PASARÁS


MUERTE

PASARÁS

“no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo
ni mayor pesadumbre que la vida consciente”

Rubén Darío. Lo Fatal

 

Un viejo cuento muy repetido pero poco asimilado, relata que unos viajeros pasaron muchas penurias para alcanzar el hogar de un anciano muy sabio cuya fama había trascendido fronteras. Al encontrarlo en una  humilde habitación sin muebles se produjo el siguiente diálogo:

“Pero, ¿dónde están sus muebles?” dijo asombrado un viajero.

“¿Y los suyos?” repreguntó el anciano

“No están aquí porque estoy de paso” respondió sonriente el viajero.

“Pues yo también” sentenció  el sabio.

Fue la única enseñanza impartida. Los viajeros a su regreso modificaron toda su vida, dotándola de un novel y profundo sentido. Habían tomado consciencia de su mortalidad.

Se supone que los animales viven sin saber que van a morir. Los hombres viven esforzándose por ignorar que lo saben. La muerte es para nosotros, en términos colectivos, la suma de todos los males y el origen de todos los miedos. Un miedo que es tan grande, tan poderoso, que nos paraliza al punto que debe ser evitado por todos los medios. No hemos encontrado hasta hoy mejor forma de evitarlo que ignorarlo completamente. Cada día un poco más.

De hecho ni con amigos íntimos puedo hablar del tema sin que se sientan  incómodos. Ya se está imponiendo la usanza de eliminar los velorios y cremar los cadáveres, cuanto antes mejor. En una sociedad cercana futura no existirán cementerios. Parece malo tener amplias extensiones de terreno que nos evoquen su terca existencia. No hay misas recordatorias, no hay monumentos, a los muertos lo mejor es olvidarlos lo antes posible ya que si los mencionamos nos deberemos rendir a la evidencia que ellos como nosotros un día estamos aquí y otro, no sabemos cual, ya no.

Pero la negación no elimina, ni a la inflación ni a la muerte. Pertinaz golpeará a nuestras puertas en la forma de un pariente o un amigo, varias veces por año, sin reparar en méritos, riqueza, poder, sabiduría, belleza o edad. Profundamente democrática, o igualitaria en términos de la Revolución Francesa, o comunista en el lenguaje de mi abuela. Viene por todos.

¿No será acaso hora en que aceptemos su existencia? ¿Tanta razón le damos a las palabras de Rubén Darío que cualquier locura es preferible antes de sufrir el dolor de una vida consciente? ¿Será en verdad bueno vivir negándola?

Algunos por formación, como los monjes, se esfuerzan por tenerla siempre presente. Los ayuda en su lucha contra la soberbia. Otros, como los soldados, bomberos, rescatistas, médicos y policías, simplemente no pueden negarla porque conviven diariamente con ella. Existe un último grupo al que pertenezco, el de aquellos que hemos fracasado en nuestro intento de negarla. Lisa y llanamente nos hemos resistido a mentirnos hasta tal punto.

Mi adorado poeta nicaragüense, brillante discípulo latinoamericano del gigante Víctor Hugo y maestro de toda una generación de excelsos poetas, seguramente formó parte de la última manada. Y es verdad que el dolor de asumir “la insoportable levedad del ser” como nos enseñó Kundera, es grande. Por otra parte hay veces en que no se logra aceptar del todo y las inconductas consecuentes llevan a creer que hubiese sido mejor seguir negando. Darío mismo en su angustia existencial se tomó todo el alcohol que pudo hasta acabarse y se enredó en cuanta falda se le cruzó delante.

Todo lo que cuesta vale, de modo que no por dolorosa y dificultosa, la integración consciente de la propia mortalidad es una tarea que deba omitirse. Creo firmemente, por el contrario, que es importantísimo llevarla a cabo, y habría que encontrar la mejor forma de inculcársela a los niños desde temprana edad. No tendríamos entonces tantos adultos comportándose como inmortales, aun sabiendo que no lo son.

Respecto de todo conocimiento hay dos momentos. El primero es aquel en que uno lo adquiere y lo incorpora a su mente entre sus saberes, lo usa cuando lo necesita y lo comparte con sus semejantes intelectualmente. Para ejemplificar, nadie – excepto un niño – escribiría un artículo  o daría una alocución negando la muerte. Pero el segundo momento es cuando ese conocimiento se “nos hace carne”, es decir se incorpora a nuestra naturaleza y decididamente no podemos actuar sin tenerlo en cuenta. Millones de seres humanos actúan diariamente como si fueran a vivir por siempre.

Tiene premio el amigarse con la muerte. Miren a los monjes, a los bomberos, médicos, enfermeros, rescatistas, policías, soldados. Salvo excepciones, que siempre las hay y habría que ver cuan amigos de la muerte han llegado a ser, son buenas personas, con valores mas asentados, con mejor vocación de servicio, con cierta preocupación por el bien común, con mayor entrega de si, con más humildad, con mayor capacidad de disfrute de los buenos momentos que la vida les ofrece.

Y si no les gusta mirar a nadie para ese lado miren para el opuesto. Fíjense en los que se creen inmortales. Salvo excepciones, que también las hay, son los que mandan, los que llegan arriba por cualquier medio, los que aplastan porque disfrutan haciéndolo, los que buscan las recontrareelecciones, los que acumulan sin límite, ni medida, ni sentido, los que abusan del otro, los que ordenan guerras e invasiones. Es muy probable que esa búsqueda desenfrenada de poder no tenga en el fondo otra causa que la fantasía de pensar que a ellos, tan ricos, tan grandes, tan odiados o tan queridos, tan supuestamente necesarios, la muerte no se les va a animar. ¿Realmente quieren parecerse a ellos?

Entonces es importante aceptar, asumir, “hacer carne” cuanto antes y colectivamente, la idea más que real que la vida material no es más que un viaje con estación de comienzo y andén de apeo, o como decía genialmente Roberto Juarroz, el espacio entre dos puertas, una de entrada y otra de salida. Y transformar nuestra forma de vivir, actos, sentimientos y pensamientos en consecuencia.

Para cuando se topen con perversos poderosos, psicópatas manipuladores, regentes abusadores y quieran realmente dejarlos desnudos frente a sus peores miedos, no pierdan tiempo en  combatirlos, simplemente recuérdenles su mortalidad inevitable. Solo en el caso que quieran hacerlo con altura y refinamiento literario, pueden recitarles la poesía que me llegó junto a las olas. Sabrán perdonar cierta brutalidad, ajena por lo común a mis letras, pero que considero imprescindible para despertar al que no quiere ver lo obvio.

PASARÁS

Pasarás,

Aunque no quieras,

Aunque no pienses,

Aunque no creas,

Pasarás

¿Qué se siente al saber

Que esos ojos señoriales,

Nunca más han de ver

Y enraizarán cardales?

Pasarás

¿Qué se siente al temer,

Que esa poderosa mano,

No te pueda defender,

De la horda de gusanos?

Pasarás

¿Qué se siente al pensar,

Que ese odiante corazón,

De latir ha de dejar,

Encerrado en un cajón?

Pasarás

¿Qué se siente al creer,

Que esa mente tendrá,

Un día que obedecer,

El decir de los demás?

Pasarás

¿Qué se siente al intuir,

Que tu vasta heredad,

Otros han de repartir,

Sin una pizca de piedad?

Pasarás

¿Qué se siente al entender,

Que mañana ya no serás

Y aunque no puedas creer,

Toda la cuenta pagarás?

¡Pasarás!, ¡SI!, ¡Pasarás!,

Tal como yo  pasaré,

Mas de los dos quedará,

Tu mal y el bien que obré.

Enrique Momigliano

San Clemente del Tuyú, 9 de febrero de 2013

 

Cuarenta años atrás VOX DEI ya lo cantaba, solo hay que interiorizarlo y actuar en consecuencia.

Anuncios
Published in: on febrero 10, 2013 at 11:42 pm  Comments (3)  

The URI to TrackBack this entry is: https://sociedadpoetica.wordpress.com/2013/02/10/pasaras/trackback/

RSS feed for comments on this post.

3 comentariosDeja un comentario

  1. Querido Poeta,
    Me cuesta dejar un comentario por lo imponente de tus palabras y tremenda poesía. Un flechazo al centro del alma, contundente y enorme como toda verdad.
    Estoy terminando mis vacaciones en el sur, frente al imponente Nahuel, y en esta paz uno se encuentra con uno, y duele, uno se dá cuenta que somos como una herida que no sana; y duele.
    Lo maravilloso de todo es que en la soledad del “uno”, hay otros “unos”, con la misma herida dolorosa, y eso aunque no cura, calma.
    Hace unos días miraba la paz de este lago, y saboreaba la brisa que llega a la costa, y al mismo tiempo de los árboles de la orilla caían una pequeñísimas hojitas como lluvia, y pensando en el sentido que tendrá mi “uno”, escribí cuatro estrofas que te comparto.
    Lejos estoy de la poesía, pero nada es casual.

    Majestuoso Lago háblame
    murmura esa pena,
    para que la lleve el viento y
    la deshoje en la arena.

    Abrazo fraterno, de caminante pasajero

  2. Excelente lo que escribiste sobre la muerte. En mi caso no le tengo miedo y la tengo presente.
    Y muy fuerte la poesía, me gustó mucho.

  3. Reblogged this on ALMA DE POETAe comentado:
    Ouçamos…


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: