Fuentes web
Entradas
Comentarios

A lo largo del camino, del recorrido hasta hoy y por lo menos a mi benevolente juicio, no he cometido demasiados errores pero los que sí cometí han sido tan grandes, tan groseros, tan épicos que ninguno de los que estuvo cerca se olvida. En una reunión familiar, hace ya muchos años cuando terminé de relatar como había emergido de una de esas peripecias, un pariente mirándome a los ojos exclamó: ¡OH Dios mío, que cosas que hace la gente! Fue para mí una total sorpresa ya que tenía en mis alforjas todo un arsenal de justificaciones, explicaciones lógicas y hasta razones metafísicas que avalaban – a mi parecer- mi conducta de ese entonces.

Era obvio que en el juicio de mi mismo carecía completamente de objetividad y lo que a ojos de mi pariente y de cualquiera que desde afuera del problema evaluase mi conducta era una soberana barbaridad, para mi era casi lo único que se me hubiera ocurrido hacer.

Pues bien, a nivel colectivo nos pasa lo mismo. Si cualquiera de nosotros se tomase el trabajo de apearse un instante del colectivo de la vida y la observara desde afuera se daría cuenta que la conducta humana colectiva “no le cierra demasiado”. No obstante a los que están subidos en el viaje y enfrascados en él les parece que lo que hacen es lo que deben, que está perfecto, que hasta generacional y genéticamente se encuentra debidamente justificado su comportamiento.

Sólo se trata de mirar con más objetividad, mirar distinto – cualidad intrínseca a los poetas-, ver la película completa – muerte incluida-, para caer en la cuenta que nuestro periplo en la vida material está lleno de errores y que el sinsentido reina.

Los invito a que lo ensayen, no es tan difícil. Lo realmente difícil y audaz es una vez que nos dimos cuenta, intentar, tan solo intentar vivir con sentido, errando poco ya que la marea humana que viaja por el carril contrario no solamente se molestará, sino que hará ingentes esfuerzos para convencernos que los equivocados somos nosotros.

Siguiendo la línea de TERCO que es uno de los posts más antiguos de este blog, el otro día me llegaron los versos que siguen.

PERIPLO

¡OH Dios mío que cosas hacemos
Tus seres humanos!
En qué ilusiones creemos,
Cuántas vueltas que damos.

Y mientras venimos y vamos,
Amamos tan poco, basura juntamos,
Nuestro cuerpo rompemos
Y nuestra alma perdemos.

En un rincón oscuro nos aguarda
Como sorpresiva celada,
Aliviadora del dolor de vivir,
Un quizás suave o sufriente partir.

Enrique Momigliano
Buenos Aires, 08/04/2009

Nunca hablé con él cara a cara, seguramente nunca nadie le dijo mi nombre, jamás me afilié a su partido como a ningún otro y sin embargo hoy en el día de su partida, siento que se fue mi capitán. Allá por mis treinta jugué en su equipo y compartí sus sueños. También su terquedad y sus manos bravas.

Tuve el honor de escribir algunas leyes y hasta algún mensaje fundamentando su remisión al Congreso. Desde mi trinchera de la DGI en aquella incipiente y siempre amenazada democracia, la cual él puso por encima de todos y de todo y para cuya salvaguarda hizo concesiones que no siempre compartí, me jugué la vida con mi equipo avanzando contra los estafadores y corruptos quienes, revestidos de no se cómo adquirida impunidad, seguían haciendo negocios multimillonarios en perjuicio del Estado.

Avanzamos contra el “establishment” a ver si entendían de una vez por todas que un país mas justo les convenía también a ellos. Perdimos mi capitán. Los enemigos usaron la democracia para instalarse en el poder y transformar al país en una sociedad anónima por toda una década, la verdadera década infame. El Pacto de Olivos nos separó y la Alianza nos volvió a unir. Y volvimos a jugarnos en el mismo equipo. Y volvimos a fracasar.

Hoy el país me duele tanto como seguramente le duele a Usted mi capitán, ya que todavía no hemos sido capaces de demostrar aquello que “con la democracia, se come, se educa y se cura”. Medio país es pobre y el privilegio todavía reina.

Hoy es la muerte la que nos separa por algún tiempo, pero le aseguro que si me toca jugarme de nuevo, en la trinchera que el destino me asigne por el bien de mi patria, tendré muy en claro que la cinta de capitán le pertenece.

No pude y no quise ir al Congreso, no me gusta verlo vencido. Por eso lo despido desde aquí, desde mi rincón de los poetas porque los poetas somos soñadores e idealistas y nadie se atrevería a decir que Usted no lo fue.

Enrique R. G. Momigliano
Buenos Aires, 31 de marzo de 2009

_soldado

Se cumplen 27 años de la gesta de Malvinas y algunas heridas nunca cerrarán. Mas allá del territorio irredento, de la derrota militar, de las vidas perdidas en un conflicto que por varias veces pudo evitarse y que no se quiso hacerlo, de la sociedad caníbal que recibió en silencio y con indiferencia a sus combatientes, que les negó hasta la fecha el reconocimiento y la atención que merecen con creces, que posibilitó vía suicidios más muertes que en el propio frente, quedan los huérfanos. Los huérfanos sin voz ni voto a quienes les arrebataron sus padres sin pedirles permiso, condenándolos a crecer sin su guía, apoyo y afecto. Huérfano de padre a edad temprana conozco muy a fondo esa carencia.

Los huérfanos de Malvinas andarán hoy por los treinta, serán padres o madres a su vez, pero sin duda llevan en su corazón un vacío imposible de llenar. Pocos habrán conocido a su padre caído en las islas, ya que por la edad de los combatientes en su mayoría eran bebés. Una y mil veces se habrán esforzado por recrearlo a partir de las fotos familiares, alguna carta que pudo llegar y la memoria de sus madres, campeonas de la vida que tal como hizo la mía, acometieron con fiereza la imposible tarea de ser madres y padres a la vez. El orgullo de ser hijo de un héroe no puede disimular la falta que crecer sin padre deja en el alma.

Con los huérfanos también estamos en deuda y con cada reconocimiento que le negamos a los que pelearon y cayeron los hacemos sufrir de nuevo, a ellos a los huérfanos que no tuvieron voz antes y que tampoco la tienen ahora, que sufren – como toda la vida- en silencio.

Por eso mi recuerdo y tributo, que no es de ahora, es de siempre. Empáticamente conmovido por su situación, escribí en aquellos años la poesía que sigue, la cual ni siquiera intenté publicar frente al desalentador resultado que la conspiración del silencio había logrado con A VOS, la cual pese a todo pude entregar en mano a algunos ex combatientes.

Así que en este aniversario es tiempo de publicar mi homenaje a esas victimas silenciosas del conflicto.

NO PIDO QUE OLVIDES

No pido que olvides,
Sólo que reflexiones:
Tu padre al irse
Dejó de ser solo tuyo
Pertenece a millones.

No pido que olvides,
Sólo que perdones:
Tu padre al marcharse
Lo hizo por todos
Amando sus convicciones.

No pido que olvides,
Sólo que no llores:
Tu padre al abandonarte
Pensó en protegerte
A vos y nuestros valores.

No pido que olvides,
Sólo que pienses:
Tu padre al dejarte
Pensó en regresar
Y victoria ofrendarte.

No pido que olvides,
Sólo que sientas:
Tu padre al caer
Merece tu orgullo
Para que jamás se arrepienta.

No pido que olvides,
Sólo que sepas:
Tu padre al dejarnos
Buscaba ver tu bandera
En tierra irredenta.

No pido que olvides,
Sólo que comprendas:
Tu padre al morir
Quiso darte un ejemplo
Para que tú lo aprendas.

No pido que olvides
Sé lo que cuesta:
Yo lo he perdido
Sin tu fortuna de ser
En patriótica gesta.

Día del Padre de 1983
Enrique Momigliano
Buenos Aires 19/6/83

regeneracion1

El Agua, primero el agua. Si es verdad que fuimos peces, mi ADN se encarga permanentemente de recordármelo. Nunca fui capaz de poner en palabras el placer que me invade al nadar entre las olas, o al flotar bien mar adentro. El Mar, turbulento, impetuoso, impregnándome de sal y dejándome creer que por un rato lo puedo desafiar. Distinto todos los días, me entrego a él, juego en él y guerreo en él, todo el tiempo que mi edad y el clima me van permitiendo. Me dejo limpiar por fuera y por dentro y mi aura es mas clara cada vez que el cansancio me devuelve a la orilla.

El Viento que de brisa se hace ráfaga y luego arrasa todo y vuelve a ser brisa, visitando en el mismo día todos los rincones del cuadrante. Rebelde, imprevisible, me sorprende y condiciona. Hoy sopla cálido, tanto que no deja respirar y mañana será sudeste obligando al abrigo. Papini dijo que para elevarse el hombre necesita ponerse de rodillas. El viento me hace sentir pequeño, a diferencia del mar que me acoge como a un viejo amigo, el viento me pone los limites, me muestra su territorio y como a un dios , uno le ruega que no se enoje mucho, porque sabe que su ira puede ser mortal.

La Arena, cálido refugio de mis pies, mullido colchón a la hora de la siesta, mágica arcilla de interminables juegos infantiles. Su monótono ocre invita al descanso tanto como su línea húmeda invita a caminar. Siempre ahí, siempre igual, pasiva, femenina, poniéndole limite al ímpetu del mar. Lo recibe y aplaca y le sirve de apoyo y sostén formando una pareja perfecta, en pugna constante pero necesitándose profundamente.

El Sol abrasador cuya presencia imploro a diario, solo para después jugar a las escondidas a ciertas horas con remera, sombrilla o protector. Dorador de mi piel, fortalecedor de mis huesos y tibia caricia de amaneceres y atardeceres espectaculares. Compañero de todo, nunca pude “tomar sol”, siempre vino conmigo mientras hago de todo, especialmente contemplarlo desde las aguas que para mi bien, se ocupó de entibiar.

La Visión de horizontes, amplia sin obstáculos. El paisaje es tan inmenso que nunca se abarca por completo. Y así se amplia mi mente, mi alma, mi conciencia. Todo foco se pierde porque su sinsentido se revela de inmediato. Aquellas cosas que ayer nomás me obsesionaban al punto de hacerme perder el sueño y el hambre, ante tanta inmensidad, caen de su erróneo pedestal y se pierden en su autentica insignificancia.

La Noche especialísima. Alcanzo apenas a atisbar la sensación que describen los viajeros de a camello sobre la mágica noche en el desierto. La oscuridad profunda, muchísimas mas estrellas de las que puedo imaginar y el murmullo de un mar invisible y omnipresente. Tampoco puedo describir el placer de una noche cálida, espalda en la arena, descubriendo constelaciones.

El Silencio de pueblo chico junto al mar. Aunque la temporada sea un éxito, este es un lugar tranquilo, de gente que viene a descansar, el ruido se limita a dos lejanas cuadras. Casi un oasis para un amante del silencio en una sociedad cuyo vacío interior se lo hace impedir constantemente. Empezó con aquello de la música funcional y hoy tenemos radio, música o televisores o los tres juntos en cada lugar público, incluso en los ascensores. Pareciera que el libertinaje reinante acepta y necesita una sola prohibición: la de escucharse a si mismo, para lo cual el silencio ambiental es requisito. Hay largas horas del día y de la noche donde el único ruido es el arrullo del mar. El encuentro con uno es inevitable. No siempre grato pero siempre necesario. No hay enfermedad o neurosis que no comience con la supresión de este encuentro. Y superado el dolor o la sorpresa inicial, este encuentro empieza a dar sus curativos frutos.

La Armonía como suprema expresión de la belleza. Hoy se piensa que la acumulación de cosas bellas o su exageración es más belleza, sin darse cuenta que la belleza reside en la armonía. Tanto lo bello y deseable como su ausencia, si están en equilibrio son perfectos. ¿Qué seria de dos notas sin el silencio que las separa? Pocos buscan la armonía y sin advertirlo caen en el grotesco. La armonía de este lugar la creo Dios. ¿Quién sino le cierra el paso al huracán, hace que la sudestada no inunde todo, y envía un perfecto amanecer siempre después de un espectacular atardecer? ¿ Quien sino mantiene a esta nave espacial con todos encima, viajando a una velocidad fantástica, entre miles de cuerpos celestes sin desintegrarse contra ellos? Y esa armonía divina nos inunda a todos, sin que nuestra pequeñez u obstinación puedan evitarla. Es asombroso pensar que son las mismas personas las que hoy se ayudan a armar una carpa, plantar la sombrilla o socorrerse en el mar, quienes mañana se insultarán, agrediéndose con su vehiculo en pleno centro porteño. Y ver a la criatura humana conviviendo en paz, eso si que no es poca cosa, es como para hacer un largísimo festejo.

Lamentablemente estamos tan distraídos cuando hacemos aquello a lo que nos dedicamos que el foco nos hace perder la visión de conjunto y del paraíso llamado Tierra que Dios nos entregó. Entonces creamos un infierno invivible en el que, cual gallo ciego ignoro todo y lo dejo al otro relegado al único lugar de objeto susceptible de expoliación, mientras lucho denodadamente para evitar serlo. Por eso, más que bueno resulta imprescindible ganar altura, elevar la conciencia y mirar distinto, para advertir el cuadro del que somos sólo, pero nada menos que una pincelada más. Esto que es tan difícil en Buenos Aires, es casi espontáneo e inevitable aquí, por todos los motivos que intenté torpemente bajar al papel.

Y el Tiempo se pasa e irremediablemente debo volver. Pero vuelvo sano, vuelvo limpio, vuelvo bello. Y vuelvo amando y vuelvo sintiendo, en paz con la vida y conmigo. Sólo para dejarme destruir una vez más por la despiadada sociedad que supimos construir. Para que el loco entorno vuelva a despertar mi lado oscuro, a exacerbar mis peores pasiones, a enfrentarme con mis semejantes, a recordarme al miedo y al odio como inspiradores de mis actos. A sumergirme en una locura colectiva, soportable apenas por la certeza que al cabo también de un tiempo, que parece interminable, llegará el mes de octubre y con él, mi conteo final de cada semana hasta el día de partir nuevamente a éste mi Santuario, para volver a renacer, a regenerarme.

Será por eso que hace más de treinta años que lo hago y seguramente será también por eso que lo seguiré haciendo hasta el esperado y anhelado día en que mi mal aprendida “reinserción social” no sea ya necesaria, pudiendo quedarme a mis anchas, aquí muy cerca de mí, dejando que me sorprenda el final.

Enrique Momigliano
23 de enero de 2009

DUELO Y POESIA
Una trilogía para el duelo…que es cosa muy seria

De niño me llamaban siempre la atención esos cartelitos que solían poner los comerciantes en sus vidrieras o persianas : “Cerrado por Duelo”, los que aparecían de sorpresa y no dejaban lugar a salvo. Hoy en la carnicería, ayer el taller mecánico, mañana la tintorería. “Se les murió alguien” era la parca respuesta de mi abuela y yo me imaginaba que detrás de la persiana cerrada estaban todos, menos el muerto, juntos abrazados y llorando.

Cuando volvía a abrir y me tocaba ir en la primera visita aferrado a la mano de mi abuela, me sorprendían los ojos llorosos del comerciante de turno y la inevitable pregunta: “¿Quién murió?” seguido del “cuanto lo siento” o del más formal “le acompaño el sentimiento”, expresión que despertaba mis fantasías infantiles acerca de qué significaría eso que por otra parte no osaba preguntar.

A los 7 años la muerte se llevó a una compañera de colegio, a mis 10 perdí a mi abuela, a los 13 a mi padre, a los 20 a un gran amigo suicidado, a los 28 a mi perro, a los 47 a mis mejores profesores y a los 51 a mi madre por sólo mencionar las partidas mas significativas. “El hecho que muramos de a uno no puede ocultar la verdad que todos vamos a morir” dice magistralmente Roberto Juarroz y no hay quien pueda contradecirlo. Y agrega “nacer y morir juntos como debieran nacer todos los que se aman” y en ese caso no habría duelo. Pero lo hay.

Recién con la partida de mi madre llegué a saber lo que es el duelo en toda su dimensión. Quizás por mi edad, por ser una muerte demasiado anunciada, o por haber acompañado a mi madre en todas sus etapas, esta vez el duelo me habitó, me habita todavía.

Hay cosas muy bien escritas sobre el duelo, recomiendo muy especialmente el libro de Anne Schutzenberger y Evelyn Jeufroy titulado “Salir del duelo”.

Solo voy a manifestar que, lamentablemente la sociedad da cada vez menos importancia al duelo y cada vez le permite menos al afectado vivirlo en plenitud. No existen o no se otorgan licencias laborales por duelo, si una mujer que ha perdido a su esposo guarda luto por algún tiempo – mi madre lo hizo por años- es ridiculizada por sus pares y hasta los “familiares y amigos” por su propio bien –dicen- le exigen al doliente que pare de sufrir, que salga y se divierta.

A quienes lean estas líneas, y desde el lugar del doliente les digo, casi les ruego: Dejen sufrir al que sufre todo lo que tenga que sufrir y por el tiempo que quiera hacerlo.

No se puede acortar el duelo, si uno se empeña lo único que logrará es negarlo, hecho que llevará a su diferimiento en el tiempo. Lo aprendí duramente: me tocó hacer el duelo por mi padre en una sesión de terapia 14 años después de su partida.

Y también voy a decir que el dolor que no sale mata, el dolor que sale podrá atontar, podrá conmover pero se torna inofensivo. Si no se sufre lo que hay que sufrir a nivel de la conciencia, invariablemente se lo sufrirá en el inconciente y éste está directamente ligado a los trastornos psicosomáticos, base de infartos, cánceres y otros etc. nada recomendables.

Es muy duro ver sufrir a una pareja, a un hijo, a un padre, a un amigo que está de duelo, pero lo que hay que hacer es simplemente lo que decía esa frase inentendible en mi infancia: “acompañar el sentimiento”. Si algún ser querido sufre no estoy obligado a hacer de todo para que deje de sufrir porque no soporto verlo así. Sólo debo y vaya si es difícil, acompañar su sufrimiento, ESTAR a su lado hasta que un día, inesperado por cierto, él solo, de por cumplido el proceso y empiece a caminar.

Para sentirme “acompañado” en mi dolor es que publico esta trilogía de poesías que reflejan las distintas etapas de sentires a lo largo del duelo, y que “causalmente” coinciden con las palabras de alguien, quien mucho me aprecia, me anticipó. Sus frases, que también reproduzco, son el fruto de un duelo brutal y sorpresivo que tuvo que afrontar en soledad y a una edad temprana, demasiado temprana para empañar con lágrimas.

“La muerte te tomará la mano y no te soltará por un buen tiempo, vaciándote de todo e intentando seducirte”

GRIS

Gris como mi alma gris,
triste y cerrado abrazan al bajel,
el cielo y el río de un solo pincel,
ni luces, ni sombras, solo un gris.

Ese gris infinito parece decir:
¡ por siempre quédate aquí!
y la tristeza recita sin fin:
¡ no tiene sentido alguno seguir!

Mas el navío porfiado busca avanzar,
con la lluvia llorosa bañando su faz,
cegado por el gris pretende llegar.

Ignorando la sutil y tentadora paz,
portadora de un mensaje mortal:
aquél que sugiere a mi alma un final.

©DUELO Y POESIA
Enrique Momigliano
Río de la Plata
29/09/2008

“Y la rabia te inundará, brutal y sin razón contra todo y contra todos”

Rabia y poesía son antagónicas. La poesía es belleza pura y en ella este sentimiento tan feo no cabe. Sólo el Conde de Lautrémont en sus “Cantos de Maldoror” pudo plasmar algo parecido y fundó el surrealismo. Pero la rabia es otro sentimiento disfrazado como dice aquel magnifico cuento rescatado por Jorge Bucay en que la furia se bañaba en el mismo estanque con ese otro sentimiento y por salir furiosa y apurada equivocó su vestimenta.

“Sentirás que el dolor te duele en el cuerpo y te impedirá avanzar porque no verás delante de ti camino alguno”

LA PREGUNTA

Cuando llora el corazón
sobran las palabras
y los ojos ni osan mirar.

La firmeza huye de las manos
y parecen los pasos temblar.

Cuando llora el corazón
el sentido se ha escapado
y ausente está la voluntad.

La confusión la mente ha encerrado
y la única compañía es la soledad.

Una sola pregunta viene a retumbar
¿ cómo, cuando y por donde empezar?

Enrique Momigliano
San Clemente del Tuyú
24/01/2009

“Y finalmente la muerte, la rabia y el sinsentido te depositarán en la playa de la tristeza”

VACIAS

Sabía que era batalla perdida,
y decidí lucharla igual,
jugando en ella la vida,
conociendo el seguro final.

Me levanté de cada desmayo,
y sorbí por tragos el dolor,
dormí con la angustia a mi lado,
y contemplé de frente al horror.

Fingí fé, coraje y alegría,
para poder acompañarte mamá,
en una despedida de día por día,

que hoy brinda a mi conciencia paz.
Pero que no evita mi cruel agonía
al ver, tan triste, mis manos vacías

Enrique Momigliano
San Clemente del Tuyú
26/01/2009

“Recién entonces empezarás a aceptar”

Eso espero.

11 de febrero de 2009.

Foto: L’Ultima Poesia – Flickr

manand-dog

Debería ser un mandamiento más. A lo mejor estaba en la tabla de los otros diez mandamientos que se le cayó y rompió a Moisés en “La loca historia del Mundo” de Mel Brooks. Lo cierto que violarlo es un cuasi homicidio, porque quien ama incondicionalmente si algo no concibe es que el objeto de su amor lo dañe y aun cuando ello es evidente para todos, sigue no siéndolo para él, que prefiere obstinarse en pensar que hubo un error, que fue su culpa, que va a volver, que esta confundido . Queda irremediablemente atrapado, eternamente perdido y sin posibilidad alguna de recuperación. Es, aunque siga viviendo, un condenado a muerte que sigue buscando a quien no lo merece, a quien nunca mereció su amor.

Si alguien piensa que este abandono no es un crimen, que lea el cuento que me llegó en la playa, que más que un cuento es una crónica de un encuentro real y concreto que tuve y que podría referirse a un amor humano pero se refiere a un amor mayor

LA BUSQUEDA

Se dejó caer en la arena justo enfrente de mí. Jadeando, agotado al extremo, a punto de desfallecer. Lo llamé y se arrastró mas cerca.
Sus ojos miel me inundaron de una tristeza profunda, antigua y tan real que me hizo estremecer.

Le acerqué una galleta, luego otra y otra distinta. No tenía hambre, ni siquiera las probó. Toqué sus labios con un vaso de agua, tomó un sorbo, otro y ninguno más.

Se recostó y cerró sus ojos. Lo seguí mirando, intentando contactar su alma, para que me contase la historia que lo trajo hasta aquí. Me dejé invadir por un sentimiento extraño, pródigo en pena, con toques de rebeldía y algo de interrogación. Brotaron mis lágrimas, intuyendo su destino cercano y fatal.

Me arrodillé a su lado y posé tan gentilmente como pude mi mano en su cabeza, que seguía apoyada en la impiadosa arena con los ojos cerrados. Intenté transmitirle mi paz. Retiré la mano y con los ojos aun cerrados, su mano buscó la mía. Me sintió me dije y volví a tocar su frente.

Llorando aun, se me ocurrió bendecirlo, recordando que todos estamos facultados para ello. Le pedí a Dios que le diera un hogar o que le permitiera recuperar el suyo o que le hiciera justicia la próxima vez que le tocase volver.

Se quedó dormido y yo me senté a su lado, con los ojos húmedos, reflexionando sobre el lado oscuro de la condición humana que nos lleva a cometer actos tan crueles.

Unos instantes después se irguió en sus cuatro patas, sus ojos miel se cruzaron con los míos y un hálito de agradecimiento me envolvió.
Retomó su camino buscando a los suyos, a esos suyos que hace mucho tiempo olvidaron qué se siente al acariciar su negro pelaje.

©”No abandonarás a quien te ama incondicionalmente”
Enrique Momigliano
San Clemente, 5 de enero de 2009

Foto: Man and dog, Stanwell Park - Flickr

NOCHES DE TORMENTA

La Poesía del Amor

Tarde unos cuantos meses en encontrar otra película recomendable. El aluvión de violencia y estupidez que se ha apoderado de la pantalla grande torna cada vez más complicado seguir eligiendo al cine como entretenimiento. Y por supuesto, cuando uno olfatea que algo bueno puede esconder un título es imperioso jamás leer una critica ya que, o bien no es objetiva o esta imbuida de la misma errónea escala de valores que atormenta a nuestra sociedad. De hecho esta poesía de película fue en el mejor de los casos calificada de Buena. Había visto el corto y mi olfato de sabueso dijo: no te la pierdas. Diane Lane y Richard Gere aseguraban una estética y una capacidad actoral inmejorable, el escenario es idílico: Rodhante, un pueblito costero de Carolina del Norte USA, sacudido frecuentemente por tempestades, una casa centenaria llena de recuerdos y espíritus (la casa y la mágica playa pueden verse en el Google Earth) y un amor maduro fueron el gancho suficiente para llevarme al cine. Desconociendo la historia pero intuyendo que se referiría a segundas oportunidades a edad madura, me acomodé en la butaca, no sin antes notar que era sin duda el más joven de la sala. Hay toda una generación de canosos que evidentemente extraña las buenas películas de amor.

En pocas palabras diré que fui sorprendido y emocionado al límite. La historia es maravillosa y habla de dos temas esenciales: del fracaso como liberador y del Amor como salvador.

Desde que la serpiente tentó a Eva con la frase: “Seréis como dioses” hay que confesar que los humanos no hemos cesado de intentarlo. Y en ese demente intento hemos dejado lo mejor de la vida a un lado. Ella quiere ser la madre perfecta y El quiere ser el médico perfecto. Y en esa obsesiva búsqueda arruinaron todo. Lo digo por experiencia: no hay liberación posible de este difundido tipo de demencia más que aquella que pasa por el fracaso rotundo. La película empieza mostrándonos a los personajes sufriendo por este fracaso que es ya evidente y los sume en una dolorosa frustración.

Cada uno en su locura se encuentran por obra de esa mágica inteligencia de la Vida que siempre – créanme siempre- conspira a nuestro favor. Cada uno intenta ponerle una frontera infranqueable al otro porque quiere lidiar con su fracaso. Recién cuando este fracaso se muestra en todo su esplendor los personajes deciden exponer su lado humano. Ya no pueden con él y deciden compartirlo con el otro. Justo ahí aparece el Amor, pero ese Amor así con mayúsculas que muy poco tiene que ver con la atracción física o con la pasión (que significa dolor). El otro se hace cargo. Tal como lo escribí en “Contactar al otro, ese salto al vacío” en este blog. Se deja lastimar por el sentir del otro, se vuelve disponible, en una palabra: ESTÁ. A partir de ese crucial momento en que vencido el miedo y rota la indiferencia al sentir del otro, en el que se hicieron cargo mutuamente del dolor ajeno, el verdadero Amor es posible. “El Amor que te hace ser más de lo que sos, no menos, que te hace creer que todo es posible” como después le dirá ella a su hija adolescente “busca ese amor, porque lo mereces”.

Y ese Amor no necesita del sexo, ni de la convivencia, ni de la cercanía física para salvar, para construir, para sanar, para mejorar. A miles de kilómetros de distancia y solo a través de unas cartas los protagonistas se sostienen, se regeneran, se curan. Ambos se transforman en héroes, pero no en héroes de novela romántica capaces de hazañas memorables, sino en héroes de lo cotidiano, en portadores de la heroicidad que todos necesitamos para hacernos cargo de la propia vida, para encontrarnos a nosotros mismos y vivir en la autenticidad abandonando para siempre las locuras perfeccionistas.

“Nos salvamos mutuamente” le dirá ella al hijo de él y es la pura verdad. Un vínculo así sana y salva genuinamente.

El final cae en el lugar común de la tragedia pero debo confesar que este tipo de Amor que tiene tanto de espiritual, tanto de divino, tanto de eterno, no esta destinado a durar, a consumarse, a concretarse en este plano terrenal. Es como que hay algo en esa inteligencia de la Vida que lo quiere preservar de la contaminación humana y misteriosamente como nos fue dado nos es arrebatado.

Ejemplos propios y ajenos me lo confirman.

Imperdible. Casi les ruego que la vean y me comenten que les pareció. Para mi sorpresa mi hija adolescente fue por si misma a verla y todavía estamos hablando de ella.

Por mi parte voy a conseguir el libro para contactar la historia original.

 

Enrique Momigliano

05/10/2008

LA NOSTALGIA
ESA DULCE EMBAUCADORA
Autor: Enrique Momigliano

Aunque soy enemigo declarado de las definiciones en este caso voy a ensayar una.

La nostalgia es el recuerdo imprevisto y sorpresivo de un tiempo hermoso que viene indisolublemente unido a la dolorosa certeza que jamás se repetirá.

Y de allí deriva su misterio. Y de allí deriva su engaño y sobretodo su inmenso poder sobre el alma desprevenida.

“Si lloras por el sol, las lágrimas no te dejaran gozar de las estrellas”. Esta verdad que me llegó hace unos años puede muy bien aplicarse al efecto que la nostalgia tiene, mortal por cierto, frente a la esperanza.

Somos claramente una sociedad nostálgica. Lo llevamos en nuestra sangre. Sociedad de inmigrantes todos tenemos un padre o una madre o una abuela o abuelo que se murió lamentando no poder volver a su pueblito de origen.

Dichoso aquél que pudo volver porque no solo se dio cuenta que su pueblito ya no estaba como lo recordaba en su fantasía sino que probablemente al estar ahí también recordó lo que la nostalgia muy bien disimuló: las causas que lo llevaron a huir de allí, cruzar el océano y radicarse en esta tierra de promisión.

El éxito del tango del cual soy cultor y admirador sólo se explica desde la nostalgia.

Pero como decía la nostalgia hace trizas la esperanza, nos atrapa y nos detiene y nos impide ver que aun cuando aquel tiempo hermoso es irrepetible, otros tiempos hermosos también son posibles y por ahí pasamos trágicamente de largo de situaciones o de gente con quienes podríamos ser constructores de una bella realidad , tanto o mejor que la anterior.

La frase “todo tiempo pasado fue mejor” es una reverenda mentira. Respetando las excepciones que seguramente habrá, nuestra vida es mucho más fácil que la de nuestros padres, la cual a su vez fue mucho más fácil que la de los abuelos. Y sin embargo con las canas nos volvemos “lorísticos” repetidores de dicho disparate. El que sin duda lo dijo bien fue Alberto Cortez: “Cuanto más pasan los años saben mejor los recuerdos”.

Y por último y sobretodo la nostalgia embauca. Le gusta disfrazarse, le encanta ponerse nombres de gente, de lugares. Si le hacemos caso nos pasamos viajando de un lugar a otro, buscando gente de nuestro pasado y lo único que logramos, importante por cierto, es desenmascararla. El tiempo hermoso que añoramos no es un lugar o una persona, añoramos nuestro SENTIR de ese momento. Y ello mis amigos es IRREPETIBLE. Porque nosotros ya no somos los mismos y aunque reproduzcamos la escenografía con extrema pulcritud y aunque convoquemos a los mismos actores, el sentir será distinto.

La nostalgia empero, ahora desenmascarada, no habrá perdido su poder sobre nosotros. Al contrario, convencidos finalmente de la pérdida el dolor solo aumentará.

¿Que nos queda entonces frente a este sagaz asaltante?
Deberíamos ser capaces de focalizarnos en el tiempo hermoso y transmutar el dolor en agradecimiento profundo y sincero. A Dios y a la Vida por haber sido bendecidos por ese tiempo hermoso en un mundo donde tantos jamás tuvieron uno. Alejado el dolor y con el corazón agradecido, tendremos a nuestra disposición todas nuestras energías y a nuestra alma bien atenta para construir, con todo lo que HOY nos rodea, un nuevo tiempo hermoso el cual seguramente se transformará en materia prima que utilizará la nostalgia audazmente para intentar detenernos en algún momento en el futuro.
Varias veces víctima de la dulzura embaucadora en un ataque de nostalgia, hace casi una década escribí lo que sigue, que pinta un lejano e irrepetible momento.

A VECES

A veces, tan solo a veces,
muy de cuando en cuando,
sin quererlo ni esperarlo,
un dolor me va ganando.

Un dolor que sabe a viento,
de primavera en alma y carne,
y que sitúa en aquel tiempo,
en que quise y no supe darme.

Era tan tímido y tú tan guapa,
deseada por todos y yo tan parco.
Viejo dolor que crece y crece,

que no murió por esperarte,
y que a este hoy sirve de marco.
A veces, tan solo a veces.

©A VECES
Enrique Momigliano
26/11/1999

Y hablando de nostalgias que molestan tanto que enojan Romina Power – toda una poesía en si misma- y Al Bano – un vero tano como yo- le dedicaron una canción cuyo titulo lo dice todo: NOSTALGIA CANALLA (www.youtube.com/watch?v=Pi5PtRJB5EU )

Para los que no manejan la lengua del Dante les traduzco algunas frases imperdibles

Que cosa es este nudo en la garganta que me asalta
Estas aquí conmigo y esta absurda soledad ¿Por qué?
Que cosa es si para los pájaros el vuelo es siempre libertad
Porque para nosotros en cambio hay algo adentro que no va

Nostalgia, nostalgia canalla
Que te toma justo cuando no quieres
Te reencuentras con un corazón de paja
Es un incendio que no se apaga más
Nostalgia, nostalgia canalla
De una calle de un amigo de un bar
De un pueblo que sueña y se equivoca
Pero que si le pides todo te da

Quien sabe porqué
Damos la vuelta al mundo para entender un poco más
Siempre más
Te vas lejos y pierdes un poco de lo que sos

Y entonces porque
Una aventura es solo linda por mitad

Mientras te alejas
Ese dulce parásito de sorpresa volverá
Volverá

Nostalgia, nostalgia canalla
(Repite resto de estribillo)

NOCHE

NOCHE

Se que mañana la luz inundará  mi vida,
Y que Dios tomará mi mano cansada.
Se que un paso seguirá al otro sin que lo pida,
Y que las lágrimas olvidarán mi mirada.

Se que pasado mañana me sorprenderá riendo,
Firmemente avanzando en un camino soñado.
Acaso después de todo me encuentre sintiendo,
Esa paz tan esquiva, ese amor anhelado.

Pero hoy es más noche que nunca,
Pues hoy he perdido a mi madre,
Y no hay consuelo ni fe que me valga.

El silencio se hace tumba y el frío escarcha.
El dolor me cierra el pecho y la angustia  atraganta.
Y me siento tan solo que espanta.

No es mañana el problema, es este hoy que no pasa.

©Noche
Enrique Momigliano
12/06/2008

DESENCUENTRO

ANTES QUE SEA TARDE
Por Enrique Momigliano

Tsunamis, sequías, témpanos gigantescos a la deriva, desfile de huracanes, tifones, inundaciones, pestes, derretimiento de los polos, sismos, actividad volcánica inédita. Amigos: la Tierra cruje y ruge. Y lo hace de un modo que cobra vidas por millares, al punto de amenazar la supervivencia del Hombre. Los científicos concluyen que el responsable de tanto descalabro es el Hombre mismo con su adelanto tecnológico e industrial, tan poco respetuoso de las leyes que rigen la armonía de la naturaleza. Sin quererlo han enunciado la ley del Karma o del Barrio: si escupís al cielo lo más probable es que te ensucies la cara.

Es muy bueno recordar que durante miles de años no fue así. El hombre intentó vivir en armonía con la naturaleza a fin de beneficiarla y beneficiarse de ella. Ello resultaba esencial en las economías hasta la edad media inclusive, donde para hacer producir la tierra y enriquecerse con el ganado era importante respetar sus tiempos y sus leyes naturales.

Hace solo 200 años mas o menos que el hombre, munido de conocimiento y medios poderosos se dedicó a esquilmar de un modo francamente depredatorio y sistemático al planeta sin escuchar las voces que advertían sobre las nefastas consecuencias futuras de sus actos. Se menospreciaron y se ridiculizaron – aun se hace- a los estudiosos que intentaban un desarrollo sustentable. Total poco importaba si el daño lo sufrirían lejanos países subdesarrollados o las consecuencias serian soportadas por futuras generaciones. La filosofía del Quick Silver – Plata rápida- que hoy todo somete, arrasó a su paso hasta con el sentido común, quien solitario y abandonado indicaba e indica hoy que si todos viajamos en la misma nave espacial ( la Tierra) el daño que se le haga al mas indigno de sus compartimientos finalmente acabará inutilizando a la nave entera y condenando a TODOS sus ocupantes a una muerte segura.

Realmente no sé si ya no es demasiado tarde pero viendo en el día de la fecha el sur paradisíaco de mi país amenazado por la erupción aun en curso del volcán Chaitén, quise plasmar en un simple poema el trágico desencuentro que en estos últimos 200 años se produjo entre el Hombre y la Tierra, su Madre Tierra hecha para su sustento y felicidad quien, maltratada al extremo, se esta rebelando y cuyas consecuencias recién empezamos a pagar.

DESENCUENTRO

Y la Tierra
Avisó
Y el Hombre
Desoyó

Y la Tierra
Gimió
Y el Hombre
Ignoró

Y la Tierra
Lloró
Y el Hombre
Destruyó

Y la Tierra
Rugió
Y el Hombre
Calló

……… Para siempre

©Desencuentro
Enrique Momigliano
8 de mayo 2008

Imágen: Ángel Álvarez

« Entradas Recientes - Entradas antiguas »