INFIERNO


las puertas del infierno

 

INFIERNO

Sin excusas quedó el poeta,

y se lo vio marchar decidido,

tras cruel destino que decreta,

encontrar al infierno temido.

Se fue sin despedida alguna,

por traje un silencio profundo,

de noche en el claro de luna,

en playa que limita al mundo.

Tras largo y azaroso viaje,

a la puerta del averno llega,

perdidos ropa y equipaje,

sorbe el llanto que lo anega,

“Deja tus letras allí afuera”

le dice Luzbel en un bramido,

“Tira esperanzas y quimeras,

olvida a quien más has querido”.

“Poeta completa el despojo,

aquí eres nadie y la nada ,

solo esclavo de mi antojo,

muerto si un día me enfadas”.

A punto de entrar al averno,

una voz a su espalda sorprende,

tan dulce y de tono tan tierno,

que su trémula alma comprende.

Es ella, terca alma gemela.

“No entres, por buen Dios te lo pido”

éste tan loco viaje cancela,

y si viajas que sea conmigo”

Necesitó de  su fuerza toda,

aceptó valeroso la pena,

de su gemela al alma poda,

e hizo más total su condena

Así vio al faro apagarse,

oscuro el sol del mediodía,

al amor por siempre alejarse,

ida eterna la alegría.

“Donde voy  no puedes tu seguirme,

es  historia que cargo conmigo,

quédate, ya es hora de irme

este infierno es solo mío.”

Entró el poeta al infierno,

desgarrado, frío y doliente,

a ganar de Luzbel el gobierno,

del ayer que rige su presente.

Ella quedó sola en la puerta,

Ella es una pena viviente,

Ella teme perder su poeta,

Pero ella gritó: “Hasta siempre”.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 9 de diciembre de 2014

Hay infiernos tan propios que se debe entrar de a uno. Se sale, toda la vida uno desciende a los infiernos propios y siempre de una u otra manera se sale. La única forma de no salir es nunca entrar. En ese caso las llamas desatendidas crecen descontroladas y con el tiempo lo único que aumenta es el miedo a enfrentarlo. Ahí es cuando el gobierno lo tiene el infierno y desde ese pasado temido, rige todo el presente y también, aunque cueste creerlo, dibuja el futuro. Hay momentos del camino donde se torna imprescindible chamuscarse las asentaderas pero cruzar la puerta solo y sin excusas, de una vez por todas. Después llegará el reencuentro, con uno siendo otro, aunque las balalaikas de esta maravillosa orquesta folclórica rusa de Tartaristán recuerden que el desencuentro también es una posibilidad, como les sucedió a los desafortunados Zhivago y Lara.

 

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Published in: on diciembre 9, 2014 at 2:41 am  Comments (1)  

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One CommentDeja un comentario

  1. Enrique
    Es sublime.Creo que en todos los tiempos el Arte ruso fué y es maravilloso.,en cada disciplina.En cuanto al contenido de tu sensación de los INFIERNOS, a cada uno le quemaron sus lenguas de fuego.Vos lo volcás en Poesia. Abrazos
    Marcelina


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