La extraordinaria aventura


JESUS

LA EXTRAORDINARIA AVENTURA

Intentar ser bueno en un mundo errado

Cuando uno profundiza la real motivación que se esconde detrás de conductas riesgosas para la salud y la vida, que van desde el alcoholismo y tabaquismo hasta los deportes extremos, pasando por la adicción al trabajo, al sexo, a las drogas y demás cosas, surge con claridad un factor común.

Y no por sabias deducciones ni rebuscadas teorías, sino por la simple confesión de quienes llevan a cabo tales conductas en su propio perjuicio, el cual suele extenderse a víctimas circundantes.

“Me aburro”, “La vida no tiene sentido”, “La adrenalina es lo único que me hace sentir vivo”, “La sensación que se siente (Lole dixit)” “Si paro me siento morir” “¿Que hago con mi tiempo?” Son las respuestas más frecuentes.

En estos antes sacros días, hoy devenidos en una vorágine consumista, me permito invitarlos a llenar su vida, a darle sentido, a emplearla en una aventura francamente extraordinaria. Es simple, muy simple, de decir, de llevarla a cabo ya me contarán. Intenten ser buenas personas, solo eso, cada día un poco más.

¿Que ya lo son? No les creo, empiecen a mirarse sin contemplaciones y verán cuanto les falta. Porque a todos nos falta y muchísimo.

Para empezar a cuestionarse nada mejor que unas pocas preguntas.

¿Cuándo fue la última vez que visitaron a un enfermo para preguntarle si necesitaba algo?

¿Cuándo fue la última vez que ayudaron a un discapacitado en la calle?

¿Cuándo fue la última vez que acudieron a la casa de un pobre para preguntarle en qué podían paliar su pobreza?

¿Cuándo fue la última vez que ayudaron a un desocupado a conseguir trabajo en su desesperación?

¿Cuándo fue la última vez que le preguntaron a un niño en la calle sucio y pidiendo, qué podían hacer por él?

¿Cuándo fue la última vez que acompañaron a alguien en su duelo?

¿Cuándo fue la última vez que se acercaron a un anciano para preguntárle qué pequeño servicio le podían brindar?

Puedo seguir, pero no hace falta, ya están reflexionando.

Ahora piensen si esos NUNCA mayoritarios por respuesta, no se aplican también a los casos en que el enfermo, el pobre, el desocupado, el discapacitado, el doliente o el anciano forman parte de su círculo de amigos, esos con que en los buenos tiempos solían reír. O quizás hasta de su propia familia.

¿Ven ahora que no somos tan buenos como creemos y pregonamos ser?

Sin embargo, estamos capacitados para serlo. Nuestros abuelos lo eran y cada tanto cuando hay tragedias muy severas, aún lo somos.

¿Qué nos pasó?

Es fácil verlo si uno se baja un rato del tren. El mundo se equivocó y en su equivocación nos arrastró.

El drama comienza con la revolución industrial y se agrava tras la segunda guerra mundial. Acicateado por necesidades materiales angustiantes, incluso el hambre, el mundo puso todo su esfuerzo en producir bienes y se organizó en pos de ese objetivo, el cual logró, muy eficientemente. Pero una vez satisfechas esas necesidades apremiantes, jamás se detuvo. Y ahí nació la publicidad y los medios de comunicación masivos la potenciaron. De necesidades apremiantes reales, evolucionó el mundo a necesidades artificialmente creadas e impuestas con una manipulación brillante de la psiquis humana. Me dirán que ello dio trabajo a mucha gente, es verdad, pero cabe pensar si trabajar tanto le ha hecho bien a tanta gente.

Una sociedad donde debo dejar mi vida trabajando para generar dinero que gastaré en cosas que no necesito en absoluto y que solo las necesito porque me han impuesto un modelo de pertenencia al grupo, suena muy parecido a un sistema esclavista, donde el tirano patrón no es otro que mi yo confundido.

Ese mundo errado en el que vivimos, donde se mata por el control de bienes productores de energía para hacen andar fábricas que producen cosas innecesarias ha llevado trágicamente a la deshumanización de los seres humanos. O mejor dicho, retomando el enunciado del principio, nos ha vuelto menos buenos de lo que pensamos que somos.

Ese ser menos buenos, por no decir malos y perversos del todo, o carentes por completo de solidaridad de especie, no es algo sin importancia e inofensivo. Ha sido absolutamente trágico para nosotros mismos, pues nos ha robado nada menos que la felicidad.

Nuestra esencia espiritual es buena y solo cuando podemos llevarla a la práctica en la vida cotidiana, se logra cosechar aquello que más anhelamos: un bienestar interior.

Si vivimos en ese estado de bienestar es muy difícil que necesitemos arriesgarnos para “sentirnos vivos”, en primer lugar porque tenemos mucho para perder, pero más importante aún es porque ya nos sentiremos bien vivos al ver traducidas en obras concretas nuestro auténtico impulso espiritual.

Es un estado difícil de entender por quien no lo ha vivido nunca, pero sencillo de explicar con un ejemplo. Es un estado en el que un GRACIAS recibido de alguien a quien hemos ayudado, vale mucho más que un CHEQUE, cualquiera sea su monto.

El mundo errado nos ha hecho valorar al dinero por sobre todas las cosas, ya que es el rey de las cosas y como le interesa que dejemos nuestra vida en una competencia feroz con nuestros hermanos, ha creado la ficción que solo, si se llega a la cima, se es feliz. Aplaude asi a quien sube, cualquiera sea la tropelía que haya cometido para ello y desprecia a quien cae, sin importar las razones de su fracaso. Olvida el mundo que somos más de 6 mil millones de seres intentando sobrevivir y nos divide en WINNERS y LOOSERS.

¿En que consiste la deshumanización que el mundo nos pide para entrar al círculo de los ganadores?

Acallar los sentimientos, flexibilizar la moral, adoptar todos los modelos (auto, barrio, calcetines, vacaciones, escort) sin cuestionamiento alguno y ser implacable con los rivales que pugnan por nuestro asiento en el Olimpo. Dureza de corazón, frialdad de mente, cálculo y control omnipresente, desprecio del derrotado, abandono del sufriente. Tanto violarse a uno mismo, tanto alejarse de la vida necesita de un fortísimo estímulo para “sentirse vivo”. Estímulos que teminan en muchos casos acabando con esa vida que se pretendió volver a sentir.

Por eso mi propuesta de reflexión Navideña, si es que se toman un tiempo entre shopping y borrachera es detenerse al principio del camino y saber decir un gran NO a tiempo. A tiempo significa antes que la deshumanización tenga lugar. Y si ya lo tuvo, detenerla y remontar la cuesta para volver a ser humano. Bueno, como en esencia todos lo son.

¿Fácil? ¡Que va a ser fácil!. Empiecen a hacerlo y verán lo dífícil que es. Les aseguro que vale la pena, pero pena habrá en el camino y mucha. Por eso se trata de una aventura, ya que es para valientes, para solitarios, para quienes no teman pasar por locos e incomprendidos, para quienes no sufran cuando confundan su bondad con bondudez, para quienes desprecien el desprecio, para quienes se rían del abuso, para quienes sepan sortear las trampas que les habrán de poner. Y sin no son nada de eso, deberán estar dispuestos a aprender a serlo.

El fácil es el otro camino. Con acoplarse al rebaño y adormecer la conciencia alcanza. “Total, es lo que hacen todos, ¿como diablos va a estar mal?” “Dejame, no me hagas pensar, las tuyas son idioteces que conspiran contra el éxito que busco” “La injusticia reina, porque justo yo debo ser justo” “Nadie juega según las reglas, que empiecen los otros a respetarlas y entonces las respetaré yo”. ¿Nunca lo escucharon? ¿Nunca lo dijeron?. En este camino tendrán un millón de amigos, los invitarán a dar charlas, todos querrán aprender el camino a la cima y soslayarán sus pequeños defectos morales aunque sean visibles. Este camino paga, el otro, el difícil, salva y conduce nada menos que a la tranquilidad, la paz interior, la propia humanidad y a una inesperada y creciente felicidad.

¿Negociar? ¿Un poco de uno y otro tanto del otro?. Se puede y se debe, mientras auténticas necesidades estén presentes. Pero cuando ellas estén dignamente satisfechas, de a poco, tampoco hay que ser tan drásticos porque ello suele conllevar el fracaso y el desaliento, habría que ir sustituyendo unas conductas por otras, teniendo por termómetro o vara de juicio, tan solo la propia conciencia.

No hay un tribunal más allá que espera para juzgarnos, ni probablemente sea San Pedro el que nos niegue la llave. Somos siempre nosotros mismos, quienes nos alejamos del paraiso, terrenal o celestial, como quieran. También somos nosotros mismos, quienes podemos recuperarlo.

A todos los que me leyeron hasta aquí, no puedo menos que agradecer el año compartido y desearles una muy Feliz Navidad, que significa nacimiento y que espero de corazón alumbre en ustedes el camino de vuelta a vuestra propia humanidad. Yo sigo en el mío y les aseguro que es fascinante, cuando quieran lo conversamos.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 24 de diciembre de 2015

Los villancicos tienen ese que se yo, ¿viste?, apagás la televisión, te sentás en el sillón frente al arbolito, desde un rincón te mira el pesebre y de repente la ves a tu madre sosteniendo una caja con globos de colores, a tu abuela acomodándolos en las ramas y a tu padre a quien crees entregando tu carta a Papá Noel, corriendo por los pisos de Gath & Chavez comprando juguetes. Ojalá les suceda.

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Published in: on diciembre 24, 2015 at 12:08 am  Comments (2)  

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2 comentariosDeja un comentario

  1. ¡ A M E N Y A M É N !

    ale

  2. De mucha elevacion es este mensaje y me gusta la mencion de la famosa tienda pues m i padre trabajo 38 años en ella.Como se


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