VOLAR, ESE ANHELO HUIDIZO


“Quiso volar, igual que las gaviotas…”
Castillos en el aire – Alberto Cortéz

“Puedo perdonarle todo a las mujeres, excepto que no sepan volar” decía Darío Grandinetti en la exquisita película de Eliseo Subiela “ El lado oscuro del corazón”, basada en textos de nada menos que el gigante de Mario Benedetti.

Efectiva, auténtica y definitivamente los hombres buscamos, necesitamos, anhelamos un amor que nos haga volar. Empero, animal terrestre como somos, cuando nos hacen volar demasiado alto sentimos vértigo, nos asustamos y huimos. Seguramente nos justificaremos después diciendo que no podemos vivir al lado de alguien que no tiene los pies sobre la tierra.

¡Vaya paradoja!

Para rematarla, a continuación establecemos una relación más que duradera con una mujer que no sólo tiene los pies sobre la tierra, sino que los tiene tan atornillados a ella, que nos impide hasta el más mínimo vuelo de práctica.

Son esas mujeres que encarnan, aún mejor que nuestros propios padres y madres el “deber ser” y que suelen empezar cada frase del diálogo amoroso con un redoblante “hay que” o más gentil “habría que”, el cual nos recuerda cotidianamente todas y cada una de las obligaciones que hemos asumido al formar una familia y de las cuales en nuestro vuelo nupcial éramos inconscientes que existían.

¡Mujeres . Gracias a ellas existe la humanidad!.

Sin embargo nosotros seguimos anhelando volar. De cómo lo resolvamos dependerá la armonía del viaje restante. No son pocos los que se buscan una amante, hecho que les funciona mientras opere como tal, pues ni bien la convierten en su pareja, se dan cuenta trágicamente que sólo lograron cambiar el tono de la voz con que resuenan los “hay que” y los “habría que”.

Debajo del disfraz de mariposa se escondía una bien asentada oruga.
Está claro que Dios tendrá sus potentes razones para ello en bien de la creación y ciertamente no soy yo quien está habilitado a discutirlas, simplemente pretendo desenmascarar ese tan transido vuelo a la decepción.

¿Qué opción queda entonces al anhelo volador del hombre, mas allá y mas seguro que un curso de paracaidismo? ¿Acaso resignarse a una vida “vestida de cordura”, aburrida, rutinaria, en fin sin nada de poesía?

Para ser totalmente sinceros no es ni exclusivamente, ni en todos los casos, nuestra bendita compañera de la vida la que coarta nuestro vuelo. Existen varios enemigos, algunos ocultos, otros evidentes. Voy a nombrar sólo dos, uno de cada clase : nuestra propia ambición y la necesidad.

La ambición ataca desde las sombras. Piensen sino cuántos hombres conocen ustedes que bien podrían dedicarse a volar si tan sólo pudiesen rescatar parte del tiempo y energías que “invierten” diariamente en defender y acrecentar sus posesiones (véase SERRAT, Joan Manuel), las cuales son tan abundantes que ni sus nietos llegarán a gastar.

En su medida, todos somos víctimas de este enemigo acérrimo del vuelo que nos materializa la vida al extremo y , lo que es peor, las más de las veces sin darnos cuenta.

La necesidad actúa abiertamente cuando es material, no cuando reviste otra índole. Es bastante poco probable que podamos volar si debemos tener dos trabajos míseramente pagos para poder alimentar a nuestra familia.

Pero es absolutamente injusto culpar a la necesidad si me estoy sobre exigiendo para poder comprar el último modelo de auto deportivo o estoy empecinado en hacer mi quinto viaje a Europa. Si bien la medida de la necesidad es totalmente subjetiva hay que estar atento para no transformar en necesario lo superfluo.

Sucede a veces que la necesidad lejos de ser material, es plenamente psicológica. Acostumbrado a tener su cuota de poder, sea ésta en un poderoso directorio empresario o en una oscura comisaría, el abandonar la rutina material para rescatar un tiempo volador suele ser vivido por el hombre como una auténtica castración, de allí las depresiones, suicidios y hasta enfermedades asociados a la jubilación.

Merecen una nota aparte los psicópatas que disfrutan maltratando a sus dependientes, ya que para ellos resulta impensable e imposible prescindir de semejante goce.

En mi caso particular siempre fui un émulo de Antoine de Saint-Exupéry. No como escritor sino como aviador. Poeta y profesor de piano desde mi adolescencia, vivir amarrado a la tierra, fue para mi una pesada cruz..

Llamado a graficar mi sensación al respecto, no puedo encontrar mejor imagen que un aeródromo con una batería antiaérea al final de la pista. Cada vez que sentí que estaba despegando, algún proyectil de los distintos tipos aquí reseñados me devolvieron a la tierra, “ a vivir de nuevo con la gente”. Pues bien, con el avión algo maltrecho por los años y las decepciones, aquí estoy intentándolo de nuevo.

No es poco con lo que cuento. Además de la conciencia de estar transitando la recta final de mi vida útil ( lo que lleva al consabido Ahora o Nunca), cuento con mi anhelo quien al haber sido frustrado tantas veces ha redoblado su fuerza, cuento con la ayuda de pocos pero excepcionales amigos que me apoyan y por sobre todas las cosas, cuento con las benditas alas de la poesía y la música.

Y por supuesto no puedo olvidar que cuento con la imprescindible tolerancia/comprensión ( ella sabrá cuánto de cada componente) de mi propia compañera.

Con semejante armamento vamos a ver si le quedan proyectiles aptos a la batería antiaérea para detenerme. Esta vez es distinto, tengo poco que perder y me resulta humanamente imposible volver a traicionarme. Intentémoslo pues y dejemos que Dios disponga del resultado, el destino también juega.

Enrique Momigliano
Buenos Aires, 5 de mayo de 2010

ENCUENTRO

Coincidimos en un banco de arena,
Y nos miramos sin pestañar
Yo venía rumiando una pena
Tu estabas buscando cenar.

Largo rato admiré tu hermosura,
El ocre de tu pico y tu negro alar,
Tú, tan recelosa, eras todo pavura,
Esperando poder mi agresión burlar.


Me quedé muy quieto y confiaste
Que sólo quería tu alma tocar,
Y por tu mirada a la mía insuflaste,
El anhelo de mi corazón libertar.

Despacio luego retomaste el vuelo,
A ese azul que tu sabes surcar,
Yo me quedé solo, aferrado a este suelo,
Rogando: Gaviota ¡enseñadme a volar!

Enrique Momigliano
San Clemente del Tuyú 10/01/2010


Domenico Modugno Nel Blu Dipinto di blu (Volare)

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Published in: on mayo 7, 2010 at 2:35 am  Comments (3)  

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3 comentariosDeja un comentario

  1. Estimado Enrique: Simplemente maravilloso, poder sentir y expresar, tan claramente esto que “Pensás en voz alta ” .- Con alas para volar…motivados por la música y la poesía, te digo GRACIAS…y te envío un fuerte abrazo, lleno de emoción…

  2. !Excelente Enrique, escuchando a un hombre hablar como tu, es cuando lamento pertenecer a este sexo femenino que tantas alegrias le proporcionamos a los hombres pero tambien tantas frustraciones, tu reflexión me hace recordar al cuento del principe que mata valientemente al dragón para salvar a su princesa y luego de esto, cada vez que aparecía un dragón, ella le explicaba con lujo de detalle a su principe como hacerlo,convirtiendolo no solo en un inutil sino sacándolo del cuento de hadas, que tristeza que manera tan brutal de obligar a vivir esta “brutta” vida.

  3. Entrar en estas palabras es cuando un hombre se siente acopañado al entender que en un lugar del tiempo los señores del templo expresan sus tesosros y dejan huellas…


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