LA SEÑAL DEL ARCO IRIS


doble arco iris

LA SEÑAL DEL ARCO IRIS

 “Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mí y la tierra.” Génesis 9:13

Era el anteúltimo anochecer de mi verano sanclementino y no estaba dispuesto a perdérmelo. Pety, mi compañera de cuatro patas, con quien lo inaugurase en soledad, tal como ahora lo teminaba, tampoco.

Los anocheceres en la playa junto al muelle tienen una belleza inigualable, tanta que en ocasiones suelen emocionarme profundamente. Es un instante tan solo, en que uno ama la vida con toda la piel y agradece profundamente haber tenido la oportunidad de asistir a semejante concierto de naturaleza en armonía.

Mientras el sol se pone tras el  médano, la luna asoma en el mar, las gaviotas comienzan su danza en busca de comida playera, las aves migrantes pasan en vuelo bajo en bandadas hacia Punta Rasa, el cielo adopta espectaculares tonos cambiantes y lentamente se alza la línea de la noche.

Nunca los anocheceres fueron iguales para mi, desde que más de una década atrás un monje del monasterio trapense de Azul, de nombre Antonio, hoy sacerdote y monje en Francia, condujese en ese paradisíaco escenario una meditación al aire libre. Fue ahí que tomé conciencia de la existencia de la línea de la noche, pese a que había estado presente  todas las noches de mis cuarenta y cinco años de entonces. Fuera de las ciudades se observa fácilmente por la distinta luminosidad de la atmósfera por encima y por debajo de ella. Cuando alcanza el horizonte opuesto la noche se ha instalado. Son los animales quienes la respetan a rajatabla. Antonio me hizo escuchar como al pasar por encima nuestro se callaban todos los pájaros y comenzaban a cantar los grillos.

Cruzábamos el médano hacia la orilla y el sabor a despedida me teñía de nostalgia, mientras acudían a mi mente luces y sombras de mi estadía playera. Una herida abierta, de improviso, sangró profusamente.

Era el fin de mi primer verano sin Dully, mi cocker querida, mi maestra de amor.

Cuanta razón tenía Susana, la encargada del edificio, cuando me dijo, al saber que había adoptado dos perros, que aun cuando adoptase catorce, no iba a poder llenar el hueco que Dully había dejado en mi corazón, porque era única e irremplazable.

Fue la tristeza, mi frecuente amiga, quien me envolvió en mi paseo vespertino. Sin quererlo empecé a hablarle a Dully, simplemente contándole cuanto la extrañaba. Pety, cada tanto se daba vuelta y me miraba con esos ojos almendrados capaces de la máxima empatía y comprensión.

Algún mascotero, hace un tiempo me había acercado la leyenda del puente del arco iris, que en síntesis relata que las mascotas muy queridas nos esperan a su muerte a la entrada de dicho puente, para cruzarlo juntos a la hora de nuestra partida. Bella y consoladora como es, la incorporé a mis oraciones diarias, pidiéndole al buen Dios que la hiciera realidad para mi, tanto respecto de Dully como de Jimmy, el fox terrier que me acompañó de mis 13 a mis 28 años.

Caminábamos en silencio por la orilla y mientras Pety olfateaba la arena, yo miraba al cielo cuyos mágicos colores variaban por segundo. Unas gotas mojaron mi cara. En medio del cielo despejado una gran nube gris pasaba arriba nuestro, camino del mar y apenas esbozaba una llovizna.

Mientras seguíamos orillando con el corazón pesado por la ausencia, la nube gris se interpuso entre la línea de la noche y el descendente sol, cuyos rayos oblicuos irisaron las gotas de lluvia. Fue entonces que sucedíó el prodigio. Dos impecables arco iris se dibujaron en el cielo, sobre el mar, justo enfrente nuestro.

Detuve la marcha y me dediqué a contemplarlos. Mientras lo hacía tuve en un solo instante todas las respuestas. La pena se hizo gozo, el gozo lágrima, la emoción presencia. Presencia cierta y palpable de existencia y de espera. Eran sin duda ellos.

Y mientras el carnaval del mundo tomaba fotos y reía, una perra negra de patas cortas doradas, lamía la cara de este escritor, arrodillado y conmovido, que solo atinaba a repetir, como en una letanía, la palabra “GRACIAS”.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 4 de marzo de 2013

 

En este link podrán leer completa la leyenda del puente del arco iris: http://www.todoperro.es/foros/image-vp160235.html

Y para ilustrarlo nada mejor que la mágica canción del film Alicia en el país de las Maravillas, en la impecable voz de Judy Garland

 

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Published in: on marzo 5, 2013 at 12:08 am  Comments (2)  

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2 comentariosDeja un comentario

  1. HERMOSO ME HICISTE LLORAR.

  2. Muy bueno, a mi también me emocionó.


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