NO ABANDONARAS A QUIEN TE AMA INCONDICIONALMENTE


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Debería ser un mandamiento más. A lo mejor estaba en la tabla de los otros diez mandamientos que se le cayó y rompió a Moisés en “La loca historia del Mundo” de Mel Brooks. Lo cierto que violarlo es un cuasi homicidio, porque quien ama incondicionalmente si algo no concibe es que el objeto de su amor lo dañe y aun cuando ello es evidente para todos, sigue no siéndolo para él, que prefiere obstinarse en pensar que hubo un error, que fue su culpa, que va a volver, que esta confundido . Queda irremediablemente atrapado, eternamente perdido y sin posibilidad alguna de recuperación. Es, aunque siga viviendo, un condenado a muerte que sigue buscando a quien no lo merece, a quien nunca mereció su amor.

Si alguien piensa que este abandono no es un crimen, que lea el cuento que me llegó en la playa, que más que un cuento es una crónica de un encuentro real y concreto que tuve y que podría referirse a un amor humano pero se refiere a un amor mayor

LA BUSQUEDA

Se dejó caer en la arena justo enfrente de mí. Jadeando, agotado al extremo, a punto de desfallecer. Lo llamé y se arrastró mas cerca.
Sus ojos miel me inundaron de una tristeza profunda, antigua y tan real que me hizo estremecer.

Le acerqué una galleta, luego otra y otra distinta. No tenía hambre, ni siquiera las probó. Toqué sus labios con un vaso de agua, tomó un sorbo, otro y ninguno más.

Se recostó y cerró sus ojos. Lo seguí mirando, intentando contactar su alma, para que me contase la historia que lo trajo hasta aquí. Me dejé invadir por un sentimiento extraño, pródigo en pena, con toques de rebeldía y algo de interrogación. Brotaron mis lágrimas, intuyendo su destino cercano y fatal.

Me arrodillé a su lado y posé tan gentilmente como pude mi mano en su cabeza, que seguía apoyada en la impiadosa arena con los ojos cerrados. Intenté transmitirle mi paz. Retiré la mano y con los ojos aun cerrados, su mano buscó la mía. Me sintió me dije y volví a tocar su frente.

Llorando aun, se me ocurrió bendecirlo, recordando que todos estamos facultados para ello. Le pedí a Dios que le diera un hogar o que le permitiera recuperar el suyo o que le hiciera justicia la próxima vez que le tocase volver.

Se quedó dormido y yo me senté a su lado, con los ojos húmedos, reflexionando sobre el lado oscuro de la condición humana que nos lleva a cometer actos tan crueles.

Unos instantes después se irguió en sus cuatro patas, sus ojos miel se cruzaron con los míos y un hálito de agradecimiento me envolvió.
Retomó su camino buscando a los suyos, a esos suyos que hace mucho tiempo olvidaron qué se siente al acariciar su negro pelaje.

©”No abandonarás a quien te ama incondicionalmente”
Enrique Momigliano
San Clemente, 5 de enero de 2009

Foto: Man and dog, Stanwell Park – Flickr

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Published in: on enero 16, 2009 at 6:16 am  Dejar un comentario  

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