EDGAR ALLAN POE


Poe
This book came from the Library of Charles Fox King of Schuylkill County, Pa. Born in Wilmington, New Castle County, Del., October 4, 1841. 

EL MAESTRO DE LA SOMBRA

Todos tenemos una sombra, lo admitamos o no y cuanto menos lo admitamos más nos condicionara nuestra existencia. La sombra es nuestro lado oscuro que involucra a nuestros más espantosos terrores, nuestras más ocultas y reprimidas intenciones pero también puede ocultar nuestros mejores dones ignorados que, por algún motivo no nos animamos a vivir. Es esa parte de nuestra personalidad que intentamos por todos los medios a nuestro alcance disimular ante los otros y lo que es peor ante nosotros mismos.

No hay salud psíquica posible para el ser humano si no inicia en algún punto de la vida el viaje del descubrimiento y abrazo de la sombra. A la sombra hay que llegar a amarla para poder amarse por completo y recién entonces se podrá contactar al otro como se debe.

De lo contrario los intentos de la sombra por hacerse conocer nos importunarán permanentemente y nos obligaran a gastar cada vez más energía para ocultarla.

La humanidad ha hecho innumerables intentos para ayudarse a tratar con la sombra.

La pionera fue la religión con la teoría de los demonios y mas actualmente el psicoanálisis con la teoría del inconciente individual y colectivo. Es tan aterradora la sombra para el ser humano corriente que es cómoda cualquier teoría que la ponga afuera o que lo haga al ser inimputable por ella. Pero la mala noticia es que mi sombra es bien mía y la noticia peor es que tratar con ella me aterra. Por eso las confesiones están llenas de llanto y la psicoterapia llena de ansiolíticos.

Pocos muy pocos como Edgar Allan Poe se animaron a tratar con ella, a escribir sobre ella y por eso es considerado un maestro del terror. Sin efectos especiales y haciendo palidecer a las películas que se han hecho sobre sus escritos, cualquiera que esto lea si se mete en la cama, solo, en una noche de tormenta con un libro de Poe , comprobará que solo con palabras le habrán quitado el sueño por una semana. Porque Poe no necesita de marcianos, maquinas asesinas, pestes ni sangre para aterrarnos, le basta con bucear en los miedos que ya están en el alma humana.

Y lo hizo magistralmente. El quería ser poeta y vaya si lo era. Pese a que su prosa trascendió mucho mas que su poesía nos dejo una obra maestra del género poético, una joya casi perfecta estudiada a fondo en cuanta Universidad se dicte poesía: EL CUERVO.

Poe pago el precio por tratar con la sombra, evocó fuerzas inmanejables para él y llevó una vida mísera y desesperada. Hay quien dice que su vida se refleja en su obra, yo pienso que su obra fue la causa de su vida.

Algunos datos biográficos
Nació en Boston USA el 19 de enero de 1809

Sus padres, ambos actores, fallecieron siendo él un niño y fue criado por un padrino rico quien lo repudió a los 20 años por su inconducta y afición a la bebida que lo había hecho fracasar en cuanto trabajo lo tomaban.

A los 18 años ya había publicado su primer libro de Poemas: TAMERLAN (1827), a los 20 el segundo Al AARAF (1829) y a los 22 el tercero POEMAS (1831)

Estuvo 11 años casado con una prima Virginia Clemm, mujer muy enferma y con quien fue desdichado siguiéndola empero en la muerte ya que ella falleció en 1847 y él apenas dos años después, en un estado deplorable , en 1849 contando con solo 40 años.

En 1832 había sido premiado por el cuento “Manuscrito hallado en una botella” y fue redactor de varias revistas de Nueva York y Filadelfia.

Los tres poemas que he seleccionado y que publico en su lengua original para que puedan ser apreciados en toda su belleza, junto con la traducción correspondiente son:

 1. EL CUERVO

Hay una palabra que nos gusta sobremanera y nos emociona gratamente: SIEMPRE.

Alguien alguna vez me escribió una poesía así titulada y la conservo con mis mas preciados tesoros. Los seres humanos nos sabemos pasajeros, nos pensamos finitos, pero ansiamos ser eternos y por ahí lo somos, pero no tenemos la certeza. Entonces queremos que todo sea para siempre, el amor, la salud, la amistad. El Cuervo es la poesía del opuesto. Es la obra que nos sitúa en el principal terror que viaja con nosotros (y no puedo disimular el escalofrió que me recorre mientras esto escribo), nos dice que las cosas que mas amamos se pueden ir para no volver NUNCA MAS.

Y lo repite hasta el cansancio en los labios de un cuervo que se llama Nunca Más.

Y nos martilla en esa llaga abierta inescindible de la condición humana. La sombra se hace presente y nos quedamos mudos y temblando.

2. EL PALACIO ENCANTADO (de La Caída de la Casa Usher)

La locura. La caída de la Casa Usher es un cuento magnifico sobre la locura. Pero los personajes no son unos locos rematados que podemos cómodamente situar lejos de nosotros. Son personas brillantes y poderosas que se volvieron locas. Y ahí aparece otra sombra que nos acompaña de por vida. Cualquiera de nosotros puede incapacitarse repentinamente por alguna forma de locura y transformar algo bello en tenebroso como El Palacio Encantado que no es otra cosa que la mente. Así de ella que surgían deliciosos ecos ahora solo salen lúgubres fantasmas que la tomaron por asalto y danzan frenéticos riendo pero nunca más pudiendo sonreír. Ahí plasma Poe magistralmente la diferencia entre carcajada que evoca frenesí / descontrol y sonrisa que siempre es producto de la armonía del alma.

 2. UN SUEÑO DENTRO DEL SUEÑO

Lo efímero, inasible y casi irreal de toda nuestra existencia. Coincidiendo con el concepto oriental de maya o ilusión para todo lo que vivimos, Poe describe el sentimiento que también nos acompaña de cuna a tumba de impotencia por tomar, por conservar las cosas mas queridas de la vida. Y es esa misma impotencia la que nos hace creer que no son reales, como balsámica negación de toda la liviandad que nos rodea, concepto que retomará muchos años después el genial Milan Kundera.

Solo un deseo: Que las disfruten y aprendan de ellas, Poe nos llama a reconocer la sombra y nosotros necesitamos hacerlo.

Enrique Momigliano
26/11/2006

THE RAVEN
by Edgar Allan Poe

(1845)

Once upon a midnight dreary, while I pondered, weak and weary,
Over many a quaint and curious volume of forgotten lore,
While I nodded, nearly napping, suddenly there came a tapping,
As of some one gently rapping, rapping at my chamber door.
“‘Tis some visitor,” I muttered, “tapping at my chamber door-
Only this, and nothing more.”

Ah, distinctly I remember it was in the bleak December,
And each separate dying ember wrought its ghost upon the floor.
Eagerly I wished the morrow;- vainly I had sought to borrow
From my books surcease of sorrow- sorrow for the lost Lenore-
For the rare and radiant maiden whom the angels name Lenore-
Nameless here for evermore.

And the silken sad uncertain rustling of each purple curtain
Thrilled me- filled me with fantastic terrors never felt before;
So that now, to still the beating of my heart, I stood repeating,
“‘Tis some visitor entreating entrance at my chamber door-
Some late visitor entreating entrance at my chamber door;-
This it is, and nothing more.”

Presently my soul grew stronger; hesitating then no longer,
“Sir,” said I, “or Madam, truly your forgiveness I implore;
But the fact is I was napping, and so gently you came rapping,
And so faintly you came tapping, tapping at my chamber door,
That I scarce was sure I heard you”- here I opened wide the door;-
Darkness there, and nothing more.

Deep into that darkness peering, long I stood there wondering,
fearing,
Doubting, dreaming dreams no mortals ever dared to dream before;
But the silence was unbroken, and the stillness gave no token,
And the only word there spoken was the whispered word, “Lenore!”
This I whispered, and an echo murmured back the word, “Lenore!”-
Merely this, and nothing more.

Back into the chamber turning, all my soul within me burning,
Soon again I heard a tapping somewhat louder than before.
“Surely,” said I, “surely that is something at my window lattice:
Let me see, then, what thereat is, and this mystery explore-
Let my heart be still a moment and this mystery explore;-
‘Tis the wind and nothing more.”

Open here I flung the shutter, when, with many a flirt and
flutter,
In there stepped a stately raven of the saintly days of yore;
Not the least obeisance made he; not a minute stopped or stayed
he;
But, with mien of lord or lady, perched above my chamber door-
Perched upon a bust of Pallas just above my chamber door-
Perched, and sat, and nothing more.

Then this ebony bird beguiling my sad fancy into smiling,
By the grave and stern decorum of the countenance it wore.
“Though thy crest be shorn and shaven, thou,” I said, “art sure no
craven,
Ghastly grim and ancient raven wandering from the Nightly shore-
Tell me what thy lordly name is on the Night’s Plutonian shore!”
Quoth the Raven, “Nevermore.”

Much I marvelled this ungainly fowl to hear discourse so plainly,
Though its answer little meaning- little relevancy bore;
For we cannot help agreeing that no living human being
Ever yet was blest with seeing bird above his chamber door-
Bird or beast upon the sculptured bust above his chamber door,
With such name as “Nevermore.”

But the raven, sitting lonely on the placid bust, spoke only
That one word, as if his soul in that one word he did outpour.
Nothing further then he uttered- not a feather then he fluttered-
Till I scarcely more than muttered, “other friends have flown
before-
On the morrow he will leave me, as my hopes have flown before.”
Then the bird said, “Nevermore.”

Startled at the stillness broken by reply so aptly spoken,
“Doubtless,” said I, “what it utters is its only stock and store,
Caught from some unhappy master whom unmerciful Disaster
Followed fast and followed faster till his songs one burden bore-
Till the dirges of his Hope that melancholy burden bore
Of ‘Never- nevermore’.”

But the Raven still beguiling all my fancy into smiling,
Straight I wheeled a cushioned seat in front of bird, and bust and
door;
Then upon the velvet sinking, I betook myself to linking
Fancy unto fancy, thinking what this ominous bird of yore-
What this grim, ungainly, ghastly, gaunt and ominous bird of yore
Meant in croaking “Nevermore.”

This I sat engaged in guessing, but no syllable expressing
To the fowl whose fiery eyes now burned into my bosom’s core;
This and more I sat divining, with my head at ease reclining
On the cushion’s velvet lining that the lamplight gloated o’er,
But whose velvet violet lining with the lamplight gloating o’er,
She shall press, ah, nevermore!

Then methought the air grew denser, perfumed from an unseen censer
Swung by Seraphim whose footfalls tinkled on the tufted floor.
“Wretch,” I cried, “thy God hath lent thee- by these angels he
hath sent thee
Respite- respite and nepenthe, from thy memories of Lenore!
Quaff, oh quaff this kind nepenthe and forget this lost Lenore!”
Quoth the Raven, “Nevermore.”

“Prophet!” said I, “thing of evil!- prophet still, if bird or
devil!-
Whether Tempter sent, or whether tempest tossed thee here ashore,
Desolate yet all undaunted, on this desert land enchanted-
On this home by horror haunted- tell me truly, I implore-
Is there- is there balm in Gilead?- tell me- tell me, I implore!”
Quoth the Raven, “Nevermore.”

“Prophet!” said I, “thing of evil- prophet still, if bird or
devil!
By that Heaven that bends above us- by that God we both adore-
Tell this soul with sorrow laden if, within the distant Aidenn,
It shall clasp a sainted maiden whom the angels name Lenore-
Clasp a rare and radiant maiden whom the angels name Lenore.”
Quoth the Raven, “Nevermore.”

“Be that word our sign in parting, bird or fiend,” I shrieked,
upstarting-
“Get thee back into the tempest and the Night’s Plutonian shore!
Leave no black plume as a token of that lie thy soul hath spoken!
Leave my loneliness unbroken!- quit the bust above my door!
Take thy beak from out my heart, and take thy form from off my
door!”
Quoth the Raven, “Nevermore.”

And the Raven, never flitting, still is sitting, still is sitting
On the pallid bust of Pallas just above my chamber door;
And his eyes have all the seeming of a demon’s that is dreaming,
And the lamplight o’er him streaming throws his shadow on the
floor;
And my soul from out that shadow that lies floating on the floor
Shall be lifted- nevermore!

— THE END —

THE HAUNTED PALACE
by Edgar Allan Poe
(1839)

In the greenest of our valleys
By good angels tenanted,
Once a fair and stately palace-
Radiant palace- reared its head.
In the monarch Thought’s dominion-
It stood there!
Never seraph spread a pinion
Over fabric half so fair!

Banners yellow, glorious, golden,
On its roof did float and flow,
(This- all this- was in the olden
Time long ago,)
And every gentle air that dallied,
In that sweet day,
Along the ramparts plumed and pallid,
A winged odor went away.

Wanderers in that happy valley,
Through two luminous windows, saw
Spirits moving musically,
To a lute’s well-tuned law,
Round about a throne where, sitting
(Porphyrogene!)
In state his glory well-befitting,
The ruler of the realm was seen.

And all with pearl and ruby glowing
Was the fair palace door,
Through which came flowing, flowing, flowing,
And sparkling evermore,
A troop of Echoes, whose sweet duty
Was but to sing,
In voices of surpassing beauty,
The wit and wisdom of their king.

But evil things, in robes of sorrow,
Assailed the monarch’s high estate.
(Ah, let us mourn!- for never morrow
Shall dawn upon him desolate!)
And round about his home the glory
That blushed and bloomed,
Is but a dim-remembered story
Of the old time entombed.

And travellers, now, within that valley,
Through the red-litten windows see
Vast forms, that move fantastically
To a discordant melody,
While, like a ghastly rapid river,
Through the pale door
A hideous throng rush out forever
And laugh- but smile no more.

THE END

A DREAM WITHIN A DREAM
by Edgar Allan Poe
(1827)

Take this kiss upon the brow!
And, in parting from you now,
Thus much let me avow-
You are not wrong, who deem
That my days have been a dream;
Yet if hope has flown away
In a night, or in a day,
In a vision, or in none,
Is it therefore the less gone?
All that we see or seem
Is but a dream within a dream.

I stand amid the roar
Of a surf-tormented shore,
And I hold within my hand
Grains of the golden sand-
How few! yet how they creep
Through my fingers to the deep,
While I weep- while I weep!
O God! can I not grasp
Them with a tighter clasp?
O God! can I not save
One from the pitiless wave?
Is all that we see or seem
But a dream within a dream?

— THE END —
 

TRADUCCIONES

EL CUERVO

Cierta noche aciaga, cuando, con la mente cansada,
meditaba sobre varios libracos de sabiduría ancestral
y asentía, adormecido, de pronto se oyó un rasguido,
como si alguien muy suavemente llamara a mi portal.
“Es un visitante -me dije-, que está llamando al portal;
sólo eso y nada más.”

¡Ah, recuerdo tan claramente aquel desolado diciembre!
Cada chispa resplandeciente dejaba un rastro espectral.
Yo esperaba ansioso el alba, pues no había hallado calma
en mis libros, ni consuelo a la pérdida abismal
de aquella a quien los ángeles Leonor podrán llamar
y aquí nadie nombrará.

Cada crujido de las cortinas purpúreas y cetrinas
me embargaba de dañinas dudas y mi sobresalto era tal
que, para calmar mi angustia repetí con voz mustia:
“No es sino un visitante que ha llegado a mi portal;
un tardío visitante esperando en mi portal.
Sólo eso y nada más”.

Mas de pronto me animé y sin vacilación hablé:
“Caballero -dije-, o señora, me tendréis que disculpar
pues estaba adormecido cuando oí vuestro rasguido
y tan suave había sido vuestro golpe en mi portal
que dudé de haberlo oído…”, y abrí de golpe el portal:
sólo sombras, nada más.

La noche miré de lleno, de temor y dudas pleno,
y soñé sueños que nadie osó soñar jamás;
pero en este silencio atroz, superior a toda voz,
sólo se oyó la palabra “Leonor”, que yo me atreví a susurrar…
sí, susurré la palabra “Leonor” y un eco volviola a nombrar.
Sólo eso y nada más.

Aunque mi alma ardía por dentro regresé a mis aposentos
pero pronto aquel rasguido se escuchó más pertinaz.
“Esta vez quien sea que llama ha llamado a mi ventana;
veré pues de qué se trata, que misterio habrá detrás.
Si mi corazón se aplaca lo podré desentrañar.
¡Es el viento y nada más!”.

Mas cuando abrí la persiana se coló por la ventana,
agitando el plumaje, un cuervo muy solemne y ancestral.
Sin cumplido o miramiento, sin detenerse un momento,
con aire envarado y grave fue a posarse en mi portal,
en un pálido busto de Palas que hay encima del umbral;
fue, posose y nada más.

Esta negra y torva ave tocó, con su aire grave,
en sonriente extrañeza mi gris solemnidad.
“Ese penacho rapado -le dije-, no te impide ser
osado, viejo cuervo desterrado de la negrura abisal;

¿Cuál es tu tétrico nombre en el abismo infernal?”
Dijo el cuervo: “Nunca más”.

Que un ave zarrapastrosa tuviera esa voz virtuosa
sorprendióme aunque el sentido fuera tan poco cabal,
pues acordaréis conmigo que pocos habrán tenido
ocasión de ver posado tal pájaro en su portal.
Ni ave ni bestia alguna en la estatua del portal
que se llamara “Nunca más”.

Mas el cuervo, altivo, adusto, no pronunció desde el busto,
como si en ello le fuera el alma, ni una sílaba más.
No movió una sola pluma ni dijo palabra alguna
hasta que al fin musité: “Vi a otros amigos volar;
por la mañana él también, cual mis anhelos, volará”.
Dijo entonces:”Nunca más”.

Esta certera respuesta dejó mi alma traspuesta;
“Sin duda – dije-, repite lo que ha podido acopiar
del repertorio olvidado de algún amo desgraciado
que en su caída redujo sus canciones a un refrán:
“Nunca, nunca más”.

Como el cuervo aún convertía en sonrisa mi porfía
planté una silla mullida frente al avi y el portal;
y hundido en el terciopelo me afané con recelo
en descubrir que quería la funesta ave ancestral
al repetir: “Nunca más”.

Esto, sentado, pensaba, aunque sin decir palabra
al ave que ahora quemaba mi pecho con su mirar;
eso y más cosas pensaba, con la cabeza apoyada
sobre el cojín purpúreo que el candil hacía brillar.
¡ Sobre aquel cojín purpúreo que ella gustaba de usar,
y ya no usará nunca más!.

Luego el aire se hizo denso, como si ardiera un incienso
mecido por serafines de leve andar musical.
“¡Miserable! -me dije-. ¡Tu Dios estos ángeles dirige
hacia ti con el filtro que a Leonor te hará olvidar!
¡Bebe, bebe el dulce filtro, y a Leonor olvidarás!”.
Dijo el cuervo: “Nunca más”.

“¡Profeta! -grité-, ser malvado, profeta eres, diablo alado!
¿Del Tentador enviado o acaso una tempestad
trajo tu torvo plumaje hasta este yermo paraje,
a esta morada espectral? ¡Mas te imploro, dime ya,
dime, te imploro, si existe algún bálsamo en Galaad!”
Dijo el cuervo: “Nunca más”.

“¡Profeta! -grité-, ser malvado, profeta eres, diablo alado!
Por el Dios que veneramos, por el manto celestial,
dile a este desventurado si en el Edén lejano
a Leonor , ahora entre ángeles, un día podré abrazar”.
Dijo el cuervo: “¡Nunca más!”.

“¡Diablo alado, no hables más!”, dije, dando un paso atrás;
¡Que la tromba te devuelva a la negrura abisal!
¡Ni rastro de tu plumaje en recuerdo de tu ultraje
quiero en mi portal! ¡Deja en paz mi soledad!
¡Quita el pico de mi pecho y tu sombra del portal!”
Dijo el cuervo: “Nunca más”.
Y el impávido cuervo osado aun sigue, sigue posado,
en el pálido busto de Palas que hay encima del portal;
y su mirada aguileña es la de un demonio que sueña,
cuya sombra el candil en el suelo proyecta fantasmal;
y mi alma, de esa sombra que allí flota fantasmal,
no se alzará…¡nunca más!.

EL PALACIO ENCANTADO
La caída de la casa Usher (fragmento)

“En el más verde de nuestros valles, habitado por los ángeles buenos, antaño un bello y majestuoso palacio -un radiante palacio-alzaba su frente. En los dominios del rey Pensamiento, allí se elevaba. Jamás un serafín desplegó el ala sobre un edificio la mitad de bello. Banderas amarillas, gloriosas doradas sobre su remate flotaban y ondeaban (esto, todo esto, sucedía hace mucho, muchísimo tiempo); y a cada suave brisa que retozaba en aquellos gratos días, a lo largo de los muros pálidos y empenachados se elevaba un aroma alado. Los que vagaban por ese alegre valle, a través de dos ventanas iluminadas, veían espíritus moviéndose musicalmente a los sones de un laúd bien templado, en torno a un trono donde, sentado (porfirogénito) con un fausto digno de su gloria, aparecía el señor del reino. Y refulgente de perlas y rubíes era la puerta del bello palacio por la que salía a oleadas, a oleadas, a oleadas y centelleaba sin cesar, una turba de Ecos cuya grata misión era sólo cantar, con voces de magnífica belleza, el talento y el saber de su rey. Pero seres malvados, con ropajes de luto, asaltaron la elevada posición del monarca;(ah, lloremos, pues nunca el alba despuntará sobre él, el desolado) Y en torno a su mansión, la gloria que rojeaba y florecía es sólo una historia oscuramente recordada de las viejas edades sepultadas. Y ahora los viajeros, en ese valle, a través de las ventanas rojizas, ven amplias formas moviéndose fantásticamente en una desacorde melodía; mientras, cual un rápido y horrible río, a través de la pálida puerta una horrenda turba se precipita eternamente, riendo, mas sin sonreír nunca más. ”

Un Sueño en un Sueño

¡Recibe en la frente este beso!
Y, por librarme de un peso
antes de partir, confieso
que acertaste si creías
que han sido un sueño mis días;
¿Pero es acaso menos grave
que la esperanza se acabe
de noche o a pleno sol,
con o sin una visión?
Hasta nuestro último empeño
es sólo un sueño en un sueno.

Me encuentro en la costa fría
Que agita la mar bravía,
Oprimiendo entre mis manos,
Como arenas, oro en granos.
¡Que pocos son! Y allí mismo,
De mis dedos al abismo
Se desliza mi tesoro
Mientras lloro, ¡mientras lloro!
¿Evitare ¡OH Dios! su suerte
oprimiéndolos mas fuertes?
¿Del vacío despiadado
Ni uno solo habré salvado?
¿Cuanto hay de grande o pequeño
Solo es un sueño en un sueño?

Contacto:  desafiopoetico@yahoo.com.ar  

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Published in: on julio 1, 2007 at 2:10 am  Comments (2)  

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2 comentariosDeja un comentario

  1. Excelente recordatorio del maestro de los cuentos. Te felicito por el blog, es muy interesante.

  2. love this blog ♥♥♥


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