LA PISTA SOLITARIA


circuito-monza-1961

LA PISTA SOLITARIA

A Pepe

El hombre setentón se acomodó el sobretodo y movió su humanidad a la intemperie del callejón de boxes. Sus gruesos lentes de cristales oscuros bailaron sobre su nariz, mientras caminaba con paso firme al punto en que la valla que aislaba la pista formaba un ángulo recto con la línea de largada-llegada, pintada a cuadros blancos y negros sobre el gris asfalto. Arribado allí, tomó en sus manos una bandera verde, pasó por una abertura en la valla y se detuvo en la mitad de la pista.

Ese sábado de junio, el viejo circuito de Monza, deshabitado casi por completo, lucía espléndido. El cercano verano tenía a su abundante naturaleza en flor y el clima tibio invitaba a botarse en el césped circundante, para gozar del sol radiante que navegaba libre en un azulísimo cielo despejado.

“¿Siamo pronti ragazzi?” (¿Listos muchachos?), preguntó el serio y enigmático mito, bandera en mano.

A su frente dos viejos pero relucientes autos de fórmula uno, por toda respuesta, aceleraron sus motores enormes en vacío. El ruido se hizo ensordecedor. Un Alfa Romeo 159 a la derecha, cuyo motor de 1,5 litros de cilindrada turbo comprimido sonaba muy distinto que el Ferrari 375 V 12 de 4,5 litros normalmente aspirado, ubicado a la izquierda. Rojos ambos, con motor delantero y un diseño tipo habano, rodeados por ruedas de una finura tal que merecían ser usadas más en motos que en automóviles.

En los incómodos habitáculos los dos pilotos sonrieron y se miraron cariñosamente, desde atrás de las viseras de sus muy livianos y abiertos cascos de fino metal. Hacía muy poco que habían podido dejar de usar esas inaguantables antiparras de buzo que les protegían los ojos de la brisa, pero que les dejaban las caras negras como a mineros. Los finos monos integrales de tela azul clara que apenas los distinguían de los usados por los mecánicos, flameaban con la brisa, mientras los zapatos comunes – los más livianos asequibles- subían y bajaban los pedales. Ningún cinturón impedía su movimiento de modo que descargaban la ansiedad de la largada moviéndose en la rígida y áspera butaca.

Uno de ellos cuarentón, bajo pero macizo lo miraba al otro como el pibe que lo desafiaba. Este de casi treinta, gordo por donde se lo mirase y muy cabezón lo miraba como a su ídolo a correr. En esa pista italiana, los dos “ragazzi” tenían mucho en común. Ambos venían de allende los mares, de un país enorme y deshabitado en el extremo sur de América, adonde muchísimos italianos habían ido a empezar una nueva vida espantados por la guerra y la hambruna posterior. Rápidos como el viento, hijos de un interior próspero y trabajador, de Balcarce el mayor, de Arrecifes el pibe, eran los mejores embajadores populares que Argentina tenía por entonces.

“¡Suerte Chueco y tratá de seguirme de cerca!” gritó el Pepe

“¡Callate Cabezón, que no vas a tener que usar espejo!” contestó el del Alfa.

Ambos pilotos miraron hacia el frente y gritaron casi al unísono: “¡Pronti Commendatore Enzo!” (Listos Comandante Enzo)

El hombre de cabellos grises gris alzó su brazo, lo mantuvo en alto unos instantes y bajó la bandera verde fuertemente. Los autos rugieron y lo pasaron veloz, uno por cada costado. Don Enzo, sacudido por el viento, giró sobre sus pies para ver perderse por la recta principal al Alfa y a la Ferrari rugiendo y disputando con furia la punta. Era más que importante llegar primero a la entrada al anillo de velocidad, ese al que solo los bravos se animaban, ese que hacía vibrar tanto a los autos que parecía que se iban a desarmar, ese del peralte salvaje.

En otro plano, en la misma mañana de sábado, la solitaria pista de Monza, la de concreto, derramaba una lágrima más.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 15 de junio de 2013

¡¡¡CHAU PEPE!!!
Si hoy a sol pleno,
empiezas a escuchar,
un muy sordo trueno,
tormenta no esperarás,
y como loco aplaudirás,
 es Froilán, PEPE bueno,
que empieza a acelerar,
su Ferrari ya sin freno.
Enrique Momigliano
Buenos Aires, 15 de junio de 2013
Imágenes del Grand Prix de Silverstone, Inglaterra 14 de julio de 1951, primera victoria en fórmula uno de Ferrari con José Pepe Froilán González al volante. En 1954 Pepe triunfó en Las 24 horas de Le Mans y conformó un inolvidable uno-dos de pilotos argentinos en el mundial de fórmula 1, terminando el campeonato como escolta del inolvidable Chueco Fangio.
Anuncios
Published in: on junio 15, 2013 at 3:32 pm  Dejar un comentario  

The URI to TrackBack this entry is: https://sociedadpoetica.wordpress.com/2013/06/15/la-pista-solitaria/trackback/

RSS feed for comments on this post.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: