MARIO, LA TREGUA Y MI MEDIO SIGLO


Mi homenaje a Benedetti que se mudó a la inmortalidad

mario1

Premonitoriamente el afiche de la película LA TREGUA (1974) dice debajo de los retratos de Ana Maria Picchio y Héctor Alterio “Usted no podrá desentenderse de esta historia”. En mi caso fue verdad.

Tenía apenas 16 cuando en la secundaria me obligaron a leer el libro homónimo, a mi juicio obra cumbre del eximio poeta y escritor uruguayo Mario Benedetti, fallecido hace unos días en Montevideo. Poeta popular cuya poesía no me llegó tanto como a otros y que no descubrí hasta que la escuché cantada por el Nano Serrat y recitada por Darío Grandinetti en la inolvidable “El lado oscuro del corazón”(1992) de Eliseo Subiela; definitivamente me cautivó para siempre con La Tregua (novela 1959). Pero no lo hizo en mi adolescencia. Entonces sólo me movió a jucios negativos, no sobre la historia, demasiado trágica para mi gusto, sino sobre su personaje central Martín Santomé. Mi empuje juvenil no iba ni con su resignación fatalista ni con su carácter de empleaducho fracasado.

Pero la historia se había hecho carne en mí. Casi una obsesión. Por muchos años y seguramente en cada decisión importante la tenía muy en mente. Y así pensaba si el camino que estaba tomando me alejaba o acercaba a la situación vital de Santomé, cuando llegara a mí medio siglo de vida. El personaje se me había transformado como para su hijo mayor, interpretado en la película magistralmente por Luís Brandoni, en “un espejo que adelanta”, al que además no se le puede reprochar nada “por que sos un buen tipo”.

La Tregua es una obra maestra sobre la angustia existencial, nada menos que el lado oscuro de mi vida., probablemente el de la de muchos. Situado en el comienzo del camino, a mis 16 me horrorizaba llegar a mis 50 tan derrotado y solo como Santomé.

Los años pasaron y un día mi hijo que estaba en quinto año y viviendo sus 17, llegó a casa diciendo:”Pa, tenés La Tregua”. Criado en la era computacional, amante de los resúmenes internetisticos y poco lector como todos sus amigos, saltó de contento cuando de inmediato le respondí: “Claro que la tengo y te la pienso leer yo”.

Así nos pasamos unos cuantos anocheceres yo releyendo y él escuchando a Benedetti.

Fue ahí donde comprendí la verdadera dimensión de esta obra. ¿Qué había cambiado?

Sólo mi edad y mi ubicación en el camino. Tenía en ese momento la edad de Santomé y me sentí tan tremendamente identificado con él que no puede evitar emocionarme hasta las lágrimas en varios pasajes. Transformé la emoción en explicación para mi hijo y le di el regalo que yo no tuve. La oportunidad que el “espejo que adelanta” me diera su versión de la vida. Fue una inolvidable experiencia para ambos.

Quizás nadie mejor que Alberto Cortez reflejó esta edad cuando dijo. “uno se vuelve mas lerdo y abundan los desengaños y sobran los desacuerdos”. Por eso, una tregua es como un regalo del cielo, una verdadera bendición que nos devuelve las ganas de vivir, que nos dice que pese a todo lo padecido, la vida valió la pena. La tregua es tan válida porque viene de la mano del amor. La ultima frase del libro es “Después de tanta espera esto es el ocio ¿Qué haré con el?” y la última de la película puesta en boca del hijo mayor “no era ella, eras vos también que querías vivir otra vez”. La primera refleja el vacío y la segunda es un consuelo tonto, por eso el padre no escucha mas.

El amor a esa edad , a esta edad, es una tregua que sana las heridas, que nos devuelve la fe, que nos hace mejores porque perdonamos las facturas , que nos alivia de las soledades compartidas, en fin que nos torna valientes ante la ineludible presencia más o menos cercana de la muerte. Si se va de golpe, brutalmente nos devuelve a nuestro destino inexorable y nos deja solos ante la carga de la vida y el miedo de la muerte.

Cada uno tiene su Laura Avellaneda, para algunos será real y para otros será fantasiosa, para algunos será su hija, para otros su madre, para muchos un amigo y también para no pocos una mascota. Y para los verdaderos privilegiados su pareja de toda la vida. Pero tener la capacidad de amar y ser amado después del medio siglo, he aquí el milagro y el misterio, he aquí la verdadera tregua.

Un solo ruego a vos Mario querido, que nos aguardas en el cielo de los poetas, si se te ocurre corregirla en tus ratos de ocio, por favor no la mates a Laura, con que se hubiera enamorado de alguien de su edad o que se hubiera cansado de Martín, hubiese bastado igualmente para devolverlo a su infierno.

Como final les dejo la, a mi entender más bella escena de la película, que expresa cómo, en el cuadrado mágico de la mesa de un bar cualquiera, con la osadía de dar y tomar una mano, el amor también a esta edad puede nacer.

Enrique Momigliano
Buenos Aires, 25 de mayo de 2009


Anuncios
Published in: on mayo 28, 2009 at 11:18 pm  Comments (1)  

The URI to TrackBack this entry is: https://sociedadpoetica.wordpress.com/2009/05/28/mario-la-tregua-y-mi-medio-siglo/trackback/

RSS feed for comments on this post.

One CommentDeja un comentario

  1. Querido Enrique
    Ayer en el Café Nuestro,preguntabas si leímos o entramos en tu página .Para mí es un ir y venir de ésta y el Facebook disfrutando lo que volcas.El Café de ayer fue conmovedor y nos llevó en un oleaje de sensaciones.Esto que aquí escribis y el video nos baña el alma.No… no se puede llorar tanto!.Gracias otra vez Enrrique.!.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: