PARA LA JUSTICIA DIOS, PARA LA VERDAD EL TIEMPO


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PARA  LA JUSTICIA DIOS, PARA LA VERDAD EL TIEMPO

San Andrés de Giles, vigilia del 2 de abril de 2013

Mientras manejaba por el acceso oeste con Sebastián, un querido amigo de aventuras y desventuras a mi lado y con mi hija y su novio, en el asiento de atrás, rumbo a la vigilia, una reminiscencia a la de dos años atrás turbaba mis pensamientos. El cielo estaba oscurísimo y la lluvia era inminente. Tal como sucedió aquel año, ni bien pasé Luján, una cortina de agua se empecinó en demorar mi llegada a la ciudad.

En San Andrés, curiosamente no llovía. Encontramos la plaza y vimos montado un espectacular escenario con pantalla gigante y un grupo coral cantando magistralmente. Secamos las sillas y nos sentamos a disfrutar el espectáculo. En la pantalla gigante se proyectaban imágenes de Malvinas, el locutor hacía referencia a distintos hechos y adhesiones, pero yo los miraba a ellos. A los veteranos que en silencio, peinando canas, llegaban con sus medallas prendidas de sus chaquetas y sacos, juntos con sus esposas, hijos y nietos. Alguno para mi emoción, hasta con su perro con un chalequito camuflado. En unos más que otros, se notaba claramente la huella del surco inolvidable de la guerra y en todos se advertía, el sordo dolor que portaban guardado por la segunda y peor herida, la del olvido y la indiferencia.

La emoción fue in crescendo cuando nos paramos y cantamos la querida Marcha de las Malvinas. Luego, en la delicada voz de unos niños, se leyeron cartas de soldados que quedaron para siempre en las Islas, el héroe local Jorge Maciel, el teniente Estévez- héroe de Darwin-, el brigadier Falconier- piloto caído del Escuadrón Fénix y el inolvidable maestro Julio Cao,  ese que no dudó en dejar a su mujer embarazada para sellar con su sangre, las lecciones de amor a la patria que daba a sus alumnos.

Increíblemente seguía sin llover y las nubes si iban abriendo. Ariel, el compañero de mi hija ya estaba conmovido. Julio Cao era maestro en la escuela 32 de Laferrere, su propia localidad.  Fuimos a ver las fotos y cuadros que estaban en el interior del Colegio Nacional. Yo estoy acostumbrado a ver imágenes de las Islas, de modo que solo fui sacudido por una excelente pintura que estampó magistralmente la imagen del los soldados argentinos en las rocas de los montes malvinenses. Según como uno enfoque la vista, ve rocas o ve soldados. Una obra de arte plena de significado. Pero a mis acompañantes las imágenes los impactaron fuertemente. A Seba porque le pareció ver a Inglaterra en pequeño y a Ariel y mi hija por los restos de armas, testigos perennes de la cruel lucha librada.

Asistimos después a un emotivo descubrimiento de placas en la plaza, justo frente al monumento a las Malvinas, de los regimientos 25 y 3. Seba me hizo notar que lo habían llamado a Tony, compañero de ambos en la Dirección de Rentas de la Ciudad de Buenos Aires, a quien sin embargo no localizamos. La ceremonia estuvo engalanada con la presencia de la viuda del Coronel Seineldín, muy querido por su actuación en las Islas.

Comenzó una parte musical sobre el escenario y si bien existía una muy organizada cantina, preferimos ausentarnos del sitio unas cuadras para cenar en las cercanías, no sin antes adquirir algunos recuerdos. Durante la cena, que transcurrió inusualmente casi en silencio, Seba contó que su extinta madre, había estado en las Islas, siendo funcionaria de la Secretaría de Turismo en la década del setenta y que él conservaba un recuerdo de la Caja Nacional de Ahorro y Seguros, sucursal Malvinas.

Volvimos presurosos a la plaza para la hora final de la vigilia. Terminaban los números musicales y comenzaba el acto central. Alcanzamos a ver tres actuaciones excepcionales. La del veterano Dentoni que es un guitarrista de excepción, tanto que me hizo rememorar a Narciso Yepes tocando Recuerdos de la Alhambra, cuando de su guitarra emanó, como si fuese de una orquesta, la marcial melodía de la Marcha de San Lorenzo. Otra fue la de un veterano del regimiento de paracaidistas que tomó como nombre artístico el del Gaucho Rivero y cantó sentidas canciones de coraje gauchesco. Un párrafo final para el maestro de escuela, ahora primaria, Alejando Francisco López que año a año compone canciones malvineras y las canta con el corazón a flor de piel. Entre ellas se destacaron la que le dedicó a San Andrés de Giles y la poesía conmovedora de un eximio poeta argentino Luis Bernárdez, Oración a la Bandera, hecha canción.

El para mi momento cumbre de la vigilia fue asistir al desfile de los veteranos, rumbo al escenario, ese desfile que tantas veces como sociedad, les hemos negado, en un marco imponente de 649 antorchas, una por cada caído, y entonando a viva voz, la Marcha del Veterano.

Con todos ellos y sus familiares sobre el escenario, con la guardia de honor de los Patricios, la Gendarmería y el regimiento gaucho de la Vuelta de Obligado, con la bandera de MALVINAS VOLVEREMOS, sostenida por hijos y nietos, cantamos con el por fin arribado Rimoldi Fraga, el Himno Nacional Argentino, a capella y a voz en cuello, con un fervor que solo ahí se puede experimentar.  Varios Vivas a la Patria, tan sentidos que hacían erizar la piel y la Marcha de las Malvinas seguida de expresiones afirmadoras que la lucha, esa lucha de todo un pueblo por una justa causa, no termina.

Siguieron los reconocimientos a políticos, conductores, locutores, entre los que cabe destacar la actitud de Daniel Hadad quien no solo se hizo presente, sino que habló visiblemente emocionado y agradecido a los veteranos, reconociendo también que su actitud favorable a los ex combatientes, como dueño de Radio 10 se debió a la cercanía del veterano Taranto, su colaborador, en quien supo confiar. Nos tocó de cerca el reconocimiento al dueño del  periódico El Vocero Argentino ya que el a su vez reconoció a nuestro compañero Tony Encina, por suministrarle el material para dicho periódico, el cual siempre dio lugar a los ex combatientes y su lucha.

Mientras todo esto tenía lugar, mis ojos no pudieron dejar de posarse sobre ella, una señora de pelo cano, sosteniendo una bandera. ¿Qué estaría pensando en ese momento, qué estaría sintiendo? Firme, al igual que dos años atrás, demostrando una entereza sin igual, de pie, dando el ejemplo, así veía a la madre del soldado Jorge Maciel, cuya figura constituía el premio de los reconocimientos entregados.

Y llegaron las palabras finales de Alberto Puglielli, presidente del centro de veteranos de San Andrés de Giles, donde se llevan realizadas nada menos que 15 consecutivas vigilias. Mostrando en su mano izquierda las huellas del trágico accidente que le impidió estar presente en la vigilia anterior por estar hospitalizado, con un rostro demudado por la profunda emoción, habló poco pero dijo todo:

  1. Que estaba lloviendo en los alrededores de San Andrés pero que ahí no lo hacía debido a que desde la mañana habían estado orando a la Virgen del Rosario, la patrona de la operación de recuperación de las Islas y que como siempre la Virgen no les había fallado.
  2. Que era importantísimo haberla podido realizar porque es el hecho donde cargan las pilas para sobrellevar un año más con su mochila de dolor por la guerra y la indiferencia.
  3. Que agradecía la presencia de todos y pedía perdón por no haber podido traer la victoria. Confieso que me sentí horrible al escuchar esto. La victoria no es un deber, el único deber del soldado es luchar con valor como todos Ustedes lo hicieron. No hay nada que perdonar, por el contrario, toda una entrega que agradecer.
  4. Que iba a decir una frase que lo simbolizaba todo. Y así fue: “Para la justicia Dios, para la verdad el tiempo”.

Estaba por cantar Rimoldi Fraga pero ninguno de nosotros daba más y si era cierto que me tocaba volver bajo la lluvia, tenía que guardar mis fuerzas para un retorno a salvo de mis acompañantes. Pidiéndole por lo bajo perdón al Tigre, encaminé mi grupo hacia el auto.

Esta vez no hubo manto de neblinas en la ruta, pero a los pocos kilómetros se desató una tempestad que desafió mis habilidades conductivas hasta bien entrada la madrugada de este 2 de abril, confirmando que la Virgen, los 649 desde el cielo y en especial el soldado Maciel, habían sido los responsables del cielo estrellado que hubo anoche en San Andrés de Giles.

La lluvia siguió toda la noche y mi barrio, al igual que otros, amaneció totalmente inundado. Probablemente sean las lágrimas por tanta herida, por tanta viuda, por tanto anciano solo, por tanto huérfano, por tanto suicidio y por tanta indiferencia. Lágrimas que la Vigilia intenta  y logra cada año transformar en lo que corresponde: reconocimiento, gloria y honor.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 2 de abril de 2013

Nota: La frase de Alberto Puglielli que titula esta crónica es una paráfrasis del título de un bello poema de JOSE ZORRILLA denominado “Para verdades el tiempo y para justicia Dios”, cuya estrofa final dice así:

Llegó la primera al cabo,  y en ella al Cielo ocasión de mostrar que hay infalibles tribunales sólo dos de irrevocable sentencia, sin cotos ni apelación: Para verdades el TIEMPO,  y para justicia DIOS.

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Published in: on abril 2, 2013 at 7:32 pm  Comments (2)  

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2 comentariosDeja un comentario

  1. Soy de Giles, y espero, como toda mi familia, la vigilia parfa estar un poco mas cerca de NUESTROS soldados. Muy lindo articulo. Saludos- Gustavo Galeano


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