Hilvanando sueños en Chilibroste


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HILVANANDO SUEÑOS EN CHILIBROSTE

El libro me llamó, como tantas veces me ha sucedido. Terminaba febrero y nuestra reunión de comisión directiva de la Asociación Responde (http://responde.org.ar/sitio/), una ONG de la que participo hace más de una década y que se ocupa de los pequeños pueblos del interior, en riesgo de desaparición.
Levanté la vista hacia la biblioteca y una hermosa foto de tapa, nada menos que de una prolija estación de tren cobijaba un libro de Editora del Carmen, cuyo título era Taller Literario de Chilibroste HILVANANDO SUEÑOS.
Lo di vuelta en mis manos y una foto color de sus once autores me introdujo en el acertijo, aún no resuelto del todo, de unir las imágenes con los escritos. Agustín Bastanchuri, nuestro director ejecutivo me identificó a uno de ellos como Gastón Notthebon, simplemente por ser quien le acercó el libro a nuestra sede.
Chilibroste es un pueblo del sur cordobés, ubicado sobre la ruta provincial 2 a unos 40 km al norte de la autovía 9 y a unos 70 km al este de Villa María, cuenta con 576 habitantes según el censo de 2010.
Hace años cuando decidí cambiar de vida, se abrieron ante mi distintos caminos y como he hecho en cada nuevo ciclo que me atreví a empezar, decidí explorarlos en simultáneo a todos ellos y dejarlos que fueran quienes dibujasen a su antojo mi ruta. Al principio sonaron un tanto incompatibles, de un año a esta parte se comenzaron a mezclar, a tomar sentido, a hacer evidente la razón de su convivencia. Ayer tesorero de la ONG y hoy revisor de cuentas, este libro en mis manos me estaba diciendo que esa labor contable iba a ser cruzada por mi vocación literaria, que vengo desarrollando ininterrumpidamente desde el 2006 en la web y desde el 2009 en el café literario de la Biblioteca Popular Alberdi del porteño barrio de Villa Crespo.
“Me lo llevo Agustín, lo quiero leer, lo traigo en la próxima” dije sin dudar. Agustín satisfecho, solo atinó a sonreír, sabía en su interior que ese inesperado cruce no haría más que fortalecer mi lazo con Responde.
Detesto profundamente leer más de un libro a la vez y siempre, por distintas razones, termino leyendo ocho al unísono. Esta vez no pude, dejé los otros siete y devoré al libro del taller. En nuestro café literario llevamos dos antologías publicadas y aún no olvido la emoción que me produjo la presentación de la primera de ellas (https://sociedadpoetica.wordpress.com/2013/04/21/fiestaaaa/).
Las distancias y mis ocupaciones me mantuvieron alejado de la labor concreta en los pueblos que lleva a cabo Responde, así como del impacto en los grupos humanos sobre los que actúa. Esta era la oportunidad de verlo y en un grupo que hace lo que más amo: escribir.
Asimismo, me crié en Temperley que hoy es toda una ciudad, pero que 58 años atrás era un pueblo de calles de tierra, algunas pocas empedradas, construido alrededor de una estación de tren. Mi fantasía infantil solía volar seguido por los andenes, despertarse con las campanas y maravillarse ante esa bestia negra a vapor que frenaba y arrancaba resoplando y llenado el aire de nubes blancas.
Muchos años después, esas cosas del amor, me llevaron a otro pueblo provinciano, Capitán Sarmiento, cuyo centro también ocupaba una estación de tren y no hace falta decir que era mi lugar favorito de caminatas a solas o en compañía.
Definitivamente, las estaciones tienen magia y no la han perdido porque el tren no venga. Ellas de algun modo lo siguen esperando y si uno se sienta en sus bancos, parece que en cualquier momento volarán las hojas con el paso del rápido o saldrá a su encuentro el jefe – todo un personaje de uniforme- para avisar que existe algún retraso.
Por suerte no hubo topadoras que las demoliesen todavía. Y uno las puede ver reconvertidas. En Temperley el tren siguió llegando, en Capitán Sarmiento es casa de cultura con un bello museo y vengo de asistir al museo del veterano que en San Andrés de Giles, ocupa, en otro cruce de caminos vitales, la estación del tren que se levantó.
Si a ello sumamos que la ONG en que actúo, con el auspicio económico de Lan Argentina, pudo desarrollar su proyecto ALAS sobre una vieja estación, rebautizada como Estación de Cultura (http://responde.org.ar/sitio/index.php/component/content/article/38-cordoba/128-chilibroste) y en ella se instaló nada menos que un taller literario, son demasiadas cosas mías juntas como para permanecer indifirente o conformarse con exclamar “¡vaya coincidencia!”.
Con el espíritu alerta, me puse a leer. Y me seguí encontrando. Muchos son de mi generación y escribimos sobre las mismas cosas, algunos nacieron en Chilibroste, otros no. Como toda antología tiene la indudable riqueza de la diversidad, incluso sobre las mismas consignas, algunos hicieron versos, otros relatos. Detrás de todos, la sabia mano de la maestra Mercedes Morlachetti, cuyos propios escritos acompañan a los de sus alumnos y tal como hago en la biblioteca recibe en su visita mensual “amor todo el tiempo” que más que justifica el trayecto desde su Monte Buey de residencia.
Durante la semana que me llevó su lectura, me sentí uno de ellos, sentado sonriente en las sillas de la foto de la contratapa, bajo el abrigo de la vieja estación.
Y así volé de la mano de Silvia Boloquy que me hizo conocer a su monja de clausura por mandato, tanto como coincidir en la permanencia del amor en otoño y buscar como pedía Rilke inspiración en la inagotable fuente de recuerdos de la infancia. Busqué el mar, como hago siempre que me embarco, con Gustavo Broda, reconocí con él que el amor verdadero está en las pequeñas cosas, aún y sobre todo, en los aromas de la granja, lloré por sus cuerdas rotas y si bien el mío no es una acacia negra sino un muelle, reviví mi lugar de espera.
Con Luisa Caffer, de Cintra, pueblo vecino me asusté con su caburé de canto nocturno, recreé mis propios límites borrosos al despertar, ensalcé a ese vigía del atardecer que es el lucero, chequeé los síntomas del amor del alguna vez y despedí a su lado al lustrabotas del pueblo que tal como los callejeros es de todos y de nadie y siempre se va en silencio y soledad.
Sigue Angela Fioretti, también de Cintra, que nacía cuando yo me graduaba y que con sus letras me hizo rodar por las dos caras del amor, la amable y la dolorosa. El imposible olvido, la cruz del recuerdo, los golpes amigos que muestran la verdad, los éxtasis volantes y los vientos necesarios para velas y alas del amar. Amé por supuesto el triste desencuentro del amor incondicional entre madre e hijo que a veces la vida se empeña en separar. Pero como soy poeta me rindo ante su beso en diciembre, porque confieso que los hay eternos.
En las letras de Silvina Le Roux navego por afectos distintos, la estación que renovada la espera, los atributos del amigo-abrigo, un reclamo gremial de las herramientas a que muchas veces nosotros somos reducidos, a su hijas y a ese ser mágico en la infancia que es como una madre más buena aún si es que se puede, que da todo y nada pide, por cierto: la abuela. El mismo Roberto Juarroz, poeta temperliano, vive en su Amor clandestino, ya que me recuerda sus versos que decían que los tiempos del amor no coinciden con los tiempos de la vida y su lustrabotas pintor me hace pensar en cuantos hay que llamamos sin saber quien son, porque no nos tomamos el trabajo de conocerlos.
Otro local, Miguel Angel Marmol inaugura el uso de la ciencia ficción y se va tan lejos como al planeta Zarao para contarnos algo tan cercano como el desamor del poder y el poder del amor. Asi en su único cuento desarrolla su propio Buda que tal como hicimos y hacen con nosotros nuestros hijos, busca su crecimiento oponiéndose a la cultura del padre, quien por supuesto no lo entiende.
Los recuerdos de Mercedes Mateucci, me envuelven en el aroma del hogar de inmigrantes, el mío propio. Su amanecer marino dador de paz evoca mi actual refugio sanclementino y Alfredo, su lustrabotas tan humano me pinta una comunidad agradecida. Los pasados que siempre nos condenan acechan a su bella mujer y los encuentros redentores, de los que puedo dar probada fe, viven en su afortunada experiencia. Pero es su legendario amigo el que me conmueve y me transporta a los versos de ese extraordinario poeta puntano Antonio Esteban Agüero y su Cantata del abuelo algarrobo. (http://www.folkloretradiciones.com.ar/literatura/Cantata_del_abuelo_Algarrobo.pdf)
Ivana Matulich, la más joven del grupo, misionera y residente de Cintra no para de sorprenderme. He escrito tanto de la tristeza que no puedo dejar de reconocerme en su descripción del desconcierto y parálisis que causa. También he escrito mucho sobre la impotencia del amor que cuando él quiere, nada podemos ante lo que ella nombra como fuego y en mi caso como huracán. No se si estuvo en Japón, yo si. Pero es ella quien me trae recuerdos de su otoño y sus cerezos, los mismos que en Kyoto y Osaka deslumbraron mis ojos. Se fascina ante la perfección de la flor, me tranquiliza sabiendo que la juventud aun es rebelde frente a los manejos electorales pero termina de desarmarme cuando recuerda a los caídos en Malvinas.
Llega el turno de la profesora, dicho a propósito, seguro que detesta tanto como yo que así la nombren, Mercedes Morlachetti. Y ella es todo poesía, la poetisa como se declara en verso. De las dulces, tanto como sus bombones y sus otoños encendidos o su aventurero pasional sin rumbo. Me embelesan sus paradojas, el encuentro prohibido en el lugar sagrado que trae la duda sobre los límites de ambos conceptos. La necesidad del amor, como viento bajo las alas, como musa de la pluma, que si ausente en un llamado que no llega solo atina “adverbios falsos”. Y el homenaje al obrero “condenado a pobre” que es a la vez una súplica para que evite el abandono y siga buscando la luz.
Llego al ángel que trajo el libro, Gastón Notthebon, el único al que le conozco la cara. Y reconozco a un hermano, le importan las mismas cosas, se hace las mismas preguntas, valora mis mismos hitos. La puerta del café literario me lleva a mi propio café, a los que van y vienen, a los que vienen poco, a los que se fueron, esa puerta que justamente por ello hay que dejar abierta para que el tren de la lectura-escritura no se detenga y nos contenga a todos. Su mirar del cielo, la inasibilidad de todo que contaba nada menos que Poe en su sueño dentro del sueño (http://www.ciudadseva.com/textos/poesia/ing/poe/un_sueno.htm), la reflexión al ocaso, el valor inagotable del dar, que no se cansaba de repetir mi abuela piemontesa sin haber leido más que su devocionario, sin duda me expresan acabadamente. Tanto como su revalorización de la duda, esa que nos empuja a salir en búsqueda de la verdad para hacernos topar con un misterio cada vez más grande que solo se devela en parte cuando son nuestros ojos los que mejoran. Misterio inexplicable cual laberinto a nuestros propios hijos, ya que son ellos los que deberán hacer su propia búsqueda.
Hoy llegué al final, de la mano del local Adolfo Peppino y di con un poeta que escribe en prosa. Sus párrafos cantan y sus frases pintan, tienen notas y colores. Mojé mis pies en el arroyo para ser el amigo que lo acompañase a tallar la palabra amistad en la piedra, reconocí a tanto lustrabotas porteño en su pícaro personaje, sabedor que la viveza es el pan en la calle y fui caminante nocturno y hablé como él tantas veces a mi sombra, aun cuando ninguna luciérnaga me iluminase. Me perdí en ese mágico juego de luces entre dorados y horneros que me trajo la fascinante lucha que entabla contra el anzuelo. Reconocí que solo un poeta de alma pueden ver una planta dormida y me emocioné profundamente con su ángel terrestre pues sin que lo sepa, describió a mi madre.

Mañana lo veo a Agustín y devolveré el libro a su estante. Quinientos y tantos kilómetros ya no me separan de Chilibroste, al contrario ahora me unen y será para siempre.

Enrique Momigliano
Buenos Aires, 10 de marzo de 2015

La Estación es de todos

La Estación llora

La Estacion vibra

La Estación se estremece.

Ya salió el sol nuevamente,
la Estación es de todos

¿Cuántos años pasaron?
¿Cuántos trenes pasaron?

Sin que sea considerada.

al fin sirve para todos
y para esto fue creada.
_
Gastón Notthebon

link a la estación de cultura de Chilibroste

http://estaciondecultura.blogspot.com.ar/search?updated-max=2010-12-20T11:49:00-03:00&max-results=20

Amigos, necesito llamarlos así, los abrazo a la distancia con esta canción que acompañó mis años juveniles y jamás pude olvidar. Hasta pronto, gracias miles por el regalo de sus letras.

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Published in: on marzo 10, 2015 at 8:12 pm  Comments (1)  

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  1. Fantástico!… Donde haya un ser humano habrá arte!


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