ANOCHECE


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ANOCHECE

de las sorpresas poéticas

Colonia del Sacramento, en la ribera uruguaya del río más ancho del mundo, es probablemente uno de los escasos refugios románticos apto para amantes y poetas, que sobrevive al impiadoso y horrible avance mercantilista inmobiliario. Su declaración como Patrimonio Cultural de la Humanidad por parte de la UNESCO en 1995, unido al celo de los uruguayos por la preservación de su historia, nos regala la posibilidad de viajar al pasado con una simple hora de ferry.

Huelga decir que cada tanto, en días de semana y especialmente cuando el tipo de cambio en nada favorece la avalancha compradora de mis compatriotas, suelo hacerme una escapada, en absoluta soledad. Pocas cosas reconfortan más a mi espíritu que perderme en interminables caminatas por el casco histórico y su rambla, recogerme a meditar en su antiquísima iglesia y contemplar como la luz, siempre cambiante, forma dibujos y sombras nuevas en las paredes portadoras de siglos.

Nunca falta un perro callejero que se una a mi ruta y pese a haberla fotografiado mil veces, siempre descubro algún ángulo nuevo y fascinante.

Cuando mis heridas rodillas dicen basta, tengo desde hace tiempo mi sitio favorito de descanso: el bar EL TORREON, en la esquina de la Avenida Flores y la costanera. En su ochava, una mesa con vista al río, es el lugar elegido para abrir mi cuaderno y dejar a mi bolígrafo que ejercite su libertad de expresar mi alma.

Generalmente mi cansancio coincide con la más bella hora, la del ocaso sobre el agua, hecho que compone una escena ideal para todo buscador de verdades y bellezas.

A diferencia de otros viajes, más similares a huidas o exilios de situaciones conflictivas e hirientes de imposible solución, mi escapada de esta semana había sido cuidadosamente programada para coincidir con un día de clima apacible y se habían confabulados numerosas circunstancias para que mi ánimo fuese el mejor. Espero así destruir el mito que los escritores somos necesariamente en todo momento, gente torturada por temibles demonios interiores. A veces, estamos bien y también a veces, como en esa tarde de martes, directamente exultantes.

Como también andaba hambriento, pedí el café con leche y tostado más caros de la historia y me dediqué a tomar fotografías del ocaso. Más calmado y con la vista fija en la oscuridad que se cernía sobre el río en calma, escribí la poesía que está más abajo.

Ella fue saliendo al correr de la pluma, no tenía una idea clara de qué expresar ni adonde llegar. A poco de andar – ello se nota en la caligrafía del original-  mi calma se transformó en inquietud y mis versos en preguntas. Me había metido en terreno profundo y seguía preguntándome cosas sin respuesta. La poesía, el ocaso y el silencio, me habían conducido al misterio y no sabía como salir ni cerrar el escrito. Harto de intentarlo en vano, pagué y me fui.

Una hora después, esperando zarpar, me llegaron con mucha calma las dos últimas estrofas, reveladoras por otra parte del origen del tema abarcado.  Es por ello que vuelvo a afirmar la importancia de conectarse con el yo profundo, llámenlo inconsciente si quieren, de un modo regular. Escribir es un camino, ciertamente no el único.

Al contemplar el ocaso recordé el relato de un astronauta sobre su primera impresión acerca del espacio exterior. Dijo que era de una negrura muy profunda, casi inimaginable y que verse inmerso en ella era de las cosas más conmovedoras y aterradoras que había experimentado. En efecto, el día, el espacio de horas en que vivimos, no es más que una ilusión óptica. Son los rayos del sol, que atrapados por los gases de la atmósfera,  dibujan un cielo celeste que no existe. En el espacio exterior, es noche siempre. Y nosotros de noche dormimos. Creemos en el día que no es e ignoramos a la noche que es.

La poesía que surgió nada tenía que ver con mi estado de ánimo presente, tenía en cambio su raíz en algún rincón profundo de mi alma, zaherido por mis semanas de estudio y mis charlas en el café literario sobre La Vida es Sueño de Calderón de la Barca, unido al interesante debate que siguió a las mismas. Sabemos poco, casi nada, como decía Sócrates y ser viajeros de esa ignorancia, habitantes de ese misterio es bastante difícil de sobrellevar. Será por ello que la gran mayoría del género humano elige la vida inconsciente, plena de distracciones y aturdimientos, llena de adicciones y fatigas. Para no escuchar a los poetas o para decirlo mejor, para no escucharse a si mismos, a su alma profunda, que vive reclamándole que de una vez por todas, salga en busca de la verdad……aunque no la alcance nunca.

Los dejo con la poesía que me sorprendió y a solas con vuestra elección de ruta.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 31 de mayo de 2014

ANOCHECE

Anochece en mi alma,

mientras lo hace en Colonia,

el río se fuga en calma,

tal como fuga mi memoria.

Hace no tanto amanecía,

y la esperanza acompañaba,

al río a un nuevo día,

y a mis días que despertaban.

Pocas horas fue el día,

apenas un rato mi vida,

temiendo noche que volvía,

como muerte no vencida.

Si la noche es verdadera,

y solo ilusión el día,

¿Será sueño lo que viviera,

y la verdad la muerte mía?

¿Será engaño toda pasión,

y mentira la alegría?

¿Alguna secreta lección

nos aguarda todavía?

¿Fantasía será el amor,

y toda lucha vanidad?

¿Trampa pura será el dolor,

y falsa toda tempestad?

¿Seremos solo actores

que a nosotros nos mentimos,

luchas, amores y dolores,

por creer lo que fingimos?

Y si todo nada fuera,

¿Asido a qué viviríamos?

¿Qué nuestro andar moviera?

¿Qué papel jugaríamos?

Quizás nos necesitamos,

ilusión, mentira y falsedad,

y a ellas nos aferramos,

por terror de la verdad.

Que es cierto lo oscuro,

que lo nuestro es pasar,

que no hay camino seguro,

que todo debe acabar.

En Colonia la noche reina,

cielo y río ocultos están,

en mi alma duda gobierna,

los sueños muertos ¿adónde van?

Enrique Momigliano

Colonia del Sacramento, 27 de mayo de 2014

 

Hace mucho tiempo Dante escribió NOTTE ETTERNA (noche eterna) con dos t.  Hace poco la hermosa y talentosa Emma Shapplin, soprano francesa le cantó tan bien, que lo hizo con dos t.

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Published in: on mayo 31, 2014 at 12:31 pm  Comments (1)  

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One CommentDeja un comentario

  1. Como me gustaría hacer un “buen” comentario. No puedo.
    Leo tu poesía, la vuelvo a leer y me paraliza, pero extraña sensación que ala vez me moviliza.
    Desde el umbral del espacio oscuro.
    Alejandro


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