¡¡¡FIESTAAAA!!!


Un vuelo de palabras

¡¡¡FIESTAAAA!!!

Presentación del libro UN VUELO DE PALABRAS en la Biblioteca Popular Alberdi

El poeta llegó en silencio y soledad, dos compañeros habituales en el frecuente estado de incomprensión generalizado en que vive. Ningún amigo había confirmado su asistencia y su propia familia había demostrado poco entusiasmo por el mismo. Los amigos de la Biblioteca estaban ahí para recibirlo calurosamente, a medida que los fue saludando se fue sintiendo un poco mejor.

Vio el salón lleno de sillas, ante su duda sobre la necesidad de tantas, recibió por respuesta que el verdadero temor era que concurriesen todos los confirmados porque en esa hipótesis, el salón se vería rebalsado.

A continuación se sorprendió de ver a todos sus compañeros del Café Literario vestidos con sus mejores galas, como para una auténtica celebración. Fue ahí que se dio cuenta que el que estaba desubicado era él. Claro que era un fiesta, una fiesta del espíritu, una fiesta de la amistad, una fiesta del logro colectivo, una fiesta del poder de la poesía y la literatura, una fiesta de la cultura. Había que unirse, hizo su mejor esfuerzo.

No habían sido fáciles los días anteriores, ni siquiera había podido concurrir al ensayo general del jueves. Un sordo dolor de estómago lo tenía a dieta y casi no había cruzado palabra con su entorno. Estaba conmovido y nervioso, mucho más que cuando cumplió su propio sueño de presentar su libro. Sabía que era una fiesta, pero él estaba convencido que iba a asistir a un milagro.

Ausentándose una vez más de su entorno se puso a hojear el libro. Auténticamente hermoso, bella tapa, impecables solapas y las vivencias de sus compañeros derramadas en las páginas. Leyó algunas y comenzó de a poco a tomar conciencia de la fiesta real, la de la redención de cada quien, la del sueño individual y colectivo cumplido, la del paso gigante dado por ellos y del cual Dios le había permitido ser una ínfima parte.

Inesperadamente llegó Susana, una colega compañera en la DGR de la Ciudad, con quien armase en aquellos años un grupo de oración en el Monasterio de Santa Catalina de Siena. Ya no estaba solo y la vio como un emisario de sus días de fervorosa FE, como una señal que Dios se asociaba al festejo.

Incomodado por el calor se situó por un  largo rato en la puerta y pudo observar como llegaba cada vez más y más gente, muchos perfectos desconocidos para él. Tantas sillas no alcanzaron, hubo que agregar unas 16 y sin contar menores llegó la concurrencia al número de 80, incluyendo dirigentes de asociaciones, docentes y renombrados artistas. Había que sobreponerse y estar a la altura de las circunstancias, pero la conmoción interior no cesaba. Aun no sabía si sería capaz de hablar los 10 minutos asignados y en su caso qué diría. Por las dudas había llevado impreso lo escrito en su blog y una poesía para la ocasión. No dudaba de la fiesta, insólitamente dudaba de si.

Comenzó el acto y tomó lugar en el extremo derecho del estrado desde donde podía observar con claridad los rostros y los gestos de sus compañeros de café que oscilaban entre la alegría y el colapso nervioso. Un rato antes se dejó invadir por el dolor de la ausencia de Marcelina quien, paradojas del destino, se perdía la fiesta por tener que afrontar un ineludible estudio médico. La voz de Mónica la hizo presente pero la ausencia de uno de sus ángeles guardianes pesaba.

Eduardo, alma mater del libro, compilador y ferviente impulsor hasta su concreción, tuvo a su cargo la apertura y para incómoda sorpresa del poeta, pródiga en elogiosas palabras de agradecimiento a su persona. Los aplausos que siguieron lo incomodaron aun más.

Más conmovido y mientras aguardaba la lectura de fragmentos del libro por parte de sus autores al poeta le volvió el alma al cuerpo. Finalmente su hija llegó con su compañero. Era muy triste para él, en un día tan importante ver como sus colegas estaban rodeados de familiares y vaya a saber por qué, en castigo de cual falta,  él estaba casi solo.

Tres presencias de la primera fila captaron su atención. Su amigo Horacio, compañero de trabajo en lugares difíciles, tanto suyos como de su extinto padre, el artífice de su concurrencia a la Biblioteca, eximio periodista, portador de una cultura porteña como pocos, repuesto de una seria dolencia, miraba a todos emocionado. “En el próximo libro como me llamo Enrique, estás Horacio, vos te mereces estar, tenés tanto para decir” pensó.

Graciela, la extraordinaria presidenta, trabajadora incansable, entusiasta y perseguidora de cada idea literaria, miraba con ojos húmedos alternativamente a su esposo y a su hija Florencia, sentada a mi lado. Una mirada de amor, admiración y respeto digna de envidiar. No se entiende porqué Graciela no integró el grupo de autores, cuando todos saben muy bien de su capacidad a la hora de llenar una hoja. “Del próximo tampoco se me escapa” masculló.

Mabel, la hija de Antonio, quien fuera casi hasta su partida, el entrañable bibliotecario por muchísimos años, el inspirador de los dos escritos del poeta incluidos en el libro. Libro del cual dudó de formar parte, pero lo decidió el hecho de hacer presente de algún modo a su amigo Antonio que también participase del Café. Su mirada agradecida, sus ojos llenos de lágrimas resultaron ser dos arietes para el poeta que no olvidará en mucho tiempo. Fue ella quien reveló durante las palabras del poeta, la presencia luminosa de la nieta de Antonio, quien de pie, al fondo del salón, lagrimeaba con su recuerdo.

Y empezaron a leer partes del libro.

Nicolás, presidente por muchos años, dueño de una bonhomía sin igual, a sus juveniles 90 y tantos llevó a  todos a un Villa Crespo que ya no existe, el de su infancia en la casona de la calle Malabia y recordó lo importante de los gestos de los mayores hacia los niños, tornando inolvidables a través de las décadas al sargento de la policía que les brindara un aventurero paseo en su alazán.

Gustavo que une su facilidad por el acróstico – firmaba los libros con ellos, hechos en un segundo para cada solicitante-, su sensibilidad poética a sus dotes de eximio ajedrecista. Una combinación que el poeta aun mira azorado. Le parece casi imposible que un experto en alfiles y saltos de caballo, pueda componer algo tan emotivo como el poema dedicado al primer beso.

Llegó el turno de Rosa, esa misma que se preguntaba, ¿a quien le importa lo que yo tengo para decir? El poeta siempre le respondía: “a ti Rosa, en primer lugar a ti. Por eso hay que decirlo”. Cuando leyó su texto dirigido a su padre, en una angustiosa pregunta de “¿porqué no me buscaste, porqué no me esperaste?”, el poeta estuvo a un tris de quebrarse. Rosa, su otro ángel guardián había producido una catarsis sanadora de la probablemente más profunda herida que acarrea. El milagro iba tomando forma y el poeta debía componerse para seguir asistiendo al mismo.

Lucy, la de Irazusta, que un día, alentada por Alberto, su marido cantor que miraba emocionado desde el fondo, trajo un cuaderno y se animó a leer un poema exquisito y hoy agradecía entre risas, leyendo delante de una multitud, que la Biblioteca la había hecho famosa, porque nunca había imaginado estar en un libro. Son escritos antiguos dijo, y prometió volver a escribir. La poesía actuaba, el ayer era superado por el hoy y avergonzado por el mañana. El poeta miraba y callaba.

Elena, la niña noventona, dueña de un ánimo sin igual, con su hija en primera fila, terminó de conmover al poeta. Su “paisaje y recuerdo” no era otra cosa que un tributo a su madre y mientras admiraba y aplaudía fervorosamente a esta exquisita poesía, no dejaba de pasar por la mente del poeta la imagen de mujer abrumada por una tragedia familiar que le dio en su primer encuentro. ¡Qué lejos de allí se estaba!, ¡Cómo haría reír a toda la sala con su poesía del ciclón! Hasta la palabra milagro al poeta le estaba resultando insuficiente.

La voz de Mónica  regala el “cada día” de la ausente Marcelina. El poeta la escucha con una plegaria en su boca por la salud de su ángel, mientras la poesía demuestra como ni la rutina puede con un corazón amoroso.

Elva, la bella salteña, poetisa que varias veces ha conmovido a nuestro poeta desde sus versos profundamente vivenciales hasta su abnegada profesión de enfermera. Ella regala “Victoria” dedicada a su nieta, hermosa niña, presente en la sala.

Llega el turno de Nélida que por una cuestión de cercanía le confiesa al poeta que está rara, conmovida pese a su larga experiencia docente y su aplomo en circunstancias similares.  Lee su “Alunizaje virtual”, hermosa prosa poética que le arrebata el dominio lunar a los científicos para restituírselo a los enamorados, reconociendo con sus nervios la diferencia entre volcar un saber y volcarse  uno mismo. Es mas difícil, mucho más pero también más sanador e importante en la evolución como ser humano.

El final es para Florencia, que a sus escasos años, tanta gente la hace temblar como una hoja y apresurarse en sus palabras. “Tranquila que son tuyos” le dice mentalmente el poeta. “¡Que escuchen a un talento de excepción con un futuro inmenso!”.  Su “Bella melancolía” nos transporta a las fiestas navideñas en el canto de una niña que en su tránsito a mujer, añora, tanto como todos, las cosas bellas e ingenuas de la niñez.

Sigue una ronda muy amena en que cada uno cuenta como escribe, porqué escribe, que siente al escribir. Incómodo el poeta sigue recibiendo agradecimientos y reconocimientos que está seguro de no merecer.

Le llega el turno de hablar sus diez minutos de cierre. Una bella metáfora viene en su auxilio y le permite empezar pese al estado de confusión y  conmoción que no lo suelta. “No soy responsable de esto, todo lo que aquí pasó lo hicieron ellos, en algún bendito momento el tema se me fue saludablemente de las manos, yo solo tiré un piedra en el lago y son las ondas posteriores las que han dado este fruto, del cual soy el primer sorprendido y agradecido”.

“Estamos en un mundo que nos obliga a deshumanizarnos cada vez más para poder sobrevivir, a insensibilizarnos al dolor ajeno, ser ciegos y sordos y pensar solo en nosotros mismos. Todo  ello solo puede separarnos. En el Café literario intentamos remontar la corriente, meternos para adentro para volver a ser humanos y allí en ese punto nos damos cuenta de cuan parecidos que somos y nos unimos. Es en definitiva un refugio donde podemos desnudar el alma, como lo han hecho todos los poetas y al desnudarla, la sanamos”

Lee el poeta algunos mensajes de adhesión de artistas, amigos, escritores y otros talleres literarios. Y concluye.

“Esta reunión es también un lago así que voy a tirar mi piedra hablando de la musa. ¿Quién puede saber si esta piedra no motiva a algún concurrente, sobre todo a los más jóvenes a empuñar la pluma? Todo poeta tuvo una musa, los poetas juegan con la ficción y la realidad y nadie, salvo él puede decir cuanto hay de cada cosa en lo que escribe. Como cantase Mari Trini el poeta escribe a puño y letra la vida que ha conocido y el resto soñando inventa. A veces las musas son de carne y hueso y más de una vez son amores imposibles como la Laura del Petrarca o la Beatriz del Dante. Para no ser menos les dejo, como piedra en el lago una poesía que algunos me atribuyen pero que creo que cualquier poeta, ante un hecho como el de hoy, seguramente sería capaz de escribir”

MUSA

Mañana será un gran día,

De un sueño venido real,

Triste mi alma aun sería,

Aquejada de antiguo mal.

Pues de todas esas gentes,

Que de por cierto acudirán,

Vacía silla dirá tu ausente,

Éxito y destino se mofarán.

Si apenas solo yo puedo,

Con  días de tono normal,

Niego y ciego me rebelo,

Vivir solo un día especial.

No saben que te lo debo,

Que en cada verso estás,

Que en tu alma yo bebo,

Que cada letra inspirarás.

Errados creen que he sido,

Escritor y poeta por azar,

No saben que  he vivido,

Aquello que fui a contar.

Y fue contigo solo contigo

Mi sol, mi musa sin igual,

Que el verso viene conmigo,

Bello, rítmico y musical.

No hay  aplauso que sepa,

Calmar hoy tanto dolor,

Ni corazón donde quepa,

El vacío que dejo tu amor.

–          Buenos Aires, 19-4-13

Culminó el acto con la entrega formal por parte de la presidenta de la Biblioteca del libro UN VUELO DE PALABRAS al nuevo bibliotecario de la institución.

Tras cerrado aplauso comenzó el lunch y la firma de ejemplares. Inesperadamente de entre la multitud se hicieron presentes dos rostros conocidos para el poeta. Carlos quien visiblemente conmovido no cesaba de reiterar sus felicitaciones y Silvia, una muy querida amiga y compañera de los años docentes que estuvo largo rato repasando junto al poeta las escenas de una noche inolvidable.  En definitiva el poeta que se creyó solo, no lo estuvo tanto.

Largas horas se prolongó la reunión y durante todo su transcurso el poeta firmó ejemplares, tantos que perdió la cuenta. El milagro tenía rating.

Cuando llegó el momento de despedirse de sus colegas autores, los miró  a los ojos y pudo ver que cada uno de ellos estaba distinto, vivía en ellos una sensación que él conocía de sobra, habían parido un hijo, uno que tendrá vida propia y que seguramente los llenará de satisfacciones, en cantidad tal que los alentará, por cierto, a ir por el segundo.

Muy entrada la noche, el poeta se fue solo y en silencio, tal como había llegado, pero un cálido milagro destellaba en la mochila de su viejo corazón.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 21 de abril de 2013

presentación libro biblioteca

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Published in: on abril 21, 2013 at 5:55 pm  Comments (5)  

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5 comentariosDeja un comentario

  1. Enrique, tus palabras me emocionaron mucho. Creo que hasta me remonté a la presentación de mi libro, hace tanto tiempo ya. Tenés razón al hablar de un “milagro”. La comunión de almas que se da cuando se lee, entre los escritores y los oyentes llena de gozo. Te felicito por el libro, los felicito, a todo el grupo. Haber dado a luz, como dice, Blanca Cotta, a un “hijo de papel” siempre produce una gran alegría. Gracias por esa maravillosa descripción, siento como si hubiera estado allí. Hasta prontito. Susana Consolino.

  2. Enrique, gracias por haberme participado de un momento de Paz. Presente en un lugar donde la certeza fue que nada malo podría pasarte, donde, al tiempo transcurría, mi habitual estado de alerta desvanecía dejando que mi alma se inundara de goce.
    Carlos Chulivertt

  3. Existe una dimensión reservada para pocos, para los que saben volar. Como nadie venís batiendo alas hace años y esta bandada de almas bendice nuestros cielos con su fe en un mundo mejor, con la belleza de sus palabras, con la generosidad de compartir sus sueños, sus miedos, sus esperanzas. Gracias por haber puesto mi silla y haberme permitido, asomarme al milagro de crear. Felicitaciones a todos

    Etel

  4. Gracias, Enrique, sabés que tarareo: cuando me acuerdo del sábado:
    Mi alma canta el amor de Dios!
    Porque ESE AMOR se muestra con toda su plenitud cuando los hermanos se reunen con el espíritu y corazón que se transmitia en el Vuelo de palabras.
    En un libro de oraciones, Anselm Grün -Cada día tiene su Bendición- pide
    “BUEN DIOS, DEJAME SENTIR QUE LA FUENTE DE TU ESPÍRITU
    ES INAGOTABLE, QUE PUEDO TRABAJAR SIN EXTENUARME PORQUE TU FUENTE BORBOTEA EN MÍ”
    Me adhiero a todos los demás comentarios, cada uno aporta un detalle más,
    cordiamente,
    Susana Eder

  5. Querido Enrique:
    Ahora que sequé mis lágrimas, escribo. Gracias por tus palabras tan sinceras y como buen poeta tu texto es armonioso y tierno. Cuando el día de la presentación ayudé a colocar las sillas sabía que cada uno, que las ocupara, pasaría un momento mágico y así sucedió.
    Abrazos. Graciela Galasso


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