SER LA DIFERENCIA


En estos tiempos en los cuales todos buscan “hacer la diferencia” entendiendo por ello obtener un dinero extra, inesperado y jugoso, que permita satisfacer caprichos propios o cercanos; objetivo en pos del cual vale casi todo; unos pocos intentan “ser la diferencia” en la vida de los demás.

Veamos de qué se trata eso.

Uno es la diferencia cuando el que llega a uno se va mejor que como llegó. Y cuando eso le sucede una y otra vez es más que lógico que el beneficiado intente volver a uno cada vez más seguido. También funciona en sentido inverso. Hay gente que invariablemente lo pone a uno mal, incluso sin proponérselo. Es absolutamente lógico que uno lo anote de inmediato en la lista de esquivables.

Para poder serlo tengo que trabajar más en mí que en mi imagen. Si estoy auténticamente bien, abierto a escuchar, a recibir con todos mis sentidos al otro y a su problemática o a su obsesión, dispuesto a “perder” mi precioso tiempo con él, a involucrarme, a hacerle sentir que no está solo frente a su drama, en una palabra que auténticamente me importa él y lo que le pasa, invariablemente seré la diferencia en su vida. Tan acostumbrado a que la gente lo escuche por compromiso, a que lo eluda para no cargarse con un problema más, a que se lo saque de encima con frases hechas, percibirá mi autenticidad como distinta, casi única y vivirá buscándola. Incluso cuando sólo necesite alguien con quien compartir una alegría inmensa.

Es absolutamente fascinante estar de los dos lados de esta historia. Me deja pleno saber que soy la diferencia para alguien y me encanta encontrarme con quien es la diferencia para mi.

Cabe aclarar aquí que no tiene que ver con la amistad o el amor, puede coincidir y es hermoso que lo haga pero el secreto de este encuentro casi único, de esta “emboscada entre las manos” como dice Juarroz pasa por otro lado, al que me gusta llamar empatía.

Nadie se vuelca en otro plenamente si no se sabe plenamente recibido, si no sabe sin dudar que el otro es capaz de entender en el alma misma cómo se siente, si no percibe que esta sintiendo lo mismo que él.

Pongamos un ejemplo: escribo una poesía que me hizo vibrar, llorar, emocionar. ¿Seré capaz de leérsela a alguien que la escucha mirando la tele de reojo y al terminar me dice “linda eh, que bien que escribís” y sigue en lo suyo como si nada hubiera pasado? O mas bien buscaré leérsela a quien sé que me dará todos sus sentidos, que me prestará toda su atención y que sé positivamente que al final se emocionará con la misma intensidad que lo hice yo.

Esa alma gemela es quien siempre, absolutamente siempre es la diferencia.

Por ello es que basta a veces con recordarla, con hacerla bailar en el pensamiento para sentirse distinto, para mirar distinto, para creer distinto.

La mala noticia de este cuento es que no abundan, hay una sola y es muy difícil encontrarla. La sensación de reconocimiento es fácilmente identificable: en su presencia todo desaparece, nada importa y si uno tuviera el poder de escribir la novela de nuevo la empezaría por fugarse con ella. Esa única y poderosa persona que con su sola presencia cambia toda mi percepción del tiempo, del espacio, de la vida, que es la diferencia, una vez hallada nos introduce en una doble dimensión: la vida con ella y la vida sin ella.

Y ambas son increíblemente diferentes, tan diferentes que parece imposible que fuera uno mismo el que vive en las dos.

El verdadero drama de encontrar el alma gemela y no poder fugarse con ella, es que me hace conocer esta dualidad y me hace ver que no tengo ninguna posibilidad de cambiar por mi mismo de dimensión. Su presencia es imprescindible. Y si es escasa se extraña horrores.

Espero haber sido fiel a este sentimiento en la poesía que sigue:

LA DIFERENCIA

Sin ti no vale,
Sin ti no sirve,
Sin ti no quiero.

La vida espanta,
La muerte acecha,
El odio manda,
El miedo vence.

Porque eres todo,
Y también sólo,
Eso que espero,
Eso que anhelo.

Estoy perdido,
Me siento viejo,
Vencido y loco,
Dice el espejo.

Y te apareces

Entonces vale,
Entonces sirve,
Entonces quiero.

Y más aun

Siento que puedo.

Enrique R.G. Momigliano
Buenos Aires
10/09/2009

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Published in: on septiembre 12, 2009 at 3:18 am  Dejar un comentario  

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