ANTES


antes

ANTES

“Solo pedimos que le den a la paz una oportunidad”

John Lennon.

Corrían los angustiosos días del mes de abril de 1982. La flota inglesa con el apoyo declarado de Estados Unidos y no explicitado de toda la OTAN, navegaba veloz, tras alistarse en tiempo record, hacia las Islas Malvinas para volver a someterlas al dominio imperial. En la turba insular, el ejército argentino preparaba la defensa, emplazando piezas de artillería – las que habían logrado burlar el bloqueo- y cavando frenéticamente pozos de zorro. La flota argentina zarpaba de Puerto Belgrano y la Fuerza Aérea se desplegaba en la Patagonia. La guerra era inminente.

En escenarios muy diferentes, funcionarios de primer nivel de varios países, agotaban esfuerzos para evitar el conflicto armado. Interminables reuniones en la ONU, la OEA, Washington, Londres y Buenos Aires finiquitaban una a una en fracaso.

A mis 25 años, sumamente angustiado y sin compartir ningún entusiasmo futbolero sobre el conflicto, me descargué escribiendo una carilla que hoy no encuentro. La misma se titulaba “El primer disparo”. En ella refería que ANTES de ese disparo, todo era posible mientras que DESPUES poco y nada lo sería. Las heridas infligidas a una parte, necesitarían ser devueltas y en una escalada mortal de ojo por ojo, la destrucción sería inevitable. Urgía pues a las autoridades a alcanzar, por el bien de todos, una salida negociada ANTES de ese disparo y decía que cualquier concesión nos dejaría en mejor posición que aquella en la que nos encontrábamos previamente al 2 de abril. Si no lo hacíamos el resultado del enfrentamiento necesariamente sería adverso, por la desigualdad evidente de las fuerzas en combate.

Llegó el primero de mayo y pese a que tenía la seria intención de enviar mi carilla a los diarios, no había logrado hacerlo aun, por estar demasiado atareado con los benditos vencimientos impositivos de esas fechas.  Mientras conducía en esa gélida mañana mi R12 por la ciudad desierta, rumbo a la casa de un amigo también contador, para seguir haciendo declaraciones juradas, la radio hirió mis oídos con la noticia tan temida: Puerto Argentino había sido bombardeado. Aun recuerdo mi angustia estallándome en llanto en plena Avenida Boedo, mi impotencia, mi visión de una masacre innecesaria a desarrollarse a continuación. La guerra, una guerra desigual y absurda con final anunciado –pese a las bravuconadas presidenciales y a las mentiras mediáticas- había comenzado con ese primer disparo y ya nada la detendría sin una cuota inmensa de sangre de ambos bandos.

La franca desobediencia del general argentino a cargo de las islas a una orden ilógica de nuestro presidente, fue el portentoso hecho que evitó una masacre mayor de nuestros soldados.

Esa rara sensación de aquél funesto mes de abril, me rodea en estos días. Temo, tanto como el propio Vaticano, que el primer disparo sobre Siria, se convierta rápidamente en una guerra mundial, con unos costos enormes en vidas humanas, especialmente de inocentes. Los bombardeos quirúrgicos nunca lo son tanto que eviten daños colaterales y perdido por perdido, el régimen sirio utilizará sus letales armas. Todos sabemos como puede empezar, ninguno adonde se detendrá. A cualquier precio, el primer disparo debe ser evitado, el mundo, la raza humana, debe actuar ANTES del mismo.

Desde mi rincón poético aporto esta poesía que clama, desde la perspectiva de un inocente agonizante, como los miles que generará el conflicto, por una serena reflexión de todos aquellos que tienen una cuota de poder para detener la masacre, ANTES que comience. Ojalá suceda.

ANTES

Agonizaba el inocente herido,

en la triste ciudad devastada,

y su mirar débil y nublado,

posó en su casa derrumbada.

“Tenía familia y un camino,

hoy todo ha sido destruido,

ni Dios, ni suerte, ni destino,

mi hermano me ha perdido”

“Si tan solo hubiese pensado,

que mi derecho a la vida,

al suyo debe ser igualado.”

“Habría detenido su mano,

abrazando la paz mal herida,

el primer disparo evitado.”

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 2 de septiembre de 2013

 

Casi cien años atrás estallaba la primera guerra mundial. Mejoramos las armas, mejoramos poco nosotros ya que seguimos eligiendo la guerra. En aquél año hubo una tregua de Navidad. En su homenaje Paul Mc Cartney escribió esta bellísima canción que vale la pena rememorar en estos días.

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Published in: Sin categoría on septiembre 3, 2013 at 7:49 pm  Dejar un comentario  

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