La vida…..ese océano de incertidumbre


LA VIDA…ESE OCÉANO DE INCERTIDUMBRE

 

Yo soy un loco que se dio cuenta que el tiempo es muy poco

Andrés Calamaro

 

Imaginemos muy sintéticamente la vida “ideal” de una criatura humana.

 Nace en un buen hogar, bien constituido por padres amorosos que sobreviven en armonía hasta su adultez. Educado en buenos colegios, sin sufrir en toda su vida aprietos económicos. Casado con una excelente compañera, dueño de una carrera exitosa hasta su retiro. Bendecido por Dios con unos hijos respetuosos, estudiosos y trabajadores. Al cabo de una vida muy sana parte anciano sin sufrimiento alguno y rodeado de afectos.

 

“Un hombre feliz”, será la inmediata y tentadora conclusión.

“Depende”, será mi respuesta.

 

En efecto dependerá de cómo, a lo largo del camino haya enfrentado la marca registrada de la vida, esa que acecha todo el tiempo, tanto a los que finalmente tienen una vida “ideal”, como a la gran mayoría que jamás lo logra : LA INCERTIDUMBRE.

Es muy sencillo enunciar los componentes de una vida ideal una vez que ella concluyó, pero mientras el sujeto en cuestión la está transitando esencialmente hace elecciones todo el tiempo, sin garantía alguna del resultado y sin controlar casi ninguna de las variables que intervienen en su consecución.

 Para enumerar solo algunos de sus desconocimientos, digamos que NO SABE:

1 si el buen hogar en que nació no se disolverá tempranamente por desavenencias con_ yugales

2. si sus padres sobrevivirán hasta su adultez

3. si los buenos colegios a que asistió en realidad lo han preparado bien para la vida que le toca vivir

4. si su buena situación económica durará toda su vida, subsistiendo a las recurrentes crisis.

5. si la mujer que eligió para casarse será en la práctica una excelente compañera, pese al desgaste que acarrea la crianza y convivencia.

6. si la carrera elegida será exitosa y de serlo por cuánto tiempo, expuesta como está al accionar envidioso de terceros y a su propio agotamiento

7. si sus hijos le sobrevivirán y si serán en todo momento respetuosos, estudiosos o trabajadores con tantos desvíos que la vida ofrece.

8. si tendrá  una vida sana hasta el final.

9. si morirá anciano y sin sufrimiento, rodeado de afectos o su vida se verá interrumpida por accidentes e incapacidades.

 

En fin, el hombre mientras vive NO SABE si su vida se acercará al común ideal o será una sucesión calamitosa de padecimientos. Como enseñaba un tal Gauss, lo más probable es que se ubique entre ambos extremos, pero el hombre en definitiva ni siquiera puede intuir cercano a cual de ellos resultará.

La incertidumbre lo rodeará de principio a fin.

Si además se trata de un hombre con inquietudes que van más allá de progresar en su carrera y mantener a su familia, verá que cualquier disciplina que abrace aumentará su incertidumbre.

Así si profundiza en la medicina conocerá de la fragilidad de su vida, si lo hace en la psicología los abismos de la mente humana lo sorprenderán y si elige economía develará las ilusiones y confianzas ciegas que sustentan su vida material. La profundización religiosa lo abismará en el misterio y la práctica política le revelará la ilimitada perversión de la manipulación humana por parte de los poderosos.

¡¡¡Hay que convivir con tamaña incertidumbre!!!

Y el punto quizás más álgido en el camino de tomar conciencia de su insignificancia y desamparo, lo obtendrá del estudio de la astronomía, que lo invitará a aceptar que no es más que un viajero espacial en una nave sin comandante, en un universo cuya composición y límites se desconocen. Incertidumbre paralela a la que lo conducirá la física cuando lo convenza que la materia no existe, ya que el átomo se sigue dividiendo y que todo lo que ve y toca – quizá también él mismo- es energía vibrando a determinada frecuencia.

A todos, indefectiblemente a todos, esta incertidumbre gigantesca nos acosa por igual. Y cada uno decide muy en privado qué hacer con ella.  Habiéndole planteado el tema  a varios, muchos me contestaron que eligen no pensar en ello. Es decir lo sacan del conciente pero nunca podrán desalojarlo del inconciente guiando desde ahí pulsiones y obsesiones. Otros luchan furibundamente contra el temor que viene de la mano de la incertidumbre aludida y lo ahogan en drogas, alcohol o placeres repetidos infinitamente hasta caer vencidos en un sorpresivo ataque de pánico. Muchos también me dijeron que están demasiado ocupados para pensar en esta pavada porque su misión en la vida es por ejemplo introducir zanahorias argentinas en el mercado de Bruselas. Los adictos al trabajo son los hermanos gemelos de los adictos a las drogas, sólo que socialmente parecen estar mejor vistos. Pocos, pero muy convencidos, me corrieron recitándome la Biblia, el Corán o libros similares que según ellos contienen todas las respuestas para eliminar la incertidumbre.

Como habrán notado no es un tema menor, es casi la cuestión central de la que depende nuestra felicidad en esta tierra, que como alguien dijo no es un lugar de llegada sino una forma de viajar.

Nuestro hombre de la vida “ideal” sólo habrá sido feliz si mientras la transitaba logró aceptar, integrar y no temer al océano de incertidumbre que lo rodea. Y así como el conflicto es personal y privado, la solución también lo es.

Cada uno de nosotros hará mucho bien en dejar de tapar esta angustia existencial con las diferentes formas que antes indiqué y en dedicarse a buscar aquello que le permita convivir con ella, hacerla mas liviana, compartirla de verdad, ayudar y ayudarse a llevarla.

En mi caso personal y privado –  hasta aquí- elegí la amistad sincera y profunda para defenderme y atravesar el océano, tal como refrenda la poesía que me llegó en vísperas de esta Natividad.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 25 de diciembre de 2010

 

SABER Y NO

 

El hombre casi no sabe

nada de lo que le cabe.

 

Acaso qué vida le espera,

tampoco si será duradera,

ni si el amor llegará,

ni si el dolor pasará.

 

Y para huir de ese

no saber desesperante,

construye ilusiones

que abraza anhelante.

 

Las hay materialistas,

de ambiciones suicidas,

espirituales, religiosas,

privadas, fantasiosas.

 

En su andar temeroso

un día claro adivina,

que para tornar dichoso

el sendero que camina.

 

Sólo necesita el abrigo

de un verdadero amigo.

 

                 Enrique Momigliano

                  Buenos Aires, 23 de diciembre de 2010

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Published in: on diciembre 26, 2010 at 3:33 am  Dejar un comentario  

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