LATIDOS


Ecografía

LATIDOS

el puente inesperado

 

Gabriel se sentía acorralado por el stress. Luego de múltiples encontronazos, tanto en su carrera como en su vida personal había, en un impulso, decidido casarse nuevamente.

¿Por qué alguien tan racional como él, en las cosas más importantes de la vida, en especial las que tenían que ver con los afectos, solo sabía actuar por arrebatos?

Era bien consciente que estaba vivo de pura casualidad. Su estilo agresivo de vivir siempre al límite, le había jugado innúmeras malas pasadas, desde accidentes automovilísticos, hasta riñas callejeras, pasando por infinitas descomposturas y hechos tan infrecuentes como amenazas de muerte de sus enemigos políticos.

Le parecía que sin arriesgarse la vida era un insoportable hastío, hecho que lo empujaba casi compulsivamente a vivir buscando los bordes, las fronteras, los límites. Y éstos solían manifestarse de modo muy poco amable.

Hace apenas unos meses había tocado fondo. Solo la voz prudente de su psiquiatra en el teléfono, había postergado el suicidio con el que venía coqueteando.

Y ahora, casado de nuevo. ¿Para qué? Si siempre había denostado al matrimonio, considerándolo la tumba del amor, el nido de la discordia y la muerte de la libertad.

¿Lo habría hecho para suicidarse en cómodas cuotas, por no tener el valor de hacerlo al contado?

Nervioso como siempre, miró su agenda y leyó: “15 hs. Sanatorio, segundo piso, Ginecología”.

“¡Maldición, me olvidé!”, exclamó golpeándose la frente.

Salió como tromba de la oficina y llegó en estado calamitoso, tras correr a un taxi y subir volando las escaleras, al destino prefijado.

Sudoroso, jadeante, con la corbata corrida y despeinado, casi le gritó a la secretaria del médico.

“¡Beatriz Gómez! ¿Dónde está? Es mi esposa”.

“Se cansó de esperarlo Señor, ya está en el consultorio con el doctor” le respondió la niña.

Tratando de calmarse, irrumpió en el consultorio, le dio un beso a su esposa con cara de culpa y musitó un “¡Perdón!”.

Ella lo miró con calma, mientras el médico sacudió ligeramente la cabeza al tiempo que movía el ecógrafo por el abdomen de Beatriz y un pequeño muy pequeño, unido a un cordón, danzaba en una pantalla cercana de blanco y negro.

“Mirá quien anda por ahí”, dijo ella.

Incrédulo, el alma de Gabriel dio un vuelco, se quedó sin palabras.

El doctor movió la perilla del audio y unos rápidos latidos resonaron por el consultorio. Movió el ecógrafo y los latidos sonaron más fuerte aún.

Gabriel seguía mudo, los ojos fijos en la pantalla. Comenzó a lagrimear. Las lágrimas dieron paso al llanto y una mezcla incomprensible de risa nerviosa y sollozos en catarata, sacudió por un buen rato a toda su humanidad.

Ese pequeño danzante cuyo corazón retumbaba en el vientre de su esposa, su primer hijo, se le apareció sin aviso, un día cualquiera de su vertiginosa vida.

Y Gabriel lloraba y reía, reía y lloraba porque en él podía ver con total claridad al puente que había estado esperando y buscando por más de tres décadas. Un puente firme y sólido que lo rescatase de las garras de la muerte que lo cercaba y le enseñase de una vez por todas, el verdadero sentido y valor de la vida.

Enrique Momigliano

San Clemente del Tuyú, 27 de agosto de 2014

Durante las dos semanas que pasé enclaustrado en mi refugio marino para poder dar forma al libro de ASOCIACION CHICHOS, me permití algunos lujos, que me sirvieron para paliar mínimamente el torbellino emocional que la escritura me produjo. Entre ellos asistí a dos reuniones del taller literario EL PRINCIPITO. En la segunda tenía que dar una breve charla sobre William Shakespeare y el amor, por lo cual concurrí pensando más en ello que en la tarea que Susana Consolino nos iba a encomendar. Cuando mencionó que la consigna era EL PUENTE, sonreí. No había tema más conocido para mí. En este mismo blog hay un escrito muy leído que se titula precisamente así (https://sociedadpoetica.wordpress.com/2009/10/09/las-dos-orillas-y-el-puente-una-metafora-actual/) y me la paso hablando de los puentes que nos faltan hacia el otro y que nos debemos para poder constituirnos como una auténtica sociedad. Tarea sencilla a priori, podía seguir pensando en mi charla mientras escribía algo para cumplir.

Empero, al enfrentar el cuaderno en blanco, me atrapó la historia que antecede y pese a mi resistencia, fundada en que no quería agregar emoción a mi inquietud, sumado al hecho que venía sobrepasado de ellas, cedí a su encanto. Los escritores solemos escribir casi siempre acerca de lo vivido, aunque solemos adornarlo de fantasía, exagerar algunos aspectos, mentir en otros, soslayar los que nos incomodan, alterar los personajes, todo como parte de un juego que nos estimula y adoramos. Probablemente el que antecede sea el único cuento al que le cambié los nombres, simplemente para cambiar algo.

Vaya pues como homenaje a todas las madres en su día, en la esperanza que comprendan, que la maternidad es y será el mayor regalo que pueden llegar a hacerle a un hombre. No hay forma encantadora, natural o artificial, no hay moda provocante, no hay desempeño sexual, no hay canto de sirena, ni hay fantasía literaria capaz de volcar el fiel de la balanza, cuando en el otro platillo hay uno o varios niños en pañales.

Ah!, por cierto, escribí llorando, leí atragantado y después la charla de Shakespeare, salió razonablemente bien. Un lujo sí, pero no fue ningún descanso emocional antes de volver a sumergirme en las historias de los chichos.

Anuncios
Published in: on octubre 19, 2014 at 12:26 pm  Comments (1)  

The URI to TrackBack this entry is: https://sociedadpoetica.wordpress.com/2014/10/19/latidos/trackback/

RSS feed for comments on this post.

One CommentDeja un comentario

  1. Gracias Enrique por tanto sentir y volcarlo.Mi cariño.Marcelina


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: