PAREDON Y DESPUES


paredon

PAREDON Y DESPUES

“¿Qué es la vida? Una ilusión,

 una sombra, una ficción,

 y el mayor bien es pequeño:

 que toda la vida es sueño,

 y los sueños, sueños son.”

Monólogo de Segismundo.

La vida es sueño. Acto 1. Calderón de la Barca .Siglo XVII

Ego había nacido hermosa e inteligente. Contaba además con un preciado don que le iba a abrir no pocas puertas en su vida, llevaba como estandarte la alegría. Todo unido a una amabilidad, don de gentes y educación que tornaba irresistible cualquier pedido que formulase, en especial si el destinatario era un varón. Ella era consciente de sus condiciones y que ellas, todas juntas, eran un arma mortal capaz de conseguirle la cima del mundo.

Empero, en esa mezcla extraña que todos somos, sus cualidades habían sido sazonadas con dos virtudes bastante raras en su género. Un inquebrantable sentido ético y una férrea e indoblegable voluntad. A diferencia de sus congéneres, expertas en psicopatías, engaños, ardides, trampas, intrigas y seducciones interesadas, ella siempre planteaba con altura un combate digno y frontal, negándose a subir un solo peldaño si no era merecidamente ganado en justa lid.

Cualquier observador de nuestra protagonista no hubiese dudado un solo instante en aseverar que se estaba en presencia de una auténtica amazona, si no fuera porque la época actual no se caracteriza por su abundancia.

Ego sentía desde los más tiernos años, como todos en esta tierra, aunque un poco más exacerbado, un tenaz deseo de felicidad, entendiendo por tal una amalgama de cosas materiales y sensaciones espirituales indefinibles, pero reconocibles al alcanzarla.

Llevaba nuestra heroína más de cinco décadas de buscar su meta por un camino que no le había sido del todo llano. Un padre abandónico y demandante, una muerte ladrona de su más grande amor encontrado en situación compleja, un deber de crianza de una hija en soledad, más de una pareja rotundamente fracasada y trabajo, trabajo, trabajo a granel constituyen una pintura a mano alzada de su camino hasta aquí.

Estaba en el tiempo de la cosecha y sin embargo seguía peleando. Tan acostumbrada a luchar contra todos y contra todo estaba que se resistía a abandonar las armas. Un solo impulso la guiaba: aun no era feliz, al menos como ella se imaginaba que ser feliz era.

Nevaba en la localidad sureña que habitaba y la oscuridad todo envolvía. Ego, agotada y frustrada se fue a dormir temprano. Esa noche soñó.

Se vio vestida de amazona, gallardamente montada sobre un corcel blanco espléndido, lanza en mano, librando batalla tras batalla. Tras obtener una nueva y rotunda victoria y mientras se abría camino raudo por un bosque enmarañado, se topó de pronto con un alto y grueso paredón. En él lucía un gran cartel que decía en letras góticas: “La felicidad que busca, que es la felicidad tal como Usted la imagina, está en la tierra que se extiende tras este paredón”

Buscó rodearlo y no pudo, el paredón parecía no tener fin en ninguna dirección. Intentó saltarlo y tampoco pudo. Treparlo le fue imposible. Derribarlo era impensable. Se sintió en el sueño tan frustrada e impotente como en su vida real.

Agotada y lastimada, refunfuñando y quejándose, tomó asiento en una roca cercana. Desde atrás de un árbol un joven, mezcla de Robin y paje de alguna corte, se acercó silbando.

“Ehh, tú” gritó Ego “ ¿me puedes ayudar a cruzar este muro?”.

“Ni loco” dijo el joven “además no es mi misión”.

“Gracias idiota” respondió ella “¿y puede saberse cual diablos es tu misión?”

“Contar” dijo el joven “soy contador”.

“Que curioso, yo también” dijo Ego “pero nada de eso sirve para saltar el paredón”

“Yo no soy un contador como tú, yo cuento cosas, cosas que me dicen los que viven en la tierra de DESPUES y que le pueden servir a los que están de este lado del PAREDON”

“¡Ajá!” los ojos de Ego chispearon “fíjate entonces si alguien de esa tierra tiene algo para decirme que me sirva para cruzar”

El joven cerró los ojos, meditó un buen rato y tras un ligero sobresalto, exclamó: “¡¡¡Si!!!, hay alguien que te quiere ayudar”.

“¡Que suerte! ¿Y puedes decirme quien es?” preguntó intrigada Ego.

“¿Quien va a ser? ¿No ha leído acaso la Divina Comedia? Cuando uno se pierde, siempre aparece un poeta para guiarlo” respondió algo molesto el joven.

“Con que un poeta y ¿cómo se llama mi poeta?”

“Puck, el de Kipling o el de Shakespeare, da igual”

“¿Y como es?”

“Algo de sobrepeso, barba candado, ojos verdes, corona de laureles, túnica blanca, piano eléctrico, botella de champagne frappé, en un prado verde y rodeado de ninfas que le cantan loas” describió cómplice el contador.

“A ese lo conozco” gritó Ego “ma que Puck ni Puck, es……..”

“Shhhh, no reveles su personalidad secreta, el nombre que tu conoces es el que usó la última vez que estuvo por aquí” reprendió el joven.

“Bueno, sea quien fuere, no la pasa nada mal en la tierra de DESPUES. Es más, si Puck es quien creo que es, está haciendo todo lo que le gusta” rezongó Ego.

“Efectivamente, es feliz” aseveró el contador.

“Y porque él si y yo no” lloró Ego amargamente.

“Fácil, porque tu estás de este lado del paredón y Puck está de aquel”

Ego alzó la lanza, presta a darse muerte.

“¡Está loca!” gritó el joven, deteniéndola.

“Si la felicidad está del otro lado y la única forma de cruzar es morir, me mato y llego a ella” dijo, con toda lógica Ego.

“Si te matas, vas a seguir estando aquí hasta que tu hora de cruzar llegue, solo que sin cuerpo te va a ser mucho más difícil soportar el clima de este lado del paredón. Te aconsejo que escuches lo que Puck tiene para decirte”, sostuvo firmemente el joven.

Y así poco a poco Puck le fue contando a Ego, con la inestimable colaboración del contador, todo aquello que se le había hecho evidente después que, por razones de fuerza mayor, habían interrumpido sus aleccionadores cafés compartidos.

Refirió Puck que el paredón que separaba la tierra del AHORA de la tierra del DESPUES, era absolutamente infranqueable por propia voluntad, en cualquiera de los sentidos. También contó que era absolutamente lógico el anhelo que Ego sentía por la felicidad, porque ese había sido el estado en que hacía muchas vidas atrás, había sido creada. Empero esa felicidad, tal como ella la concebía, era inalcanzable en la tierra del AHORA, debido a que en dicha tierra regía una ley llamada de reparación y aprendizaje, del tipo de las que rigen las cárceles y las escuelas, lugares donde la felicidad es claramente una utopía.

Siguió relatando Puck que en la tierra del AHORA, los momentos felices que se tienen en un tiempo marcado por el dolor y la lucha, son producto de los sueños, las distracciones y la ilusión. Todas cosas ellas que tienen un abrupto y desesperanzador final.

Puck felicitó a Ego por ser de aquellos que tienen la aspiración de la genuina felicidad y no se dejan engañar como muchos, con remedos materiales, intoxicaciones químicas o deleites místicos. También aplaudió su tenaz voluntad y su espíritu de lucha. Empero renegó de su desaliento y frustración.

“Estás buscando agua en el desierto, si la dejaras de buscar, gozarías de las estrellas y la suave arena” retransmitió el joven.

Ego recibió de mala gana el consejo de dejar las armas. Había que poner fin a la lucha y usar el tiempo que le quedaba en la tierra del AHORA, que no era tanto, para mejorar en aquello que peor le salía, aquello en que Ego siempre fallaba y que por supuesto, solo ella conocía. Cuantas más materias aprobase en esta estadía, más liviana vendría a la próxima.

Y finalmente, a modo de despedida, Puck enunció su consejo principal.

“Es hora de dejar de forzar las circunstancias, es hora de empezar a contemplarlas,  de maravillarse con ellas y de aprender de ellas”.

Atónita y con las mejillas bañadas en lágrimas, Ego rompió su fiel lanza, dejó en libertad a su blanco corcel y se acostó en el pasto de cara al límpido cielo azul. Su mirada se posó en un colibrí multicolor que hacía su faena en el rosal. Aspiró profundamente, por primera vez en su vida, el penetrante perfume de la rosa y se preguntó de qué mágica paleta habían salido los colores de la pequeña ave. Una cálida sensación de armonía empezó a invadirle todo el cuerpo. Sonrió.

“¿Algo más contador?” preguntó.

“Si” dijo el joven, guiñando un ojo. “No estés celosa de las ninfas, el amor en la tierra del DESPUES, no es como tu aun lo piensas”.

Al alba Ego despertó. Se acercó a la ventana y se maravilló con el brillo del sol en la nieve. La quietud del lago pareció adentrarse en su alma, inundándola de paz. Las imponentes montañas cercanas le recordaron la pequeñez de su existencia temporal frente a ellas y la magia de los primeros brotes en los árboles le hicieron presente que la vida siempre encuentra la forma de renacer.

En la cocina se preparó un café y mientras aspiraba intensamente el aroma que provenía de la taza, marcó el número de su hija. Tenía cosas muy importantes que contarle, ella estaba mucho más a tiempo de aplicarlas.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 7 de septiembre de 2013

¿Será esta vida UNA ALDEA y solo lo sabremos al cruzar el paredón? Les dejo una escena casi final de LA ALDEA una muy aleccionadora película de un brillante director hindú, el mismo de SEXTO SENTIDO, LOS OTROS, EL PROTEGIDO.

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Published in: on septiembre 7, 2013 at 12:37 am  Comments (1)  

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  1. NO CONOZCO LA PELICULA, PERO ME GUSTO LA HISTORIA QUE ESCRIBISTE. CONCLUSION : VIVAMOS EL AHORA. EN ESTA VIDA TENEMOS MUCHO PARA APRECIAR Y DISFRUTAR. BSTS. SILVIA


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