ACTITUD


divorcio

ACTITUD

Crecieron juntas en la vieja casona de Belgrano, compartiendo juegos infantiles y sueños adolescentes. Sus padres se esforzaron por ser absolutamente equitativos en gustos, caprichos y obligaciones para con ambas. Se llevaban apenas un par de años. Lucrecia y María Victoria, nacidas en cuna de oro tenían un futuro promisorio y parecido, ese que el siempre artero destino se ocuparía de tronchar.

Una oscura noche de agosto, mientras ambas al final de la adolescencia, intentaban conciliar el sueño, pensando en sus respectivos príncipes azules, unos tremendos gritos provenientes de la habitación de sus padres las sobresaltaron.

Forzaron sus oídos temblando tras la puerta y así llegaron a saber que su padre le había confesado a su madre que estaba enamorado de otra mujer, colega en su oficina. Había luchado arduamente contra ese sentimiento incorrecto pero simplemente no podía seguir viviendo una mentira.

A los gritos siguieron las lágrimas y a éstas una intempestiva salida del padre de la casa, para nunca más volver. Se fue sin siquiera despedirse de ellas.

Siguieron años muy duros. Ambas comenzaron a trabajar casi de inmediato para ayudar a su madre con el sostenimiento de la familia. Ella a su vez, tuvo que superar una profunda depresión que la puso al borde de la muerte en más de una oportunidad. Una vez recuperada consiguió trabajo, pero jamás permitió a hombre alguno dirigirle la palabra más allá de lo estrictamente necesario, borró de su vida para siempre cualquier idea de amor.

Lucrecia, la mayor, creció siendo un calco de su madre. Para ella un perro rabioso era más inofensivo que el más apuesto de los galanes. Era una bella mujer pero su alma llena de rencor se encargaba puntillosamente de  destratar a cuanto hombre intentase acercarse.

María Victoria también creció dotada de belleza y simplemente no dejó que el abandono de su padre marcase a fuego su personalidad. Aunque en casa no se hablaba del tema, ella había perdonado a su padre ni bien sintió en carne propia la inmensa fuerza del amor. Sin jamás explicitarlo, este tema  la fue separando de su madre y su hermana, de modo que recibió de buen grado la propuesta de matrimonio que un apuesto novio le hiciera.

Lucrecia y su madre se opusieron desde el principio, atosigándola con una interminable lista de riesgos  que corría uniendo su vida a un ser perteneciente a una especie tan detestable. Finalmente, muy ofendidas y desilusionadas ni siquiera concurrieron a su boda.

Por su parte, María Victoria, con ayuda de su esposo se dedicó a buscar a su padre al que encontraron viviendo en la ciudad de Mendoza, con su amor y dos pequeños niños, que ahora eran sus medio hermanos.

Acorralada por el rencor, un día la madre enfermó gravemente. Lucrecia la cuidó día y  noche por largo tiempo, pero ella no mejoraba. María Victoria iba poco a la casa, casi no hablaba con ellas, se quedaba un rato, ayudaba en lo que podía, al igual que su marido, pero siempre de lejos, guardando una salvadora distancia física y afectiva.

El padre, quien estaba al tanto de todo, la instó para que hablase con su madre, ya que según él decía, solo ella podía brindarle la llave para su curación.

“No puedo papá” dijo María Victoria, “Lucrecia no la a va a dejar sola conmigo y además no me van a escuchar”.

“Por lo menos inténtalo, es bueno para tu conciencia si es que al fin sucede lo peor” dijo él.

“Y ¿de qué hablo? ¿Qué le puedo contar?” se quejó María Victoria.

“Hablá de vos, de cómo te enamoraste, de cómo un día te diste cuenta que no podías estar ni un momento sin el que hoy es tu esposo. En fin, hablale del amor, de TU amor, de TU forma de amar” insistió el padre.

“¿Realmente crees que eso servirá?” preguntó ella.

“Estoy seguro. Vos poné al amor en el centro. Él hará lo demás” concluyó el padre.

María Victoria fue a la casa y se quedó todo el día. Aprovechó una salida de Lucrecia para hacer un mandado y siguió las instrucciones de su padre al pie de la letra.

Al día siguiente Lucrecia no podía entender cómo su madre, sin fiebre, sin dolores, se levantó de la cama, se pintó y arregló mejor que nunca y se encaminó para su trabajo.

 

Enrique Momigliano

San Clemente del Tuyú, 15 de marzo de 2013

Nota: cuento escrito al correr de la pluma y rodeado de escritores, en mi visita al taller literario EL PRINCIPITO. El mismo fue en respuesta a la consigna de su coordinadora Silvia Susana Consolino que decía textualmente “Dos hermanas tienen un serio conflicto. Lo arrastran desde la niñez. Sus personalidades son opuestas. Sus nombres son Lucrecia y María Victoria. En el relato hay por lo menos un personaje más, la madre. Puede haber más personajes”. La consigna era flexible, podíamos cambiar el género de los personajes, los nombres y en algo la trama, no había extensión obligatoria y el tiempo disponible también era elástico.

Confieso que nunca escribí así. Mis escritos toman forma en mí durante largo tiempo y los vuelco al papel en absoluta soledad, dando rienda suelta a mis emociones, cualesquiera sean ellas (cosa difícil de hacer en público) y siempre sabiendo adonde voy y qué quiero decir cuando escribo la primera línea.

Empero, la experiencia es más que valiosa. Tomado por sorpresa y exigido, además de estimulado de una forma impredecible, el interior de uno busca en un bolsillo distinto, escribe casi automáticamente (no corregí nada y temí volver a leerlo previamente a la puesta en común) y llegan a la superficie hechos nuevos. Asimismo debo reconocer que la emoción amenazó con quebrarme mientras lo escribía y con quitarme el aliento, más de una vez, mientras lo leía.

A ver, de todos los temas que podían haber sido disparados como origen del conflicto entre hermanos (hermanos que no tengo) surgió un divorcio. Un divorcio de un padre que optó por el amor por encima de todos sus deberes (hecho casi imposible para un contador capricorniano) y que impacta diversamente en dos vástagos (tengo dos) y resulta casi mortal para la madre (tal cual le sucedió a un querido amigo). Belgrano y Mendoza tampoco me son ajenos, el rencor enfermante mucho menos.

Les dejo el cuento, a mi me espera una larga reflexión.

nota EL FARO visita al Principito

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Published in: on mayo 18, 2013 at 6:40 pm  Comments (1)  

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One CommentDeja un comentario

  1. Me parece un relato interesante, mas planteado en la forma en que el autor cuenta su origen. Tambien escribo, y tampoco me gustan los temas que, de alguna manera, se me imponen. Tengo algunas poesías escritas por encargo, y tampoco me agrada componerlas… Su pongo son manías de autor…


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