El FIN DEL MUNDO DE PABLITO


EL FIN DEL MUNDO DE PABLITO

Pablito vive en Moreno, una populosa localidad del conurbano bonaerense. Hay mucho mundo que no conoce a sus escasos años y hay muchas cosas que le escasean. Papá y mamá trabajan duro, pero todos los meses los ve preocupados cuando se acercan los últimos días porque: “otra vez la plata no alcanza”.

Desde la humilde reunión de fin de año, con sidra y pan dulce regalado, a Pablito le cuesta dormir. No sabe porqué sus tíos se pusieron a hablar sobre el fin del mundo, primero en broma, después en serio hasta que él se asustó. Y asustado preguntó:

“¿Cómo es el fin del mundo?”. Tras un espeso silencio, una tía le dijo: “Es como morirse pero todos juntos, al mismo tiempo”. No quiso preguntar más, tenía chuchos de frío. Así que eso era lo que todos pensaban que podía pasar este año. Pablito ya sabía lo que era morirse, era desaparecer de la vista de los que te quieren, para siempre, como lo había hecho el año pasado su hermanita menor, mal comida y mal abrigada, por una maldita gripe.

Afortunadamente de día se le pasaba, pensaba en otras cosas, jugaba a la pelota con los vecinitos, miraba la tele, leía algunas revistas viejas y en algunos días especiales acompañaba a papá o a mamá a hacer algún trámite, aprovechando sus vacaciones escolares.

Hoy era uno de esos días de fiesta. No porque lo llevaran a comer pizza, al cine o le comprasen algo, ya que para eso nunca había plata; sino porque podía hablar con papá o mamá más de lo habitual y sin que le dijesen, no siempre de buena manera: “salí, no ves lo cansado que estoy”. En el difícil viaje, en las largas colas, en las interminables esperas o mientras corrían de un lugar a otro, Pablito podía hacer preguntas y algunas veces recibía respuestas interesantes.

Por eso no le costó levantarse tempranísimo, vestirse rápido y caminar al alba una veintena de cuadras hasta la estación. Mientras esperaba el tren que no venía nunca y el andén se llenaba de gente, se puso a espiar los títulos de los diarios que se ofrecían en el puesto. Una palabra le llamó la atención: INEFICIENCIA

“Mamá ¿Qué significa ineficiencia?” preguntó.

“Hacer todo muy mal” contestó la madre.

Al rato, hubo otro título que no entendió y cuya palabra central era: CORRUPCIÓN

“Mamá ¿Qué quiere decir corrupción?” inquirió.

“Sos muy chico para entenderlo” dijo ella.

Pablito siguió leyendo y volvió a tropezar con otra palabra que no entendió: DESIDIA

“Y desidia ¿Qué significa?”

“No hacer lo que corresponde, dejarse estar, es como si yo no hiciera las compras, ni la comida, ni te lavase la ropa” fue la respuesta.

Entonces llegó el tren y como siempre, se tomó bien fuerte de la mano de su madre porque se venía el empujón. Con tanta gente en el andén, prácticamente lo subían en el aire, hasta terminar apretujado en un rincón, casi casi sin poder respirar. Pablito se propuso no preguntarle nada a su madre durante el viaje, porque bastaba mirarla para darse cuenta lo mal que estaba, apretada por todos lados por esos hombres extraños que no paraban de empujarla.

Como no había nada lindo para mirar, solo ventanillas que no funcionaban, asientos rotos, piso muy sucio y rostros de gente que evidenciaba un sumo malestar, se metió para adentro.

Aguantando los empujones de cada estación y haciendo esfuerzos para no escuchar los ruidos que hacía el tren que avanzaba esforzadamente y frenaba de milagro, repetía para sí las tres palabras nuevas que había descubierto en la estación: INEFICIENCIA, CORRUPCIÓN y DESIDIA, algo de su fonética lo atraía.

Era imposible que Pablito pudiese siquiera soñar que hubo un tiempo en que en los trenes había guardas impecablemente uniformados que velaban por la seguridad y comodidad del pasaje, que los hombres viajaban vestidos de traje, las mujeres con ropa elegante, todos cómodamente sentados en asientos bien conservados y que la puntualidad era el orgullo de los ferroviarios. En su cabeza no puede entrar la idea que los talleres ferroviarios de Argentina fuesen en una época los más avanzados de Sud América, con los mejores ingenieros y los más calificados obreros.

Como tiene pocos años tampoco escuchó una frase mortal para los trenes: “ramal que para, ramal que cierra”. Tampoco conoce de la humillación de empleados ferroviarios que tuvieron que aceptar ser agentes de la AFIP para no quedar en la calle.

Pablito no piensa cómo pueden manejar bien una empresa de trenes, unos oscuros empresarios del transporte automotor. Pablito no conoce que significa la frase “subsidio escandaloso” y tampoco pregunta por ella.

Pese a los pisotones y empujones, pese a ir muy apretado casi sin poder tomar una bocanada de aire fresco, pese a sufrir el tener que ver a su madre incómodamente vejada, para Pablito este miércoles de ceniza es un día de fiesta. Solo tiene que aguantar un poco más y habrán llegado.

Pablito no puede imaginar que las tres palabras recién aprendidas, en danza macabra, estén a punto de hacer realidad la pesadilla que lo persigue desde año nuevo.

Son las 8 y 32 de la mañana y el tren está entrando, algo más rápido que lo habitual, a la estación terminal de Once.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 22 de febrero de 2012

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Published in: on febrero 23, 2012 at 1:05 am  Comments (5)  

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5 comentariosDeja un comentario

  1. Muy bueno. Lamentablemente, tragedias como la de ayer dan contenido dramático y criminal a las tres palabras a las que te referís.
    No debemos perder la esperanza que algún día sean un mal recuerdo y no una descripción del presente.

  2. Excelente Enrique!!!!!!!
    Cuanta verdad en esta realidad!.
    Beatriz

  3. Enrique lamentablemente a los responsables de esto solo les importa el voto, prometen el oro y el moro y luego ..ya esta!!! ganaron y siguen contando como dice Serrat quien la tiene mas larga. Lo unico que nos queda es la certeza de que nadie escapa a la justicia divina, antes despues pero siempre los alcanza.
    Besos
    Eli

  4. Tremendo!!! a partir que haya justicia podremos empezar a soñar en un porvenir mejor.

    Fernando

  5. Muy real …estoy emocionada !! Que triste es la realidad que nos sucede !!


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