LA META Y EL METODO


dos castillos

 

LA META Y EL METODO

Un nada inocente cuento infantil

En un lugar del planeta cuyo nombre no puedo acordarme, ha muchísimo tiempo, existían dos reinos fronterizos, que vaya a saber por qué causa poseían nombres anglosajones. De similar orografía y riquezas, el situado al oeste se denominaba Nandezland y el situado al este recibía por título Goglioland.

La extrema cercanía, la extensa y fácilmente violable frontera, algunos parecidos culturales, habían logrado con el tiempo que ambos reinos compartiesen vicios y virtudes.

El desarrollo paralelo había enriquecido ambas comarcas, pero una burocracia sumamente corrupta, enquistada en las altas esferas, tanto públicas como privadas, había impedido que el común de la población se viese beneficiado por esa riqueza.

No obstante, los reinos poseían marcadas diferencias en diversos aspectos. Nandezland era un reino bastante organizado, con poderes independientes que equilibraban el poder cuasi absoluto de su monarca. Este se elegía por el voto de los súbditos, ´con derecho a una relección. La riqueza producida y distribuida era de índole netamente material.

Goglioland por el contrario era un reino donde el monarca gozaba de poder vitalicio absoluto, era elegido por un colegio de pares en una así llamada “fumata” y la riqueza producida y distribuida era de índole netamente espiritual.

Los avatares del devenir  de la historia produjeron una rara casualidad. Ambos reinos llegaron a ser conducidos, al mismo tiempo, por dos nativos de Nandezland, quienes para ser sinceros nunca se habían llevado demasiado bien, temiendo entonces los súbditos la posibilidad de una guerra sin cuartel.  Fernando – Fer para los amigos- fue votado por el 54% de sus súbditos y asumió como rey de Nandezland. Su compatriota Bernardo – Ber para los amigos, fue objeto de la consabida “fumata” por parte del colegio de pares y asumió como rey de Goglioland.

Afortunadamente para todos, ambos monarcas se ocuparon de disipar los rumores de guerra. Fer fue a Goglioland con un mate de regalo y se volvió con algunos libros, intercambiando después un par de jocosas y distendidas misivas.

Criados en el mismo reino, tanto Fer como Ber compartían metas. Ambos pretendían redistribuir un poco más justamente la riqueza de las comarcas, la material el uno, la espiritual el otro. Tarea nada fácil por cierto pero altamente necesaria. En Nandezland habían sufrido la peor crisis económica de su historia y la mitad de la población  era pobre. En Goglioland, los malos ejemplos, la falta de verdaderos testigos que viviesen en su carne lo que predicaban y el impúdico apego a los bienes materiales de los ministros de la espiritualidad, habían originado un masivo éxodo de súbditos hacia otros reinos espirituales, dirigidos por gente muchas veces equivocada y otras mal intencionada, pero con una muy diferente actitud respecto de si mismos y de la gente.

Ni Fer ni Ber tenían un paseo en bicicleta por delante. Las sendas burocracias y dirigencias corruptas estaban dispuestas a resistir cualquier intento de cambio de las condiciones que habían usufructuado hasta el hartazgo.

Si la meta de ambos reyes era casi idéntica, la profunda diferencia entre ambos estribó en el método que escogieron para alcanzarla. Ber se vistió de amor y Fer se vistió de odio, para sintetizarlo en extremo.

Ber se propuso ser él mismo el contraejemplo de todo lo que estaba mal. Rechazó los lujos, se hizo, vistió y vivió lo más pobre y sencillamente que pudo, fue y pareció extremada y prolijamente honesto, se acercó a sus súbditos, le contestó a cada uno que pidió su ayuda y atendió a todos empezando por aquellos que estaban en peor condición. Con su actitud puso en clara evidencia a todos los abusadores del poder e instaló en la gente la esperanza que un cambio era posible.  No le costó entonces desprenderse, con una firmeza que en nada es antagónica del amor, de todos aquellos que lo estorbaban en la consecución de la meta, ya que simplemente dejaron de encajar en la forma de hacer las cosas que instauró.

Fer, por el contrario, para luchar contra quienes le impedían lograr su meta, vestido de odio, se lanzó a la guerra con los mismos métodos corruptos de sus adversarios. Tampoco escatimó palabras. Cada vez que pudo, agredió, desacreditó, ridiculizó, sospechó y maltrató de palabra– conducta que rápidamente emularon sus funcionarios y colaboradores- a todos. Empero como el odio es ciego, extendió el destrato a culpables e inocentes por igual y por supuesto a todos los integrantes de su propio equipo de gobierno. Lejos de unir el odio desune y si bien Fer logró redistribuir bastante la riqueza material, también se ocupó de dejarle bien en claro a los que algo recibían, quienes habían sido – no siempre con precisa exactitud- los culpables de que les faltase previamente. El 46% que no lo votó pasó a ser rápidamente enemigo, como así también cualquiera que esbozase una simple crítica. Usó, como la dirigencia corrupta, el poder del dinero y el veneno de la mentira para acumular poder, atropellar a los otros poderes y pretender ser reelecto indefinidamente.

Así mientras Ber, con el amor por bandera, enamoraba a sus súbditos, Fer, enceguecido de odio, desencantaba a los suyos. Ber se sentía cada vez más acompañado y Fer se iba quedando cada vez más solo.

A Ber ni sus enemigos más acérrimos se animaban a atacarlo por temor a la represalia o el desprecio de quienes, cada vez en mayor número, lo amaban. A Fer hasta los juglares se animaban a ridiculizarlo porque les daba mayor concurrencia a sus funciones.

El amor vive de la relación con los otros, de modo que Ber contaba con infinitos colaboradores espontáneos que deseaban sumarse y aprendía y crecía con sus bien intencionados consejos. El odio vive solo de si mismo, de modo que Fer no se reunía con nadie, no escuchaba a nadie y cada vez debía amenazar en voz más estridente a los escasos temerosos colaboradores que le quedaban, para que no se quisieran ir lo más lejos posible.

El amor endulza, por ello Ber hablaba cada vez mejor y era escuchado por multitudes crecientes. El odio avinagra, por ello Fer llevaba a cada acto, una pléyade de aplaudidores profesionales sospechando, con buen criterio, que nadie querría espontáneamente escuchar sus cada vez más vulgares diatribas.

Con el tiempo Ber se diferenció cada vez más de sus enemigos, Fer por el contrario se les pareció hasta tal punto que nadie podía distinguirlos. El resultado no se hizo esperar.

Habiendo acertado el método, Ber logró la meta y la pudo mantener pefeccionada hasta su muerte. Habiendo equivocado el método, Fer no pudo alcanzar la suya y en la siguiente elección perdió la corona por el voto castigo de unos súbditos espantados.

Cuenta la leyenda que esta historia, transmitida por los juglares de la época fue olvidada completamente hasta que fue rescatada, en tiempos recientes, por un extraviado poeta hurgando en la ancestral biblioteca de un antiquísimo monasterio. Solo por ese lamentable olvido, algunos siglos después del hecho, un tal Maquiavelo pudo engañar a tantos reyes y poderosos, y a sus errados cultores, haciéndoles creer que la meta justifica cualquier método.

 

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 20 de julio de 2013

Nota del autor: Los hechos, lugares y personajes de este cuento son absolutamente ficticios, cualquier semejanza con cualquier realidad corren por exclusiva cuenta de sus lectores.

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Published in: on julio 20, 2013 at 9:16 pm  Comments (3)  

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3 comentariosDeja un comentario

  1. No sabia que Julio Verne dividia los apellidos,jaja!

  2. ASI DE PERDIDA ESTA LA SOCIEDAD QUE ARRASAN CON TODO CON EL FIN DE LLEGAR A LA META, NO IMPORTA QUIEN SE INTERPONGA Y COMO. MB. BSTS HENRY. SILVIA

  3. La Historia es repeticion sucesiva de vidas humanas……
    Ud veramente ha leido, entendido y lo mas importante, recordado!!!


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