ENTONCES ALGUIEN EL HIMNO CANTÓ


 

ENTONCES ALGUIEN EL HIMNO CANTÓ

El pasado jueves 22 asistí al estreno porteño de la película LAS LLAVES DEL CIELO, declarada de interés institucional por la Fuerza Aérea Argentina, coincidiendo con el año del centenario de su creación y de los 30 años de su bautismo de fuego en el conflicto de Malvinas.

Cada película que se estrena, cada libro que se escribe, cada acto que conmemore la inolvidable gesta de los que pelearon en Malvinas, cuenta con mi presencia si me entero y si llego tarde, con mi incondicional apoyo. Algún día la sociedad argentina despertará y pondrá en su justo lugar la valentía y heroicidad de nuestros combatientes en tan desigual batalla. Hasta entonces hay que trabajar y mucho, para que la segunda muerte que es el olvido nunca se apodere de los centinelas que regaron con su sangre la perla austral irredenta.

De modo que me apersoné al Círculo de la Fuerza Aérea, invitado por el Grupo Argentinidad y  mi primera sorpresa fue el lleno total del auditorio del primer piso. Se mezclaban allí en respetuoso silencio distintas generaciones de aviadores militares, algunos veteranos del conflicto, muchos retirados, muchos jóvenes y familiares, todos rindiendo homenaje a los 55 caídos de la fuerza.

En este caso mi asistencia tenía una segunda intención. Sabedor que el Comodoro Pablo Carballo era uno de los protagonistas de la película, desconté su asistencia y realmente quería saludarlo personalmente. Fue él al primer combatiente que tuve el honor de conocer personalmente en 1983 y fue él a quien le entregué en mano la poesía A VOS, rechazada por todos los diarios de aquel tiempo.

Él fue quien me dedicara el libro DIOS Y LOS HALCONES  en su primera edición y me informara en una conceptuosa carta, a la cual ya me referí en este blog  (https://sociedadpoetica.wordpress.com/2010/03/23/la-carta-del-heroe/), que mi poesía estaba nada menos que en la sala de pilotos de su base en Villa Reynolds, San Luis. Si bien siempre lo seguí por los medios, nunca más habíamos vuelto a vernos. Quería compartir con él su vivencia patria de estos 30 años y el vuelo que A VOS había tenido. Quería regalarle mi libro POESIA PARA SENTIR LA VIDA, en la que A VOS tiene su lugar especial, tan especial como la historia de nuestro ya lejano encuentro.

Empero, todo resultó distinto. La multiplicidad de mis obligaciones actuales hizo que asistiera sin poder hacerme de un ejemplar de mi libro y además  Pablo Carballo no fue de la partida en la función. Si quieres ver a Dios reír a carcajadas nada mejor que contarle tus planes, reza un viejo adagio.

LAS LLAVES DEL CIELO son esencialmente el testimonio en primera persona, en palabras y emoción, de una decena de veteranos del conflicto austral. Testimonio que arranca desde el nacimiento de la vocación por el vuelo hasta el regreso de la guerra y su vida en la actualidad. No todos son pilotos, uno de ellos es médico y otro operador de radar, contándose entre los pilotos tanto de combate como de transporte.

Así une la serena reflexión de un hombre de fe como Carballo, hoy blanco en canas, con el relato de un guerrero como Rinke, con la azorada expresión plena de agradecimiento del médico y con entre otros, la charla a los jóvenes de su unidad del emotivo Daghero. Plena de anécdotas y desbordado de emociones el recuerdo del conflicto siempre busca detenerse en el  homenaje a los caídos.

Justamente esa era la principal pregunta que quería hacerle a Carballo. ¿Cómo había hecho para seguir viviendo con el recuerdo de los compañeros perdidos en batalla? Y me la contestó. El no solo había sobrevivido, según sus propias palabras por gracia de Dios, sino que por dos veces había perdido en combate, compañeros de misión.

Tanto como rescato y llevaré conmigo por mucho tiempo el relato emocionado de Daghero cuando vuelve a su casa y su madre no lo reconoce por un novel bigote, nunca podré olvidar como Carballo cuenta la caída del Teniente Gaudagnini, estrellando su avión contra la fragata enemiga. Ni sus palabras al respecto: “es muy pero muy difícil ofrendar la propia vida”.

La película contiene un documento imperdible como es la grabación de la conversación entre los pilotos en el momento de un ataque a un barco. Más allá de las palabras pronunciadas que incluye lógicos desbordes, se advierte en su tono el tremendo stress del momento, la tensión de aquellos que saben- en palabras de Rinke- que se trata de vencer o morir, así de simple. Uno de cada dos aviones que partieron nunca retornó de su misión.

También supe como Carballo y Rinke sobrevivieron al ataque retratado en la fotografía de un marino inglés y que acompaña mi escrito anterior, donde los estallidos de la munición antiaérea cubren prácticamente todo el cielo que surcan los aviones argentinos. Dios protegió a sus halcones. Un oportuno error del software controlante de las armas inglesas sumado a una errónea maniobra evasiva que situó a una fragata en la línea de tiro del otro buque, habían rendido salvos a nuestros pilotos.

Carballo, docente al fin, me siguió enseñando. Preguntado por sus sueños actuales a los que calificó de últimos y cortos, respondió que eran volver a Malvinas y, romántico insospechado, morir tomado de la mano de su esposa, de quien aun hoy está profundamente enamorado.

Terminó la función coronada con un gran aplauso, pero algo no estaba bien conmigo, sentía en mi interior una profunda nota discordante que me perturbaba. Y presentía de algún modo que ese malestar era compartido por el resto de la audiencia, malestar enigmático que no tenía ni explicación ni justificativo. La sala empezó a desocuparse con rumbo al ágape gentilmente preparado por los convocantes.

Entonces, alguien, el himno cantó. Y todos empezamos a cantarlo, cada vez más fuerte, cada vez más claro. Los que se habían ido volvieron y se sumaron. Mientras lo cantaba, embargado de profunda emoción, afloró en mi interior la causa de mi malestar con prístina claridad.

Era el contraste, brutal e increíble entre una Argentina capaz de criar hijos con tanta nobleza  y amor que los empujara a ofrendar el bien más preciado de todo humano – la vida-, por su querida patria y la actual: dividida, materialista, enfrentada irracionalmente al mundo, casi inerme y desarmada, embargada, enfrascada en luchas fratricidas con símbolos patrios adulterados e  ídolos falsos de pies de barro. Sentí con absoluta impiedad, los valores que hemos perdido en estos escasos 30 años.

Pero también sentí que el hambre de valores y de ejemplos genuinos, que el amor a la Patria, podrán estar dormidos o disimulados  pero VIVEN, nos habitan y en cualquier momento, téngalo por seguro, se manifestarán en hechos concretos, tanto individuales como colectivos. Es solo cuestión de FE y PACIENCIA, dos virtudes que a nuestros combatientes les sobraron.

Ágape mediante volví a la mesa del Grupo Argentinidad donde al entrar había comprado la película y me alegré al ver que es absoluta verdad que  Dios los cría y ellos se juntan. Entre quienes eligieron al Grupo como editor se encontraba nada menos que el Padre Agustín Roberts, dos veces abad del Monasterio Trapense de Azul, al que cada año vuelvo a recargar mi alma.

Justamente por él prologado me llevé otro libro de Pablo Carballo denominado UN VUELO AL CORAZÓN, el cual no habla de aviones de caza  ni  de batallas militares, sino de fe y esperanza.

En definitiva fui para regalarle un libro mío a Pablo y terminé llevándome uno de él. Dios sabe el porqué y yo seguramente me enteraré al leerlo.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 24 de noviembre de 2012

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Published in: on noviembre 24, 2012 at 7:48 pm  Comments (3)  

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3 comentariosDeja un comentario

  1. […] Fuente: https://sociedadpoetica.wordpress.com/2012/11/24/entonces-alguien-el-himno-canto/ […]

  2. COMPARTO EN UN TODO EN EL SENTIR Y EN EL PENSAR!!!!!!!

  3. “La Presentación”, momentos llenos de profunda emoción!, entre los héroes de carne y hueso…, con quien tengo el gusto y el honor de convivir!!.


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