o la obra era un fiasco más de los que acostumbro a ver cuando el arte se acerca a la guerra, o Ana Lucía, trasmutando el dolor de su padre, había creado una genialidad. El domingo siguiente a la noche, dejé todo de lado y fui, al fin y al cabo el teatro quedaba en Almagro, mi viejo barrio querido.
Me recibió José Leal, maquinista del crucero e íntimo amigo de mi amigo sanclementino por adopción el también veterano Ramón Leiva, quien avistó desde el avión Neptune 2P111 las balsas a la deriva. Mientras conversábamos y me presentaba algunos de los otrora náufragos, mi ansiedad por saber como había encarado Ana Lucía el homenaje iba en aumento. Era muy esperable que fugase hacia los simbolismos y se apartara de la historia, ya que danzar un naufragio me seguía sonando a imposible. La función, breve pero muy intensa me demostró cuan equivocado estaba.
Ocupé mi butaca al centro de la sala para tener buen ángulo fotográfico y me dejé sorprender.
La genialidad de Ana Lucía Monzón empezó a desarrollarse bajo mis cada vez más atónitos ojos. No solo no eludió la historia sino que abundó en sus detalles y no dejó emoción sin representar. Un equipo de bailarines muy parejo se luce a lo largo de toda la obra y llevan al espectador a cada momento crucial de la tragedia de un modo que resulta imposible sustraerse a la emoción. He leído cien versiones del hecho y en COMBATIMOS hasta lo he escrito, sin embargo, visto en danza, es todo nuevo y así como la música habla al alma sin intermediarios, algo similar debe ocurrir con la coreografía cuando nace de lo más hondo de los sentimientos de su creador, como en este caso.
La obra comienza con la mesa familiar y el impacto de la noticia del hundimiento, sigue con un paso solitario de Ana Lucía que se me ocurrió simboliza a la Patria y su llamado, para luego representar mediante danzas típicas cada una de las provincias argentinas que tenían hijos combatiendo en el crucero, un colorido festín para los ojos. Sigue el duro momento de la despedida al abordar el barco y la disciplinada organización de los marinos, aprestándose al combate, bajo las órdenes de su capitán. Un sobreviviente, cantor y guitarrero, que en el crucero supo entretener la muchachada con sus canciones, subió a escena y recreó emotivamente esa escena.
Llega el momento de los impactos y la desgarradora escena de abandonar la nave hacia la helada incertidumbre oceánica. Ana Lucía ni siquiera omitió el heroico acto del capitán Bonzo que fue el último en hacerlo, extorsionado por el suboficial Barrionuevo quien temeroso que se quedara con su nave, renunciaba a hacerlo si Bonzo no lo hacía a su vez.
Y llegan las angustiosas horas de la balsa, representada por una de ellas, con los marinos acurrucados en el suelo en torno a su capitán, con todo el escenario a oscuras, como oscuro era el Atlántico y sus líquidas montañas. A todos esa escena nos pareció eterna, sofocante, conmovedora, de hecho escuchaba sollozos provenientes de las butacas cercanas.
El rescate no es menos impactante, en la escena dividida entre quienes llegan y quienes esperan, resulta imposible no lagrimear ante la desazón de los que concurren esperanzados y se ven con las manos vacías para siempre. Solo el abrazo contenedor de quienes pueden respirar por haber recibido con vida a los suyos, les brindará desde ese momento hasta hoy, algo de consuelo.
El final me vuelve a sorprender, es la Oda a la Alegría de la Novena Sinfonía de Beethoven, síntesis del homenaje, de la esperanza en la vida eterna y en la futura reunión de quienes sobrevivieron y quienes no lograron hacerlo, pero que viven como héroes, en la memoria de quienes eligen recordar su gesta.
Saludos finales ( no hay telón), aplauso cerrado, una pocas y emocionadas palabras de Ana Lucía que se reúne con su familia en el escenario y la platea que es un mar de lágrimas, hasta quienes ya conocen la obra, lloran sin parar.
No me queda ni tiempo, ni aire para mucho, pues me concentro en guardar la compostura y soltar mi emoción lejos de allí. Un breve saludo al amigo José Leal con la promesa de reunirnos en San Clemente y una sentida felicitación al grandote correntino, el padre de Ana Lucía quien me despide con unas palabras profundas y verdaderas.
“Lo escuchó de niña de mi boca muchas veces y por sí sola quiso hacer este homenaje, yo me limito a apoyarla, pues si no lo hago yo, ¿Quién habrá de hacerlo?”
Ya somos dos Elvio y espero que sean pronto, muchos más, los 323 que no llegaron a puerto, esperan que lo hagamos.

Enrique Momigliano
San Clemente del Tuyú, 22 de julio de 2017

 

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Published in: on julio 22, 2017 at 7:06 pm  Dejar un comentario  

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