FACUNDO PARA TODOS Y PARA SIEMPRE


FACUNDO PARA TODOS Y PARA SIEMPRE

“Cuando cierres este libro,

si la alegría te ha poblado como a mí,

canta y baila,

que es la mejor manera de continuarlo”

Facundo Cabral- Ayer soñé que podía y hoy puedo

Me debía este escrito y me debía hacerlo entre risas y mágicos recuerdos, entre idolatrías y ejemplares conductas, entre vanos intentos de emularlo y rotundas remembranzas de mi pequeñez. En cambio, por una banda de asesinos malparidos que encima tienen pésima puntería ya que dejan vivo sólo a quien querían matar, lo tengo que hacer entre puteadas y lágrimas.

Facundo no merecía ni la muerte que tuvo ni que yo le escriba así. Era demasiado bueno, demasiado grande, demasiado fuerte para merecer estas pobres palabras que van a surgir de mi dolido corazón.

Facundo fue siempre mi espejo, pero un espejo en el que lejos de reconocerme, desee fervientemente toda la vida verme, que por un artilugio secreto de magia un día mis ojos me devolviesen una imagen mía siquiera un poco parecida a él.

Mi primer hijo se llama Facundo en su homenaje y tuve la inmensa fortuna de al cabo de un recital, decírselo en la cara y ver su sonrisa bonachona e inmensa agradeciéndomelo.

No fue un gran cantante, tampoco un gran poeta, fue algo mucho más importante que ese efímero y falso éxito, fue un gran HOMBRE, con mayúsculas y con todas las letras. Por eso perdurará. Fue ese hombre al que todos debiéramos aspirar a ser.

Fue capaz de despojarse de todo, de vivir en serio de la providencia divina, de querer demostrar que se puede vivir del amor, de abrazar a cada ser humano como al hermano que en realidad es.

Sacudido por una tragedia inmensa como fue la pérdida de su esposa e hija en un accidente aéreo, se irguió sobre el dolor y lejos de llenarse de resentimiento por la vida, la amó más que nunca.

Amante ingobernable de la libertad, la vivió intensamente y nos enseñó a todos a no tenerle miedo, a no renunciar a ella por comodidades esclavizantes.

De una sólida formación intelectual difundió a geniales autores como Whitman y Borges en cada escenario. Siempre recordó a Gandhi y a Madre Teresa como sus ideales a seguir, por ser él mismo un trabajador de la paz y el amor, de la no violencia y la ayuda al necesitado.

Eligió ser pobre pudiendo enriquecerse con sus canciones. Denunció siempre la injusticia sin rencores, al contrario con compasión, hasta con los injustos.

Y el buen humor, algo que personalmente carezco por completo, con que suavizaba sus verdades para que llegasen mejor a la gente, para que fuesen fácilmente recordadas.

Sus palabras sanaban, su paz se transmitía, inundaba a cualquiera que se acercase.

Era un hombre de paz porque estaba en paz, con la vida, con la gente, con sus tragedias, con sus dolores más íntimos.

Además era un curioso insaciable. Anduvo por 150 países porque quería conocer, saber, ver de primera mano las maravillas de Dios y de la humanidad a quien amaba hasta en sus formas más distintas.

Era argentino con mayúsculas, amaba a su país pese a que se tuvo que exiliar pero también por ello, para ejemplo de muchos notables de este tiempo, demostró una comprensión y un perdón que sorprendía.

Le cantó a la madre como ninguno y fue agradecido del esfuerzo de la suya por formarlo durante toda su vida.

Hace unos pocos años se iba a presentar en el teatro de mi querido San Clemente justo el día de mi cumpleaños. Amando el mar como lo hago, nunca voy al teatro en vacaciones, simplemente porque me duermo antes. Ese día había sacado las entradas con anticipación y fui. No pudo ser. Se descompuso antes de la función.

Estaba muy enfermo, terminalmente enfermo. Y sin embargo siguió cantando, hasta la noche anterior a su muerte. El no luchaba contra la enfermedad y el deterioro, los aceptaba con la misma simpleza que a una puesta de sol. Y era justamente esa aceptación que le permitía seguir haciendo lo que amaba con todos los males a cuesta.

Me vienen a la memoria recitales inolvidables en soledad cuando susurraba verdades que golpeaban pero sin doler, que hacían recapacitar pero sonriendo. Y también aquellos en la mágica compañía de  mi querido Alberto Cortéz. ¡Como se querían y admiraban mutuamente ambos! Juntos era una fiesta en el escenario. Supongo que Facundo admiraba en Alberto ese virtuosismo, esa voz poderosa, esa poesía sublime puesta al servicio de la verdad y Alberto admiraba en Facundo ese vivir la verdad hasta sus últimas consecuencias, ese admirarse de la maravilla del mundo y de la vida a cada paso. Tan distintos en apariencia y sin embargo tan iguales, tan hermanos, forjaban un dúo entrañable e inolvidable.

Todavía no nos dimos cuenta de lo que perdimos con la partida de Facundo. No lloro por él, quien estaba más que preparado para el viaje, el cual en sus propias palabras lo excitaba. Lloro por nosotros, lloro por mí, a quien unos cobardes le rompieron el espejo.

A quienes quieran conocer más  a este mensajero de la Verdad, les ruego que superen el “No soy de aquí y no soy de allá” y lean su libro “ayer soñé que podía y hoy puedo” de Editorial Vergara, se sorprenderán de la sabiduría y fe profundas que Facundo poseía y compartía amorosamente.

Sobrarán ahora palabras dulces y no faltarán homenajes insulsos y caras extrañas que politicen su figura. Tampoco faltarán ahora espacios en los medios que antes le negaban. Desde donde esté Facundo sólo debe querer que nos miremos en él, que veamos como se vive desde la Verdad, la Fe y la Paz, que aprendamos cuánto de hermanos  tenemos hasta con los nómades del desierto y sobre todo que despertemos a la maravilla que la Vida y el Mundo son.

Y a los que nos iluminamos por él durante tantos años y hoy lloramos a mares, seguramente estará amorosa y humorísticamente diciéndonos que nos dejemos de embromar, que tomemos su “fusil” que no es otro que el Amor de verdad y trabajemos con mucho más empeño en despertar conciencias, en decirle a la multitud de deprimidos que nos rodean, cuán pero cuán distraídos están.

 Enrique Momigliano

Buenos Aires, 9 de julio de 2011

Y ahora a reírse con él, nada le hubiera gustado más

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Published in: on julio 11, 2011 at 4:15 pm  Comments (4)  

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4 comentariosDeja un comentario

  1. Enrique:
    Una pena lo que sucedio , gracias por dejar videos para que podamos recordarlo y escuchar lo que nos gusta oir.
    Saludos
    Elisabet

  2. Probablemente el Señor lo liberó de una muerte con padecimiento físico, lo arrebató de esta existencia para su mayor bien, tan solo nos queda aceptar su partida y seguir sus huellas.
    Con referencia al comentario sobre el espejo aporto un pensamiento de Marcelo G.Martorelli: Búscame a mí en tí y me encontrarás. Pero no me busques a mí en mí, porque no me encontrarás a mí sino a ti.
    Ana M. Espósito

  3. Graciela:

    Siempre recordaré su decir pausado, sus letras sentidas. Lo saludé una vez y aún recuerdo lo afectuoso de sus maneras.

    Hasta siempre Facundo!!!

  4. “Cuando cierres este libro,

    si la alegría te ha poblado como a mí,

    canta y baila,

    que es la mejor manera de continuarlo”

    Facundo Cabral- “Ayer soñé que podía y hoy puedo” …Tenemos este libro en casa autografiado por él. Un abrazo fraterno, Enrique… en sintonía de sentimientos, lloramos por nosotros. Ahora a sonreír con él y por él… y a trabajar cada día por la Justicia, la Paz, la Verdad, la Libertad y los designios de Dios para la Humanidad. ¡Gracias, Dios mío por su vida! Edgardo y Milagros Zamora -Venezuela.


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