HALCÓN CAÍDO

Hector Volponi

HALCÓN CAÍDO

Mis poesías siguen caminando solas y me regalan frecuentemente emociones extraordinarias. Vengo de una semana gris pero de profunda reflexión. Mi cuerpo dijo basta al ritmo impropio de su edad que le venía imponiendo y una especie de gripe me obligó al reposo. Ayer terminó esa semana de un modo insospechado. Me contactó por las redes alguien que desconocía por completo y sin “amigos” en común. Casi lo rechazo, menos mal que no lo hice. Resultó ser la viuda de un héroe de Malvinas que había sido tocada por mi poesía de 1983 Los huérfanos de Malvinas ( https://sociedadpoetica.wordpress.com/2009/03/30/los-huerfanos-de-malvinas/). María Ines Rico es profesora de filosofía en la Universidad de Cuyo, viuda del piloto de Dagger Héctor Ricardo Volponi, caído el 23 de mayo de 1982 y encontrado fallecido en su avión dos días después en la zona de Bahía Elefante de la Isla Borbón, al norte de Gran Malvina. Dentro de la emoción compartida por el virtual encuentro intercambiamos algunas opiniones y me quedé luego releyendo el capítulo 26 del libro Los Halcones no se Lloran del Comodoro Pablo Carballo, que habla justamente de Volponi. Hoy al despertar y todavía maravillado por las cosas que vienen sucediendo, me imaginé – ¿qué sería de un poeta sin una todopoderosa imaginación? – llegando al avión destruido antes que la patrulla de rescate y teniendo un diálogo con el halcón caído. Vaya ella como homenaje a este Héroe de la Nación.

HALCÓN CAÍDO

al teniente Héctor Ricardo Volponi

Dime halcón caído,

¿quién detuvo tu vuelo?

“No fue el mar bravío,

ni el quebrado suelo”

“Fue un mísil artero,

por espaldas venido,

de alado guerrero,

quien me ha abatido”

Dime halcón caído,

el por qué de tu vuelo,

tan lejos de tu nido,

que dejas sin consuelo.

“Si la Patria reclama,

cumplo yo mi promesa,

aunque dolor en llama,

se siente a mi mesa”

Dime halcón caído,

tu amor a Malvinas,

que vida has perdido,

por verlas argentinas.

“De niño fue un sueño,

de hombre objetivo,

restituir a su dueño,

este suelo cautivo”

Dime halcón caído,

en el frío abismo,

¿a otro has prevenido

antes que a ti mismo?

“Es lo que Dios ordena,

vivir en el servicio,

tan divina faena,

vale el sacrificio”

Dime halcón caído,

¿es que no te opones,

a dejar hoy tan solos,

compañera y pichones?

“Es que erras poeta,

velaré por su vida,

seré ejemplo y meta,

cada vez que decida”

“Pues no hay mejor faro,

que heroica partida,

en un mundo avaro,

de humanidad perdida”

“Todos verán en ellos,

mi fuerza y coraje,

y serán con los cielos,

testigos de mi viaje”

En la turba te quedas,

en tu avión vencido,

rescate que esperas,

de despojos queridos.

Mas tu alma ya vuela,

cual bandera al viento,

aunque a todos duela,

el héroe que siento.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 23 de mayo de 2016

 

 

DE ESCUELAS Y HÉROES

EEP 113 COTE-LAI

EEP 113 COTE-LAI, a partir de hoy CRUCERO ARA GRAL BELGRANO

DE ESCUELAS Y HÉROES

pero el amor es más fuerte”

Tanguito

En apenas unas horas la directora de la escuela EEP 113 de la localidad de Cote-Lai, departamento de Tapenagá, provincia de Chaco encabezará una ceremonia que hace brincar mi corazón de alegría y emoción porque nuevamente distintos caminos seguidos en los últimos años vuelven a confluir. Cote-Lai es una localidad de no más de 1300 habitantes y de difícil acceso, cuya escuela, como tantas otras de los medios rurales, acumula necesidades. Hoy a las 19 horas dicha escuela que cuenta con 94 años izando nuestra bandera ante los niños y haciendo patria donde más se necesita, tomará, por decisión de su cuerpo docente y alumnos, el nombre del glorioso Crucero ARA GENERAL BELGRANO.

Haciendo muy corta una larga y maravillosa historia solo diré que en 1982 escribí una poesía dedicada a todos quienes combatieron en Malvinas de nombre A VOS, que esa poesía silenciada en su tiempo, la fui entregando en mano a cada veterano que conocía, que mi profesión me llevó a dirigir en el año 2000, la Dirección de Rentas de la Ciudad de Buenos Aires, que ahi di con un grupo de veteranos que hoy conforman el CIDEM- AGIP y me honran con su amistad, que ellos subieron A VOS a la red, que dicha poesía fue tomada de la red por Silvia Paglioni pensando que se trataba de un poeta italiano, que por agradecerle gané una amiga-hermana para toda la vida, que un día de 2009 Silvia en un acto de amor desbordante organizó en Bahía Blanca con ayuda de los veteranos de guerra de esa ciudad una colecta en favor de la escuela que nos ocupa, que fue SOLA a llevarlas hasta Cote-Lai no sin antes pedirme una poesía que escribí bajo el nombre de EL PUENTE y que hoy luce en dicha escuela, que Silvia le dio difusión a la escuela en la radio FM de las Américas de Luis Allegrini donde los veteranos Nilo Navas y Hector Bollo ( hermano de Juan Carlos fallecido en el crucero) conducen el programa EL BELGRANO VIVE. Y que de resultas de todo ello, veo como una poesía, un minúsculo gesto de amor en una llaga doliente fue armando sola su camino para contactar gente maravillosa, desbordante de amor por el otro y llegar a ofrecernos a todos los nombrados, sin olvidarme del maestro que recibió a Silvia y fue artífice de este nexo de amor Lucio Julián Arriola, una auténtica fiesta del corazón.

Hoy es un día de duelo, casi la mitad de los caídos en Malvinas, navegaban en el crucero y fueron asesinados por una orden política del más alto nivel británico, con el solo propósito de hacer fracasar las negociaciones de paz. Yacen en el lecho marino de un gélido océano austral 323 patriotas y lo único que jamás haremos es olvidarlos. Por ello es fundamental que una escuela lleve su nombre, para que las distintas generaciones de alumnos que pasarán por sus aulas se pregunten acerca del imponente barco, sus tripulantes y su destino. No solo ello hará al recuerdo permanente sino también duradero en el tiempo, cuando Rosa no sea más su directora, Silvia nos ilumine desde otro lado, Luis no esté mas en su radio y yo no escriba de Malvinas.

Como no puedo llegarme hasta allá, sentí la profunda necesidad de hacerme presente y fue la Vigilia de San Andrés de Giles, ese maravilloso rincón de patria, obra del Centro de Combatientes y de Alberto Puglielli, incansable veterano, su presidente, quien me dijo como hacerlo. Llevada a cabo este año en abierto desafío a la cruel tormenta que se abatió el 1 de abril, me regaló al término de la misa, el tradicional Rosario bendecido que lleva el nombre de un caído en el conflicto. Por vez primera, ya son cinco en las que participo, me tocó uno con el nombre de un marino del Belgrano: el marinero primero JUAN CARLOS REGUERA. Accediendo a la solicitud que acompaña su nombre elevé oraciones por su alma y le dediqué el rezo de mi Rosario personal durante una semana. Siempre obtuve respuesta a la oración y en esta oportunidad la respuesta fue la necesidad de hacer presente a este marinero tucumano en el acto de la EEP 113. Tucumán y Chaco son vecinos y es probable que en Cote-Lai no lo conozcan a Reguera. De algún lado – a los poetas siempre nos soplan- pude saber  que la mejor manera que nuestro héroe llegase a Cote-Lai era que él escribiese una carta a los alumnos contándole de su barco, ese que defendiera hasta perder la vida, por nosotros, que no se olvide.

Es día de duelo, pero mi alma está de festejo, una vez más el amor fue más fuerte. Los dejo con Juan Carlos Reguera, tiene algo muy importante para decir.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 2 de mayo de 2016

belgrano 2 Reguera copia para edición

CARTA DESDE EL LECHO MARINO

Hola querido alumno de Cote-Lai

Te escribo desde el fondo del océano austral, más precisamente desde los 61 grados 32 minutos de longitud oeste y los 55 grados 24 minutos de latitud sur.

Probablemente no me conozcas pero es muy bueno para todos que lo hagas ahora. Mi nombre es Juan Carlos y mucho antes que vos nacieras fui marinero de primera en un barco imponente, el mismo que hoy dará nombre a tu escuela.

Para que te des una idea somera de como era te cuento que tenía 185 metros de largo, 21 metros de ancho y el casco penetraba más de 7 metros en el agua. Tenía 15 cañones que disparaban balas de 15 cm de diámetro, 8 cañones con balas de 12 cm, 28 cañones con balas de 4 cm y 48 cañones con balas de 2 cm, más 8 ametralladoras con balas de 12 cm y dos bases de lanzamiento de misiles Sea Cat. También tenía un hangar, un helicóptero, un bote motor y 72 balsas salvavidas, esas que le permitieron a 770 camaradas míos volver a tierra firme para contar la  historia. Podía llevar hasta 1100 tripulantes, es decir que era casi una ciudad flotante.

Nació en un astillero de EEUU, allá por el año 1938 y fue considerado un barco afortunado. Bajo el nombre de FENIX fue víctima del ataque artero japonés a la base naval norteamericana de Pearl Harbour, en las islas de Hawái, un 7 de diciembre de 1941. Bajo fuego pudo ganar el mar y evitar ser hundido como tantos otros. Participó luego en la batalla del océano Pacífico hasta lograr la rendición japonesa, sin ser afectado por los mortales ataques suicidas de los aviones nipones. En el año 1951 fue adquirido por el gobierno argentino para integrarlo a su armada nacional.

Años después, en 1955, recibió el nombre que orgullosamente llevó por los mares argentinos hasta la guerra de 1982, que aún luce aquí abajo y que hoy engalana tu escuela “Crucero ARA General Belgrano”

Muchos alumnos como tú, tuvieron por años la ocasión de visitarlo en el puerto de Buenos Aires, quedando absolutamente fascinados con su tamaño, su armamento, su poder de fuego y su coraza.

El escudo del navío contiene un ave fénix y la expresión latina EX-CINERE que simboliza a un pájaro mítico, el cual, consumido por el fuego cada 500 años, sabe resurgir de sus propias cenizas. Pero el lema del barco tallado en letras de bronce luce debajo de las ventanas del puente y dice proféticamente “Irse a pique antes de arriar el pabellón” , tal como sucedió. El Belgrano nunca se rindió y nunca cayó en manos del enemigo.

Tú eras todavía una ilusión de tus padres cuando un 2 de abril los argentinos cumplimos un sueño largamente acariciado: recuperamos las Islas Malvinas que son indudablemente nuestras, pero nos han sido arrebatadas por la fuerza en 1833 por Gran Bretaña. Ante el fracaso de las negociaciones diplomáticas otros barcos trasladaron a los soldados y marinos que recuperaron las islas.

Llegado de mi Tucumán natal, con sumo orgullo abordé al imponente crucero el día 16 de abril de 1982 y zarpamos de Bahía Blanca integrando la fuerza de tareas 79 número 3. Fuimos al sur, a la Isla de los Estados y practicamos tiro, luego nos reabastecimos en Ushuaia y navegamos a la zona de guerra el día 24 de abril con 1093 personas a bordo, al comando del capitán, fallecido hace pocos años, Hector Bonzo.

En esa zona el frío es intenso, los vientos son muy fuertes y el mar es siempre bravo. La flota inglesa, poderosa y numerosa, estaba a punto de atacar las Malvinas y nosotros en compañía del buque tanque Rosales y los destructores Piedra Buena y Bouchard formábamos uno de los brazos de la pinza con que se pretendía atacarla, avanzando desde el sur de las islas.

La noche del 1 de mayo fue de trabajo intenso y ansiedad, muchos nervios a bordo y en alerta permanente, sacudiéndonos al ritmo de un temporal que se acercaba. Justo cuando recuperamos la calma, a la tarde del día 2 , ya alejándonos de las islas, a las 16 horas recibimos dos impactos de torpedos MK-8, (tres fueron los disparados por un submarino nuclear inglés de nombre Conqueror que nos seguía), uno de los cuales deshizo la proa del buque y el otro explotó justo en el centro, donde yo estaba, quitándome la vida. El barco se hundió una hora después y 323 argentinos quedamos en el fondo del océano para siempre.

No estamos muertos, nunca lo estaremos , mientras alguien nos recuerde. Tenía unos pocos años más que tú cuando, por servir a la Patria, en el frío y lejano océano austral tuve que dar la ofrenda máxima que se le puede pedir a una persona, mi vida por ella. Pero esa ofrenda la hice también por ti, para que puedas sentirte orgulloso de ser argentino. Para que cantes el himno con ganas y a voz en cuello, para que sepas que Argentina no se amilanó ni siquiera ante una fuerza militar mucho más poderosa y Dios no lo permita, si la Patria te pide a ti la ofrenda máxima, recuerdes que muchos la dieron antes y la des con la alegría de pertenecer a esa categoría que todos admiran y que suelen denominar HEROES.

El Belgrano, como hoy se llama tu escuela, fue condecorado después de la guerra con la distinción del “Honor al valor en combate” y toda su tripulación recibió la condecoración “Al esfuerzo y la abnegación” así como el distintivo “Operaciones en Malvinas”. A nosotros, los 323 que no pudimos volver, el Congreso Nacional nos otorgó la condecoración “La Nación Argentina al muerto en combate”

Empero, nuestra mayor gloria, es tu recuerdo. Es él y nada más, lo que nos libra de la muerte. Saber que somos importantes, que una escuela lleva el nombre de nuestro hogar en alta mar, hace que cumplamos aún más motivados nuestra tarea de centinelas permanentes en los mares del sur, hasta que las Islas Malvinas vuelvan a integrarse a nuestra Nación.

Es importante que estudies acerca de esa guerra que tuvo lugar en 1982, para que formes tu propia opinión, tengas noción del poderoso enemigo que enfrentamos, de lo heroico que fueron nuestros soldados, aviadores y marinos, del sacrificio enorme que implicó el combate, del dolor de nuestros familiares porque no volvimos o lo hicimos en mal estado físico o psíquico.

La posta es tuya, querido alumno, ahora sos vos el que debe luchar, con las armas que te toquen, para recuperar las Islas y para defender nuestro derecho a ellas. Por eso , para recordártelo todos los días que pases en tu escuela, ella llevará el nombre del imponente “Crucero Gral Belgrano”, el barco afortunado, el que nunca se rindió.

Bienvenido a bordo, 323 centinelas te abrazan para defender juntos a la Patria.

Juan Carlos Reguera

Marinero de Primera

ARA Gral. Belgrano

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Published in: on mayo 2, 2016 at 11:46 am  Dejar un comentario  

TORMENTA

gaviota 1

TORMENTA

Alejandra Pizarnik en una de sus sentencias más acertadas dijo que todo lo que puede decirse es mentira, que lo único verdadero es el silencio, pero que el silencio no existe. ¡Cuánta precisión mi amiga!.

Las tormentas exteriores, aún cuando duren días, noches, semanas, meses, como las que venimos viviendo, no son nada frente a las interiores. Y ante ellas nos queda tan solo el recurso de la palabra, la que sin embargo siempre fracasa en el reflejo, porque éste resulta parcial y mínimo, frente a la magnitud del océano de fuego ( Olga Orozco gracias por el préstamo del término) que cruza el poeta.

Son tiempos tormentosos y el navío (Fray Luis de León gracias por la metáfora) apenas los resiste sumido en el temor. ¿Deberemos entonces callar? ¿sepultar en un silencio tan lleno de sonidos aquello que pugna por salir?. Aún imperfecta, prefiero y sobre todo necesito la palabra, aunque más no sea para que quede como un vago recuerdo que me permita, cuando el corazón se enfríe, saber que algún día, por obra más ajena que propia, fui capaz de sentir.

De las gaviotas he aprendido que se puede volar aún contra el más fuerte viento, de la vida aprendí que vale la pena.

Por eso, ahi vamos de nuevo.

1.MAL D´AMOUR

Un día bajé un brazo,
otro día el otro cayó,
el silencio fue abrazo,
y nunca más pude ser yo.

Sin sonrisa en el espejo,
con alguna mueca de dolor,
comencé a sentirme viejo,
y a disfrutar el sopor.

Dejar la cama la hazaña,
y al volver tanto temor,
una agenda que engaña,
disfraza desgana de labor.

Ser amable por compromiso,
cuando solo se quiere llorar,
sonreír cuando es preciso,
aunque se muera por gritar.

Comer solo y casi nada,
beber hasta más no poder,
llorar en cada almohada,
aún dejándome querer.

Sin sentido son mis días,
mis noches infierno a cruzar,
y mis venas rojas rías,
de triste angustia sin par.

Estoy perdiendo la batalla,
por negar un amor colosal,
y la cruel rutina me halla,
hoy enfermo de todo mal.

Enrique Momigliano.
Buenos Aires, 6 de abril de 2016

2.ESPERANZA

La tormenta que en tierra me tiene,
no deja a este viento amainar,
mas soñador corazón no se aviene,
a por siempre triste dejar de volar.

¡Quiera el sol brillar algún día!
¡Quiera el cielo su azul despejar!
¡Quiera yo reencontrar mi alegría,
y por fin mis alas volver a desplegar!

Aunque muy bajo y contra el viento,
por un tiempo sea tan duro avanzar,
estas ansias de cielo que hoy siento,
se muy bien que no habrán de cesar.

Solo sombras dejaré en el suelo,
tenues huellas que el mar borrará,
y al hacerse más alto mi vuelo,
este tiempo gris se me olvidará.

Enrique Momigliano.
San Clemente del Tuyú, 11 de abril de 2016

3.BELLEZA

A medida que crezco,
menos cosas deseo,
pero más aborrezco,
lo malo y lo feo.

Busco naturaleza,
la bondad y mucha paz,
y anhelo belleza,
de mis ojos su solaz.

Mas no la de las formas,
las de un fondo veraz,
sin modas y sin hormas,
de conmoverme capaz.

Es la que yo encuentro,
sin igual y sin par,
cuando hiere mi centro,
tu lacrimoso mirar.

Fruto de alma noble,
zaherida por demás,
íntegra como roble,
tierna como la que más.

Me llama a buscarla,
o dejarme atrapar,
solo se evitarla,
pues la temo mancillar.

Y de cada en tanto,
le robo sin permiso,
la gloria que hoy canto,
la que tanto preciso.

A medida que crezco,
la vida nos separa,
mas nada aborrezco,
si tu mirar ampara.

Enrique Momigliano
Tapera de López, 16 de abril de 2016

4.ALETEO

Este partir vacío,
parece tan completo,
con alma de estío,
de alegría repleto.

Nada llevan mis manos,
ni pobre esperanza,
más corazón humano,
galopa y danza.

Parto sin tu abrigo,
sin tu luz ni tu llanto,
pero vienes conmigo,
por amarme tú tanto.

Y celebro marchando,
aun sin yo tenerte,
al destino causando,
el milagro de verte.

Partir, aún quedarse,
dejarte y llevarte,
en el alma amarse,
sin poder olvidarte.

¡Oh, prisión dulcísima,
que hoy me reconstruye!
¡Oh fuente bellísima,
de fiel amor que fluye!

En vigilia abrazado,
por cada pensamiento,
en el sueño amado,
llamado en el viento.

Y la luna bendita,
que tu mirar acerca,
cuando llena me grita,
que vuelva a tu puerta.

Este frágil aleteo,
de amores callados,
sin fotos ni trofeo,
no podrá ser negado.

Pues es la vida misma,
que navega en su ría,
portando su marisma,
mi mejor alegría.

Enrique Momigliano.
Tapera de López, 18 de abril de 2016

5.CERCADO

Tantas veces la negué,
tantas como me perdí,
Tantas veces acallé,
todo lo que sentí.

Es que se que no debo,
tampoco si puedo,
y que será el cebo,
del diablo el enredo.

Mas dudo si a veces,
la vida tan ingrata,
te compensa con creces,
tanto dolor que mata.

Sea ella quizás todo,
lo siempre esperado,
y su puerta el modo,
de vivir lo soñado.

Me vence la marea,
amor huracán hecho,
y ella me rodea,
latiendo en mi pecho.

Sus ojos en los míos,
su voz en mis oídos,
alientan desvarío,
de pasos tan temidos.

Y esta necesidad,
de amor imperiosa,
hiere a mi soledad,
la vuelve tenebrosa.

Quizás, ¡si lo supiera!,
sin que nadie lo pida,
tan solo ella fuera,
el amor de mi vida.

Enrique Momigliano.
Buenos Aires, 23 de abril de 2016

PD: un abrazo a la distancia en el tiempo y en el espacio pero inexistente en el alma a Antonio Machado y su Guiomar.

Published in: on abril 23, 2016 at 11:37 am  Dejar un comentario  

LA HERMANDAD

traduciendo a los veteranos de guerra britanicos en Giles

 

LA HERMANDAD

Una sorprendente Vigilia en San Andrés de Giles

Allí estaban ellos, frente a frente, cara a cara, como hace más de tres décadas en ese rincón de la Argentina que hace todo lo posible para parecerse a las Islas Malvinas, sobre todo en el 2 de abril.

Se miraban serios pero no empuñaban armas, no llevaban colgando cargadores y no se estaban apuntando. Más de 700 veteranos de guerra argentinos en semicírculo, serios y atentos, a eso de las 11 de la noche del pasado 1 de abril, esperaban ansiosos la palabra de dos veteranos de la misma guerra, británicos, que por primera vez se hacían presentes en la Vigilia, con el muy loable fin de inaugurar una placa en el monumento de la plaza Saraví, en honor al Valor del soldado argentino.

No llevaban armas no, tenían sobre si una carga mucho más pesada: sus propios fantasmas, sus recuerdos, el dolor por los amigos perdidos y una fecha que los hermana de por vida.

Si hace treinta cuatro años me hubieran dicho que hoy yo iba a estar aquí, lo hubiese considerado imposible” dijo David, hoy poeta, doctor en educación graduado en Londres, con especialidad en psiquiatría y que atiende veteranos de guerra británicos de todas las múltiples guerras en que su país participó.

Lo miran fijo, nadie entiende una palabra, salvo Guillermo Anaya, helicopterista de ejército en Malvinas, hijo del jefe de la Armada en el conflicto y que fuera por propia decisión al frente de batalla. Pero el intérprete elegido soy yo. Cegado por la luz de las cámaras, no puedo ver a los ojos a los veteranos argentinos, mi hijo que está filmando se estremece, teme alguna reacción fuera de lugar. Nada de ello sucederá , imperará el clima de respeto.

Conteniendo la emoción traduzco lo mejor que puedo, mi primaria de Temperley, el William Shakespeare School que cumplió 90 años, y mis seis años de ICANA, corren prestos en mi auxilio. Soy muy consciente que estoy viviendo un momento histórico, estoy siendo un puente necesario entre hombres que muchos años atrás se tiraron a matar.

A David lo acompaña Lou, un marine más que famoso, fue tapa de Gente en los días de la guerra. El estaba en Malvinas el 2 de abril. Seineldin lo corrió del aeropuerto junto a los cinco hombres que tenía a su cargo y en la batalla de la casa del gobernador casi cae bajo el fuego propio. Lo alcanzó a ver al capitán Giachino herido en la turba malvinera antes de caer prisionero y encabezar la fila con las manos en alto, apuntado por un comando anfibio argentino, en la foto que dio la vuelta al mundo. Volverá a Malvinas con la flota y desembarcará en San Carlos el 21 de mayo, irá del callejón de las bombas a pelear en Darwin y luego le tocará combatir en Monte Harriet las trágicas noches del 11 y 12 de junio. Hoy es doctor en filosofía de colores y está en San Andrés de Giles.

Terminado el conflicto no tuve más enemigos, en cada argentino empecé a ver hijos, padres, tíos, esposos, seres humanos, tal como empecé a ver en mi y mis camaradas de armas, personas, es lo que todos somos” continuó David.

Mientras traducía como podía pensé para mi: brillante, es la pura verdad. Este oficial de comunicaciones que ocupó el puesto muleto de comando como asistente del jefe Thompson del 42 Batallón de Comandos que peleó en los montes Kent y Challenger, me confesó momentos antes que estudió porque se hartó de tratar con infinidad de gente que intentaba contarle a él quien era en verdad. Lo quiso descubrir por si mismo y ahora que tiene un título universitario y trató a tantos veteranos de guerra se admira que aquellos, le piden su opinión y lo escuchan con atención.

Y pensar que apenas horas atrás yo estaba nervioso porque debía leer mi poesía, compuesta ese mismo día, ELLAS EN GUERRA, en el momento del homenaje a la mujer. Frente a lo que estaba haciendo, aquello había sido juego de niños. Aunque, a decir verdad, ya había practicado. Además de sostener una larga e interesante charla en inglés con David, ni bien me acerqué, impulsado por Alberto Puglielli al corrillo que formaba con Guillermo Anaya quien le contaba el tiempo que le había llevado dejar de estar enojado con los soldados ingleses. Un malvinero puntano presente quiso que le firmara un libro de fotos compaginado por Nicolas Kasansew y eligió un grabado que no me agradó, la del artero derribo del avión Hércules sobre el mar. David no tenía nada que ver con la malicia del piloto que ametralló innecesariamente al avión, pero la firmó sin problema alguno. A mi cargo estuvo la requisitoria. También había hecho de intérprete para la entrevista de un medio local y para el programa CONTANDO HISTORIAS de De Cesare, quien muy amablemente los invitó a su museo de Malvinas en Caseros, para que firme la foto de la tapa de Gente.

Igualmente, todo servía de poco, la emoción me arrasaba. Intentaba ser lo más fiel que podía a sus palabras. Ambos vinieron a nuestro país a montar una obra de teatro que se estrenará en el mes de noviembre próximo. En el proyecto están trabajando con tres veteranos de guerra argentinos y de ellos nació la iniciativa de visitar la Vigilia.

A Marcelo -uno de los veteranos argentinos del proyecto, presente en el acto- lo conozco hace tres semanas y después de trabajar con él , me he dado cuenta que no solo tengo un amigo, sino un hermano, un hermano de por vida” continuó David.

Traducite esto sin temblar, si podés, me dije y acometí el esfuerzo ante la mirada atenta y silente de los marcados por Malvinas, prestos a encender las 649 antorchas en recuerdo de sus amigos caídos por acción de los amigos del dicente. David, una hora antes, había sido más explícito conmigo cuando le contaba lo difícil que era para nosotros, que abrazando la causa, no habíamos estado allí, entender, comprender, sentir empatía con aquellos que habían combatido. Fue muy claro. Me dijo: “Si estuviste en una guerra, la guerra se te hace carne en el cuerpo y solo encontrás comprensión y empatía en otro que haya estado en una guerra porque es imposible transmitir acabadamente lo vivido. Eso, tan único y a la vez tan individual, porque a cada quien le llega de forma distinta, es lo que te hermana. Los veteranos de guerra, cualquiera sea la bandera bajo la cual peleamos, somos una verdadera y auténtica hermandad”

No me había sido fácil llegar. Tras el fantástico acto que habíamos tenido el día 29 de marzo en la Dirección de Rentas del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, organizado por el CIDEM que dirige mi amigo Ariel Ramirez, veterano que combatió en las Islas Georgias a bordo del helicóptero del buque Bahía Paraíso y que tuvo luego la ingrata misión de rescatar las últimas balsas del naufragio del crucero ARA GRAL BELGRANO, esperábamos una masiva concurrencia a San Andrés de Giles. Se había presentado con total éxito el libro de Piky Arguelles, del que formo parte y la emoción nos había hecho vibrar a todos. Pero tal como el veterano Carlos Bordón me confesara, para el 2 de abril, San Andrés de Giles se viste de Malvinas y lo hace completamente .

Se descargó un brutal diluvio y llegamos sobre las 19 horas, prácticamente navegando por la autopista. En efecto a Malvinas, se llega cruzando el mar. Iban ya varios años en que la lluvia cesaba a tiempo pero esta vez amenazaba seriamente con no hacerlo. La plaza Saraví contenía tan solo una ambulancia Land Rover, el gazebo vencido por el viento de Piky y la incólume carpa verde de los comandos de la agrupación Halcones Dorados. El resto era silencio, agua y viento, como Malvinas. Muchos se fueron, se llegó incluso a anunciar que se cancelaba, Piky me mandó mensajes que no leí, para que no fuera. Ya estábamos ahí, había que ver que sucedía.

Y a las 11 de la noche, la lluvia paró. Ello significó que se pudieron encender las antorchas, en el fogón que ardió aún bajo el diluvio y que se pudo llevar a cabo el acto central de descubrimiento de las seis nuevas placas, entre ellas las de los veteranos británicos, cuyo texto también tuve que traducir.

Venimos aquí a reconocer el valor del soldado argentino en combate, solo nosotros podemos dar debida cuenta de ello, porque lo sufrimos en carne propia y sabemos todo lo que costó vencerlos” concluyó David.

Antes me había dicho que él sabía que cuando un soldado iba a la guerra, toda su familia iba a combatir y a sufrir heridas indelebles y a tener que adaptarse para siempre a un miembro que vuelve con serios problemas, si es que logra volver. Todo encajaba, sus palabras, mi poesía y los reconocimientos múltiples a la mujer que tuvieron lugar en esta Vigilia, incluyendo a una psiquiatra muy querida por los veteranos y a una ONG de mujeres que llegó a tener 14000 miembros y que trabaja sin interrupciones desde 1982.

Cantado el Himno a capella con la sabia guía del Gaucho Rivero – debe ser la primera vez que falta Roberto Rimoldi Fraga- se concluyó el acto central y como la lluvia amenazaba con volver, fuimos nuevamente al gimnasio del colegio nacional para los distintos reconocimientos. Exhausto, así me encontró el canal de la televisión local SOMOS y me pidió que al cabo del acto final, les sirviera de intérprete para una nota televisiva. Opuse escasa resistencia y fuimos en la noche cerrada de la plaza a buscar a los marines. La monotonía de las preguntas y respuestas ya por mi conocidas fue quebrada de improviso, cuando un veterano de guerra se acercó corriendo a nosotros e intentó darse a entender por señas para no estropear la grabación. Llevaba en sus manos sendos Rosarios bendecidos en la misa de campaña con los nombres en cada uno de un caído argentino en la guerra. Por sus gestos comprendí que deseaba obsequiárselos a los veteranos británicos.

Fue el cansancio, sin duda que fue él, que me permitió transmitir este deseo sin desmayarme de la emoción. Ellos sintieron el impacto y se quedaron en respetuoso silencio, al periodista se le llenaron los ojos de lágrimas y por un instante no pudo pronunciar palabra. Ahí me di cuenta, que estaba asistiendo al triunfo de la paz, que los caídos son caídos, que los soldados son personas y que la condición humana está tan por encima de todo conflicto, de todo interés, que ella, solo ella, al final de cuentas, siempre termina hermanándonos a todos.

Me despedí y caminé en silencio, con mi hijo profundamente impactado por todo lo vivido en busca de algún lugar abierto para comer algo, tanta traducción nos había dejado hambrientos. Me resonaban en la cabeza las palabras de David frente a alguna incisiva pregunta relativa a quien, si Inglaterra o Argentina tenían razón, en opinión de los veteranos. Fue terminante, quizás la única vez que lo fue.

No me interesa que piensen, digan o hagan los políticos de uno u otro país. Yo fui soldado y cumplí con mi trabajo, me interesa tan solo el bienestar actual de mis hermanos y ellos son todos, los que les tocó estar de un lado y los que nos tocó estar del otro, los veteranos”

Dimos con un bar abierto, dimos en él con Luis Labraña, un ex montonero que ante la mirada atónita de todos en la Vigilia, se dio un abrazo con quien combatiera contra ellos, el Teniente Coronel Emilio Nani, condecorado por el combate de La Tablada y veterano de Malvinas, y juntos reconocieron a los veteranos. Vienen transitando el camino de la concordia política en la cual trabajan con víctimas de la violencia de los años 70 de uno y otro lado. Esa dolorosa grieta interna también tiene gente que está trabajando, en serio, por cerrarla.

En ese mismo bar dimos con nuestro amigo del gobierno porteño Carlos Bordón que cenaba a las 3 de la mañana una pizza en compañía de Bernardo Dobrenic, un tripulante de helicóptero de la Fuerza Aérea que pasó 72 de los 74 días operando en Malvinas. Tenía otra historia, para mí los únicos helicópteros que habían ido a las islas eran los de ejército. Así que mientras daba cuenta de mi sandwich hice oído a mil anécdotas que prometió continuar en algún asado futuro.

A la mesa de al lado nuestro llegaron los veteranos británicos y compartieron una cerveza con Guillermo Anaya y algunos de sus compañeros en Malvinas.

Mi hijo, con los ojos bien abiertos pese a la hora y con los oídos más abiertos aún contemplaba la escena, le resultaba increíble. Mucho más se sorprendió cuando al retirarse los británicos, advertidos de mi presencia, levantaron el pulgar y me dijeron más de una vez “GOOD JOB” (buen trabajo). Se quedan cuatro semanas más en el país, quizás nos veamos de nuevo.

Con mi carga emocional a cuestas, bien consciente de haber sido puente de un momento histórico, despabilado como nunca, subí a la neblinosa autopista para dejar atrás al querido San Andrés de Giles, o a las anheladas Malvinas, porque créanme, cada año, para el 2 de abril, se parecen más.

Quizás el sentido de los 19 fogones gilenses no sea otro que el relatado por Carlos Bordón, entre pizza y sandwich y con muchas lágrimas queriendo rodar por su cara. “Vos sabés que mi hijo, está grandote, más alto que yo, todos los 2 de abril cuando se levanta, viene y me da un abrazo largo y me dice ¡Gracias Papá!. La primera vez me emocionó, las siguientes me gustó, ahora ya lo estoy esperando.”

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 7 de abril de 2016

Imposible no recordar aquí a la tregua de Navidad de 1914, la primera en guerra de la primera guerra mundial del siglo pasado. Eran soldados, estaban en trincheras enfrentadas pero por un momento recordaron que eran seres humanos, esa humanidad que al regreso le cuesta a todos recuperar en plenitud.

Published in: on abril 8, 2016 at 2:29 am  Comments (1)  

ELLAS EN GUERRA

MADRE DESPIDIENDO A SU HIJO

ELLAS EN GUERRA

a las mujeres de Malvinas

Hace días que el sueño la esquiva,

y la vieja radio no quiere escuchar,

el televisor apaga con inquina,

el paso del cartero la hace temblar.

Su dulce alma presiente y conoce,

que a su amado irán a convocar,

y no entiende de vecinos el goce,

la albricia en banderas a desplegar.

Ella se esconde y en silencio llora,

sabe que la Patria le está por pedir,

a ese hombre soldado que adora,

fruto de su desvelo, razón de vivir.

Se desgarra el corazón bien adentro,

entre orgullo y su amor de mujer,

y un puñal de dolor clava el centro,

pues otro amor quiere hacerla ceder.

Es el amor a su Patria generoso,

clamando por irredenta perla austral,

que convierte a ese amor celoso,

en ofrenda de sangre, incierto final.

Setenta y cuatro días de locura,.

y setenta y cuatro noches de terror,

con su hombre en la trinchera oscura,

en el mar negro o en el cielo traidor.

También ella anhela esa victoria,

que a su soldado le brinde el honor,

e imagina un regreso con gloria,

para admirar aún más a su amor.

Una en vela a la foto le ora,

otra recuerda el día en que parió,

otra al hermano extraña ahora,

toda la noche otra al vientre habló.

Pero el destino la prueba prepara,

de hierro y miel deberá ser la mujer,

pues la derrota cruel todo acapara,

y olvido y desprecio quieren vencer.

A una aguarda el más duro duelo,

sin adiós, sin un cuerpo y sin funeral,

a otra ser también padre sin consuelo,

a otra custodia y testigo del mal.

Ellas en la guerra también estuvieron,

muchas de ellas todavía lo están,

silente oscura batalla libraron,

al amor como arma tan solo tendrán.

Enrique Momigliano.

San Andrés de Giles, 1 de abril de 2016

TENSIÓN

LOBO CAMINANDO AL OCASO

 

TENSIÓN

Hay tanto mundo por conocer,

y estepa para perderse,

inmensa nada adonde ser,

si el lobo dejase verse.

Anciano de mil soledades,

extraño hasta del espejo.

el lobo de mis mocedades,

no quiere morirse de viejo.

Aún aventura anhela,

siente al riesgo que le llama,

el ojo avizor en vela.

la boca por la presa clama.

Mentira es la tolerancia,

disfraza la paz que no tiene,

disimula su arrogancia,

es amable cuando conviene.

Y la difícil convivencia,

hierve la sangre salvaje,

harto de tanta apariencia,

sacude el falso ropaje.

El hombre que soy lo domina,

por un tiempo, no sabe cuanto,

y el lobo se empecina,

aúlla fuerte de espanto.

“¿Moriremos en la mentira?

¿Negaremos nuestra esencia?

¡Te arrepentirás un día,

de tanta idiota paciencia!”

Y yo le miro y me callo,

pues la razón le acompaña,

en ningún sitio ya me hallo,

pues mi lobo todo empaña.

Quizás un resto de coraje,

avive la muerte cercana,

y libre de todo bagaje,

viva al lobo que reclama.

Enrique Momigliano.

Buenos Aires, 19 de febrero de 2016

Published in: on febrero 20, 2016 at 10:48 am  Dejar un comentario  

INNOMINADO

flor en la mano

INNOMINADO

En un mundo que:

tiene más bancos que hospitales,

crea más armas que remedios,

elige a perversos por gobierno,

somete a los pobres al asedio,

envenena los mares y los ríos,

fabrica alimentos que envenenan,

arruina al clima en fuego y frío,

extingue los animales sin dilema,

tala bosques y levanta más fronteras,

crea dioses que justifican la muerte,

viola todo, rompe todo, arrasa todo,

para dar a sus negocios buena suerte.

Resulta milagroso que todavía,

en semejante infierno delirante,

una noche cualquiera, en cualquier día,

un hombre y una mujer sean amantes.

Pero ni siquiera nombre puedo darle,

a esta sinrazón, misterio o arte,

que tu puedas sentirme sin mirarme,

que yo logre amarte con pensarte.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 14 de febrero de 2016

Published in: on febrero 14, 2016 at 12:24 am  Comments (2)  

FESTEJO

festejo solo

FESTEJO

A ti

Es mi cumpleaños y es, como casi siempre que estoy aquí, un día casi perfecto. La ría discurre mansa en sus idas y venidas de pleamar, el viento y los árboles hacen soportable el calor ambiente y los vapores del champagne arrinconan mi nostalgia y tristeza. Mi hijo rema y me quedo solo.

Los flamencos me miran desde la orilla vecina y las cotorras se empecinan en romper mi silencio con sus granznidos. Las calandrias y gorriones me giran en torno en busca de mis sobras que serán su cena. Me siento pleno, pero se que podría ser todo aún mejor.

Me faltas, sin duda me faltas.Tú me faltas, solo tú. Si entre los miles de millones de seres que viajan en este planeta, tuviera que elegir uno, solo uno, para compartir este momento, serías tú. Se bien que puedo sin ti, soy lo suficientemente viejo, sabio y duro para poder disfrutar y sufrir en soledad.

Pero cuán distinto sería si estuvieras aquí. En silencio, en la reposera de al lado, con un termo en el piso, el mate en la mano y los ojos en la ría.. Conmovida hasta las lágrimas tu sensibilidad única por la belleza circundante. Y yo, no atinaría a hacer más que gozar en contemplarte, perdiéndome en la profundidad de tu mirada, enamorándome aún más en cada lágrima y esperando aquél mohin que llevo grabado en mi memoria, para morir de deseo y esperanza.

Me faltas, sin duda que lo haces, para que pueda por un instante amar la vida creyéndola perfecta, ver a todo el dolor sufrido como una etapa necesaria y considerar por una vez a la muerte como a un demonio lejano e impotente.Porque si te viera a mi lado sabría, con total certeza, que muerto te seguiría amando y que me sentirías igual que ahora., que estoy vivo, en un paraíso y pensando en ti.

Quizás en este día no faltes tanto. Puede ser y ojalá asi sea, que me estés pensando, que tu alma anhele a la mía, tanto como la mía a la tuya. Y quizás, tan solo quizás, nunca podré saberlo – maldita sea- sea por ello que te siento tanto, en los flamencos que me miran, en los pájaros que me rodean, pero por sobre todo en el viento que me acaricia.

Me faltas y estás. Porque te pienso y te traigo, quieras o no y porque se que en algún lugar oculto de tu alma, tan oculto y tan celosamente guardado que no te animas siquiera a visitar, me piensas, me traes, me buscas, con la misma desesperación que yo.

Tu fragilidad y mis deseos de protegerte, tu incertidumbre y mis caminos vividos, tu necesidad de amparo y mis brazos abiertos, tu rebeldía y mi soledad; marchan sin duda a un encuentro, que es real en espíritu, por más que la vida y sus lazos lo nieguen. Es bueno que sepas que ya lo disfruto, como en esta tarde de festejo, aun lejos, me regodeo en contemplarte y que aun invisible le pones azúcar al mate y me lo acercas con el mohín único, tuyo solo, justamente ese que anhelo.

Me pierdo en él y te veo, casi puedo tocarte, aunque no quiera por temor a que se apague esa luz, la única, la tuya, la que siempre pudo con mi tiniebla.

Y comienzo otro año en la esperanza,

que los inciertos avatares de la vida,

sean capaces de poder con mi templanza,

con tu prudencia de madre establecida,

y generen más encuentros como éste,

que te traigan a mi lado cuando lo pida.

Ese ser tan mía sin quererlo,

este ser tan tuyo sin saberlo,

puede ser el mejor lugar de nuestras vidas,

el cual., pasajeros, habitamos,

hasta que el amor otro rumbo decida.

Porque ya te amo como no imaginas,

casi tanto como tú me amaste un día,

y somos dos almas en vuelo unidas,

más allá de toda forma e hipocresía.

Porque siento en el aire tu caricia,

pues la sal marina sabe a tu beso,

porque vivo en amor y albricia,

cuando pierdo mi razón en tu embeleso.

Y yo se que lo sabes vida mía,

aunque fuerces con dolor las apariencias,

por más que en secreto anheles el día,

en que ambos perdamos la paciencia.

No se el cómo, el dónde ni el cúando,

alinearán los planetas nuestro encuentro,

no será eterno esto de andar dudando,

pues vivimos en el otro muy adentro.

Porque sin musa no hay poeta ni poesía,

sin belleza no hay ansias ni embeleso,

aunque pienses que todo es fantasía,

vaya este escrito……….. por mi beso.

Enrique Momigliano

Tapera de López, 12 de enero de 2016

Published in: on enero 13, 2016 at 12:56 am  Dejar un comentario  

REVERSO

dos caras de la moneda

REVERSO

Ayer apenas, mientras te amaba,

mi corazón esperanzas latía,

la luna solo a ti reflejaba,

y tu alma arropaba la mía.

Ayer apenas, cuando me amabas,

en cada noche en sueños volvías,

el mar solo a tu voz recordaba,

y tu alma a la mía sentía.

Maldito hoy que finjo no amarte,

mi corazón lerdo a muerte late,

la luna solo es astro sin arte,

y mi alma fría triste se bate.

Maldito hoy que finges que olvidas,

la noche hiela funesto desierto,

el mar solo un demonio sin bridas,

y con tu alma a dar no acierto.

Poeta con poesía tan mustia,

que ya en tu corazón no penetra,

aunque lleven los versos mi angustia,

y mi sangre la tinta de mi letra.

Enrique Momigliano

San Clemente del Tuyú, 10 de enero de 2016

Cuida tu alma decía el santo, pues todo lo que veas es solo lo que en ti está. Los  escenarios solo reflejarán lo que sientes y llevas dentro. Tanto esfuerzo para cambiar el mundo y tan poco para cambiarnos. El día que estés bien, que ames de verdad, solo verás delante tuyo un mundo maravilloso.

Published in: on enero 11, 2016 at 12:08 am  Dejar un comentario  

LA VUELTA

lancha en tormenta

LA VUELTA

Creer que el amor es solamente placer, es suponer que solo el mar embravecido es el mar”

José Narosky. Si todos los tiempos…

A Juan lo despertó un sacudón con salpicada incluida. Su siesta ideal, mezcla de arrullo marino y vapores ginebrísticos, había terminado de improviso. “Maldición, me dormí más de la cuenta” dijo mirando el reloj de abordo que señalaba peligrosamente las tres y media de la tarde. En la proa Manuel, su joven compañero de aventuras hacía equilibrio parado, pescando, ajeno al mundo y sus urgencias.

Ni bien pudo incorporarse y terminar de abrir los ojos, Juan clavó la vista hacia el noreste. Un frente de tormenta, el anunciado para las 16 horas de ese lunes feriado de noviembre por el infalible pronóstico que siempre consulta antes de zarpar, corría desbocado por el límpido cielo directo hacia ellos, frágiles habitantes de una lancha de apenas cuatro metros de eslora.

“Manu, guardá todo a mil que tenemos que rajar, se nos viene la tormenta y con ráfagas embromadas” gritó a lo capitán mientras se mojaba la cara, encendía el motor, chequeaba la radio y apuraba un trago de valentía en forma de whisky para encarar una vuelta que iba a ser difícil.

Recién ahi Manuel se dio cuenta que estaban en problemas, tiró la caña armada al piso de la lancha, cerró la caja de pesca, arrinconó la carnada sobrante y comenzó a hacer fuerza para levar el ancla.

“Se clavó en el fondo, no puedo subirla” sonó preocupada la voz de Manuel. Juan abandonó el timón y sumó su fuerza a la de su compañero en desgracia. No hubo caso, estaba demasiado atascada. Intentaron liberarla con la fuerza del motor, en medio de las crecientes sacudidas de las olas y solo lograron clavarla más. Juan pidió consejo por radio a Mario, el encargado del puerto deportivo al cual debían volver a toda marcha. Este les explicó una maniobra y pusieron manos a la obra, teniendo éxito pero perdiendo la crítica media hora que faltaba hasta las cuatro de la tarde.

Con la tormenta demasiado cerca para el gusto de cualquiera, Manuel totalmente agotado por haber soportado la peor parte del truco para levar el ancla, se sentó con cara seria en el asiento del acompañante y Juan, más serio aún, aceleró. Ahi nomás debió reducir el ritmo del motor, las olas eran tan altas que sacar la lancha a planeo era directamente suicida, había que volver despacito escalando las siempre crecientes montañas acuáticas que su proa encaraba, como dice el manual, a cuarenta y cinco grados. Cuando uno quiere volver rápido y debe hacerlo lento, los que sufren son los nervios. Sabedor de ello Juan decidió pensar en otra cosa, mientras un pedazo de su cerebro conducía. Pensó en otra vuelta, en la que desde hacía un año más o menos estaba embarcado con éxito dispar. Notó que se parecían.

Pensó en aquella tarde de octubre de cuatro años atrás cuando bajo una lluvia torrencial había llegado solo a esas playas, huyendo de su casa, de su vida, de sí mismo, para poder llorar en soledad. Algo ese día se había roto, algo que aún permanecía así. Como en un plano inclinado, después de la vuelta de aquel viaje, en el que temía que le hubiesen cambiado la cerradura de su hasta entonces hogar, todo había empeorado. Un año después tocó fondo, directamente lo echaron de su casa, ya no era un hogar. Vagó unos días, se llevó todas sus cosas, menos una poca ropa, a su estudio, habló con algunos amigos, visitó algunas amigas, se emborrachó con todos ellos y finalmente decidió quedarse en la casa de su familia, a pelearla, a cara de perro, a hacer lo que hay que hacer, aunque nadie le diera ni la más mínima bolilla. Para abrazar, hablar y acompañarse estaban sus perros, a quienes como a sus hijos, no pensaba abandonar, aunque no lo quisieran.Un tiempo tormentoso y horrible lo aguardaba.

“Cuidado con esa ola que viene fuerte” gritó Manuel con su voz sobrepasando el ruido del Mercury que rugía en las subidas y callaba en las bajadas de esa vuelta que se complicaba. La ola se estrelló contra el francobordo y los empapó. Juan se arrebató los inservibles lentes oscuros y se concentró en el manejo, el viento había empezado a incrementar su velocidad. Se miraron preocupados, por difícil que estuviera la cosa, lo peor los aguardaba más adelante y era imposible saber a esa altura con qué se encontrarían. De adolescente había sido Juan profundamente impresionado por la lectura de Kon-Tiki, el libro donde Thor Heyerdahl relata su aventura en balsa desde Perú a través del océano Pacífico, fiel navío que soportó todo, menos el choque contra la barrera de coral que los aguardaba frente a la isla de destino. Cada vez que salen al mar por Punta Rasa, Juan mira con desconfianza ese nudo de aguas tan complejo que se ha llevado tantas vidas, pues por más que el mar esté calmo, todos recomiendan hacer un amplio círculo mar adentro para evitar las corrientes traicioneras fruto no solo del Cabo San Antonio y sus bancos ocultos, sino también de la veloz retirada de las aguas de la Ria San Clemente en horas de bajamar y la turbulencia que origina el límite, observable a simple vista, de las aguas frías del Rio de la Plata en su encuentro con el mar entibiado por una rara parábola que describe una corriente que baja de Brasil. Ese círculo, tan caro a Manuel que disfruta como pocos alejarse de la costa, resulta sumamente arriesgado en días de mar con oleaje y tormenta en ciernes. Juan sabía que no tenía alternativa, debía, a como fuese, atravesar el infierno. Decidió relajarse hasta entonces y volvió a sumirse en sus privados pensamientos, los de la otra vuelta.

En esa también lo aguardaba un infierno. Se armó de paciencia oriental, amianto emocional y silencio absoluto. En su casa se convirtió casi en parte del mobiliario, en poco más que un funcionario. Cumplió prolijamente sus deberes, se concentró en su lectura y escritura y soportó cualquier hiriente comentario que a la postre terminó por desaparecer…. por falta de oyente. Con todo el tiempo que antes destinaba infructuosamente a confrontar a su disposición, escribió montañas de páginas de diversos temas, llenó su agenda de reuniones necesarias algunas, inútiles otras y se embarcó en actividades que lo tuviesen el mayor tiempo posible lejos de un ámbito que para él ya era fuente de un inmenso dolor. Así fue que incrementó sus actividades en esa localidad costera y se obligó a ir por lo menos una vez al mes. Armó una vida lejos de casa y no le fue nada mal, hasta empezó a disfrutarla. Tuvo diversos compinches en esa empresa, algunos muy cariñosos, otros muy entusiastas y otros con una ligera sospecha acerca de ese personaje que deglutía su dolor, escribía del amor y pasaba tan poco tiempo con su familia. Juan sabía que no era la vida mejor pero ¡qué embromar! era la posible y nadie podía reprocharle nada, en todo caso el que tenía derecho a estar enojado era él y se tragaba el enojo lo mejor que podía, aunque a veces, sorprendido con una ofensa más con la guardia baja o distraído, sus estallidos fueran de temer. No servían para nada, solo para alejarse un poco más aún.

“Me estoy mareando” dijo Manuel . “Falta poco, lo peor pero poco, aguantá, ya tenemos la punta a la vista” respondió Juan, volviendo a concentrarse en esa dulce y riesgosa danza del mar. Estaba todo a la vista, el peligro también. El viento soplaba más, las olas además de altas ahora venían desde distintos flancos, obligando a maniobras rápidas para evitar un encuentro frontal y una sospechosa corriente rugía por debajo del casco. Unos centenares de metros adelante había olas que rompían en medio del mar y si bien ya se divisaba la acogedora Bahía de Samborombón con sus aguas mansas, ella estaba separada por una frontera encrespada. Navegaban a propósito muy cerca de la costa. Juan sabía que el último recurso era dirigirse hacia ella y a riesgo de romper casco y pata de motor, podrían salvarse embicando la lancha en la playa. Si la vuelta la hacían como de costumbre a unos 2500 metros de la playa y con casi 6 metros de agua debajo, él iba a necesitar una cuba entera de grapa para soportar la incertidumbre. La otra preocupación era el combustible, navegando así, al dibujo de las olas se gasta el doble o el triple que planeando y el solo pensar en llenar el tanque en ese oleaje lo aterraba. Aprovechó Juan los últimos instantes de paz relativa y para ahuyentar sus ideas tenebrosas, volvío al otro difícil retorno.

Justamente la lancha bailarina había sido el punto de inflexión. Una tarde de primavera espléndida sentado en el muelle de Tapera y profundamente atrapado por la magia de ese entorno había decidido encarar el cumplimiento de un viejo y postergado sueño: su propia embarcación. Tiró el tema sin mucho entusiasmo en la mesa familiar y para su sorpresa vio como Manuel, su hijo, que ahora estaba allí con cara de serio, agotado y mareado, la había recibido con sumo entusiasmo y se la andaba contando a quien se acercara a escuchar. Juan, que por esos días sufría muchísimo se dio cuenta que el dolor que lo atenazaba no era tanto el fracasar como pareja, en él era costumbre, nunca le había ido bien, sino el fracasar como padre, ésto no podía asumirlo. Vio en la lancha el inicio de un camino. No se equivocó. Todos los puentes cortados con su hijo se reconstruyeron en pos del objetivo, la compra, el curso de conductor náutico, las primeras navegaciones, los errores compartidos. Juan por primera vez supo que no todo estaba perdido, cumpliendo su sueño, recuperaba a su hijo. Quedarse, con todo lo difícil que había sido, empezaba a valer la pena. Con su hija la historia era muy distinta. En realidad ella no lo había echado y en esa noche tan aciaga de tres años atrás era la única que lo había defendido. Eran muy afines, tanto que como iguales no aceptaban tutela de nadie. Sin embargo sus libertades iban, secretamente para ambos, en camino de convergencia en un terreno particular: el espiritual. Para Juan la vuelta había entrado en la fase del desgarro. Por un lado, sus hijos con quienes había empezado a llevarse bien, lo necesitaban más que nunca, estaban en la edad del despegue, en esa maravillosa década en que uno toma las decisiones que marcarán el resto de su vida: profesión, trabajo, morada, pareja, hijos, etc. Por el otro el silencio y la indiferencia de la casa lo alejaban cada vez más y si bien estaba muy lejos de él cualquier intento de búsqueda de compañera, habían surgido a la vista bahías agradables y acogedoras donde poder reposar, aunque fuese por un rato, su humanidad, su alma y su conciencia, hartas y cansadas de tanta guerra y aislamiento. Tal como la bahía que ahora tenía a la vista, lo llamaban, lo tentaban, lo esperaban, pero tal como ella, se escondían detrás de una frontera turbulenta y le exigían para llegar el abandono definitivo de su querido mar, al que amaba pese a las sacudidas, pese a la tormenta, pese al maltrato, pese a que muchas veces parecía echarlo.

Encaró el cruce. La lancha se transformó en una coctelera, ya no se movía arriba y abajo sino para todos lados, las olas los mojaban hasta la médula, algo nada aconsejable si no se cuenta con traje de agua en un noviembre traidoramente frío y el viento los desestabilizaba. Alentado por la vista de las tranquilas aguas bahienses, aferrado al timón, Juan dibujaba lo mejor que podía ese torbellino acuático que se deslizaba furioso por debajo del casco y aprovechaba las bajadas de las olas para acelerar, casi como una tabla de surf, en pos de la ansiada meta. Manuel, callado, a su lado, se esforzaba por no golpearse y por no vomitar. La inconfundible frontera con el Río de la Plata pasó rauda y Juan exhaló alivio cuando gritó: “Cruzamos, ya está”. El río siguió un poco movido pero enseguida se aquietó, casi al únisono con un quedo ronroneo de motor que indicaba el fin del combustible. Más justo imposible. Con las pocas fuerzas que le quedaban ahora a ambos, llenaron el tanque y comenzaron sonrientes el triunfal paseo hacia el puerto. Los esperaban las reposeras y una reparadora siesta bajo los árboles, llevaban en su alforja una anécdota más. Mientras Tapera aumentaba de tamaño Juan pensó en el distinto final de su otra vuelta.

Había desdeñado el canto de sirenas.¿Por qué? Aún se lo pregunta y aún le duele. Quizás haya contribuido el hecho que un amigo muy cercano, casi un hermano para él, había corrido tras la engañadora paz de la bahía y le había puesto en evidencia muy palpable los costos enormes de esa decisión. Quizás hayan servido algunos hechos que le hicieran a las sirenas perder su cola de pez y mostrar con crudeza su cruel costado humano. O quizás, a Juan, aún sin mucho fundamento, le gusta pensar que haya sido más fuerte, que lo haya podido, su viejo, gastado y herido, amor por el mar. Ese mar que aún lo hiere, que aún lo inhibe, que aún lo mantiene en un sospechoso silencio, que lo abruma de impotencia para comprenderlo, que lo deja bien solo librado a sus fuerzas que muchas veces le parecen faltar, pero que de alguna manera se las ha ingeniado para que él solo pueda vivir a su vera, andar a su amparo, morir en su seno. En su otra vuelta Juan aún sigue, triste y cansado, casi sin combustible, capeando el temporal.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, Navidad 2015

Nadie elige la tormenta pero a veces te atrapa y pocas veces ofrece un escape fácil. Casi siempre es aconsejable quedarse a capearla. Algún día siempre amaina.

Published in: on diciembre 25, 2015 at 7:19 pm  Dejar un comentario  

La extraordinaria aventura

JESUS

LA EXTRAORDINARIA AVENTURA

Intentar ser bueno en un mundo errado

Cuando uno profundiza la real motivación que se esconde detrás de conductas riesgosas para la salud y la vida, que van desde el alcoholismo y tabaquismo hasta los deportes extremos, pasando por la adicción al trabajo, al sexo, a las drogas y demás cosas, surge con claridad un factor común.

Y no por sabias deducciones ni rebuscadas teorías, sino por la simple confesión de quienes llevan a cabo tales conductas en su propio perjuicio, el cual suele extenderse a víctimas circundantes.

“Me aburro”, “La vida no tiene sentido”, “La adrenalina es lo único que me hace sentir vivo”, “La sensación que se siente (Lole dixit)” “Si paro me siento morir” “¿Que hago con mi tiempo?” Son las respuestas más frecuentes.

En estos antes sacros días, hoy devenidos en una vorágine consumista, me permito invitarlos a llenar su vida, a darle sentido, a emplearla en una aventura francamente extraordinaria. Es simple, muy simple, de decir, de llevarla a cabo ya me contarán. Intenten ser buenas personas, solo eso, cada día un poco más.

¿Que ya lo son? No les creo, empiecen a mirarse sin contemplaciones y verán cuanto les falta. Porque a todos nos falta y muchísimo.

Para empezar a cuestionarse nada mejor que unas pocas preguntas.

¿Cuándo fue la última vez que visitaron a un enfermo para preguntarle si necesitaba algo?

¿Cuándo fue la última vez que ayudaron a un discapacitado en la calle?

¿Cuándo fue la última vez que acudieron a la casa de un pobre para preguntarle en qué podían paliar su pobreza?

¿Cuándo fue la última vez que ayudaron a un desocupado a conseguir trabajo en su desesperación?

¿Cuándo fue la última vez que le preguntaron a un niño en la calle sucio y pidiendo, qué podían hacer por él?

¿Cuándo fue la última vez que acompañaron a alguien en su duelo?

¿Cuándo fue la última vez que se acercaron a un anciano para preguntárle qué pequeño servicio le podían brindar?

Puedo seguir, pero no hace falta, ya están reflexionando.

Ahora piensen si esos NUNCA mayoritarios por respuesta, no se aplican también a los casos en que el enfermo, el pobre, el desocupado, el discapacitado, el doliente o el anciano forman parte de su círculo de amigos, esos con que en los buenos tiempos solían reír. O quizás hasta de su propia familia.

¿Ven ahora que no somos tan buenos como creemos y pregonamos ser?

Sin embargo, estamos capacitados para serlo. Nuestros abuelos lo eran y cada tanto cuando hay tragedias muy severas, aún lo somos.

¿Qué nos pasó?

Es fácil verlo si uno se baja un rato del tren. El mundo se equivocó y en su equivocación nos arrastró.

El drama comienza con la revolución industrial y se agrava tras la segunda guerra mundial. Acicateado por necesidades materiales angustiantes, incluso el hambre, el mundo puso todo su esfuerzo en producir bienes y se organizó en pos de ese objetivo, el cual logró, muy eficientemente. Pero una vez satisfechas esas necesidades apremiantes, jamás se detuvo. Y ahí nació la publicidad y los medios de comunicación masivos la potenciaron. De necesidades apremiantes reales, evolucionó el mundo a necesidades artificialmente creadas e impuestas con una manipulación brillante de la psiquis humana. Me dirán que ello dio trabajo a mucha gente, es verdad, pero cabe pensar si trabajar tanto le ha hecho bien a tanta gente.

Una sociedad donde debo dejar mi vida trabajando para generar dinero que gastaré en cosas que no necesito en absoluto y que solo las necesito porque me han impuesto un modelo de pertenencia al grupo, suena muy parecido a un sistema esclavista, donde el tirano patrón no es otro que mi yo confundido.

Ese mundo errado en el que vivimos, donde se mata por el control de bienes productores de energía para hacen andar fábricas que producen cosas innecesarias ha llevado trágicamente a la deshumanización de los seres humanos. O mejor dicho, retomando el enunciado del principio, nos ha vuelto menos buenos de lo que pensamos que somos.

Ese ser menos buenos, por no decir malos y perversos del todo, o carentes por completo de solidaridad de especie, no es algo sin importancia e inofensivo. Ha sido absolutamente trágico para nosotros mismos, pues nos ha robado nada menos que la felicidad.

Nuestra esencia espiritual es buena y solo cuando podemos llevarla a la práctica en la vida cotidiana, se logra cosechar aquello que más anhelamos: un bienestar interior.

Si vivimos en ese estado de bienestar es muy difícil que necesitemos arriesgarnos para “sentirnos vivos”, en primer lugar porque tenemos mucho para perder, pero más importante aún es porque ya nos sentiremos bien vivos al ver traducidas en obras concretas nuestro auténtico impulso espiritual.

Es un estado difícil de entender por quien no lo ha vivido nunca, pero sencillo de explicar con un ejemplo. Es un estado en el que un GRACIAS recibido de alguien a quien hemos ayudado, vale mucho más que un CHEQUE, cualquiera sea su monto.

El mundo errado nos ha hecho valorar al dinero por sobre todas las cosas, ya que es el rey de las cosas y como le interesa que dejemos nuestra vida en una competencia feroz con nuestros hermanos, ha creado la ficción que solo, si se llega a la cima, se es feliz. Aplaude asi a quien sube, cualquiera sea la tropelía que haya cometido para ello y desprecia a quien cae, sin importar las razones de su fracaso. Olvida el mundo que somos más de 6 mil millones de seres intentando sobrevivir y nos divide en WINNERS y LOOSERS.

¿En que consiste la deshumanización que el mundo nos pide para entrar al círculo de los ganadores?

Acallar los sentimientos, flexibilizar la moral, adoptar todos los modelos (auto, barrio, calcetines, vacaciones, escort) sin cuestionamiento alguno y ser implacable con los rivales que pugnan por nuestro asiento en el Olimpo. Dureza de corazón, frialdad de mente, cálculo y control omnipresente, desprecio del derrotado, abandono del sufriente. Tanto violarse a uno mismo, tanto alejarse de la vida necesita de un fortísimo estímulo para “sentirse vivo”. Estímulos que teminan en muchos casos acabando con esa vida que se pretendió volver a sentir.

Por eso mi propuesta de reflexión Navideña, si es que se toman un tiempo entre shopping y borrachera es detenerse al principio del camino y saber decir un gran NO a tiempo. A tiempo significa antes que la deshumanización tenga lugar. Y si ya lo tuvo, detenerla y remontar la cuesta para volver a ser humano. Bueno, como en esencia todos lo son.

¿Fácil? ¡Que va a ser fácil!. Empiecen a hacerlo y verán lo dífícil que es. Les aseguro que vale la pena, pero pena habrá en el camino y mucha. Por eso se trata de una aventura, ya que es para valientes, para solitarios, para quienes no teman pasar por locos e incomprendidos, para quienes no sufran cuando confundan su bondad con bondudez, para quienes desprecien el desprecio, para quienes se rían del abuso, para quienes sepan sortear las trampas que les habrán de poner. Y sin no son nada de eso, deberán estar dispuestos a aprender a serlo.

El fácil es el otro camino. Con acoplarse al rebaño y adormecer la conciencia alcanza. “Total, es lo que hacen todos, ¿como diablos va a estar mal?” “Dejame, no me hagas pensar, las tuyas son idioteces que conspiran contra el éxito que busco” “La injusticia reina, porque justo yo debo ser justo” “Nadie juega según las reglas, que empiecen los otros a respetarlas y entonces las respetaré yo”. ¿Nunca lo escucharon? ¿Nunca lo dijeron?. En este camino tendrán un millón de amigos, los invitarán a dar charlas, todos querrán aprender el camino a la cima y soslayarán sus pequeños defectos morales aunque sean visibles. Este camino paga, el otro, el difícil, salva y conduce nada menos que a la tranquilidad, la paz interior, la propia humanidad y a una inesperada y creciente felicidad.

¿Negociar? ¿Un poco de uno y otro tanto del otro?. Se puede y se debe, mientras auténticas necesidades estén presentes. Pero cuando ellas estén dignamente satisfechas, de a poco, tampoco hay que ser tan drásticos porque ello suele conllevar el fracaso y el desaliento, habría que ir sustituyendo unas conductas por otras, teniendo por termómetro o vara de juicio, tan solo la propia conciencia.

No hay un tribunal más allá que espera para juzgarnos, ni probablemente sea San Pedro el que nos niegue la llave. Somos siempre nosotros mismos, quienes nos alejamos del paraiso, terrenal o celestial, como quieran. También somos nosotros mismos, quienes podemos recuperarlo.

A todos los que me leyeron hasta aquí, no puedo menos que agradecer el año compartido y desearles una muy Feliz Navidad, que significa nacimiento y que espero de corazón alumbre en ustedes el camino de vuelta a vuestra propia humanidad. Yo sigo en el mío y les aseguro que es fascinante, cuando quieran lo conversamos.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 24 de diciembre de 2015

Los villancicos tienen ese que se yo, ¿viste?, apagás la televisión, te sentás en el sillón frente al arbolito, desde un rincón te mira el pesebre y de repente la ves a tu madre sosteniendo una caja con globos de colores, a tu abuela acomodándolos en las ramas y a tu padre a quien crees entregando tu carta a Papá Noel, corriendo por los pisos de Gath & Chavez comprando juguetes. Ojalá les suceda.

Published in: on diciembre 24, 2015 at 12:08 am  Comments (2)  

GANAMOS

Elecciones

 

GANAMOS

No pudieron, muchachos, no pudieron,

como ayer con soberbia armada,

enfrentar a este pueblo que odiaron,

con absurda mentira relatada.

Pudo más el amor que nos tenemos,

hijos de inmigrantes desahuciados,

que vuestro odio clasista sin frenos,

y venganza al viento desatada.

Mandó Dios a un Papa argentino,

que volver a unirnos se propuso,

archivando las armas sin destino,

un nuevo diálogo en paz dispuso.

Moderaron su lengua viperina,

sacaron de escena los violentos,

huyeron de la plaza argentina,

antes que tronase el escarmiento.

Celebremos hoy mientras votamos,

pues la paz ha ganado la batalla,

huye al sur la secta que echamos,

con sus viejos odios y sus metrallas.

Ya no son imberbes e inmaduros,

pero aún son estúpidos que gritan,

aliados de la muerte sin futuro,

que a su paso todo lo marchitan.

No importa quien sea presidente,

cerrará las heridas sin demora,

sabrá que este pueblo ya presiente,

la República que tanto añora.

Con mirar adelante nos alcanza,

pues erramos todos en el pasado,

sin temor, sin reproche ni venganza,

avancemos juntos lado a lado.

Heredemos esta tierra saqueada,

abracemos al joven confundido,

honremos la bendita paz ganada,

construyamos el país merecido.

Que en verdad es un pueblo glorioso,

pues frustra siempre a los asesinos,

renueva en su andar laborioso,

viejo orgullo de ser ¡ARGENTINOS!

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 25 de octubre de 2015

Published in: on octubre 25, 2015 at 11:29 am  Dejar un comentario  

ÚLTIMA

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ÚLTIMA

Disfrutemos esta última noche a solas. Tú y yo. Es la última de muchas en que fuiste tomando forma a lo largo de seis años y quizás desde mucho más tiempo atrás.

Mañana, si puedo, delante de los que vengan a la Biblioteca, esa misma donde presenté a tu hermano mayor, voy a hablar de ti, de nuestras noches a solas con el apoyo eterno de mis perros.

Solo si no me quiebro intentaré transmitir algo de lo que vivimos juntos, tus hojas cuando estaban en blanco y mi alma necesitada de explotar en ellas.

Quizás no pueda decir nada o diga bellamente algo que tenga muy poco que ver con esas noches. Esas, tú te acuerdas, en la que te empapaba en lágrimas o te aturdía con mis sollozos. No, no creo que pueda hablar de ellas.

A lo mejor despego y me animo a hablar de las otras . Aquellas, tú sabes, en que entre verso y verso sonreíamos cómplices recordando otra sonrisa o unos ojos de encanto. O aquellas en que me ayudabas a dibujar a la musa ausente pero viva, vivísima en mi sentir.

Delante tuyo y mío habrá gente que nos aprecia y mucho. Buenos amigos que supimos cosechar en ámbitos muy pero muy diversos. Ellos merecen que les cuente de tí, de tu estupor cuando decidía incluir algún escrito y tu papel se erizaba de temor porque no querías herir a nadie. Siempre logré convencerte con un “¡que piensen lo que quieran, yo necesito gritar esto!”. Y tú, tan solo por amor a mi, aceptabas, aun a riesgo de verte, en algun arrebato de ira futura, arrojado a la basura.

También habrá ilustres ausentes pero que estoy seguro que estarán por ahí, porque viajan conmigo. Tal como viajaron en tantas noches en que me dictaron, de lejos, muy lejos, las palabras que tú llevas y que no me atrevo a considerar mías.

Seguramente recuerdas cuando te quise escribir como EL AMOR TRISTE. ¡Cómo te enojaste! Nunca te ví tan irritado. Te resististe ferozmente y hasta se te ocurrió enfermarme para que no pudiese mancharte con mi dolor.

Si, amigo, es la última. También la última de las del vértigo final en San Clemente cuando agotado e inundado de whisky y soledad me convencí de mi grueso error. Y ¡como até cabos en esos días de junio!, cabos que se anudaron y sólidamente me presentaron una idea toda nueva.

Volvimos a Buenos Aires desaforados, con dolores de parto. Nos encerramos una vez más, noche tras noche pues lograste convencerme que el libro lo escribirías tú, que yo me limitase a ordenar lo ya escrito, que ello hablaba solo. Te obedecí, el manso por amor, esta vez fui yo.

Solo me senté a escribir las primeras páginas y hasta eso me sorprendió. Eran perfectas y transmitían un mensaje nuevo sobre el amor, nuevo hasta para mí. Tardé en captarlo. Hicieron falta cinco lecturas minuciosas, necesarias para corregirte para que amaneciera a una nueva verdad, esa que tú transmites.

Lo hicimos juntos, querido libro. Ni tú ni yo podemos decir cuanto puso cada uno. Pero me gusta el resultado, porque se que le va a servir a muchos, y eso es lo único que vale.

Si, te voy a leer una vez más, porque quiero reencontrarme con toda la gente que tuvo algo que ver con tus estrofas, con tus personajes, con tus cimas y con tus valles. Quiero disfrutarte en ésta última noche en que serás, como todos estos años, solo mío.

En horas, en la biblioteca, se correrá el telón y ya no me pertenecerás. Serás de quienes te lleven consigo, con quienes caminarás senderos ignotos, que quizás te retornen en un agradecimiento, un halago, una crítica o un silencio. Tú estarás allí naciendo y despidiéndote de mí para ser de todos, esos mismos todos con quienes brindaré por tu llegada y les contaré……. solo Dios sabe qué.

Enrique Momigliano

Buenos Aires, 24 de septiembre de 2015

Published in: on septiembre 25, 2015 at 12:10 am  Dejar un comentario  

APENAS

25 de septiembre de 2010. Nace Poesía para sentir la Vida

25 de septiembre de 2010. Nace Poesía para sentir la Vida

 

APENAS

Tu mirada esquivaba la mía,

y tu sonrisa me enamoraba,

mis ojos del fondo del alma mía,

gritaban el amor que yo callaba.

Se erizaron de miedo mis canas,

y suplicaron tus manos inquietas,

el aire lleno de palabras vanas,

sofocaba la pasión indiscreta.

Mas un instante pudo con la trampa,

que el destino tendió en la mesa,

y tu alma como sol que escampa,

vibró de alegría y belleza,

por palabras que mi pluma estampa,

en portada del libro que empiezas.

Enrique Momigliano

Septiembre 2015

No hay duda, estoy de parto. La alegría mezclada con el miedo y el dolor. El viernes llega mi segundo hijo poético y lo hace a las 18 y 30 en la querida Biblioteca Popular Alberdi de Villa Crespo, Acevedo 666 CABA. Casi ningún hijo es como uno lo soñó, pero no por ello dejará de ser hijo de uno, y con el tiempo uno intenta llegar a conocerlo a fondo, solo para darse cuenta cuánto de uno lleva puesto. Todo nacimiento será siempre un milagro y el nacido siempre tendrá una vida propia, tomará sus decisiones, causará sus efectos, pagará las consecuencias, andará sus caminos. Y sin embargo en cada pequeño instante algo de uno estará viviendo, sufriendo o gozando con él. Todo lo que cuesta vale y este alumbramiento me costó muchísimo, de modo que espero que lo valga. Acompáñenme a descubrirlo, Dios quiera puedan y quieran.

Published in: on septiembre 19, 2015 at 6:40 pm  Dejar un comentario  

LLORA

lluvia torrencial

LLORA

Mientras la iniquidad prepara,

su vergonzante propia sucesión,

y maniobra con pétrea cara,

al antiguo fraude de elección.

El pueblo esperanzado vota,

abrazado a una ilusión,

que esa urna que hoy explota,

respete un día su decisión.

Indiferente el cielo llora,

tanto acomodo, tanta traición,

son lágrimas de Dios que implora,

un fin al odio y la corrupción.

Mas sabe que el hombre es hombre,

que mata por dinero y poder,

que él miente hasta en SU nombre,

que el pueblo ciego no puede ver.

Que siempre gana el más vendido,

al dueño oscuro de la maldad,

quien mejor miente, el más rendido,

a la riqueza e impunidad.

El pueblo cree que ha elegido,

triste lo aguarda la decepción,

y desde el cielo Dios herido,

inunda todo con su emoción.

Enrique Momigliano.

Buenos Aires, 9 de agosto de 2015

Published in: on agosto 9, 2015 at 6:19 pm  Comments (1)  
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