DUELO Y POESIA
Una trilogía para el duelo…que es cosa muy seria

De niño me llamaban siempre la atención esos cartelitos que solían poner los comerciantes en sus vidrieras o persianas : “Cerrado por Duelo”, los que aparecían de sorpresa y no dejaban lugar a salvo. Hoy en la carnicería, ayer el taller mecánico, mañana la tintorería. “Se les murió alguien” era la parca respuesta de mi abuela y yo me imaginaba que detrás de la persiana cerrada estaban todos, menos el muerto, juntos abrazados y llorando.
Cuando volvía a abrir y me tocaba ir en la primera visita aferrado a la mano de mi abuela, me sorprendían los ojos llorosos del comerciante de turno y la inevitable pregunta: “¿Quién murió?” seguido del “cuanto lo siento” o del más formal “le acompaño el sentimiento”, expresión que despertaba mis fantasías infantiles acerca de qué significaría eso que por otra parte no osaba preguntar.
A los 7 años la muerte se llevó a una compañera de colegio, a mis 10 perdí a mi abuela, a los 13 a mi padre, a los 20 a un gran amigo suicidado, a los 28 a mi perro, a los 47 a mis mejores profesores y a los 51 a mi madre por sólo mencionar las partidas mas significativas. “El hecho que muramos de a uno no puede ocultar la verdad que todos vamos a morir” dice magistralmente Roberto Juarroz y no hay quien pueda contradecirlo. Y agrega “nacer y morir juntos como debieran nacer todos los que se aman” y en ese caso no habría duelo. Pero lo hay.
Recién con la partida de mi madre llegué a saber lo que es el duelo en toda su dimensión. Quizás por mi edad, por ser una muerte demasiado anunciada, o por haber acompañado a mi madre en todas sus etapas, esta vez el duelo me habitó, me habita todavía.
Hay cosas muy bien escritas sobre el duelo, recomiendo muy especialmente el libro de Anne Schutzenberger y Evelyn Jeufroy titulado “Salir del duelo”.
Solo voy a manifestar que, lamentablemente la sociedad da cada vez menos importancia al duelo y cada vez le permite menos al afectado vivirlo en plenitud. No existen o no se otorgan licencias laborales por duelo, si una mujer que ha perdido a su esposo guarda luto por algún tiempo – mi madre lo hizo por años- es ridiculizada por sus pares y hasta los “familiares y amigos” por su propio bien –dicen- le exigen al doliente que pare de sufrir, que salga y se divierta.
A quienes lean estas líneas, y desde el lugar del doliente les digo, casi les ruego: Dejen sufrir al que sufre todo lo que tenga que sufrir y por el tiempo que quiera hacerlo.
No se puede acortar el duelo, si uno se empeña lo único que logrará es negarlo, hecho que llevará a su diferimiento en el tiempo. Lo aprendí duramente: me tocó hacer el duelo por mi padre en una sesión de terapia 14 años después de su partida.
Y también voy a decir que el dolor que no sale mata, el dolor que sale podrá atontar, podrá conmover pero se torna inofensivo. Si no se sufre lo que hay que sufrir a nivel de la conciencia, invariablemente se lo sufrirá en el inconciente y éste está directamente ligado a los trastornos psicosomáticos, base de infartos, cánceres y otros etc. nada recomendables.
Es muy duro ver sufrir a una pareja, a un hijo, a un padre, a un amigo que está de duelo, pero lo que hay que hacer es simplemente lo que decía esa frase inentendible en mi infancia: “acompañar el sentimiento”. Si algún ser querido sufre no estoy obligado a hacer de todo para que deje de sufrir porque no soporto verlo así. Sólo debo y vaya si es difícil, acompañar su sufrimiento, ESTAR a su lado hasta que un día, inesperado por cierto, él solo, de por cumplido el proceso y empiece a caminar.
Para sentirme “acompañado” en mi dolor es que publico esta trilogía de poesías que reflejan las distintas etapas de sentires a lo largo del duelo, y que “causalmente” coinciden con las palabras de alguien, quien mucho me aprecia, me anticipó. Sus frases, que también reproduzco, son el fruto de un duelo brutal y sorpresivo que tuvo que afrontar en soledad y a una edad temprana, demasiado temprana para empañar con lágrimas.
“La muerte te tomará la mano y no te soltará por un buen tiempo, vaciándote de todo e intentando seducirte”
GRIS
Gris como mi alma gris,
triste y cerrado abrazan al bajel,
el cielo y el río de un solo pincel,
ni luces, ni sombras, solo un gris.
Ese gris infinito parece decir:
¡ por siempre quédate aquí!
y la tristeza recita sin fin:
¡ no tiene sentido alguno seguir!
Mas el navío porfiado busca avanzar,
con la lluvia llorosa bañando su faz,
cegado por el gris pretende llegar.
Ignorando la sutil y tentadora paz,
portadora de un mensaje mortal:
aquél que sugiere a mi alma un final.
©DUELO Y POESIA
Enrique Momigliano
Río de la Plata
29/09/2008
“Y la rabia te inundará, brutal y sin razón contra todo y contra todos”
Rabia y poesía son antagónicas. La poesía es belleza pura y en ella este sentimiento tan feo no cabe. Sólo el Conde de Lautrémont en sus “Cantos de Maldoror” pudo plasmar algo parecido y fundó el surrealismo. Pero la rabia es otro sentimiento disfrazado como dice aquel magnifico cuento rescatado por Jorge Bucay en que la furia se bañaba en el mismo estanque con ese otro sentimiento y por salir furiosa y apurada equivocó su vestimenta.
“Sentirás que el dolor te duele en el cuerpo y te impedirá avanzar porque no verás delante de ti camino alguno”
LA PREGUNTA
Cuando llora el corazón
sobran las palabras
y los ojos ni osan mirar.
La firmeza huye de las manos
y parecen los pasos temblar.
Cuando llora el corazón
el sentido se ha escapado
y ausente está la voluntad.
La confusión la mente ha encerrado
y la única compañía es la soledad.
Una sola pregunta viene a retumbar
¿ cómo, cuando y por donde empezar?
Enrique Momigliano
San Clemente del Tuyú
24/01/2009
“Y finalmente la muerte, la rabia y el sinsentido te depositarán en la playa de la tristeza”
VACIAS
Sabía que era batalla perdida,
y decidí lucharla igual,
jugando en ella la vida,
conociendo el seguro final.
Me levanté de cada desmayo,
y sorbí por tragos el dolor,
dormí con la angustia a mi lado,
y contemplé de frente al horror.
Fingí fé, coraje y alegría,
para poder acompañarte mamá,
en una despedida de día por día,
que hoy brinda a mi conciencia paz.
Pero que no evita mi cruel agonía
al ver, tan triste, mis manos vacías
Enrique Momigliano
San Clemente del Tuyú
26/01/2009
“Recién entonces empezarás a aceptar”
Eso espero.
11 de febrero de 2009.
Foto: L’Ultima Poesia – Flickr