CARTA

carta y lapicera

 

CARTA

-

Volví, tu sabes que debía,

a ese pueblo que nos unió,

en lejano mágico día,

que del hastío nos rescató.

-

Mis cosas, tú sabes hicieron,

un largo mes allí habitar,

mas ellas todas no pudieron,

que en ti evitase pensar.

-

Fantasías, tú sabes, lograron,

en noches mi sueño ahuyentar,

y largos días revelaron,

que no te cesaba de buscar.

-

Deberes, tú sabes, vencieron,

a un tierno rebelde sentir,

mas poderosos no supieron,

mi terco buscarte reprimir.

-

En fin, tú sabes, nunca pude,

hallarte ni aún por azar,

entiendo, deber que acude,

hizo mi encuentro evitar.

-

Me voy, tú bien sabes que debo,

a mi vida tan hecha volver,

y se que no debo ni puedo,

tu camino tentar disolver.

-

Empero, tú no sabes cuánto,

este tiempo lograste llenar,

de ternura que hoy yo canto,

en carta que no ha de llegar.

-

Enrique Momigliano

San Clemente, 5 de febrero de 2015

El otro día revolviendo un viejo armario que en la casa que fuera de mis padres, permanecía cerrado, di con un cofre que me llevó bastante lograr abrir. Me topé con las cartas de amor que mi padre, en ese entonces de novio dirigía a mi madre, casta y soltera, allá por sus treinta. Pasé una larga tarde redescubriendo a mis padres, justo en aquello que a los hijos pequeños se debía ocultar: sus sentimientos mutuos. Y pensé todo lo que hemos perdido en esta sociedad electrónica y vertiginosa, especialmente el tiempo de escribirnos cartas, diciéndonos lo importante, lo que sentimos por el otro. Por este camino también perderemos pronto el tiempo de sentir. Y sin sentir se funciona, pero dudo que se viva. Quizás y siguiendo el consejo de una amiga vuelva a darme el gusto de escribir cartas, para regalarle a alguien el placer de recobrar la intrigante emoción que acompañaba la apertura del sobre.

Published in: on febrero 28, 2015 at 1:13 pm  Comments (1)  

LOS PUENTES DE MADISON

los-puentes-de-madison

LOS PUENTES DE MADISON

Hace rato que tenía la película conmigo. De modo conveniente jamás encontraba el tiempo para verla. Conocía la historia, en forma aproximada. Había reproducido algunas escenas en youtube sin entenderlas demasiado. Y una legión infinita de amigos me seguía insistiendo en que debía dejarme atrapar por ella. Anoche fue el momento.

Me senté en una silla incómoda ya que si lo hago en un sillón es probable que me duerma y les dejé el sillón a mis fieles amigos que rápidamente, tal como hacen en las noches de escritura, se acurrucaron en su pose favorita para dormir a mi lado. Y le di al play.

Si alguna vez y por esos vientos inesperados decido viajar al imperio del norte, nunca será ni a Miami, ni a Nueva York, mucho menos Washington o Los Angeles. Será sin duda a Pennsilvania donde nació mi madre, a Carolina del Norte o a esos pueblos del medio oeste, que imagino guardando algo de la herencia protestante conservadora. Iowa en los 60 es casi mi destino ideal. De modo que inmediatamente me sentí a gusto en la granja de Meryl.

Un primer juicio me resultó muy negativo. La encontré demasiado lenta para ciertas cosas y demasiado rápida para otras. El paisaje es ideal, la fotografía no tanto. La música, abundante en blues y jazz, dista mucho de ser mi favorita. Y por si fuera poco, la historia central es inverosímil. Nadie reconoce al amor de su vida a primera vista. Nadie se enamora en cuatro días. La increíble versatilidad de Meryl, que es sin duda una de las mejores actrices que he visto, no alcanza para convertir en una noche una mera pasión carnal ocasional en un amor eterno.

Empero el error más grosero de Clint como director fue el haberse elegido a él mismo como protagonista. El es para mí, como para muchos hombres de mi generación, un ídolo de la adolescencia que además en mi caso me marcó profundamente. Disfruté todas sus actuaciones como el chico bueno del oeste y conservo algunos de sus films íconos de esa época, que veo cada tanto. Decía que me marcó pues cada vez que tuve una cuota de poder me dediqué a perseguir y a escupirle el asado a los malos y feos, a los vivos, a los que se la creían; lamentando más de una vez que en éstas épocas las cosas no se arreglasen como en aquellas: con un duelo cara a cara, colt 45 en mano, en la calle principal. Cuesta mucho descubrir ternura en alguien que hizo de duro toda la vida y que además lo hizo tan, pero tan bien. Puede ser por lo dicho pero creo que tampoco el tierno le salió debidamente y su rol de hombre enamorado es bien pobre.

Así estaba mirando mi paraíso reclamado y durmiéndome en la silla incómoda, cuando algo empezó a suceder. Cada tanto, alguna frase dicha por uno de los protagonistas calaba hondo en mi alma y ésta se estremecía reconociendo una verdad. De haberla visto en un cine la habría perdido. Volvía atrás para escucharlas más de una vez y tratar de retenerlas, algunas anoté. Ello me dijo que debo buscar el libro, la historia tiene algo importante que decirme, que supera a su temporal inverosimilitud.

La película se encaminaba lentamente a su climax, que es la famosa escena de las dos chatas Chevrolet bajo la lluvia con Meryl a punto de cambiar de flete, cuando lo que cambió fue mi juicio. Independientemente de como llegaron allí, el conflicto karma-dharma está muy bien planteado . Esa lucha desgarradora entre nuestros sueños y deseos y los deberes asumidos fruto de las decisiones tomadas hace tiempo, habita en casi todos nosotros, salvo en la élite creciente de irresponsables que cree que la vida está llena de derechos y carece por completo de obligaciones. Una mirada tan necia como la que niega la muerte.

Ella quien no es una bien adaptada ama de casa italiana, sino una mujer más que inteligente, se da cuenta a tiempo y lo dice en una escena memorable, que correr irresponsablemente detrás de los sueños que la carne o el corazón piden con ansia, conduce a ningún lado, excepto al dolor propio y de todos aquellos que uno dice querer. Dicho en filosofía hindú criolla: si esquivás el dharma, te agarra el karma. O si lo prefieren en lenguaje católico : en el pecado está el castigo. Algo que la sociedad actual debiera empezar a pensar.

Gracias al inexpresivo Clint, sobreviví la escena sin emocionarme, pese a lo familiar que me resultaba. Mientras tanto Pety, intuitiva como nadie, había girado su postura habitual y contorsionada al extremo dormía con su cabeza sobre mi pierna. La película se acercaba a su fin.

Concluida la rara historia central, se produce un brusco cambio de protagonistas y de tiempo. Es el actual y son los hijos de Meryl con sus personales y poco bien llevadas historias amorosas familiares. Es quizás el mayor logro del film, ese abrupto pasar de una historia secundaria al primer plano. Ese ocupar el centro de la escena como diciendo, ésta es la historia principal, las casi dos horas anteriores solo fueron un cuento preparatorio de lo importante que queremos decir. Nuevamente: debo conseguir el libro, su autor se las trae.

Aun dormido, mal sentado, dolorido e incómodo, el mensaje me llegó plenamente y me noqueó de un golpe. No solo me quebré de improviso y a traición sino que lloré desconsoladamente en los pocos minutos que faltaban, abrazado a Pety. Ella de algún modo supo que debía estar a mano.

El verdadero mensaje es como impacta nuestra vida amorosa o desamorada en las historias posteriores que arman nuestros hijos a su vez. Algo de lo que pocos son conscientes, por lo menos yo no lo era. Es imposible pretender que nuestros hijos armen una familia donde desarrollarse felices si nosotros no lo hicimos o si lo mantuvimos al costo de nuestra felicidad. Hay sin duda un legado de ADN, hay otro económico y cultural pero el hasta ayer, poco consciente para mí, legado amoroso existe y actúa también. Mas allá del mensaje que demos, nuestros hijos sabrán la verdad y fatalmente reproducirán la historia. Por eso es necesario que la conozcan completa.

Meryl había cumplido su dharma y había exteriorizado una vida en apariencia sin amor, pues guardó muy secretamente la marca de éste en su existencia. Como pudo, quiso darla a conocer para que sus hijos no viviesen el legado equivocado.

Me fui a dormir y lo hice plácidamente pensando que si uno es incapaz de vivir feliz y amorosamente por uno mismo, tiene en algún lugar la obligación de tomar las decisiones necesarias para hacerlo, simplemente por la misma razón que uno hace todo lo que hace desde que fue padre:  el bien de sus hijos.

En medio del llanto, la película me reservaba una sorpresa final. Supo arrancarme una sonora carcajada cuando al terminar los títulos incluyó la consabida frase que dice que los personajes son ficticios y que cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 27 de febrero de 2015

La escena que elegí, sin duda, “somos nuestras decisiones”

Published in: on febrero 27, 2015 at 11:48 am  Comments (1)  

SORDO

corazon

 

 

SORDO

-

Calla corazón, ya es tarde para todo,

deja que la mente te lleve al hado,

tú amaste y te amaron a su modo,

al vivir de la vida enamorado.

-

Pero el tiempo pasa y huella deja,

no es cierto que el dolor se olvida,

y aunque burles del pasado la reja,

vive abierta en tí cada herida.

-

Renuncia, ya no tiene ningún sentido,

aventurar un amoroso camino,

pesa más el desengaño presentido,

que la promesa de un tierno destino.

-

Molesta tu obstinada insistencia,

tu oído tan sordo a las razones,

tu decir que el amor es impotencia,

tu creer que hay muerte sin corazones.

-

Estoy harto y cansado del fracaso,

odio estar en vano enamorado,

y voy a congelarte por si acaso,

la pulseada me la ganas ¡desgraciado!.

-

Enrique Momigliano.

Buenos Aires, 14 de febrero de 2015

 

Published in: on febrero 14, 2015 at 10:42 pm  Dejar un comentario  

VISION

mi bandera

 

VISION
-
Como un faro en una noche fría,
Como aurora que la nube oculta,
Como un demasiado deseado día,
Como tierra patria que amor exulta.

Hacia ti navego bandera querida,
y te veo entre amarga ceniza,
fruto de robo y sangrante herida,
que intima a dar viento a mi prisa.

No habrá tormenta ni cruel marejada,
que se interponga en nuestro encuentro,
pues aun herida mi barca tan cansada,
te lleva alta flameando en su centro.

Descuelguen los sucios trapos impostores,
que huyan y tiemblen “reyes” mentirosos,
está cerca el juicio a los traidores,
y el aire trae brisas de tiempos gloriosos.

No es sencilla la milla que nos resta,
que se despierten los patriotas dormidos,
y pensad mientras el atracar se apresta,
que unidos jamás seremos vencidos.
-


Enrique Momigliano.
Buenos Aires, 13 de febrero de 2015

un toque a ver si despertamos todos de una buena vez.

Published in: on febrero 13, 2015 at 3:21 pm  Comments (1)  

DANZA

Rio de la Plata y Mar argentino, entremezclados frente al muelle de San Clemente del Tuyú

Rio de la Plata y Mar argentino, entremezclados frente al muelle de San Clemente del Tuyú

DANZA

-

Tengo mi alma mezclada con la tuya,

como el río se mezcla con el mar,

y no se si tu alma aun es tuya,

o es mía de tanto quererla amar.

-

Ya no importan silencios ni palabras,

es la marea que nos quiere juntar,

y no hay conjuro, magia ni abracadabra,

que nos logre en este tiempo separar.

-

Porque el viento dibuja la frontera,

son los límites que nos saben imponer,

esos que desdibujamos cuando quieras,

cada vez que huyes y me vienes a ver.

-

Si uno avanza y el otro cede,

solo lo hace para avanzar después,

a la huída del otro que precede,

el ensayo repetido de vez en vez.

-

Quizás un día miremos a la playa,

que nuestra danza no cesa de observar,

y abandonemos el caudal que desmaya,

que celoso juntos nos verá caminar.

-

Hasta entonces tu alma que es la mía,

y la mía que es tuya sonreirán,

de las gentes que ignoran que cada día,

como el río y el mar se amarán.

-

Enrique Momigliano

San Clemente del Tuyú, 29 de enero de 2015

Se fue hace muy poquito, sus canciones serán eternas para todos aquellos que fuimos arrullados por ellas. Gracias Demis, te veré en la nube de los románticos incurables

Published in: on enero 29, 2015 at 5:05 pm  Comments (1)  

DESNUDA

grabadora

DESNUDA
-
Mientras escucho las escuchas,
si bien nada ya me sorprende,
una horrenda global lucha,
en mi tierra hoy se enciende.

Por muy quebradas lealtades,
de tan siniestros personajes,
que al terror dan amistades,
y a la muerte dan pasajes.

Si asombra la paradoja,
que el memorándum se firme,
el día de la peor hoja,
a que el hombre se anime.

Ya que enero veintisiete,
del Holocausto recordación,
dos delincuentes al garete,
el matar sellaron con perdón.

Cruel festejo de cumpleaños,
de nazi grotesco y bocón,
que sin medir el fiero daño,
a la Patria regaló traición.

¿Es que habrá aún más muertes?
¿La justicia seguirá muda?
El poder ya no se divierte,
pregunta y siembra más dudas.

Alégrese pueblo sufriente,
la careta mugre exhuda,
y al fin la reina saliente,
ante el mundo se desnuda.
-

Enrique Momigliano

San Clemente del Tuyú, 23 de enero de 2015

Published in: on enero 23, 2015 at 11:32 pm  Comments (1)  

EPIFANÍA

estrella de belén

 

EPIFANÍA

-

No me importan tus años,

quiero ver en tu ventana,

sin temor a otro engaño,

zapatos hasta mañana.

-

Ponles agua y comida,

a los camellos cansados,

y haz lo que yo te pida,

en vasija a su lado.

-

Llénala con tus enojos,

odios y bravos rencores,

pon las penas y despojos,

de muertes y de amores.

-

Agrega sentida carta,

donde sereno confieses,

que ese peso te mata,

hace que siempre tropieces.

-

Sabrás como los magos,

que de reyes poco tienen,

en tu balcón tan aciago,

harán lo que más conviene.

-

Mañana verás vacíos,

a los tachos y vasija,

y sobre zapatos fríos,

un don que pocos elijan.

-

Te dejarán el silencio,

a la oración unido,

del mundo el desprecio,

amor al NIÑO venido.

-

Una Cruz a tus pasiones,

celda y vida sencillos,

una Fe a borbotones,

una Caridad con brillos.

-

Creerás perderlo todo,

y todo habrás ganado,

pues tu alma a su modo.

la PAZ habrá conquistado.

-

Enrique Momigliano

San Clemente del Tuyú, 5 de enero de 2014

Published in: on enero 5, 2015 at 12:09 pm  Comments (2)  

TIEMPO

Reloj humano

 

TIEMPO
-
A ti tan importante,
A ti tan ocupado,
escucha un instante,
este simple recado.
-
Que te falta el tiempo,
Que no hallas el tiempo,
Que ganas con tu tiempo,
Que odias perder tiempo.
-
Tú solo tienes tiempo,
¿En qué usas tu tiempo?
¿Qué frutos da tu tiempo?
¿A quien le das tu tiempo?
-
Sabe que no retorna,
Sabe que es escaso,
Todo lo que te orna,
Dejarás al ocaso.
-
Haciendo el bien vive,
Que a todos mejore,
Que tu alma se eleve,
Que se vista de flores.
-
El amor que tu brindes,
en el tiempo que tengas,
será lo que te lleves,
cuando la muerte venga.
-
Tu tiempo es un don,
date tú al vivirlo,
ofrece tu corazón,
a quien quiera sentirlo.
-
Y al rendir la cuenta,
de los años vividos,
que Dios también sienta,
que no fue don perdido.
-

Enrique Momigliano

San Clemente del Tuyú, Año Nuevo 2015

Published in: on enero 1, 2015 at 8:42 pm  Dejar un comentario  

Y UN DÍA VOLVÍ

facultad de económicas en Av Cordoba y Junín, edificios viejo y nuevo adosado.

facultad de económicas en Av Cordoba y Junín, edificios viejo y nuevo adosado.

Y UN DÍA VOLVÍ

de fantasmas

 

Veintidós años viví intrigado acerca de como había podido abandonar de un día para el otro mi carrera de docente universitario que tantos amigos, satisfacciones y oportunidades me había brindado. La había comenzado muy jovencito y recién recibido, con apenas veinte años de edad en 1977 como ayudante de segunda ad honorem y la había abandonado con un portazo en 1991 siendo profesor adjunto, siempre en la cátedra de Finanzas e Impuestos I. Jamás extrañé ni el aula, ni los alumnos, ni las clases, ni los exámenes, ni siquiera al viejo edificio de la facultad de Av. Córdoba y Junín, al que no regresé ni para espiarlo, en todo ese tiempo.

¿Habrá sido saturación? Solo  recuerdo que muchas cosas que para mi no tenían ninguna importancia, comenzaron a pesar. Daba clases de veintiuna a veintitres horas y en 1991 había nacido mi primer hijo, le estaba quitando tiempo a alguien más importante que mis alumnos. La familia crecía y el dinero empezaba a importarme, y en la facultad el sueldo docente  era lisa y llanamente una burla. Mis colegas y la sociedad en general me habían tratado bastante mal a mi salida del gobierno, el cual ciertamente no había terminado del mejor modo, por lo que mi convivencia en la cátedra no era fácil y mi vocación de servicio se había esfumado. Por último, el menemato de la década infame había arrasado en un santiamén con cualquier pretensión de equidad tributaria, generalizando el IVA y eximiendo a los dividendos entre otras barbaridades, hecho que tornaba a mi discurso al frente del aula en una irrisoria ironía. Un día sentí que no tenía sentido seguir y me fui. Tengo muy presente mi última clase,  patética, donde casi no podía quedarme parado, hecho que me llevó a sentarme en el escritorio y hablar con un inaudible hilo de voz. Era el fin.

El tiempo mata todo y también cura casi todo. Volví a hablar en público, volví a integrar un gobierno, volví a dirigir un organismo de recaudación, volví a dar conferencias técnicas, pero a la facultad nunca volví. Hasta el 17 de diciembre pasado.

Mi adhesión a la causa de Malvinas hizo el milagro. El VGM Oscar Ledesma presentaba su libro LUIS Y LOS FANTASMAS sobre la cruel posguerra que sufrieron, la editorial me avisó y por esas cosas de la vida, el lugar elegido era el salón de actos de mi vieja facultad de ciencias económicas de la UBA. Hasta último momento dudé, tuve que vencer de arrebato mil resistencias interiores, para llegar a estacionar ese miércoles bajo la plaza Houssay. El libro, la causa, el tema, me atraían tanto que no podía faltar. Había cruzado algunas palabras con su autor y ello me obligaba aún más. Dejé mi agotamiento de lado, respiré hondo, cerré el auto y como tantas noches veintidós años atrás, subí la rampa, crucé la avenida y encaré la escalera de entrada a paso ágil.

Mis fantasmas que me esperaron pacientemente, comenzaron a salir a mi encuentro, de a uno por vez.

El olor a huevo que emanaba la escalera me transportó a aquél junio de 1977 donde todos cayeron en mi cabeza, originando el más feliz de los festejos con mi madre y los cuatreros en mi casa de Fortunato, cuando con todo el traje manchado me tiré una botella de champagne encima: era contador, mi único título terciario.

El hall de entrada me hizo ver largas filas de libretas universitarias, retenidas por policías de civil, que las pedían a la entrada y las devolvían a la salida, todo en el marco del muy democrático gobierno de otra viuda que pasó a la historia. Un día llegando tarde a un examen con el pelo largo y los pantalones anchos, esquivé el control. Uno de ellos, un petiso insignificante de remera y jean me corrió al grito de alto. De buen modo pero sobrándolo, le dije que no me gritara, que merecía el respeto que como estudiante me debía. Se enfureció y me largó una sarta de amenazas, concluyendo con un “Vas a ver lo que te va a pasar”. Me reí en su cara y seguí mi camino. Jamás podía imaginar lo que vendría y como esa amenaza iba a transformarse en una cruda realidad para demasiados.

En el mismo hall creía ver a otros barbudos pelilargos y chicas del tipo “psicobolche”, como las llamábamos entonces, en mesas plenas de banderas rojas, bajo pendones con la cara del adlátere de la revolú cubana. En su lugar había gente muy atildada en un rincón atendiendo no sé que cuestión y una bandera que decía “Plaza Houssay segura, un logro de los estudiantes”. ¿Tanto se empequeñecieron los sueños?

Conmovido por los recuerdos de estudiante, más que de profesor, evité doblar a la izquierda hacia la sala donde me reunía con mis colegas docentes y trepé a la escalera central con dirección al busto del descanso. Jugué a adivinar quien sería y fallé, al igual que en el segundo piso. Eleodoro Lobos y José León Suarez no estaban en mi archivo neuronal. Pero a los pocos escalones se me apareció la foto del día que recibí  el título de manos del decano Pena. Un día muy especial, que transcurrió por el año 1978 en el salón de actos, el mismo al que me dirigía. La foto en la escalera la integraban mi amigazo a la vez que era una suerte de jefe por entonces, el Dr Carlos Pedro Botinelli, mi madre y una amiga suya tan querida que yo  llamaba tía, de nombre María Esther. Todos fallecidos, el único vivo de la foto soy yo, el mismo que ahora iba escaleras arriba pero que por un instante quedó atrapado en ese mágico escalón con el diploma en la mano.

Llegué al primer piso, alabando las paredes prolijamente pintadas y la limpieza del lugar. Confundido creí que el salón de actos estaba allí, pero una placa indicaba lo contrario. Recordé entonces que ahí habitaban en aquel tiempo las autoridades de la casa. Y me llegaron en tropel las pocas veces que por ahí anduve. Un glorioso día Horacio Casabé, a la sazón secretario académico me notificó que iba a ser designado profesor interino con curso a cargo y la alegría me desbordó. También en esas oficinas dábamos los concursos de oposición y más allá de la perfidia de ciertos jurados y  los nervios que pasamos, conservo conmigo una emoción inmensa. Aun veo la cara de un muy anciano Dino Jarach, levantar la vista al oír mi nombre, llenársele los ojos de lágrimas y esbozar una sonrisa. Él había conocido a mi padre en la Universidad de Turín y había huido de la guerra y el racismo con tanto apuro y pobreza como  él, a empezar de cero en esta tierra de promisión.

Esas mismas oficinas me depararon una alegría aun mayor. Un día de 1980, siendo decano el inolvidable Cayetano Licciardo, entre las tantas cosas que normalizó en la facultad fue designar un abanderado, que hacía tiempo que no existía. Tuve así el honor de portar la bandera de ceremonia en todos los actos que tuvieron lugar durante el siguiente año calendario, muchos de los cuales se desarrollaron tras esas  puertas.

¿Y el salón de actos, dónde diablos quedaba? Un cartel con una flecha decía SUM, ¿se llamaría así? Seguí la flecha, di con el SUM y vi una reunión con algunas caras conocidas, muy avejentadas. Era una reunión de profesores del área contable para despedir el año, no era la reunión que buscaba. Dos décadas atrás el SUM era un aula, inolvidable para mí. Una noche habíamos dado las notas de un parcial en que habíamos reprobado a la gran mayoría de los alumnos. Como nos quedamos con mi hermano de la vida, ayudante por ese entonces, Alberto Lifrieri, dando revisión del parcial a varios alumnos, se hizo muy tarde. Al salir del aula pensamos que el resto se habría ido. Craso error. Se quedaron a esperarnos y formaron un estrecho pasillo por el que debíamos pasar. Recuerdo haber puesto cara de malo- a veces me sale- encarar el pasadizo y traspasarlo en medio de un silencio que podía oírse. Ya a salvo, a mis espaldas, Alberto dijo bajito: “Creí que nos fajaban”.

Antes de volver sobre mis pasos, me asomé por la baranda y vi el patio central, con árboles y limpito, tan distinto de aquél de los 70 donde casi ni se podía caminar, porque las distintas agrupaciones te paraban a cada paso intentando seducirte. También busqué en vano un pasillo aéreo que daba vértigo, por donde era obligatorio circular. Husmeé dentro de las aulas vacías, algunas de las cuales conservaban los bancos altos, finitos e incómodos de aquél entonces. Hasta que llegué al anfiteatro de la esquina. Dos recuerdos claros me invadieron. La de las alumnas agraciadas que ex profeso llegaban tarde para poder subir con paso bamboleante la escalera central, que daba justo en las narices del profesor. Una forma de intentar, vanamente cuando las narices fueron las mías, alguna ayuda a la hora de calificar. El otro tiene que ver con la historia del país. En un anfiteatro cursé, en mi primer año como alumno, HISTORIA NACIONAL Y POPULAR- ¿les suena?- que la daban los montoneros. Aprobé con sobresaliente por el análisis que hice de los últimos discursos de Perón, lo que me ganó el acoso permanente para que los acompañase tanto en la cátedra como en la militancia. Resistí heroicamente ese trágico camino porque aun a mis tiernos 17 años tenía bien en claro que la política que me gustaba no tenía nada que ver con los gatillos, ni las bombas.

El salón de actos quedaba en el segundo piso, recordé de pronto. Subí la pulcra escalera, no sin antes detenerme en la puerta de un aula en la que creí verme nervioso antes de dar  mi primera clase, recibiendo instrucciones de un impecable Ruben Ruival, engominado y de lentes, serenando con afecto a su novel ayudante. La puerta cerrada del salón de actos trajo aplausos a mis oídos. Aquél acto de graduación, en el que tuve que hablar por mis compañeros de promoción y lo que es mucho más grave, jurar por todos ellos, sobre unos enormes santos evangelios, desempeñar correctamente la profesión. ¿Existirá  una larga factura aguardándome en el cielo?

Me senté en un banco y esperé. Había dado con el salón de actos pero no había nadie en las cercanías. Es verdad que los libros no convocan multitudes pero los ex combatientes  no son de abandonar a los suyos. Era casi la hora y estaba solo. Ratifiqué por teléfono el lugar de reunión y me di cuenta que si había todo un edificio nuevo adosado al viejo era posible que hubiese otro salón de actos. ¿A quien podría preguntarle? En ese instante llegó el ascensor.

El conductor del remozado elevador me confirmó que había un segundo salón y me dio gentilmente las inentendibles instrucciones para hallarlo, ofreciéndose a llevarme a la planta baja. En el breve trayecto le conté que había sido trece años docente de la casa pero que hacía veintidós que no volvía. Me miró un tanto incrédulo, como diciendo: si vos fuiste profesor hace tanto tiempo yo jugué con la selección en el 78. Lo dejé con su risa burlona y me perdí por los pasillos de la planta baja, literalmente.

En esas vueltas sin destino, y desde esas aulas abiertas, miles de imágenes se hicieron cargo de mi alma. Leonel Massad en casi todas ellas, un año enseñándome, un día aplaudiéndome, un día ofreciéndome empleo y trece años guiándome como docente. Creo que era por él que no quería volver. Mientras estaba porque sé que mi portazo lo defraudó y ahora que ya no está porque sin él mi facultad ya no es mía, nunca más lo será.

Evité el pasillo que llevaba a esa tétrica y gigantesca aula subterránea, en cuyas ventanas, en los años de plomo, zumbaban las ambulancias morgueras con sus desechos humanos a cuestas. Porque la morgue judicial sigue compartiendo espacio con la facultad, ya que en su origen esa facultad fue de medicina, una cuestión de cercanía con la materia prima de estudio.

Otros pasillos se me aparecieron plenos de urnas, donde depositábamos las tarjetas para “tirar materias” y luego chequear en los listados en que infierno nos habían anotado.

Desde una aula me pareció escuchar la voz de Vicente Díaz, otro maestro recientemente desaparecido a quien conocí en un día poco feliz, enojadísimo con una alumna que pretendía dar la materia libre, habiendo estudiado bien poco.

Y como no podía ser de otra manera, ella también apareció. Ese imposible amor adolescente con quien jamás tuve la suerte de cursar una materia y que un día encontré en un pasillo. Contra lo esperado, contra lo deseado, contra lo soñado, los dos callamos y la vida se encargó una y mil veces de reprochárnoslo.

Ya con una multitud de fantasmas a cuestas, salieron a mi encuentro los Danieles. Albarellos, compañero de estudios que anduvo tanto y tan rápido que ya nos dejó y Cohen, una herida que no cierra, un gran profesor y amigo con quien no tuve ni el tiempo de rencontrarme aquí abajo.

Con la entrada al nuevo edificio,  a través del nuevo patio, a la vista, a mis espaldas y en un susurro la voz de Raul Mayol, mi amigo que decidió irse a los veinte años, me sigue diciendo: “Dale Batman, metamos una más este año, ¿sabés lo que gana un contador en un año?”

No, ya no es mi facultad, no queda nadie, solo yo que ya soy nadie para ella y que ni un recuerdo ya pronto seré. Caigo así violentamente en la cuenta que llegué al edificio nuevo, que no me dice nada, que los alumnos son distintos, que los profesores que veo son diferentes, que el clima, el aire que se respira, no tiene nada que ver con lo que viví. Y que jamás lograría adaptarme si en un rapto de locura intentase volver a hacer algo en ella. Es otro siglo, otro mundo, otra gente. Para mí y sin saberlo empezó la hora del adiós.

Sin embargo, a tiempo y tras la travesía arribo al salón de actos. Allí están ellos, fieles, confiables, seguros, concurriendo a la presentación del libro del camarada. Están ellos y sus fantasmas, distintos que los míos, mucho más dolorosos, pero también son los que los han forjado, serios, profundos, corajudos, solidarios. Los siento cerca, como siempre. Y conoceré por fin el nuevo e insulso salón de actos de la que era mi facultad, de su mano. Pero esa, es otra historia.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 24 de diciembre de 2014

Y si hablamos de fantasmas, nada mejor que escuchar al más famoso.

Published in: on diciembre 25, 2014 at 1:15 am  Dejar un comentario  

INFIERNO

las puertas del infierno

 

INFIERNO

-

Sin excusas quedó el poeta,

y se lo vio marchar decidido,

tras cruel destino que decreta,

encontrar al infierno temido.

-

Se fue sin despedida alguna,

por traje un silencio profundo,

de noche en el claro de luna,

en playa que limita al mundo.

-

Tras largo y azaroso viaje,

a la puerta del averno llega,

perdidos ropa y equipaje,

sorbe el llanto que lo anega,

-

“Deja tus letras allí afuera”

le dice Luzbel en un bramido,

“Tira esperanzas y quimeras,

olvida a quien más has querido”.

-

“Poeta completa el despojo,

aquí eres nadie y la nada ,

solo esclavo de mi antojo,

muerto si un día me enfadas”.

-

A punto de entrar al averno,

una voz a su espalda sorprende,

tan dulce y de tono tan tierno,

que su trémula alma comprende.

-

Es ella, terca alma gemela.

“No entres, por buen Dios te lo pido”

éste tan loco viaje cancela,

y si viajas que sea conmigo”

-

Necesitó de  su fuerza toda,

aceptó valeroso la pena,

de su gemela al alma poda,

e hizo más total su condena

-

Así vio al faro apagarse,

oscuro el sol del mediodía,

al amor por siempre alejarse,

ida eterna la alegría.

-

“Donde voy  no puedes tu seguirme,

es  historia que cargo conmigo,

quédate, ya es hora de irme

este infierno es solo mío.”

-

Entró el poeta al infierno,

desgarrado, frío y doliente,

a ganar de Luzbel el gobierno,

del ayer que rige su presente.

-

Ella quedó sola en la puerta,

Ella es una pena viviente,

Ella teme perder su poeta,

Pero ella gritó: “Hasta siempre”.

-

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 9 de diciembre de 2014

Hay infiernos tan propios que se debe entrar de a uno. Se sale, toda la vida uno desciende a los infiernos propios y siempre de una u otra manera se sale. La única forma de no salir es nunca entrar. En ese caso las llamas desatendidas crecen descontroladas y con el tiempo lo único que aumenta es el miedo a enfrentarlo. Ahí es cuando el gobierno lo tiene el infierno y desde ese pasado temido, rige todo el presente y también, aunque cueste creerlo, dibuja el futuro. Hay momentos del camino donde se torna imprescindible chamuscarse las asentaderas pero cruzar la puerta solo y sin excusas, de una vez por todas. Después llegará el reencuentro, con uno siendo otro, aunque las balalaikas de esta maravillosa orquesta folclórica rusa de Tartaristán recuerden que el desencuentro también es una posibilidad, como les sucedió a los desafortunados Zhivago y Lara.

 

Published in: on diciembre 9, 2014 at 2:41 am  Comments (1)  

EL VIENTO Y EL GRITO

mujer en playa

 

EL VIENTO Y EL GRITO

-

Atrás quedó la ría,

oscura de bajamar,

lejos el sol salía,

sobre agitado mar.

-

Pequeño fue el puerto,

oculto en su estela,

en el muelle desierto,

un cómplice en vela.

-

Acelera furioso,

con el viento de popa,

su andar presuroso,

carece de derrota.

-

El rumbo es al este,

sin final conocido,

al timón se mece,

el piloto herido..

-

De vivir tan cansado,

de sufrir aburrido,

eterno fracasado,

por ello resentido.

-

A babor la bahía,

luce acogedora,

saluda su planeo,

en la fresca aurora.

-

A estribor el faro,

envuelto en bruma,

da su destello claro,

a la pálida luna.

-

Capitán solitario,

supera las balizas,

sin abrigo precario,

Punta Rasa divisa.

-

La proa presurosa,

busca con afán el mar,

y salta desdeñosa,

el oleaje a cruzar.

-

Un sol esplendoroso,

azul cielo alumbra,

ve rostro lacrimoso ,

emerger de la sombra.

-

Al timón se aferra,

su andar aminora,

por olas que dan guerra,

al casco que implora.

-

En la playa un alma,

en vela de tristeza,

aguarda sin calma,

al día que empieza.

-

El paso de un punto,

por verde mar espera,

y tiembla de espanto,

herida a su vera.

-

Cabecea la lancha,

del horizonte en pos,

con rugir de revancha,

en subebaja feroz.

-

De repente un grito,

el viento sabe traer,

mal destino escrito,

quiere el grito romper.

-

Rodeado de belleza,

él no quiere escuchar,

en la naturaleza,

busca el fin apurar.

-

Ya perdido en el mar,

punto herido de amor,

se oye al viento gritar:

“No lo hagas, por favor”

-

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 5 de diciembre de 2014

Tranquilos, amo demasiado la vida como para intentar esto. El origen es este bellísimo tema musical de Ennio Morricone que me obsesiona desde que lo escuché en EL PROFESIONAL, aquél inolvidable film con JP Belmondo. Como ahora sé algo más de vientos se me ocurrió combinarlo con la bellísima experiencia de navegar la ría San Clemente y su mágico entorno. Hay momentos que es tanta la belleza circundante que morir aparece como la única alternativa disponible para lograr fundirse en ella. Por eso siempre será mejor escribirlo que intentarlo. Y por supuesto, si algún día se me ocurre semejante locura, espero que alguien me grite desde la playa. Sería muy decepcionante que a nadie le importe.

Published in: on diciembre 5, 2014 at 11:09 am  Comments (2)  

AUTOALIENTO

caminar en la noche

 

AUTOALIENTO

-

Enseguida llegó la noche,

la oscuridad te envolvió,

el viento paró su derroche,

y el frío del aire se sintió.

-

Veloz paso dar ya no puedes,

Empinada la senda volvió,

tras negras y  sucias paredes,

tu viejo terror se escondió,

-

Tan solo, viejo y cansado,

sin motivos ya para andar,

a mitad de cuesta parado,

triste, te has puesto a dudar.

-

¡Vamos hermano a moverse,

un paso a otro seguirá,

corazón late sin quererse,

y se respira sin voluntad!

-

Tú sabes que el sol aguarda,

Y en horas  día llegará,

a quien la noche acobarda,

el amanecer nunca verá.

-

Camina y llora si quieres,

mientras vences la oscuridad,

con  esperanza que sostienes,

de prístina oportunidad.

-

Nunca fue eterna la noche,

Aun dura, también pasará,

De modo que ¡marcha fantoche!

¡Nuevo día te abrazará!

-

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 2 de diciembre de 2014

Almafuerte escribía que este mundo es un estrado donde todo es estólido y fingido. La noche es vivir rodeado de una humanidad que solo se preocupa por la imagen, la propia y la ajena, y por ello vive en la permanente mentira, creyéndose máscaras y engañando con la suya. A la vez, desdeña, oculta y teme a los sentimientos que son la única energía real que nos sostiene o destruye. El amanecer soñado ese nuevo día que tarda en arribar, no es otro que el momento en que un sentir verdadero se despoje del antifaz, se manifieste en su luz y se permita ser vivido. Allá por el siglo 18, Alessandro Marcello, poeta además de músico, compuso en Venecia, este adagio que aun hoy se venera y que resulta una excelente compañía para transitar la noche hasta que el carnaval termine.

Published in: on diciembre 4, 2014 at 2:15 am  Comments (1)  

LOVE BLOWS

Cupido, Venus y Adonis

Cupido, Venus y Adonis

LOVE BLOWS

-

Sometimes, only sometimes,

love blows like a gentle breeze,

warms up your lonely heart,

and wraps  you as a heavenly kiss.

-

Sometimes, other sometimes,

love blows like a tender wind,

you can choose to follow him,

start an amazing life in its bind.

-

But sometimes, few sometimes,

love blows like a strong hurricane,

destroys  all your past and beliefs,

defeats you as a damned plane .

-

For you who read my  verse,

I hope you may enjoy the breeze,

I wish you to sail wisely the wind,

I warn you to resist the hurricane.

———————-until you can.

-

Enrique Momigliano

San Clemente del Tuyú, 26 de noviembre de 2014

El amor y el viento se parecen bastante. Uno no los ve pero los siente. En días de verano una brisa fresca es salvadora, tanto como el amor tierno en un mundo cruel. En travesías largas un viento moderado y confiable, es absolutamente necesario para deplegar las velas y avanzar, tanto como un amor fiel, confiable y sostenido es imprescindible para empezar y completar cualquier proyecto de familia que uno tenga. Pero hay otro amor, ese que Cortázar definía como el que te deja estaqueado en la mitad del patio, que torna ilusoria cualquier pretensión de elegir y que amenaza con arrasar todas tus creencias, hacer añicos todo tu pasado, burlarse de tu atisbo de resistirlo y prescindir de tu estado civil. Tal como hace cualquier huracán. Definitivamente, el amor y el viento se parecen y cuando soplan, por más tecnología que uno tenga a mano, es muy difícil saber la intensidad y cuando, si es que alguna vez, dejará de hacerlo.

Es imposible traducir una poesía y yo respeto a rajatablas el idioma en que me llega, pero ahí va un intento para los que no entienden a Shakespeare.

AMOR SOPLA

Algunas veces, solo algunas veces,

el amor sopla como una brisa gentil,

entibia tu corazón solitario,

y te arropa como un beso celestial.

Algunas veces, otras algunas veces,

el amor sopla como un tierno viento,

tu puedes elegir seguirlo,

empezar una fascinante vida en su lazo.

Pero algunas veces, pocas algunas veces,

el amor sopla como un fuerte huracán,

destruye todo tu pasado y creencias,

te derrota como a un avión condenado.

A ti que lees mi verso,

espero que puedas gozar de la brisa,

te deseo que navegues sabiamente el viento,

te advierto que resistas al huracán.

………………….hasta que puedas.

EM,San Clemente, 26-11-2014

Published in: on noviembre 29, 2014 at 9:30 pm  Dejar un comentario  

FRIALDADES

hielos

 

FRIALDADES

-

Dios mío, que fría está la noche,

cuan desolado es este insomnio,

pleno de juicio y ácido reproche,

y esta angustia, y tanto agobio.

-

Imbécil, lo has hecho de nuevo,

por no saber amar, lo has roto,

harto de esperar ya sin ruego,

preferiste la nada al fútil poco.

-

Cortaste frío el hilo primordial,

el único que a la vida te ataba,

verdugo y  quizás suicida fatal,

mataste sin saber a quien matabas.

-

Tu corazón  se desangra partido,

siente en cada latir el desgarro,

con horror contempla muy confundido,

el fruto  de tu accionar bizarro.

-

¿Entiendes ahora su rostro triste,

sus palabras en agónico tono,

su dureza como jamás tu viste,

su dolor disfrazado de encono?.

-

¿Cómo se sigue desde el abismo?

¿Cómo se vive desde el infierno?

¿Cómo se logra volver al si mismo?

¿Qué escribo hoy en este cuaderno?

-

Si solo me rodea el espanto,

si un gran vacío es mi acervo,

si fúnebre se ha vuelto mi canto,

si lúgubre he tornado mi verbo.

-

Ya parece un inviolable destino,

deber vivir con el sentir tan muerto,

del amor mendigo y peregrino,

el corazón un inmenso desierto.

-

No por conocido menos doliente,

no por vivido será menos duro,

si cruel sabe el vacuo presente,

¡Dios mío, que frío tiene futuro!

-

Enrique Momigliano

San Clemente del Tuyú, 23 de noviembre de 2014

Existen muchos caminos que conducen al abismo. pero una vez ahí el abismo es uno solo, huele siempre parecido y hasta nos invita a quedarnos. Hay que remar el camino de salida, una vez más, aunque cada vez cueste un poco más, porque hay menos motivos valederos para hacerlo, pero sobre todo porque deviene cierta y cercana su final e inevitable victoria.

Published in: on noviembre 25, 2014 at 3:34 pm  Comments (1)  

NADA

Norma Bustos

 

NADA

a Norma Bustos, asesinada ayer en Rosario

-

Quizás pensó que por ser madre,

merecía algo de  piedad,

Quizás creyó que ya sin padre,

el muerto hijo diría “PARAD”.

-

Su condición de mujer vieja,

pensaría defensa dura,

La esencia de quien trabaja,

soñaría barrera pura.

-

Por eso estaba tan  sola,

en su negocio atendiendo,

Sin imaginar que su hora,

en moto estaba viniendo.

-

Nada frenó al asesino,

que por billetes cambia vida,

paga mentido cigarrillo,

con tres balazos en huida.

-

Muere Norma en el piso,

cual triste eslabón postrero,

al que proteger nadie quiso,

por valiente, veraz, entero.

-

Pese su muerte en el alma,

de narcos en cascos ceñidos,

Que pese más porque infama,

a sus cómplices “compungidos”.

-

Enrique Momigliano

San Clemente del Tuyú, 21 de noviembre de 2014

La angustia no me deja en paz. Es absolutamente increíble que como sociedad hayamos caído tan pero tan bajo. Es absolutamente intolerable que una banda que tiene comprados jueces, policías y políticos, se ensañe en asesinar a una madre dolida como mensaje mafioso para que nadie siga su camino. Es absolutamente inaudito que nadie de los que debieron evitar esto siga su vida inútil sin reaccionar.

Un sicario apretó el gatillo, pero hay muchos encumbrados que debieran sentir algún peso en su conciencia, por dejar que una mujer haga el trabajo que ellos omitieron por haber vendido su función. Si no tienen conciencia no importa, su dinero a partir de hoy estará manchado con la sangre de una madre viuda y que había  perdido su hijo a manos de los mismos asesinos. Demasiado peso para un billete, demasiado peso para que esa sangre no se les vuelva en contra.

Si dejamos este crimen impune, si no reaccionamos colectivamente, ya no somos ni una nación, ni una sociedad, ni seres humanos, somos NADA, una masa amorfa de seres humanos egoístas incapaces de conmovernos ante la peor barbaridad.

 

Published in: on noviembre 21, 2014 at 9:53 pm  Dejar un comentario  
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