El Caballero de la Armadura Oxidada


EL CABALLERO DE LA ARMADURA OXIDADA

Una mágica y obligatoria lectura

 

Recomendarla no era suficiente, ya van a ver porqué. Sería la primavera de 1998 y yo me debatía en las amarguras que suelen tener los cuarentones con hijos chicos. El trabajo empezaba a hacerse cuesta arriba, las crisis se robaban el fruto del esfuerzo, la dinámica de la crianza me tenía como bola sin manija, el matrimonio empezaba a perder magia  y lo peor de todo era que me empezaba a dar cuenta que el viaje, que era solo de ida, carecería en las etapas siguientes de mi entusiasmo inicial.

 En ese contexto por alguna razón llegó a mis manos este libro en su edición 16, hoy anda por la 83.

 Empecé a leerlo con la suficiencia con que un avezado espiritualista puede tomar un cuento para niños. Sin embargo me atrapó. Cada palabra producía un impacto de lleno en algún oculto lugar de conciencia. Lo transité más despacio dejándome bañar por la sabiduría que destilaba.

 Dicen que la letra con sangre entra y es verdad. Solo agregaría: no solamente. Con belleza o humor, también. Mucho después me di cuenta que Robert Fisher, su autor, era un experto humorista.

 El Caballero se me parecía y mucho, cada página un poco más. Sus problemas de relación me eran demasiado familiares como para reírme de ellos. Seguí leyéndolo muy seriamente, cada vez más intrigado acerca de su final.

 Por esa época habíamos descubierto que la mejor manera de pasar el fin de semana era en el campo de deportes del colegio de mis hijos. Ellos potreaban a gusto con sus amiguitos, hacían sus actividades programadas, mi cónyuge hablaba todo lo que no podía en la semana con sus amigas que disfrutaban del mismo deporte y yo me sentaba solo, a la sombra de un árbol, a leer algún edificante libro.

 Ese fin de semana coincidió con mi llegada al último pequeño capítulo de esta obra de arte, de apenas cinco páginas y media. Decidí terminarlo allí pensando que era la mejor manera de disfrutarlo. Elegí arbolito que, como todos, estaba rodeado de grupos de madres, padres, chicos y me concentré en el final.

 Para mi sorpresa el final del viaje del Caballero me conmocionó de tal modo que no pude evitar deshacerme, literalmente hablando, en un mar de lágrimas y sollozos. Tan parecida había sido su historia a la mía, tanto me había identificado que la resolución final la viví como propia. El Caballero había disuelto su armadura con lágrimas y ahora yo lloraba a mares sin motivo aparente.

 Y ahí estaba yo, debajo del arbolito, con un libro de cuentos en la mano, haciendo el ridículo delante de una soberana multitud.

 Dicen que cuando la mente comprende pronuncia un entendido: “Ajá” o un engreído “lo sabía”. Cuando el que comprende es el corazón y la letra se hace carne lo único que afloran son lágrimas de compunción. Asegura la Biblia que Dios no rechaza a un corazón contrito.

Escapado como pude de la embarazosa escena, me dediqué a releer cuidadosamente todo el libro para tratar de entender qué había pasado. Hace unos días lo releí por quinta vez.

 Hoy, recién a unos doce años de aquél hecho puedo entender qué fue lo que pasó. Mi yo real fue despertado violentamente por el relato ya que había recibido el concreto plan de acción, para poder liberarse y manifestarse.

 Del dicho al hecho hay largo trecho y varía de uno a otro la cuota de sufrimiento necesaria para atreverse a cambiar el rumbo en el que la inercia lo tiene atrapado. Así fue que durante largos seis años más seguí mirando para otro lado, quejándome y justificándome en un montón de excusas para conservar mi reluciente armadura y partir hacia cuanta cruzada me invitasen.

 Finalmente la vida me apretó, para mi bien, claro que para mi bien, es para lo único que lo hace. En apenas tres años (2004-2006) todo mi mundo se derrumbó. Problemas de salud de mis hijos y la declinación que derivó en una pérdida ambigua de mi madre me arrinconaron y complicaron muy seriamente mi desempeño laboral y mi relación familiar.

Contra las cuerdas, que es seguramente el único lugar en que uno se anima a cambiar el rumbo, tomé la decisión de adoptar el camino del Caballero sin siquiera acordarme del libro. Fue en ese oscuro instante en el que escribí DESAFIO  https://sociedadpoetica.wordpress.com/2007/07/01/5/ y atendí los reclamos de Silvia para comenzar con el blog. Me asombra hoy la similitud  que guarda el texto de esa poesía con el último capítulo del Caballero. Y juro que fue inconciente, por eso digo que el relato es mágico. Pegó en algún lugar muy profundo y se quedó allí hasta que el conciente tiró la toalla y decidió adoptarlo.

 Pero el Dragón del anteúltimo capítulo me tuvo atado tres años más (2006-2009). El miedo a soltarme, a cambiar de verdad me tenía aferrado a lo conocido, a lo rutinario, con mis dedos ensangrentados de la fuerza que necesitaba para hacerlo. Cada día que pasaba, un poco más. Necesité incluso que viniese alguien a pisarme la mano para que finalmente me soltase.

 Y empecé a caer en el abismo de lo desconocido, hasta que tal como le pasó al Caballero tomé con sorpresa conciencia que estaba cayendo hacia arriba. Me decidí a hacer el libro y a exponerme a todo lo que implica la vida de escritor.

 El sábado 25 de septiembre a las 17 horas, con aquellos que me acompañen en cuerpo y/o en alma, presentaré mucho más que mi primer libro. Me pararé en la cima de mi montaña, con todo mi amor recobrado, sin armadura de ningún tipo, para celebrar el fin de este largo camino, el cual será seguramente el comienzo de otro. Le agradeceré  a mi particular ardilla y a mi singular paloma que me acompañaron en el viaje, le rendiré homenaje a los personales Merlines que vinieron en mi auxilio, recordaremos juntos como fue mi Castillo del Silencio, qué acertijos me plantearon en mi Castillo del Conocimiento y cuanto, cuanto, cuanto me costó vencer a mi personal Dragón del miedo y la duda parado en la puerta del Castillo de la Voluntad y la Osadía.

 Haber transitado este Sendero de la Verdad fue lo más penoso, pero también lo más valioso que hice en mi vida entera. Bien vale el festejo.

Los espero.

 Enrique Momigliano

Buenos Aires, 8 de septiembre de 2010

 

Algunas frases imperdibles del libro

 Con el tiempo, el caballero se enamoró hasta tal punto de su armadura que se la empezó a poner para cenar y a menudo para dormir. Después de un tiempo, ya no se tomaba la molestia de quitársela para nada. Poco a poco, su familia fue olvidando qué aspecto tenía sin ella.

 De hecho, ahora que lo pensaba, su armadura no le dejaba sentir apenas nada, y la había llevado durante tanto tiempo que había olvidado cómo se sentían las cosas sin ella.

 “Os he estado buscando” le dijo al mago. He estado perdido durante meses.“Toda vuestra vida” lo corrigió Merlín.

 Merlín: “Una persona no puede correr y aprender a la vez. Debe permanecer en un lugar durante un tiempo”.

 “Tengo una mente muy buena” le discutió el caballero.“E inteligente” añadió Merlín. “Ella te atrapó en esa armadura”.

 “Tenía que demostrar que era un caballero bueno, generoso y amoroso” dijo el caballero.“Si realmente erais bueno, generoso y amoroso ¿porqué teníais que demostrarlo?” preguntó Merlín.

 Tenía una buena reputación en batalla, y había muchos reyes que se sentirían felices teniéndolo a su lado, pero ya no le parecía que luchar pudiese tener sentido.

 “Si” afirmó Merlín, “es una batalla diferente la que tendréis que librar en el Sendero de la Verdad. La lucha será aprender a amaros”“¿Cómo haré eso?” preguntó el caballero.“Empezaréis por aprender a conoceros” respondió Merlín.

 La pena que había sentido era tan profunda que su armadura no había podido protegerle. Al contrario, sus lágrimas habían comenzado a deshacer el acero que le rodeaba.

 “Cuando aprendáis a aceptar en lugar de esperar, tendréis menos decepciones” dijo Rebecca.

 “Uno no puede ver realmente hasta que no comprende”- dijo el Rey-. “Cuando comprendáis lo que hay en esta habitación, podréis ver la puerta que conduce a la siguiente”.

 Ponemos barreras para protegernos de quienes creemos que somos. Luego un día quedamos atrapados tras las barreras y ya no podemos salir.

 “Permanecer en silencio es algo más que no hablar” –dijo el Rey-. “Descubrí que cuando estaba con alguien, mostraba sólo mi mejor imagen. No dejaba caer mis barreras, de manera que ni yo ni la otra persona podíamos ver lo que yo intentaba esconder”.

 …envolviéndolo en el silencio más absoluto. Sólo entonces pudo el caballero admitir francamente algo que ya sabía: tenía miedo de estar solo.

 Se encontró diciendo que había hablado durante toda su vida para evitar sentirse solo.

 … el caballero hizo algo que nunca antes había hecho. Se quedó quieto y escuchó el silencio. Se dio cuenta que, durante la mayor parte de su vida, no había escuchado realmente a nadie ni a nada.

 Merlín: “Como me conozco, puedo conoceros. Somos todos parte el uno del otro.”

 El conocimiento es la luz que iluminará vuestro camino.

 ¿Habéis confundido la necesidad con el amor?

 El caballero lloró aun más al darse cuenta que si no se amaba, no podía amar realmente a otros. Su necesidad de ellos se interpondría.

 No hay nada más hermoso que la luz del conocimiento.

 “Quizás si escondí mis sentimientos”- dijo el caballero-. “Pero no podía decir simplemente todo lo que se me pasaba por la cabeza y hacer todo lo que me apetecía. Nadie me hubiera querido”. El caballero se detuvo al pronunciar esas palabras, pues se dio cuenta que se había pasado la vida intentando agradar a la gente.

 Las lágrimas de autocompasión no te pueden ayudar. No son del tipo que a tu armadura puedan eliminar.

 Se dio cuenta que todo lo que tenia que hacer para tener todas esas cualidades (amabilidad, compasión, amor, inteligencia) era reclamarlas, pues siempre habían estado ahí.

 La ambición que proviene de la mente te puede servir para conseguir bonitos castillos y buenos caballos. Sin embargo, sólo la ambición que proviene del corazón puede darte, además, la felicidad.

 La ambición del corazón es pura. No compite con nadie y no hace daño a nadie. De hecho le sirve a uno de tal manera que sirve a otros al mismo tiempo.

 Si los seres humanos se quedaran quietos más a menudo para poder aceptar y apreciar, en lugar de ir de aquí para allá intentando apoderarse de todo lo que pueden, entenderían verdaderamente lo que es la ambición del corazón.

 Si creéis que el Dragón del Miedo y la Duda es real, le dais el poder de quemar vuestro trasero o cualquier otra cosa.

 Aunque este Universo poseo, nada poseo, pues no puedo conocer lo desconocido si me aferro a lo conocido.

 Pensando que moriría, se dejó ir y se precipitó al abismo, a la profundidad infinita de sus recuerdos.

 El reconocimiento de que él era la causa, no el efecto, le dio una nueva sensación de poder. Ya no tenía miedo.

 ¡Si, parecía imposible, pero caía hacia arriba, surgiendo del abismo!

 Ahora el Universo era suyo, para ser experimentado y disfrutado.

 Podía ser todas estas cosas a la vez, y más, porque era uno con el Universo. Era Amor.

Robert Fisher. El Caballero de la Armadura Oxidada. Ediciones Obelisco 16 edición, marzo 1977. Colección Nueva Conciencia. Pedro IV, 78. Barcelona España.

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Published in: on septiembre 10, 2010 at 1:30 am  Comments (2)  

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2 comentariosDeja un comentario

  1. Hace aproximadamente 10 años, en una Comunidad Terapeútica de adictos en Capital Federa (República Argentina), este libro llego a nuestra manos y no le dimos mayor importancia. Uno de nosotros (no recuerdo quien) comenzó a urguearlo y terminamos, todas las noches antes de dormirnos, leyendo por turnos lo que podíamos hasta que nos ganaba el cansancio. No solo que nos hizo compañía mientra lo estabamos leyendo sino que, creo, dejó una huella que debería ser refrescada d vez en cuando (al menos en mi caso ya que lamemoria me falla a menudo). Este libro, conjuntamente con otras acciones, colaboró a llenar ese espacio vacío que hay entre las necesarias desciplinas de la psicología y la psiquiatría, me refiero a la esperitualidad.
    Agradezco al autor el haberlo escrito y al destino (destino?) el haberlo depositado en nuestras manos en aquellos tormentoso momentos de nuestras vidas.
    Atte.
    Martín

  2. Quede Encantada Con Esta Obra, No Se, Nunca Pense Que Me Motivara Ahora Que Paso Por Una Crisis Familiar. ¿Me Podria Recomendar Alguna Otra?


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