ALBA DE INVIERNO

 

 

ALBA DE INVIERNO

Llegó de la peor manera y encontró enfermo al poeta que cayó a mediados de junio bajo el peso del éxito y la tristeza. Tibio y muy lluvioso favoreció el encierro, vivido con una salud frágil e interminables ríspidos temas que parecieron converger para consumar su destructiva obra. Fueron atendidos con paciencia y lentitud, hasta que el físico permitió la huida al lugar en el mundo del poeta donde reponer su alma de la única manera que sabe: escribiendo. Los compromisos se cumplieron en el helado clima costero y al correr de la pluma algunas puertas se entreabrieron. Un precipitado regreso y dos meses febriles no obstaron a la fantasía crecer, volar e imaginar soles donde solo nieblas había. Y ese invierno tan mal comenzado, a favor de una nueva huida al personal faro costero, acabó concluyendo en otros compromisos, nuevos proyectos y un alba inesperada. Un alba de alma cansada del gris que supo descubrirse aun apta al ensueño.

LLEGAR

Diluviaba al salir,
diluvió al llegar,
el sol esquivo,…
apareció al caer,
preso por la noche,
en líquidos campos,
encontré mi destino,
pasado de agua,
con rotas avenidas,
con calles anegadas,
sin nadie por ahí,
por viento sacudido,
de frío aterido,
mi equipaje bajé.

Todo se olvida,
nada ya importa,
una vez más,
a mi lugar llegué.

Y de soledad perruna,
con pluma grávida,
me espera un tiempo,
para soñar y crear.
ausente del mundo,
del carnaval jocundo,
en silencio ancestral,
la voz del poeta,
callarme a escuchar.

Enrique Momigliano.
San Clemente, 15 de julio de 2017

 

INVIERNO

¿Te acordás?
aquella tarde gris,
de llovizna y frío,
de calles desiertas,
y pocos apurados,
cuando la mente,
inquieta y loca,
y las palabras,
ausentes, esquivas,
te empujaron,
casi obligaron,
a salir y caminar,
buscando ¿qué?,
¿alguien? ¿a vos?
Y anduviste,
¡vaya si anduviste!,
mojado, callado,
de lágrima fácil,
y corazón blando,
hasta que el alma,
te pidió un trago,
para repechar,
las piernas flojas,
la panza un nudo,
y ese miedo viejo,
a morirte justo ahí.
Todo cerrado,
domingo, claro,
casi de noche,
surgió un rumor,
se hicieron notas,
de bandoneón,
que te llamaron,
casi por tu nombre,
mejor, por tu sentir.
Después la luz,
el vidrio empañado,
del bajo bodegón.
de pocas mesas,
borrachos tres,
y tras la barra,
un gordo infame,
que te fichó.
En un rincón,
tocando él,
esta canción,
por la propina,
para comer,
y dormir triste,
en la estación.
¡Vamos che,
no digas que no!,
si reviviste,
con sus acordes,
pues ya eran dos.
Acordate viejo,
en esta tarde de sol,
largá ese verso,
que no te sale,
tomá el abrigo,
y caminemos,
que hace frío,
como ese día,
hasta algún bar,
quizás te espere,
si aún vive,
el genio aquél,
y lloran juntos,
dos otra vez,
por lo que no fue.

Enrique Momigliano.
San Clemente del Tuyú, 17 de julio de 2017

 

AMOR PROHIBIDO

Se huelen,
se piensan,
se intuyen,
se asustan
y huyen.

Se buscan,
se sienten,
se escuchan,
se esconden,
y huyen.

Se niegan,
se olvidan,
se tachan,
se quieren,
y vuelven.

Se odian,
se hieren,
se ofenden,
se aman,
y vuelven.

Amantes,
prohibidos,
delirantes,
vencidos,
constantes.

Amantes,
secretos,
ardientes,
discretos,
valientes.

Que saben,
olvidarse,
no pueden,
y amarse,
no deben.

Que viven,
para siempre,
en el otro,
y por siempre,
por el otro.

Que mueren,
algún día,
sin tenerse,
ni alegría,
de verse.

Enrique Momigliano
San Clemente del Tuyú, 23 de julio de 2017

 

MODOS

Usted sabe,
que yo preferiría,
amarla de otro modo….

Un modo,
¿cómo decirlo?,
más amable,
más confortable,
más manejable,
más tolerable,
más disimulable,
más acarreable,
más invisible,
más silenciable.

Porque,
este modo,
en el que yo la amo

Es un modo,
muy insoportable,
muy indisimulable,
muy inflamable,
muy audible,
muy visible,
muy olfateable,
muy previsible,
muy detectable.

Quisiera,
que mis ojos,
no delataran,
que mi corazón,
no galope,
que mis piernas,
no temblaran,
que mi aliento,
no escape,
cuando la veo.

Sería mejor,
que mi glotis,
no se cerrara,
para evitar,
decir
que la amo,

Podríamos,
llevar adelante,
una bella amistad,
un sano compañerismo,
una vital sociedad,
un feliz inegoismo.

Pero Usted,
también sabe,
que yo se que sabe,
que la amo así.

De un modo,
imposible,
inevitable,
irreprimible,
insufrible,
inacallable,
interminable,
insoportable,
indisimulable.

Usted sabe,
que estamos en problemas,
pues cualquier día de éstos,
mi amor me va a poder,
y se lo voy a confesar,
llorando y temblando,
inútilmente,
pues Usted,
Usted ya lo sabe.

Enrique Momigliano
San Clemente del Tuyú, 25 de julio de 2017

SIN DIARIO

El viejo escritor cerró la libreta que usaba como diario de viajes. Era una costumbre que le había quedado desde aquél rally iniciático a la Patagonia, unos 34 años atrás. Antes de partir de cada lugar y antes de hacer sus valijas, anotaba algunas frases, hechos significativos, objetivos logrados, gente conocida. De allí surgiría el material en muchos casos para sus libros de viajes. Si no había libro, dichas anotaciones le servían para ordenar sus recuerdos. Viajaba mucho, por lo general, en soledad, era su forma de disfrutarlos mejor y de inspirarse aún más. Suele ser molesto negociar destinos y contemplar belleza al mismo tiempo. Los años cobraron su precio y ya no viajaba tanto ni tan lejos, muchos de esos viajes tenían un mismo destino, pero sin embargo no había nunca dos iguales. Por ello, la costumbre perduraba. Este viaje no había sido ni por asomo tan agotador como el anterior, ni de emociones tan intensas, pero había tenido lo suyo. Algunas cosas había logrado y otras resultaron imposibles. El descanso le había sido esquivo, sus problemas en su lugar de residencia habitual, esta vez lo habían seguido y hasta habían estallado en diversas maneras, hecho que le había restado tiempo requerido para focalizarse en asuntos pendientes e importantes, que siempre prefería analizarlos a la vera del mar. Se sentía feliz por haber dado término a dos notas que debía hacía un tiempo y miserable por no haberle encontrado la vuelta a un ensayo muy profundo que había comenzado y abandonado una decena de veces. Algunas nuevas puertas para escudriñar en futuros viajes se habían abierto y otras permanecían tan cerradas como la última vez que sus huesos habían dado por allí. Proyectos literarios se habían inaugurado y hasta algún otro de otra índole, también había sido dado a luz. Sin embargo, nada de lo anterior había merecido anotación alguna en su libreta. En ese instante de balance de su estadía apreció que este viaje había sido tan importante como único, pero esa importancia no radicaba en asuntos exteriores sino en atisbos de su interioridad. Y sobre ella solo tenía eso: atisbos, y nada más. Le aguardaba una tarea detectivesca de seguir pistas, de sortear escollos, de barrer mentiras bien construidas para sí mismo, de palpar nuevas realidades, a los fines de obtener alguna conclusión valedera, es decir, operable. Tenía, claro, sospechas de los hechos y personas, disparadores de las nuevas sendas. Pero nada de eso podía ni debía ser puesto en palabras. En primer lugar porque no existían aquellas que pudieran hacerle justicia a la profundidad de lo vivido, en segundo término porque nadie que leyera por azar su intento de expresión podría entenderlo y finalmente porque él, al menos por el momento, tampoco lo entendía. Esta vez, el viaje, se había quedado sin diario.

Enrique Momigliano.
San Clemente del Tuyú, 27 de julio de 2017

VIDA

Vida, me preguntas qué es la vida,
pregunta tantas veces formulada,
y tantas con mentiras respondida,
acabando por fin por ser negada.

Esta vida, lejos de ti mi vida,
se parece a niebla tan cerrada,
que en esta edad anochecida,
me deja sintiendo y viendo nada.

Pues vida, solo tú eres la vida,
el resto es muerte preanunciada,
caminar con alma adormecida,
con corazón sepulto en helada.

Vida, sabes cuan pobre fue mi vida,
sola, por tu vida abandonada,
convertida sin que yo lo decida,
en suceder mientras en ti pensaba.

Enrique Momigliano
Buenos Aires, 29 de julio de 2017

 

ANHELO

Ojalá que no acabe,
esta bendita locura,
ojalá que no cese,
tanta extraña ternura,

Ojalá que no muera,
este sueño infantil,
ojalá que no quiera,
apagarse en abril.

Ojalá que esperes,
ojalá que extrañes,
ojalá que desees,
de cabeza a los pies.

Ojalá que yo siga,
amando tu encanto,
ojalá que prosiga,
ensoñándote tanto.

Ojalá que podamos,
en esquina cualquiera,
algún día que vamos,
sin saberlo siquiera.

A olvidarnos todo,
a cegarnos de amor,
a ensuciarnos de lodo,
y pintarnos en color.

Ojalá arriesguemos,
por un instante de luz,
orates desechemos,
nuestra vida en la cruz.
-.
Ojalá cuando libres,
que siempre junto a mi,
feliz en viento vibres,
mientras te quiero a tí.

Y si es solo un anhelo,
que el tiempo frustrará,
es para mi el cielo,
que mi vivir salvará.

Enrique Momigliano
Buenos Aires, 6 de septiembre de 2017

 

HERIDOS

Amo a los heridos que han vencido,
los dolores más arteros de la vida,
sin caer se han visto fortalecidos,
con deseos de salvar a quien lo pida.

Nunca quise cómodos reblandecidos,
quejosos de su herida fantasiosa,
impotentes, ineptos y engreídos,
jueces desde su poltrona espaciosa.

Me sumo a los que muerden sus lágrimas,
mientras lamen en soledad sus heridas,
pues son ellos los reyes de las ánimas

Los veo ir por el mundo delirantes,
repartiendo su amor tan convencidos,
que Dios ríe con cada gesto amante.

Enrique Momigliano
San Clemente del Tuyú, 8 de septiembre de 2017

 

ORACIÓN


Que así cual blanda playa,
recibe a la ola en calma,
serenes a quienes vienen,…
a refugiarse en tu alma.

Que así cual el vasto mar,
refleja la luz y el calor,
devuelvas tú multiplicado,
cada bello gesto de amor.

Que así cual azul cielo,
abraza a quien lo puede ver,
recibas en tus fuertes brazos,
a los cansados de padecer.

Que así cual hermano sol,
brilla siempre sin distinguir,
alumbres la senda oscura,
sin que te detenga tu sufrir.

Enrique Momigliano.
San Clemente del Tuyú, 13 de septiembre de 2017

HERENCIA

Habrá siempre un tiempo,
en que todo acaba,
hasta un gran portento,…
era y ya no estaba.-

El rey de vida y luz,
se rinde al ocaso,
hasta Dios tuvo su cruz,
rindió su santo brazo.

Y tú pequeño hombre,
de inseguro paso,
entregarás tu nombre,
al mármol del fracaso.

Mas portarás contigo,
fruto de tus acciones,
será luz o castigo,
ausente de perdones.

Enmienda hoy tu senda,
cuida de tu estela,
será de hijos peso,
o su más grácil vela.

Enrique Momigliano.
San Clemente del Tuyú, 18 de septiembre de 2017

VANO

Tras los pasos de inmortales,
a la caza de su esencia,
opaca arreglos florales,
con su poética presencia.

¿Podrán los restos del poeta,
vibrar amor en lo oscuro?
¿Serán heridos por saeta,
del mirar de ojos tan puros?

¿O querrá hoy su mano tiesa,
apasionada ya en vano,
desmentirme con la proeza,
de verso dar en bella mano?

No lo sé pero aseguro,
que al amor de escritores,
no hay fosa ni mármol duro,
que apacigüe sus ardores.

Enrique Momigliano
San Clemente del Tuyú, 16 de septiembre de 2017

MENSAJE

Hermana y dolida humanidad,
te suplico que escuches mi ruego,
no pretendo que sea la verdad,
es tan solo el grano que siego.

Muchos fueron los días vividos,
y no he estado a la altura de ellos,
fueron regalos mal recibidos,
es mi culpa si no fueron bellos.

No compartí mi pan con alguno,
no calmé el dolor de mi hermano,
nunca di cobijo a ninguno,
negué al sufriente mi mano.

No le temo al posible juicio,
sabré afrontar lo que he merecido,
más mucho me duele el perjuicio,
de tanto inútil tiempo perdido.

Pude ser feliz y no supe,
mostrar aquello que sentía,
escondí tras montes de lodo,
la maravilla que es la vida.

Por ello Humanidad tan mía,
que te puedas en otro reflejar,
que solo la PAZ, sea tu guía,
que nunca te niegues a amar.

Enrique Momigliano
San Clemente del Tuyú, 16 de septiembre de 2017

ALBA

Sonríes, tú sonríes,
para mi amanece,
el mundo en que vives,
mi sombra desvanece.

Me hablas, tú me hablas,
para mí el silencio,
música que exhalas,
mi dolor en descenso

Me miras, tú me miras,
para mi el abismo,
tu alma en pupilas,
y ya no soy el mismo.

Si yo miro tus manos,
me prendo a tus gestos,
que mienten ser humanos,
son de ángeles nuestros.

Preso de tu cabello,
pliegue de tu vestido,
contemplo sin resuello,
quien pude haber sido.

Y que soy sin embargo,
por el breve instante,
que un tiempo amargo,
te situara delante.

De ida el camino,
tan largo y sinuoso,
repechando destino,
por segundos gozoso.

Me sirvió lo sufrido,
a tu puerta dejado,
pues ha amanecido,
al haberte encontrado.

Enrique Momigliano.
San Clemente del Tuyú, 21 de septiembre de 2017

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Published in: on septiembre 25, 2017 at 2:28 am  Dejar un comentario  

TIEMPO DE PUENTES

TIEMPO DE PUENTES
Una visita a la Agrupación EL FARO de San Clemente

El último presidente que miraba el largo plazo, el primero de esta vuelta democrática, don Raúl Alfonsín, dijo en uno de sus primeros discursos, muy acertadamente, que Argentina corría el riesgo de “libanizarse”, entendiendo por tal una subdivisión entre múltiples facciones que luchan entre sí denodada y continuamente por la supremacía. Si miramos a nuestro país como un edificio, lo veremos lleno de grietas, horizontales, verticales y oblícuas que separan grupos de pertenencia que solo se dedican a culpar a los otros de su propia carencia o malestar. Decir que vivimos una sola grieta entre aduladores ciegos del proceso político culminado en diciembre de 2015 y detractores empedernidos del mismo, es una simplificación falsa y mediática.
Si una sola grieta es molesta y peligrosa, imáginense el grado de molestia y peligrosidad que acarrea la multitud de grietas existentes en nuestra sociedad. Es más que evidente que así no vamos a ningún lugar feliz, por el contrario, un nuevo tiempo de amargos enfrentamientos nos aguardan.
Estoy en San Clemente, preparando junto a destacadas personalidades locales, que piensan en muchos aspectos, muy distinto a mi, un encuentro de letras para la Paz. No debe haber sido fácil para ellos invitarme como no lo ha sido para mi sumarme. Sin embargo lo hicimos, y en el proceso descubrimos que son muchas más las coincidencias que las discordancias. Para ello debimos construir, desde ambas orillas, un puente. Dicho puente requirió solamente dos cosas:
1. la buena fe de todos
2. el reconocimiento que la causa común, en esta caso la Paz, valía el esfuerzo.
De modo que solo echaré mi pluma a correr para ayudar a construir puentes, para difundir a quienes lo hagan, piensen como piensen, apoyen a quien apoyen. Los absolutos conducen a la guerra porque no admiten el disenso, la paz se construye desde los relativos, desde las certezas transitorias, desde la duda, desde la incertidumbre, desde la negociación, mala o buena.
Por eso, si queremos evitar el tránsito por lugares trágicos y conocidos de nuestra sociedad, se impone tender puentes, en cada lugar que se vislumbre una grieta. Hace un rato que encontré por donde empezar, la siempre sabia vida me puso delante de mis narices una bella oportunidad que no dejé pasar.
Pablo Bonnet es hijo de un veterinario local sobre quien escribiera hace un tiempo largo ya (https://sociedadpoetica.wordpress.com/2010/02/14/la-gota-del-oceano/) y quien con su actuar, mucho más que con sus palabras me llevó a colaborar con el rescate de los perros callejeros, a escribir sobre ellos y a llevar adelante su causa. Durante los dos últimos años Pablo se ha puesto al hombro la Agrupación EL FARO en San Clemente y lo he visto trabajar intensamente, convocando a gente que conozco bien y a otra que no, quienes colaboran entusiasta y gratuitamente en favor de los más necesitados de este lugar.
Como él mismo reconoce en la charla, la pertenencia política de la agrupación resulta en muchos casos un obstáculo, obstáculo que hizo que me tomara mi tiempo para atravesar mi propio puente interior. Mi conclusión sobre la que invito a muchos de mis amigos a reflexionar es que si alguien hace algo bueno en favor de quien lo necesita, lo que importa es lo que hace y no la camiseta que lleva. Y también como él mismo me dijera, la actividad de EL FARO sin el apoyo del gobierno sería imposible e inconducente. Quizás haya dado en la tecla con la razón del fracaso de muchas bien intencionadas ONG. La desconfianza en la política, muchas veces justificado, ha llevado al tercer sector a tratar de cumplir sus fines en modo aislado e independiente y ello siempre es dificilísimo, tarda mucho en producir efectos palpables y muchas veces termina en abandono por desgaste de sus integrantes. El tercer sector, las ONG, deben articularse con las autoridades, para lo cual, la tarea más compleja es definir acertadamente los límites de competencia de cada uno, y acotar en lo posible, la utilización partidaria de la tarea emprendida. Porque esa grieta entre las ONG bien intencionadas y los funcionarios lo único que logra es que existan múltiples necesidades sociales deficientemente atendidas.
A Pablo hay muchas cosas que no le importan, porque hay otras que le importan mucho. Es un verdadero pionero. No le importa lo que piensen o digan de él, no le importa aunque le duele que el local haya sufrido pintadas y agresiones, no le importa aunque le duele que los amigos lo llenen de pretextos para no sumarse. A él le importa la sonrisa de los chicos que vienen al merendero, la alegría de los pertenecientes al hogar protegido que cruzan la calle para colaborar, la satisfacción de EL PAMPA que le trae la verdura al costo, las maestras que dan gratis apoyo escolar, los bomberos que donan tableros de ajedrez, el juez que le dio la tenencia provisoria de un niño con serios problemas en su casa, los que se llevan la bolsa económica y pueden tener frutas y verduras por toda la semana.
Muchas veces solo hace falta alguien que se anime, se arremangue, se embarre e inspire. Es una semilla que a su tiempo sabrá germinar en muchos.
Pablo ha construido un puente entre quienes necesitan conocer la felicidad del dar y quienes necesitan saber que no son más los eternos olvidados por todos. Es sin duda el resultado de un proceso interior profundo, el que  emerge cuando me dice: “me cansé de quedarme en mi casa quejándome y no hacer nada”. Cada uno deberá hacer el suyo, y cada uno deberá encontrar el lugar más adecuado adonde empezar a hacer algo. Y equivocarse, que es la única forma de aprender.
En un domingo de lluvia me acerqué para ver por mi mismo las caras de los niños y el esfuerzo de aquellos que les dan las instrucción que por ahi no alcanzan a comprender en la escuela y la contención y límites que seguramente no tienen en su hogar. Me llevé su alegría y la certeza de ver mucho amor en acción. Mis retinas atesoran el ropero solidario, la biblioteca desbordante, el ir y venir de los voluntarios, los patines, los juguetes, las pelotas y el hambre saciado.
Estoy convencido que la verdadera inclusión social podrá comenzar con una asignación universal o con un plan, pero si todo termina allí se parecerá mucho a la actitud de los padres ricos, que le dan a sus hijos dinero para que no molesten. Los descastados, los olvidados, los marginados tienen mucho interior a sanar y el único camino posible es que se encuentren con una realidad distinta proveniente de “esos que tienen plata”, poder experimentar en carne propia que algunos de esos al menos son capaces de brindarles tiempo, amor y contención. Pero también los que llevan una vida más o menos acomodada, tienen mucho interior a sanar y el único camino posible es que un día cualquiera se encuentren, cara a cara, mirada a mirada con “esos vagos pobres”, poder experimentar en carne propia que muchos de esos al menos son dignos de una vida mejor.
Ante Dios somos todos iguales, tenemos todos un largo camino por delante para entender que también ante nosotros lo somos, nada más ni nada menos que seres humanos intentando sobrevivir.
Hay lugares y gente que nos brindan una forma más rápida y contundente para entenderlo, construir puentes y cerrar grietas. Pablo Bonnet y su trabajo en la Agrupación EL FARO pertenecen sin duda a ese conjunto.

Enrique Momigliano
San Clemente del Tuyú, 12 de septiembre de 2017

 

 

Published in: on septiembre 12, 2017 at 4:58 pm  Dejar un comentario  

FRÁGIL

FRÁGIL

–”¿Cerrás vos?”
–”Si, andá tranquilo, ordeno unos recibos y cierro”
Ricardo fue al perchero, colgó el guardapolvo y firmó la planilla. A lo lejos, el motor rugiente de la moto del alta cilindrada de Rubén, le dijo que estaba solo, a las diez de la noche de un jueves cualquiera, en la filial de una escuela muy particular.
Después de resistirse por años, hacía un par que había asumido la función que en cualquier ámbito a lo largo de la vida, le reservaban para él: el cuida plata. A no dudarlo inspiraba confianza y pese a que renegaba del número, siempre en favor de su acentuada pasión literaria, todos admiraban su habilidad con él. ¿Qué lo había impulsado a aceptar? Sin duda su amistad con Eduardo, demasiado grande y enfermo como para seguir haciéndolo y su admiración y cariño por Claudio y Estela, quienes lo habían llevado de la mano, con amor y paciencia, en un nuevo escalón del laberinto espiritual.
Pese a que lo esperaban en su casa, ¿lo esperaban realmente?, decidió terminar su tarea, era fin de mes y había que rendir la recaudación en central. Total, para cenar solo, media hora más no hacía diferencia alguna.
Cuando dejó listo el balance mensual, recogió sus cosas y apagando las luces por el camino se dirigió a la solitaria puerta de entrada, a la que flanqueaban macetas que hacía unos días extrañaban el cuidado de Cristian. Al ir a trasponerla, una duda, de esas obsesivas que suelen recrudecer en soledad, lo asaltó ¿había o no apagado la estufa del salón principal?. En un contexto de gas carísimo, y socios empobrecidos, 24 horas de estufa prendida era un inútil gasto que no estaba dispuesto a consentir.
Deshizo el camino andado encendiendo las mínimas luces necesarias para no tropezar y se encontró por ver primera solo, en el salón donde toda la actividad de la peculiar escuela trascurre, un día después del otro, en una centenaria sucesión. Salón que supo de multitudes, de ausencias notorias y de presencias invisibles, pero que jamás supo de inactividad en los horarios designados para su funcionamiento. Ricardo verificó que la estufa estuviera apagada y se dejó ganar por una íntima necesidad.
Se sentó en el primer banco, elevó su vista a la gran cruz y cerró sus ojos dispuesto a quedarse allí, hasta que la misma voz interior que lo había retenido, lo dejase marchar. En el silencio del salón solitario una visión lo sobrecogió. Vio entrar por la puerta una multitud de afligidos de toda edad, agobiados por pesos insoportables, algunos de los cuales tenían el nombre del portador y otros tenían nombres de terceros. También vio una multitud de seres con brazos musculosos, perfectamente saludables y sonrientes, acarreando unos pesos insoportables con multitud de nombres inscriptos en ellos. Todos ellos tomaban sitio en los bancos y comenzaban con su práctica. Al tiempo vio otros seres, un poco más traslúcidos y muy luminosos, acercarse a los sentados y tomar con suma facilidad las cargas que pesaban sobre hombros y cabezas de quienes los habían traído. Los vio depositar dichas cargas al pie de la cruz, tras lo cual todos quienes habían llegado se incorporaron, cantaron una marcha, se saludaron fraternalmente y se retiraron en paz.
Conmovido, pero no sorprendido, ya que de una u otra forma ello sucedía allí mismo cada vez que asistía, Ricardo abríó los ojos, sin sospechar que estaba a punto de encontrar la respuesta a una pregunta que venía formulándose desde hacía muchísimo tiempo.
Siguió mirando fijamente a la cruz hasta que sin pretenderlo se encontró mirando la pared a su derecha, en ese instante la visión continuó. Se sobresaltó, era la primera vez que veía una realidad inmaterial con los ojos abiertos. Nítidamente sobre la pared apareció su figura, mucho más joven y mucho más delgado. Salía de una vieja casa del barrio de Almagro, débil, pálido, con las piernas temblorosas, azules ojeras y sobrepasado de miedo. Se vio alzar un mano para detener un taxi, del que se contempló bajar con suma dificultad e ingresar a la escuela central con ayuda del taxista, donde fue recibido por un trío de hombres que vestían un guardapolvo igual al que él acababa de colgar en el perchero. Todo su ser volvió a ese día, el cual había tenido lugar nada menos que 22 años atrás.
Inconstante de profesión, pero buscador incansable de la verdad, había seguido tantos caminos como había abandonado. Religión, ciencia, lugares sacros, disciplinas orientales, terapias de todo tipo jalonaban sus años. Consideraba a todos respetables y valiosos y de cada uno de ellos había extraído enseñanzas, la miel de la cuales conservaba y practicaba, todos los días. Pero solo había permanecido en un sitio, al que sentía cada vez más propio, cada día más como su verdadero hogar. 22 años puede parecer mucho tiempo, pero en la búsqueda de la esencia del ser humano apenas alcanzan para los primeros centímetros del umbral. Y Ricardo quería saber, necesitaba saber varias cosas: cuál había sido el motivo que lo había llevado a quedarse allí, qué lo había llevado a preferirlo frente a los otros, qué lo llevaba a pagar el precio de cenar solo con tal de poder seguir asistiendo. En definitiva, qué lo hacía perseverar en el camino, qué había hecho la diferencia, diferencia que en el momento de extrema fragilidad que se representaba ante sus ojos en la pared, le había permitido fortalecerse y continuar viviendo y luchando, términos que han sido, en su vida, más sinónimos que nunca.
Entonces lo vio. Esos hombres de guardapolvo le dijeron unas palabras incomprensibles para él en su momento, lo hicieron participar de una práctica en un salón inmenso pero muy parecido a aquél en que estaba, práctica más incomprensible aún y con la recomendación de volver al otro día, lo despidieron hacia su casa, donde se vio llegar más fortalecido, probar bocado por vez primera en la semana y lograr dormir un par de horas tras quince noches de insomnio continuo. Al otro día volvió, y al otro y al siguiente, en un mes estuvo bien, en un mes y medio pudo trabajar nuevamente. Un poco por curiosidad, y mucho por el bienestar ganado, nunca más se fue.
La vivencia de ese día crucial de su existencia, el recuerdo profundo del mismo le facilitó ver el motivo de su adhesión. En ningún momento nadie le había preguntado nada y nadie le había pedido nada a cambio de la ayuda suministrada. Ricardo se sorprendió de la gratuidad inmerecida que lo había salvado. En cada lugar que había concurrido se había sentido evaluado, juzgado ( en algunos hasta rechazado) y siempre sutil o brutalmente hecho saber que alguna retribución de su parte, era no solo bienvenida, sino también esperada. Por vez primera veía y experimentaba en carne propia hacer el bien por el bien mismo, aceptar sin juzgar, ayudar sin esperar nada a cambio. No era ciertamente la lógica del mundo. Tampoco era lo que había experimentado en su familia de origen, en sus trabajos, en sus parejas.
Ricardo lloró. Y lloró un buen rato porque vio ante si, expuesta con claridad meridiana, no solo la razón de su permanencia en ese sitio durante 22 años, sino también su propia extrema fragilidad.
Una fragilidad que lo condujo a una vida casi eremítica y a establecer relaciones con muchas reservas, aún las íntimas. Reservas que no conocen otra razón que el miedo a ser juzgado, porque todos, casi sin excepción, se erigen y creen tener derecho a ello, en jueces del otro. Casi nadie acepta al otro como es. A Ricardo siempre, aún quienes lo quisieron bien, intentaron cambiarlo, a veces de buen modo y otras no tanto y ello incluye a sus padres, maestros y parejas. Quizás la gota que rebalsó el vaso haya sido cuando, a favor del crecimiento de sus hijos, hasta ellos se convirtieron en jueces de su manera de ser.
Pero Ricardo lloró aún más, cuando se dio cuenta que el peor juez, el más cruel e inflexible, que lo había tenido sentado en el banquillo de los acusados, había sido él mismo y tristemente, seguía haciéndolo. Pudo ver que ninguno de todos esos juicios había logrado modificarlo en lo más mínimo, por el contrario, lo único que habían obtenido de él, era una franca rebeldía y una persistencia tenaz en la conducta y modos más severamente cuestionados. Si algo había cambiado, y de hecho había cambiado bastante, se lo debía al mensaje reiterado y amoroso de las distintas voces de ese sitio, que con una paciencia extrema, lo habían conducido a la propia reflexión. Es verdad que uno cambia solo cuando quiere cambiar y aún así le cuesta bastante, porque las conductas y actitudes negativas, de tanto practicarlas han asumido una espontaneidad y automaticidad que cuesta revertir.
Aceptarlo, amarlo, ayudarlo así como era y estaba, sin siquiera interesarse por saber cómo había llegado a ese estado, había sido la receta utilizada en esa escuela tan especial para rescatarlo del abismo. Ricardo tomo consciencia que era tiempo de comenzar a aplicarla en si mismo, para poder sanar esas heridas profundas que cada tanto sangran todavía y superar esos odiosos límites que le impiden una sana relación con sus semejantes. Al fin y al cabo cien años de aplicación exitosa, no son para desdeñar.
Sus ojos se posaron sobre el reloj del ángulo de las paredes, eran las once, nadie se había preocupado por la demora.
Se levantó del banco, apagó las luces camino de la puerta, salió y cerró la filial detrás de sí. Ya se iba a ocupar el frescor de la noche de secar las lágrimas que todavía, más espaciadas, surcaban su rostro.

Enrique Momigliano
Buenos Aires, 3 de septiembre de 2017

Published in: on septiembre 3, 2017 at 6:37 pm  Dejar un comentario  

INTELIGENCIA ARTIFICIAL

INTELIGENCIA ARTIFICIAL

El lupanar con apariencia de whiskería de la zona roja montevideana bullía de actividad. Al son del viejo y gastado equipo de audio, las tristes mariposas del amor pago repartían tragos y falsas sonrisas, mostrando sus ajadas carnes que asomaban tras sus más ajados atuendos revisteriles. El humo del cigarrillo tornaba casi irrespirable el aire mientras la penumbra reinante le permitía a los parroquianos soñar belleza donde no la había. Un sucio rincón daba sitio a una pequeña mesa ante la cual dos sesentones dialogaban animadamente en torno a una botella de Johnnie Walker a medio terminar.
—”Dejate de joder Gabriel, vos siempre creyendo estupideces, no cambias más”
—” Vos, por una vez sola Hernán, abrí la cabeza, no todo es exacto y demostrable en esta vida”
—”Pero si sabés que soy así, si no toco no creo, como Tomás, el de tu Biblia, dejame meter la mano en la llaga y después hablamos”
—”¿Que me estás diciendo?”
—”Sencillito, traeme la compu y si después que le hago todos los reinicios y limpiezas de disco que conozco, la foto te sigue apareciendo, recién ahi empezaré a creerte. Escribís demasiado Gabriel, la fantasía te está matando, tomate vacaciones.”
—-”¡Ja!, los escritores no se toman vacaciones, no se puede dejar de ser escritor por quince días, uno lo es siempre, hasta cuando duerme. Por otro lado, no las necesito, mi trabajo es tan apasionante que hacer una pausa breve tiene el sabor del tiempo malgastado”
Una mulata sinuosa, con demasiadas “llamadas” encima les muestra sus dientes roídos y pasa una pluma atada a su trasero por el cabello de Hernán, que se molesta.
—”Vos y tus lugares de mierda, Gabriel, ¿Cuándo vas a madurar? ¿Qué buscás en estas putas tristes? Algún día por seguirte me van a robar y violar”
—”Busco inspiración, como siempre, algo muy lejos de tus algoritmos querido Hernán, ¿me vas a ayudar entonces, o no?”. Gabriel apuró su vaso de scotch y volvió a llenarlo, tras completar el de Hernán.
—”Pará loco que tengo que bajar de este sucio cerro manejando y si me pierdo soy boleta” protestó sin mucho convencimiento
—”Decís que sos amigo mío y nadie te tocará, me conocen hasta los perros callejeros por aquí, ellos más que nadie, les doy de comer cada vez que vengo”
—”Mañana, tempranito, tipo 9, así te agarro bien dormido a vos que en tu perra vida madrugaste, te espero en el bar del Radisson, un lugar como la gente, no como los tuyos, me traes la compu y vemos si hago desaparecer de la pantalla a la mujer de tus sueños. Si lo logro me pagás el almuerzo, trae muchos verdes porque pienso pedir shampoo francés”. Hernán levantó la copa y brindó para sellar el pacto. “Me tengo que ir” añadió.
—”Andá maricón y cuidate mucho, yo me quedo un rato a conversar con la mulatona, no te gustarán sus dientes pero yo le conozco otras virtudes” Gabriel se paró como pudo y le dio un cálido abrazo a Hernán, quien tampoco la tuvo fácil, ambos tan distintos pero tan compinches, por un rato, apenas 50 años.
Desde su silla Gabriel contempló a Hernán apartando a las sexo traficantes para llegar a la puerta y mientras sonreía para sí, le vino a la memoria el Hernán adolescente, prolijo y previsible, sumamente inteligente, de una conducta intachable y siempre digno de toda confianza. Hoy Hernán era dueño de una posición económica envidiable, integrante de una sólida familia tradicional a la que accediera por un ventajoso matrimonio y hacedor de una extraordinaria carrera que lo había llevado a trabajar en el centro de cómputos de la NASA. Un oportuno viaje a Uruguay había posibilitado el encuentro.
También Gabriel se vio a si mismo en aquella edad, enamoradizo e inestable, amante de la noche pero brillante alumno, sobre todo en matemáticas y literatura, hecho que le había llevado a optar por esta última, ya que consideraba a las primeras como una soberana estupidez, un juego para entretener la mente, absolutamente inservible para afrontar los inmensos misterios de la vida, el amor y la muerte que se desplegaban a sus 16 años ante él. No le había ido mal tampoco. Tras esfuerzos y fracasos había logrado formar una familia cuyos vástagos ya habían volado del nido, tenía un bien ganado prestigio como escritor y poeta y se mantenía con sus ingresos como periodista para un prestigioso medio argentino.
Desprovisto de compañía, Gabriel no estuvo ni cerca de invitar a la mulatona a su mesa como hubiese hecho gustoso en un viaje normal, sino que por el contrario, volviendo a llenar el vaso, retornó a su obsesión. La noche era corta, demasiado corta, para tomar la decisión que debía afrontar. Si alguien podía borrar la foto de ella de su computadora, ese era Hernán. ¿Qué le sucedería a Gabriel si Hernán, como todo hacía prever, lograba su cometido? Pagar el almuerzo era lo de menos. El miedo de Gabriel corría por otros andenes. Toda la historia de la foto se deslizó por su mente.

La había conocido en un pequeño y perdido pueblo, donde extrañas circunstancias habían organizado la presentación de uno de sus libros. Nunca pudo olvidar ese día. Resulta difícil para alguien que ha vivido intensamente sumergido en la realidad cotidiana, muchas veces lacerante, conservar al borde del retiro, algo de fe en el ser humano, algo de esperanza en el futuro y algo de confianza en el amor. Así había llegado Gabriel a ese salón colmado a manejar, con su oficio de disertante y experiencia docente, una audiencia como otras de un lugar cualquiera. Se equivocó, la vida volvió a sorprenderlo.
Esforzándose por hallar en su interior un entusiasmo esquivo, mientras sus palabras fluían nítidas y ordenadas acerca de sus cuentos y poemas, Gabriel paseaba, como de costumbre, su vista por las caras en silencio de los integrantes del público. Le gustaba hacerlo porque lo entretenía, cuando uno repite presentaciones hasta sus propias palabras corren el riesgo de inducir al sueño. En ese peregrinar de pares de ojos en pares de ojos se detuvo en uno, brilloso de lágrimas y poseedor de una chispa diferente. No le interesó observar a la portadora de esa mirada discordante, siguió la recorrida y continuó hablando. Al rato volvió pues la chispa de aquella mirada había tocado algún recóndito sitio de su alma, adormecido durante demasiados años. Mientras proseguía con su discurso automatizado, aquellos ojos le hablaron, se revelaron transparentes y denunciaron un alma sensible y única, esperando ser escuchada.
“Terminemos con esto, vinimos a presentar el libro y nada más, en un par de horas vuelvo a mi vida y aquí no pasó nada” se dijo y se concentró en sus palabras. Uno puede hacer caso omiso a las señales, pero ello, si las señales son importantes, no impedirá que se repitan, duplicadas en intensidad.
Al cabo de la charla y los aplausos consabidos, llegó la firma de ejemplares. Vaya a saber por qué razón Gabriel firmaba de pie. No se percató que ella, la dueña de los ojos, se acercaba disimulada en la fila hasta que la tuvo delante.
–”¿Tu nombre?” alcanzó a decir antes que ella sin mediar palabra lo estrechara en un abrazo y sin firma alguna, huyese con su libro.
Un Gabriel conmovido, sin palabras, concluyó con el rito de firma y abreviando el brindis, durante el cual la buscó infructuosamente entre la multitud, se dirigió a su hotel. Esa noche no durmió, unas cuantas siguientes tampoco. Ya lejos del pueblo esa mirada lo persiguió, todos sus días, pero mucho más todas sus noches. Algo muy misterioso y de otro plano le llegaba a través de sus ojos. La placentera sensación que Gabriel experimentaba con solo recordar su mirada se tradujo en hechos concretos. Un lento proceso de reconstrucción anímica interior y profundo se desató.
Fue entonces Gabriel un manojo de dudas, ¿era ello acaso amor, un amor jamás experimentado en sus relaciones?, esa desconocida de quien ni siquiera el nombre sabía ¿podría amarlo, desde cuándo, desde dónde, con qué fin?. O por el contrario ¿era él quien se había enamorado de repente?. ¿Y si no era amor, entonces qué nombre darle a lo que sentía, a la protección que vivía, a la armonía lograda, a la determinación en sus propósitos, a la esperanza renovada, a la fe en la vida, a la desaparición completa de su temor a la muerte?. ¿Cómo llamar a lo que sentía que ella sentía por él, o a lo que él había comenzado a sentir por ella? ¿Qué palabras podrían ser justas para semejante profundidad?. No tenía respuesta alguna.
—”Somos habitantes del misterio” se dijo un día y nuevamente se propuso, esta vez con mucha más firmeza, olvidar por completo el asunto. Pero la vida volvería a jugarle sucio.
El diario para el que trabajaba y en el que pensaba jubilarse tenía un corresponsal de guerra en Siria, Edgardo, buen compañero de trabajo de Gabriel. Se respetaban y admiraban mutuamente, a Gabriel lo fascinaba el valor de Edgardo y a éste lo maravillaba la sensibilidad poética de Gabriel. Por eso a nadie le extrañó cuando entró como una tromba el director ejecutivo del diario a la sala de redacción y dijo:
–”Edgardo fue herido en el bombardeo cerca del hotel donde está la prensa en Damasco, tranquilos que zafó pero tiene para un mes, Gabriel hacé las valijas que te vas a la guerra”
—”Mierda” fue lo único que atinó a decir. No había forma de negarse, le debía mil favores al diario y muchos más a su amigo. Esa misma noche dormía, o algo así, en el avión que a pura turbina lo llevaba a la zona más peligrosa del planeta.
La pasó mal, muy mal. A un poeta le va bien en una guerra solo en las películas, muchas veces se acordó del coraje extraordinario de Roberto Benigni en El Tigre y la Nieve, que enfrentaba a puro verso a los combatientes armados. El problema no era el miedo, a las 72 horas de ver caer bombas por todos lados, escuchar sirenas todo el tiempo, no probar bocado porque no pasa nada y no dormir ni 10 minutos seguidos, el miedo desaparece, uno está tan pero tan jugado y entregado que tener miedo no sirve para nada, se hace lo que hay que hacer, en el caso de Gabriel, lo que los uniformados le dejaban hacer, que no era demasiado y punto. Lo que no cesa es el horror y un sensible en medio de un horror creciente y continuo es como una piedra en el mar, se hunde sin remedio.
Gabriel vio morir un niño y lloró, vio amputar a un anciano y siguió llorando, vio a gente caminando enloquecida gritando de dolor por todas las calles y gritó él también. Contó los días que faltaban para que Edgardo tomase la posta como lo haría un preso y no pasaban jamás.
Le costaba escribir los informes, lo que vivía lo dejaba sin palabras. A la semana temió seriamente enloquecer, se miraba al espejo y decía BASTA un millón de veces y NO PUEDO MAS otro millón. Entonces, una noche entre sirenas, alertas rojas, bombas y ensayos de evacuación de su hotel, la mirada, aquella mirada en aquel pequeño pueblo volvió y el alivio fue inmediato. El por qué y el cómo no estuvieron a su alcance nunca, tampoco le importó demasiado. Su interpretación fue la de un desesperado
—”Debo sobrevivir para volver a verla, ella me espera”. Mentira o no, funcionó a la perfección. Encontró un valor que no conocía, trabajó e informó mejor que su experimentado colega, atendió heridos, consoló compañeros y se arriesgó más de la cuenta. Estaba convencido que mientras esos ojos lo amparasen, nada malo podría pasarle, porque dichos ojos lo llevarían de vuelta a estar frente a frente y poder contarle a su portadora, todo el bien que venía recibiendo de ella. Pero Gabriel notó que si ponía en duda su certeza, flaqueaba, el cobarde, el sensible, volvían de inmediato.
–”Necesito esa mirada conmigo, todo el tiempo” y la necesidad siempre es muy inteligente, Gabriel encontró rápidamente la forma de tenerla, con una tremenda dosis de, llamémoslo, suerte. Mientras trabajaba en su computadora otra noche en vela, buscó en las redes sociales a la persona que le había organizado la presentación de su libro en aquel perdido pueblo, con la secreta esperanza que tuviese su perfil abierto al público y a ella entre sus “amigos”.  Fue  así como dio con Margarita y por un buen rato, el informe para el diario se detuvo, las bombas y sirenas no se oyeron y el infierno sirio dio paso a un sereno remanso. Navegó por sus múltiples fotos y eligió dos en las que estuviera sola y con los ojos, esos inolvidables ojos, mirando directamente al lente de la cámara. Las amplió y recortó para que la mirada ocupase la mayor proporción posible de la foto y puso una como fondo del escritorio y otra como protectora de pantalla. Ya tenía su antídoto para los horrores de la guerra.
Cuando, tras desbordar sus pupilas de sangre derramada, infancia destrozada y ancianidad abandonada, se sentaba frente a su computadora a redactar el informe diario, bastaba con encenderla para que la tierna mirada de Margarita, cuyo significado profundo se le escapaba por completo, barriese en un segundo todas sus miserias, indignaciones y dolores, restaurando su alma para poder continuar. De ese modo pudo Gabriel completar su mes en ese hoyo de la humanidad, pasarle la posta a Edgardo y subir aliviado al avión que lo devolvió a Buenos Aires.
Cuando amaneció aún en vuelo, mientras esperaba que la azafata llegase con el desayuno, encendió su computadora y ahi estaban los ojos soñados. Su mente ya estaba en su casa y en su oficina, programando las primeras tareas que lo aguardaban en ambos ámbitos al arribar. Los ojos eran como algo fuera de lugar, habían cumplido su misión, debía eliminarlos. No fuera cosa que le pidiesen explicaciones que no tenía y que no imaginaba poder inventar. Sustituyó entonces, rápidamente, el protector de pantalla por el institucional del diario y el fondo de escritorio por un barco; navegar seguía siendo su irrefrenable pasión.
Sus compañeros y su familia se alegraron de verlo tan entero, no solo física sino también psíquicamente, tras la excepcional y traumática aventura emprendida, y afortunadamente nadie preguntó las razones de tal integridad, cuando ninguno, conociéndolo bien, hubiese apostado a ello. Gabriel respiró relajado y abrazó feliz su recobrada rutina.
Un día, el más inesperado, sucedió por vez primera. Reunidos en la mesa de directorio del diario, todos los miembros del honorable cuerpo esperaban que Gabriel terminase de enchufar los cables necesarios para proyectar el power point sobre un nuevo organigrama de funciones que había desarrollado junto a sus compañeros. Cuando estuvo todo listo, y todos los ojos de directores e invitados especiales fijos en la pantalla en blanco, Gabriel, de espaldas a la misma, activó el botón de ON. Antes de darse vuelta, alcanzó a ver las caras que viraron de la sorpresa inicial a una pícara sonrisa, algún ojo guiñado y allá en el fondo la de sus compañeros reteniendo una carcajada. Lentamente, solo para confirmar sus temores, Gabriel comenzó a mirar de reojo la enorme pantalla. Allí estaba ella, Margarita, mirándolos a todos desde su joven belleza, con sus profundos ojos, con su luz de alma y para terminar de complicar el asunto, con el nombre de usuario, justamente Gabriel, estampado tercamente en su frente. Tras un tiempo interminable en que la computadora hizo todo su proceso de inicio, apareció el escritorio, afortunadamente con la foto del barco. Gabriel inspiró profundo, abrió el power point y abordó la disertación. Había sobrevivido a un mes de guerra, no lo iba a amedrentar un pequeño papelón.
Al cabo de la reunión, soportó por días estoicamente las cargadas de sus compañeros que empezaron a hablar en voz alta de “la siria”, que “un mes es mucho tiempo para un hombre solo”, sobre “lo degenerado que siempre fuiste “, etc, etc, etc, todo alejadísimo de la realidad, pero de una realidad que Gabriel tampoco comprendía. La misma noche del incómodo episodio nuestro periodista se dedicó puntillosamente a resguardar sus archivos, pasarle al disco rígido todos los “cleaners” conocidos y a reiniciar varias veces su computadora, no quería otro sofocón. Se aseguró que todo funcionara a la perfección, y así lo hizo por unos cuantos días, durante cuyo transcurso el episodio se fue olvidando, tanto como Gabriel de Margarita y su mirada. Claro, hasta la reunión familiar de Navidad.
Como tantas veces las escenas cayeron en el lugar común: la casa llena de parientes, los tragos generosos, los paquetes debajo del árbol y las charlas con panza llena esperando las doce de la noche. Lógicamente la novedad de este año era la aventura bélica de Gabriel y la curiosidad venció a la comodidad de los sillones. Empezó como un rumor y terminó en clamor.
—” ¿Así que estuviste en la guerra? Mostrá fotos chantún, que no te creemos nada”
Sin escapatoria, Gabriel fue al escritorio, trajo la compu y con la tribuna de parientes a su espalda, brindando por anticipado y riendo ensordecedoramente, oprimió la tecla ON.
Un hoyo en la tierra no le hubiera bastado, Gabriel solo quería volatizarse, ser invisible y desaparecer por dos años como mínimo de su ámbito familiar. En la pantalla con su nombre en la frente, Margarita posaba su misteriosa mirada sobre toda la parentela.
Con los ojos abiertos de estupor y un silencio sepulcral a su espalda, el héroe de esa historia, contaba: uno, dos, tres, cuatro, cinco …… dale, desaparecé, tomátelas,… contaba y transpiraba. Una voz, solo una de las 25 almas que miraban la pantalla, atinó a decir carraspeando
—-” Buena foto”
—–”Viste qué buena” contestó con ironía Gabriel, por supuesto sin darse vuelta.
Tras el brindis más silencioso de su vida, nadie en su casa le dirigió la palabra hasta después de Reyes, tiempo vacío que el periodista empleó en destruir todos los archivos prescindibles de su computadora y volver a cargar todo el sistema operativo. Nuevamente y pese a múltiples ensayos diarios que incluyeron un sinnúmero de reinicios, apagados y suspensiones, todo pareció funcionar correctamente. A punto estuvo Gabriel de sumergir su notebook HP en la bañera llena, pero le tenía un cariño especial, al fin y al cabo había sido su compañera de trinchera y ello no se olvida.

–”¿Pero cómo diablos lo hace Hernán?, es random, aparece cuando se le canta y justo cuando menos tiene que hacerlo, además sobrevivió a todas las limpiezas que hice?”
—”Limpiaste mal idiota, sabiendo lo poco que te interesaba el Fortran IV y el Cobol cuando estudiábamos, no me extraña que no sepas manejar un cleaner”
— “Igualmente de un tiempo a esta parte se ha hecho estable aparece siempre, pero antes aparecía solo cuando trabajaba a batería, o solo de noche, o solo cuando soñaba con ella, o solo cuando me pasaba el día pensando en la foto, aunque a decir verdad después empezó a aparecer sin motivos en cualquier momento, llegué a pensar que era cuando ella pensaba en mi”
—”¡Qué chiflado Gabriel!, ¿Cómo se te ocurre eso?”
De este modo el periodista hacía partícipe, varios whiskies mediante, al ingeniero informático de la NASA, de Margarita, la siria para los amigos, el ángel guardián para él, la dueña de la mirada más profunda del mundo, que habitaba un lejano pueblo al que Gabriel ni pensaba en volver.

Mientras manejaba de vuelta a su hotel en Ciudad Vieja, esperando que no existiese por allí control de alcoholemia alguno, tomó la decisión de concurrir a la reunión programada a las 9 de madrugada del día siguiente, Hernán lo merecía, lo que no sabía era si le iba a dar la ocasión de pasar a degüello la foto de la controversia. Lo consultaría con la almohada y decidiría por la mañana.
Se durmió con la duda, pero fue una noche maravillosa, pese al medio litro de Johnnie Walker o quizás gracias a él. Soñó que alguien lo abrazaba, que le hablaba dulce al oído, que le iba liberando de todas sus preocupaciones y que le instilaba una confianza sin igual, tanto en la vida, como en sí mismo. Era indudablemente una mujer pero como estaba a sus espaldas, no podía verle el rostro, se dejó llevar, lo disfrutó y amaneció despejado como nunca. Miró el reloj, tenía tiempo, decidió quedarse en la cama un rato más. Giró sobre su cuerpo y sus ojos fueron a dar a la mesita de luz del lado opuesto, donde un objeto, que parecía no haber estado allí la noche anterior, llamó su atención. Lo tomó para observarlo de cerca, era un pañuelo de seda, con algún diseño, de esos que las mujeres suelen llevar atados a su cuello y que tan bien realzan la belleza del rostro, claro, solo cuando el rostro es bello.
Lo asaltaron preguntas ¿Cómo llegó ahí? ¿A quién pertenece? ¿Se lo habrá olvidado la pasajera anterior? ¿Será de la mucama? ¿Se lo habré robado a la mulatona?
Una vaga intuición lo sobresaltó, se levantó desnudo y casi sin respirar se abalanzó sobre la computadora, había algo familiar en el diseño de ese pañuelo, se dijo, mientras pulsó la tecla ON.
Allí estaba Margarita, mirándolo, con su nombre de usuario estampado en la frente y un pañuelo idéntico al que obraba en las manos de Gabriel, coquetamente atado a su cuello. Le faltaba sonreír, la cara que puso el poeta periodista, desnudo y a punto de desmayo, lo merecía con creces.
Gabriel tomó una ducha casi helada, se vistió, dejó la computadora en el hotel y se encaminó hacia el Radisson, que estaba a pocas cuadras, para decirle a su amigo Hernán que se metiera su título y su experiencia en donde imaginaba, pues él, ya no dudaba, algo escondía esa mirada, algo demasiado importante como para seguir ignorándola o intentando vanamente desecharla.
Con el aire fresco de la rambla hiriendo su rostro inadaptado a esas tempranas horas, Gabriel caminaba disfrutando el paisaje de su amada Montevideo, pero su mente ya estaba elucubrando motivos para convencer al organizador de la presentación de su libro en el lejano pueblo, de reiterarla lo antes posible.
No tenía forma de saber si Margarita lo esperaba, o menos aun, si la foto era su peculiar forma de llamarlo, pero Gabriel, periodista al fin, no soportaba tener una historia metafísica entre manos y no intentar comprenderla lo suficiente, como para, mínimamente, lograr escribirla.

Enrique Momigliano
Buenos Aires, 25 de agosto de 2017

 

Published in: on agosto 26, 2017 at 1:21 am  Comments (1)  

POPULISMO INSUSTENTABLE EN EL SIGLO XVII

 

 

ALESSANDRO MANZONI

 

POPULISMO INSUSTENTABLE EN EL SIGLO XVII

Como saben estoy leyendo, debería decir estudiando, una de las obras más emblemáticas de la literatura italiana, I Promessi Sposi ( Los Novios) de Alessandro Manzoni. Una obra que le llevó 20 años culminar en 1842, pero que se sitúa en las tierras del norte de Italia en el año 1628, a la sazón gobernada por los Habsburgos de Madrid, España. Imaginar a italianos gobernados por españoles y 200 años atrás, le requirió al autor un supremo esfuerzo investigativo y narrativo. Estoy mas o menos por la mitad y me tiene tan atrapado como al inicio. Se trata de dos novios desdichados porque le impiden su boda, por razones bien distintas a las de Romeo y Julieta y en el curso de las peripecias consecuentes, aparecen narradas costumbres, relaciones de poder, la nobleza, los vanos esfuerzos legislativos, la corrupción, el clero y sus mañas, los bravos al servicio de los poderosos, los campesinos y la gente de la ciudad. Un fresco con todos los matices de la sociedad de entonces, reitero 1628, casi 400 años antes de nuestro tiempo actual.
Cual no sería mi sorpresa al toparme entre las páginas 221 del primer tomo y la página 253 en el segundo tomo, es decir los capítulos XII y XII enteramente dedicados al estrepitoso fracaso de un proyecto populista con respecto a un bien escaso y trascendente para el pueblo, como lo es, sin duda, el pan. Y más que interesante resultan las consecuencias políticas de dicho fracaso y como las percibe la población en general y cual es su conducta posterior. Una verdadera joya que reproduzco a continuación en sus párrafos esenciales, sustituyendo en homenaje a la brevedad, muchas de las 32 páginas con mis palabras. En vísperas del voto es bueno recordar en la pluma de un maestro que hay recetas que fracasaron siempre, aunque el pueblo pida, una y otra vez, insistir en ellas.

XII

Era aquél el segundo año de cosecha escasa. En el anterior, las provisiones que habían quedado de los años previos habían suplido, hasta cierto punto, la carencia; y la población había llegado, si bien no harta ni hambrienta, ciertamente desprovista, a la mies de 1628, en la que estamos con nuestra historia. Pero la tan deseada siega fue incluso más mísera que la anterior, en parte por mayor contrariedad de las estaciones (y esto no sólo en Milan, sino también en buena cuenta de los pueblos circundantes), en parte por culpa de los hombres. El derroche y el despilfarro de la guerra, esa hermosa guerra de la que ya hemos hecho mención, era tal que, en la parte del estado más cercana a ella, muchas tierras más de lo ordinario quedaban sin cultivo y abandonadas por los campesinos, quienes, en vez de procurar con el trabajo pan para sí y para los otros, se veían obligados a mendigarlo por caridad. He dicho «más de lo ordinario» porque los insoportables tributos impuestos con una codicia y una insensatez igualmente inmensas, la conducta habitual, también en plena paz, de las tropas alojadas en los pueblos, conducta que los dolorosos documentos de aquellos tiempos igualan a la de un enemigo invasor, otras causas que no hay aquí lugar para mencionar, iban ya desde hacía un tiempo obrando lentamente aquel triste efecto en todo Milan; las circunstancias particulares de las que ahora hablamos eran como una repentina exacerbación de un mal crónico. Y no había terminado de arreglarse aquella cosecha cuando las provisiones para el ejército y el derroche que siempre las acompaña, le hicieron tal mella que la escasez se hizo sentir de repente y, con ella, aquel efecto suyo doloroso, tan saludable como inevitable, el encarecimiento.
Pero cuando esto llega a cierto punto, nace siempre (o, al menos, ha nacido siempre hasta ahora y, si aún lo hace, después de tantos escritos de hombres de valía, ¡pensad en aquel tiempo!), nace una opinión en muchos de que la escasez no tiene razón. Se olvida haberla temido, predicho; se supone de pronto que hay grano bastante y que el mal viene del no vender el suficiente para el consumo; suposiciones que no tienen pies ni cabeza, pero que lisonjean a un tiempo la cólera y la esperanza. Los acumuladores de grano, reales o imaginarios, los poseedores de tierras, que no lo vendían todo en un día, los horneros que lo compraban, todos aquéllos en suma que lo tenían en poco o suficiente, o que tenían fama de tenerlo, a éstos se culpaba de la penuria y el encarecimiento, éstos eran el blanco del lamento general, la abominación de la multitud mal y bien vestida. Se decía de seguro dónde estaban los comercios, los graneros llenos, desbordantes, apuntalados; se indicaba el número de sacos, disparatado; se hablaba con certeza de la inmensa cantidad de grano que se enviaba secretamente a otros pueblos, en los que probablemente se bramaba con igual seguridad que el grano de allí se enviaba a Milán. Se imploraban a los magistrados aquellas medidas que a la multitud parecen siempre, o al menos han parecido siempre hasta ahora, tan justos, tan simples, tan aptos para hacer salir el grano escondido, tapiado, enterrado, como decían, y hacer volver la abundancia. Los magistrados algo hacían: como establecer el precio máximo de algunas mercancías, intimar penas a quien rehusare vender y otros edictos del género. Como, sin embargo, todas las medidas de este mundo, por fuertes que sean, no tienen la virtud de disminuir la necesidad de alimento ni de hacer venir mercancías fuera de estación y, como en este caso particular, no tenían ciertamente la de sacarlas de donde quiera que sobrasen, el mal duraba y crecía. La multitud atribuía tal efecto a la escasez y la debilidad de los remedios, y solicitaba a gritos otros más generosos y decisivos. Y , para su desventura, halló la horma de su zapato. En ausencia del gobernador don Gonzalo Fernández de Córdoba, que mandaba el asedio de Casal del Monferrato, hacía sus veces en Milán el gran canciller Antonio Ferrer, también español. Este vio, ¿y quién no lo habría hecho?, que es en sí cosa muy deseable que el pan tenga un precio justo y pensó, y ése fue su fallo, que una orden suya podía bastar para producirla. Fijó la meta (así llaman aquí a la tarifa en materia de comestibles), fijó la meta del pan al precio que habría sido justo si el grano se hubiese vendido por lo común a treinta y tres liras el modio, cuando se vendía a hasta ochenta. Hizo como una mujer que se siente joven y cree rejuvenecer de veras alterando su fe de bautismo. Órdenes menos insensatas y menos inicuas habían dejado de ejecutarse, más de una vez, por la resistencia de las propias cosas; pero la ejecución de ésta la vigilaba una multitud que, viendo finalmente convertido en ley su deseo, no habría sufrido que fuese una burla.
Acudió enseguida a los hornos, a pedir el pan al precio tasado; y lo pidió con la resolución y la amenaza que dan la pasión, la fuerza y la ley reunidas.
Si los horneros protestaron, no lo preguntéis. Desleír, amasar, meter y sacar del horno sin pausa; porque el pueblo, sintiendo vagamente que era una cosa violenta, asediaba los hornos de continuo para disfrutar de la fábula mientras durase; trabajar como esclavos, digo, y afanarse más de lo habitual para salir perdiendo, cualquiera puede ver qué hermoso goce debe de dar. Pero, por una parte, los magistrados que intimaban penas y, por otra, el pueblo que quería ser servido —y cuidado que algún hornero se demorase, porque apuraba y gruñía con ese vozarrón que tiene, y amenazaba una de aquellas justicias suyas, que son de las peores que se pueden hacer es este mundo—; no había salvación, era preciso mezclar, meter y sacar del horno, y vender. Pero, para continuar aquella empresa, no bastaba que se les ordenase ni que tuviesen un gran miedo, era preciso poder; y, un poco más que la cosa hubiese durado, no habrían podido. Hacían ver a los magistrados la iniquidad y la insoportabilidad de la carga que les habían impuesto, protestaban con querer tirar la pala en el horno e irse; y, mientras, seguían adelante como podían, esperando, esperando que, una vez u otra, el gran canciller entrase en razón. Pero Antonio Ferrer, quien era lo que hoy diríamos un hombre de carácter, respondía que los horneros se habían aprovechado mucho y más en el pasado, que se aprovecharían mucho y más al volver la abundancia; que también se vería, se pensaría quizá en darles algún resarcimiento; y que, entretanto, siguiesen así adelante. Fuese que estaba verdaderamente persuadido de estas razones que alegaba a los demás o que, aun conociendo por los efectos la imposibilidad de mantener su edicto, quisiese dejar a los otros la odiosidad de revocarlo —pues ¿quién puede entrar ahora en el cerebro de Antonio Ferrer? —, el caso es que siguió firme en lo que había establecido. Finalmente, los decuriones (un magistrado municipal compuesto por nobles que duró hasta el noventa y seis del siglo pasado) informaron por carta al gobernador del estado de las cosas: que encontrase él algún expediente que les permitiese avanzar. Don Gonzalo, enredado hasta las cejas en los asuntos de la guerra, hizo lo que el lector se imagina ciertamente: nombró una Junta a la que confirió la autoridad de establecer para el pan un precio que fuese posible; algo que pudiera salvar tanto a una parte como a la otra. Los diputados se reunieron o, como se decía a la española en la jerga administrativa de la época, se ayuntaron; y tras mil reverencias, cumplidos, preámbulos, suspiros, suspensiones, proposiciones al aire, tergiversaciones, todos trajines hacia la deliberación de una necesidad sentida por todos, sabiendo bien que jugaban una gran carta, pero convencidos de que no había otra cosa que se pudiese hacer, concluyeron encarecer el pan. Los horneros respiraron; pero el pueblo enfureció.

 

En síntesis, Ferrer, el mandamás a cargo puso un precio máximo. Con ello fundió a los panaderos. Gonzalo, el verdadero mandamás nombró una comisión, esta encareció el pan, para volver a hacer la producción posible y reinó el descontento popular.

 

La noche antes del día en que Renzo llegó a Milán, las calles y plazas bullían de hombres que, transportados por una rabia común, dominados por un pensamiento común, conocidos o extraños, se reunían en corrillos sin haber tenido la intención, casi sin percatarse de ello, como gotas esparcidas sobre la misma pendiente. Cada discurso acrecentaba la persuasión y la pasión de los oyentes, así como las del que lo había proferido. Entre tantos apasionados, los había, claro está, más de sangre fría, que observaban con gran placer cómo se iba enturbiando el agua y se las ingeniaban para enturbiarla más, con esos razonamientos y esas historias que los despabilados saben componer y los ánimos alterados, creer; y se proponían no dejarla reposar, esa agua, sin la ganancia de los pescadores. Miles de hombres se fueron a la cama con el vago sentimiento de que era preciso hacer algo, que algo se haría.

 

Sigue a continuación el maravilloso relato de la rebelión popular que comienza con el asalto a un repartidor de pan, continúa con el saqueo y destrucción de una panadería y concluye con el asedio e intento de copamiento de la casa particular del Vicario de la Provisión ( una especie de Secretario de Comercio), Veamos algunos pocos párrafos de esta situación tan dramática

 

La vista del botín hizo olvidar a los vencedores los planes de venganza sanguinaria. Se abalanzan sobre las arcas, saquean el pan. Alguno, sin embargo, corre al mostrador, salta la cerradura, agarra los cuencos, aferra monedas a puñados, las mete en los bolsillos y sale cargado de dinero, para volver después a robar pan si queda. La multitud se dispersa por los comercios. Echa mano a los sacos, los arrastra, los rompe; alguien se mete uno entre las piernas, desata la boca y, para reducirlo a una carga que pueda llevar, tira una parte de la harina; alguien, gritando:
—¡Espera, espera! —se inclina y tiende el delantal, un pañuelo, el sombrero, para recibir aquella gracia de Dios; uno corre a una artesa y toma un pedazo de masa, que se alarga y se le escapa por todas partes; otro, que ha conseguido un coladero, lo lleva por el aire; quien va, quien viene: hombres, mujeres, niños, empujones, dados y devueltos, gritos y un polvo blanco que se posa sobre todo, de todo se eleva y todo lo vela y lo nubla. Fuera, un gentío compuesto de dos procesiones opuestas que se rompen y se obstaculizan entre sí, la de quien sale con el botín y la de quien quiere entrar a lograr el suyo.

—Queda ahora descubierta — gritaba uno— la impostura infame de esos bribones que decían que no había ni pan, ni harina, ni grano. Ahora se ve la cosa clara y evidente; y no nos podrán ya engañar. ¡Viva la abundancia!

El vicario de provisiones, elegido cada año por el gobernador entre los seis nobles propuestos por el Consejo de Decuriones, era el presidente de éste y del Tribunal de provisiones, que, compuesto por doce, también estos nobles, tenía, entre otras atribuciones, la de los víveres. Quien ocupaba tal puesto debía, necesariamente, en tiempos de hambre e ignorancia, ser nombrado autor de los males: a menos que hubiese hecho lo que hizo Ferrer; cosa que no estaba en sus facultades, ni
aunque hubiese sido su idea.

—¡Viva la abundancia! ¡Mueran los hambreadores! ¡Muera la carestía! ¡Abajo la provisión! ¡Abajo la Junta! ¡Viva el pan!
Verdaderamente, la destrucción de las artesas y los cedazos, la devastación de los hornos y el desorden de los horneros no son los medios más comunes para hacer vivir el pan, pero ésta es una de las sutilezas metafísicas a las que una multitud no llega. No obstante, sin ser un gran metafísico, un hombre llega a ellas a veces a la primera, aun siendo nuevo en la cuestión; y, sólo a fuerza de hablar de ellas y de oír hablar, se volverá incapaz también de entenderlas.

Había un apremiar y un retener, como un remanso, una indecisión, un murmullo confuso de contrastes y consultas. En ésta, estalló por medio de la multitud una voz maldita:
—Está aquí cerca la casa del vicario de provisiones: ¡vamos a hacer justicia y a saquearla! Pareció el recuerdo común de un acuerdo ya cerrado más que la aceptación de una propuesta. «¡Donde el vicario! ¡Donde el vicario!», es el único grito que se oye. La turba se mueve, toda junta, hacia la calle donde estaba la casa mencionada en tan mal momento.

XIII

—¡El vicario! ¡El vicario! ¡El hambreador! ¡Lo queremos! ¡Vivo o muerto! El desdichado andaba de cuarto en cuarto, pálido, sin aliento, dándose con una mano en la otra, encomendándose a Dios, y a sus criados que se mantuvieran firmes, que encontrasen la manera de hacerlo escapar. Pero ¿cómo? y ¿desde dónde?

 

A esta altura se preguntarán quien viene presuroso a rescatar al Vicario, consagrado en el chivo expiatorio de la bronca popular. Piensen un poquito, recuerden nuestra historia cercana y acertarán.
Siiiiii, efectivamente, el mismo, Antonio Ferrer, el que había desatado todo el problema poniendo un ridículo precio máximo al pan y llevando a la quiebra a los panaderos. Llega, le salva la vida al Vicario con la promesa al pueblo de encarcelarlo para que pague sus culpas y promete que al día siguiente habrá pan a precio máximo para todos ( y todas).

 

De repente, un movimiento extraordinario, comenzado en un extremo, se propaga por la multitud, una voz se divulga, corre de boca en boca: —¡Ferrer! ¡Ferrer! Maravilla, alegría, rabia, inclinación, repugnancia, estallan allí donde llega aquel nombre; quien lo grita, quien quiere ahogarlo; quien afirma, quien niega, quien bendice, quien blasfema. —¡Está aquí Ferrer! —¡No es cierto! ¡No es cierto!
—¡Sí, sí! ¡Viva Ferrer! Que ha bajado el precio del pan. —¡No! ¡No! Esta aquí, está aquí, ¡en la carroza! —¿Qué importa? ¿Qué tiene él que ver? No queremos a ninguno. —¡Ferrer! ¡Viva Ferrer! El amigo de la pobre gente. Viene para llevar a prisión al vicario.

 

Obviaré aquí unos magistrales párrafos acerca de los componentes de una turba y de como se los maneja por escapar al centro de la cuestión, no obstante recomiendo fervientemente su lectura. Ferrer rescata al aterrorizado Vicario en su propia carroza y pasa entre el pueblo que lo vitorea.

 

El viejo Ferrer presentaba ora a una portezuela, ora a la otra, un rostro todo humilde, sonriente, amoroso, un rostro que había reservado siempre para cuando se encontraba en presencia de don Felipe IV , pero que se vio obligado a derrochar también en esta ocasión. Hablaba también, pero el revuelo y el zumbido de tantas voces, los vivas mismo que le hacían, dejaban muy poco y a muy pocos oír sus palabras. Se ayudaba, por lo tanto, con señas, poniéndose ora las puntas de los dedos sobre los labios para tomar un beso, que las manos, separándose de pronto, distribuían a derecha e izquierda en agradecimiento por la benevolencia pública; extendiéndolas y moviéndolas ora lentamente fuera de una de las portezuelas para pedir que abriesen paso; bajándolas ora gentilmente para pedir un poco de silencio. Cuando había logrado un poco, los más cercanos oían y repetían sus palabras:
—Pan, abundancia. Vengo a hacer Justicia; paso, por favor
Derrotado, luego, y como ahogado por el ruido de tantas voces, por la vista de tantos rostros juntos, de tantos ojos sobre él, se retiraba un momento, hinchaba los carrillos, daba un gran suspiro y decía para sí: «Por mi vida, ¡qué de gente!».
—¡Viva Ferrer! No tenga miedo. Es vuestra merced hombre de bien. ¡Pan! ¡Pan!
—Sí, pan, pan —respondía Ferrer —. Abundancia, lo prometo. —Y se llevaba la mano al pecho—. Paso — añadía al punto—. Vengo para llevarlo a prisión, para darle el justo castigo que merece.

 

Convendría aclarar que Manzoni nunca visitó nuestro país, de modo que resulta imposible que se haya inspirado en él. Tambíen convendría que todos los candidatos del día de hoy leyesen estos párrafos, en principio por su propio bien. Y por último convendría a nosotros pobres mortales sin ninguna cuota de poder ni aspiración a tenerla que dejásemos de apoyar proyectos populistas insustentables que llevan en si mismo, la rara paradoja de terminar convocando como salvadores a los causantes de la tragedia, esperemos que la experiencia por una vez sea capaz de derrotar a las falsas esperanzas.

Enrique Momigliano
Buenos Aires, 13 de agosto de 2017

Published in: on agosto 13, 2017 at 2:22 am  Dejar un comentario  

GUERREAR A LOS 60

Luis Gallo y el Cessna Citation II C-550 de Fabricaciones Militares, integrante del Escuadrón Fénix en la gesta de Malvinas

GUERREAR A LOS 6O

Un café con Luis Horacio Gallo, pionero y veterano de guerra Malvinas

 

Mientras camino por la vereda de la manzana que albergó hace unos 25 años los primeros pasos que dio mi hijo de mi mano y su emoción y la mía me vuelven a embargar, mi espíritu se prepara para entrevistar al veterano de guerra más longevo de mi Patria. En la otra cuadra me espera Luis Gallo, alférez de la Fuerza Aérea Argentina, técnico mecánico de vuelo ( el ingeniero de vuelo en la jerga aeronáutica) pionero de helicóptero en el país y del avión ejecutivo Cessna Citation II en el Escuadrón Fénix en Malvinas, cuando tenía 60 años. Intento imaginarme a mi mismo, que tengo esa edad diciéndole a mi familia que me voy a combatir y la consecuente carcajada.
Sus juveniles 93 años lo hacen precipitarse a bajar para abrirme la puerta del edificio, cuando gracias a un vecino subo antes y me recibe su señora, Lilian Pesci, once años menor, su primer admiradora, hija de un sastre italiano y cuya madre Virginia Stella era sobrina nada menos que de Beniamino Gigli, muy afín a mi por su carácter de poeta y escritora. Regreso a la planta baja a buscarlo y lo encuentro en la puerta oteando el horizonte a por mí. Bajo, calvo, de ojos tiernos pero firmes, aparenta muchos años menos, tal como denota su paso rápido a mi encuentro en la vuelta al departamento que ocupa en sus breves visitas a Capital. Su lugar en el mundo es Norberto de la Riestra, un pueblo cercano a mi querido Lobos, en la Provincia de Buenos Aires, perteneciente al partido de 25 de Mayo. Allí nació y se crió y luego de muchísimas vueltas por el país y el extranjero disfruta de su casa y de los mimos de la comunidad que lo ha distinguido hace poco, con el título de “personalidad destacada”.
Me siento a la mesa y por las próximas casi cuatro horas asisto a un relato tan apasionante como imperdible. Quedé mal con los habitantes de mi agenda de horarios posteriores pero por nada del mundo osé interrumpir a este protagonista de la historia argentina. Salvo por algunos breves intervalos en que alenté a su esposa a publicar sus poemas en un libro, la escuché leer uno brillante en homenaje a la cónyuge de San Martín y disfruté de su amoroso café con galletas, Don Luis no paró de atiborrarme a historias, una más atrapante que la otra.
Veamos si el oficio me da para sintetizarlas y transmitirlas con su contenido de aventura y patriotismo.

 

Luis Horacio Gallo nació un 20 de septiembre de 1923 en una familia de 11 hermanos que a duras penas podía mantener el padre quien fabricaba soda. “Siempre fui un infiltrado en la Marina, era una fuerza de gente rica, con doble apellido, a mi me dejaron ingresar porque en los papeles de ingreso el escribano puso que mi padre era industrial y eso los confundió, un amigo con grandes condiciones fue rechazado porque su padre era taxista”. Cursa la primaria en su pueblo pero la secundaria la cursa en forma particular con una maestra y rinde tres años en la cabecera de partido. Ello lo habilita para ingresar a la aviación naval en 1940, la cual recuerda con admiración porque era una copia de la academia norteamericana de West Point.
Tiene 3 hijos, el mayor es odontólogo y ferviente malvinero, Alejandro Luis, nacido en 1956 y padre de Juan Manuel y Valeria, posee en Arrecifes donde vive un museo itinerante sobre la gesta, asiste permanentemente a la Vigilia de San Andrés de Giles y a otros actos evocatorios. Según su padre es más militar que odontólogo (es subteniente de reserva del ejército e instructor de tiro), lamentablemente tuvo que abandonar la carrera por la rotura de un tímpano, fruto de la estampida de un cañón. Completan la familia dos mujeres, Patricia, madre de Giselle, Daniel y Diego quienes siguen la senda del padre martillero y Elizabeth, 17 años menor, soltera y flamante abogada de la universidad de Morón. Ya es bisabuelo de una nena de 10 años, Camila hija de Daniel.
No se acuerda cuantas horas voló, solo me dice que lo hizo durante 46 años en forma continua e intensiva. Durante 8 de esos años, en forma intermitente, voló nada menos que en Presidencia de la Nación, de Perón a Illía. Respetará a rajatablas el secreto profesional, no habrá infidencias, de ese tiempo solo me confesará su predilección por Arturo Frondizi, un joven caballero según sus palabras a quien llevaba los fines de semana a una estancia prestada a descansar.
Hizo cursos en Canadá y en Estados Unidos, tuvo que aprender inglés con ayuda de su señora a los 36 años para poder emigrar durante un año y medio y poder volar el helicóptero para 11 pasajeros que Presidencia trajo al país para mostrárselo a los visitantes ilustres y sus acompañantes.
“Cuando me inicié, en la década del 40 la Fuerza Aérea no existía, recién nace como fuerza armada independiente el 4 de enero de 1945, con la creación de la Secretaría de Aeronáutica, hasta ese momento solo se ocupaba del espacio aéreo una pequeña aviación de ejército y la más importante aviación naval. Recibirá un impulso extraordinario durante la presidencia de Perón al llegar un gran número de aviones de Inglaterra”.
La primera foto que me muestra es del crucero ARA Almirante Brown con una postal escrita abordo a sus padres en enero de 1946, mientras estaba haciendo la campaña antártica. Su misión nada sencilla era pilotar un avión anfibio, un Vought OS 2U Kingfisher que despegaba con un sistema de catapulta Rapier Ransome y se recuperaba del mar mediante una grúa del barco, tarea nada sencilla de hacer entre los vientos antárticos y el agua congelada. El Almirante Brown a cargo en ese año del Capitán de Navío Carlos Machiavelli era un crucero de fabricación italiana, el C 1, recibido en 1931 junto a su gemelo el 25 de Mayo, nave insignia de la Primera División de Cruceros y que sirvió hasta 1959, desplazaba 6800 toneladas y medía 171 metros de eslora y 17,7 metros de manga.

El Crucero C-1 ARA Almirante Brown y el texto escrito por Luis Gallo en 1946 abordo

“Volé con el teniente de navío Daniel Lucio Enrique García Mansilla, nieto del Gral. Mansilla, el autor de Excursión a los Indios Ranqueles, un señor. Hablaba de si mismo en tercera persona y no cobraba los viáticos y era de una muy buena posición.”
Empezó a volar desde Punta Indio a Puerto Belgrano. En cuarto año ya hacían práctica de tiro efectivo a una manga arrastrada 500 metros hacia atrás por un avión y eso permitía una correcta evaluación de las baterías antiaéreas cuando la manga caía, porque cada una tenía su color de bala. Al año de andar en la escuadrilla de transporte en DC 2,5 y DC 3,lo embarcan en el crucero, a volar el hidroavión, el cual ya era más moderno un Supermarine Walrus de fabricación inglesa. En la escuadrilla de transporte traían italianos contratados por el Ministerio de Marina que venían muertos de hambre por la guerra, asistió al exilio de Libertad Lamarque, desde la base de Morón que por entonces era internacional ya que Ezeiza no existía.
Me explica lo que es despegar por catapulta que se accionaba por un cañón y pasaba rápidamente a 150 km por hora, había que pegarse al respaldo del asiento por la aceleración en 37 metros. Era complicado subir al barco con un cable de seguridad y 15 grados bajo cero. Además el frío afectaba la lubricación de la catapulta y despegaban con menos velocidad, unos 125 km por hora, hecho que les dificultaba la maniobra.
Los recuerdos vienen mezclados, me cuenta el estreno del Pulqui I y Pulqui II en el lugar donde hoy está Aeroparque, por esos años en construcción ya que la pista aún era de tierra. Argentina era líder en tecnología aeronaútica, gracias a los ingenieros alemanes que trajo Perón.
Se enaltece su relato con Carola Lorenzini, la primera mujer piloto argentina, también la primera en cruzar en vuelo sin brújula el Río de la Plata, trágicamente fallecida en la base de Morón intentando una acrobacia en un Focke Wulf en el año 1941. “Era más grandota que usted, campeona de looping” dice Luis.
Otra piloto que recuerda es Myriam Stefford, actriz suiza, primera esposa de un escritor y político de renombre, Baron Biza de trágico final al igual que toda su familia que pereciera en un accidente aéreo en San Juan. “Eran muy comunes por esos años y muy favorecidas por el público las acrobacias aéreas, otro destacado piloto era el cabo Santiago Germanó (doble de riesgo en la película Alas de mi Patria) que hacía vuelos rasantes en un Focke Wulf sobreviviente de la segunda guerra, sacaba un pañuelo de un pasto elevado con la punta del ala”
Toca el turno de rememorar el fortalecimiento de la Fuerza Aérea. “En pago de las deudas por alimentos y otros enseres contraídas durante la guerra Inglaterra le entrega al gobierno de Perón 100 Gloster Meteor MK IV, que era un avión de caza a reacción, 70 De Havilland Dove avión de transporte. También trajo 30 bombarderos pesados Avro Lincoln y 15 Avro Lancaster, había otros de pasajeros cortos que llegué volar. De todo este material aéreo volaban solo 20 y el resto estaba ahí en tierra por falta de pilotos, para eso creó la escuela de aviación de Córdoba ”.
Para los pilotos de la aviación naval, la tentación de pasar a la Fuerza Aérea era grande, tenía aviones mejores y muchos, lo que garantizaba misión permanente. Me refiere Luis su tensa charla con su jefe, el teniente García Mansilla quien en vano intentó retenerlo. Se terminó pasando la promoción completa debido a que los navales tenían muy trabados los ascensos, y para no causar demasiado trastorno lo hicieron por tandas de unos 22 cada una, cumplían contrato y se iban. Pero no era el único motivo, la Armada los mandaba bien jovencitos a lugares muy aislados y en el barco Luis se sentía como sapo de otro pozo, los hombres de mar y los del aire siempre hicieron rancho aparte. Además la campaña antártica de 1947 no era como hoy, se vivía mal, con mucho frío, Luis no volvió muy bien de ella. Al respecto me relata las peripecias de un destino en Ushuaia donde se tuvo que quedar solo, por un lapso de 9 meses en un hotel helado a custodiar un avión averiado en el aterrizaje, “la gallega me tuvo tanta lástima que me hizo un abrigo con ropa de preso, comía sopa de pescado todo los días, al volver tuve un montón de plata, porque cobré 10 meses juntos”. Ello igualmente no hace mella en la admiración que aún hoy siente por la Armada, en materia organizativa según él, supera a cualquiera.
Tampoco la pasó tan mal, se codeó con la alta sociedad, los pilotos navales eran una élite, muchos de ellos ni siquiera cobraban el sueldo sino que lo donaban al asilo naval ya que consideraban el status de piloto naval casi como un título de nobleza. Luis durante mucho tiempo vivió con compañeros en una habitación de una casa que a tal fin tenía la Marina en pleno barrio de Recoleta, en la calle Junín, esquina Melo. El destino quiso que en esa casa también viviese un confitero suizo que trabajaba en el Alvear Palace. Ya se pueden imaginar adonde iban a parar las sobras del lujoso catering de las fiestas habidas por allí. Luis y sus amigos volvían caminando a las 4 de la mañana con un cisne lleno de caviar, otra noche con algún postre del mismo nivel.
Ni bien se incorpora a la Fuerza Aérea, lo separan y lo mandan obligado a los helicópteros recién arribados también, unos 15 Sikorsky S 51-dragonfly – para piloto y tres pasajeros. “Ninguno quería ir ahí, al lado del avión era un bicho raro, lento, feo, pero no tuve más remedio, a capacitarme para poder hacerlo, después lo amé”.
Ahora el evocado es Augusto Ulderico Cicaré nacido en Polvaredas, Saladillo en 1937 y fabricante hasta la fecha de helicópteros, siendo el primero el CH-1 construido y volado a sus 21 años. “En uno de mis primeros vuelos con el helicóptero me toca llevar a la Junta Investigadora de Accidentes
Aéreos a Polvaredas, dado el trágico siniestro de una avioneta en el que fallecieron sus cuatro ocupantes, todos de la alta sociedad porteña. Donde íbamos se llenaba de gente, era 1960 y el helicóptero era un paisaje extraño y atrayente. Viene un paisano y me dice que allí hay uno que hace algo igual. No lo podíamos creer, pero era verdad, se trataba de Cicaré, no lo vi más hasta hace poco, nos dimos un enorme abrazo y estuve como dos horas recorriendo su fábrica.”
Varios años después Frondizi lo manda a Estados Unidos a aprender acerca del helicóptero grande que cité al comienzo. Necesita aprender inglés y asiste a una academia enorme de San Antonio, Texas donde se encuentra con alumnos de 42 países. Ocho horas por día de aprendizaje. La parte de vuelo la estudia primero en Wichita Falls en el propio Texas, para posteriormente continuarla en la base Stick de Las Vegas, en la época que dicha ciudad era un boom mundial. Delante de su esposa no me atrevo a pedirle detalle de sus días de franco, pero según confiesa ni siquiera jugó en el casino, pues aprovechó la ocasión para ahorrar una buena diferencia de ingresos.

Luis Gallo y compañeros de estudio en una base militar norteamericana

El helicóptero presidencial que vuela Luis es un Sikorsky H 19 ( S55- chickasaw-) de 11 plazas. Como parece ser habitual comienza por el último vuelo en el mismo, que casi resulta fatal, allá por 1966. Había 7 vuelos programados y no tenían personal disponible, le piden que pese a estar listo para irse por haberse retirado se incorpore a uno como técnico de vuelo. Como Lilian lo esperaba a almorzar elige el más corto, a Quilmes para traer a 5 personas y 200 kg de instrumentos. Voló con un Gavazzi, probablemente el padre de quien cayera en Malvinas, Fausto Gavazzi el 12-5-82, abatido por fuego propio sobre Darwin. Antes de aterrizar Luis escucha una irregularidad en el motor y pide que lo revisen. Cargan y antes de despegar lo prueban a fondo tres veces, andaba todo bien pero al despegar, ni bien Gavazzi – que además era odontólogo- sugiere salir de la zona poblada en previsión de un aterrizaje de emergencia, a 300 metros de altura se corta el motor. “Caíamos como piano”. Me explica la maniobra de autorotación, aplicable en estos casos. “ Se tira la palanca para abajo, ello acelera la caída, lo que mantiene las vueltas del rotor. Cuando llega a ocho metros del piso, tira la palanca para arriba y se para el rotor, el helicóptero cae, pero no se mata uno y salva la máquina. Venía todo bien y justo nos encontramos en la bajada con un cable de alta tensión, tuvimos que tirar de la palanca antes de tiempo, dimos el saltito y caímos. Temí una explosión de la nafta. Me tiré desde la cabina, abrí la puerta y los saqué a todos muy rápido, nos parapetamos detrás de un montículo por si explotaba. Empezó a salir humo y ahí me acuerdo que no había cortado batería, esperé un tiempo, como no explotaba, corrí a cortarla. Nos vienen a buscar con otro helicóptero y en El Palomar, me mandan derechito a la enfermería. Llegué como a las 7 de la tarde a casa y no le quise contar nada a mi esposa”. Tomó la decisión de no volar más, ni él se lo creyó, tenía entonces 44 años.
La Fuerza Aérea abastecía de helicópteros a todas las dependencias oficiales, de modo que las tareas que realizó son de una amplia diversidad, desde buscar uranio en Malargüe, hasta rescates en alta mar, atención de pozos petroleros en Salta y servicios en la construcción del primer gasoducto en Comodoro Rivadavia.
Interfiere el recuerdo de la inauguración de aeroparque, con una pista de tierra de 800 metros pero una confitería hermosa de madera, apta para citas románticas del público en general. También de su antecesora, la base de aviación civil en Jose C Paz, un galpón sin tener baño siquiera. “Éramos pobres pero felices” me aclara con la nostalgia invadiéndole el rostro.
Intento poner un poco de orden en semejante borbotón de memorias y le pido que me relate el descubrimiento de uranio para la Comisión Nacional de Energía Atómica, a la sazón en la Universidad de Cuyo, dependiente de la Facultad de Ingeniería. Trabajan allí ingenieros en la búsqueda de material radiactivo. Ellos llevaban un detector entre las piernas que lo encendían al sobrevolar los cerros con el helicóptero. “En tres años volando no encontramos nada. Yo volaba con un alemán con el que congeniamos muy bien. Me dice que corría un rumor que los estudiantes habían detectado un polvo amarillo en la mina El Cajón que los geólogos no podían identificar. Allá fuimos y la aguja del detector se movió. Nos alejamos, volvimos a sobrevolar y se volvió a mover la aguja. Ni bien llegamos salen dos jeep a buscar piedras a la mina. El decano nos pide ir a Mendoza al laboratorio, fuimos, pese a que era de noche y el helicóptero no estaba habilitado para volar de noche, llegamos porque volamos a baja altura siguiendo la ruta. A las 2 de la mañana se dieron cuenta, tras el proceso de hervir 4 horas el polvo de la piedra con una perla de cobalto, por los rayos alfa y beta que desprende el uranio, que existía ese material en Argentina. Un griterío tremendo, estábamos sucios, muertos de hambre pero bien conscientes que era un momento histórico para el país. Al día siguiente el decano fue recibido por el propio Gral. Perón”, corría el año 1952.

Nota de la Universidad de Cuyo trasmitiendo la felicitación por el hallazgo de Uranio

Se viene otro recuerdo, el rescate de unos gendarmes perdidos durante 15 días en la cordillera, persiguiendo unos contrabandistas chilenos que robaban ganado. “Cuando los encontramos se estaban comiendo sus caballos” Me muestra un ejemplar del diario Crítica donde tanto a él como a Muller ( el alemán) los recibieron como héroes en Malargüe, “nos llevaron en andas” comenta.
Pasamos a una nota de agradecimiento del año 1960 del ministro de gobierno de Neuquén por las tareas realizadas durante dos meses en la zona de Andacollo y El Cholar que habían quedado sepultados y aislados por una gran tormenta de nieve. “Acá si que nos jugamos el cuero, sacaba parturientas, quebrados, enfermos y llevaba víveres, podíamos hacer solo 3 vuelos por día por los vientos que se levantaban en la precordillera”. Relata que en el hotel de Chos Malal, cenaban con un cura quien insistió en llevarlos a su capilla donde hacía el vino mistela para el Vaticano, en 15 hectáreas de viña. La borrachera que se agarraron probando distintos vinos les impidió al día siguiente volar, como les habían ordenado y tuvieron que postergar la audiencia con el gobernador de Neuquén, quien los quería conocer.

Nota del diario CRITICA sobre el rescate de los gendarmes en Los Andes

Agradecimiento del Ministro de gobierno de Neuquén

Me habla loas del Instituto Balseiro y que al asumir Alfonsín, el almirante Castro Madero, a la sazón presidente de la Comisión Nacional de Energía Atómica dice públicamente que Argentina es el séptimo país del mundo que domina la energía atómica en todas sus fases. Vinieron años difíciles para el desarrollo nuclear, se le restó presupuesto durante la presidencia de Menem, el Balseiro decayó también y los físicos nucleares se los llevaron los brasileros a ganar seis veces más que aquí. “Una verdadera pena” confiesa indignadísimo, “con los aviones pasó lo mismo, Argentina exportaba aviones a Brasil, y ahora se los compramos”
Cuando le tocó servir en YPF, volaba con el gallego Álvarez – quien luego falleciera con el avión de Austral que cayó al mar en medio de una tormenta -, en la zona de Orán, una de las zonas más cálidas del país, (hasta 42 grados en verano), había días que no se podía volar con los motores a explosión, porque se reducía mucho la potencia. Unos médicos en Tartagal les solicitan trasladar a un niño con doble conmoción cerebral porque había sido atropellado por un camión hasta Orán. “Si nos negamos a hacer este vuelo, después nos tenemos que ir de acá” dijo Álvarez. Alivianan el helicóptero, quitándole combustible (unos 180 litros). Salieron raspando los cables, llegaron siguiendo la vía del tren, con todos los indicadores en rojo. Estaban deshidratados y regresaron a la caída del sol. “Nadie nos dio ni las gracias cuando volvimos, el ser humano debe ser agradecido, me puso tan mal que ni siquiera me preocupé por averiguar después que pasó con el chico”.
En consonancia con ello me cuenta un rescate marino en el que participó con su nave afectada a Gas del Estado. El BDT-12 de la Armada, una especie de lanchón de desembarco utilizado como transporte de garrafas en el año 1955 de Buenos Aires a Comodoro Rivadavia para su carga y regreso, comienza a hacer agua porque se le parte la quilla y el capitán lo dirige hacia la costa de Claromecó, en medio de una feroz tormenta para encallarlo, lográndolo a 400 metros de la playa. El temporal era demasiado fuerte para hacer el trasbordo a embarcaciones menores y por ello es convocado a Bahía Blanca el helicóptero de Luis al que se unirá al día siguiente otro, venido desde Buenos Aires. En el primer día rescatan con la silla volante a los primeros 7 – uno con fractura- y desembarcan a los 31 restantes al día siguiente soportando vientos de 100 km por hora. Lo insólito fue que pese a la valentía demostrada y valorada en los diarios de época, el personal del hotel donde debían alojarse en Tres Arroyos, ante la demora por un último vuelo a fin de verificar si quedaba alguien en el barco, cerró el hotel y obligó a Luis y a su piloto a la búsqueda de sitio donde pasar la noche.

BDT de la Armada encallado frente a Claromecó y el helicóptero desembarcando tripulantes

También le tocó luchar contra la langosta quebrachera que venía de Bolivia y comía hasta Santa Fe. Mide unos 11 cm y tiene un serrucho que hasta devora los cables de aleación. Durante tres años combatió esa plaga por Chaco, Santa Fe y hasta tuvo el placer de contarle sus andanzas, muchos años después a Luis Landriscina en una cena en Zapla, Jujuy, quien había visto al helicóptero en su propio pueblo de joven.
Entre sus recuerdos aflora la visita a una estancia, la más lujosa que conociera, propiedad de Saravia Toledo en Salta. “Del living al comedor había un enrejado español, nos agasajaron con cognac añejo guardado en caja fuerte, un tipo agradecido por nuestra tarea anti langosta”.
Allá por 1950 trabajó para la policía federal, no tiene un buen recuerdo, le tocó llevar a comisarios muy maleducados que ni siquiera lo saludaban cuando subían al helicóptero.
Llegamos a un momento crucial de la historia, la caída de Perón. “Yo estaba en presidencia”, me doy cuenta que voy a tener relato de primera mano. “Perón era aprensivo al vuelo, porque cuando hizo la campaña de 1946 en la provincia de Córdoba, iban dos aviones y uno de ellos embistió y seccionó la cola al avión en el que iba el general, se salvó de casualidad. Cuando podía elegir no volaba, para llegar a España no tuvo opción alguna”. De paso me da una historia de Menem “se hizo piloto pero no pilotaba, los industriales le regalaron una avión de un millón de dólares y jamás lo usó”. Me inquieta saber como vivió la revolución libertadora. “Detenido” me dice. “Unos suboficiales complotados en aeroparque me tendieron una trampa, un superior de quien yo no sospechaba me hace acompañarlo a un vuelo sin decirme el destino y me pide dejar a un costado mi arma reglamentaria, cuando aterrizamos en Aeroparque se abre la puerta y me detienen sin motivo durante 21 días en los que estuve incomunicado, para zozobra de mi familia. Evidentemente querían evitar que Perón se fugase en avión y para ello controlaron todo el personal aéreo de presidencia. Ese fue el motivo de la cañonera paraguaya que le envió su colega Alfredo Stroessner”. Lo trataron bien y al triunfar la revolución lo repusieron en sus funciones de inmediato, ya que lo mandaron a volar para vigilar los puentes de la capital en previsión de otro 17 de octubre que alterase la asunción del Gral. Lonardi, con quien aparece en una fotografía de un vuelo posterior.

Al frente el Gral. Lonardi, a la sazón presidente de la Nación, atrás y de mameluco Luis Gallo

Me muestra otra foto, atrás de la casa de gobierno, con el helicóptero presidencial suspendido en el aire y con él abordo. “Es en uno de los tantos planteos militares que había por entonces (32 solamente en la presidencia de Frondizi), me tocó trasladar a los militares complotados de casa de gobierno. Me embarcaron 14 cuando la capacidad máxima con tripulación era de 11 personas, casi nos matamos contra los barcos, fíjese cuanto nos costó tomar altura”.

El Sikorsky H-6 con los militares complotados suspendido en el aire en la Plaza Colón, al fondo la Casa Rosada

En Mendoza participó del fallido rescate de los 39 soldados del curso de alta montaña que se perdió en la cordillera. Cuando le dijeron que ellos eran la última esperanza, el contestó: “los helicópteros están preparados para volar hasta 800 metros, nosotros de corajudos nomás los hemos llevado hasta 1200, pero acá hay que volar a 3100 metros, porque están en la zona de la laguna del Diamante”. Lo intentaron de todas formas, a riesgo de sus vidas pero fracasaron, el mayor Sánchez de la Hoz que iba con ellos, al abandonar la búsqueda fue arrasado por el llanto. Fue un viaje muy duro, que incluso le valió una feroz pelea con el piloto que perduró en el tiempo.
“Hay que ascender medio metro por segundo, el motor se escucha lejano y hay que tener mucha paciencia. A medida que se asciende hay que ir corrigiendo la mezcla de aire y combustible, el piloto que tenía mucha menor experiencia que yo en viajes de altura se puso nervioso y entramos en autorotación por encima de los 2000 metros. ¡Imagínese, montañas por todos lados! Afortunadamente dimos con la viña Casa de Piedra, la más alta del país, cuyos vinos se exportan todos a Alemania y pudimos aterrizar en ella. El mayor no salía del avión y nosotros insultándonos entre nosotros. Desde Mendoza el jefe de la unidad pidió reiteración de vuelo pero en esas condiciones era imposible arriesgarlo.”
Luego fueron a otra emergencia de altura en Malargüe, fueron a cara de perro, entregaron los víveres que les pedían y volvieron al Plumerillo, el aeropuerto de Mendoza. La visión en la ruta fue horrenda, advirtieron la fila de los 39 ataúdes en viaje para los que no habían podido rescatar. Uno de los recuerdos más ingratos de su carrera. El dolor aviva la pelea con su piloto y continúan culpándose mutuamente. El piloto luego del incidente abandonó la fuerza, se fue a Venezuela y cuando descubren el petróleo se enriqueció vendiendo helicópteros. Regresó al país muchas veces pero nunca más se reunió con Luis.
Tras su retiro en 1966, Luis Gallo no quería volar más. Un día pintando su casa, lo viene a buscar el alemán con quien había volado, Adalbert Muller y lo convoca a volar comercialmente. “Vení con tu mujer y convénzanla a Lilian, yo ya le prometí que no lo haría de nuevo” Y lo logró, son muy amigos, padrinos cruzados de sus hijos, y con una sabiduría muy profunda.
De ese modo Lilian volvió a quedarse sola. “Aprendí a hacer de todo, de madre, de padre, pinto, escribo, aprendí alta costura, manualidades” y yo debo agregar que es una excelente poeta, docente jubilada, que preside la Asociación Civil Sanmartiniana de Norberto de la Riestra y que por el año 2000 fundó en su ciudad la Asociación de Escritores de Riestra.

El Cessna Citation II y su tripulación, Luis Gallo es el segundo desde la derecha

En 1967 empieza a volar un avión ejecutivo para Fabricaciones Militares, pero jamás se le ocurrió que participaría de una guerra.
En el fondo los aviadores de dichos aviones son como los choferes, saben vida y obra de los poderosos, conocen a toda su familia y cuando se juntan intercambian chismes, además les encanta categorizarlos según el valor del avión privado de que disponen, en cual decena de millones de dólares se ubica cada uno.
Sin poner el nombre para evitarnos problemas, me refiere la historia de uno que era campeón mundial de tiro con arma de puño, que lo tenía todo, pintón, deportista, millonario y que los viernes solía irse con una mujer muy bonita del espectáculo a Córdoba donde tenía dos estancias y por ser piloto se mató con su avión. El gallego amigo de Luis decía “ si yo fuera él ni loco viajo en avión, una vida tan buena hay que cuidarla, a Córdoba iría en burro y envuelto en algodones”
En la aviación comercial permaneció todavía 6 años con posterioridad a la guerra, es decir que dejó de volar definitivamente en 1988, a la edad de 66 años. “Estaba haciendo mi casa, tenía que controlar la obra, aún sin el psicofísico querían que me quedara, pero ya estaba pleno, había vivido todo, me fui”.
Tiene una ilusión, que Norberto de la Riestra consiga el Mirage que ha pedido para colocarlo en la plaza del pueblo. Me cuenta la historia de Gotelli, el lider de los veteranos de su pueblo, quien en Malvinas traducía las instrucciones de los cañones, al terminar la guerra ingresó en Telefónica y como traductor hizo carrera.
Tras tanta vida, rica en hechos, hazañas e hitos históricos llegamos al momento de hablar del mayor de todos ellos, su participación en la gesta del Atlántico Sur, integrando el glorioso Escuadrón Fénix.
Venía volando un Cessna Citation II C-550 para Fabricaciones Militares cuando Fuerza Aérea incauta el avión con la intención de volarlo con su personal. El directorio de Fabricaciones Militares accede a aportar su avión pero bajo la condición que mantenga su tripulación – una relativa forma de resguardarlo-. Ante dicho hecho se percatan que Luis tiene a la sazón 60 años de edad, un momento poco apropiado para afrontar los riesgos que una guerra aérea conlleva, entonces le ofrecen no participar del conflicto. “¡Yo voy! respondí, a mis 17 años juré la bandera en Marina donde volé 9 años y llegó el momento de honrar dicho juramento. Además no iba a dejar solos a mis compañeros de tripulación en ese trance” son las palabras que definen a Luis.

En una base del sur durante la gesta Malvinas

Lo despiden a las 4 de la mañana de aeroparque, eran tres y la primer tarea fue ir a Paraná a buscar 8 pilotos de Canberra para llevarlos al sur. “Hasta ahi no estábamos tan seguros de quedarnos en la zona del conflicto. Cuando hacemos combustible en Bahía Blanca viene a vernos el Comodoro Rodolfo de la Colina, luego caído en acción y nos informa que nos tenemos que quedar alli. Yo tenía un bolsito con una muda de ropa, nada más”. De Bahía los llevaron a Rio Gallegos, les dieron unos calzoncillos largos y los pusieron a dormir en una carpa de doble techo con 17 grados bajo cero a la noche. “El frío era terrible, al baño íbamos afuera, estuvimos 10 días sin bañarnos, pero eso estaba lejos de ser lo peor. Hacíamos vuelos que podían calificarse de suicida, llegábamos de noche a veces sin santo y seña, el cual se cambiaba cada doce horas, asi que temíamos que nos derribaran las defensas propias”. Le tocó llevar pilotos heridos, recuperados de eyección hasta Córdoba, al hospital de la Escuela de Aviación Militar, algunos en estado de shock nervioso que tornaron al viaje un verdadero calvario. Me cuenta que fue testigo del espíritu de combate que tenían algunos pilotos, “llevé uno mal herido hacia Córdoba que lloró e insultó todo el tiempo porque quería quedarse en el sur a seguir luchando y tomar revancha de sus compañeros caídos, lo único que lamenté fue no poder grabar sus palabras para que sirvieran de ejemplo a muchos”
Su hija mayor se casó el 20 de mayo de 1982 en El Palomar, Luis gracias a uno de esos viajes a Córdoba pidió un día de permiso, pudo apadrinar la boda y volvió de inmediato al sur.
Fuerza Aérea incautó todos los aviones ejecutivos de las grandes empresas. Uno de los pilotos civiles de dichos aviones fue enviado a hacer una filmación sobre Malvinas. Al ser sorprendido por dos aviones de guerra ingleses, se arrojó en picada y escondió en una nube que lo protegió hasta casi el nivel del agua y siguió así hasta Comodoro. Allí entregó el avión diciendo “yo no vuelo más, no soy piloto de guerra”. Se lamentó con Luis de su decisión “me dio vergüenza”, pero éste le dijo que había hecho bien porque demostró conocer sus limitaciones y había sido honesto consigo mismo, y no como otra gente que estaba volando sin saber que no estaba capacitada para combatir.
“En un vuelo que teníamos que llegar a cierta distancia y volver, a un avión oficial le marcaron llegar a 475 millas al este del continente y a las 300 volvió, yo lo pesqué porque venía atrás. Después el Congreso le dio la misma condecoración que a mí y la recibió, eso me daría vergüenza”

Identificación de combate que aún lleva orgulloso en su pecho

Confiesa que la superioridad aérea británica esa abrumadora, en velocidad y capacidad tecnológica. Lo cita al hijo de Pierre Clostermann – as de la aviación francesa- diciendo: “yo no puedo concebir que un país que creo que se llama Argentina esté en líos con Inglaterra y le estén haciendo unos agujeros bárbaros a los barcos ingleses con una aviación de tercera categoría”
Refiere que a los tres meses del término del conflicto el mismísimo Pentágono invitó a ocho pilotos de caza argentinos con todo pago para que fueran a contarle sus tácticas de combate, tan sorprendidos habían quedado. Luis es muy amigo de uno de ellos, un capitán que le contó que los hacían exponer ante una sala llena de pilotos norteamericanos.
Para destacar lo distinto que es volar a volar para combatir me cuenta que a uno de los aviones incautados a una empresa muy grande lo siguieron aviones ingleses los cuales eludió volando a ras del agua, hasta la base de Santa Cruz. Pero al llegar, el copiloto pidió por radio una ambulancia urgente por el ataque de nervios con que llegó el piloto.
Sufrieron un día una amenaza de ataque al continente y les ordenaron evacuar a Bariloche. Despegaron de noche, con un viento tremendo que hace volar las piedras con el riesgo que ingresen a las turbinas. Por ello esa noche decidieron modificar su ruta e ir a Sierra Grande donde funcionaba por ese entonces la mina de Hierro Patagónico, en el límite de Chubut y Río Negro al norte de Puerto Madryn.
El chofer de Fabricaciones Militares en lugar de llevarlo al hotel, al que recuerda fantástico, lo llevó al hospital de HIPASAM. Retorna la indignación con los gobiernos siguientes por haber permitido el decaimiento del citado establecimiento modelo.
En uno de los momentos más amargos de todo el relato, me cuenta que la grabación de cabina de Rodolfo de la Colina al caer, fue pasada a todos los pilotos, como ejemplo de serenidad ante la muerte. El brigadier Crespo refirió el coraje del caído, exigiendo igual actitud. La grabación es conmovedora : “ Tengo 44000 pies, nos dieron en la turbina izquierda…….se me trabó el comando…comienzo a descender……estoy perdiendo altura…… se prende fuego turbina izquierda…. la otra empieza a andar en forma intermitente….. se cruzan dos aviones ingleses…… no me da……(silencio, silencio y más silencio).”
Así muere un héroe, los aviones del Fénix no tenían ni asiento eyectable, ni traje antiexposición, ni paracaídas, si los derribaban era muerte segura. Los cinco caídos en el Lear Jet T 24 de la Fuerza Aérea, todos militares, fueron: Comandante Vicecomodoro Rodolfo DE LA COLINA, Copiloto Mayor Juan José FALCONIER, Fotógrafo Militar Capitán Marcelo LOTUFO, Suboficial de Comunicaciones Suboficial Ayudante Francisco LUNA, Mecánico de Aeronave Suboficial Ayudante Diego MARIZZA . Todos pertenecían a la II Brigada Aérea sita en la ciudad de Paraná, Entre Rios.
El Lear Jet estaba haciendo tareas de inteligencia, en ese caso el sobre de instrucciones recién se abre cuando están adentro del avión. El Nardo I ( tal su nombre en clave) había sido alcanzado por dos misiles disparados por el barco británico HMS Exeter, era el 7 de junio de 1982.
Luis Gallo me manifiesta su admiración por los pilotos de Mirage, que vuelan al doble de la velocidad del sonido, hecho que obliga a los pilotos a utilizar un traje especial computado que lo cubre todo hasta los pies y se enchufa. Ese traje ejerce una presión que evita que la sangre se vaya de la cabeza a los pies o viceversa en las bruscas y veloces maniobras usuales de picada y recobre de altura, por eso no puede haber pilotos de más de 25 años porque el cuerpo no lo resiste.
“Yo miraba a esos muchachos que cenaban juntos, hacían bromas aún sabiendo que a las 4 o 5 de la mañana despegaban en misiones de las que alguno no volvería jamás. Los miraba con admiración y pena a la vez, me parecían sobrehumanos”
Viene al recuerdo un momento tremendo que le quiebra la voz a Luis. En el Congreso cuando Duhalde entrega las condecoraciones, al nombrar al Vicecomodoro Rodolfo de la Colina, quien viene a recibirla es su hijo de seis años. “Lloré como un infeliz” me dice.
Cuenta que muchos años después, en cierta conferencia en FM Soldados, Luis refirió este episodio y llamó a la radio ese niño que ya no era niño, Alejandro de la Colina y quiso conocer a Luis porque dijo que era su manera de saber cómo había sido su padre.
Pregunto si continúa encontrándose con esa tripulación, con la que fue a la guerra. “Lamentablemente no, pues uno de ellos Juan Gerónimo CROSA falleció en un accidente aéreo y que el restante Leónidas José RODRIGUEZ UZAL está muy enfermo”.
Para finalizar y cambiar el clima llega una anécdota simpática de su estadía en Nueva York, “Caminando por Broadway con la boca abierta me topo con un restaurant en 1962 que se llamaba JACK DEMPSEY, por él me llamo Luis, porque la pelea con Firpo había sido en 1923 y por esa hazaña mi padre me había dado ese nombre. Me regalé el cenar allí, un hermoso lugar a todo lujo lleno de fotos, incluso de ese combate. Dempsey nos vio y cuando le dijimos que éramos argentinos nos invitó a su despacho, tenía en ese entonces 64 años y nos dejó fotografiarnos con él”
La charla siguió hasta muy tarde, me mostró con orgullo su designación como personalidad destacada por parte del Concejo Deliberante de Norberto de la Riestra, el pueblo que lo vio crecer y donde conoció a su compañera de ruta, hermana de un amigo, que al momento de casarse tenía tan solo 21 años. También una carta de la senadora provincial Elisa Carca de abril de 2016 reconociendo no solo el valor de los veteranos, en especial a Luis como el más longevo, sino también toda la obra llevada a cabo por ellos en la posguerra.

Designación de Luis Gallo como personalidad destacada

 

Me despido sabiendo que me llevo un tesoro, los recuerdos de un argentino, orgulloso de haber servido a su Patria bajo distintas circunstancias, afrontando incomodidades y riesgos de todo tipo pero siempre munido de una voluntad de aprender cosas nuevas, de emprender aventuras con buen humor, coraje y sin una sombra de queja. Tendré que hallar el tiempo para escribir la historia, es un ejemplo, un espejo en el que todos deberemos mirarnos más seguido.
Insto a su señora, que es escritora, a plasmar un libro de memorias, algo mucho más digno del veterano de guerra Malvinas más longevo que la nota que yo pueda hacer, ofreciéndole para la tarea todo mi apoyo y colaboración. Mi sueño, el de muchos, de ver una Nación repleta de gente valiosa como mi interlocutor necesita puntos de apoyo, vidas ejemplares, para tomar consciencia que todos estamos capacitados para construir una, si nos disponemos a trabajar duro y a cumplir responsablemente con aquello que nos toca hacer.
Con la promesa de futuras charlas, camino despacio hacia mi auto estacionado en la esquina de mi vieja calle, la de la aún más vieja casa donde llegaron al mundo mis dos hijos. Es por ellos, ante todo, por quienes debo hacer pública la vida de un argentino ejemplar, el Alférez de la Fuerza Aérea Argentina VGM Luis Horacio Gallo, de ahora en más, un admirado amigo.

Enrique Momigliano
San Clemente del Tuyú, 23 de julio de 2017

Luis Gallo y su esposa, la escritora Lilian Pesci

Published in: on julio 30, 2017 at 7:20 pm  Comments (1)  

TRASCENDENCIAS

TRASCENDENCIAS
Original, bella, profunda y conmovedora

Se me acercó su madre estando abordo de la Fragata ARA Presidente Sarmiento. Culminaba el acto en homenaje a los caídos en el crucero ARA Gral. Belgrano, era el 2 de mayo de este año, a las 5 de la tarde, 35 años después del momento en que más de trescientos argentinos entraron en la inmortalidad. Había ido junto al VGM Marcos Falcón a obsequiarle a la Fundación organizadora un ejemplar de COMBATIMOS y a entregarle a Elsa Reguera, madre de Juan Carlos Reguera, marinero fallecido en el hundimiento, la carta que a los alumnos de la escuela de Cote-Lai, Chaco, les escribiera, en nombre de su hijo, para el acto cuando impusieron el nombre del crucero a la institución. Pensábamos pasar lo más desapercibidos posible, pero todos conspiraron para hacerme más que visible. Así me conoció Ana Lucía Monzón.
Todavía conmovido por haber participado de la fila de familiares y camaradas que arrojaban ofrendas florales por la borda de la fragata a las aguas del río color de león, las dos Ana, madre e hija me invitaron a la presentación de la obra TRASCENDENCIAS, creada por Ana Lucía, en homenaje a los marinos caídos. Tuvieron tiempo de aclararme que eran esposa e hija de un sobreviviente, Elvio Monzón, presente en el acto. Prometí concurrir, sabiendo cuan impredecible suele ser mi agenda.
Empero, toda la semana subsiguiente la intriga por saber cómo era posible conjugar la danza clásica con un homenaje a las víctimas de un tragedia, como lo fue el hundimiento del Belgrano, no me dejó en paz. Había solo dos posibilidades, o la obra era un fiasco más de los que acostumbro a ver cuando el arte se acerca a la guerra, o Ana Lucía, trasmutando el dolor de su padre, había creado una genialidad. El domingo siguiente a la noche, dejé todo de lado y fui, al fin y al cabo el teatro quedaba en Almagro, mi viejo barrio querido.
Me recibió José Leal, maquinista del crucero e íntimo amigo de mi amigo sanclementino por adopción el también veterano Ramón Leiva, quien avistó desde el avión Neptune 2P111 las balsas a la deriva. Mientras conversábamos y me presentaba algunos de los otrora náufragos, mi ansiedad por saber como había encarado Ana Lucía el homenaje iba en aumento. Era muy esperable que fugase hacia los simbolismos y se apartara de la historia, ya que danzar un naufragio me seguía sonando a imposible. La función, breve pero muy intensa me demostró cuan equivocado estaba.
Ocupé mi butaca al centro de la sala para tener buen ángulo fotográfico y me dejé sorprender.
La genialidad de Ana Lucía Monzón empezó a desarrollarse bajo mis cada vez más atónitos ojos. No solo no eludió la historia sino que abundó en sus detalles y no dejó emoción sin representar. Un equipo de bailarines muy parejo se luce a lo largo de toda la obra y llevan al espectador a cada momento crucial de la tragedia de un modo que resulta imposible sustraerse a la emoción. He leído cien versiones del hecho y en COMBATIMOS hasta lo he escrito, sin embargo, visto en danza, es todo nuevo y así como la música habla al alma sin intermediarios, algo similar debe ocurrir con la coreografía cuando nace de lo más hondo de los sentimientos de su creador, como en este caso.
La obra comienza con la mesa familiar y el impacto de la noticia del hundimiento, sigue con un paso solitario de Ana Lucía que se me ocurrió simboliza a la Patria y su llamado, para luego representar mediante danzas típicas cada una de las provincias argentinas que tenían hijos combatiendo en el crucero, un colorido festín para los ojos. Sigue el duro momento de la despedida al abordar el barco y la disciplinada organización de los marinos, aprestándose al combate, bajo las órdenes de su capitán. Un sobreviviente, cantor y guitarrero, que en el crucero supo entretener la muchachada con sus canciones, subió a escena y recreó emotivamente esa escena.
Llega el momento de los impactos y la desgarradora escena de abandonar la nave hacia la helada incertidumbre oceánica. Ana Lucía ni siquiera omitió el heroico acto del capitán Bonzo que fue el último en hacerlo, extorsionado por el suboficial Barrionuevo quien temeroso que se quedara con su nave, renunciaba a hacerlo si Bonzo no lo hacía a su vez.
Y llegan las angustiosas horas de la balsa, representada por una de ellas, con los marinos acurrucados en el suelo en torno a su capitán, con todo el escenario a oscuras, como oscuro era el Atlántico y sus líquidas montañas. A todos esa escena nos pareció eterna, sofocante, conmovedora, de hecho escuchaba sollozos provenientes de las butacas cercanas.
El rescate no es menos impactante, en la escena dividida entre quienes llegan y quienes esperan, resulta imposible no lagrimear ante la desazón de los que concurren esperanzados y se ven con las manos vacías para siempre. Solo el abrazo contenedor de quienes pueden respirar por haber recibido con vida a los suyos, les brindará desde ese momento hasta hoy, algo de consuelo.
El final me vuelve a sorprender, es la Oda a la Alegría de la Novena Sinfonía de Beethoven, síntesis del homenaje, de la esperanza en la vida eterna y en la futura reunión de quienes sobrevivieron y quienes no lograron hacerlo, pero que viven como héroes, en la memoria de quienes eligen recordar su gesta.
Saludos finales ( no hay telón), aplauso cerrado, una pocas y emocionadas palabras de Ana Lucía que se reúne con su familia en el escenario y la platea que es un mar de lágrimas, hasta quienes ya conocen la obra, lloran sin parar.
No me queda ni tiempo, ni aire para mucho, pues me concentro en guardar la compostura y soltar mi emoción lejos de allí. Un breve saludo al amigo José Leal con la promesa de reunirnos en San Clemente y una sentida felicitación al grandote correntino, el padre de Ana Lucía quien me despide con unas palabras profundas y verdaderas.
“Lo escuchó de niña de mi boca muchas veces y por sí sola quiso hacer este homenaje, yo me limito a apoyarla, pues si no lo hago yo, ¿Quién habrá de hacerlo?”
Ya somos dos Elvio y espero que sean pronto, muchos más, los 323 que no llegaron a puerto, esperan que lo hagamos.

Enrique Momigliano
San Clemente del Tuyú, 22 de julio de 2017

 

Published in: on julio 22, 2017 at 7:06 pm  Dejar un comentario  

9 de JULIO

 

9 DE JULIO

En una casa,
bien tucumana,
que se engalana,
¡Nació mi Patria!

Con una guerra,
audaz hazaña,
sanmartiniana,
¡Creció mi Patria!

Tras anarquía,
internos frentes,
constituyente,
¡Surgió mi Patria!

Por inmigrantes,
pobres hambrientos,
de paz sedientos,
¡Vivió mi Patria!

Cruz y espada,
a sangre y fuego,
sin mirar ruego,
¡Forjó mi Patria!

Lejos la guerra,
siendo refugio,
sin subterfugio,
¡Pobló mi Patria!

Y fue comida,
alivio claro,
de dolor malo,
¡Mi buena Patria!

Roja agresión,
en plomos años,
de tristes daños,
¡Venció mi Patria!

En las Malvinas,
fieros guerreros,
mundo entero,
¡Honró mi Patria!

Si jamás temes,
si trabajamos,
nos hermanamos,
¡Tendremos Patria!

Por eso quiero,
sagrado día,
gritar contigo,
¡Viva mi Patria!

Enrique Momigliano
Buenos Aires, 9 de julio de 2017

En todos los rincones de la Patria, hoy se entonará el Himno Nacional Argentino, hagamos que también suene allí donde debiera, en la tierra que custodian nuestros HÉROES, donde lo cantaron el 25 de Mayo de 1982 y donde un día volverá a sonar.

 

Published in: on julio 9, 2017 at 3:54 pm  Dejar un comentario  

POESÍA OTOÑAL

POESÍA OTOÑAL

Tras el verano ausente, llegó el otoño, agitado, lluvioso y  ventoso, pero más frío que lo habitual. Y el poeta transitó el desierto, en un día a día doliente y difícil, en una noche a noche gélida y angustiante. Solo Dios sabe el esfuerzo que hizo para concentrarse en su inevitable labor, para ser coherente, para responder al compromiso asumido. Lo vivió todo tras un gris, con una distancia que le dio más de una vez la sensación de que todo lo bueno que sucedía le sucedía a otro, no a él que seguía sumido en la tristeza. Con cada hoja, su alma cayó, así como las ramas se desnudaron sus versos y por vez primera la belleza del otoño no lo conmovió más que para atisbar en ella su carácter de antesala del crudo invierno que golpea a la puerta. Comprobó a disgusto que los ojos del desamor ven distinto, aun los sitios más amados.

 

LECCIÓN

“En el pecado está el castigo”,
resonaron voces graves, frías,
“¡aléjate de ella de mi amigo!,
te está perdiendo, lo sabías”.

“¿Cómo dejarla amándola así?,
si ella es la luz de mis días,
si jamás me quisieron así,
¡imposible!, dejarla no me pidas”.

Fue allí que el desgarro comenzó,
el infierno entornó su dura puerta,
mi alma en la duda abrevó,
fue y vino amando casi muerta.

Abrumada siempre de culpa mortal,
extraviado insomnio de confusión,
tras mucho dolor reveló al final,
que en pecado estaba la lección.

El amor repartido no es amor,
sabrá el corazón poder elegir,
y lo hará desgarrado de dolor,
con quien desea vivir hasta morir.

Buenos Aires, 20 de marzo de 2017

AMBIVALENTE

Así como el otoño,
se reviste de belleza,
mas vuelve cada retoño,
en rama que se despieza.

Y parece tan vibrante,
cuando es fúnebre marcha,
apenas es un instante,
que cubrirá la escarcha.

¿Será tu mejor momento,
el anterior al postrero?
¿Deberá ser testamento,
tu fugaz brillo primero?

Quizás sea el comienzo,
de un paisaje sin prisa,
cuando debajo del lienzo,
esboces una sonrisa.

Buenos Aires, 21 de marzo de 2017

EQUILIBRIO

Y un día la soledad me pesó,
el silencio dejó de ser inspirador,
hasta la cama ancha se agrandó,
y el comer solo fue agotador.

Pudieron ser los años traidores,
quizás ciertos achaques repentinos,
algunos olvidos aterradores,
cierta mayor adicción a los vinos.

Unos molestos vicios insistentes,
remoloneo diario en la cama,
un sesteo largo y resistente,
una creciente y cruda desgana.

Ese autismo que todo ignora,
indiferencia que todo soporta,
el callar ceñudo a toda hora,
y todo encuentro que se aborta.

El domingo entre cuatro paredes,
el temer la noche por peligrosa,
evitar a los amigos adrede,
omitir toda fiesta insidiosa.

Cocinar insultando al destino,
y barrer maldiciendo a la vida,
comprar poco, gastar con desatino,
luce la casa vetusta, vencida.

Vestirse siempre igual y de viejo,
con calzados que eluden el brillo,
y salir sin mirarse al espejo,
por trapos que ignoran el cepillo.

La melena que al peine extraña,
y una barba que clama barbero,
barata colonia si no se baña,
volver presuroso al agujero.

Esa demora en llegar al lecho,
por evitar compañía de hielo,
y cruzar las manos sobre el pecho,
por simular un abrazo del cielo.

Si no alcanza el sostén perruno,
si todos los libros pierden la magia,
si el deseo es ver a ninguno,
si el timbre horas grises presagia,

si familia es un grupo de gente,
si amigos un grupo de abuso,
si algunos ya me piensan demente,
si a todos de algo yo acuso.

Concluiré que estoy en la trampa,
que elegida soledad tendiera,
y deberé destruir cada grampa,
de telaraña que ella tejiera.

Mas sin caer en error repetido,
tan habitual en la gente corriente,
que por temor a perder el sentido,
se junta con el primer pretendiente.

Que si continua no hay una buena,
es mejor de a ratos compañía,
saber vencer el canto de sirena,
que busca atrapar todos tus días

Pues aun conservo mi mejor sueño,
que con faldas exista en la senda,
la solitaria poeta sin dueño,
que las cadenas no compre ni venda.

Buenos Aires, 4 de mayo de 2017

SOLITARIA

Tu ausencia en otoño duele más,
y el frío hiere más en solitario,
sueño corto, noche larga quizás,
que hace de las penas inventario.

La explosión de triste belleza,
que en copos de ocre me envuelve,
cual árbol desnuda mi pobreza,
ante el crudo invierno que vuelve

Gélidos meses de oscuro sino,
de una vida que pierde sentido,
por vagar en los días sin camino.

Un sol de hielo que se esconde,
y esta maldita lluvia que moja,
mi amor al que ninguno responde

Buenos Aires, 21 de mayo de 2017

LUZ

Cuando el día más largo y oscuro,
bajo un cielo negro amenazante,
preámbulo de un temporal seguro,
me envuelve en su hastío pesante.

Y cuento las horas que aún me restan,
para ver finalizada mi jornada,
y siento las angustias que se aprestan,
para atenazar mi vida cercada.

Surge entre las nubes inesperado,
un claro rayo de sol que me bendice,
restaurando mi corazón aliviado.

Inequívoco, cierto, apresurado,
llega a mi y en su silencio dice,
que sin quererlo yo en tí he pensado.

Buenos Aires, 23 de mayo de 2017

LA DANZA

¡Danza!
Que tus pies descalzos vuelen,
que tus manos el aire dibujen,
que tus brazos círculos tracen.

¡Danza fuera de mi!
Que me pierda en tu figura,
que me enamore tu salto,
que se lleven mis ojos tu cintura.

¡Danza libre para todos!
Que todos a mi reina admiren
que el mundo muera de aplauso,
que mi gloria los dioses envidien.

¡Más no dances en mi mente!
Que no quiero perderte pensando,
que no quiero pensarte amando,
que no puedo amarte celando.

¡Más no dances en mi sueño!
Que la noche deviene locura,
que en el sueño no puedo besarte,
que el sueño siempre poco dura.

Y si danzas en mi espíritu,
al que solo tú perteneces,
sabrás de ese baile eterno,
que solo el Amor merece.

San Clemente del Tuyú, 28 de mayo de 2017

HUIDA

Podrá parecer gigante,
podrá parecer helada,
podrá parecer distante,
en su altura escarpada.

Mas tras disfraz artero,
falso, frío, conveniente,
en el deshielo primero,
volverá mi alma ardiente.

Que por tu amor resiste,
de la distancia el dolor,
y que terca aún insiste,
en derrotar a tu pudor.

Pues descree de tu huida,
en miedo solo sustentada,
al saberte ya vencida,
y al amor entregada.

San Clemente del Tuyú, 28 de mayo de 2017

SIN TI

Ni una esquina es la misma,
no hay rincón que parezca igual,
porque toda calle me abisma,
en doliente tristeza sin final.

Donde ayer veía simpleza,
soporto apenas vulgaridad,
la que ayer fue llana franqueza,
es hoy bárbara marginalidad.

Y esa bendita extensa playa,
formada en su vaivén por el mar,
desierto en el que no se halla,
mi trémulo incierto caminar.

Ya no me saludan las estrellas,
el paso del sol simulo no ver,
las lunas ayer todas tan bellas,
silentes intrusas pretenden ser.

Sin embargo nada ha cambiado,
son solo mis ojos que otros son,
tras velo de dolor han mirado,
sin causar eco en mi corazón.

Frío de alma insoportable,
este terco insomnio tan feroz,
concierto de talantes mudables,
vacío verso de cantor sin voz.

Esta vez alivio será el partir,
pues nada dejo ni he de llevar,
volver será tan solo un decir,
el sitio uno más a olvidar.

Eras tú quien le daba sentido,
lo hacías lucir de esplendor,
venía yo sin saber traído,
por tu único sincero amor.

San Clemente del Tuyú, 2 de junio de 2017

 

 

 

Published in: on junio 8, 2017 at 1:44 am  Dejar un comentario  

EL ARA BAHÍA PARAÍSO AÚN NAVEGA

 

EL ARA BAHÍA PARAÍSO AÚN NAVEGA

Día de la Armada con sus tripulantes de 1982

Si mi poesía A VOS me llevó por caminos insospechados, parece que mi libro COMBATIMOS se proponer hacer otro tanto, mucho más rápido y mucho más lejos. Cuando todavía no me había repuesto de la emoción de presentarlo en el stand del Ejército Argentino en la 43 Feria del Libro, fui invitado a celebrar el Día de la Armada junto a la tripulación que fue a la guerra embarcada en el transporte polar ARA Bahía Paraíso. Parece que mi plan de reconvertirme en poeta para vivir una vida solitaria, ermitaña y contemplativa, está teniendo sus tropiezos. Aprendí con los años – seis décadas algo me han enseñado – a no contradecir la fuerza de la vida, cuando te empuja a un camino, lo mejor es transitarlo, ella sabe más, Dios también.

No me es un barco extraño, para poder incluir la historia vital de Ariel Ramirez en Combatimos leí bastante de su historia, azarosa, valiente y sorprendente. Un día veo en las redes que un programa de radio que suelo escuchar seguido, el de la Comisión Permanente de Homenaje a la Gesta del Atlántico Sur, se proponía tratar la historia del barco invitando a su contador, el capitán de navío Fernando Bernabé Santos y al heroico piloto del helicóptero Alouette 3 embarcado, al teniente de navío aviador naval Omar Busson. De inmediato etiqueté a Ariel y la gente del programa me pide que procure su asistencia al programa. El programa fue un éxito y el encuentro entre piloto y cabo primero absolutamente conmovedor. Así fue como Ariel se integró a este unido y dinámico grupo de tripulantes, cuya alma mater fue hasta su fallecimiento ocurrido en 2008, su capitán de entonces el Vicealmirante Ismael Jorge García, tarea que hoy continúan los mencionados Busson y Santos junto al furriel de entonces, el salteño de Orán, Enrique Lara.

La cita era su lugar habitual de encuentro, la parrilla Olegario de Av Libertador cerca del túnel y el ahora poeta en la Armada que esto escribe, fue lleno de expectativa, con cámara y grabador en el bolsillo, “por si daba para la nota”. Ariel quería que sus camaradas conocieran al irreverente escritor civil que se había atrevido a dedicar unas cuántas páginas a su barco y éste estaba fascinado por la posibilidad de conocer a los veteranos de guerra que habían recuperado las Islas Georgias, rescatado náufragos del crucero ARA General Belgrano y actuado como buque hospital, tras una reconversión a toda marcha, en las Malvinas, siendo venerado casi como un hogar por los fatigados combatientes que tuvieron la dicha de volver en su vientre, al continente tras la durísima batalla.

Confieso que no llegué en un buen momento. El grupo miraba atentamente pero con indignación contenida el programa del canal 13 que por primera vez habló de Georgias. Las falsedades, los datos tendenciosos, el espíritu anti gesta habían puesto a sus protagonistas de un humor pésimo, por lo cual mi llegada fue respetuosa pero fría, estaban en otra cosa.

Los entremeses bastaron para unas muy breves palabras sobre el libro, varios apretones de mano demasiados recios para la mía y un esfuerzo para recordar nombres y caras a fin de asociarlos con solvencia a posteriori.

El segundo movimiento consistió en tomar ubicación en la mesa. Aliviado por la compañía del médico psiquiatra participante del libro Dr. Federico Raimon, con quien ya hemos compartido algún asado en casa de Ariel, me senté junto a él pero en un sitio inconveniente. La guerra es ensalzada por quien nunca estuvo en una, conserva ella así su mito romántico y heroico y oculta su parte terrible, las consecuencias de la violencia desatada. Sin embargo no todos los que van a la guerra se ocupan de matar y de morir, hay muchos que se ocupan de cocinar, administrar los recursos, celebrar la santa misa y atender a los heridos. Se podrá decir que los primeros sufren la peor parte, es posible, pero los segundos ven el fruto de la acción, lo palpan con sus manos, escuchan sus gritos, sienten su dolor. No se francamente quien debe dotarse de más valor. Y al poeta que buscaba ratificar los conocimientos leídos sobre las operaciones le tocó sentarse junto al enfermero del buque, quien tuvo que atender heridos graves de ambos bandos y lo hizo con una eficiencia y dedicación tales, que muchos tripulantes aún hoy confían ciegamente en sus consejos. Durante una hora estuve sometido al relato de historias que no fui a buscar, que no puedo ni quiero escribir y que forman parte de la guerra tanto como el combate, pero que si le prestásemos atención, jamás por ninguna razón estaríamos a favor de guerra alguna. Son las historias del sufrimiento humano.

Como era de esperar la angustia creciente me hizo comer y tomar de más. La presencia cercana del Furriel Lara me permitió intercalar alguna historia soportable, pero estaba cercado. Los metros de intestino amputados, el tercio de brazo ingles faltante, el ojo colgando del artillero de la corbeta ARA Guerrico, las sondas nocturnas, los códigos para comunicarse con el enfermero cuando hablar es imposible, eran ya intolerables para mi.

A los postres me iluminé. Era una oportunidad única y mi sangre de periodista hervía, lo que estaba escuchando no lo podía escribir y no estaba preguntando lo que quería preguntar. Jamás hare un libro sobre el hospital de Puerto Argentino, el frente más cruel de la guerra, dejo a escritores menos sensibles esa digna tarea. Transmití entonces a Omar Busson mi intención de hacer un pequeño reportaje global, documentando el encuentro, lo que me permitiría conocer un poquito de cada uno de los presentes y darles a ellos la oportunidad de darse a conocer. Temí interrumpir sus charlas, sus anécdotas, su bienestar y entonces prometí ser breve y pedí que todos lo fueran.

Tal como sucedió con las entrevistas para el libro solo uno de ellos cumplió, el resto habló profusamente y a cada uno, con dolor, debí interrumpir su relato. Así y todo los videos que acompañan este artículo duran en conjunto 74 minutos, absolutamente imperdibles todos. Comencé con Ariel Dulce, mi compañero de banco, el enfermero y terminé con Roberto Giusti, el infante de marina jefe de la segunda sección que fue atacado en el helicóptero Puma, en pleno vuelo de desembarco y tras un aterrizaje milagroso organizó el fuego sobre el enemigo, el cual derivó en su rendición aquél célebre 3 de abril. En el medio hubo otras historias difíciles de digerir como la del odontólogo que debió hacer el reconocimiento por las piezas dentales de los cadáveres del crucero Belgrano y otras conmovedoras como la del cabo segundo Jorge Alberto Campozano, camarero de la oficialidad del buque, cuyo padre falleciera en el continente al difundirse la errónea noticia de un ataque sufrido por el transporte polar. Hasta tuve el honor de conocer a un Almirante retirado que en su momento era el oficial de comunicaciones del barco, fue él Fernández Lobe, tío de Pumas, quien me dio precisiones acerca de la operación de rescate de los náufragos.

Me fui a la una y media de la madrugada, sin haber comido el postre pero con la alegría de la tarea cumplida. Es un grupo que requiere contar su historia, lo están haciendo con la ayuda de un joven escritor argentino, esperemos que sus vivencias puedan ser cabalmente transmitidas a las futuras generaciones y a la gran mayoría de argentinos que, aún 35 años después, ignoran la gesta de este buque y su tripulación.

El azar quiso que mi auto estuviese estacionado al lado del de Roberto Giusti y que nos retirásemos al mismo tiempo. Iniciamos al amparo de la noche un diálogo intenso sobre los avatares de la historia argentina y sus personajes, diálogo que espero tener la oportunidad de continuar en otro momento. En un corrillo lejano los tripulantes se organizaban para los homenajes que localidades como Luján y Balcarce se preparan para brindarles.

El ARA Bahía Paraíso, el Bravo 1 (B-1) terminó sus días el 28 de enero de 1989, encallado y hundido frente a la base antártica Palmer de EEUU, ubicada en la isla Anvers del archipiélago Palmer, mientras paseaba turistas por una zona peligrosa para la navegación. Su alma, que son los tripulantes que fueron a la guerra con él, siguen navegando juntos, “en el mismo barco, donde estamos todos” como me supieron acertadamente decir.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 19 de mayo de 2017

Published in: on mayo 19, 2017 at 6:44 pm  Dejar un comentario  

EL BUQUE

 

EL BUQUE

A los 323 centinelas del ARA Gral. Belgrano

En las tabernas de los puertos de los mares del sur,

los canosos viejos marinos con arrugas de sal,

cuentan una historia de coraje desbordado,

por amor a una bandera que lleva en su faz,

el sol, el blanco de la niebla y el azul del mar.

De Bahía Blanca zarparon aquellos valientes,

tantos como mil noventa y tres supieron contar,

en un veterano imponente acorazado,

los guía Bonzo capitán seguro y sonriente,

quien solo viviría para la gesta relatar.

El irse a pique antes que rendir el pabellón,

debajo del puente reluce como profecía,

a fines de abril en Ushuaia alistado,

presto a zarpar al encuentro de flota de Albión,

agresora de nuestra insular soberanía

Bouchard y Piedrabuena son escoltas del coloso,

Gurruchaga el aviso que resta en reserva,

Rosales es el buque de combustible cargado,

por ruta distinta el portaviones va presuroso,

en pinza de ataque al enemigo que observa.

Son chilenos aviones que ubicación informan,

interrumpen la carga del combustible que baña,

obligando a lavar cubierta acorazada,

mientras sumergidos piratas muy raudos navegan,

hacia el viejo buque revestido de hazaña.

Es que no cuenta con las armas antisubmarinas,

que resistir al nuclear asesino permitan,

sabedor de otras guerras, en ellas equipado,

ignora la silente persecución peregrina,

son ojos de los escoltas quienes se necesitan.

En alerta rojo durante el curso nocturno,

de un ataque abortado por falta de viento,

que impide el despegue de aviones armados,

alentadoras noticias tuercen el rumbo diurno,

proa a la base trae tregua al pensamiento.

Ya termina en un gris de silencio esa tarde,

y el mar al oscuro preanuncia la tormenta,

por flanco de estribor ahora desguarnecido,

viaja raudo y sumergido el tubo que arde,

a las cuatro hace blanco y la muerte presenta.

El compañero quince metros de proa arranca,

el mar se apresura a inundar al crucero,

huyen los escoltas por tercer tiro atacados,

y escora el buque en silencio que espanta,

humeante y oscuro es laberinto artero.

En una hora enseñará al cielo su quilla,

se irá hacia el fondo con carga tan preciosa,

de bravos marinos vueltos héroes consumados,

cuya muerte jamás será derrota que humilla,

sino excelsa ofrenda a su Patria gloriosa.

Un reguero de balsas lo observa conmovido,

y el ¡VIVA LA PATRIA! al océano desafía,

pese al desamparo en temporal desatado,

por más de cien kilómetros por el viento barridos,

azotados por las olas que los baten a porfía.

Casi al filo de la noche del día que sigue,

con heridos a cuesta y de frío ateridos,

por fiero coraje de sus camaradas alados,

hasta agotar combustible el vuelo prosigue,

el avión que al buscarlos no se dio por vencido.

Sus escoltas y el aviso al rescate llegan,

desafiando tormenta, noche y al enemigo,

del océano los alzan marinos extenuados,

un abrazo, un plato, una frazada allegan,

restañando el naufragio con amante abrigo.

El Belgrano, ayer Fénix ahora es historia,

narrarán su memoria sus marinos rescatados,

del buque afortunado sin pabellón rendido,

que se hundió en mar helado con carga de gloria,

de trescientos veintitrés patriotas abnegados.

.

Dicen los taberneros que en noches muy oscuras,

de mar calmo y sin niebla ellos logran atisbar,

un crucero imponente todo iluminado,

con marinos formados en cubierta de altura,

y pabellón argentino que no cesa de flamear.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 23 de abril de 2017

EL MAL EN EL OTRO

EL MAL EN EL OTRO.

Todos llevamos un lobo adentro, el cual a veces duerme, otras molesta y en algunas ocasiones, incentivado desde afuera por efecto contagio o por propia interna y ancestral presión, se convierte en intolerable. Aúlla día y noche, muerde y remuerde, embiste y desgarra y nos convierte la propia vida en un  infierno. Cuesta mucho aceptar que dicho lobo nos pertenece y que si ha despertado y nos ataca es responsabilidad puramente nuestra. Entonces, la solución que el hombre ha puesto en práctica, desde Abel y Caín ha sido la de externalizarlo, proyectarlo y ponerlo en el otro. Siempre surge algún iluminado que sabe indicarle a los demás quién es el otro que se ha hecho merecedor de encarnar al colectivo  y molesto lobo nuestro. En general se trata de alguien cuya eliminación conviene casi con exclusividad al iluminado manipulador. Como cada uno mal soporta al lobo propio, acepta de buen grado el mensaje y tampoco lo analiza demasiado, le urge deshacerse de él y poco le importa si el destinatario está representado por una palabra tan genérica e imprecisa cuyo significado no entiende (ejemplos sobran: sinarquía, oligarquía, comunismo, fascismo, populismo, imperialismo, eje del mal, terrorismo, terrorismo de estado, clericalismo, laicismo, etc). Cual mansa manada los manipulados producen en forma rápida la mágica transferencia. Así el mal se instala en el otro y a cada uno de quienes han logrado transferir a su lobo propio, se instala la pureza. Uno ya está en paz, la vida no solo se ha hecho más soportable sino que uno logra mirarse al espejo y sentirse orgulloso de sí mismo, porque ya no carga defecto, ni culpa, ni responsabilidad alguna. Todo el mal reside en el otro, ese otro indefinido pero corporizable, ese otro inentendible pero sospechable, ese otro inabarcable pero imputable. Erigidos entonces en puros, portadores de todas las virtudes, defensores de todas las justicias, libres de todo mal, quienes han transferido exitosamente a su lobo ahora pueden verlo y descargar sobre él todo su odio, el que  cuando estaba en su interior supo merecer con sus molestos aullidos, embistes y desgarros. Libre de culpa, el puro desenvainará su espada para dar por fin, fin al mal. Entonces comienza la guerra, toda la guerra, cualquier guerra, la vieja y conocida guerra, la misma desde Abel y Caín.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, Viernes Santo, 2017

Published in: on abril 14, 2017 at 12:01 pm  Comments (1)  

REGRESO

REGRESO

Y cuando me sentí vulnerable,

volví a buscarte tan carente,

por vieja senda inexorable,

sin pasado, honor ni presente.

Necesité de tu presencia,

de tu mirada tan lejana,

de tu amor desde la ausencia,

abrazando mi vanidad vana.

Con tu cercanía fue que pude,

arrinconar todos mis terrores,

con tu amor en mi fue que supe,

enmendar a todos mis errores.

Cerré mis ojos en cada noche,

y vi los tuyos en los míos,

olvidé en sueños los reproches,

espanté de mi alma los fríos.

Pleno del coraje que me diste,

caminé camino de victoria,

y si tú ni siquiera lo supiste,

mi triunfo es solo tu historia.

Que brilla en mi alma en luto,

Que anhela un día ser mía,

Que alumbra mi rostro enjuto,

Que es mi única alegría.

El aplauso nada me importa,

ni logra inmutarme la fama,

pues sigue mi vida tan absorta,

por la tuya cuando la reclama.

Vive por el día en que no cree,

que corras a ella ilusionada,

espera por el día que no ve,

que la abraces enamorada.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 8 de abril de 2017

Published in: on abril 9, 2017 at 12:16 am  Dejar un comentario  

COMBATIMOS, UN SUEÑO DE 35 AÑOS CUMPLIDO

 

 

La vida del escritor está llena de palabras, propias, ajenas, de origen conocido, de origen ignoto, armoniosas, discordantes, comunes, extrañas, amadas, odiadas, pensadas, soñadas, inspiradas, forzadas, escritas, omitidas, repetidas, subrayadas, tachadas, frías, emotivas, en minúsculas, en mayúsculas, en títulos, en subtítulos. Pero llega un día, increíble, maravilloso, soñado, inmerecido, inesperado, en que la infinita danza de palabras cesa por completo. Y el escritor busca y rebusca pero no encuentra ninguna, todas le parecen pobres, escasas, endebles, injustas, mínimas, ínfimas, para expresar el torbellino de emociones que lo atraviesa. Entonces, tras una larga lucha con el vocabulario, se da cuenta que la vida, esa misma vida que tantas veces lo llevó a renegar de ella, a odiarla, a maldecirla, le ofrece de su generosa mano, una flor. Una flor sanadora cuyo aroma le dice que todo valió la pena, que hay un camino aunque él no lo vea, que desde muchos lados visibles e invisibles lo guían y apoyan. El escritor reconoce que se ha quedado sin palabras. Deja la pluma, reclina su fatigada espalda en la silla, entorna los ojos y mientras ruedan por su cara tímidas lágrimas de una profunda alegría, olvida el decir y se concentra en sentir. Por su mente, como una esquiva gaviota vuelan los versos de Nervo:

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 22 de marzo de 2017

 

Published in: on marzo 22, 2017 at 10:13 am  Dejar un comentario  

EL AUSENTE VERANO

EL AUSENTE VERANO

Si puedes soñar sin que los sueños te dominen

SI- Rudyard Kipling 1895

Amado Nervo agradecía el ensueño, César Vallejo amo a una mujer por él creada, Antonio Machado escribió sus mejores poesías para alguien inalcanzable, Petrarca amó a Laura quien nadie supo quien fue. Y yo que no soy nadie, tuve el privilegio de ser por ti amado y es a ti a quien escribí mis mejores versos, únicos e irrepetibles porque pude hacerlo mientras soñé contigo.

La capacidad de soñar, despierto, dormido, escribiendo o como sea, es inherente a la naturaleza del poeta. En general y ratificado por Darío Grandinetti en El lado oscuro del corazón 2, poeta es aquél que no se conforma con la realidad que vive, que no le alcanza y que no encuentra mejor salida que inventarse una. Esa construcción imaginaria suele ser tan perfecta, tan ideal, tan hermosa y seductora que resulta inevitable para su arquitecto preferirla a la real cotidianeidad, la que lo molesta porque lo distrae y a la cual intenta por todos los medios, brindarle la atención mínima e indispensable para poder volver cuanto antes a su mundo onírico.

El problema, el desgarro, el drama, la tragedia del poeta ocurre si intenta que su pobre realidad encaje en su sueño, o que éste baje al plano real. La imposibilidad sobreviniente lo amarga, lo devasta, lo deprime y en casos patológicos, llega a ser el duende detrás del suicidio.

Para sobrevivir, el poeta debe, a veces, antes que lo mate, asesinar su sueño.

Quien piense que ello es sencillo es porque nunca logró soñar con la fuerza y el detalle con que lo hace un poeta. El poeta habrá vivido en, desde y para su sueño. Habrá escrito en y desde él. Se habrá identificado una y mil veces con dicho sueño. Por ende matarlo será como matarse un poco.

Tal es la tarea a la que debí abocarme algunos meses atrás. Finalmente y tras unos intentos dubitativos y consecuentemente fracasados, lo logré. Y coseché los frutos de mi crimen, los regalos de la pura y dura realidad que me aguardaban.

Nació el silencio, pero no un silencio creativo, contemplativo, introspectivo sino uno sordo, desolado, frío y aterrador. Llegó el hastío, pero no el que precede a una catarata de letras sino uno interminable, constante y persistente. Y me abrazó la soledad, pero no la elegida para crear sino una de alma, eterna, gélida y mortuoria.

Estoy seguro que la salida del duelo de mi sueño, ese que te alejó de mi, a ti, que quizás jamás estuviste cerca, por lo menos tanto como yo te sentí, será más temprano que tarde, el de volver a soñar. Capacidad ésta que me aguarda, cuando finalice el cruce del desierto en que me hallo.

Así, desértico fue este verano, el que se desliza cada día a su final. Por eso para mi fue un verano ausente porque casi no pude conectar con él. Y cada vez que me forcé a sentarme frente a la hoja en blanco, surgieron poemas distintos, solitarios, dolidos que hablan de un sueño que ya no es. Aunque de a ratos, te siga extrañando.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 17 de marzo de 2017

TEATRO

Son días de tiempo más lento,

sobre escenarios vacíos,

ante más vacíos asientos,

en este teatro tan mío.

De sordos y tardos sonidos,

tras tantas  luces apagadas,

de fantasmas aparecidos,

en mis nostalgias evocadas.

Y no me queda maquillaje,

ni vestuario en que ocultar,

mi triste, pobre equipaje.

Solo me queda mi pluma,

esperando en hoja blanca,

que de ellas, sueñe con una.

Buenos Aires, 16 de diciembre de 2016

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TIEMPOS

Fue oscuro, lo admito,

fue prohibido, admito,

fue secreto, lo admito,

fue extraño, lo admito.

Mas fue hermoso, lo creo,

mas fue necesario, creo,

mas fue divino, lo creo,

mas fue salvador, lo creo.

Yo soy otro después de él,

y tú otra después de él,

nada será igual tras él,

nada será nuevo sin él.

Fue, ¿será cierto que él fue?,

¿no será que él aún es,

silenciado tras lo que es,

niega a aceptar que fue?.

En algún lugar aún es,

quizás en ti aún sea,

quizás en mi aún sea,

más real que lo que es.

Quizás un día sabremos,

verdad que hoy no sabemos,

y allí ambos podremos,

ser lo que hoy no podemos.

San Clemente del Tuyú, 13 de enero de 2017

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MEDIA LUNA

Media luna toda mía,

que tornas de plata el mar,

¿recuerdas cuando traías,

en ese brillo su mirar?

Media luna toda suya,

que vuelas en negro cielo,

¿recuerdas cuando llevabas,

en tus alas mi anhelo?

Hoy desde el mismo punto,

se bifurcan dos caminos,

el uno hasta su seno,

otro hasta mi destino.

Aunque en tu luz unidos,

de cruel nostalgia presos,

en divergentes caminos,

se durmieron nuestros besos.

Y llorando la escena,

del amor en orfandad,

decidiste luna nuestra,

tornar oscura tu mitad.

San Clemente del Tuyú, 19 de febrero de 2017

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CYRANO

Sucedió una tarde en un viejo bar,

mi soledad de lápiz, hojas y vino,

un desesperado quiso perturbar,

con su relato de un triste destino.

Sin pedir permiso llegó a mi mesa,

por su desaliño percibí dolor,

por su mirada plena de tristeza,

supe que el motivo era un amor.

“Poeta” me dijo con amarga voz,

“tú que todo lo puedes con palabras,

hazme un hechizo, se mi mago de Oz,

para que con ellas su alma abras.

Pues se me ha ido, sin ella moriré,

ella es mi vida, mi mejor pasión,

perdido en la noche seguir no podré,

si no vuelve y llena mi corazón.

Enséñame tu arte, yo aprenderé,

o dime unos versos para conmover,

si me haces poeta, yo escribiré,

palabras justas que la hagan volver”

Lo miré a los ojos con desazón,

sentí que su existencia ejecuté,

cuando sacudí mi testa sin emoción,

y a su ruego con firmeza me negué.

Se fue por esas calles desoladas,

a un previsible abrupto final,

y pesó sobre mi consciencia helada,

su cadáver flotando en el canal.

El pobre quiso que fuera su Cyrano,

que mintiese mis versos en su favor,

nunca supo ese infeliz humano,

que Cyrano escribía por su amor.

Que palabras sin sentir son hojarasca,

que jamás podrán ellas enamorar,

que arrendar al poeta jamás basta,

que para hacer poemas hay que amar.

San Clemente del Tuyú, 21 de febrero de 2017

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PERDONABLE

Algunas veces amar es tan fuerte,

que hiere, molesta e interfiere,

en lugar de ser un golpe de suerte,

incluso pedir perdón se requiere.

Es cuando amar no es elegido,

es algo que simplemente sucede,

un amor así no es bienvenido,

pues asusta, irrumpe, agrede.

Será amor que negado no muera,

amor que ocultado se revele,

amor que olvidado se renueva,

amor que combatido se subleve.

Y será una carga muy pesada,

enfrentará cada quien con si mismo,

dudando entre gloria anhelada,

y el miedo al profundo abismo.

Traerá fuertes lecciones consigo,

desnudando hasta propia hechura,

si uno es un temor en abrigo,

o insensato pleno de bravura.

Un amor como él jamás te deja,

en igual sitio donde te hallara,

y en un instante tornará vieja,

la fe que hasta aquí te guiara.

Sin embargo ese tan terco amor,

será tu alhaja más apreciada,

en una vida que siempre es dolor,

aunque perdón pidas a tu amada.

Buenos Aires, 24 de febrero de 2017

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ENSAYO

¡Oh dormir, soñar, morir!

¿será el dulce desmayo,

que nos priva de sentir,

del morir diario ensayo?

¿Podrá ser dulce soñar,

fugaz visión de tumba,

en lo eterno vagar,

cual alma en penumbra?

¿Y si fuera la vida,

abandono del cuerpo,

y vigilia vencida,

el real estar muerto?

Nada sabemos amigo,

sufrir, dudar, seguir,

en senda sin abrigo,

¡Oh dormir, soñar, morir!

Buenos Aires, 7 de marzo de 2017

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DESDE

Desde el silencio inmenso que aturde,

cuando el amor decide abandonarte,

intento una vez más una simple rima,

prueba de mi fracaso en olvidarte.

Desde la soledad voraz que me rodea,

cuando el amor se convierte en recuerdo,

intento una vez más encontrar palabras,

que sepan decirte cuánto sin ti me pierdo.

Desde la tristeza honda que me embarga,

cuando el amor es un duende ajeno,

intento una vez más una llorada estrofa,

testigo de este desierto tan pleno.

Y desde el oscuro espacio me llega,

sin ser pasado ni fiel futura promesa,

cual consuelo que en mi pecho se asienta,

una luz de tu esencia vuelta belleza.

Resigno mi hoja y ella me abraza,

por un instante el sentir tiene sentido,

y vuelvo a saber sin un rastro de duda,

que tu remanso valió el haber vivido.

Entonces retomo mi senda a la muerte,

y me hundo solo en la noche añeja,

y grito de impotencia, dolor y rabia,

mientras contemplo a la luz que se aleja.

Buenos Aires, 10 de marzo de 2017

Published in: on marzo 18, 2017 at 1:19 am  Dejar un comentario