ADIOS AL AMIGO


ADIOS AL AMIGO

      “Cuando un amigo se va queda un espacio vacío”

         Alberto Cortez

 

Tener amigos es siempre una bendición, una inabarcable riqueza. Lo único realmente malo que hay en ello es que algún día, sin pedirnos permiso y sin decir adiós, se van.

Y el hueco permanece por muchísimos años sin que la llegada de otros amigos pueda llenarlo. La amistad que nos unía con ese amigo que se fue era tan especial y única como él, por ende irremplazable.

 Cuando mi padre partió, allá por 1970, el vacío que sentía era inmenso porque mi padre era ante todo mi amigo. Fue para paliar aunque fuese mínimamente ese cráter, que con mi madre decidimos  para la Navidad de ese fatídico año, hacernos de un perro.

 Así llegó Jimmy a nuestras vidas, bautizado en honor de Jim Clark, excepcional piloto de Fórmula 1, cuya desaparición en 1968 me había afectado profundamente. La muerte ladrona me había robado en tres años a mi abuela, mi ídolo y mi padre.

 Este travieso fox terrier de pelo duro, cabezón como quien escribe, fue mi auténtico hermano, amigo íntimo, confidente y dador de amor de mi adolescencia. Será por ello que “Mi perro Skip” me resulta casi intolerable verla al ser tan parecida a mi propia historia.

 No fue poco lo que hizo por mi madre, quien olvidó por un rato su penar al tener que ocuparse de criarlo, bañarlo y alimentarlo.

 Como no teníamos con quien dejarlo, nos acompañó en Fiat 600 en las primeras vacaciones que pudimos tomarnos hasta Necochea, repitiendo luego a San Clemente y Claromecó.

 Compartió casi 15 años con nosotros, los más difíciles, los más dolorosos pero también los luminosos. Recuerdo haberlo bañado en champagne el día que me recibí de contador.

 Celoso guardián de aviso cuidaba la puerta de casa día y noche, estudiaba horas y horas conmigo y en mis ausencias juveniles acompañaba fielmente a mi madre preocupada.

 Por viejo encegueció de cataratas y deambulaba por la casa a tientas ya que la conocía de memoria.

 Tal como hizo Skip esperó a que yo me marchara de casa para irse él. Se habrá sentido abandonado o habrá pensado que su misión estaba cumplida. Esa delicada misión de rescatarme de un dolor insoportable.

 Lo único cierto es que un día, – el 27 de julio de 1985- en pleno fárrago laboral, me llegó una llamada de mi madre a la oficina, diciéndome que Jimmy, al que habían operado a la mañana, no se despertaba de la anestesia.

 Abandoné todo y corrí desesperado, sólo para llegar y constatar lo más temido, lo irreversible, lo inevitable. Jimmy, mi amigo, mi hermano nos había dejado.

Consolé a mi madre que lloraba a mares y mientras esperaba al furgón que lo llevaría a su morada final, esa misma que puntualmente visito para esta fecha durante los últimos 25 años, mirándolo y acongojado escribí los versos que siguen.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 20 de julio de 2010

 

 

ADIOS

 

Yaces aquí, muy cerca, inerte,

Tus ojos no tienen luz,

Tu boca siniestra mueca,

Jimmy, te llegó la muerte.

 

Te miro y tan sólo espero,

Que saltes, corras, me muerdas,

Pero sólo duermes, no respiras,

Jimmy, se acabó tu cuerda.

 

Son años muchos, no se ni cuántos,

De recibimientos alegres, de caminatas,

De soledades, cosas feas y gratas,

Jimmy, Dios ¿porqué este espanto?

 

Te acaricio y te siento frío,

Sin el calor de amigo que siempre diste,

Vivir será vacío y triste,

Jimmy, hoy te nos fuiste,

 

Pienso en mi madre y sus cuidados,

Todo por ti lo dio, todo le diste,

Hoy está más sola, mucho más triste,

Jimmy, ¿será cierto que partiste?

 

Cada rincón de esta casa te recuerda,

La cama, la alfombra, el patio, la escalera,

Y un dolor profundo mi alma muerde,

Jimmy, ¿así te vas, de esta manera?

 

Que hizo su vida, que ya era viejo,

Que sufría mucho, que era enfermo,

Pero estabas y todo dabas,

Jimmy, hoy espera la tierra yerma.

 

Podrá decirse todo, buscarse algún consuelo

Que lo inevitable tarde o temprano llega,

Pero hoy estamos tristes y muy de duelo,

Jimmy, ¡qué angustia y cómo pega! 

 

El sol acaricia tu cabeza ensortijada,

Tus patitas cuelgan inermes,

No puede ser que hayas muerto,

Jimmy, NO, tú tan sólo duermes.

 

Cada llamada no tendrá respuesta,

Cada llegada será un silencio,

Cada caricia será un vacío,

Jimmy, ¡cómo faltará tu presencia!

 

¿Cuántos años pasaste ciego?

Ni falta te hicieron ojos para querernos.

Estabas, acompañabas, amabas.

Jimmy, ¡Qué solos estaremos!

 

Te sigo mirando para retenerte,

En mi mente como despedida,

Mientras espero al carro de muerte,

Jimmy, se acabó tu vida.

 

Sólo queda la gracia de estar seguro,

Que nunca viviste en vano,

Diste amor, cariño, todo

Jimmy, tu sí fuiste humano.

 

Aunque el circo del mundo siga,

En mi alma quedaste grabado,

Te quise y me quisiste a cambio de nada,

Jimmy, ¡Hoy perdí a mi hermano!

 

Jimmy, hoy te vas a ver a Dios,

El tuyo, el mío, el de los dos,

Me amaste, te quise con toda el alma,

Amigo querido…….ADIOS.

 

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 27 de julio de 1985

Les dejo un fragmento de “Mi perro Skip”

 

 

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Published in: on julio 17, 2010 at 9:20 pm  Comments (2)  

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2 comentariosDeja un comentario

  1. MIL GRACIAS POR COMPARTIR ALGO TAN HERMOSO CON NOSOTROS.-

  2. Hay Enrique que lindo y que triste …no podía terminar de leerlo por las lágrimas …que bien expresado !!! Dichoso en su vida ha de haber sido tu Jimmy ♥ ♥ gracias !!


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