Reconocer al Amor


RECONOCER AL AMOR

Al amor se lo asocia con muchas cualidades humanas. No siempre se lo hace con el coraje. Y sin embargo es esencial, casi puede decirse que su opuesto, la cobardía, es el principal obstáculo para amar como se debe.

 Ciertamente el bosque del amor es el terreno más incierto que un ser humano puede pisar. No hay en absoluto garantías de nada ni predictibilidad alguna de resultados.

A los timberos les gusta decir que “es una lotería”. Puede resultar y muchas veces resulta que, al final de la historia, uno o los dos piensen que, al cantar de Camilo Sesto: “la voz desnuda de la vida le cambió todo por nada”.

 Es que de ahí nace el error central. En creer que el amor pertenece al reino del intercambio y que por ende debe regirse por la balanza de la justicia, o el balance de la contabilidad. Así es muy frecuente encontrar y encontrarse haciendo una muy ridícula cuenta: Si recibo amor grado dos, sólo me sentiré bien si también amo grado dos. Cuando el otro – porque siempre el otro es el que debe dar el primer paso- me ame grado cuatro, yo también lo amaré en el mismo grado.

 Este crucial y trágico error de enfoque me dejará contento y satisfecho porque recibí en la misma medida que di, pero le impedirá al AMOR hacer su obra, la que debe, aquella para la cual los juntó.

 La justicia y la contabilidad nada tienen que ver con el amor. Éste pertenece a un reino muy distinto, el reino del DAR.

 Como me encanta citar canciones, ahí va otra. Julito Iglesias cantaba por los 80: “Siempre fue más feliz quien más amó”, gran verdad, en el reino del dar se es más feliz cuanto más se da. Lamentablemente después la estropeaba al rematarla “y ese siempre fui yo”. Me pregunto: ¿cómo lo sabe?  Es imposible conocer la medida del amor del otro y si es imposible es totalmente estúpido andar midiendo y comparando amores.

 Entonces, ¿cuál será el verdadero premio del AMOR?

 Hace nueve (9) siglos, si leyeron bien siglos (cada uno de cien años) que un padre del monacato occidental, de nombre San Bernardo de Claraval (1090-1153), lo expresó a la perfección y  sigue esperando que lo escuchemos y apliquemos.

 “El premio del Amor, es el acto de amar”

 Tan sencillo como eso, tan claro y tan difícil de entender desde nuestro egoísmo y egocentrismo.

 Amar hace bien y por ende hay que amar por amar y amar primero.

 Si busco amar “equitativamente” y si lo hago segundo, la verdad verdadera es que no estoy amando, estoy especulando. Seré así peor que el más avieso deportista bursátil, ya que él especula con dinero, en tanto yo lo estaré haciendo con algo que debiera considerarse entre las cosas más sagradas: los sentimientos de un ser humano.

 Entretenidos en el juego especulativo de medir el grado del amor del otro a fin de graduar el amor que voy a poner en la relación, puede pasar  y soy testigo de muchas ocasiones en que así sucedió, que el verdadero amor que uno y otro sentían (pero no se profesaban ni demostraban), recién logren reconocerlo cuando ya sea demasiado tarde.

 Sólo ahí, desembarazados del balance y la justicia, ambos se animarán a sentir la real dimensión de su amor. Lamentablemente con el único fin de comprobar con dolor la inmensidad de la oportunidad perdida.

 Por ello, habiendo tomado conciencia del reino al que pertenece el amor, es mejor amar con la medida que a cada uno le salga, que cada uno pueda, pero con TODA ella y demostrarlo así completamente; que por no haber tenido el coraje de hacerlo, toparse con una inútil montaña de arrepentimientos, tal como lo hacen los protagonistas de la poesía que me encontró.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 26 de noviembre de 2010

  

TARDE

 

Yo no sabía,

Que por ti vivía,

Hasta que un triste día,

De mi amanecer postrero,

Decidí perderte,

Y me perdí primero.

 

Tú no sabías,

Cuánto me querías,

Hasta que un triste día,

Al observarme yerto,

Mil veces preferiste,

Haberte muerto.

 

Nosotros no supimos,

Cuánto nos quisimos,

Hasta que no pudimos,

Por ser dos cobardes,

Negar que para amarse,

Era ya muy tarde.

 

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 26/11/2010

 

 

 

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Published in: on noviembre 27, 2010 at 3:11 am  Comments (1)  

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One CommentDeja un comentario

  1. Enrique
    Muy de acuerdo con tu pensar en el texto.Y la poesía … cada uno podrá reflejarse en ella.Gracias por todo.
    Siento que en la Vida “siempre hay que jugarse en el sentir y en el hacer.”

    Gracias Enrique
    Marcelina


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