ACEPTAR EL DESAMOR


ACEPTAR EL DESAMOR

 

Aun los más sinceros, aún aquellos que no le mienten a nadie, en este tema suelen mentirse a si mismos. Es que no resulta nada fácil aceptar que pese a que uno siga amando, el otro no lo ame más, o peor aún, jamás lo haya amado.

Bajarse del amor cuesta horrores. Pero hay que hacerlo por una muy poderosa razón: poder amar de nuevo. Eso si, habrá que bancarse como se pueda al temblor del desamor.

El amor es la fuerza más poderosa del universo. Todos y todo lo que nos rodea proviene de él, aunque lo llamen big-bang. Si de algo estoy seguro es que si mi padre no hubiese amado a mi madre, yo aquí no estaría. Y que si ambos no me hubiesen amado locamente, yo no sería quien soy.

Es por ello que amar nos hace distintos. Nos da fe, fuerza y valentía. Nos vuelve soñadores y utópicos, capaces de empresas inimaginables. No en vano se dice: “por interés serás rico, por amor serás un héroe”. Asimismo le devuelve el sentido a todo lo vivido, a todo lo que nos sucede, a la existencia misma.

Todos queremos amar porque amar hace realmente muy bien.

Y más de una vez nos emperramos en seguir amando a quien ya no nos ama o nunca lo hizo como supusimos que lo hacía. ¿Por qué?

La respuesta es simple. Porque no queremos soportar el desamor. Nos da mucho miedo volver al estado espiritual que teníamos antes de amar. Escépticos, miedosos, calculadores, débiles, “derivantes” en la rutina diaria que nos agobia. Cuando dejamos de amar el mundo se vuelve muy pero muy concreto, tangible, carente de toda magia.

No nos gusta, no queremos volver ahí. Entonces nos mentimos. Nos decimos que el problema es pasajero, que son crisis normales, que en el fondo nos siguen amando aunque ya no lo demuestran. Y seguimos aferrados a un amor que ya no está.

En el fondo sabemos a ciencia cierta que no está, pero esperamos que vuelva a aparecer, buscamos signos y señales en equívocas y espaciadas actitudes. No queremos ver.

Hasta que un día decimos: ¡BASTA! Y vemos con los dos ojos la verdad que siempre estuvo ahí. Aceptamos la realidad y nos dejamos abrazar por el desamor. Que es feo, muy feo e intolerable. Llegamos a odiarnos a nosotros mismos por sentir así, por estar así. De ahí nacen las conductas autodestructivas y hasta los suicidios.

Por eso es tan importante recalcar que no se puede ir de una cima a otra sin antes pasar por un valle. Eso es lo que es el desamor. Un valle, posiblemente de lágrimas, entre la cima que fue y la cima que será. No es eterno, nacimos para amar y seguramente lo volveremos a hacer. Lo único que no hay que hacer es instalarse en el valle.

Muchos después de una grave decepción, viven en él por el resto de sus días, privando así a su existencia de la mejor parte. Otros eligen, por miedo al desamor, seguir mintiéndose y como sobra evidencia que el amor ya no está, eligen perpetuarlo viviendo su reverso, que se llama ni más ni menos que odio. Así se originan los divorcios controvertidos que duran décadas. En cada acto de daño entre separados, si se mira bien, hay un acto del amor que ambos resisten a dar por finalizado.

El opuesto del amor no es el odio, éste es solo otra forma del mismo. El opuesto del amor es aquello que ejercemos con todos aquellos que no amamos: la indiferencia.

Veamos que le nace decir a nuestro poeta, cuando se decide a desembarcar en la playa del desamor.

 

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 1 de octubre de 2011 

 

DESAMOR

Ayer

Yo aún creía,

En mi fuerza

 y mi filosofía.

Ayer

Yo aún soñaba,

Que pese a todo,

Conmigo te quedabas.

Ayer

Yo aún sentía,

Que al destino se vence,

Con fe y valentía.

Ayer

Yo aún amaba,

Tu ser por entero

Y cuanto me rodeaba.

Ayer

Yo aún tenía,

Metas muy claras

Y una cierta utopía.

Ayer

Yo aún pregonaba,

Que en la vida a puerto,

Algún día se llegaba.

Hoy

He por fin despertado,

Y soy solo un náufrago,

Vencido y quebrado.

Hoy

Ya no me quedan,

Fuerzas ni filosofía,

Por el miedo  gobernado.

Hoy

Tampoco encuentro,

Ni fe ni valentía,

Solo dudas soy dentro.

 Hoy

Puerto no presiento

Y no atisbo utopía,

A la deriva me siento.

Hoy

He-¡maldición!- aceptado,

Que si pudiste marcharte,

Es porque no me has amado.

 

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 1 de octubre de 2011

Les dejo la escena final de una memorable película de Preminger, basada en no menos famosa novela de Francoise Sagan, escrita a sus 19 años: “Buen día tristeza”. Como la letra de su tema central es impactante, dejo también el link a la misma

http://letrascanciones.mp3lyrics.org/j/juliette-greco/bonjour-tristesse/

 

 

 

 

 

 

 

 

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Published in: on octubre 1, 2011 at 11:16 pm  Comments (1)  

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One CommentDeja un comentario

  1. El amor, que es vida, también envejece. No tiene porque ser que alguien nunca haya amado al otro, quizá se fue alejando el amor y se quedó la costumbre. Seguramente, en este estado de la costumbre, lo mejor es seguir otro camino. Se amó y ya no. Quizá un poco se sigue queriendo amar pero ya no da fruto el esfuerzo.
    Mejor terminar con sinceridad y no con engaños.


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