ALBERTO CORTEZ, OTRA VEZ Y POR TRES


Raymond Rosario Arriaga: te debo una. Tu pedido específico de una poesía que estoy incluyendo para leer en los treinta años de tu promoción me motivó a hacer dos cosas que resultaron por demás placenteras.

La primera de ellas fue buscar y conocer, gracias a la magia tecnológica que esta haciendo del mundo una verdadera aldea global, dónde quedaba y como era Cayey, tu ciudad de Puerto Rico. Y resultó una verdadera belleza, hermosa e ilustrada entre montañas y con el mar cerca. Espero alguna vez poder visitarla.

Pero la segunda cosa a que me movió tu mensaje fue colosal. No recordaba la poesía de Cortéz que me pedías y nunca se la había oído cantar, la busqué en su página y no la encontré, use todos los motores de búsqueda y tampoco. Entonces hice lo que debí hacer desde un principio, fui a mi ajado libro EQUIPAJE que me regalara mi madre y allí casi al final y en hoja par – difícil de ver de una hojeada- la encontré.

Decidí que era tiempo de leer como se debe dicho libro, ya que había ido y venido a él leyendo canciones especificas, pero nunca había hecho el maravilloso ejercicio de leerlo como merece, de principio a fin.

Así que, como verás estimado Raymond, fuiste el culpable que me pasara el último mes compartiendo cosas de la vida del querido Alberto Cortéz, su partida al extranjero, el amor por su padre y su abuelo, su amor belga de toda la vida, la estación de Rancul que conozco, su “callejero”, el indio del pueblo, el herrero yugoslavo, su increíble comparación con un charlatán de feria, y hasta encontré una poesía a su amigo que yo tanto admiro: Patxi Andion.

Todo el libro es maravilloso, leerlo es casi un viaje al infinito, porque Cortéz siempre enfoca la vida con el cristal del sentimiento y ello la torna una aventura inigualable.

Me quedó y les dejo una frase que escribió refiriéndose a cómo un muchacho de Rancul encontró su amor en un pueblito de la lejana Bélgica, pura poesía:

“Como el viento y las mariposas transportan el polen de las flores, el destino, sin siquiera sospecharlo nosotros, nos transportó en el espacio y el tiempo con el propósito de que nuestras respectivas almas, nacidas la una para la otra, se encontraran y se unieran”

Cortéz por uno: Tiempo y esfuerzo, un precepto en desuso

Cuando uno recuerda más algún slogan de un aviso comercial televisivo que el producto promocionado es porque se trata de un fracaso publicitario. De uno de ellos me quedó la frase: “Tiempo y esfuerzo, esenciales para cualquier logro”. Me quedó grabada porque sintetiza una gran verdad. Para lograr cualquier cosa en la vida hace falta invertir tiempo, mucho tiempo, y esfuerzo, mucho esfuerzo.

Así lo hicieron nuestros padres, nuestros abuelos, nuestros bisabuelos y seguramente todos los que siguen para atrás. También así lo hicimos nosotros. No estoy para nada seguro que así lo harán nuestros hijos, nuestros nietos y todos los que vengan después. La década infame noventista, plena del espíritu finisecular, entronizó al atajo como el camino a seguir, dejando el tiempo y el esfuerzo relegado al universo de los tontos.

Parece mentira que tan sano paradigma haya sido sustituido desde las más altas esferas y llevado el atajo a la práctica por lo modelos sociales de todo tipo con total desparpajo, desvergüenza y un exhibicionismo digno de ser considerado patológico.

El atajo puede ser simbolizado por la frase rockera “I want it all, I want it now” ( Lo quiero todo, lo quiero ahora). El pragmatismo a ultranza, pariente cercano de la ambición descontrolada lleva a que lo importante es el éxito temprano, la cantidad en todo ( auto, casa, sexo, parejas) por sobre la calidad y todo ahora, sin demora, sin importar la forma ni el medio para conseguirlo.

Resulta estúpido después preguntarse porqué se venden tantos ansiolíticos, porque hay tanta corrupción generalizada, porque el crimen organizado recluta tantos voluntarios. No hay camino de sanación social sin volver al viejo precepto, el que recomienda Cortez en su poesía, más que apropiada para un grupo de graduados que ahora quieren recordarla porque les marcó un camino sano, bueno, honesto, que los deja en paz consigo mismo.

Y al atajo hay que condenarlo y castigarlo, reservándolo para los antisociales y marginales, para aquellos que de ningún modo pueden vivir en sociedad. Mientras no lo hagamos desde la cabeza y lo adoptemos colectivamente, seguiremos corriendo detrás de los síntomas pero la sociedad seguirá irremediablemente enferma.

A UN MUCHACHO QUE EMPIEZA

Deja que te diga muchacho que empiezas.
Es duro el camino cuando el pulso tiembla
y es mucho más fácil seguir el atajo,
que a veces se encuentra sin mucho trabajo.
Pues sí, pero ¡atento! que el peligro acecha
y puedes herirte con alguna piedra.

Deja que te diga muchacho que empiezas,
has de andar despacio, derramar tu siembra,
recordando siempre al cultivar tu huerto
que los prematuros frutos no son buenos,
porque a la más leve brisa se te hielan
y entonces muchacho, pierdes la cosecha.

Deja que te diga muchacho que empiezas.
Es duro el camino cuando el pulso tiembla.
Las obras que duran son aquellas obras
que no fueron hechas en dos o tres horas,
que han sido pensadas a plena conciencia,
tanto, que ni el tiempo se atreve con ellas.

Deja que te diga muchacho que empiezas.
No vale la pena perder la paciencia.
Controla ese fuego que llevas por dentro,
espera y confía, dale tiempo al tiempo,
Que nada es eterno, que a todos nos llega,
bien tarde o temprano, la luz de una estrella..

Y cuando te llegue, muchacho que empiezas,
su luz será clara si todo lo entregas,
si dejas o otros decir lo que vales
y fijas tu meta más lejos que antes
si evitas la silla de los conformistas,
entonces muchacho, serás un artista.

Cortéz por dos: El ojo dual al desnudo

“No existe sentimiento más común, que sentirse especial” decía, hace muchos años, mi profesor de yoga. Es tan difícil reconocerse como uno más de la manada de seis mil millones de seres humanos luchando por sobrevivir.

Cada uno de nosotros no es ni nada menos pero ni nada más que uno más, ciudadano de este globo azul que vuela veloz en el espacio infinito. Y si nos reconocemos como uno más, automáticamente vemos que el otro tiene los mismos derechos que yo, también los mismos deberes que yo, que nos debemos mutuamente el mismo respeto.

Nuestro ojo es lamentablemente dual, estricto juez para los otros, autocomplaciente para con nosotros mismos. La culpa esta siempre afuera, no nos hacemos responsables de nada y ello habilita la queja perpetua e inhabilita todo intento de superación.

No tiene sentido intentar siquiera mejorarse si uno se considera a si mismo el modelo de la perfección. Por eso las religiones buscan revertir el proceso, para que por fin nos sintamos un poco aunque sea, responsables del disparate que reina en la tierra y del desastre que asola nuestras vidas.

Es verdad que ello ha llevado a extremos complicados, pero los extremos son siempre hijos de los fanatismos que hay que evitar a toda costa.
Para corregir el desbalance que el ojo dual crea en nuestro sentir y comportamiento, el cual escenifica magistralmente Cortéz en la poesía que sigue, nada mejor que recurrir a Jesús cuando expresa el segundo mandamiento del que dependen la ley entera y los profetas:
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22 : 39). No dice más, no dice menos, dice COMO. Como significa DE IGUAL MODO. Nos guste o no somos todos iguales.

Mejor que lo aprendamos rápido y disfrutemos de ponerlo en práctica, sino será la muerte quien vendrá a hacérnoslo saber. Según la sabia de mi abuela, la muerte era “comunista” porque no hacía diferencia alguna ni por cuna, ni por bienes, ni por color, ni por educación; se los llevaba a todos.

LOS DEMÁS

Nunca estamos conformes del quehacer de los demás
y vivimos a solas sin pensar en los demás,
como lobos hambrientos, acechando a los demás,
convencidos que son nuestro alimento, los demás.

Los errores son tiestos que tirar a los demás;
los aciertos son nuestros y jamás de los demás;
cada paso un intento de pisar a los demás,
cada vez mas violento es el portazo a los demás.

Las verdades ofenden si las dicen los demás,
las mentiras se venden, cuando compran los demás;
somos jueces mezquinos del valor de los demás
pero no permitimos que nos juzguen los demás.

Apagamos la luz que, por amor a los demás,
encendió en una cruz, El, que murió por los demás;
porque son ataduras, comprender a los demás,
caminamos siempre a oscuras sin contar con los demás.

Nuestro tiempo es valioso, pero no el de los demás;
nuestro espacio, precioso, pero no el de lo demás,
nos pensamos pilotos del andar de los demás;
“”donde estemos nosotros… que se jodan los demás””.

Condenamos la envidia, cuando envidian los demás,
más lo nuestro es desidia, que no entienden los demás.
Nos creemos selectos entre todos los demás;
seres “”pluscuamperfectos””, con respecto a los demás.

Y olvidamos que somos, los demás de los demás;
que tenemos el lomo como todos los demás,
que llevamos a cuestas, unos menos y otros más,
vanidad y modestia como todos los demás…

Y olvidando que somos los demás de los demás,
nos hacemos los sordos, cuando llaman los demás
porque son “”tonterías”” escuchar a los demás,
lo tildamos de “”manía”” al amor por los demás.

Cortéz por tres: Una forma de ESTAR

Hay días cualquiera que de un momento a otro dejan de serlo. Era para mi un día como todos de mediados de 2007, estaba en mi oficina trabajando a lo loco para no dejarme entristecer demasiado con la situación precaria de salud de mi madre, cuando decidí chequear mi correo electrónico. Un correo de una buena amiga siempre es un recreo entre el fárrago de aburridos y complejos correos laborales, así que abrí ese primero.

Me parece tenerlo adelante, tenía solo tres líneas en las que me comunicaba que su hijo había fallecido. Yo estaba perdiendo a mi madre y mi amiga acababa de perder a su hijo. Superado el impacto inicial y acogiendo a la angustia, la rabia y la impotencia contesté también dos líneas y aun cuando retomé como pude mis tareas, una sola pregunta me taladraba el cerebro.

¿Qué puedo hacer por ella? A 800 Km. de distancia, imposibilitado de viajar y sabiendo por demás que lo principal en un caso así es ESTAR, acompañar, pasar tiempo con el doliente, el que nos permita.

Nada de eso era posible, entonces ¿qué me quedaba?. No era cualquier amiga, era quien me había alentado a escribir, era quien hacía y hace este blog, era la que con su ejemplo me sostenía aun en la distancia a través del temporal que yo mismo estaba cruzando. Y quien había partido tampoco era un hijo cualquiera, era casi un angelito que había necesitado de esa madre cuidados especiales desde el mismo día que había llegado, era un lector mío y yo un lector y admirador suyo.

Estoy convencido plenamente que cuando uno quiere hacer el bien, el universo conspira a favor. Siempre que quise ayudar a alguien y no supe como, alguien vino en mi auxilio y me enseñó el camino. Esa vez fue Alberto Cortéz con su canción-poesía que sigue. Y seguí su consejo.

Me propuse, se lo dije y cumplí de mandarle cada día una rosa que no era una flor sino un correo con alguna poesía, algún escrito, algún pensamiento, algún video. En definitiva con algo que dijese, estoy aquí a tu lado, sufriendo contigo y me importa mucho, muchísimo lo que te está pasando.

No te voy a dejar sola y te voy a seguir mandando estas rosas hasta que esté convencido que no te vas a hundir, que no te vas a dejar llevar por la marea del infinito dolor que te invade y que comparto, que en una palabra vas a decidir seguir con tu vida. ¡Y funcionó, gracias a Dios funcionó! Cortéz me dio la idea de cómo ESTAR, dónde DEBIA ESTAR. Apenas un año después sería yo quien, llamando desde la cafetería de una clínica, transformase un día cualquiera de ella en un día singular.

TE LLEGARA UNA ROSA

Te llegará una rosa cada día
que medie entre los dos una distancia,
y será tu silente compañía
cuando a solas te duela la nostalgia.

Te llegará una rosa cada día
augurándote tiempos de venturas,
compañera total del alma mía
propietaria de toda la ternura.

Quisiera ser un mago fabuloso
para trocar las rosas por estrellas,
dejarlas en tu almohada sigiloso
que iluminen tus sueños todas ellas.

Te llegará una rosa y la mañana
será para “vivirla” entre comillas,
tu alma escapará por la ventana
de tu orilla volando hasta mi orilla.

Aquellos que no tienen fantasía
no podrán entender es muy complejo,
que acorta la distancia cada día
recibir una rosa desde lejos.

Te llegará una rosa y día a día
será como quitarle al calendario,
las hojas que nos faltan todavía
para dejar de ser dos solitarios.

Te llegará una rosa cada día
que medie entre los dos una distancia
Y será tu silente compañía
Cuando a solas te duela la nostalgia.

No se que harán Ustedes después de leer toda esta belleza y sabiduría unidas, que eso es la poesía, pero yo lo tengo muy claro. Tengo frente mío el segundo libro que escribió Cortéz: SOY UN SER HUMANO, dedicado en forma de receta médica por un gran amigo que me lo regaló en algunas de las tantas crisis que me ayudaron a crecer.

En esa receta me decía: “Releerlo una vez por año, en una noche de invierno, a la luz de la luna……..”. Creo que es tiempo de hacerle caso.

Equipaje – ALBERTO CORTEZ

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Published in: on abril 24, 2010 at 1:54 pm  Dejar un comentario  

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