DEVANEOS INOCENTES Y NO TANTO


DEVANEOS INOCENTES Y NO TANTO

Los riesgos de la entrega

            “Si se deja uno domesticar, se expone a llorar un poco”

El Principito.  Antoine de Saint- Exupéry

¿Uno elegirá en el amor? ¿O será como dice Cortázar una estaca que se te clava y te deja atónito en la mitad del patio? Si uno eligiese a quien amar y elegido amar pudiese, elegiría por cierto alguien que le conviniese. Dicha conveniencia no se refiere a la situación económica, ni a los bellos aspectos del elegido, sino a aquél que siendo receptor del corazón de uno, lo bien tratase siempre.

Amar significa poner el corazón y por ende la forma de sentir a cada rato en las manos de alguien. Pero también en los caprichos, inseguridades, fobias y traumas de ese alguien.

Ser amado por ende entraña una suprema responsabilidad: la de bien tratar, en todo momento, ese corazón que como regalo, como ofrenda, el otro puso en nuestras manos.

Es de buena gente, si uno a su vez no ama a quien lo eligió, si no se siente capaz de lidiar con la responsabilidad de los sentimientos del otro, que voluntariamente se nos hace vulnerable al extremo, decirlo y cuanto antes mejor.

Puede suceder que haya quien no lo diga y se deje amar sin amar, por no lastimar, por no rechazar. Ese callarse condenará al otro a un suplicio eterno ya que sus días, sus años, su vida la pasará como vulgarmente se dice “deshojando la margarita”, es decir tratando de concluir a partir de las actitudes, siempre cambiantes, del otro si lo ama o no. Por más que quien no ama haga un sincero esfuerzo por aparentarlo, acepte sólo encontrarse cuando se sienta en condiciones de jugar adecuadamente su rol, su conducta le parecerá a su amante, el que le dio sinceramente su corazón, como una serie de injustos devaneos que hoy lo suben al cielo y mañana sin razón aparente lo botan en el infierno.

En definitiva tampoco tengo la respuesta a la pregunta del comienzo, pero aunque dichos devaneos en cierta intensidad hacen del juego amoroso una actividad más que interesante, su repetición incesante  y perdurable puede ser un claro signo de una conducta patológica. Cabe aclarar que los devaneos no son patrimonio exclusivo de las mujeres que saben hacer de ello un culto imprescindible, también los hombres vamos y venimos, creemos y sospechamos, entregamos y replegamos.

Por todo ello permítanme aconsejar que antes de transitar la extrema vulnerabilidad que amar implica, vale observar con suma atención – siempre que tengamos la oportunidad- qué trato le ha dado el objeto de nuestro amor a los distintos corazones que otros han osado poner en sus manos, no necesariamente amantes, ya que también padres, madres, a veces hermanos, y casi siempre amigos y amigas, aman y se hacen vulnerables a los devaneos.

Hay demasiado psicópata, legiones de histéricos y multitudes de manipuladores sueltos por ahí, esperando la ingenua ofrenda de un corazón lisa y llanamente para destruirlo, ya que gozan profundamente con ello.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 10 de abril de 2011 

 

DEVANEOS

 

Me gusta y disgusta al unísono,

Me aterra y fascina también,

Que seas tú cual mágico ícono,

Quien decida mi mal y mi bien.

Apareces siempre con la llave,

Que libera mi dolido corazón,

Desapareces y él muy bien sabe,

Retornar presuroso a su prisión.

Así andamos de años en años,

En torpe viaje a doble dimensión,

Sin siquiera reparar en los daños,

Que causa esta sublime emoción.

De tus devaneos que a mi brindan,

En un instante todo, al otro nada,

Y mi alegría, paz, plenitud moran,

    En  el  suceder  de  una  llamada.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 10 de abril de 2011

Hace muchos años Julio Iglesias reflejó esta situación en una muy bella canción que se titulaba justamente así: DEVANEOS (luego más conocida como “O me quieres o me dejas”)

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Published in: on abril 25, 2011 at 2:31 am  Dejar un comentario  

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