LA CARTA DEL HÉROE


“Lo mío fue distinto Daniel, lo mío no fue nada”
Alberto Cortez (A un chico de la guerra)

A mis 25 años y con perdón de la Patria, el 2 de abril de 1982 me sorprendió de juerga.

Habiendo pasado la noche en cama ajena, serían las ocho de la mañana cuando de estricto traje y maletín abordé un taxi en la Avenida Santa Fe para ir a mi casa a cambiarme y rumbear para la oficina.

Al taxista le habré parecido funcionario porque no me dejó ni acomodarme en el asiento del viejo Falcon que me acribilló a preguntas: “¿Y a Usted qué le parece?

¿Hicimos bien o mal? ¿Vendrá la flota? ¿Que va a pasar?”. La angustia que acompañaba sus preguntas me convenció que me había despertado en otro país, aun cuando llevase puesta la ropa del día anterior. No tuve más opción que confesarle que no tenía la más mínima idea de qué me estaba hablando.

Por sus palabras me enteré de la Operación Rosario y que los militares argentinos habían recuperado las Islas Malvinas. El combo de sorpresa, alegría, angustia e incertidumbre pasó a ser mío también.

Los días que siguieron me demostraron que efectivamente habitaba otro país: uno de gente unida, hermanada, solidaria, dispuesta a todo. Casi casi un país soñado. Todos cambiamos de repente, increíble e insospechadamente yo también.

Así fue que apenas veinte días después me encontraba – también de traje y maletín- en la vereda del edificio del Comando en Jefe del Ejército, encaminándome resueltamente a ofrecerme como voluntario.

Perteneciente a la privilegiada clase 1957 –exceptuada íntegramente junto a la 1956 del servicio militar- yo no sabía tirar ni siquiera con honda, así que de poco podía servir pero como contador pensaba que podría ayudar al que habían elegido como administrador de las Islas, quien “causalmente” era el padre de un buen amigo.

A último momento desistí. Mi selectiva y complaciente memoria recuerda que pesó mucho el ser el único sostén de mi madre viuda, a nivel inconsciente la cobardía habrá hecho lo suyo y a nivel racional se instaló una duda acerca de si ofrecerle la vida a la Patria – que me parecía estupendo-, implicaba ponerse en manos de los gobernantes de entonces quienes no gozaban de mi simpatía.

Lo único cierto es que no fui pero también es cierto que no lo viví como un partido de fútbol, que no me distrajo el mundial de España 82, que no me creí las mentiras de Gómez Fuentes y que seguí paso a paso el proceso diplomático, que lloré con cada oportunidad de paz perdida, que sufrí inmensamente cuando se desató la guerra y que quedé hondamente impresionado por la actitud de aquéllos que, a diferencia mía, jamás dudaron, que se jugaron de verdad la vida.

Hace unos pocos años leí en unas vacaciones las memorias de Alexander Haig, el mediador norteamericano recientemente fallecido, quien no pudo impedir la guerra, para entender un poco más porque habían fallado todos los mecanismos internacionales de paz.

Y también permanece en mi memoria ese primero de mayo de 1982, cuando se produjo el primer bombardeo de Puerto Argentino. “El primer disparo” era el título de una carta a los medios que nunca despaché donde imploraba prácticamente que no se alcanzase ese punto de no retorno.

El hundimiento a las 48 horas del crucero General Belgrano y la réplica sobre el Sheffield sepultaron con los marinos a cualquier intento diplomático de paz.

Debe ser por ello que me dolió tanto el proceso de “desmalvinizacion” que siguió al conflicto. El retorno a escondidas de los combatientes, la desatención de sus necesidades más elementales, la cuarentena a que fueron sometidos, el silencio que les impusieron.

Fue, según sus propios testimonios, más doloroso que la derrota militar. Su ofrenda no merecía que les quitaran el reconocimiento. Me decidí a navegar en contra de la corriente.

Así escribí A VOS y se la mandé a todos los diarios de entonces con una carta en contra de la “desmalvinizacion”, en la que manifestaba mi profunda indignación. Solo el desaparecido Tiempo Argentino publicó la carta sin la poesía. De los otros medios solo recibí la misma medicina que los combatientes: el silencio.

Un año después visitando la Feria del Libro me encontré con el entonces Capitán Pablo Marcos Carballo, piloto de A-4B SKYHAWK quien después de jugarse la vida contra los barcos ingleses y perder a varios amigos y compañeros, seguía luchando contra la “desmalvinización”, ahora como escritor. Fue autor del primer libro de un protagonista del conflicto titulado “DIOS Y LOS HALCONES”, cuyo ejemplar conservo con esta dedicatoria:

“Estimado Enrique:

Cuando llegué por primera vez a nuestras queridas Islas Malvinas, no cabía en mí de satisfacción y hubiese deseado tener a los 28 millones de Argentinos en mi pequeña cabina para compartir ese momento.

Afectuosamente

Firmado: Capitán Pablo Marcos Carballo”

Relata en el libro algunas de las 445 misiones cumplidas por la Fuerza Aérea Argentina en el conflicto y es imposible no compartir las emociones que trasuntan sus palabras, en especial las referidas a los compañeros caídos en cada misión.

En la hoja segunda del libro me anotó su domicilio en la base de Villa Reynolds de la Provincia de San Luis para que le mandara A VOS, ya que si los medios la ignoraban pensé que a través suyo le podría hacer llegar a algunos combatientes mi homenaje y reconocimiento, ese que les era injustamente negado.

Así lo hice un 25 de mayo de 1983 con una carta en la que elogiaba su libro y compartía su emoción.

El Capitán no solo recibió la poesía, sino que tuvo la deferencia enorme de contestarme en una carta que guardo entre mis recuerdos mas caros y que en este nuevo aniversario de la gesta me parece adecuado compartir; para que se sepa qué pensaba entonces uno de los que no dudó, que mas allá de todo se subió a su avión para hacer lo que la Patria le pedía, y poner en ello su mejor empeño aunque le costase la vida.

Hagamos silencio para oír a un verdadero Héroe de la Patria en 1983:

“Día 7 de junio de 1983

Estimado Enrique:

Permítame que lo trate sin etiqueta, pues los hombres que sienten a la Patria como usted, no puedo menos que sentirlos mis amigos.

Su carta es hermosa, unos de esos regalos que sirven para juntar aire, fuerzas y seguir luchando por mejorar lo que nos rodea, pero principalmente a nosotros mismos.

Usted me escribe un día 25 de mayo, ya a un año (la carta dice día) del glorioso ataque de la FUERZA AEREA ARGENTINA EN BAHIA AGRADABLE, y de que cayeran como caen las aves de combate, tres camaradas, compañeros y amigos, halcones de la V Brigada Aérea.

Estimo que mi libro literariamente no tiene mucho valor, pero sí se que en él he hecho lo imposible porque todo sea la simple VERDAD sin exageraciones.

Si usted se emocionó, le confieso que yo que lo escribí TODAS las veces que lo leo lloro, pero no de rabia, ni de tristeza, lloro de emoción por lo hermoso vivido, por los compañeros caídos, por haber tenido la dicha de ver a mi Pueblo Argentino Unido, por la gracia de haber vuelto vivo.

Es muy cierto lo que usted dice del silencio, y nuestros muertos no lo merecen, pero se que ellos siguen viviendo en el corazón de hombres como usted.

Yo como poeta, solo soy un piloto, pero aunque no se si métricamente está bien, su poesía me parece hermosísima y no le quepa la menor duda de que la guardaré entre mis cosas más queridas.

Hice una copia de su carta, la que se encuentra en la sala de pilotos del Grupo 5 de CAZA, para que la lean todos los pilotos que agradecen sus preciadas palabras.

Estimado amigo, gracias por su afecto, seguiremos velando nuestros aviones, para cuando la Patria y sus valores permanentes nos necesiten.

Con mucho afecto

Firmado Cap. Pablo M. R. Carballo”

Veintisiete años después esta carta aun me sirve de faro, de aliento y de esperanza.

Dejo este link para quienes quieran conocer más acerca del libro y de su autor

http://www.aeroespacio.com.ar/547/site/_15clasicos.htm

Y este video de fragmentos de una conferencia dada por el autor- ahora Comodoro retirado y condecorado por su valor en combate- sobre el ataque al que alude en su carta, el del 25 de mayo de 1982. Ruego presten mucha atención al milagro documentado en el radar ingles y por sobre todo a la foto que la bendita inconciencia de un marino ingles nos legó. El día que contemos con un significativo número de compatriotas capaces de un amor a la Patria equivalente al que hacia falta para estar sentado en esa cabina, Argentina resurgirá.

Enrique Momigliano
Buenos Aires, 02/04/2010


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Published in: on marzo 23, 2010 at 1:07 am  Comments (1)  

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One CommentDeja un comentario

  1. Este es otro humilde aporte a la causa Malvinas, en memoria a nuestros Héroes caídos en combate, y en reconocimiento también a quienes volvieron: “Malvinas. Héroes que Los Niños no Conocen” (http://youtu.be/OjUOYcclnoY)…
    Saludos Compatriotas, y VIVA LA PATRIAAA!!!


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