Las Malvinas son Argentinas: Vigilia del 2 de abril en San Andrés de Giles


Bahianoticias.com –Vigilia del 2 de abril en San Andrés de Giles Por Enrique Momigliano – Cobertura Especial en San Andrés de Giles para BN La causa Malvinas como punto de apoyo de la unión nacional. “¿Lloverá?” fue la tímida pregunta de mi esposa, quien sorprendentemente había decidido acompañarme a la vigilia. “No anunciaron y además está todo despejado” respondí como sobrando, mientras aceleraba por el acceso oeste.

Hacía ya dos años que Luis Allegrini Brignoli, director de FM de las Américas me había invitado a participar de su programa radial especial por el 2 de abril. Este año y habiendo escrito “Anochece en Malvinas”, cuento que no puedo leer de la emoción que me produce, una fuerza interior irresistible me empujó a ir bajo cualquier circunstancia. Apenas a diez kilómetros de San Andrés de Giles, capital de la malvinización, un diluvio de proporciones acompañado de granizo me detuvo por tres veces, la tercera ni pude entrar a la ciudad por estar anegadas sus calles.

Mientras esperaba algún milagroso despeje del tiempo en una estación de servicio de las afueras, recordaba las palabras de un veterano incorporadas al homenaje que con mis escritos el diario hiciera para este aniversario. “Cuando salgo a la calle y llueve,… me hacen recordar Malvinas, las gotas en la cara” (1)

Contra todos los pronósticos agoreros de la televisión del barcito, en menos de media hora despejó, la ciudad drenó sus calles y nosotros equivocándonos de plaza y colegio, finalmente arribamos a la plaza Saraví, al Colegio Nacional y a mi cita con Luis.

Al no saber en qué rincón funcionaba la radio, me mal dirigieron hacia el salón donde se estaba celebrando la misa de inicio de los actos, fruto de la cual recibimos sendos rosarios bendecidos, recuerdo de la Virgen que diera nombre a la operación de recuperación de las islas.

Mi primera sensación empero no fue grata. Observando a mi entorno me di cuenta que era claramente sapo de otro pozo. Destacaba del conjunto por mi pelo semilargo, mi barba y mi sospechosa mochila, además por el hecho evidente que nadie me conocía ni saludaba. Definitivamente, en apariencia, no existe punto de contacto alguno entre un contador, tributarista y analista de mercados financieros globales, humanista, pacifista, con pretensiones de poeta y un aguerrido militar por más retirado que se encuentre.

Así que fue con cierto alivio que logré refugio en el rincón radial de Luis, apenas a salvo del bullicio exterior. Dado que eran muchos los reportajes que se le acumulaban, me apresuré a decirle que a mi me dejase para el final, ya que no tenia ningún apuro y que de paso me venía bien escuchar a los entrevistados.

Al micrófono de Luis accedió primero el veterano Víctor Bertone, que describió minuciosamente cómo, con escaso tiempo de instrucción, se batió con sus compañeros, ante un muy numeroso enemigo en Pradera del Ganso. Rechazó en el curso de su exposición, por inadecuado, el mote de “chicos de la guerra” ya que pelearon como hombres y puso por ejemplo que un experimentado comandante inglés fuese abatido por un joven soldado argentino de apenas 18 años.

Le siguió su jefe en la vida real, un apasionado malvinero que no pudo ir a las islas pese a haberse ofrecido como voluntario por un accidente que casi le cuesta la vida, pero que se dio el gusto, muchos años después de ir con el veterano Bertone, pernoctar haciendo guardia en colinas escenario de sangrientos combates y hasta de construir un monumento homenaje en su propio negocio. Relató como en esa noche le pareció percibir los sonidos, los gritos, los estampidos y las órdenes de la encarnizada batalla. En algún plano se sigue disputando todavía.

Posteriormente el teniente coronel Nani, herido en Malvinas y que perdiera un ojo en la batalla por la recuperación de los cuarteles de La Tablada en 1989, expresó que Malvinas es la única y última causa nacional, a partir de la cual puede volver a unirse nuestro pueblo. De no hacerlo, de ahondar en las divisiones reales y provocadas, algunas desde las más altas esferas del poder, estimó de muy incierto el futuro del país.

Negó que el conflicto haya sido causado por la locura etílica de un general, ni que fuese un salvavidas del proceso, y mucho menos una reacción a la plaza opositora del 31 de marzo previo. El estar pronto a cumplirse los 150 años de ocupación ilegitima británica era el verdadero motor de un hecho reivindicativo. Lamentó el mal accionar de la política posterior a la ocupación que debió haber extremado esfuerzos para evitar la acción armada. Esto me consta. De la lectura de las memorias de Alexander Haig, a la sazón secretario de estado de EEUU, surge que todo lo que acordaba con Galtieri y Costa Méndez, era posteriormente cambiado, fruto de las consultas que ambos realizaban con sectores políticos.

Existían halcones de ambos bandos que esperaban un rédito político de una confrontación sangrienta. Del lado ingles el uso de dos torpedos para provocar un rápido hundimiento del crucero Belgrano, evidenciaba la intención de causar muchas bajas a fin de tornar inviable cualquier acuerdo. De esta entrevista participaba también otro invitado de Luis, de quien a posteriori me enteré que había sido un auténtico guerrillero montonero.

Curiosa y sorprendentemente, en ese rincón del colegio nacional estábamos pensando casi lo mismo un teniente coronel veterano de guerra, un montonero y un poeta. Nos separan tremendamente nuestras creencias, nuestras filosofías de vida y nuestras historias de vida. Sin embargo, Malvinas nos unen.

A continuación fue mi turno. Mientras hablaba y refería que como justiciero, A VOS y su intento fallido de publicación en 1982 había surgido de una rebeldía juvenil frente a la tremenda injusticia que con el ocultamiento y la falta de reconocimiento, la sociedad le estaba mal pagando a sus héroes; internamente empecé a darme cuenta que no estaba diciendo nada demasiado distinto a mis predecesores.

Aproveché la ocasión para agradecer al apoyo y la ayuda que mutuamente nos brindamos durante mi paso por la Dirección General de Rentas de la Ciudad de Buenos Aires con el grupo de ex combatientes a los que uno por uno nombré. Y también ahí caí en la cuenta que los había buscado para abrevar en su unión y en sus valores y tratar de extenderlos a todo el organismo.

Evidentemente la guerra tiene cosas pésimas, pero también despierta y pone en acción reservas morales que de otro modo uno no contacta. Lo fantástico es que pasada la guerra, esas reservas contactadas siguen operando.

Ya lo comprobé con los sobrevivientes de la tragedia de los Andes, es hora de reconocerlo en los veteranos de Malvinas. De golpe me di cuenta que no tenía demasiado nuevo para aportar, que por el contrario necesitaba seguir escuchando, de modo que me limité a agradecer públicamente la invitación de Luis y leí mi carta escrita el 25 de mayo de 1983, dirigida al Capitán Marco Carballo acompañándole A VOS, una carta que lamentablemente podría haber escrito en el día de ayer.

Nada ha cambiado para mejor, algunas cosas solo han empeorado en nuestra sociedad. Nos seguimos desuniendo al galope de la desmalvinizacion. Dije que en mis 54 años de vida jamás había visto y vivido una Nación tan unida como durante el conflicto y que lamentaba que necesitásemos de una amenazante flota enemiga para hacerlo.

Malvinizar no quiere decir pretender una nueva guerra, significa rescatar y reconocer el heroísmo de quienes combatieron para, a partir de ahí, intentar revivir la unión y solidaridad lograda en esos días, para recrearla sin necesidad de enemigo externo alguno.

Coincidimos con Luis en lo importante en la búsqueda de ese objetivo que es el trabajo con las generaciones posteriores que no vivieron el conflicto, ya que ellos jamás vivieron un país unido. La difusión de mis poesías y cuentos, como las de tantos, como tantas canciones hermosas, es de hacer ver que si queremos podemos hacer una sociedad donde el otro sea mi hermano y no el culpable de todos mis males. Y no es una utopía, existió, lo vivimos y sentimos pero como a algunos no les conviene, han extremado esfuerzos para hacérnoslo olvidar y denostar el probablemente período más brillante de nuestro funcionamiento como sociedad.

Para finalizar la entrevista me hicieron leer A VOS, (foto) ocasión que aproveché para obsequiarle mi libro “Poesía para sentir la Vida” a Luis, dedicado al esfuerzo continuo por mantener viva y difundir la causa malvinera.

No había terminado de sentarme cuando se acercó al micrófono el gobernador y comandante de la Islas, el General Mario Benjamín Menéndez, cuya presencia por si sola desbarataba una de las tantas mentiras sobre el conflicto, él caminaba saludado afectuosamente por oficiales y soldados.

Realmente sabemos muy poco sobre lo que pasó en las islas y lo que nos han contado está sesgado, con intencionalidad política y plagado de mentiras. Y Menéndez habló un rato largo, era para escucharlo toda la noche.

Empezó diciendo para mi alegría una verdad que pocos recuerdan: que la desmalvinizacion no es fruto de la democracia, que ella empezó en el propio gobierno militar.

El mismo se ganó 60 días de arresto por contarle a un escritor detalles del conflicto, después conmutados por arresto domiciliario, el cual casi le impide votar en las elecciones de 1983. Cabe aclarar que dicha conmutación se debió a presiones externas de colegas que pensaban algo cada día mas frecuente de nosotros: que estamos todos locos.

Después indicó que el primer reconocimiento a la bravura de los soldados argentinos vino del enemigo, evidenciado en el hecho que nos permitieron mantener nuestras banderas. Acuerdo que se respetó en todo momento.

Lamentó que se hubiese extendido la mentira acerca que se rindió sin pelear. En la defensa de Puerto Argentino se utilizaron todos los recursos disponibles. Pero en todo combate llega un punto donde el coraje debe tener un límite, las batallas se pelean hasta el momento en que desaparece hasta la más minima posibilidad de victoria. En ese punto se trata de evitar el sacrificio de las muertes inútiles. Es un mal militar el que inmola a sus soldados en busca del bronce.


Refirió como los cañones de largo alcance dispararon hasta quedar sin municiones, como la zona de exclusión fue la causante de la escasez de provisiones y como tiraron con todo lo que tenían y podían. Testigo de ello es la foto de la pieza de artillería que servia el soldado Marcos Falcón y que me obsequiara, donde el cañón está rodeado por una innumerable cantidad de vainas servidas.

Le pedí a Luis que le mostrase esa foto y en un malentendido el general se la apropió. No dispuesto a perder ese recuerdo, tuve que hacérselo saber y ello derivó en un amistoso dialogo que terminó en una foto y en el obsequio a cambio de mi libro, el cual deferentemente me solicitó que se lo dedicara.

Elogió no solo la bravura del soldado argentino sino también su ingenio, relatando por ejemplo como lograron disparar desde tierra con las coheteras pertenecientes a los Pucará averiados y como engatusaron a la flota inglesa, haciéndola bombardear una playa en Bahía Zorro inteligentemente “decorada” con piezas inútiles simulando cañones.

La noche avanzaba y yo anotaba. No solo el teniente coronel herido, el montonero y el poeta decían y sentían lo mismo, el general a cargo de las Islas también.

Eran las 11 y media, el acto central había empezado, así que nos despedimos de Luis y salimos del colegio para presenciar la vigilia. El diluvio había mermado la concurrencia habitual de estos encuentros pero un millar de personas poblaba la plaza.

Mientras un conjunto folclórico muy calificado de Chacabuco hacia los deleites de la concurrencia, nos dimos una vuelta por la feria artesanal y la exposición de material militar siendo agasajados por un mate cocido servido por soldados frente a una auténtica cocina de campaña.

San Andrés de Giles tiene su caído en Malvinas, es el soldado Jorge Maciel, honrado como se debe con un monumento que incluye una réplica de la ametralladora que utilizara. Existe también en la plaza un monumento a la gesta de Malvinas y una cruz sobre una muralla plena de placas recordatorias.

La actuación artística culminó con la presentación de Roberto Rimoldi Fraga que entonó su repertorio incluyendo el famoso y coreado “Argentino hasta la muerte”.

Se acercaba la medianoche y empezó la parte central del acto para recibir el 29 aniversario del 2 de abril.

Al son de la marcha de San Lorenzo tocada magistralmente en una guitarra acústica por un veterano, los restantes subieron al escenario, encabezados por un arribeño del regimiento 6, vestido con el uniforme original de los arribeños.

Alguno con muletas y sin una pierna, otro con sus pies ortopédicos, todos con sus casacas luciendo sus medallas, conformando en su conjunto el testimonio de una patria que nos está pidiendo otra cosa, no solo al gobierno de turno, a vos lector también y a mi cronista también.

Es esa distancia entre la actitud que el testimonio vivo de los veteranos me empezó a pedir y la que suelo tener, esencialmente de desaliento, que comenzó a sacudirme por dentro.

Un cantautor mendocino de apellido López entonó unas conmovedoras canciones, especialmente una denominada “No te rindas ahora”.

Y la emoción fue en aumento. Se encendieron las antorchas, recordando cada una a un caído en el conflicto. Se tocó a silencio con un clarín de increíble historia. Ese instrumento le había sido arrebatado al ser tomado prisionero al veterano hoy presente en el escenario por un soldado inglés. Mucho sufrió el veterano por ello, ya que era el clarín con el que se tocaba a silencio por los caídos en Malvinas, con el que se tocaba también el llamado a combate. El año pasado, veintiocho años después el veterano inglés restituyó el clarín a su legítimo dueño.

Sobre la medianoche se cantó el Himno Nacional “a capella”, tal como se lo entonaba en Malvinas y con todos los veteranos abrazados sobre el escenario sonó la esperada Marcha de las Malvinas.

Habló Alberto Puglielli, presidente del Centro de Veteranos de la ciudad y en su emocionado discurso agradeció en primer término a Dios que paró la lluvia en tiempo oportuno, en segundo lugar a todos los que trabajaron a destajo para montar todo el escenario, luces y sonidos en tiempo record, a los artesanos que aguantaron la tormenta y a las mujeres de los veteranos que trabajaron sin parar durante semanas para el acto.

No estuvo ausente de su discurso la tristeza por el bochorno de haber excluido a los héroes de Malvinas del desfile del Bicentenario, al cual accedieron de todos modos “de colados” siendo aplaudidos por el público. Tanto festejo, tanto dinero mal gastado y aquéllos que dieron la vida por la Patria, ya que no solo la ofrendaron los caídos sino que los sobrevivientes lo hicieron en daño psicológico, en discriminación, en falta de trabajo, etc. etc., no fueron ni siquiera invitados. Parafraseando a Shakespeare en su Hamlet: “Algo está podrido en Buenos Aires”.

Siguieron los reconocimientos, una hermosa estatuilla réplica del monumento al soldado Maciel. Fueron acreedores un artista malvinero de corazón, una psicóloga productora de programas sobre Malvinas en Radio 10 y un teniente coronel que tuvo, mientras estuvo a cargo del Regimiento 6 de Arribeños, la feliz idea de abrir el regimiento a los veteranos, de dejarlos desfilar con sus tropas provocando el doble efecto de reconocer a los héroes y de nutrir a la tropa con la historia viviente de la unidad.

Se lo reconoció también al intendente de Chacabuco que evidentemente debe haber hecho su aporte pero el que lamentablemente brilló por su ausencia. Este imperio de lo “políticamente correcto” parece hacer tomar distancia de los veteranos hasta a los funcionarios que de corazón están con ellos. Una lástima.

Si nosotros veníamos conteniendo las lágrimas que habían asomado con el clarín recuperado, el cierre del acto nos encontró llorando a mares. La bandera de ceremonia fue arriada y entregada en custodia hasta el día siguiente a la madre del soldado Maciel quien, presente en el escenario la recibió de manos de una integrante del ballet. (foto)

Debe estar acostumbrada esta buena señora a estos actos, creo que deben hacerle bien, pero puedo asegurar que pude palpar el dolor incomparable de una madre de Malvinas.

Me vino a la memoria el tango Silencio que inmortalizara Gardel y cantase también Alberto Cortéz, el cual está basado en una historia real de una señora francesa que en la primera guerra mundial perdió a sus cinco hijos, a cambio de quienes recibió cinco medallas. La cruda guerra en toda su horrorosa dimensión nos arrastró a todos a un llanto desbordado.

El fin lo marca el canto de la marcha del veterano que los encuentra abrazados y sonrientes, luciendo orgullosos sus heridas y medallas y abrazando y conteniendo a la madre de Maciel .

No tengo palabras para agradecer a Luis Allegrini  la invitación y su amabilidad para conmigo y a Silvia Paglioni el sutil aliento para que de una vez por todas la aceptase.

Fue como un sureño viento fresco, revitalizador de mi adormecido amor a la Patria, el cual comprobé que vive en mi todavía bajo una tremenda montaña de desengaños, pero lo que es más importante, me hizo comprobar que en algún lugar y en alguna fecha, en esta bendita tierra todavía se juntan hombres y mujeres para quienes la Patria es mucho mas que una palabra y que aun – pese a todas las mentiras e indiferencias- están dispuestos a sacrificarse por ella.

Me convencí que la causa Malvinas además de una deuda para con los veteranos es un derecho que tenemos como sociedad para abrevar en ella como reserva moral, como testimonio de nuestro valor como pueblo, en definitiva y por sobre todo como prenda de unión, sin la cual seguiremos como un barco a la deriva.

Agotadísimo pero desvelado de emoción, con mi esposa vencida por el sueño, manejo de regreso por una ruta 7 desolada y como no podía ser de otra manera, mientras la marcha de las Malvinas llena mis oídos, un manto de neblina comienza a envolverme, dificultando mi regreso.

Enrique Momigliano
Buenos Aires, 2 de abril de 2011

Fotos: Enrique y Mónica Momigliano para BN

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  1. grande beto !!! sos un grande

    J.Badolato s/c 62 R.I.Mec. 7 cia. B

    UN ABRAZO !


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